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viernes, 12 de mayo de 2017

Eva Le Gallienne: LeG


(Wikimedia Commons)

Eva Le Gallienne (1899-1991), también conocida como Miss LeG (no me digáis que no es cool la abreviatura), fue actriz, escritora, traductora, productora y directora teatral. Profesionalmente activa durante ¡70 años!, tuvo un papel determinante en la creación del movimiento teatral de repertorio en los Estados Unidos, precursor del actual Off-Broadway.


Ante todo, me disculpo
Me disculpo, sí, porque este es un blog de cine (como mucho, de cine y televisión) y, en realidad, Eva Le Gallienne trabajó muy poco en el cine y un poco más en televisión.
Participó solo en tres películas, pero por una de ellas, “Resurrección” (1980) fue nominada a un Oscar, lo que la convirtió en la persona candidata de más edad.   
En televisión se prodigó un poco más: trabajó como actriz en diez producciones y por una de ellas, “The Royal Family” (1977), ganó un Emmy.
Pido disculpas, pues, por esta relación tangencial de la señora Le Gallienne con el séptimo arte. Alego en mi defensa que me he dejado llevar por el encanto del personaje; me he dejado seducir por la pasión que puso, más que nada, en el teatro; una de esas pasiones que dan sentido a la vida y que la alimentan por siempre.


Un encuentro decisivo
Aunque toda su carrera la desarrolló en los USA y en 1927 se naturalizó estadounidense, Eva Le Gallienne nació en Londres. Su madre era una periodista danesa y su padre, también periodista y poeta, era inglés de ascendencia francesa, como delataba su apellido.  En la familia había, además, dos tías actrices y un tío actor.
La pareja se divorció cuando Eva tenía cuatro años y madre e hija se trasladaron a vivir a París. Allí tuvo Le Gallienne la oportunidad de conocer a Sarah Bernhardt en el backstage de un teatro parisino. Este encuentro, decía la propia Eva, le produjo “una enorme impresión” y fue marcó, sin duda, el futuro de la joven, que, en 1914, con quince años, debutó en una producción de Maeterlinck.
Un año después, madre e hija viajaron a Nueva York y, aunque las dos primeras obras en las que trabajó fueron sendos fracasos, Eva no tardó mucho en convertirse en una estrella de Broadway.


La típica (y aburrida) leyenda negra
Le Gallienne vivió su homosexualidad en un mundo en el que ser homosexual o bisexual era común, pero solo se aceptaba entre bambalinas, sin revelarse nunca al público, y en el que todavía eran frecuentes los “front marriages” y las ”shadow actresses”.
A Le Gallienne se le atribuyeron romances y relaciones más o menos duraderas con la mecenas Alice DeLamar, las actrices Alla Nazimova (que fue quien acuñó la expresión “sewing circle” o “círculo de costura”) y Tallulah Bankhead y la escritora Mercedes de Acosta. También estuvo a punto de casarse con el actor BasilRathbone. Y me he dejado nombres porque no pretendo hacer ninguna lista exhaustiva y tampoco quiero excederme con el morbito.
Digo yo, pues, que semejante currículum es suficiente para proporcionar a cualquiera una felicidad  razonable. Pero no. La típica y aburrida leyenda negra, la maldición hollywoodense de la sexualidad no normativa insiste en que Le Galliene no estaba a gusto con su homosexualidad, que en privado luchaba contra ella y que esto la llevó a estados de ansiedad y al alcoholismo. Eso afirmaba, al menos, Richard Schanke, uno de los biógrafos de Le Gallienne.
A mí, sin embargo, me gusta más la versión de otra biógrafa, Helen Sheehy, que ofrece testimonios de allegadas a Le Gallienne que deshacen el retrato de la lesbiana trágica e insatisfecha. Y me gusta más porque se cansa ya una de la fórmula lesbiana = atormentada y se inclina por esta otra: lesbiana = disfrutona y vividora. 


“Prefiero interpretar a Ibsen que comer”
Dejémonos, pues, de leyendas más o menos glamurosas  y volvamos a la pasión de Le Gallienne por el teatro, que la llevó a éxitos verdaderamente notables y a momentos de verdadera ruina económica. De ahí la frase que da título a este apartado.
Su primer gran hito fue la fundación del Civic Repertory Theatre en Nueva York, sin ninguna ayuda pública, solo gracias al apoyo financiero de Alice DeLamar. Con el Civic Le Gallienne cumplió su sueño de dotar a los Estados Unidos de un teatro permanente de repertorio, a la manera del Old Vic inglés, la Comédie Française o el Teatro del Arte de Moscú, que representara a los clásicos a precios populares.
En el Civic alcanzó Le Gallienne una de sus cumbres artísticas con “Hedda Gabler”, de Ibsen.
También fue un enorme acierto su interpretación de la reina Isabel I de Inglaterra en “María Estuardo”.

Le Gallienne como Peter Pan

Con todo, si me tengo que quedar con una versión de Le Gallienne, me quedo con su interpretación de Peter Pan en la obra del mismo título que el Civic representó en 129 ocasiones con enorme éxito, también entre el público infantil, debido al exquisito trabajo de Le Gallienne y a los soberbios efectos especiales, que por primera vez hicieron volar a Peter Pan, sujeto a un hilo invisible, sobre el patio de butacas.
Me gusta verla así, andrógina y voladora, fijada en la retina de las niñas y los niños como símbolo de frescura y libertad.


Más Le Gallienne
Si os habéis quedado con ganas de saber más cosas sobre la divina LeG, porque, por supuesto, yo no os lo he contado todo, en Google Libros tenéis la biografía de Robert A. Shanke “Shattered Applause. The lives of EvaLe Gallienne”.
Helen Sheehy escribió otra biografía sobre ella: “Eva Le Gallienne: A biografy” (Alfred A. Knopf, New York 1996). Y Mercedes Acosta habla también de ella en su libro “Here lies the Heart”.
En Youtube hay también varias cosas interesantes sobre Miss LeG; por ejemplo, un audio de su interpretación en “Alicia en el País de las Maravillas” y una entrevista televisiva de 1977.

Disfrutadlo.

Noemí Pastor

viernes, 17 de marzo de 2017

Tallulah aleluya


(Wikimedia Commons)

Tallulah Bankhead, actriz y celebrity, nació en 1902 en Alabama y murió en 1968, a los 66 años y todavía en activo, en Nueva York. Trabajó en cine (con Cukor y Hitchcock, entre otros), en radio y televisión, pero donde verdaderamente brilló y disfrutó fue en el teatro.
Escandalosa, coleccionista de amantes y bisexual, fue pionera multimediática, celebrity televisiva, princesa del pueblo e icono gay.


NuevaYork, Londres, Hollywood, Las Vegas...

Tallulah Brockman Bankhead nació a comienzos del siglo XX en Huntsville, una pequeña localidad de Alabama, en el seno de una distinguida familia de destacados políticos demócratas.

Con quince años comenzó a trabajar en obras de teatro de Huntsville y alrededores. Con dieciséis ganó un concurso de belleza y se trasladó a Nueva York, decidida a triunfar en Broadway.

En Nueva York participó en varias películas, pero, como su verdadera vocación era el teatro, con veintiún años decició probar suerte en Londres, donde permaneció durante cuatro años y trabajó en veinticuatro obras; entre ellas, Fallen Angels, de Noël Coward.

En la década de 1930, contratada por Paramount Pictures, se trasladó a Hollywood. Allí rodó varios films y destacó especialmente en Honor mancillado (Tarnished Lady,1931) de George Cukor.


(classicfilmlover.ecrater.com)

Luego regresó a Broadway, obtuvo un enorme éxito con The Little Foxes, de Lillian Hellman, y en 1944, de nuevo dedicada al cine, rodó Náufragos (Lifeboat) con Alfred Hitchcock.

Hacia 1950 se aventuró en un medio nuevo para ella: la radio. En la NBC fue la maestra de ceremonias de The Big Show, una “extravaganza” de 90 minutos a la que invitaba a actores y cantantes de la talla de Marlene Dietrich y donde Tallulah pudo dar rienda suelta a su enorme ingenio para la conversación. Por esta época también intercaló algunos bolos en los escenarios de Las Vegas.

Su último trabajo como actriz fue para la televisión: representó a la Viuda Negra en la serie Batman.


Posteriormente trabajó en diferentes y exitosos shows televisivos y se despidió de las pantallas por todo lo alto: siete meses antes de morir compartió el plató de The Tonight Show nada más y nada menos que con Lennon y McCartney.




Flap

Tallulah fue de todo menos convencional. Empapada de los aires de libertad femenina de los años 20, fue transgresora, deslenguada y desinhibida y disfrutó con ello.

Hablaba de sexo abiertamente, en público y sin ningún reparo, protagonizaba escándalo tras escándalo con drogas, excesos y alcohol en una era sin clínicas de desintoxicación y nos dejó bonitos ejemplos de su ingenio en frases como estas:

Si volviera a nacer, cometería los mismos errores, pero mucho antes.

La cocaína no crea adicción. Lo sé porque llevo muchos años tomándola.

Mi padre me advirtió sobre los peligros de los hombres y el alcohol, pero no dijo nada sobre mujeres y drogas.

Ya durante su primera estancia en Nueva York, sin haber cumplido los veinte años, quiso la casualidad que se alojara (junto con su tía Louise, a quien el señor Bankhead había encomendado la vigilancia de la jovencita) en el hotel Algoquin, que era entonces el lugar de reunión favorito de actrices, actores, artistas y demás miembros de la élite cultural. Tallulah brilló en aquel ambiente y salía de fiesta siempre que podía dar esquinazo a la pobre tía Louise.

Impresionó especialmente a Rachel Crothers y Zoë Akins, que escribían para teatro y cine. Crothers escribió una comedia, Everyday, expresamente para Bankhead; por su parte, Akins se inspiró en ella para crear el personaje de Eva Lovelace en la pieza Gloria de un día, que luego se convirtió en un film (Morning Glory) en el que el personaje de Lovelace fuen encarnado por Katherine Hepburn, la cual obtuvo su primer óscar gracias a este papel.



Icónica y pionera

Tallulah encarna el espíritu de la celebrity actual, contradictoria y multimedia.

En su vida privada no fue conservadora; en sus proyectos profesionales, en cambio, fue muy selectiva. Así y todo, supo librarse de prejuicios, acomodarse a su tiempo y decidirse a trabajar en televisión. Tampoco lo hizo empujada por problemas económicos, pues siempre fue rica, y no solo de familia, ya que invertió con acierto en prósperos negocios y llegó a amasar una fortuna de dos millones de dólares ¡en la década de 1960!

Buena parte de esa fortuna la donó a asociaciones protectoras de animales y de la infancia.

Durante sus años en Londres, se convirtió en el ídolo de las mujeres de clase baja, para quienes representaba la encarnación de sus fantasías de belleza, lujo y glamur.

Las fans le rendían culto y copiaban su ropa, su peinado e incluso su personalidad. Asistían a sus representaciones varias veces a la semana, la esperaban durante horas a las puertas del del teatro y la recibían al grito de “¡Tallulah aleluya!”. La prensa escribía a menudo sobre este fenómeno de las fans: las llamaba las “gallery girls”.

Y Tallulah se prestaba a esta adoración. Era un icono accesible. Saludaba a sus fans, les preguntaba por su familia y amoríos y les firmaba autógrafos. Una de estas fervientes seguidoras, Eddie Smith, se convirtió en su empleada; trabajaron juntas durante treinta años.


El legado

 
Por culpa de su vida desordenada y sus adicciones, Tallulah perdió unos cuantos papeles golosos en el cine; por ejemplo, el de la protagonista de Eva al desnudo, de Joseph L. Mankiewicz, a pesar de haber bordado el papel en la versión teatral y de que el personaje de Margo Channing parecía estar inspirado en la propia Bankhead y en la relación que mantuvo con Lizabeth Scott.

Estos dos personajes femeninos fueron mucho después retomados por Pedro Almodóvar en Todo sobre mi madre, que ya desde el título nos devolvía ecos del original en inglés, All about Eve, y encarnados por Marisa Paredes y Candela Peña.

La imagen global de Bankhead, como arquetipo de los locos años 20 y los tóxicos años 30, dejó huella en muchas posteriores estrellas del rock, protagonistas de portadas, divas cool y socialities con aires de clase alta.


Y a todo esto debemos añadir un legado involuntario, ya que, al parecer, inspiró unos de los personajes más interesantes y perdurables de la cultura popular: la Cruella de Vil de 101 dálmatas.

Noemí Pastor