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martes, 27 de enero de 2026

La Reina Cotilla: Gossip Girl (2007-2012)

Aunque hay una gran cantidad series que ver, y cada día aparece una nueva, siempre acaba una volviendo a aquellas "cositas" de juventud que se nos pasaron en su día, y que fueron bastante conocias. En mi caso, cuando lo lógico hubiera sido ver al fin 'Supernatural' o 'Smallville', o revisitar la maravillosa 'Veronica Mars' (que me gustó hasta su final, pero que niego su 'resurección' posterior), decidí moverme hacia el 'culebrón' más conocido de la mitad de la década del 2000: Gossip Girl.

Gossip Girl, como las otras series anteriormente cietas, era un producto de la cadena de televisión CW, que se estrenó en 2007, basado en la serie de libros young-adult de Cecily von Ziegesar , y desarrollada para televisión por los creadores de The O.C. Josh Schwartz y Stephanie Savage. De hecho, The O.C., era el precedente de las series de 'pobres niños ricos' en la misma cadena,  junto con otros éxitos adolescentes como 'One Tree Hill' o 'Dawson crece', porque la cadena The CW dominó la ficción para los jóvenes desde finales de los 90, con una variedad que incluía 'The Gilmore Girls', 'Sabrina' o 'Buffy', y que son parte del imaginario colectivo de una mayoría de Millenials actualmente.


En este caso, nos centramos en  la vida de la élite adolescente y adinerada del Upper East Side de Manhattan, narrada por un personaje invisible y omnisciente cuyo nombre es 'Gossip Girl' (la Reina Cotilla), doblada en inglés por la actriz Kirsten Bell (la popular Veronica Mars que acababa en ese momento), que tiene un blog que es seguido por los personajes.

Básicamente, todo arranca con la llegada de Serena, interpretada por Blake Lively, y vistas sus polémicas personales, bien escogida, como el "espíritu libre" que sólo quiere solucinar y dar amor, pero que aprovecha su origen acomodado, y resulta bastante 'chica mala' queriendo mejorar. Su mejor amiga es Blair, que gracias a la encantadora interpretación de Leighton Meester, nos ofrece una de las 'villanas' que quieres amar, siguiendo la estela de actrices como Joan Collins en 'Dinastía'. Las dos jóvenes, que quieren controlar, cada una a su manera y con diferentes motivaciones, la vida del instituto elitista donde están, y guardar secretos que implican a sus compañeros, entre los que están el inocente Nate (Chace Crawford) y un atractivo 'bad boy', pobre niño rico, que es Chuck Bass (Ed Westwick), o el poco afortunado socialmente, Dan Humphrey (Penn Badgley) y su hermana Jenny (Taylor Momsem), que son de Brooklyn. Todos están acompañados por sus padres y sus dramas, así como alguna amiga de los Humphrey, Vanessa (Jessica Szorh), y la llegada de personajes cuyos arcos variaban, intepretados por ahora actores bien establecidos o conocidos como Sebastian Stan, la tristemente desaparecida Michelle Trachtenberg (cuya 'villana' es una delicia), Elizabeth Hurley, Hugo Becker, William Baldwin o Wallace Shawn. Y jamás olvidar al personaje de Dorota (Zuzanna Szadkowsk), la criada personal de Blair, casi una madre para la misma.

La serie recibiría buenas reviews, pero también críticas de asociaciones de padres por sus polémicas campañas de publiciad. No es mi objectivo aquí hablar las estrategias de marketing, ni resumir las seis temporadas de la que consta la serie, distribuidos en 121 capítulos, en el que la calidad, de la serie depende del momento, hay tramas que se abandonan, personajes que desaparecen aunque fueran de gran importancia (por petición de la actriz involucrada, lo que generó tensiones con los productores), o actuaciones, que según lo inspirado del actor en el momento, y su grado de teatralidad, dejan incluso algo que desear, porque no olvidemos, que se trata de un 'culebrón', con sus defectos, pero también, cualidades para el entretenimiento: hijos secretos, asesinatos, sociedades malvadas, familiares inesperados, antiguos amantes, el esnobismo cultural neoyorkino, monarquías europeas, romances imposibles (y también sorprendentes tipo Joey y Rachel en Friends, porque aveces los guionistas ya no saben como 'liar' a los personajes), y mucho más estarán presentes a lo largo de serie. Y sabiendo que vas a ver esto, debes entrar en el juego, y disfrutar...aunque la tercera temporada, donde los personajes deben estar en la universidad, pero los acaban alejando de la misma porque la serie parecía haber perdido completamente el norte.

Lo que sí resalto es que en general, pese a sus pequeños defectos, es una serie sumamente entretenida, con interpretaciones, casi mayoritariamente correctas, y sobre todo, que se tomaba muy en serio su universo, pues el humor, el saber que es un 'culebrón', el esnobismo, el ambiente de los niños millonarios, el mundo del arte (visitas al museo de Orsay y al París real), y las referencias culturales son practicamente perfectas: desde la importancia de la cultura pop, el cine (cada capítulo está nombrado con un juego de palabras de una película, o Blair sueña con películas clásicas de Audrey Hepburn, principalmente), la literatura (con el bohemio Dan), la música (con presencia de rock alternativo que podía ser escuchado por los jóvenes de la época), o la moda, incluyendo cameos importantes, que están entre el 'anuncio de marca', y la realidad de ese mundo. La serie puede considerarse incluso una representación de Nueva York, e incluso el alcalde de la ciudad, visitó el set en el capítulo 100 de la misma.

Aunque la coherencia a veces falle, acabes apoyando más a los villanos que a los buenos, y la identidad de la 'Reina Cotilla' sea un poco chasco al final (la verdad es que deja de tener sentido en cierto punto), si te dejas llevar por lo que se te ofrece, en un envase tan 'bonito', como un perfume perfectamente embotellado, 'Gossip Girl' puede convertirse en tu 'placer culpable' incluso años después de que acabara.

Carmen R.


Nota: hubo un intento de recuperación de la serie con un spin off con el personaje de Taylor Momsem, que no llevó a ningún lado. Igualmente, se producjo una nueva serie por HBO en 2021, que acabaría cancelada dos años después, donde todo era más diverso, y quizá menos divertido.

viernes, 8 de noviembre de 2024

Elogio a la peli de la siesta

Sí, ya sé que aquí hablamos muchas veces de cine de autor, de festival, de nouvelle vague, del neorrealismo, o del expresionismo, por ejemplo, pero a mí me gusta reivindicar los "pequeños gustos" que a veces se dan en la vida. Porque a veces sólo te apetece llegar a casa, sentarte en el sofá, tomarte una cuajada, y no te importa si es de supermercado, le echas el azuquita, le das vuelta y para adentro. Y hay géneros que a veces son muy denostados, pero que acabamos cayendo en ellos, e incluso, cuando Morfeo no nos arropa entre sus brazos, hasta se descubre que lo que hemos visto no ha sido ni tan horrible, ni tan repetitivo.

Sí, ya sé lo que me vais a decir, que la mayoría de las historias provienen casi de una inteligencia artificial, que siempre junta lo mismo, dependiendo del tipo de historia:

  • Asesinos y psicópatas: novia, niñera, novio, suegra, letal y mal de la cabeza que te perseguirá más que Marc Anthony en sus canciones, mientras, sólo intentas salvar tu vida.
  • Romance, y principalmente es la urbanita contra el del pueblo (o viceversa): joven de ciudad encuentra sus raíces y acaba poniendo una floristería junto con un antiguo amor o excompañero de institiuto.
  • Catástrofes: donde cualquier buen daño une a una pareja.
  • Las de temporada: de Navidad (las más populares), de San Valentín, de Halloween, de Acción de Gracias...
  • Los cozy misteries: porque todo el mundo puede ser Poirot con colores pastel o Miss Marple pero sin quedarse soltera.
  • Las europeas: un montón de gente rubia de Suecia o Alemania se hacen pasar por ingleses en Cornualles, o bien acaban en exóticos lugares para el verano como Salamanca (¡qué rodaron allí!)
Ni el Star System te ata tanto como las pelis de Hallmark

Podría seguir, pero ya sabéis muy bien de qué estoy hablando. Sí, llega el fin de semana, habéis terminad  de comer, y toca la siesta, o la sobremesa, donde empiezas a servir café de forma industrial a toda la familia, y alguien, sabiendo que no hace suficiente ruido con la cháchara que lleváis decide poner la televisión, y entre los ronquidos de alguno de los presentes, y el sonido repiqueteador de los que hablan, siempre hay alguien que intenta seguir estas historias, y al ver de que se trata de una misión más imposible que las de Tom Cruise, apaga el televisor, para consternación del resto: los que estaban echando la siesta se despiertan sobresaltados y los que charlaban con pasión se callan y le dicen: "¡Niña! ¿para qué la apagas? ¿no ves que la estábamos viendo?". Así que vuelves a ponerla, esperando que no hayan saltado los siete minutos de anuncios reglamentarios tras 20 de película, y todos vuelven a hablar y dormir.

El jamón verifica que estaban en Salamanca, ¡lugar maravilloso!

Estoy segura de que la escena descrita o suena, ¿verdad?

En cualquier caso, estas producciones televisivas, que nos han enseñado que hay que cambiar de ruta para ir a la Facultad, porque siempre puede haber locos, que la diabetes es parte de la fantasía por mucho azúcar que lleven los cupcakes, o en toda pareja navideña, él debe vestir verde y ella rojo, son parte de nuestra vida como espectadores. Podrán ser mejores o peores (en su mayoría), con un argumento más visto que el tebeo, pero se sigue produciendo, y ya no sólo por los grandes clásicos que son Hallmark, Lifetime o ZDF (sí, los alemanes se hacen pasar por cualquier otra nacionalidad europea para conquistar nuestra siesta, y han sido hasta reconocidos por el servicio de turismo de Cornualles), pues se han añadido Netflix o Prime, y no sólo tomando películas de esas productores, si no con films propios. E incluso han aparecido canales de YouTube, plenamente legales, que emiten sus películas por la plataforma, al igula que otro lugares de streaming más desconocidos, totalmente dedicados al tema como Passionflix, cuyo catálogo no sabes si es la sección de romántica más erótica (en algunos casos) de la librería, en verdad (y no digo nada contra eso). Y mejor no hablo de las sorpresas que te encuentras, cuando a veces ves que la "película de tres y media" es ya un fenómeno plenamente global, y puedes ver algunas que llegan desde Rusia o Filipinas.

¡Por partida doble! Así que la "protagonista" puede llevar el rojo y el verde ella solita

Son películas, como ocurre también en la industria editorial, suelen ser ninguneadas por ser especialemente orientadas al público femenino y al romance, cuando si estuviéramos hablando de otra audiencia u otro tema (las películas de crímenes y misteriores, por ejemplo), parece que ganarían en calidad para la mayoría. Sin querer entrar en si hay un prejuicio generalizado, debo admitir que su producción industrial, sus elencos repetidos una y otra vez, las hacen alejarse de cualquier intento de "arte" en las mismas, aunque a veces hay sorpresas. Peor llevo aquellas producciones de presupuesto más cinematográfico que resultan ser más "peli de tres y media" que las que están hechas en exclusiva para ello (aún no te perdono "Conociendo a Jane Austen").

Naomi Watts acababa de trabajar con Lynch, pero aún era "forastera"

De todas maneras, además de compartir momentos familiares, o conseguir conciliar el sueño, estos films, por lo que he visto en algunas conocidas y parientes, especialmente aquellos que tienen una historia con final feliz, sencilla y "limpita" (es decir, quitad a los psicópatas y las catástrofes, e incluso la romántica de mayor "alto voltaje"), son lugares "felices" que les permiten aislarse de la vida real, que a veces es demasiado traumatizante, triste o carente de "delicadeza", y que les permite una evasión durante hora y media. Y esto es algo, que si ayuda, y la historia está minímamente bien interpretada, dirigida y no es una enésima repetición de la fórmula, es de aplaudir para ayudar a estas personas, o incluso al resto, cuando llegamos cansados a casa.


En cualquier caso, a veces puedes llevarte sorpresas, especialmetne cuando detectas buenos actores que comenzaron en la pequeña pantalla, u otros que aunque no han podido desarrollar una carrera como estrellas, tienen solidez, y las películas, están bien hechas. Ejemplos de esto tenemos con Danielle Pannabaker (una amish en El Desprecio), Naomi Watts (en el western El Forastero), o Katherine Heigl (en otra del oeste como es El Amor Llega Suavemente). En otras ocasiones, te llevas simplemente la sorpresa, como en mi caso, con una adaptación afroamericana de Orgullo y Prejuicio (Orgullo y Prejuicio: Atlanta), o un dulce homenaje a los fans de Jane Austen en Paging Mr Darcy. Son casos más excepcionales, pero ejemplos de que a veces, la peli de tarde no está hecha sólo para dormir.



Todos tenemos nuestras películas de evasión, de doblar la ropa, de tejer, de "desconectar", y sólo quiero concluir con la idea de que aunque una película sea de tarde, y haya unas altas posibilidades de que su calidad disminuirá en función de la pesadez de tus párpados, a veces te puedes llevar sorpresas. Hoy me ha tocado ser frívola y hablar de ellas, porque también existen. Así que finalizo preguntándote cuál es tu película de este tipo favorita o si ya tienes las de Navidad preparadas para cuando Mariah Carey comience a cantar. Pero de verdad, aún no, que sólo es la primera semana de noviembre.

Carmen R.

viernes, 19 de abril de 2024

Shogun: lealtad japonesa

Esta semana viajamos en el espacio y el tiempo hasta llegar al Japón de la época pre-Edo, a través de la serie Shogun, producto de FX que llega a la mayoría de las televisiones a través de Disney +.  Se basa en la novela de James Clavell publicada en 1975 y best seller del momento, que ya fue objeto de adaptación televisiva en los años 80, con el protagonismo de Richard Chamberlain y el gran Toshirō Mifune.

En este caso, y a falta del capítulo final, pues la serie regresa al concepto de "miniserie" sin continuaciones, podemos decir que, sin haber leído el libro ni visto la adaptación final, estamos muy agradecidas de que el Shogun de 2024 sea la serie que muchos llevábamos mucho tiempo esperando: aparentemente fiel al mundo del siglo XVII que representa, sin miedo a mostrar el choque culturarl de entonces y todo obviando los mecanismos actuales que se meten en series históricas (música anacrónica, puestas en escena modernas o personajes inclusivos y poco realistas con el momento).

Shogun cuenta la historia de John Blackthorne, un piloto inglés que naufraga en Japón, y que había sido enviado junto a sus compañeros en un navío holandés, para romper el monopolio portugués existente en el 1600, propagar el enfrentamiento católico-protestante en oriente, y empezar el imperio inglés. Su llegada al país nipón coincidirá con un periodo de casi guerra civil y lucha de clanes, que complicará más su supervivencia, en un entorno donde se le considera un "bárbaro".

La serie resalta porque en vez de centrarse en el protagonista inglés, se fija más en los miembros japoneses de los diferentes clanes y sus luchas. Tanto es así, que el idioma principal es el japonés, y salvo los momentos en los que hablan en "portugués" por cuestiones de la trama, hay que seguirla con subtítulos (salvo si se habla el idioma). Esto, que parece sorprendente en una serie producida por Estados Unidos, no lo resulta tanto, cuando se ve que en la producción también ha colaborado un equipo japonés. De hecho, uno de los actores principales, el conocido Hiroyuki Sanada, que actúa como Toranaga, es uno de los productores y para él la fidelidad histórica era uno de los pilares principales de esta producción (1)

Resulta una gozada, ver una serie que quiere ser rigurosa, que se siente más como una producción japonesa, de calidad cinematográfica, que como otro producto más comercial y hecho para las masas, porque además, nos muestra que hay otra manera de hacer las cosas, sin que resulten "pasivas" o "lentas", o poco apasionates. Aunque es verdad que al principio, para "venderla" dijeron que era la nueva "Juego de Tronos" (2), algo que incluso irritó a su director, Jonathan van Tulleken.

Sobre la historia y la producción, poco más voy a añadir. Ahora toca hablar de los actores y destaca Sanada y su corte,  porque todos son excelentes, resaltando Anna Sawai como Mariko, una mujer que os maravillará, que tiene su propio arco y no es una mera comparsa. Sobre Cosmo Jarvis, que hace de Blackthorne, afortunadamente podemos olvidar su participación en la terrible Persuasión de Netflix, y su interpretación nos puede recordar a Tom Hardy, como un tosco inglés de la época; en particular, me gustaría verlo en otros roles para confirmar si su "confusión" se debe a que quiere compartir la de John, o es su manera de actuar. De los demás, todos son muy profesionales, destacando por su carisma Takehiro Hira (Ishido), Tadanobu Asano (Yabushige), Tommy Bastow (Padre Martin Alvito) o los 10 minutos que aparece Nestor Carbonell como el español Vasco Rodrígues.

Poco más quiero decir de la serie, salvo que la veáis y os aseguro que la vais a disfrutar tanto que ni se os va a ocurrir haceros el hara-kiri, perdón, el seppuku.

Carmen

Fuentes:

  1. https://eu.usatoday.com/story/entertainment/tv/2024/02/28/shogun-producer-hiroyuki-sanada-interview/72702443007/
  2. https://as.com/meristation/noticias/shogun-no-es-como-juego-de-tronos-su-director-prefiere-compararla-con-estos-exitos-n/

viernes, 10 de noviembre de 2023

Rojo y Verde: Navidad en la pequeña pantalla

Llega la temporada de las películas que van en rojo y verde, es decir, ese producto a troquel que resultan las películas navideñas para televisión, cuyo pistoletazo de salida ya ha empezado en países como EEUU o Francia, mientras que en España, estarán al caer en cuanto el programador de Antena 3, así lo decida.

Porque aquí no se habla de los grandes clásicos navideños como pueden ser "¡Qué Bello es Vivir!", "La Jungla de Cristal" o "Los Fantasmas Atacan al Jefe", entre otras (y de las que si quieres saber más, puedes ir a este otro artículo de Zinéfilas), hablamos de esos películas producidas por Hallmark Channel, Lifetime o los grandes del streaming como Netflix o Prime, que supone un gigantesco negocio que alimenta nuestras sobremesas (y siestas) en esta época.

Sí, lo mejor es que como toda película "de tarde" de las del tipo amable (las de niñeras psicópatas, las dejamos para otra ocasión), tienen una trama muy parecida a las del resto del año, que se puede resumir de la siguiente manera:

  1. Joven urbanita y estresada acaba de vuelta en su pueblo de infancia o en uno cualquiera por accidente.
  2. Conoce a muchacho rústico, pero amable y atento, con el que se pelea o se lleva bien, y con el que aprende el verdadero significado del amor (y la Navidad en esta época).
  3. Podemos añadir un lugar a salvar/niña o niño tan dulce como inaguantable/granja con caballos mustang/familia graciosa...
  4. Y como es Navidad, pues pongamos una gran cantidad de decorados, dulces y villancicos.
Es realmente sorprendente que con un argumento así, y sus variaciones, siempre tan repetidos, estemos tan dispuestos a invertir nuestra tarde en estos telefilmes (si no están los efecto narcolépsicos de por medio), y sobretodo, parece ya un ritual de Navidad, de ponerlas de fondo, mientras comemos turrón y compartimos momentos con la familia y visitas, pues son las películas que sabes que van a "tener un final feliz" y se las puedes poner tanto a tu abuelita como a tus hijos o sobrinos. Además de la trama, también repiten los actores, a los que ya los hemos visto en otros productos en otras épocas del año, pero esta vez con su jersey verde y su vestido rojo.


Aunque la historia de las películas para la televisión se remonta a los años 50, esta profusión navideña explosionó hace unos 10 años (1). Hallmark, habitual productora para productos audivisuales para el cable,  realizó “Christmas Under Wraps” con la "niña" de "Padres Forzosos", Candance Cameron Bure, y descubrieron su mayor filón en "positividad", "sentimentalidad" y "buenrollismo", lo que dió lugar a un aumento de producciones televisivas por épocas (Acción de Gracias, Halloween, San Valentín...), cuyo cénit es la llegada del 1 de noviembre en EEUU con las películas de Navidad.

Y Hallmark, como hemos dicho, no fue la única que explotó este filón. Otra productora, Lifetime, también está en el "negocio de las películas de tarde festivas", en el que llevan desde hace 20 años, y volvieron con fuerza al de Navidad, en 2016. Como dice una  de sus vicepresidentas senior, Meghan Hooper, este empuje se debió a un mundo cada vez más caótico, y que estas películas, suponen un escapismo maravilloso, especialmente en un negocio cinematográfico, donde las comedias tienen cada vez menos espacio en la cartelera (2). Esto último es especialmente cierto, si hablamos de la tendencia de Hollywood a los superhéroes, las secuelas y remakes, que inundan los cines, aunque es verdad que 2023 parece que muestra un cambio de paradigma con el "Barbenheimer", u obras de maestros clásicos como "Los Asesinos de la Luna" de Scorsese o el "Napoleon" de Scott. En cualquier caso, las "comedias menores" (en el sentido de sus presupuestos), no se dejan ver tanto como antes, siento imposible pensar en tener en un cine "Mientras Dormías" e incluso los grandes éxitos navideños de hace 20 o 15 años como "Love Actually" o "The Holiday". Parece que estas películas ya no tienen cabida, aunque se intentara recientemente con películas como "Last Christmas" (cuyo tono triste la condenaba algo al fracaso, y que acabó en plataformas rápidamente).


Volviendo a las "pelis de tarde", otra característica común, es que son fundamentalmente "conservadoras", aunque la "diversidad" actual, se ha abierto a otro tipo de parejas o propuestas más alejadas de la normalidad clásica navideña o el "tolerado para todos los públicos". Ejemplos de esto son "Happiest Season" o "Single All the Way".

Finalizamos hablando de las plataformas de streaming y este género: claramente la ganadora es Netflix, con una gama amplia en su catálogo y nuevas producciones. Pese a la cantidad de géneros y propuestas (musicales y realities incluidos), así como una gran cantidad de films, los que tienen más éxito son aquellos que se ajustan a la fórmula más tradicional, comenzando por "A Christmas Prince". Luego se evolucionó en películas que además incluyen una protagonista carismática (con éxitos anteriores, pero relegada a la televisión, salvo excepciones): Brooke Shields (A Castle for Christmas), Lindsay Lohan (Falling for Christmas) o Vanessa Hudgens (The Knight Before Christmas o la trilogía The Princess Switch (sólo la primera es simpática)), son ejemplo de esto.

Ahora sólo queda preguntar: ¿Qué película de Navidad disfrutarás junto a los mantecados y polvorones este año? Eso sí, sólo te pedimos que al menos puedas aguantar hasta diciembre antes de ponerla ;)


Carmen R

Fuentes: 
(1) How Hallmark Took Over Cable Television de Sarah Larson: https://www.newyorker.com/magazine/2019/12/23/how-hallmark-took-over-cable-tv
(2) Why are there so many Christmas TV movies? The 'warm and fuzzy’ factor, and more de Kristi Turnquist: https://www.oregonlive.com/entertainment/2019/11/why-are-there-so-many-christmas-tv-movies-the-warm-and-fuzzy-factor-and-more.html

viernes, 20 de mayo de 2022

Gracias por ser una amiga - Recuperando Las Chicas de Oro

La actual oferta televisiva en streaming nos ofrece de forma constante nuevo contenido para ver en nuestro hogar, al ritmo que más queramos. Y es en esos momentos cuando te entran ganas de ver un clásico, algo que no repiten las cadenas de forma constante (sí, Friends, aunque clásico, está más visto que el "tebeo"), y que desgraciadamente, salió hace años y no se ha vuelto a ver (salvo en DVD), como por ejemplo Frasier, Malcolm in the Middle, Cosas de Marcianos o Spin City.

Parece que todas estas series, están olvidadas entre los entramados legales de los derechos de emisión de las diversas plataformas, aunque hay veces, en las que consiguen ser traídas de nuevo a la vida. Es el caso de Seinfeld, o más recientemente, tras mucho ruído en redes, y muchas gente llevada por el recuerdo, de las Las Chicas de Oro, que se puede ver desde hace unas semanas en Disney +.

Los 80, entre sus Dinastías y Coches Fantásticos, brillaron también con comedias "atípicas" y no familiares, como ésta, y con protagonistas que superaban incluso ampliamente la cincuentena (como ya ocurrió, con otra favorita de los espectadores, Se Ha Escrito un Crimen (disponible en Prime)).

"Las Chicas de Oro", es parte de la historia de la televisión en España. Una serie cuya melodía, cualquiera treinteañero "largo", o persona de más edad, podrá hasta tararear. Se emitió en aquella TVE, televisión  pública de dos cadenas, ahora nostálgica, a partir del año 1986, precedida del éxito que supuso esta serie "atípica" en la NBC, en el año 1985. Duraría hasta 1992.

La trama de la serie es sencilla, tres mujeres maduras comparten casa en Miami, y a ellas se une, tras el incendio de la residencia de la 3ª edad donde vivía, la madre de una de ellas. Cada personaje tiene una clara personalidad muy definida, e incluso tópica a veces, de manera que los espectadores pueden tener a su "chica favorita", y reir con los clásicos chistes de las demás. Ellas son:

- Blanche Deveraux (Rue McClanahan), una viuda sureña devorahombres, que es egoísta, vana y superficial.

- Dorothy Zbornak (Bea Arthur), una divorciada neoyorkina intelectual, cínica e irónica.

- Rose Nylund (Betty White), viuda de Minessota de origen escandinavo, inocente, metepatas y algo tonta.

- Sophia Petrillo (Estelle Getty), viuda siciliana, madre de Dorothy, descarada, algo malvada y de vueltas de la vida.

Las actrices están en estado de gracia en sus papeles, pues realmente te llegas a preguntar si no serían así en la vida real. Como ejemplo esta recopilación de clips:

Las Chicas vivirán sus aventuras en capítulos de 20 minutos, sin aparente continuidad, salvo en personajes que se repetirán a lo largo de la serie, como Stanley (ex-marido de Dorothy), Papaíto (el sureño padre de Blanche), Miles (un novio de Rose)..., que dan cierto estilo compacto a la serie, para que también veamos la evolución de los personajes.

La serie supuso una pequeña "revolución" en su momento, pues entre capa y capa de comedia, trataban temas (con humor) que eran más serios, como la muerte, la soledad, el trato a los mayores, el sexo maduro, el racismo, o el SIDA, y mucho más. Abajo un clip sobre la homesexualidad:

Ver la serie ahora supone aceptarla como producto de su época, y es un elemento que sigue manteniendo su gracia casi de forma original (salvo aquellos chistes de Reagan o Bush, la URSS, que pillarán los que conocen la época), porque las personas, pese a todos los cambios sociológicos que se han producido en casi 40 años, siguen siendo básicamente iguales. De hecho, es mucho más valiente, arriesgada y cómica, en sus planteamientos, que otros productos que van de innovadores ahora. Por ejemplo, Sexo en Nueva York, puede suponerse una heredera casi directa de las Chicas de Oro, aunque se ve más claramente en su revival "Just Like That", cuya tónica con los tiempos actuales, la han convertido en un producto ya caduco, especialmente si se comparan con las Chicas de Oro originales, cuya gracia perdura y se arriesgaba mucho más en su momento.

Sinceramente recomiendo darse un baño de nostalgia con esta serie, que puede que os vuelva a sorprender si llegásteis a verla en los 80, o le deis una oportunidad si no fue así, y podáis ver que "a las chicas  (a cualquier edad), les gusta divertirse".

Carmen R.

Nota 1: hubo un remake español en 2010. Se recomienda huir y mantenerse firme con la serie original.

Nota 2: la serie tuvo un spinoff con Sophia, Blanche y Rose, The Golden Palace, que sólo duró una temporada y en el que se puede ver a un joven Don Cheadle.

Nota 2: no os perdáis algunos cameos o caras conocidas que salen, como Julio Iglesias, Bob Hope, Quentin Tarantino o George Clooney.

viernes, 22 de octubre de 2021

Sexo en Nueva York - Temporada 7


En junio de 2021 comenzó a rodarse en Nueva York, dónde si no, una nueva temporada, la séptima, de esta serie que se emitió entre 1998 y 2004 (94 episodios en seis temporadas) y se prolongó después en dos largometrajes: uno en 2008 y otro en 2010. Se programó un tercero para 2017, pero quedó cancelado.

“Sexo en Nueva York” fue una serie popularísima, de gran éxito en sus estrenos y con un montón de reposiciones posteriores. Es una serie mucho más vista de lo que se confiesa, muy citada, muy referenciada, y que, sin embargo, raramente aparece en los ránkings de las series de culto. ¿Por qué? Luego hablaremos de esto.

Centrémonos ahora en que, más de veinte años después, regresa a HBO Max con el título “And just like that” (que puede traducirse por “Y así, como si nada”) y diez episodios de media hora cada uno. Dicen las malas lenguas que al rebufo del reencuentro de “Friends”, vuelven casi todos sus protagonistas, con la remarcable y estelar ausencia de Kim Cattrall, la imprescindible Samantha Jones. No dejo de preguntarme hasta qué punto se resentirá la historia de este enorme vacío, aunque, por otro lado, tengo toda mi confianza en el equipo de guionistas, cuya principal preocupación seguro que es precisamente que no se note que falta. Además, este equipo ha prometido “novedad total”, así que pinta bien.


La primera foto del rodaje de la séptima temporada (etonline.com)

Vuelve Chris Noth (Mr. Big), aunque se lo estuvo pensando, y también repiten Evan Handler (Harry Goldenblatt), Mario Cantone (Anthony Marento), el entrañable Willie Garson (Stanford) y David Eingenberg (Steve Brady). Abonado a las breves apariciones, aparece brevemente John Corbett (Aidan) y repite como director ejecutivo Michel Patrick King.

Echo de menos en el reparto al guaperas de Jason Lewis (Smith Jerrod), pero, al no estar Samantha, tampoco tiene mucho sentido.

Esta séptima temporada que ahora se rueda nos mostrará a las tres amigas, una vez cumplidos los cincuenta años, tal como anticipaba el final del segundo largometraje. Promete una visión del mundo desde la cincuentena, lo cual es novedoso e interesante.

También han adelantado que hablará de la pandemia y que incorporará un nuevo personaje no binario, Che Díaz, interpretado por Sara Ramírez, a quien conocemos de “Anatomía de Grey”.

El rodaje se llevó en principio bastante en secreto, aunque Sarah Jessica Parker compartió en Instagram el primer vídeo teaser de este esperado regreso.

No os voy a engañar: me voy a lanzar a una defensa encendida de esta serie, pero antes voy a nombrar un defecto: su pésima traducción al castellano. Hay fragmentos con una versión castellana penosa, sin gracia y hasta sin coherencia. Quizás no fuera posible hacerlo mejor, pues la protagonista es muy aficionada a los juegos de palabras y eso es siempre un quebradero de cabeza para las traducciones. Así y todo, los largometrajes tienen una mucho mejor versión española, de manera que algo sí se podía mejorar.

Ya está. Hecha la minicrítica, vamos con la alabanza. Un punto muy a favor de esta serie es que su contenido, veinte años después, sigue en vigor y, al menos en mainstream, no se ha superado. Vamos con uno de sus puntos fuertes: está totalmente protagonizada por mujeres, cosa que no es frecuente y menos frecuente era en 1998, cuando se estrenó. Volviendo a lo de los ránkings que os decía antes, mirad cuántas de esas series presuntamente de culto están protagonizadas por mujeres y luego hablamos.

Otro punto fuerte y rompedor: la serie consiste en una exploración de la sexualidad y el placer femeninos, algo que a menudo molestaba y provocaba críticas feroces; demasiado feroces; sospechosamente feroces. Hace más de veinte años fue una forma de presentar los universos femeninos y hablaba sin tapujos de sexo, abortos, masturbación… De mujeres profesionales, de cómo se desenvolvían en sus trabajos, de cómo se veían y cómo las veían en lo laboral, de la tensión con las carreras de sus parejas…

Como serie, “Sexo en Nueva York” evolucionó. Comenzó con un tono narrativo y acabó con otro. Con el tiempo, se hizo menos ligera, algo más amarga, pero con ese amargor sabroso del té negro bien cargadito.

Tiene especial miga su final irónicamente feliz: todas las chicas acaban emparejadas, pero con unas situaciones de pareja que no son ni mucho memos las soñadas, jugando así con las convenciones de la comedia romántica.

Ya para acabar, os voy a recomendar un artículo muyinteresante sobre esta serie. Lo publicó Emily Nussbaum en The New Yorker en julio de 2013. Se titula “Difficult Women. How ‘Sex an the City’ lost its good name” y os resumo un poco sus ideas principales.

“Sexo en Nueva York” fue una serie pionera, atrevida, con episodios de una brillante coherencia. Puede criticársele haber envejecido en un par de aspectos: el primero, la falta de diversidad (mujeres blancas y mayormente heterosexuales) y el segundo, que no son precisamente defensoras de un estilo de vida sano, pues beben, fuman y consumen fast food sin remordimiento alguno. Se me ocurre (a mí, no a Nussbaum) que quizá quieran actualizar algo de esto en la próxima temporada.

Carry Bradshaw no es una heroína; más bien, una antiheroína: no es perfecta; engaña a sus parejas. Es una tía poco complaciente, cortante, deslenguada; tiene un punto de vista cínico, es promiscua y utiliza un lenguaje soez. Tanto ella como sus amigas son taimadas, astutas, impías y tienen gran ingenio y sentido del humor. Son atractivas y triunfadoras y carecen de la fragilidad de otras protagonistas televisivas como Ally McBeal.

Termino con un aspecto que destaca Nussman y que me parece fundamental a la hora de entender la condesdendencia y el desprecio con el que los críticos (y aquí el masculino no es genérico) trataron a esta serie. Fijaos en que estas chicas guapas, elegantes, atractivas, inteligentes, profesionales, triunfadoras no gustaban a los hombres. Solo nos gustaban a las mujeres. Los críticos se cebaron contra sus carísimos modelitos de alta costura y su modo de vida pijo y obviaron todo lo demás. Puede que ya sepamos por qué.

Noemí Pastor

martes, 17 de noviembre de 2020

Mandaloriano e Hijo

Aunque no seas fan de La Guerra de las Galaxias, o Star Wars como se conoce desde hace años, es muy probable que en algún momento te hayas topado con un Yoda bebé, ya sabes, una versión infantil de aquel sabio maestro que le hablaba a Luke Skywalker de "extraña" manera. Y es bastante posible que tu curiosidad se haya despertado, al ver que "el niño" y a su guardián, un señor con casco que jamás se lo quita.

Admito que nunca he sido una fan de este universo que creó George Lucas, pero desde que llegó The Mandalorian o El Mandaloriano, estoy totalmente enganchada a sus aventuras. Porque una de las grandes ventajas de esta serie, es que no necesitas saber nada de Star Wars, de los Sith, los clones, o el culebrón familiar de los Skywalker, para meterte en la misma, y si lo conoces, pues vas a disfrutar con un visionado con lectura extra.

El Mandaloriano es un western donde las praderas se sustituyen por galaxias lejanas. Su protagonista es el clásico "desarraigado", un cazarrecompensas que no se casa con nadie, que vive con su propio código ("el camino del Mando"), y que lleva una vida solitaria hasta que a sus manos llega "el niño", un pequeño que apenas anda, habla, pero eso sí, que come todo lo que puede, pues es prácticamente un bebé muy pequeñín e inocente.

Tras un dilema moral evidente, nuestro protagonista tiene corazón, como iremos viendo a lo largo de los capítulos, y el hueco que el pequeño cubre en su alma, será el tema principal de la serie y la fuerza de la misma. Es muy similar en ese aspecto al conocido manga El Lobo Solitario y su Cachorro, donde un solitario asesino debe proteger a un crio desvalido en un mundo cruel.

La historia sigue un ciclo de aventuras clásicas, y veremos que Mando, el protagonista, irá haciendo amistades y alianzas, y también enemigos, creciendo como personaje, a la par que nos deleita con escenas de acción muy espectaculares y efectivas, que son un regalo para los ojos en un medio como el televisivo.

Los capítulos rondan entre los 30 minutos y la hora, y en general, al ser temporadas de 8 capítulos, no suele haber apenas relleno, y si lo parece, al final siempre encuentra una justificación.

Mando, al que apenas vemos su rostro, y oímos  bastante poco (es parco en palabras), está interpretado por Pedro Pascal, que muestra su buen hacer y profesionalidad en pantalla (aunque seguramente en alguna escena está sustituido por un doble). Junto a él, el equipo técnico que crea al "niño" tiene también su mérito, y el resto del elenco está lleno de nombres importantes como Werner Herzog o Giancarlo Esposito, rostros de Star Wars como el del veterano Carl Weathers, y buenos actores o maestros de la acción como Gina Carano o Taika Waititi, y cameos de calidad como el de Timothy Olyphant o Katee Sackhoff, entre otros muchos.

Detrás de las cámaras, también hay buenos nombres, pero lo principal, es su creador y guionista, el actor, director y polifacético Jon Favreau, que ha tomado mucho control de una historia de un universo en el que el público general creía que ya lo había visto todo. Y aunque El Mandaloriano no deja de ser una serie del oeste donde vemos los bandidos, los pueblos amenazados, los salvajes o los malvados, como tantas veces, está tan bien llevada como historia de aventuras clásicas, con humor y valores de antaño, que no podemos dejar de recomendarla.

Rodada en un estudio con una técnica de escenarios LED que da una mayor realidad y luminosidad que las famosas pantallas verdes, verdaderamente parece que estás metido en esos mundos. Y la guinda la pone una banda sonora maravillosa creada por Ludwig Göransson, que se aleja del clásico Williams, dando tal personalidad a la historia, que su tema principal será uno de esos que se quedarán para el futuro. Tampoco olvidar las imágenes de los storyboards, hechos con todo el cariño, que se muestran al final de cada capítulo.

Sin querer contar más, y esperando el próximo capítulo (pues Disney + ha sido muy inteligente volviendo a poner 1 sólo capítulo por semana en los estrenos, generando emoción entre el público), sólo podemos recomendarosla, si necesitais ver aventuras, con buenos y malos, humor, amistad, detalles y volver a los ocho años, aquí la tenéis. Es una rara avis, que nos ha hecho recuperar la ilusión en que todavía se pueden hacer productos de entretenimiento así.


Carmen R

viernes, 12 de junio de 2020

Hunters




—Mamá, ¿tú eres una superheroína?
—Hija, soy una mujer negra en los Estados Unidos de América. Ninguna superheroína me llega a la suela del zapato.

Este extracto de un diálogo de Hunters ilustra lo que más me gusta de la serie: la mirada ácida sobre la pretendida perfección democrática de los Estados Unidos en la década de 1970. También me ilustra uno de sus hilos conductores: las constantes referencias a tebeos, series televisivas y elementos de la cultura popular de la época. Ya sabéis: la nostalgia siempre funciona.
Pero comencemos por el principio y hagamos las presentaciones.
Hunters es una serie de Amazon, de producción propia, muy recientita, pues se estrenó en febrero de 2020. De momento solo tiene una temporada, pero, si el mundo vuelve algún día a parecerse mínimamente a lo que era, tendrá una segunda.
Lo primero que me viene a la cabeza cuando pienso en esta serie, es que es hija de su tiempo. Es lo que vengo entendiendo por una serie “modernita”, de las que se llevan ahora, con todos sus ingredientes; a saber: gran estrella de Hollywood (Al Pacino, que el pasado 25 de abril cumplió ochenta añazos), magnífica puesta en escena, estupenda dirección artística, ambientación setentera tarantiniana, nostalgia televisiva, mucho tebeo, fantasía, superhéroes,  James Bond,  Batman, malos de Spectra, violencia presuntamente refinada, mal gusto deliberado, atrevimientos narrativos, piruetas de guion, revisiones históricas…
A esto añade Hunters unos protas, los buenos, no tan buenos y unos malos malísimos, de opereta, nazis diabólicos. Agrega, además, unos durísimos flashbacks sobre el holocausto, escenas que transcurrieron en Auschwitz de las que te hacen desviar la vista de la pantalla, seguidas de episodios de humor grueso, números musicales en rosáceos parques de atracciones o narraciones oníricas sobre el amor más allá de la muerte.
Esta mezcla delirante descoloca bastante al principio. Luego ya te vas haciendo al tono y te lo tragas.
Voy un poco con el argumento. En la década de 1970, en Estados Unidos, los nazis están por todas partes, poco a poco van escalando a posiciones de poder con el objetivo de instaurar el Cuarto Reich.  Ante esta amenaza, el millonario Meyer Offerman, superviviente de los campos de exterminio, organiza una cuadrilla galáctica de cazadoras y cazadores de nazis. No parece, pues, casual que esta serie haya sido gestada cincuenta años después de la gloriosa década de 1970, en un momento de efervescencia de movimientos supremacistas y de la extrema derecha por casi todo el mundo.
Porque no todo es tebeo en Hunters. El personaje de Pacino está levemente inspirado en Simon Wiesenthal, un arquitecto judío de Austria que pasó cuatro años en campos de concentración y que en la década de 1970, ya asentado en los USA, creo el Centro Simon Wiesenthal, que desde entonces se dedica a dar caza a los nazis que huyeron de Alemania y se infiltraron cómoda y lujosamente en los Estados Unidos y colaboró con el Departamento de Justicia de Estados Unidos en la búsqueda de estos criminales de guerra. Simon Wiesenthal aparece como personaje en Hunters, interpretado por el gran Judd Hirsch.

También el personaje de Ruth Heidelbaum, la abuela de Jonah, el otro prota junto a Pacino, tiene una conexión con lo real, pues está inspirado en la verdadera abuela de de David Weil, el creador de la serie, que fue la única superviviente de su familia tras pasar por Auschwitz y Bergen-Belsen.

Algunos de los nazis “cazados” por Pacino y sus secuaces tampoco han nacido de la imaginación de los guionistas. Por ejemplo, Wernher von Braun, “el hombre del espacio”, existió de verdad. Perteneció a las SS y en la Segunda Guerra Mundial trabajó para el ejército de Hitler en la construcción de cohetes y misiles. Luego se rindió al ejército aliado y los norteamericanos, a través de la operación Paperclip, lo ficharon para la NASA.
En la serie a Von Braun le limpian el forro los cazadores de nazis; en la realidad, murió de cáncer a los sesenta y cinco años en su estupenda casa de los suburbios residenciales de Washington.

Para terminar, os repito lo que más me ha gustado de Hunters: cómo se pitorrea del patrioterismo americano, cuando hace sonar el himno nacional durante discursos de nazis reciclados en honrados políticos que se han cargado a toda su familia, niñitos incluidos, y se llevan la mano al corazón henchido de amor a los yueséi. Aquí tengo que citar a ese monstruo de la interpretación especializado en personajes extremos que es Dylan Baker.
Dylan Baker, honrado padre de familia que invita a barbacoas en su jardín
Y, por supuesto, como os decía antes, me chifla la caña que le mete al racismo, a ese fascismo básico subyacente en los USA que parece enraizado ensu ADN, a pesar de las continuas proclamas de libertad e igualdad, con referencias directísimas a los nuevos fascistas: esos angry white men que siguen ahí, quizás ahora más activos que nunca, cuya ira se prende tan fácilmente.

viernes, 29 de mayo de 2020

Bienvenidos a Belgravia



No sé cuántas cosas habrán cambiado en vuestras semanas de confinamiento, y espero que hayan sido las menos posibles. Nos adentramos a caminos inciertos en el futuro pero la vida del ser humano siempre ha sido así. Y no, no quiero ponerme a hablar hoy de cine apocalíptico o de series distópicas...hoy no será ése el contenido de este artículo.

En este periodo de encierro he conseguido ver algunas películas, clásicas o no, recuperado series, y aún más esperaba, pero no ha dado tiempo para todo, porque tampoco es que esto haya sido una cura de desconexión, si no todo lo contrario. Es por ello, que hoy os hablo de una serie, que sin ser una de mis series "de comfort", ha hecho mi confinamiento menos severo: Belgravia.


Aunque al principio no me ví tentada en absoluto, ahora me alegro de haberlo hecho. Necesitaba una serie de época en mi vida, pero una que no hubiera visto, que se cerrara en una serie de episodios, y que no hiciera que mis ojos se giraran con los anacronismos. Y es que el gran problema de muchas series y películas históricas, es que justamente, no respetan el contexto histórico en que se sitúan. Y esto, depende de la intención del director o el guionista,que en general, lo que quiere es acercarse al público actual.

No voy a meter en este grupo a obras concebidas con la estética por encima de la historia, como en el caso de Maria Antonietta de Sophia Coppola, o la posmoderna Dickinson. Hablo de aquellas que claramente se hacen con una intencionalidad de "agarrar" de la mano al público con sus concesiones posmodernistas, omitiendo e ignorando el momento histórico: los pelos sueltos del Charlotte, la protagonista de Sanditon, me provocan dolor de cabeza, o las gratuidades que se hacen directamente sobre lo sucedido en series de época como "The Spanish Princess". Este tipo de hechos me distraen de lo que estoy viendo. A éso, únase una dirección obsesionada con la profusión de momentos "íntimos", en los que se enfoca a la naturaleza y se hace un acompañamiento musical sublime (las costas de Cornualles en ciertos momentos de la última adaptación de Poldark, por ejemplo). Parece que con eso esconden fallos de guión, o algunos que son muy perezosos.


En el caso de Belgravia, estamos ante un culebrón victoriano de tomo y lomo, que evita este tipo de herramientas audiovisuales, y se centra en lo principal: su trama. Una historia que aunque está escrita por el actual (y bien vivo) Julien Fellowes (sí, os sonará como el creador de Downton Abbey), se agarra a los tópicos del siglo XVI: herederos ilegítimos, amor verdadero y honor, pivotando alrededor de ellos como un folletín sacado del momento en el que se sitúa.

Y sinceramente, se agradece, muchísimo, porque esta historia, que puede parecer sencilla y de culebrón, está sustentada, especialmente, por actores maduros, que parece que deben ser eternos secundarios y son los protagonistas. Esto es otra bocanada de aire fresco, pues es rarísimo, salvo que estés en una serie de crímenes, ver a actores de más de sesenta años, protagonizando un drama de época. El plantel que los rodea, es perfecto para los roles, siendo el joven secundario que es el centro de la historia, el que resulta más deslucido con tanto profesional alrededor.


Otro de los miedos que me llenaban cuando ví la serie, era el sello Fellowes. Todos hemos visto algún episodio o temporada de Downton Abbey, pero la serie, que podía ser una recuperación del clásico "Arriba y Abajo" de los 70, acabó siendo lastrada por su interminable argumento, repetido a lo largo de temporadas y la película final, que sólo podía ser disfrutada por sus fans más acérrimos. En el caso de Belgravia, hay algún tema musical que nos recuerda a la otra serie, y una gran factura técnica, pero la temporada de seis capítulos es, en general, autoconclusiva, y se puede ver como una miniserie sin ningún problema. De hecho, funciona mejor así.

Y así espero que quede. Me ha gustado bastante Belgravia. No esperéis una crítica al sistema de clases victoriano (aunque algo hay), ni tampoco a la época más brillante de "Rule Britannia" y su imperialismo (para eso La Última Carga), o las consecuencias del honor (mejor el eduardiano Caso Winslow), sino, un culebrón, que quizá no llegue a las joyas novelescas que nos regalaron los especialistas británicos del folletín del momento, como Dickens, Gaskell o las Brontë, pero que entretiene bastante, y más en un momento como el actual.



Carmen R

viernes, 21 de junio de 2019

Hierro (2019)

Las series para televisión gozan de una salud de hierro. ¡Qué digo de hierro! De oro y diamantes. Las series de televisión se producen y reproducen alegremente gracias a canales de pago que apuestan por ellas y las financian con alegría. Crean series que enganchan a masas ingentes (Y no sin gentes, como dicen algunos) y las temporadas se suceden bajo demanda popular ya que, de vez en cuando, los deseos de los espectadores seguidores de la serie se imponen a las directrices de la producción y se acaban filmando temporadas finales, a veces, fatales.

Cartel anunciador.

Todos conocemos series que arrasan y que se convierten en fenómenos mundiales y plataformas que han pasado de canales de pago norteamericanas a productoras multinacionales. En España, obviamente, se juega en categorías inferiores y la ficción seriada no tiene el nivel ni la sofisticación, ni la pasta, claro está, de las superproducciones extranjeras, pero cositas se hacen, incluso thrillers isleños.

Jóvenes isleños con la isla a sus pies.

Ahora viene cuando por fin os hablo del tema concreto de hoy que es Hierro, la serie de suspense policíaco, más bien, judicial, de la cadena Movistar Plus Almohadilla Cero rodada en la afortunada isla homónima. Las series de televisión sobre policías son muy habituales en nuestras pantallas. Ya se ha llegado a sobrepasar a los agentes con placa hasta conseguir que los protagonistas de los capítulos sean dispares personajes que pasan por la comisaría sin pertenecer al cuerpo, como forenses, mentalistas, detectives politoxicómanos en rehabilitación extrapolados de novelas decimonónicas....Hasta que en nuestra humilde Hierro, la prota, mujer, bajita y poco simpática es una jueza.

La jueza y su hijo.


Sinposis

Candela (Candela Peña), jueza con plaza, parece haber sido castigada y enviada de destino a la pequeña isla del Hierro. Llega a una isla donde prácticamente se conoce todo el mundo en el momento en que en dicho lugar están preparándose para su festividad más emotiva, la bajada de la virgen de los Reyes, solemne acto que se celebra una vez cada cuatro años. Por desgracia, nada más amerizar en la isla, en el juzgado y en su nueva vida, encuentran un cadáver en el fondo del mar, matarile, rile rile. El finado es el novio de una niña rica cuyo padre, conocido por su apellido, Díaz (Darío Grandinetti) es dueño de una plantación de plátanos que, para matar el rato, se dedica a transportar junto con esta deliciosa fruta, otros productos agrícolas de gran aceptación al margen de la legalidad.

Dirimiendo sobre la festividad local.


¿Quién ha matado al muchacho? No faltarán sospechosos para la jueza que se verá respaldada, aunque no comprendida, por el sargento de la guardia civil, Morata (Juan Carlos Vellido) y por la amable guardia Reyes (Mónica López).


Plantación de la fruta local. El sospechoso y la guardia civil de paisano.

La historia es entretenida y mantiene la tensión, lo cual es de agradecer. La protagonista, y eso está bien, es una mujer que realmente no es policía ni lleva pistola, lo cual está aún mejor dada la desbordante cantidad de series con protagonistas apuntando con el dedo en el gatillo. Realmente no hacen falta tantos tiros para hacer una serie.

La jueza sale de su juzgado.

Es de agradecer, también, que nos muestren realidades alejadas de las grandes urbes con la belleza que puede otorgar una isla tan desconocida para la mayoría como es el Hierro. La serie muestra varios enclaves naturales que son un buen reclamo turístico.

El sospechoso principal muy cabreado.

Volviendo al tema que nos ocupa, aparte de la singular belleza de los rincones de la isla del Hierro y el protagonismo de una mujer de edad madura que no empuña pistola, la serie es entretenida. Los personajes protagonistas Peña y Grandinetti son dos forasteros que llegaron a la isla en diferentes épocas por distintos motivos. Uno se hizo empresario, la otra acaba de llegar pero ambos conviven con los lugareños que, ciertamente, nos dejan con ganas de conocerlos más. Una pena no haber sacado mayor rendimiento a los actores locales, aunque algunos sí que exhiben sus encantos. Hay hasta cierta cómica que ¡Por fin! Hace un pequeño papel dramático.