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viernes, 14 de febrero de 2025

Jane Austen & San Valentín: Jane Austen a gâché ma vie

Hoy es San Valentín, y en esta nueva entrega de Zinéfilaz, obviamente, vamos a hablar de una historia romántica. Además, siendo 2025, el año que marca el 250 aniversario de la autora Jane Austen, he decidido haceros la crítica de una película que une ambas cosas y que se acaba de estrenar en Francia, y que tuve la suerte de hace dos meses: "Jane Austen a gâché ma vie", que podemos traducir como "Jane Austen ha destrozado mi vida".

Esta película independiente, debut de la directora, y también guionista del mismo, Laura Piani, es un filme francés que se aleja de las clásicas comedias románticas del Hollywood actual, cuyo ritmo es pausado, algo que a veces podemos temer en las películas europeas, pero que aquí funciona. Y es que la manera en que está dirigida, hace que se aleje del humor de brocha gorda que hay en otros productos más comerciales, y que afectaría bastante al alma de lo que se nos quiere transmitir aquí.

La película cuenta la historia de Agathe, una librera de la parisina Shakespeare & Co., que vive una realidad solitaria, refugiada en su trabajo, sus colegas, especialmente su amigo Félix, y su hermana y su sobrino. Como muchas veces ocurre a mucha gente, vive escondida en su rutina diaria, pero al contrario que mucho, también intenta desarrollar una pasión secreta: la escritura, que hará que acabe en un retiro de escritores en Inglaterra, donde tendrá que enfrentarse a ella misma.

El espíritu bohemio burgués parisino (lo «bobó» en Francia, o «progre», en España), domina el comienzo del filme, donde Agathe es presentada así como su familia y amigos. Es un París de postal, filmado con cariño, pero sin caer en una visión fantasiosa típicamente "ameliana", y está enfochada en  las relaciones humanas, que son realistas con el ambiente y que están vistas de forma muy «parisina». El cambio se produce al llegar a Inglaterra, donde ocurren los choques culturales entre la francesa Agathe y el inglés Olivier, así como otros miembros del hogar, donde la protagonista deberá enfrentarse no sólo a lo que le rodea, sino a ella misma y a la vida que ha escogido hasta ese momento. El campo inglés, y la idiosincrasia británica están ahí también, bien hechos, aunque en verdad el rodaje fuera realizado en la campiña francesa.

Si eres fan de Jane Austen y estás esperando guiños evidentes a las obras de Jane Austen, puedes sentirte algo decepcionado. La obra los tiene (incluso a las adaptaciones no sólo a los libros), pero son más sutiles que que en otras películas similares (por ejemplo, Austenland o The Jane Austen Book Club), y lo que parece que se quiere transmitir es el crecimiento de la protagonista, su diálogo interno (a lo Anne de Persuasión), más que una trama de «emparejamiento» (que también la hay). Si no has conocido a Jane Austen, estos leves guiños serán invisibles, y tampoco los necesitarás para seguir la trama.

El filme se mueve más por el dramatismo que por la comedia clara, que es bastante sutil comparada con las producciones pensadas a ser parte del contenido de alguna plataforma, o clásicas obras francesas que te venden como "Número 1 en Francia". De hecho, pone ante el espectador diferentes «dramas», a la vez, que aboga por el «cariño» y la «comprensión» para la resolución de los conflictos, con pequeñas dosis de humor. La comprensión, la «comunión de almas», es especialmente algo que resulta satisfactorio, en especial, para la trama más romántica.

Sobre los actores, Camille Rutherford, es una buena Agathe, que muestra las angustias de la protagonista, su confusión y su situación de buena manera. Pablo Pauly (Felix) resulta encantador como el «amigo» simpático, y Charlie Anson (Olivier), sobresale como el «enemigo» inglés, no exactamente estirado, pero que también tiene que protegerse de su propia realidad.

Con una música clásica preciosa, pues Agathe toca el piano, hay una banda sonora también muy bonita, y es una obra independiente para ver con cariño, y poder abrazar las ideas de que los austenitas, o las personas de corazón y sensibilidad, comparten sentimientos independientemente de su origen, así como que una «protagonista» sólo puede crecer al saber lo que realmente quiere.

Una deliciosa opera prima que llegará a España en primavera, aterrizando primero en el Festival de Barcelona, al finales de abril.

Carmen R.

Trailer: https://youtu.be/otISD927ZxI?si=_-7zkCnL33f5ZnFL

Más sobre la película en El Sitio de Jane: https://janeausten.org.es/blog/2025/01/18/critica-jane-austen-a-gache-ma-vie-jane-austen-ha-destrozado-mi-vida/

viernes, 2 de agosto de 2019

Juzgando por la cubierta

La semana pasada el lóngevo periódico La Vanguardia publicaba en su sección “Lectores Colaboradores” un artículo llamado “Machismo, Orgullo y Prejuicio” sobre la obra de Jane Austen. En un ejercicio del famoso refrán que dice que el “atrevimiento es la madre de la ignorancia”, se daba espacio escrito a un texto con algunas faltas de ortografía y forma, pero que realmente destacaba por su contenido prejuicioso.

 Sentí con el artículo el mismo miedo de Lizzy aquí
Como administradora de El Sitio de Jane/El Salón de Té, un espacio web sobre la escritora inglesa, no pude evitar leerlo, al igual que los comentarios que generó. Durante el la mañana del sábado 26, fans de la escritora mostraban su horror en redes sociales, y voces más ilustres como las escritoras Espido Freire y Nieves Abarca, el periodista Carlos Mayoral o la editora Belén Bermejo, entre otros, también lo comentaron, incluso sin enlazarlo, esta carta más propia de un blog personal o una publicación de un muro de Facebook.

La otra versión más conocida, pero quizá demasiado larga para la autora del artículo
Sobre el texto, aunque lo mejor sería ignorarlo como haría Mr Darcy con Lydia Bennet cuando danzaba medio loca con los integrantes de la milicia, he de decir que además de sorprenderme por ser compartido desde un medio serio (que al final es el responsable de su publicación) lo que me deja más asombrada es el hecho de juzgar una obra literaria del pasado a través de sus adaptaciones. Hay en esto una doble lectura que nos permite plantear lo siguiente: ¿se puede juzgar un texto del pasado desde una mentalidad del presente? ¿Es una adaptación un medio válido para valorar una obra literaria? Lo que voy a intentar hacer desde esta entrada es responder a ambas preguntas

El tiempo pasa y hace que sea un factor a la hora de juzgar un libro. Cosas que emocionaron en el siglo XVIII puede que nos suenen trasnochadas ante nuestros ojos posmodernos. Por ejemplo, el novelista de folletín Georges Ohnet fue un superventas a finales del XIX, y hoy en día, salvo alguna obra reeditada, es difícil que este señor aparezca en los anuarios de la literatura francesa. Y es que se habla de la eternidad de una obra, cuando apela a sentimientos y emociones atemporales, y así, puedes ver una representación de Elektra cuando la civilización griega está a cientos de años, o de la misma manera, Shakespeare o Lope de Vega, se siguen representando o filmando, unos 500 años después. La clave es justamente ir al relato de los mitos y leyendas, grabado a fuego en nuestro cerebro a lo largo de los siglos, de pensamientos universales, de algo que no esté tan pegado al momento, que llega en cualquier ocasión.

Adaptación de Elektra con Irene Papas
Hoy en día, sobre todo en los últimos años, donde se juzga descarnadamente sobre el pasado con un punto de vista ideológico, sentir esa historia común, sin filtros, es muy complicado si así no se desea. Y de ahí que se juzgue una obra antigua con esas gafas del futuro, y se pidan, en esta época de linchamientos virtuales y sociales, que se miren las obras de forma inquisitorial, lo que hace que algunos temamos que aparezca gente con sus antorchas cibernéticas a prender fuego a esos clásicos que, en esa visión actual, se alejan de la corrección política de este presente. No hay nada más temible en una sociedad libre y moderna que se haga un Fahrenheit 451 o una nueva quema de libros de caballerías en una plaza pública de Castilla, por el bien común.

Lamentablemente, ésta es una tendencia del ser humano, la de juzgar por su propio contexto y aplicando sus reglas. Por ejemplo, al respecto, John Fowles se burlaba de los victorianos a través de una narración moderna, de los años 60, en La Mujer del Teniente Francés, sabiendo que luego en el futuro, pasará lo mismo con su generación. Así, debemos evitar esa mirada unilateral que ciega y sólo pone al descubierto nuestra ignorancia. Por eso, con sentido y sensibilidad, se debe entender la obra que nos disponemos a disfrutar o evaluar, ver en qué momento de la historia se escribió, y comprender si es una obra cuyos valores más profundos se acercan a nuestra visión de la vida o no, o si nos entretiene aunque esté lejos de nosotros.

La adaptación de la Mujer del Teniente Francés, ejercicio cinematográfico ante un libro complejo narrativamente
Miedo me dan todas aquellas obras que sean evaluadas de la manera que se hizo en el artículo: si no son aplicables para mi vida tal cual, no merecen la pena. En ese caso, más que a las obras, a esas personas les auguro un triste futuro en el que no podrán leer nada que no sea de su tiempo (nada más allá de los últimos 10 años), en la que ocurran actos censurables (que no se les ocurra coger de la biblioteca A Sangre Fría de Capote), sus convicciones morales o éticas (iguales que los que censuraron a Joyce con El Retrato del Artista Adolescente o a Marjanne Satrapi con Persépolis) o incluso su día a día (la fantasía o la ciencia ficción vetadas). Y al sólo estar envueltos en sus libros “políticamente correctos” serán como el caracol que no sale de su concha, disfruta en su pequeño entorno, pero no sabe que hay un mundo más allá de allí. El problema es que pretenden que su visión se imponga, y si no, a encerrar obras escandalizadoras (como le hizo la sociedad inglesa al provocador de Oscar Wilde).

Si ahora nos vamos a la segunda pregunta, mucho más cinéfila, en toda reunión de aficionados a la literatura y al cine, suele aparecer la eterna cuestión: ¿esta adaptación responde a lo planteado por la obra? Y la respuesta es muy difícil, porque hay que contextualizar que el medio audiovisual es diferente al escrito y las herramientas de ambos son distintas. Se suele decir que una película es más cercana a la obra mientras más partes del texto original recoge (algo especialmente cierto en el teatro). Así, con Orgullo y Prejuicio, se dice que la serie de la BBC del 95 es mejor adaptación, pues tiene más tiempo para desarrollar la historia que la de 2005, o es más cinematográfica que la teatral serie de 1980. Pero si elegimos otro ejemplo austeniano, con Sentido y Sensibilidad, la mejor de todas las versiones (en general, todas buenas), es justamente la que deja más texto fuera, pero mejor juega con el lenguaje cinematográfico: la de Ang Lee de 1995.

Se podría decir que haciendo una mezcla de lo que se coge del original y lo que se aplica del medio, se encontraría la adaptación perfecta, que tampoco lo es al 100% y dependerá de los gustos del momento: la cinematografía de la Jane Eyre con Orson Welles no es la misma que la de Fukunaga, aunque ambas sean unas adaptaciones más que correctas para la época en que se hicieron (aunque podrían considerarse incompletas para fans de la versión de Toby Stephens o la de Timothy Dalton).


Cada una es hija de su época

También hay que decir que hay veces en las que la adaptación se mueve en el espacio y el tiempo, y se obtienen maravillas que pueden convertirse en un complemento ideal del texto original, y en la mejor versión del mismo, aunque no sucedan o se recreen en el mismo momento histórico, lugar o se utilice el mismo el sexo o género de los protagonistas. Ejemplos así tenemos con Abismos de Pasión (Cumbres Borrascosas mexicanas), Apocalipsis Now (El Corazón de las Tinieblas en Vietnam), Crueles Intenciones (Las Amistades Peligrosas en el Upperside de Nueva York), Ran (El Rey Lear en el Japón feudal) o Clueless (Emma en Beverly Hills). Obras que toman la esencia del texto base en menor o mayor grado, y hacen una obra audiovisual muy diferente en la forma pero muy apegada en el fondo.

Juzgar una obra literaria por su adaptación es un ejercicio peligroso. Es una doble medición de dos elementos artísticos con raíces comunes, pero el ver uno no habilita para explicar el otro. Imaginad, con ejemplos sencillos, explicar lo bien que cantaba Lola Flores en la Sevilla de Morena Clara para hacer una crítica del Pygmalion de Shaw, o las balas que se disparaban en Romeo y Julieta porque se ha visto a DiCaprio con camisa estampada en medio de Florida.

En Hot Fuzz se representa a Romeo y Julieta como en el film de Luhrmann y se canta el Lovefool de The Cardignas

Así pues, no podemos juzgar una obra por su cubierta, o incluso por su adaptación. Hay que meterse dentro de ella, entender su contexto, el momento en que fue forjada, librarnos de todo prejuicio y usar el raciocinio. Como dijo Espido Freire en una publicación posterior sobre este pequeño tumulto austeniano, “gente muy diversa ha leído y admira a esta autora tan importante <…> yo prefiero fijarme en quienes sí han ofrecido ideas interesantes y bien fundadas sobre #OrgulloyPrejuicio". Efectivamente, miremos las obras con ideas con fundamento, al igual que disfrutemos las versiones audiovisuales en su contexto y como arma de amplificación del libro. Siempre hay que ir con una mentalidad objetiva, sin vanagloriarnos en el orgullo de nuestro prejuicio.

Si de algo ha servido este artículo, ha sido para abrir los ojos, y esperamos que para que otros lo hagan también. Y con esto me despido, deseando un buen verano a nuestros lectores y que disfruten de los libros, películas o series, que escojan.

Carmen R.

viernes, 3 de marzo de 2017

Dramas de la BBC: Norte y Sur 1975

En los años 70, las televisiones públicas tendían a dar a conocer al público los grandes clásicos de la literatura a través de series de una duración determinada. Esta tradición, existía en España, aunque parece estar algo perdida en los últimos años, pero en otras cadenas como la BBC, siempre ha sido una “marca de la casa”. Las miniseries “British” style, se han ido realizando con una calidad muy correcta desde los inicios de la cadena pública británica, de manera, que incluso hallaban emisoras fuera de las Islas Británicas, dispuestas a emitirlas. La televisión pública PBS en Estados Unidos, siempre resultó ser una aliada, pero también otras cadenas que no hablaban el idioma de Shakespeare. 

Así, las recordarán muchos lectores, pues fueron llegando a España a través de TVE o las televisiones autonómicas clásicos como Yo, Claudio, La Joya de la Corona, Regreso a Brideshead o ya fuera del periodo de la transición, Las Aventuras de Sherlock Holmes, Orgullo y Prejuicio o Middlemarch, entre otras.


La producción literaria inglesa es amplia y la BBC se ha dedicado a la dominación cultural anglosajona, a través de estas miniseries.


El plan de dominación de la TV con dramas de época se debió fraguar en un salón británico.

La serie de la que nos hacemos eco, lamentablemente, nunca pasó por TVE. De hecho, el libro, aunque publicado en España antes de la Guerra Civil, no volvió a parecer hasta los años 90. Es Norte y Sur de Elizabeth Gaskell, que no confundir con la trilogía de John Jakes que ocurre en Estados Unidos.

Se trata de un drama social con tintes románticos, que muestra el crecimiento personal de Margaret Hale, una aristocrática joven criada en el ambiente opulento de Londres, que debe mudarse a Milton (sinónimo del Manchester victoriano) por la conciencia de su padre; la ciudad está dominada por las fábricas y los comerciantes.

Aunque ya conocía el clásico en su versión de 2004, protagonizada por Richard Armitage (El Hobbit), hace unos años, tuve el placer de ver una versión anterior, de 1975, gracias a una reedición para el mercado de habla inglesa. (*)


Margareth de visita por Milton.


Lo que más puede llamar la atención de esta serie, cuando se contempla la carátula, es ver a su protagonista, el archiconocido Patrick Stewart (el Profesor X en la saga X-MEN, Picard en Star-Trek, y muchas otras), con pelo. Es un poco risible, que lo que más nos sorprenda sea este hecho, pero por todos es conocida su famosa alopecia. Sería triste, que nos quedaramos en ese detalle, de modo jocoso, o que su aspecto no sea el de un rompecorazones.

Profesor (no X) y alumno.
Y es que lo importante de esta serie es que como adaptación de la novela, sabe plasmar, sin necesidad de recursos artificiosos, el espíritu de la obra original. Estamos acostumbrados a una televisión en los últimos tiempos, más obsesionada por las formas, y por sorprender al espectador, que de un espectáculo inteligente. Norte y Sur, en su versión de los años 70, trata la historia de Gaskell con inteligencia, sin obviar temas que son ignorados en la versión posterior, como la religión, o sin caer en discursos de buenos y malos, y con buenas interpretaciones, que suplen la falta de medios, música evocadora (**), o preciosos planos-secuencia.

La serie, que se hizo para la BBC2, es una versión muy teatral, debido a esa carencia de medios. Aunque los protagonistas saben aportar mucho de los personajes en su actuación, siendo, como no, Patrick Stewart una copia casi perfecta del carácter de John Thornton, protagonista literario. Los secundarios, están prácticamente arrancados de las páginas de la novela, y se agradece que los pequeños cambios que hay, estén tratados desde el respeto.


Margaret intentando comprender el dilema moral de su padre.


Eso no quita para que haya ciertamente algunos desbarajustes, sobre todo, entre los extras, que en alguna escena dramática, ponían caras de estar en una fiesta (recordemos a Gladiator), o algún corte importante en el desarrollo de la novela (lo sucedido minutos antes a la estación del tren). 

Sobre este último hecho, hemos de considerar que en los años 70, debido al rol de la mujer, se pudo creer que no hacía falta añadir este trozo (que puede explicar futuros sentimientos de la protagonista), lo cual es irónico, si consideramos, que la novela es de la época victoriana, y es muy explícita sobre esto. Y es que la respuesta se podría buscar en la duración de la miniserie: 4 capítulos. En los 60, David Turner, guionista de la versión de los 70, ya había escrito una adaptación para la BBC que se realizó en 1966. Dicha serie constaba de 5 capítulos, y por tanto, es probable, que con un capítulo más, contara más cosas. Al hacer la versión del 75, un capítulo quedó por el camino, pero no lo sabremos, porque esta serie del 66, sí que parece perdida para siempre…


Momento muy dramático en la relación entre protagonistas (y no sólo por la sangre).

Esto nos permite comentar esa vieja costumbre que sucedía en los comienzos de la televisión. Muchas veces, las series se emitían en vivo o bien si se grababan, pero debido al valor del material, las cintas se reutilizaban para grabar otras series. Esta es la explicación de por qué TVE perdió una versión patria de Orgullo y Prejuicio de 1966. Pero mejor dejemos eso para otro artículo.

Volviendo a Norte y Sur de 1975, si se es fan de la televisión de los 70, se ama a la literatura victoriana y no se tienen prejuicios por la falta de bonitos exteriores con una música que hechice, es una serie que no debería perderse.


Margaret de visita en casa de John, su hermana y su madre.


Junto a Stewart, están Rosalind Shanks, con una Margaret que nos terminará por atrapar. Igualmente, participan conocidos secundarios de películas y televisión británicas como Rosalie Crutchley (que acompañaba a Audrey Hepburn en Historia de una Monja, y está soberbia como la madre John Thornton), Kathleen Byron (otra conocida monja en Narciso Negro), Norman Jones, Ian Marter y Robin Bailey, dirigidos por un experto en el arte de las miniseries “made in BBC” de ese momento, Rodney Bennett. 

Así, si tienen la oportunidad, no se la pierdan.

 

Me despido agradeciendo esta oportunidad de empezar en Zinéfilaz y espero colaborar con más dramas de época, o lo que se tercie.


Carmen Romero (también Elizzyb o @salonjaneausten).
_____________


(*): si buscan el DVD doblado o subtitulado en castellano, no se cansen, lamentablemente, no está disponible.


(**): la música está casi limitada a la cortinilla de la serie, que por cierto, no está nada mal. 

viernes, 18 de abril de 2014

El Gran Hotel Budapest


Estamos en Semana Santa, y se me ocurre un buen destino “turístico”, si quieres escapar de esas tristes procesiones religiosas. Te invito a que visites un hotel, sí, un tanto decadente (para algunos, con cierto encanto). Si te dejas llevar por tu imaginación podrás retroceder en el tiempo y acercarte a aquellos días de máximo esplendor.


Sentados a una mesa del comedor, y ante una copiosa cena, dos hombres. Un escritor (asegura que no posee inspiración mágica, sino que son los demás quienes le regalan argumentos que trasladar al papel) y su interlocutor, dueño del hotel, que relata su historia y cómo llegó a convertirse en el actual propietario.


Gustave, mucho más que el conserje, alguien que seduce a las mujeres más ricas y vulnerables (maduritas y rubias). Un aprendiz que se convertirá en su protegido y cómplice. Una obra de arte de un incalculable valor, una familia acechando la herencia, un asesinato, un robo, la cárcel, una novia pastelera. Los trenes que se paran de repente en un campo nevado (de cebada).


Wes Anderson cae rendido ante los libros de Stefan Zweig:

«Fue un autor con el que di muy tardíamente con la lectura de 'La piedad peligrosa', su única y verdadera novela... La película, en cualquier caso, no se refiere directamente a ninguna de sus obras de forma determinada, pero creo que todo lo esencial de su trabajo está ahí: el argumento no es otro que el crepúsculo de una Europa y de una determinada cultura europea. La que defendió y representó Zweig».


«La idea es reinventar la realidad pasándola por el tamiz del recuerdo, de lo imaginario”


Desde un universo de ensoñación, con un decorado estridente, envuelto en una imagen poderosa y cautivadora, al ritmo de una banda sonora magistral, y con la participación de un reparto brillante; se produce en los espectadores, algo parecido a un viaje hacia un lugar muy alejado de la rutina. Sales del cine embobada.


Con sello propio, comedia alocada que se desliza a medio camino entre fantasía y realidad. Este director no deja indiferente a casi nadie, o le quieres, o le detestas. Yo empecé con mal pie: Ladrón que roba a un ladrón (personajes tan incautos que lograron desesperarme). Viaje a Darjeeling (un experimento incomprensible, con un tren precioso acompasado de buena música). Moonrise Kingdom (fascinada con ese arranque, parece que voy cediendo a sus encantos). El Gran Hotel Budapest, con la que definitivamente caigo rendida.


Título original The Grand Budapest Hotel. Director Wes Anderson. Guión Wes Anderson (Historia: Wes Anderson, Hugo Guinness). Música Alexandre Desplat. Fotografía Robert D. Yeoman. Reparto Ralph FiennesTony RevoloriSaoirse RonanEdward NortonJeff GoldblumWillem DafoeJude LawF. Murray AbrahamAdrien BrodyTilda SwintonHarvey Keitel,Mathieu AmalricJason SchwartzmanTom WilkinsonLarry PineBill MurrayOwen WilsonLéa SeydouxGiselda VolodiBob BalabanFlorian LukasKarl Markovics,Volker MichalowskiFisher StevensWallace WolodarskyWaris Ahluwalia. EE UU 2014, 99 min. Premios: Festival de Berlín: Gran Premio del Jurado. Web Oficial.

Textos entrecomillados extraídos de este artículo.

Hasta la próxima!!!!!

LU

sábado, 15 de diciembre de 2012

Pauline K


Cuando en septiembre de 2010 abrimos Zinéfilaz, lo hicimos movidas, entre otras razones, por el hecho de que escasean las mujeres que escriben de cine: no tienes más que ojear cualquier publicación o web para darte cuenta de que hay pocos nombres femeninos en la firma de las reseñas.
Como sucede en otros ámbitos de la vida, eso no quiere decir que no haya habido nunca mujeres dedicadas a la crítica cinematográfica, no. Las ha habido y algunas muy ilustres y muy influyentes, como esta de la que quiero hablaros hoy: la gran Pauline Kael.
Pauline K trabajó para The New Yorker durante casi treinta años, escribió trece libros de cine, se hizo notar por su inconformismo, sus opiniones a menudo contrarias a las de sus coetáneos y sus críticas ingeniosas, incisivas y certeras, reinventó el género y creó toda una estética con su nueva forma de escribir.
¿Queréis saber algo más de ella? Adelante.  


Un poco de vida y milagros

Pauline K nació en 1919 en Petaluma, California, en una familia judía procedente de Polonia. Cuando tenía ocho años, los Kael se mudaron a San Francisco. Allí Pauline estudió filosofía, literatura, arte y leyes en Berkeley. 
Se casó cuatro veces, una de ellas con el poeta Robert Horan, se divorció otras tantas y tuvo una hija que nació con una enfermedad grave. Kael la crio ella sola y para mantenerla tuvo que trabajar de cocinera y de costurera. 

En 1953 estaba en un café hablando de cine con un amigo. Por casualidad, la charla llegó a oídos del editor de City Lights, que estaba en la mesa de al lado, y este encargó a Kael una reseña de Candilejas, de Chaplin. 
Kael no se cortó ni medio pelo, rebautizó Candilejas (Limelight) como Slimelight (slime ‘barro, fango’) y se ganó un contratito como crítica cinematográfica.
En 1965 publicó su libro I lost It at the Movies, que fue un inesperado best-seller, y comenzó a trabajar en McCall's, una revista femenina de enorme tirada que convirtió a Kael en un personaje relativamente popular.
Pero su afición a los jueguecitos de palabras y a retitular las películas con nombres malévolos esta vez le jugó una mala pasada. No se le ocurrió otra cosa que llamar a The sound of Music (Sonrisas y lágrimas) The sound of Money y ¿qué pasó? Pues que la echaron de McCall's
En 1966 y 1967 trabajó para The New Republic y tuvo problemas porque los editores le alteraban los textos sin su permiso. En octubre de 1967 escribió un largo ensayo sobre Bonnie and Clyde que la revista se negó a publicar. William Shaw, del The New Yorker, se hizo con el texto y lo publicó el día 21 del mismo mes. Semanas más tarde, Kael dejó The New Republic y fichó por The New Yorker.
En 1968 ya era, según la revista Time, una de las mejores críticas de cine del país. Publicó recopilatorios de sus reseñas y su cuarta colección, Deeper into Movies, hizo historia al convertirse en el primer volumen sobre cine que ganó el Premio Nacional del Libro. 

En el 78 le concedieron otro premio, el Women in Film, por la excelencia de su trabajo y por haber contribuido a destacar el papel de las mujeres en la industria del entretenimiento.
 
Kael murió en 2001, con 82 años, en su casa de Massachussetts. Aunque retirada, nunca dejó de conceder jugosas entrevistas. Tres años antes de morir, le preguntaron si creía haber influido en la industria del cine y contestó: "Si digo que sí, soy una ególatra; si digo que no, es que he desperciado mi vida". 


Por qué era Kael diferente
Ya sus primeras reseñas en City Lights destacaban por su informalidad y su falta absoluta de pretensiones. “Huyo de la pomposidad ─decía─. Quiero que mis frases respiren, que suenen como la voz humana.” Pauline era aguda, divertida, brillante y provocadora, muy clarita y pasional.

Así, por ejemplo, no hablaba nunca de films, porque creía que era una palabra elitista: ella veía pelis, o sea, movies, como se dice en el inglés americano de la calle.

Además, nunca las veía dos veces, aunque le gustaran muchísimo; nunca concedía una segunda oportunidad.

Detestaba el paternalismo de los críticos cultos y el academicismo de la flor y nata universitaria.
No creía en el ideal de la objetividad crítica ("escribo para transmitir, no para juzgar") y a menudo introducía en sus reseñas chascarrillos sobre su vida personal. Siempre redactaba en primera persona, con inmediatez y cercanía: ella era el "yo" y el lector, el "tú". 

Con todo, nadie osó nunca decir que era una inculta, porque no lo era. Se le notaba que había estudiado filosofía, tenía una memoria excepcional y atesoraba conocimientos enciclopédicos, no solo sobre cine, sino también sobre teatro y ópera.

Kael era una auténtica líder. Su sombra era tan alargada, que en los 70 los distribuidores programaban pases individuales para los críticos, porque los comentarios que Kael hacía durante los visionados condicionaban totalmente a sus colegas.

Tenía y sigue teniendo un grupo de seguidores, casi todos hombres, autodenominados los Paulettes, que emulaban su estilo y llegaron a dominar el panorama de la crítica cinematográfica durante los 90.

Todavía hoy en todos los USA hay cinéfilas y cinéfilos que citan de memoria sus frases más incisivas. Tarantino se ha declarado siempre su rendido admirador.


Qué le gustaba y qué no
Ya os he contado que Kael detestaba Sonrisas y lágrimas. Escribió que era "una mentira hiperazucarada" y yo me alegro de coincidir con ella, pues nunca he soportado tanto almíbar. 
Os contaré de paso que el director de la revista McCall's sostenía que no había despedido a Kael por lo que escribió de Sonrisas y lágrimas, sino meses después, porque no paraba de arremeter contra todo film comercial que llegaba en la época a las pantallas, como Lawrence de Arabia, Doctor Zhivago o Qué noche la de aquel día.

También tuvo los santos ovarios de sacar faltas a Shoah (que el contenido sea tabú e intocable no nos prohíbe criticar la forma, ¿no?) y su inquina contra George Lucas hizo que este, para vengarse, llamara general Kael al malo de Willow

Parece evidente que a Kael le gustaba arremeter contra vacas sagradas, pues despellejó La Naranja Mecánica y de Harry el Sucio dijo que era "medievalismo fascista; una fantasía de derechas". ¡Toma ya! 

Sin embargo, alabó las primeras obras de Brian de Palma y se mostró entusiasta con Perros de paja, de San Peckinpah. También era admiradora de Paul Schraeder y le gustaban Travolta, Bruce Willis, Sigourney Weaver, Scorsese, Truffaut, Bertolucci y Altman.


Una anecdotilla política y reflexiva para acabar
Se atribuye a Kael haber pronunciado en 1972 aquella mítica y conocidísima frase que decía: "¿Cómo es posible que haya ganado Nixon? ¡No conozco a nadie que le haya votado!"

La frase se ha atribuido también a Katharine Graham y a Susan Sontag y en ocasiones se ha trasladado en el tiempo hasta 1984, cuando reeligieron a Reagan. 

Al parecer, lo que sucedió en realidad fue que en 1972 en una conferencia Kael dijo esto: "Vivo en un mundo peculiar. Solo conozco a una persona que haya votado a Nixon. Los demás votantes no sé dónde se meterán, pero, a veces, cuando estoy en el cine, presiento que los tengo cerca."

O sea, que la frase original es todavía más maligna que su síntesis, la cual esgrimen a veces los conservadores norteamericanos como muestra de la endogamia de las élites intelectuales de izquierdas.

Sea como sea, puesto que servidora de ustedes a menudo también se pasma a la vista de ciertos resultados electorales, la frasecita de marras me ha servido para dar otra vez vueltas en la cabeza hasta qué punto vivimos sumergidas en nuestro pequeño, minúsculo mundo; hasta qué punto vemos lo que queremos ver, leemos lo que queremos leer y necesitamos que nos reafirmen en nuestras opiniones; hasta qué punto estamos tan a gustito en nuestro rincón y nos da miedo, un miedo terrible, asomar la cabeza a ver qué pasa afuera.

En fin, queridas y queridos. Con esta reflexión de todo a cien se despide con sus mejores deseos vuestra amiga

Noemí Pastor