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lunes, 23 de febrero de 2026

Hermanas hasta la muerte

HERMANAS HASTA LA MUERTE
Me regalaron un móvil de los caros. Yo quería uno chino, pero no; me cayó por navidades un móvil de esos que jamás me compraría motu proprio en la vida. Ya que tenía móvil de esos caros, también me salían tres meses de suscripción gratuita a su canal, así que me veis exprimiendo dicho canal de la manzanita. Y como de Slow Horses ya nos habló la mona Jacinta más de una vez, además. Gracias por ello. Echadle un ojo. Os hablaré de otra serie mucho más modesta pero no exenta de suspense, a la par que de sentido negro del humos. La serie en cuestión se llama “Hermanas hasta la muerte” (En el original Bad Sisters) y cuenta las tribulaciones de cinco hermanas irlandesas. La historia empieza con una celebración familiar y ya, desde el primer minuto, hay un personaje masculino cargante e insoportable que acrecenta su “insoportabilidad” a lo largo de toda la trama. Pero primero presentemos a las hermanas Garvey:
Eva, Grace, Ursula, Bibi y Becka son las cinco hermanas que quedaron huérfanas muy pronto. Eva se encargó de cuidar a sus hermanas y de criar a Becka, la pequeña. Eva no se casó, pero sí lo hicieron Grace, Ursula y Bibi, esta última con una mujer. Becka aún está soltera. Grace está casada con John Paul (Como el papa polaco tenía que llamarse). John Paul es el tipo que he mencionado al principio: Bocazas, machista, aprovechado, dominador...Mala persona, vaya. Es un “cuñao” en todas las acepciones. Las hermanas de Grace lo odian porque a todas y cada una les ha hecho alguna putadita con menor o mayor gravedad.
El “cuñao” al que todas quieren muerto La gracia de la serie es que la historia no es lineal. Salta continuamente en el tiempo. Ahí está su gracia y no os hago spoiler cuando os digo que el odiado “cuñao” muere, porque ese es el origen de la historia que nos narran. La gracia es en saber cómo y quién ha sido el autor de su muerte ¿accidental? Para acabar de liar la cosa, hay dos agentes de seguros que intentan, por todos los medios, demostrar que la muerte fue intencionada porque el seguro a cobrar es una morterada y no están dispuestos a pagar.
Los del seguro, que también son hermanos. Y esta es la gracia de la serie: Líos familiares, paisajes irlandeses, catolicismo irlandés y, como no, pubs y bebidas alcohólicas por doquier. Tópicos irlandeses por todas partes. Hay una segunda temporada que no tiene tanta gracia como la primera, pero que de suspense no está nada mal. Recomendable de todas, todas. Saludos, Juli Gan.

sábado, 29 de noviembre de 2025

El cuco de cristal

 



En este desierto de propuestas estimulantes, descubro siguiendo el rastro de la actriz vasca Itziar Ituño una serie española de 6 episodios que me ha parecido bastante recomendable. 
Estoy hablando de "El cuco de cristal", miniserie rodada en la comarca del valle del Ambroz en Cáceres y que tiene como punto de partida la llegada al pueblo de una residente de medicina que ha recibido el trasplante del corazón de un jóven del pueblo que ha fallecido recientemente. La joven que ha recibido el corazón se pone en contacto con la madre y decide visitarla. El pueblo esconde secretos, mentiras y extrañas desapariciones en circunstancias extrañas y la serie está basada en el libro homónimo de Javier Castillo.


Poco a poco iremos desentrañando el por qué de cada desaparición con diferentes flash-backs que nos llevan al momento exacto en que la personas desapareció.

La serie está dirigida por 
Laura Alvea y Juan Miguel del Castillo está interpretada por : Alex García, Itziar Ituño, Catalina Sopelana, Iván Masagué y Tomás del Estal entre otros .



La serie me ha parecido adictiva y cada capítulo te deja con ganas de saber más.Es un thriller rural bien interpretado que me ha recordado a la saga de la serie española
"La caza "que de paso aprovecho para recomendar desde aquí para los amantes de los thrillers en los que hay sospechosos, cadáveres, exteriores con naturaleza exultante y una intriga que nos deja clavados al sillón de principio a fin.



Volviendo al "Cuco de Cristal" he de destacar especialmente el personaje que interpreta Tomás del Estal , un hombre solitario vinculado al bosque con instintos primarios, amante de la caza y que concibe el mundo desde la perspectiva de que en la vida solo hay presas y depredadores.Es una visión que transmite desde la niñez a su sobrino, el personaje interpretado por Iván Masagué.



No os la perdáis, porque aunque la serie no sea una obra maestra, sabe manejar los hijos hábilmente para que el espectador no pierda el interés. Tal cual he mencionado al inicio de esta entrada, su descubrimiento me llegó a través de Itziar Ituño. La estaban entrevistando en la la Script y me generó mucha curiosidad conocer esa trama tan misteriosa en unas localizaciones al parecer tan espectaculares como desconocidas.

No desvelaré más detalles, si alguien se anima a verla y quiere compartir impresiones, por aquí estaré. Buen fin de semana, zinéfil@s,

Troyana



viernes, 11 de julio de 2025

Asalto al banco central

El verano se presta a la siesta y a maratones de series que uno se perdió en su día y se devoran casi del tirón, como esta. Estrenada en noviembre del 24, escrita por Patxi Amezcua y dirigida por Daniel Calpasoro, relata con fidelidad un suceso histórico: tres meses después del 23F, un grupo de encapuchados asaltó la sede del Banco Central en Barcelona y, con un montón de rehenes apresados en el interior de la sucursal, reclamó, entre otras exigencias, la liberación de Tejero. A lo largo de cinco capítulos, cumple su objetivo de ofrecer una versión ajustada a los hechos conocidos en la causa judicial. La trama es apasionante con un resultado muy equilibrado entre el suspense y la claridad de la narración. La elegí porque me interesaba este oscuro capítulo de nuestra historia política, muy cinematográfico por su relevancia y su espectacularidad, y me ha llevado a pensar que, en realidad, es sorprendente lo poco que ha triunfado en las pantallas esa etapa tan plagada de conspiraciones, con el juego que dan para series y películas. Aunque sí existen algunas joyitas, como el magnífico falso documental de Jordi Évole, «Operación Palace». Además de la trama, he encontrado otros tres aciertos por los que este thriller merece la pena. La ambientación es espectacular. Todo está cuidado con mimo, desde el vestuario hasta el modelo de ordenadores de la redacción del periódico, pasando por los coches, el lenguaje y la actitud rancio-formal de los políticos. Rescata imágenes reales de noticias de televisión que se intercalan con las de ficción. Creo que me ha gustado tanto, también, porque me encanta disfrutar de vez en cuando la nostalgia de los ochenta: aquellos años en los que todo estaba por renovar, fumar no era pecado y se llevaba la melena de costado. El segundo punto fuerte es el elenco, en especial Miguel Herrán e Isak Férriz. Miguel Herrán encarna a José Juan Martinez, el Rubio, líder de los asaltantes. Es curiosa la elección de este actor que se hizo famoso por interpretar a otro atracador: Río en la serie «La casa de papel». Carismático. Isak Férriz borda el papel del comisario Paco López con una interpretación fresca y convincente. Todo ello sin desmerecer el trabajo de María Pedraza, Hovik Keuchkerian, Patricia Vico, Tito Valverde, Fernando Cayo, Juanjo Ballesta, etc,… Y, por último, la música, tanto la potente banda sonora compuesta por Carlos Jean, como la acertada selección de temas del panorama de la época: «Rumore», de Raffaella Carrà; «Yes sir, I can boogie», de Baccara, o «Fresa Salvaje», de Camilo Sexto. Un auténtico viaje emocional en el tiempo. Almudena Fernández Ostolaza.

viernes, 9 de mayo de 2025

La peste

He tardado mucho tiempo en ver esta serie. Se estrenó en el Festival de Cine de San Sebastián en 2017 y, pese a que soy muy aficionada a ver series completas, esta se me pasó. Ahora he podido disfrutar de las dos temporadas seguidas y tengo que decir que me ha parecido una buena serie. Los creadores son Alberto Rodríguez y Rafael Cobos, lo que ya podía hacernos suponer que el producto sería de calidad. Ambos están detrás de la dirección y el guion de películas tan buenas como La isla mínima, El hombre de las mil caras o Modelo 77. La acción se desarrolla en Sevilla en el siglo XVI. Una epidemia de peste comienza en los barrios pobres y hay intereses cruzados sobre qué hacer: cerrar la ciudad o no. Cerrar la ciudad podría ser bueno de cara a la epidemia y permitiría conseguir ayuda económica de la corona. Por otro lado, si cierran el puerto en un momento floreciente del comercio con el Nuevo Mundo, los comerciantes perderán mucho dinero. En esta situación, llega a la ciudad Mateo, un impresor al que busca la Inquisición por publicar biblias protestantes. Acude a la ciudad para rescatar al hijo bastardo de su amigo Germán, al que dio su palabra. Cuando llegue, no solo deberá intentar cumplir su cometido, sino que se verá implicado en la resolución de unos crímenes de protestantes que se están produciendo en Sevilla. Los actores elegidos están muy bien, no solo los protagonistas como Paco León, Pablo Molinero, Sergio Castellanos, Manolo Solo o Patricia López Arnaiz ( y mira que a esta mujer, no sé por qué, le tengo manía, pero en esta serie me ha gustado); también los secundarios como Manuel Morón, Paco Tous, Antonio Dechent y muchos más hacen un trabajo excelente. La verdad es que en este país tenemos buenísimos actores y actrices, al margen de los que salen en la prensa constantemente, hay un montón de gente con una larga carrera a sus espaldas de los que muchas veces no sabemos ni el nombre, aunque los reconocemos perfectamente. En la segunda temporada, la ciudad se ha enriquecido con el comercio o, mejor dicho, algunos se han enriquecido porque el pueblo sigue viviendo fatal dominado por la nobleza y por la Garduña, una mafia local que controla la prostitución, la venta ambulante y muchas cosas más. Mateo vuelve de América porque se lo pide Teresa, la viuda de su amigo German para ayudar a Valerio, el hijo bastardo al que salvó en la primera temporada. A la ciudad ha llegado un nuevo asistente llamado Pontecorvo que quiere imponer el orden y acabar con la Garduña. Mientras tanto, Teresa está empeñada en rescatar a las prostitutas que malviven bajo la Garduña y darles una nueva vida en América. También en esta segunda temporada los actores están muy bien, con nuevos personajes como los interpretados por Jesús Carroza, Federico Aguado o Estefanía de los Santos. Me ha gustado especialmente Julián Villagrán como el flamenco. Es una serie oscura, con muchas escenas nocturnas o en interiores mal iluminados, que muestra la miseria, la enfermedad y la injusticia en que vivía el pueblo. Los colores son marrones, pardos, grises y negros. Solo hay ráfagas de color en los vestidos de las damas nobles (me fascina el vestuario del personaje de Teresa, vestidos, turbantes y pendientes). Da la sensación de que la vida no valía nada y la de las mujeres y los niños, menos. Creo que consigue meterte totalmente en el ambiente y la época que pretende describir, no sé si está bien documentada, pero es muy verosímil. La única pega que le veo es que el sonido es malísimo. No sé por qué, no se entiende a los personajes. He leído que había gente que la veía con subtítulos. Algunos decían que era por el acento andaluz, pero no tiene nada que ver; se entendía igual de mal a los que venían de Valladolid y no era cuestión de subir el volumen. Con todo, me ha parecido una muy buena serie. En los últimos años se están haciendo series españolas de gran calidad.

viernes, 11 de abril de 2025

Ciudad tóxica

Os cuento mis green flags sobre esta serie británica. La impresionante trayectoria de su directora, Minkie Spiro, —codirectora en «El problema de los tres cuerpos», «Better call Saul» y «Downton Abbey»—. Su buen hacer se refleja en mil detalles, como las escenas entrelazadas (maravillosa la que cruza la celebración de los políticos, con el nacimiento de los bebés y el robo de los documentos); o las tomas aéreas con drones, que, además de estéticas, tienen un efecto maqueta que evoca la planificación urbanística, el fantasma que se esconde tras la trama. Las contraposiciones entre el mundo de la élite y la población media, Club-Pub; o la manera sutil de mostrar el paso del tiempo por la edad de los niños. El guion de Jack Thorne, —«Enola Holmes» y coguionista de «Adolescencia»—. Se basa en una historia real y, además, está bien contada, que es lo importante. Quiero decir que, en principio, no valoro más las obras por basarse en hechos reales, y tampoco me importa mucho la fidelidad en la caracterización de los personajes o la literalidad en acontecimientos puntuales. Para mí lo que cuenta es la construcción de la narración y que, en caso de existir una realidad tras la ficción, se muestre de forma honesta. Si esa realidad que me revelan es un tema interesante del que no sé casi nada, como en este caso, ya, es lo máximo que puedo pedir. Sucede en Corby, un pueblo de Inglaterra que tuvo una industria boyante del acero desmantelada en los 90. A la hora de retirar los residuos de los terrenos donde se ubicaban las fábricas, bajo la pragmática excusa de «encontrar el equilibrio entre la burocracia y la realidad», no se siguieron las normas de seguridad, con graves daños para la salud de la población. Salta la alarma cuando empiezan a nacer bebés con extremidades diferentes en una proporción muy superior a la media. La tenacidad de las mujeres recuerda a la famosa «Erin Brokowitz», interpretada por Julia Roberts. También es un referente la serie «Sherwood», donde asimismo se trataba la desindustrialización británica de la era Thatcher y lo que arrastró consigo: huelgas, movilizaciones, desempleo y parece que también problemas de salud pública. El problema médico de los niños se trata con objetividad y sin morbo. Se centra en el calvario de operaciones a las que quedan abocados desde su nacimiento, y sirve, de paso, como reflexión sobre la maternidad y sobre los cuerpos diferentes. Las dos protagonistas. Susan McIntyre, —interpretada por Jodie Whittaker, a la que vimos en Broadchurch—, es un personaje que cae bien al instante gracias a la versatilidad y delicadeza del registro interpretativo de la actriz. Lleva el peso de la trama principal y de una excelente subtrama matrimonial con un marido al que no se puede considerar ni siquiera cero a la izquierda: es un número negativo. La actriz Aimee Lou Wood —«Sex education»— da vida a Tracey Taylor, la parte sensata del dúo protagonista. La admiro no solo por su papel de contable y madre, sino por la valiente defensa de su imagen en la vida real. El proceso judicial. Todo el desarrollo de la obtención de pruebas, la búsqueda de expertos y peritos, intervención de las autoridades, opinión pública y el propio juicio en sí justificarían por sí solos la serie. Los secundarios contribuyen a que sea redonda. El abogado, interpretado por Rory Kinnear —el inolvidable primer ministro del capítulo 1 de «Black Mirror»—. El teniente de alcalde, Brendan Coyle de «Downton Abbey». El concejal pelmazo, encarnado por Robert Carlyle de «The Full Monty». El resto de madres, los trabajadores de la fábrica, etc. La extensión en cuatro capítulos me parece muy acertada, sin capítulos de relleno, aunque en este punto expreso mi única red flag: no está suficientemente explotado el personaje de Ted Jenkins, interpretado por Stephen McMillan. El joven inspector es un personaje fascinante por su implicación, consecuencias, y toda la secuencia de acontecimientos que lo rodean. Tiene bastante peso en los primeros capítulos, pero merece más en los últimos. Como espectadora, me hubiera gustado saber más cosas sobre él. Almudena Fernández Ostolaza.

viernes, 28 de febrero de 2025

La pareja perfecta

Lo que más me ha gustado de esta serie es el flash mob de la intro. Anything that feels this good, well, it must be illegal, it must be illegal…
De hecho, creo que se podría catalogar un nuevo subgénero de ficción policiaca: el flash mob mistery. Se caracterizaría porque los personajes son guapos, visten fenomenal, son inmensamente ricos, tienen una maravillosa mansión junto a la playa en una isla en la que reinan como emperadores… y se comete un asesinato. La serie tiene sus aciertos. La trama está bien armada y no resulta tan simple como aparenta en un principio, con una estructura narrativa atractiva, consistente en focalizar la atención por turnos en cada uno de los personajes, uno a uno. Durante unos minutos todo gira en torno al elegido o elegida: acción, interrogatorios de la policía, comentarios del resto, etc. A lo largo de los episodios se suceden varias rondas de esas cápsulas individuales que van desvelando capa a capa los secretos de cada personaje. He tenido la sensación, y esto es una opinión completamente subjetiva y probablemente infundada, de que es una estructura pensada para los espectadores postpandemia, adictos a las pantallas e incapaces de fijar la concentración durante mucho tiempo. Lo cierto es que facilita mucho seguir el hilo sin perder la tensión narrativa y el suspense. La interpretación, con Nicole Kidman a la cabeza, resulta verosímil, si bien, los personajes están algo estereotipados. Algunos capítulos parecen un drama de teatro clásico: el rey, la reina, príncipes, princesas, vasallos y bufones. Y es que, en realidad, el argumento tiene mucho de cuento de hadas: la plebeya que se va a casar con un noble y rico heredero y las dificultades que eso genera en la corte. Siempre queda la cuestión de si el amor triunfará por encima de todos los obstáculos. Nicole Kidman interpreta a Greer, la matriarca del clan. Una escritora de éxito, famosa y aclamada por sus fans, que además maneja con mano férrea todos los asuntos familiares y económicos. Su marido es Tag (Liev Schreiber), irresponsable, infiel y adicto al cannabis. Pero como la fortuna es de él, todo se le perdona por el bien de la familia con un resultado muy rancio y patriarcal. La pareja tiene tres hijos, Thomas, Benji y Will, (Broderick G, Billy Howle y Samuel John Nivola). También como en los cuentos, —para el mayor, el molino, para el segundo, el burro y para el tercero, el gato…—. El conflicto paterno filial es el mismo de siempre, añadiendo a los intereses económicos la competición por el reconocimiento de papá y mamá. La parte del salseo la aportan las novias y amigas de los hijos, Amelia, Abby y Merrit (Eve Hewson, Dakota Fanning y Meghann Fahy). Y el resto de la acción recae en la plebe, un conjunto de secundarios entre criados, policías, amigos de la familia y demás entre los que destacan la agente literaria y sus dos asesores que logran añadir un punto todavía más frívolo a todo el postureo familiar. … So, call us criminals, criminals… Almudena Fernández Ostolaza.

viernes, 15 de noviembre de 2024

La amiga estupenda. Temporada 4

Hace ya dos años traje aquí el comentario de las tres primeras temporadas de esta serie, que ocupa una categoría de honor en mi ranking y, sin lugar a dudas, es una de las mejores adaptaciones de una gran obra literaria a las pantallas a la altura de “El nombre de la rosa” o “El señor de los anillos”. La cuarta temporada, con el subtítulo La niña perdida, se basa como las anteriores en la saga homónima de la escritora italiana Elena Ferrante. En esta ocasión, se recrea la primera parte de la cuarta novela. Llegamos al momento en que las niñas Elena Greco y Lila Cerulo ya son adultas. Se abordan de manera magistral los temas de la adultez: el inevitable balance y cuestionamiento de la trayectoria vital y las decisiones propias. Viéndolo desde fuera, el espectador observa que en esta etapa ellas no actúan de forma más atinada y ni siquiera son más dueñas de sus propios destinos, pero sí van tomando conciencia de quiénes son y, en una medida muy pequeña, quizá en algún aspecto sí empiezan a elegir de forma deliberada. La amistad vuelve a ser protagonista con su cargamento de amor y admiración; y también de rivalidad, celos y envidias. La relación de Elena con su madre, hasta entonces fundamentada en una incomprensión recíproca, se torna en importante gracias al reconocimiento materno, nunca explicitado pero evidente, de la inteligencia de su hija. Y las relaciones de pareja, por supuesto, fuente de ilusiones, conflictos y decepciones; feliz motor de energías renovadas o espejo que devuelve un amargo reflejo, y en todas sus versiones con la inevitable y permanente desigualdad que coloca a las mujeres siempre en segundo término. A través de la narración en primera persona del personaje de Elena, Lenu, que es la única que ha conseguido salir de su barrio gracias a sus estudios y una exitosa novela, seguimos viendo las dinámicas mafiosas que imperan en ese pequeño ecosistema. Hay otros personajes que también han prosperado en el plano económico, pero siguen vinculados al barrio. La mirada adulta de Lenu le permite repasar sucesos del pasado con nuevos ojos. El ejercicio de introspección es exquisito y delicado en todos los detalles. El repaso a la historia reciente de Italia, magnífico. Las actrices que encarnan a Lila y Elena son Irene Maiorino y Alba Rohrwacher y resultan tan espléndidas como las cuatro actrices que les daban vida en las etapas de infancia y juventud. Me ratifico en mi opinión sobre la calidad de todos y cada uno de sus elementos: interpretación, ambientación, vestuario, música, etc… bajo la dirección de Saverio Costanzo. Aunque, si tuviera que elegir uno solo de sus aciertos, sería la fidelidad a las novelas, que supongo vinculada a la intervención de Elena Ferrante como guionista. ¡Cómo envidio a la gente que todavía no la ha visto por tener la oportunidad de descubrir esta maravilla! Almudena Fernández Ostolaza.

viernes, 27 de septiembre de 2024

Presunto inocente, la serie.

Para los fans de Scott Turow, “Presunto inocente” es mucho más que una novela, una película o una serie: es un universo. Lo que sucede es que se ha diversificado en varios universos paralelos porque se solapan en el tiempo distintas historias. Todo comenzó con la novela de 1987 Presunto Inocente. Cuenta en primera persona la historia del fiscal Rusty Sabich acusado del asesinato de su compañera Carolyn Polhemus. Lo de primera persona no es un dato irrelevante, luego lo comento. Al libro siguió la película en la que Harrison Ford interpreta a un Rusty maravilloso en una cinta impecablemente fiel al libro. Ambas marcaron un hito en los 80 cosechando un buen número de adeptos al thriller judicial que continuará con las historias de John Grisham y series míticas como Ley y Orden. El tercer hito es la novela Inocente, de 2010, en la que Turow imagina la vida del fiscal veinte años después. En este caso la historia gira en torno al fallecimiento de su mujer, Barbara Sabich, y otorga un relevante papel al hijo de ambos, Nat. El desfase temporal se produce cuando, sabiendo lo que le sucede a esa familia en 2010, viene la serie nueva en 2024 y decide situar al joven Rusty en la actualidad. Es innegable que abre muchas posibididades. ¿Qué méritos tiene la serie? En mi opinión, es un acierto atribuir más protagonismo a Bárbara, la esposa de Rusty, que en las obras anteriores quedaba un poco desdibujada. Me gusta también la actualización del talante antiracista del fiscal, que se aprecia en algunos comentarios algo dispersos de la novela y ahora, en un mundo tras “Black Lives Matter”, se muestra mucho más explícitamente. Asimismo, es agradable la actualización tecnológica: en la serie tienen móviles que permiten, por ejemplo, localizar las ubicaciones de los personajes, hay cámaras de tráfico y existen los análisis de adn. Es gracioso revisar cómo en la novela clasifican a los sospechosos por sus grupos sanguíneos. Y el mayor acierto, sin duda, es el personaje de Tony Molto, interpretado por Peter Sasgaard, que se merecería una serie para él solo. Por el contrario, se puede reprochar a la serie la omisión del personaje de Sandy Stern, que obliga a un giro extraño en la figura del fiscal jefe Raymond Horgan. Stern es un personaje demasiado importante en el imaginario de Turow para cargárselo sin más. Tampoco considero acertada la supresión de la trama de corrupción que planea a lo largo del libro. La novela pone sobre la mesa cuestiones esenciales del sistema judicial americano y del funcionamiento de la fiscalía dándole una dimensión mucho más profunda que el mero “esclarecer un asesinato”. Y, por último, considero que no aporta nada el cambio de enfoque del personaje de Rusty, o mejor dicho, su desenfoque. En el libro es él quién nos cuenta la historia y, por supuesto, es inocente y lo sabemos desde el minuto uno, como no puede ser de otra manera en una historia contada en primera persona. En la serie han decidido desdibujarlo. No solo introduciendo muchos más puntos de vista, sino presentando a un Rusty más agresivo y huraño, incluso violento en ocasiones, que está mucho mas cerca de ser un sospechoso razonable. Supongo que habrán pensado que así se añade suspense, pero a mí me parece que han cambiado por completo la esencia de la historia: ya no es el inocente acusado en falso que tiene que descubrir la verdad para salvarse. Solo me queda recomendar que veáis esta serie, por supuesto. Y pedir a los productores que sigan adaptando las novelas de Scott Turow. Quedan muchas joyas sin llevar a la pantalla.

viernes, 5 de julio de 2024

Cuatro estaciones en La Habana

Estoy atravesando una etapa intensamente Padura en mi vida. No debe de extrañaros, porque acabo de volver de un taller en Menorca con Leonardo Padura y, si antes era fan, ahora tengo auténtica devoción por el autor. Para preparar la asistencia y empezar a ambientarme para el taller (por cierto, los organiza Talleres islados, una gente excepcional), me leí un par de libros que me faltaban y vi Cuatro estaciones en La Habana. Esta serie está basada en las cuatro primeras novelas de Mario Conde, el detective creado por el autor. Está dirigida por Félix Viscarret y protagonizada por Jorge Perugorria. Nos presenta al personaje, un policía con deseos de ser escritor, que encaja con mucha dificultad en la estructura policial. Sin embargo, pese a que sus métodos son poco ortodoxos, es un excelente investigador y entre su capacidad de trabajo y sus intuiciones (que él nota como un pinchazo bajo la tetilla izquierda) siempre consigue resolver los casos. Su vida personal es un desastre, se emborracha casi cada noche, fuma y no se cuida. Se enamora con frecuencia, siempre de mujeres imposibles o inconvenientes y tiene un grupo de amigos que son lo más importante en su vida. Suelen pasar las veladas en casa de Carlos, un amigo que está parapléjico como consecuencia de una herida en la guerra de Angola. Allí se juntan con el Conejo, Andrés y a veces Candito el Rojo y comen los magníficos platos que les prepara la madre de Carlos, Josefina, sin que nadie sepa de dónde consigue los ingredientes. Los episodios son: Vientos de La Habana, Pasado perfecto, Máscaras y Paisaje de otoño. En Vientos de La Habana aparece asesinada una joven profesora de instituto. Conde se va a enamorar de Karina, una mujer aficionada al jazz que toca el saxo y de la que nadie parece saber nada. Bajo una apariencia de normalidad, existen drogas, mafias, arribistas y gente cruel. En Pasado perfecto, el comisario Antonio Rengel encarga a Conde resolver la desaparición de un personaje importante en la ciudad: Rafael Morín, jefe de la Empresa de Importaciones y Exportaciones del Ministerio de Industria. Conde intenta zafarse del caso porque conoce al desaparecido. Fue con él al instituto y Morín se casó con Tamara, la mujer de la que Conde estaba enamorado. Por supuesto, no le queda más remedio que hacerse cargo del asunto y descubrir que también las grandes figuras esconden mucha basura detrás. En Máscaras aparece asesinado un travesti en el Bosque de La Habana. Es hijo de un respetado diplomático y había roto relaciones con su familia que no aprobaba su modo de vida y su orientación sexual. Conde investigará comenzando en casa del Marqués, un autor teatral abiertamente homosexual. La historia sirve a Padura para criticar la actitud del gobierno y la sociedad cubana hacia los homosexuales. El personaje del Marqués recuerda a Virgilio Piñera, a quien se le hace un homenaje en la historia. Paisaje de otoño es la última de la tetralogía, en la que Conde acabará por abandonar la policía. La trama principal es la aparición del cuerpo asesinado con extrema crueldad de Miguel Forcade, que se ocupó durante años de requisar los bienes artísticos a la burguesía después de la revolución. Después de ocupar un puesto tan importante, de pronto huyó a Miami. Recientemente había regresado a la isla porque su padre estaba muy enfermo. Por otra parte, una trama de corrupción policial, que se ha desarrollado a lo largo de las novelas, termina aquí y es parte del motivo por el que Conde no quiere seguir. La serie tiene un tono melancólico, como las novelas, aunque también tiene toques de humor y dibuja una Habana bella, pobre, fascinante y destrozada. La banda sonora va muy bien a las historias, desde la sintonía Vivir al borde, de Yanis Meyc, a los temas de jazz o canciones de Silvio Rodríguez. Sin olvidar la música de Credeence Clearwater revival que escuchan Conde y sus amigos en las noches de borrachera. Me parece un acierto la elección de Jorge Perugorría como Mario Conde, y no suele ser fácil que aceptes a un actor cuando has leído muchas novelas de un personaje, cada cual tiene su Mario Conde, pero Perugorría ha sabido conquistarme. También me gustan los secundarios, especialmente la banda de perdularios amigos del protagonista. Otra cosa que me ha aportado la serie es la incorporación de la palabra “comemierda” a mi vocabulario. Se te llena la boca al decirla. Además, pienso pronunciarla a lo cubano, sin que se note la erre: eres un "comemiedda”. Te quedas muy a gusto.

viernes, 14 de junio de 2024

Las largas sombras

Hoy voy a hablar de una serie española recien estrenada (mayo de 2024), basada en la novela homónima de Elia Barceló y dirigida por Clara Roquet y Júlia de Paz Solvas.
El escenario es un pueblo mediterráneo, Elda; las protagonistas, un grupo de mujeres que mantienen y cultivan su amistad desde el instituto. La serie comienza en el momento del reencuentro con la única de la pandilla que no ha permanecido en el pueblo. Rita (Elena Anaya) regresa después de una ausencia de veinte años convertida en una famosa directora de cine. Su vuelta coincide con el hallazgo de los restos mortales de otra compañera desaparecida en el viaje de fin de curso cuando eran todas adolescentes. A partir de ahí se alternan las dos líneas temporales con nitidez y de manera muy fluida. El encaje de los personajes adolescentes y adultos es uno de los logros, tanto en su parecido físico como en el emocional. Algunas escenas que se columpian entre los dos tiempos me han llevado a preguntarme por dónde empezaría a escribir la autora de la novela: ¿Creó los personajes de las jóvenes y luego imaginó cómo evolucionaban, o empezaría por las adultas y quiso reconstruir su adolescencia? La intriga sigue el esquema clásico del “whodunit”. ¿Qué tienen que ver estas amigas con la desaparición? ¿Es alguna de ellas responsable directa de su muerte? Es una serie coral que pone el acento en la relación de amistad entre las mujeres, que como personajes están muy bien perfilados. Poco a poco nos muestra sus ilusiones, deseos y frustraciones. Al remover el pasado inevitablemente salen a la luz secretos. Parece que incluso una amistad así de estrecha y poderosa no logra superar las barreras de la vergüenza y la culpa inducidas. Junto a Elena Anaya, las actrices Belén Cuesta, Irene Escolar, Marta Etura, Itziar Atienza, Ana Rayo, Lorena López y Nansi Nsue encarnan a sus personajes con credibilidad y solidez, con sus luces y sus sombras. Todas ellas nos muestran un trabajo elaborado hasta los más mínimos detalles, hasta los matices más sutiles. También narra una historia de amor de corte nostálgico. El reencuentro de adultas lleva a las dos mujeres a revivir una antigua relación muy intensa. Logra captar y transmitir esas sensaciones tan íntimas y personales en las que se mezclan pasado y presente, con toda la carga irracional que supone sumergirse en emociones adolescentes, entre la melancolía, la euforia y la duda de si aún sería posible. Respecto a la investigación, la policía encargada del caso es hermana de la víctima y eso le resta un poco de verosimilitud, pero el personaje, interpretado por Irene Escolar, una policía atormentada y llena de rabia, es brillante. La trama está bien construida y mantiene el suspense. Poco a poco va desvelando el enredado nudo de relaciones conocidas y desconocidas, como en la antigua peli “No hay salida” de Kevin Costner en la que se iba revelando lentamente una fotografía polaroid que aparecía cada vez más nítida. Espero que la disfrutéis. Almudena Fernández Ostolaza.

viernes, 31 de mayo de 2024

Samurai de Ojos Azules


Hoy os traigo una serie de animación emitida por Netflix durante el año 2023. Tras escuchar a una buena amiga hablar de ella, decidí darle una oportunidad, y me alegra mucho haber podido verla.

Creada por el matrimonio formado por Amber Noizumi y Michael Green, se realiza en el estudio de animación Blue Spirit, situado en París.

Samurai de Ojos Azules, cuenta la historia de un "outsider", una figura solitaria y de pocas palabras, que va por el Japón del periodo Edo, buscando la venganza. Como en un clásico relato de "samurai sin señor", que hemos visto en producciones niponas a lo "Lobo Solitario", o bien en los más famosos westerns (como en el Jinete Pálido). Es alguien que no tiene a nadie, y cuyo pecado es de nacimiento, no puediendo jamás borrarlo. Y pese a que el misterio rodea a nuestro protagonista, al contrario que en otros relatos donde este tipo de personaje goza de una de un aspecto "semidivino" y se sabe poco de él, en este caso, la historia, nos va a relatar, mediante flashbacks, la vida de Mizu, y cómo en su camino de la venganza, hará una serie de descubrimientos, que provocarán que sus creencias vayan cambiando.

Mizu irá cruzándose con diferentes personajes como Ringo (un inocente cocinero discapacitado), Taigen (un futuro samurai arrogante y cabezota), Akemi (la hija rebelde de un Lord), el Maestro de espadas Eiji, o Abijah Fowler, un irlandés que quiere imponer su voluntad, entre otros. En general, todos estos personajes tienen algo que no se ve mucho hoy en día: están desarrollados, tienen sus motivaciones y sus deseos, y sus propias agendas, y se irán entrecruzando hasta llegar a la gran final.

He intendo haceros una sinopsis de la manera más "críptica" posible, pues no quiero desvelaros puntos importantes de la trama, o las sorpresas. Y sólo debo decir que tanto la historia como los protagonistas, podrían caer bajos las alas de la "diversidad" que tanto se exige actualmente, pero esta historia no va de esto, aunque los personajes principales puedan ampararse en "minorías" de diverso tipo, o la venganza se diriga hacia "hombres blancos". Si habéis leído alguna review sobre esto, y viendo que se distribuye por Netflix, y tenéis miedo de que sea la clásica producción "contemporánea" metida en un envoltorio de época, sólo puedo deciros que no temáis nada, pues en general, y pese a que es una serie actual, se suele respetar bastante bien, el ambiente en el que se desarrolla.

A todo esto, debo aclarar que la serie no es "real", si no, animada. Que sean "dibujos animados" no quiere decir que sea para menores de edad. De hecho, está muy cargada de sexo y violencia desde su primer capítulo. Es animación para adultos y cuenta una historia brutal en tiempos un poco "salvajes" pese al empaque del Japón Feudal.

La primera temporada consta de ocho episodios, de los que podemos decir que no hay ninguno de relleno. Y todos homenajean el estilo de las producciones japonesas y en particular hay guiños al cine de Kurosawa. Uno de los que más destacan, es aquel donde la historia hace un flashback y paralelismos al teatro japonés y a sus formas de expresión.

Dicho esto, si os gusta la animación para adultos, y podéis aguntar unas ciertas dosis de violencia y sexo, si os va el Japón feudal y las historias de venganza, tenéis que darle una oportunidad a este "Samurai de Ojos Azules". Aquí ya estamos eseprando su segunda temporada.

Carmen R


viernes, 12 de abril de 2024

Griselda

Después de ver Griselda, he decidido que no me voy a hacer narcotraficante. ¿Que ganas dinero? Sí, pero llevas una vida muy perdulable, como decía una paciente mía. Además, os advierto que es un mundo completamente dominado por el heteropatriarcado. Pero os lo voy a contar despacio. La serie está basada en la vida de Griselda Blanco, una mujer colombiana que controló el tráfico de drogas en Miami entre los años 70 y 80. Por supuesto, la serie se permite bastantes licencias respecto a la vida real de esta mujer, pero los datos fundamentales son ciertos. Una cosa queda clara en la serie: para ser narco tienes que estás dispuesto a matar y a morir. Puedo entender que gente que vive en una situación de pobreza y rodeados de violencia lo acepte como medio de vida. En realidad, tienen poco que perder. La vida, pensaréis, pero no parece tener mucho valor para esta gente, es como si estuviera asumido que vas a morir joven, por lo tanto, hay que exprimir la vida a tope el tiempo que tengas. Me resulta más difícil de entender que no cojan más apego a la vida cuando ya se han hecho capos del tema, tienen un montón de dinero y una familia. A la protagonista le aconsejan varias veces que se retire, pero no sé si es por ambición, avaricia, amor al riesgo o venganza, siempre decide seguir. Yo hubiera esperado un comportamiento más conservador de los que están arriba, de establecer unas normas del juego que les proporcionen algo más de seguridad, pero se ve que esto no funciona así. En la serie vemos llegar a la protagonista a Miami con sus tres hijos después de matar a su marido. En la maleta lleva un kilo de coca para vender. ¿Os imagináis llegar a una ciudad que no conoces y donde no sabes cómo funciona el negocio e intentar vender la coca? El personaje queda retratada como una psicópata, pero no hay duda de que tenía valor. O desesperación. O las dos cosas. Sofía Vergara borda el papel. Está irreconocible. Construye un personaje que es una fuerza de la naturaleza, capaz de levantarse tantas veces como la derriban, inteligente, ambiciosa y sin ningún escrúpulo. Además de ser un mundo cruel y despiadado, es también un mundo completamente machista y que una mujer pretenda tener algún control resulta inadmisible para los narcos. Ella construye su imperio con el apoyo de un grupo de prostitutas que trabajan como sus mulas y un ejercito que constituye con marielitos que le son muy fieles. Otra que sufre el machismo en sus carnes es la policía que quiere resolver el caso. En la comisaría consideran que una mujer está en comisaría para hacer café y fotocopias, y se tendrá que dejar la piel para poder seguir adelante con el caso. Otra cosa que me fascina de la serie es la ambientación y, sobre todo, el vestuario y maquillaje. Es una vuelta al pasado muy lograda, imaginad un mundo de lujo ligado al tráfico de drogas en el Miami del 75 al 85. Ríete tú de Corrupción en Miami. Un despliegue de rasos, oros, casas con piscina y melenas a lo Farrah Fawcett. El director de la serie es Andrés Baiz, del que no he visto ninguna película, aunque Satanás ganó en el Festival de Montecarlo en 2007. Los actores están todos muy bien y hay alguna cara conocida entre nosotros, como Ernesto Alterio y Victor Ammann. Son solo seis capítulos y, aunque no es un tema novedoso, el hecho de que la protagonista sea una mujer en esos años, le aporta más interés. En la verdadera historia de Griselda Blanco, tres de sus cuatro hijos murieron asesinados y ella también a los 69 años, lo que se considera ser longeva para una traficante en activo. Como os he dicho, no me haré narco que me quedarían dos telediarios.

sábado, 23 de marzo de 2024

Se les fue la mano, aunque sea de hierro

No quiero repetirme, pero lo debo hacer una vez más. En mis últimas contribuciones he venido hablando de las series para plataformas de televisión y su gran momento. Hay una especie de edad de oro de las series, pero eso también significa que, entre tanta producción, suela haber bastante ejemplar mediocre. Yo deseaba poder hablar aquí de una seria epatante, pero acabo de ¿consumir? algún que otro gato que me habían vendido como liebre.

Destaca el gris...En todo.


Cierta plataforma televisiva  ha estrenado, y publicitado, una serie de acción española, trufada de grandes nombres en su reparto. El tráiler es trepidante, pero la serie pierde gas desde el primer capítulo. La sinopsis es la siguiente: Joaquín Manchado, also known as "el manco" (Eduard Fernández) es un hombre hecho a sí mismo, como nos demuestran los recurrentes flashbacks, que es el que maneja a su antojo el puerto de Barcelona, tanto en negocios legales como ilegales. No pasa nada en su puerto que él no sepa. Su familia convive y trabaja con y para él, desde su hermano Román (Sergi López), sus hijos (Enric Auquer y Natalia de Molina) y su yerno (Jaime Lorente).

La serie lleva el nombre de su personaje, pero no el peso.


La trama es tan clásica que sabes lo que va a pasar y eso le quita interés. Cada personaje, masculino, por supuesto, ya que las tres o cuatro mujeres que tienen letra en la serie hay poca cosa que reseñar, y es que en este campo de nabos las mujeres no dejan de ser una mera comparsa y se limitan a ser: la hija del jefe (Natalia de Molina), la hija y hermana de un gángster mexicano (Giannina Fruttero),  la puta de lujo a la que babosea el hermano  gregario del jefazo (María Belmonte), una secundaria misteriosa que tiene alguna escena al final de la serie inacabada (Melina Matthews), o el papel que se queda a medias de personaje importante que hace su aparición con cuentagotas (Ana Torrent)

Sergi López hecho un cristo.


Así que entre explosiones, tiros, sangre, palizas, puñaladas literales y de las figuradas, también, flashbacks fallidos que intentan explicar el por qué de la violenta situación actual, ambas tan falsas como una sonrisa de vendedor profesional, la serie va perdiendo fuelle. 

Las subtramas no están demasiado logradas. Chino Darín en plan ONG.


Hablando de flashbacks, sitúan los inicios del imperio del joven advenedizo que será "mano de hierro" en un puerto de Barcelona irreal que convierte a los estibadores en mafiosos que viven en una especie de gueto chabolista (Que quieren hacer pasar por lo que fue can Túnis, actual zona donde se aposenta "Mercabarna"). Entiendo que quieran mostrar un pasado oscuro y peligroso de un puerto corrompido, pero es que no da el pego.

Sicarios mexicanos, bueno, Raúl Briones, sí, su hermana, Giannona Fruttero es de bastabte más al sur.


En resumidas cuentas. Hay un conflicto con un cargamento que entra a puerto en el que se ven envueltos el mafioso local que tiene untado al picoleto que comanda el cuartel (Se agradece ver a Salva Reina en un registro que no es el habitual), a los mafiosos italianos, a los sicarios mexicanos (Aunque la peligrosa mexicana sea chilena) y a los arribistas que quieren dar el golpe de su vida. Nada demasiado original, que, además cumple con la estafa, no ya de dejar algún cabo suelto para una segunda parte, sino de no resolver absolutamente nada dejando muy descaradamente todo inacabado, lo cual es indignante. 


viernes, 26 de enero de 2024

Caballos lentos tercera temporada: Tigres de verdad

“Como todo fantasma sabe, pocos seres son tan complicados como los vivos”. Mick Herron, “Tigres de verdad”. Hace no mucho comenté las temporadas primera y segunda de esta serie británica de espías, dirigida por James Hawes, Jeremy Lovering y Mark Denton, y tengo que insistir con la tercera porque es aún mejor. Se inspira en la novela “Tigres de verdad”, de Mick Herron, tercera de la saga de Jackson Lamb. Nuevamente, los protagonistas son los “Caballos Lentos”, agentes del MI5 casti-gados a la Casa de la Ciénaga —que en la novela denominan “mazmorra adminis-trativa”— un lugar horrible dirigido por el veterano y poliédrico Jackson Lamb. En esta ocasión los desventurados y desmotivados agentes se enfrentan al secues-tro de uno de los suyos... sin que se pueda contar nada más de la trama, que aunque no coincide del todo con el argumento de la novela, en ambos casos está muy bien resuelta. Los personajes son el otro punto fuerte. Si ya estaban maravillosamente caracteri-zados en la novela, los actores que les dan vida se superan. Aunque no está claro quién es el protagonista porque hay varios con mucho peso, yo me inclino por River Cartwright, interpretado por Jack Lowden. Cartwright es joven, guapo, valiente, inteligente, con el apellido adecuado y ansioso por salir de la Ciénaga para ocupar un puesto digno en el servicio secreto. El puesto que él piensa que sin duda le corresponde, ya que no en vano es nieto de un legendario agente que estuvo a punto de ser “Primera Mesa”. Además, es imprudente, impulsivo y un poco chulo (lo son todos los espías), pero buen tío. Jackson Lamb es el director de la Ciénaga. Cualquier apelativo negativo que se me ocurra le encajaría, empezando por que es un marrano faltón egoísta e insoli-dario y, sin embargo, tiene buen ojo. Como agente veterano ha visto mucho y es capaz de hacerse composiciones que a los demás se les escapan, va siempre un paso por delante... “Si estuviera en su lugar, Lamb no se detendría, pensó; no el Lamb actual, sino el de antes, el que vivía cosas que acabaron por convertirlo en el Lamb ac-tual”. La interpretación de Gary Oldman merece todos los premios a los que me imagino que lo nominarán. La agente Catherine Standish, interpretada por Saskia Reeves, es una secretaria exalcohólica. Una mezcla de mujer mayor, triste y solitaria con agente hábil y ex-perimentada de notable sangre fría. Es como descubrir que tu tía-abuela es agen-te secreta. De un lado, aferrada al orden y la tradición que parece que son los va-lores que la mantienen a flote —es deliciosa su frase cuando consigue mejorar una taza de té en determinado contexto, toda una declaración de principios—, pero, por otra parte, es valiente cuestionando la ética de sus jefes. Roderick Ho, interpretado por Christopher Chung, es otro de los desterrados a la Ciénaga. Informático, friki, enganchado a los juegos y al mundo virtual, y desco-nectado del real. Una especie de dibujo animado en un cuerpo de adulto. Más en la novela que en la serie, aparecen retazos de su pensamiento y su extraña forma de razonar muy logrados: “Tomó nota mental de la necesidad de hacer algo al respecto, anotación que guardó en su carpeta interior titulada ´Cuando sea rey´, y volvió a consul-tar el GPS”. Hay otros tres caballos lentos, a los que Lamb martiriza, entre otras mil maneras, comparándolos con los inocentes personajes de las novelas infantiles de Enid Blyton. Son Louisa Guy (Rosalind Eleazar), Shirley Dander (Aimee-Ffion Ed-wards) y Marcus Longridge (Kadiff Kirwan), cada uno interesante y con sus pro-pias coordenadas. Entre muchas escenas remarcables, elijo la del abrazo en el co-che entre River y Louisa. Fuera de la Ciénaga está el MI5 auténtico, el edificio de Park. Ultramoderno y elegante, alberga hombres y mujeres bien entrenados que han superado las prue-bas más duras para velar por la seguridad de la nación. Desde los Perros, meros soldados que el las novelas de John le Carré se llamaban faroleros, hasta la élite de la élite: el Ministro del Interior; la “Primera Mesa”, Ingrid Tearney, interpreta-da por Sophie Okonedo, y la “Segunda Mesa”, Diana Taverner, a quien da vida Kristin Scott Thomas, otro de los personajes principales de la serie, dura y fasci-nante: “Los únicos enemigos inequívocos eran los amantes, todos los demás fluctuaban según las circunstancias”. Los diálogos entre Tearny y Taverner a lo largo de esta temporada son míticos. Los poderosos, los que manejan los hilos, están tan cega-dos por sus propias ambiciones y tan alejados del ciudadano al que dicen defen-der que uno se pregunta si no ven una realidad tan distorsionada como la del ca-ricaturizado Ho. Elogié de las dos primeras temporadas la acertada actualización del género de es-pías a la realidad de nuestros días, y ¿qué mejor ejemplo de problema contempo-ráneo que la privatización de servicios públicos por intereses económicos priva-dos? (Todas las citas transcritas pertenecen a la novela “Tigres de verdad”). Almudena Fernández Ostolaza “Como todo fantasma sabe, pocos seres son tan complicados como los vivos”. Mick Herron, “Tigres de verdad”. Hace no mucho comenté las temporadas primera y segunda de esta serie británica de espías, dirigida por James Hawes, Jeremy Lovering y Mark Denton, y tengo que insistir con la tercera porque es aún mejor. Se inspira en la novela “Tigres de verdad”, de Mick Herron, tercera de la saga de Jackson Lamb. Nuevamente, los protagonistas son los “Caballos Lentos”, agentes del MI5 casti-gados a la Casa de la Ciénaga —que en la novela denominan “mazmorra adminis-trativa”— un lugar horrible dirigido por el veterano y poliédrico Jackson Lamb. En esta ocasión los desventurados y desmotivados agentes se enfrentan al secues-tro de uno de los suyos... sin que se pueda contar nada más de la trama, que aunque no coincide del todo con el argumento de la novela, en ambos casos está muy bien resuelta. Los personajes son el otro punto fuerte. Si ya estaban maravillosamente caracteri-zados en la novela, los actores que les dan vida se superan. Aunque no está claro quién es el protagonista porque hay varios con mucho peso, yo me inclino por River Cartwright, interpretado por Jack Lowden. Cartwright es joven, guapo, valiente, inteligente, con el apellido adecuado y ansioso por salir de la Ciénaga para ocupar un puesto digno en el servicio secreto. El puesto que él piensa que sin duda le corresponde, ya que no en vano es nieto de un legendario agente que estuvo a punto de ser “Primera Mesa”. Además, es imprudente, impulsivo y un poco chulo (lo son todos los espías), pero buen tío. Jackson Lamb es el director de la Ciénaga. Cualquier apelativo negativo que se me ocurra le encajaría, empezando por que es un marrano faltón egoísta e insoli-dario y, sin embargo, tiene buen ojo. Como agente veterano ha visto mucho y es capaz de hacerse composiciones que a los demás se les escapan, va siempre un paso por delante... “Si estuviera en su lugar, Lamb no se detendría, pensó; no el Lamb actual, sino el de antes, el que vivía cosas que acabaron por convertirlo en el Lamb ac-tual”. La interpretación de Gary Oldman merece todos los premios a los que me imagino que lo nominarán. La agente Catherine Standish, interpretada por Saskia Reeves, es una secretaria exalcohólica. Una mezcla de mujer mayor, triste y solitaria con agente hábil y ex-perimentada de notable sangre fría. Es como descubrir que tu tía-abuela es agen-te secreta. De un lado, aferrada al orden y la tradición que parece que son los va-lores que la mantienen a flote —es deliciosa su frase cuando consigue mejorar una taza de té en determinado contexto, toda una declaración de principios—, pero, por otra parte, es valiente cuestionando la ética de sus jefes. Roderick Ho, interpretado por Christopher Chung, es otro de los desterrados a la Ciénaga. Informático, friki, enganchado a los juegos y al mundo virtual, y desco-nectado del real. Una especie de dibujo animado en un cuerpo de adulto. Más en la novela que en la serie, aparecen retazos de su pensamiento y su extraña forma de razonar muy logrados: “Tomó nota mental de la necesidad de hacer algo al respecto, anotación que guardó en su carpeta interior titulada ´Cuando sea rey´, y volvió a consul-tar el GPS”. Hay otros tres caballos lentos, a los que Lamb martiriza, entre otras mil maneras, comparándolos con los inocentes personajes de las novelas infantiles de Enid Blyton. Son Louisa Guy (Rosalind Eleazar), Shirley Dander (Aimee-Ffion Ed-wards) y Marcus Longridge (Kadiff Kirwan), cada uno interesante y con sus pro-pias coordenadas. Entre muchas escenas remarcables, elijo la del abrazo en el co-che entre River y Louisa. Fuera de la Ciénaga está el MI5 auténtico, el edificio de Park. Ultramoderno y elegante, alberga hombres y mujeres bien entrenados que han superado las prue-bas más duras para velar por la seguridad de la nación. Desde los Perros, meros soldados que el las novelas de John le Carré se llamaban faroleros, hasta la élite de la élite: el Ministro del Interior; la “Primera Mesa”, Ingrid Tearney, interpreta-da por Sophie Okonedo, y la “Segunda Mesa”, Diana Taverner, a quien da vida Kristin Scott Thomas, otro de los personajes principales de la serie, dura y fasci-nante: “Los únicos enemigos inequívocos eran los amantes, todos los demás fluctuaban según las circunstancias”. Los diálogos entre Tearny y Taverner a lo largo de esta temporada son míticos. Los poderosos, los que manejan los hilos, están tan cega-dos por sus propias ambiciones y tan alejados del ciudadano al que dicen defen-der que uno se pregunta si no ven una realidad tan distorsionada como la del ca-ricaturizado Ho. Elogié de las dos primeras temporadas la acertada actualización del género de es-pías a la realidad de nuestros días, y ¿qué mejor ejemplo de problema contempo-ráneo que la privatización de servicios públicos por intereses económicos priva-dos? (Todas las citas transcritas pertenecen a la novela “Tigres de verdad”). Almudena Fernández Ostolaza

domingo, 3 de diciembre de 2023

Painkiller (Medicina letal)

 Como se indica al inicio de cada capítulo, “esta serie está basada en hechos reales” y quien os lo dice en cada uno de los seis capítulos es una persona damnificada por el mal que ha hecho el desaforado ánimo de lucro del avaricioso dueño de una farmacéutica. Medicina letal, en el original “Painkiller”, analgésico, literalmente “asesino del dolor”, porque en el inglés literal indica el doble sentido, es la serie de seis capítulos intensos que intentan condensar una historia de décadas lo mejor posible, dentro de lo que cabe y si el poder económico y político corrupto les deja.

Si tienes dolores, esto te cura...O no.

Por medio de la ayudante del fiscal Edie Flowers (Uzo Adouba, la famosa “ojos locos” Warren de “Orange is the new black”) se va narrando la historia de cómo el médico y magnate Richard Sackler, dueño de la farmacéutica Purdue, fabricó y comercializó un potente opiacio “Oxycontín” como si fuera un analgésico no adictivo, valiéndose de subterfugios y modalidades curiosas de persuasión.


Y si no se vende solo, ponemos rubias buenorras que vendan a los médicos presuntuosos.

Si habéis visto en los últimos tiempos la cantidad de zombies que la adicción al fentanilo está produciendo en los EEUU, la adicción a la oxicodona fue algo bastante similar creando adictos legales por receta médica, que, con el tiempo fueron enganchándose de una manera despiadada. Aparte de las vidas que destrozó a propios consumidores y a su entorno, las muertes por sobredosis se multiplicaron exponencialmente.

Edie Flowers se asusta cuando va a la morgue.

Aunque la serie no acaba de rematar, se agradece que intenten condensar toda la brutal historia, que se sucedió realmente a lo largo de décadas, en muy poco tiempo y con unos pocos personajes destacados. Si ya tenemos a Edie, ayudante del fiscal de Virginia Occidental, también destaca Matthew Broderick como el dueño del Oxycontín, o doctor Richard, y hasta West Dichovny, hija de nuestro detective paranormal favorito, que encarna a una joven y ambiciosa visitadora médica.


Glen (Taylor Kitsch), un damnificado.

Las historias que intenta encauzar Edie con su peculiar forma de contar las cosas la hacen entretenida aunque asusta, y mucho.

La farmacéutica tiene tal poder de persuasión...


viernes, 6 de octubre de 2023

Las dos caras de la justicia

Escrita y dirigida por Jeanne Harry —coguionista y directora de la serie Call my agent—, es una película que sorprende y engancha. Al verla he sentido algo muy parecido a la sensación que recuerdo cuando vi de pequeña por primera vez Matar un ruiseñor: un descubrimiento emocionante del mundo de la justicia penal; un atisbo de entender cómo funciona aquello; de ver que siempre hay intereses contrapuestos pero dignos de protección por las dos partes; una lección magistral de derecho penal y procesal, y la intuición de que es un asunto muy complicado en el que no hay certezas (por eso nos deslumbra Atticus, porque él sí lo tiene claro, la seguridad de su conciencia nos protege). Dirigida a todos, pero creo que en especial a los que no nos dedicamos al derecho penal ni tenemos alguien cercano involucrado en el sistema penitenciario, nos abre el mundo de la justicia restaurativa. Duro pero fascinante. Y lo trata con tal delicadeza e inteligencia que consigue involucrar al espectador y mostrar muy pedagógicamente de qué estamos hablando sin que se haga pesado, al contrario, te mantiene en vilo toda la película. Tú no sabes hacia dónde van los personajes ni en que va a acabar, pero te interesa. El título en español, Las dos caras de la justicia (traducción libre del original, Je verrai toujours vos visages), se puede interpretar como una doble dualidad. La de víctimas y delincuentes, por supuesto; pero también, justicia punitiva o tradicional frente a justicia restaurativa: un enfoque que se centra en el tratamiento individual, en la implicación de víctimas y delincuentes, comunidad y facilitadores, en la restauración del daño y la asunción de responsabilidad, en la posibilidad de llegar a mediación que no siempre tiene por qué ser y en el respeto a todos los participantes. Y parece que estos encuentros debidamente supervisados por facilitadores ayudan a todas las partes. En Francia ha comenzado a implementarse en 2014 siguiendo las recomendaciones de Naciones Unidas en sobre su aplicación como complemento a las medidas penales vigentes. Me consta que en España también se están propiciando diálogos entre víctimas y criminales, algunos muy famosos, pero prefiero centrarme en lo que se muestra en este film que refleja el sistema francés. Se ven dos procesos en paralelo. El primero es de un grupo de delincuentes que cumplen condena por delitos de robo, atraco, allanamiento, etc., con una selección de víctimas de esta clase de delitos. El otro es de violencia sexual, en este caso la víctima tiene necesidad de llegar a una serie de acuerdos con su agresor que le permitan vivir sin sobresaltos. Los dos son fascinantes. Por otra parte, es una obra coral en la que no hay un único protagonista. La interpretación de Adèle Exarchopoulos, como víctima de violación, es excelente, igual que las del resto del reparto. Por citar algunos, intervienen Giles Lellouche, Leïla Bekthti y Miou-Miou, también como víctimas; Dalí Benssalah y Birane Ba delincuentes, y Elodie Bouchez, Suliane Brahim y Denis Podalydés en el papel de mediadores. Desde el punto de vista formal, en algunos tramos adopta la estética de documental y prescinde incluso de la música, lo que potencia la sensación de estar acudiendo a sesiones reales. Dice la publicidad que esta película te devuelve la fe en la humanidad. Para mí lo hace en dos sentidos: pensando en individuos, me ha sorprendido y reconfortado la labor de los voluntarios en el sistema penitenciario y, como sociedad, me parece un avance esperanzador en uno de los campos más oscuros y obsoletos de nuestro sistema, instituido antes de la Edad Media, que considero imprescindible replantearnos en el siglo XXI. Almudena Fernández Ostolaza

viernes, 15 de septiembre de 2023

Lilyhammer

Después de la pausa del verano, la reincorporación a Zinefilaz me ha pillado por sorpresa y sin haber ido mucho al cine últimamente. Me he acordado entonces de una serie que he visto este verano y que me ha encantado: Lilyhammer. Es una serie noruega-estadounidense de 2011. Por lo visto tuvo muchísimo éxito tanto en Noruega como en EE. UU., pero yo no había oído hablar de ella hasta hace poco. Frank Tagliano, un capo de la mafia de Nueva York, entra en un programa de protección de testigos después de delatar a otro miembro de la organización. Cuando le preguntan dónde quiere instalarse, elige Lilyhammer porque recuerda las imágenes de las olimpiadas de invierno de 1994. Imaginad a un mafioso con abrigo de cuello de terciopelo y zapatos de punta en una ciudad nevada de la Noruega profunda. La serie es muy divertida, se nota que los guionistas son noruegos y se ríen de su propio país. Frank Tagliano adopta el nombre de Johnny Henriksen y pronto advierte las diferencias con su país de origen. Con todo, él consigue buscar atajos y solucionar los problemas como siempre ha hecho: extorsión, soborno y chantaje. El protagonista es Steven Van Zandt, que tenía un papel importante en Los Soprano (Silvio Dante, un consejero de Tony), pero no esperéis nada parecido las películas o series clásicas de la mafia. Es un tema que me gusta mucho, disfruté con la saga de El padrino y creo que aún más con Los Soprano, con toda esa galería de secundarios maravillosos. Aquí la base es el humor y, aunque se cometen delitos continuamente, le coges cariño y simpatía a Johnny y estás siempre de su parte. Supongo que los que somos ciudadanos muy respetuosos con la ley (o muy cobardes) siempre miramos con un punto de envidia a esos personajes que tiran por la calle de en medio y se saltan todas las normas. Es como los ladrones de bancos, un tipo de bandido que siempre gusta al público. Lo que no sabía es que Steven Van Zandt, además de actor, es músico y que es, o ha sido durante años, el guitarrista de la banda que acompaña a Bruce Springsteen. Ahora entiendo que en alguno de los momentos de la serie cante. Además, en la serie monta un bar, Flamingo, donde hay siempre actuaciones musicales fantásticas. Los actores son excelentes, me ha enamorado completamente Trond Fausa Aurvåg, director, actor y poeta noruego al que hemos visto recientemente en Oppenheimer. Aquí interpreta el papel de Torgeir Lien, un ayudante de Johnny que está al frente del Flamingo. Es un personaje tan tonto como entrañable, el guion es magnífico, pero él lo borda. También me encanta el personaje de Jan Johansen, que interpreta Fridtjov Såheim (un actor que también es director, por lo visto los noruegos son muy completos). Al contrario de Torgeir, este es un personaje al que quieres asesinar desde el minuto uno de la serie. Tiene una risa que saca de quicio y hace fenomenal de tipo denteroso. La serie tiene tres temporadas y parece preparada para una cuarta (dejan cabos sueltos) que por ahora no se ha rodado. Empiezan con la ambientación del protagonista en Lilyhammer, siguen con la persecución de la mafia que intenta encontrarlo, aparecen enemigos locales e internacionales. Incluso viajan a Brasil. Por supuesto, también hay historias de amor y Johnny será padre de unos gemelos que le darán muchos quebraderos de cabeza. Es una serie divertida, que en estos tiempos que corren, se agradece mucho.

viernes, 30 de junio de 2023

Sherwood

“La belleza es verdad; la verdad, belleza. Esto es todo lo que sabes sobre la tierra, y todo lo que necesitas saber”. John Keats. Un asesino que dispara flechas con una ballesta; una tragedia que ocurrió muchos años atrás, cuando los protagonistas eran muy jóvenes; las huelgas de los mineros de carbón en la era Thacher; dos hermanas que siendo vecinas no se dirigen la palabra; la boda de una concejala conservadora que intenta, afanosa, arañar votos en un barrio tradicionalmente minero; un misterioso infiltrado; la rivalidad entre la policía de Londres y la de Nottingham… Este es el escenario en el que el sargento detective Ian St Clair y el inspector Kevin Salisbury se enfrentan a dos desconcertantes casos de homicidio, basados, sin embargo, en hechos reales. Producida por la BBC y creada por James Graham, quien conoció de niño los sucesos que inspiran la serie, goza de una ambientación impecable tanto en la época actual como cuando viaja a los 80 y un excelente reparto encabezado por David Morrissey y Robert Glennister, que encarnan a los protagonistas, y seguido por Lesley Manville, Adeel Aktar, Claire Rushbrook, Joanne Froggatt y otros muchos, porque en esta serie aparecen un montón de personajes secundarios igual de bien retratados e interpretados que el dúo principal. Por una parte, como buena historia policial, la investigación criminal se desarrolla llena de suspense y acción. Poco a poco van apareciendo elementos que relacionan los crímenes con sucesos del pasado, de manera que es inevitable revisar aquellos oscuros hechos e intentar esclarecer el papel que jugó cada uno y repartir culpas y responsabilidades. Pero cuenta mucho más. En los seis capítulos que dura la primera temporada, tiene la habilidad de introducir otros temas a través de múltiples personajes, familias y subtramas diversas. En el ámbito local, habla de la fractura social y del precio personal y familiar que se pagó por los enfrentamientos entre esquiroles y huelguistas en un sistema que estaba sentenciado a muerte. No hay nada más fácil que sembrar el odio y la escisión en una comunidad. Reconstruir, pacificar y tender puentes es otra historia. En un enfoque más universal trata otros asuntos como la difícil convivencia familiar y adaptación intergeneracional en el estilo de vida actual (y me imagino que también en cualquiera del pasado o del futuro) “Deberíamos haber hablado más, aunque eso sí que da miedo porque no sabemos”. O el inevitable ajuste de cuentas con la vida que, quien más, quien menos, se ve obligado a hacer a determinada edad. Dos detalles remarcables: el error que lleva a la solución de una de las cuestiones es ingeniosísimo y salva con gracia la inevitable referencia a Robin Hood. Almudena Fernández Ostolaza.

viernes, 9 de junio de 2023

La diplomática

Me gustan las series políticas, de muy diferentes estilos. Disfrute mucho con House of cards, con esos malos tan malísimos que ya no sabías qué más podías maquinar o a quién más podían asesinar. De un estilo totalmente distinto, también me gustó mucho Borgen, que me resultaba mucho más realista, con personajes de carne y hueso. La diplomática la situaría entre las dos. Tiene tanta acción, pasan tantas cosas en tan pocos días que supongo que es increíble, pero consiguen que te resulte verosímil. El argumento es el siguiente: Kate Wyler es una diplomática de carrera que se ha movido principalmente en Oriente Medio. Tiene mucha experiencia en países como Afganistan o Irán, pero, para su sorpresa, la envían a Londres como embajadora de EE. UU. Su marido, Hal, también es diplomático, pero en esta ocasión solo actuará como cónyuge, tendrá el papel de “la esposa”, rol que con frecuencia ha ejercido su mujer, aunque a Hal le va a costar adaptarse. El momento político es muy delicado: un portaviones inglés ha sufrido una explosión que ningún grupo ha reivindicado. Las sospechas recaen en Irán y no está clara la respuesta que dará Reino Unido ni cómo se implicará Estados Unidos. Como veis, la trama inicial ya promete. Además, en cada capítulo crecen las complicaciones y las tensiones, tanto políticas como personales. Los personajes resultan muy interesantes. Keri Russell está espléndida en el papel de la embajadora que no quiere ser un florero y lucir bonitos vestidos en fiestas. Es una mujer inteligente, comprometida y honesta que trata de hacer su trabajo lo mejor posible. El marido (Rufus Sewell) es un manipulador nato. Nunca sabes cuáles son sus verdaderas intenciones, pero es muy atractivo, inteligente y eficaz, a su manera, claro. La relación de la pareja pasa por un momento muy difícil y parecen abocados al divorcio, pero las cosas no están tan claras. Otros personajes son el ayudante de la embajadora (Ato Essandoh) y su novia, un alto cargo de la CIA (Ali Ahn); el ministro de exteriores británico (David Gyasi) y el primer ministro (Rory Kinnear). Es de esas series que no puedes dejar de ver y termina tan en alto que estamos todos suspirando por la segunda temporada. Para mi tranquilidad, Netflix ha anunciado que habrá segunda temporada. Se me va a hacer largo esperarla. Lo malo es que igual, para cuando la estrenen, se me ha olvidado de que iba la primera. La creadora, que también forma parte del equipo que dirige la serie y de los guionistas, es Deborah Cahn. Ya podíamos sospechar que la serie iba a tener gancho si consideramos que series anteriores suyas son: Homeland, Anatomía de Grey o El ala oeste de la Casa Blanca, todas muy de mi gusto. De hecho, no he citado Homeland entre las series políticas que me han gustado porque la tengo más en la categoría de espías, que es otro género que también me fascina. Estoy deseando ver Caballos lentos (recientemente comentada en Zinefilaz) y os recomiendo mucho Oficina de infiltrados, una serie francesa de espías buenísima. Creo que me gusta todo lo que tiene que ver con el lado oscuro. Debería hacérmelo mirar.