Londres 1984, un par de amigos que participan en la manifestación del Día del Orgullo Gay, deciden recaudar dinero para ayudar a los mineros de Gales, que mantienen una agotadora huelga contra el gobierno de Margaret Thatcher.
Crean el grupo LGSM (Lesbian and Gays Support the Miners) con el que consiguen reunir algunos fondos, pero su sorpresa llega cuando se encuentran con que su mayor problema a la hora de hacer llegar su ayuda a los huelguistas proviene del propio sindicato minero que se niega a recibir el dinero.
A la hora de enfrentar esta historia real, muchas son las tentaciones en las que podía haber caído una película como Pride, y resulta admirable que consiga sortearlas. Consigue evitar caer en el cine social más aburrido y panfletario, tampoco se deja tentar por el maniqueísmo, y lo que es mejor, consigue no perecer ahogada en las procelosas aguas de las buenas intenciones y el sentimentalismo fácil.
Y se me olvidaba, también nos ahorra esos gays tan graciosos-solo-porque-son-gays al estilo de "Priscilla, Reina del Desierto". Gracias Matthew Warchus, gracias Stephen Bersesford, de verdad, gracias.
Ignoro, y francamente no quiero saberlo, quién fue el primero en pensar que la mejor manera de promocionar una película era hacer referencia a otra que fue un éxito. Aún menos tengo intención de conocer a "los creadores" de mencionar a dos o más títulos para presentar un estreno.
Desgraciadamente, quien haya diseñado la publicidad de Pride ha escogido esa infame línea para perpetrar frases como "Si te gustaron "Billy Elliot" y "The Full Monty" "Pride" te entusiasmará".
Una cosa ¿Y si no te gustaron? Es más ¿y si no te gusta ver películas que ya has visto antes?
Flaco favor a una película tan bien construida y sólida como Pride, compararla con Billy Elliot, una cinta que, una vez despojada de sus loables buenas intenciones y las habituales grandes actuaciones a las que nos tienen acostumbrados los repartos británicos, tenía bastante poco que ofrecer en una segunda visión.
Respecto a Full Monty, muchas son las virtudes de la película de Peter Cattaneo, pero no confundamos los términos, una cosa es que ambos sean títulos muy apreciables con ciertos puntos en común, y otra muy diferente que Pride sea una película "a lo Full Monty".
Además del inesperado descubrimiento de la cantidad de gente de cualquier gremio estaba deseando desnudarse públicamente con (o sin) motivos benéficos, el inmenso éxito internacional de Full Monty trajo a nuestras vidas un género cinematográfico basado, sobre todo, en las buenas intenciones y el optimismo. Unir esto con el agradecido humor británico y actores siempre acertados ha dado como resultado una serie de películas de (muy) agradable visión y que a menudo cumplen con el loable objetivo de rescatarte de un mal momento.
Sin embargo, como cualquier otro subgénero cinematográfico contiene buenos títulos y otros bastante olvidables, y lo que es peor, existe una inevitable tendencia a repetir una y otra vez las mismas fórmulas que a la larga pueden llevar a la falta de creatividad y a perecer por agotamiento.
Películas como El jardín de la alegría, Lucky Break, Greenfingers (obviemos su espantoso título español), Pisando fuertes... son títulos que han mantenido un nivel medio de calidad bastante aceptable, pero cuya repercusión ha ido decayendo al tiempo que disminuía su originalidad.
Me gustaría seguir disfrutando de un cine realizado con humor y buenas intenciones, con magníficas interpretaciones y altas dosis de optimismo, pero también que huya de los tópicos más fáciles y con un cierto nivel de exigencia.
Así que bienvenida sea Pride como una posible salida al laberinto de la comedia británica, basado en una mayor calidad, como demuestra que haya conseguido encontrar el tono justo para contar este enfrentamiento entre el orgullo de su condición sexual que han necesitado los homosexuales para reclamar sus derechos y su visibilidad en el mundo, y los prejuicios tan enquistados como inexplicables que llevan a que alguien pueda rechazar una ayuda que a todas luces necesita.
Bien está también recordar también el valor de la unión y de la lucha, en momentos como estos, tan similares a aquellos en que Thatcher y su gobierno impusieron una política neo-liberal que destruyó no pocos derechos adquiridos.
Y mucho mejor hacerlo con un nivel cinematográfico superior a la media, con el punto justo entre sentimientos y humor, sin caer en el sentimentalismo. Os invito pues a disfrutarla, a ser posible en versión original, ya que el particular acento galés es una parte importante de las actuaciones. Y a dejaros llevar por una cinta en el que, como en la vida, no todos son guapos ni todos los finales son felices, pero que os hará salir con una sonrisa, y quizá una lágrima, del cine.
Loque
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viernes, 3 de abril de 2015
sábado, 2 de octubre de 2010
Cine y género
No tengo todavía en mi poder el libro Cine y género en España (Cátedra, 2010), dirigido por la socióloga Fátima Arranz, que se presentó el pasado mes de abril en Madrid, pero gracias a articulitos varios que he recopilado en la red, estoy en condiciones de daros varias cifras de las que ofrece el volumen.
De los filmes realizados en España entre 2000 y 2007, sólo un 7,3% fueron dirigidos por mujeres.
Con honrosas excepciones, tanto hombres como mujeres suelen hacer que los protagonistas de sus películas sean de su mismo sexo. Con todo, los hombres lo hacen más a menudo, en un 79,3% de las ocasiones, y las mujeres, en un 69,2. En consecuencia, tenemos una sobrerrepresentación masculina en las pantallas y una infrarrepresentación femenina.
El 25% de las películas dirigidas por hombres muestran relaciones de pareja degradadas sin presentarlas como anómalas.
Tengo más números, pero como me estoy poniendo un poco triste, lo voy a dejar por hoy y prometo volver con asuntos más alegres; un homenaje a Laly Soldevilla, por ejemplo.
Se despide hasta pronto vuestra amiga Noemí Pastor.
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