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viernes, 21 de marzo de 2025

A complete unknown

No soy una fan entregada de Bob Dylan, pero no hay duda de que ha sido un hito para nuestra generación. De hecho, viendo la peli, me di cuenta de que me sabía la mayor parte de las canciones en catalán y me recordaban mis remotísimas (y breves) épocas de montañera. Este cantante forma parte de la banda sonora de nuestra vida y tenía ganas de ver qué tal se le daba el personaje a Timothée Chalamet. A perfect unknown narra la época desde la llegada de Dylan a Nueva York con diecinueve años hasta su polémica actuación en el festival de folk de Newponrt. La película está dirigida por James Mangold, que también es el guionista junto con Jay Cocks, y está basada en el libro Dylan goes electric de Elijah Wald. No he visto muchas películas de este director, pero Indiana Jones y el dial del destino me encantó. La verdad es que esta producción ha estado gafada: han tardado cinco años en terminar un proyecto que empezó en 2020. Les ha pasado de todo: primero el COVID paralizó el proyecto; cuando se retomó en 2023, comenzó la huelga de actores y guionistas. Durante todo este tiempo, Chalamet aprovechó para aprender a tocar la guitarra y a cantar y el resultado, tanto suyo como de Monica Barbaro en el papel de Joan Baez, es impresionante. De Chalamet ya sabíamos sus capacidades por Wonka, pero te parece estar escuchando a Dylan. Y Monica Barbaro es impresionante, tiene una voz preciosa. La película no ha conseguido ningún Oscar, pese a tener varias nominaciones, pero este año había muy buena cosecha de películas. Yo, la verdad, le hubiera dado el de mejor actor. Supongo que porque The brutalist no me gustó y me parece que Adrien Brody siempre hace de Adrien Brody y Timothee Chamelet tiene muchos registros y en todos está bien. Creo que me enamoré de él en Call me by your name, una película maravillosa en la que él bordaba su personaje. La película solo narra unos pocos años de la vida de Dylan a principios de los sesenta, cuando pasó de ser un perfecto desconocido a triunfar en todo el mundo. Me parece que está muy bien ambientada, he sentido que hacía un viaje atrás en el tiempo y así me imagino el aspecto de Nueva York en esa época y los festivales de folk a los que tanto nos hubiera gustado asistir. La verdad es que el personaje de Dylan resulta insoportable. Un hombre absolutamente centrado en si mismo, un artista genial, pero un novio o amigo fatal. Su relación con las mujeres es desastrosa. Sylvie Russo (personaje basado en Suze Rotolo) está muy bien interpretada por Elle Fanning y se hace extraño que en ningún momento de la historia le de a Dylan con la guitarra en la cabeza. La parte del conflicto que resulta de utilizar elementos eléctricos en el festival folk, lo que es visto como una traición por la organización y gran parte del público, es lo único que resulta muy comprensible. El cantante está harto de que le encasillen y le obliguen a cantar Blowing in the wind por millonésima vez, cuando él quiere experimentar e innovar.

viernes, 8 de septiembre de 2023

Mientras dure la guerra.

 Alejandro Amenábar, cineasta español de origen chileno, dirigió hace un par de años una película que intentaba condensar en hora y tres cuartos las tribulaciones del escritor, intelectual y rector de la Universidad de Salamanca Miguel de Unamuno. Este señor tuvo fama de cascarrabias y pleiteador, no en vano fue desterrado a Fuerteventura por criticar al rey. Hombre culturalmente inquieto, se pasó la vida cambiando de parecer; fue vasquista, españolista, católico, agnóstico, ateo, comunista, socialista y finalmente coqueteó con el fascismo, como se puede vislumbrar en esta pincelada histórica que es esta peli llamada “mientras dure la guerra”.


La cinta empieza el diecinueve de julio del 36 en la majestuosa plaza mayor de Salamanca, cuando el ejército sublevado empieza a dictar normas y a detener al alcalde de la ciudad. Unamuno (Interpretado por Karra Elejalde) un señor septuagenario, hace lo de todos los días a pesar del ambiente turbio que se respira, va en busca de sus compañeros de tertulia para hacer sobremesa en el café Novelty de la plaza mayor. Sus amigos son Atilano Coco (Luiz Zahera), un pastor protestante criado en una de las pocas familias protestantes que había a comienzos del siglo XX, y Salvador Vila (Carlos Serrano-Clark) un joven intelectual salmantino, antiguo alumno de Unamuno y a su vez rector de la universidad de Granada que se hallaba veraneando en su localidad natal cuando se da el golpe de Estado.


Elejalde haciendo de Unamuno

A la par que Unamuno y sus amigos discuten sobre lo que este golpe de Estado representa: Unamuno se muestra partidario de la mano dura del ejército, Vila, socialista y conocedor de lo que representa el nazismo ya que estudió en Alemania en pleno apogeo hitleriano, se siente indignado y el reverendo intenta poner paz, la cinta de Amenábar nos muestra a los generales golpistas y sus desconfianzas entre ellos. Francisco Franco (Santi Prego) se muestra como un hombre con poco carisma, sin demasiadas simpatías entre el resto de los militares sublevados, asistido en todo momento por su hermano Nicolás (Luis Bermejo).


Los contertulios con poco futuro

El que tiene un papel bombón es Eduard Fernández que representa al histriónico general Millán-Astray. Tuerto, cojo, manco, brutal, apasionado, exagerado y peligroso. Así aparece arengando a las tropas y contando charcarrillos a los soldaditos. Otros generales como Cabanellas (Tito Valverde) se muestran desconfiados con ese líder improvisado que quieren imponer en la figura de Franco. Se supone que el general Mola (Luis Callejo en la peli, al que no acabo de encontrar parecido alguno con quien fue “el director”) tampoco es que fuera devoto del gallego africanista, pero Amenábar así lo ha contado en su peli.


Eduard Fernández haciendo del legionario.

Y eso es lo malo de tratar un hecho histórico relativamente reciente y que aún levanta ampollas en una peli. Amenábar intenta hacer funcionar un montón de hechos presumiblemente desligados y seguro que aburridos en una historia lineal y además que eso enganche a la audiencia. Así a Franco se le ocurre un buen día a él solo cambiar la bandera de la República, bandera bajo la que también luchaban al principio los sublevados, por la monárquica y a Millán Astray, en ese momento, se le ocurre azuzar a un soldado para que cante la marcha real (El himno oficial de España hoy día). La secuencia es curiosa porque cada uno empieza a cantar la letra que se sabe, hay varias, aunque la mayoría, como hoy, se dedican al consabido “lo, lo, lo” actual (Y sé que estáis pensando en la letra popular que habla del color de las posaderas del caudillo, pero dejemos el tema). Quizá Amenábar debiera haber zanjado la secuencia aquí, pero, no. La alarga enlazando la melodía a los colores de la bandera elegida por el golpismo, lo cual ha levantado cierta polémica ya que algunos piensan que esa escena es entre insultante y “bienqueda” para con el tufillo revisionista actual.


Escena de la banderita y el himno.


Y la peli va acentuando la gravedad de lo que parecía una breve algarada militar de verano y observamos como Unamuno comienza a darse cuenta de que lo que él creía que iba a apaciguar las cosas las ha empeorado, sobre todo cuando empiezan a desaparecer sus amigos. Supongo que a estas alturas no hago ningún espóler cuando explico que al pastor protestante y al joven rector universitario de izquierdas los detienen. Los personajes, para quien quiera conocerlos, son reales y tuvieron un final fatal a manos de los fusiles franquistas. Por cierto, esto no sale en la peli, pero os lo digo yo y lo podéis buscar. Perdonad si me explayo en algo externo a la peli, pero el contexto me lleva a ello y yo escribo apasionadamente y del tirón. Al joven Salvador Vila que menciona el fusilamiento de García Lorca ante lo que Unamuno cree un bulo, lo acabaron asesinando en el mismo barranco de Víznar, Granada, ya que Vila era rector de la universidad de la ciudad nazarí. Aún la cosa fue más cruel. Vila conocía el mal del nazismo porque lo vivió en la Alemania donde estudió. Casó con una joven alemana de familia hebrea, al dictarse leyes antisemitas los suegros de Vila vinieron a vivir a España y el miserable gobierno franquista los expulsó al poco de ser fusilado el joven rector universitario. La suegra de Vila murió en un pogrom en Viena. El suegro sobrevivió a Dachau. A la esposa de Vila, Gerda Leimdörfer, la detuvieron, la torturaron, la encarcelaron y la obligaron a convertirse al catolicismo con el nombre de María Angustias, quién sabe si con doble intención el nominativo de marras.

Unamuno en el Paraninfo y el horror de la violencia

Volviendo al film, Unamuno, disgustado, anciano, enfermo y vencido, es invitado, según la peli, con cierta dosis de mala leche por parte de Millán Astray, al acto en honor al día de la raza, 12 de octubre, en el paraninfo de la universidad salmantina. Es aquí, punto álgido de la peli después de intentar no aburrirnos con una sucesión de acontecimientos anodinos mezclados con el dramatismo de las escenas con las esposas, pero viudas, del alcalde y del pastor Coco (Nathalie Poza y Ainhoa Santamaría respectivamente) cuando Unamuno, mientras se suceden los ardientes discursos españolistas, encuentra la carta que la esposa del pastor protestante había querido hacer llegar a las autoridades para que soltaran a su esposo. Es entonces cuando Unamuno da el discurso famoso, aunque algo tergiversado, según dicen, en el que resuena el “venceréis pero no convenceréis” y tiene que salir de la mano de Carmen Polo, esposa del caudillo, porque si no los exaltados guerreros quizá lo hubieran, si no tiroteado, apalizado. El pequeño papel de Mireia Rey haciendo de Carmen Polo es breve, pero muestra al personaje como ese Pepito Grillo rancio de la España nacionalcatólica.



Échame una mano, prima.


Y la peli acaba mientras a Franco le pintan un óleo y nos cuenta que a los amigos del filósofo vasco se los cargó el franquismo por desafectos (Ser uno masón y protestante y el otro, izquierdista) que Franco mandó hasta su muerte, que las primeras elecciones libres fueron en 1977 y que Unamuno murió de un ataque al corazón en la nochevieja del 36, cosa que es muy cuestionable, ya que hay quien dice que pudiera haber sido envenenado. Recomiendo el libro "la doble muerte de Unamuno". Una pena haber hecho filigranas para entretener a la gente con una historia tan difícil de contar y acabar soltando la el mismo tipo de trola habitual de la transición que no fue.

Juli Gan



sábado, 14 de enero de 2023

El día que murió la música

 El tres de febrero de 1959 es recordado como "el día que murió la música". Fue un hecho trágico. Un accidente en el que perdieron la vida cuatro jóvenes, tres de ellos, músicos de éxito de la corriente del efervescente rock and roll. El mayor de ellos, justo el que no tiene película biográfica, apenas contaba 29 años. El más joven, 17. Ellos fueron leyenda del rock justo cuando empezaba su carrera. Sus cortas vidas dieron para sacar muy celebrados temas de rock  que se han hecho famosos en el mundo entero y a Don McLean le dio para parir un himno en 1971, "american pie". Un himno cuya partitura en subasta se vendió por más de un millón de dólares. Pero volvamos al cine. Hoy dos biografías rockeras que acaban en tragedia: "La historia de Buddy Holly" (1978) y "la bamba" (1987).


"The Buddy Holly Story" (1978) 

Esta peli fue rodada para televisión y está protagonizada por el rubio Gary Busey. Busey hace de Charlie Hardin Holley, que fue un joven y talentoso músico texano conocido familiarmente como Buddy. Buddy Holly nació en una familia texana muy melómana. Desde muy niño dominaba varios instrumentos y solía tocar con sus hermanos piezas estilo country. 

Gary Busey es Buddy Holly, detrás el antiguo doble de Troy Donahue.

Buddy y un par de amigos, Don Stroud, que, por cierto, comenzó en el cine haciendo de doble de Troy Donahue, y Charles Martin Smith (El contable bajito de "los intocables de Elliot Ness"), fundan "The crickets" (Los grillos) Un conjunto con aires de música para jóvenes, es decir, menos country y más rock. 

Camino hacia el éxito

El trío va haciéndose conocido, no sin dificultades, ya que a la gente mayor el rock le parece una abominación y acaban grabando y teniendo éxito. Ello les lleva a Nueva York donde les ficha un productor para que toquen en el teatro Apollo. El santuario de la música afroamericana. Ahí está la gracia porque, por la radio, creyeron contratar cantantes negros y corrieron un riesgo para tocar en un lugar donde nunca antes había tocado un blanco. Momento de éxito. En la actuación aparecen otros artistas. Uno de ellos, del que hablaré después, ya que, curiosamente aparece en las dos pelis, y el grandioso cantante Sam Cooke. Del que se hacen colegas y con el que se van de gira.

Sam Cooke a la derecha con los Crickets detrás.

Estabilidad y consolidación:

Tras desavenencias en el trío, Holly decide quedarse en Nueva York y el resto de los crickets se vuelve a Texas. Holly ha conocido a una empleada de la casa de discos con la que se casa. Graba, compone y sale de gira por todo lo largo y ancho de los EEUU, porque el rock es un éxito y se hinchan a dar conciertos.

Buddy y María


Tragedia:

Invierno en el frío del medio Oeste. El rock por la noche hace que suba la temperatura. La música suena genial pero el traslado se hace en un autobús cuya calefacción está estropeada. Fletan una avioneta para que tres de sus músicos puedan viajar rápido y dormir en una cama en un hotel en el destino siguiente. En principio, Big Bopper (El músico del que no conozco biopic) no iba a viajar, pero, como iba afectado por una gripe, Waylon Jennings, de la banda de Holly, le cedió su plaza. La última escena de la peli es Holly  dándolo todo en su último concierto la noche anterior a su muerte. Todo un éxito. Sobre su imagen sonriente y satisfecha un letrero que nos cuenta el fatal accidente aéreo que acabó con su vida.

Último concierto.


"La Bamba" (1987)

Recuerdo que se hizo promoción de esta peli y de su banda sonora interpretada por Los Lobos. esta peli sí llegó a estrenarse en los cines de manera internacional. Cuenta la historia del adolescente Ricardo Valenzuela, conocido universalmente como Ritchie Valens. En la peli el nombre del actor aparece al final del reparto como " Y presentando a Lou Diamond Pillips como Ritchie Valens". En esta peli quienes tiene peso específico son la madre del prota (Rosanna de Soto) y Bob, el hermano mayor, con sus conflictos (Esai Morales). Ritchie era un chaval californiano de orígenes mexicanos. Un loco de la guitarra que aún va a la escuela. La peli comienza con una escena un poco desasosegante. Unos chavales jugando en el patio de un insti al baloncesto y dos avionetas que se estrellan en el aire. es una pesadilla de Ritchie de la que luego nos cuentan más, pero ahí está la fatalidad del destino.

Un adolescente californiano

Camino al éxito:

Un día prueba con un grupo,"The shilouettes, y es admitido como guitarrista. El líder tiene una reacción recelosa porque percibe que es bueno. Valens acaba cantando y componiendo. Un cazatalentos le pone a grabar. Valens se empieza a hacer una celebridad, menos para el padre de su novia del insti, aunque lo pintan más como celoso de la seguridad de su hija negándose a que salga con un músico que como racista. Tampoco es que les diera mucho tiempo a sus dieciéis o diecisiete años.

Concierto en la tele


Estabilidad y consolidación:

Valens es un joven que crece en una familia coya madre es muy importante. Tiene un hermano buscavidas que es como el personaje antagónico con el que mantiene una relación de altibajos. Valens tiene miedo al avión pero debe cogerlo para ir al este a cantar en la tele y dar conciertos en Nueva York. Por ahí sale un amuleto que le da un chamán para que lo proteja (La superstición como elemento infalible). Su progresión es exitosa y se suceden los conciertos. Si en la peli de Holly salía Sam Cooke, en la de Valens sale Jackie Wilson.

Big Bopper y Valens a punto de subirse a la avioneta

Tragedia:

La gira del rock de invierno por el medio oeste es dura. Hace frío y media caravana está incubando la gripe. En esta peli Valens es aceptado a pie de avioneta como pasajero jugándosela a cara o cruz. Es Buddy Holly el que tira la moneda. Por otro lado, en una bronca navideña, peleando con su hermano Bob, este arrancó el amuleto protector de Ritchie sin querer. Ya sabemos que eso, en el cine, es científicamente catastrófico. Llanto inconsolable en el pequeño universo de Ritchie enterados del accidente por la radio. Llora su cuñada, sus compañeros del insti, su manager, su novia Donna y, sobre todo su madre abrazada a su hermano. La escena final es la de un Bob abatido gritando el nombre de su hermano dándole un puntito dramático, al ¿verdadero prota? de la peli.

Ritchie y su hermano Bob de resaca en Tijuana


Curiosidades:

En la peli de Buddy Holly, al final sale un tipo morenito con unas maracas, quizá es Valens. Big Bopper sale un poquitín más y tiene frase. En la bamba, Holly sale tocando un segundo y tiene frase en la escena del avión. Big Bopper sale también en esta segunda. El personaje, leyenda del rock, que sale en ambas con sendas piezas de rock cantadas es Eddie Cochran. Fatales casualidades de la cochina vida Cochran murió un año después en un accidente de tráfico en el Reino Unido, cuando estaba de gira europea.

Esta ha sido la historia de dos leyendas del rock que fallecieron prematuramente cuyas vidas dieron para sendas pelis....Y el resto es rock and roll.


Juli Gan. (En los enlaces azules hay pelis y, sobre todo, música)

viernes, 21 de enero de 2022

Luis Miguel: la serie


Confieso que no me habría acercado a esta serie de no ser por la recomendación de alguien con muy buen criterio. Antes de verla no estaba muy segura de quién era ni qué cantaba Luis Miguel, y lo poco que me sonaba, sinceramente, no me interesaba mucho; ahora reconozco que la recomendación fue acertada.

Nada que ver con el fenómeno fan. La serie –dirigida por Natalia Beristain y Humberto Hinojosa– atrapa desde el principio porque la biografía del protagonista es tan sorprendente y está tan bien contada que casi lo de menos es que sea cantante o famoso.

Y es que, en realidad, son muchas historias en una. La figura del padre, interpretado maravillosamente por Oscar Jaenada, daría por si sola para una serie. Es el típico vividor, con algún discreto éxito como cantante en el pasado, que ve el cielo abierto cuando descubre el talento de su hijo, y con una codicia desmedida y cero escrúpulos se dedica a explotarlo sin dudar en traspasar todos los límites para prosperar, todos.

La relación del cantante con su madre es distinta. Ella, mucho más juiciosa y sensata, intenta poner un poco de cordura en su vida, aunque con escaso éxito. En el centro del drama está la evolución del propio Luis Miguel, un niño prodigio que se convierte en ídolo en Latinoamérica. Aunque parece disfrutar de su don, su ritmo de vida y la fama arrasan su niñez y adolescencia, le alejan de sus hermanos y hacen imposibles sus relaciones de pareja. Su actitud de divo tampoco ayuda. Todo esto en un contexto de conciertos, giras, discos, grabaciones... aderezado con excesos, drogas, mentiras y traiciones.

Luis Miguel está interpretado por los actores Izan Llunas, Luis de la Rosa y Diego Boneta en las etapas de niño, adolescente y joven. Los tres no solo cantan y actúan de maravilla, sino que, además, tienen un increíble parecido físico con él. El resto del reparto, familiares, productores, amigos, novias, un agente del Mossad... están todos a la altura. Me ganó, por entrañable y extraño a la vez,  el personaje de Doc –hay que verla para entenderlo–.

La estructura narrativa es otro acierto. En cada capítulo dos líneas temporales paralelas contribuyen a crear expectación y suspense; pero, sobre todo, la dosificación de la información –cada vez un poquito más lejos y vuelta atrás, como en olas suaves– está tan bien medida que sabes antes de ver y, aun así, estás deseando ver para confirmar si es cierto.

Lo más insólito: la errática y estrafalaria investigación criminal, de la que por razones obvias no debo comentar nada.

La pregunta que me hacía, mientras no me cansaba de ver capítulo tras capítulo, era cómo es posible que el cantante haya podido autorizar (y producir) una biografía en la que sale tan mal parado, con sus luces y tantas sombras, por decirlo de una forma suave. Y para mi satisfacción, la serie da la respuesta.

 

Almudena Fernández

viernes, 20 de marzo de 2020

María Antonieta

 

Me gusta el cine de Sofia Coppola. Mucho. Y todo, aunque, si me apuráis, quizás seleccione, de todas sus películas, Las vírgenes suicidas y María Antonieta, que, en mi humilde opinión, tienen mucho en común.

 A Las vírgenes suicidas puede que le dedique en el futuro un poético y lánguido artículo, pero tendría que revisitarla antes, que hace mucho que no la veo. Este de hoy va a ser sobre María Antonieta (en adelante, MA), el personalísimo y delicadísimo biopic de Sofía Coppola sobre la última reina consorte de Francia, así que me veo obligada a comenzar hablando de…

Ciertas cuestiones históricas 

Sofía Coppola se documentó exhaustivamente antes de filmar MA. Entre otras fuentes, consultó a la historiadora Évelyne Lever, especialista en María Antonieta (ahora MA, sin cursiva), la cual declaró posteriormente que los hechos relatados en el film distan mucho de la realidad histórica: “Sofía Coppola y yo no tenemos la misma profesión. Yo soy historiadora; ella es creadora y ha plasmado en su película su propia visión de María Antonieta”.

 Me extrañó mucho leer esto, porque sabía (los títulos de crédito del film lo dicen) que la peli de Coppola está basada en la obra que la también historiadora Antonia Fraser escribió sobre la soberana de Francia.

 En fin, que yo, vista la firma de Fraser, había creído que más o menos todo lo que sucede en el film era rigurosamente histórico, pero ahora resulta que puede que no sea del todo exacto. Sea como sea, quería yo destacar un par de cosas de la biografía de MA.

La primera es que fue víctima de las fake news de la época, que, como dice Fito Rodríguez en su libro Fake newsak ez dira atzo goizekoak, no se inventaron ayer. La reina fue en su época motivo recurrente de vilipendio en los falsos rumores que circulaban y se publicaban sobre ella.

Y la segunda cosa que quiero destacar, causa directa de la primera, es que también fue víctima de la misoginia. La criticaban por tener amantes, cuando su abuelo político, el rey Luis XV, se paseaba con la condesa Du Barry por todas partes y con todo descaro. Le criticaban sus excesivos gastos en la corte de Versalles, cuando el grueso de las pérdidas las provovaba la Guerra de Independencia americana.

Su matrimonio con Luis XVI tardó siete (¡siete!) años en consumarse: se casaron siendo unos críos; ella tenía catorce años y él, quince. En consecuencia, no acababan de traer al mundo al ansiado heredero al trono de Francia. Pero la culpa era de ella, nunca de él.

El sublime arte del anacronismo 

Cuando vi MA en una sala de cine, poco después de su estreno, recuerdo que comenzó a proyectarse la peli, sonó su banda sonora de pop-rock y un tipo sentado detrás de mi le dijo en voz bien alta a su acompañante: “¡Nos hemos equivocado de película!”

Y lo mismo habría pensado yo si no hubiera leído antes que la banda original de MA contenía tanto piezas clásicas (sobre todo de Vivaldi y Rameau) como otras de grupos como Bow Wow Wow, Siouxsie and the Banshees, New Order, Adam and the Ants o The Strokes.

Y no es este el único anacronismo del film: durante una escena en la que se suceden los innumerables pares de zapatos de MA (diseñados, por cierto, por Manolo Blahnik), en segundo plano pueden verse un par de Converses.

Pues sí, señoras, porque lo mejor que se puede hacer para evitar los gazapos históricos es cometerlos conscientemente.

Y la gloriosa adolescencia 

Sofia Coppola quiso cometer tales anacronismos deliberados porque quiso hacer una película sobre la adolescencia; mejor dicho, una segunda película sobre la adolescencia, porque ya habia hecho una antes: Las vírgenes suicidas. Opino humildemente que estos dos filmes tienen mucho en común (además de la protagonista, la sublime Kirsten Dunst) y que ese espíritu adolescente es la clave para entender MA.

Coppola en ambas películas capta bellamente la liviandad terrible de esos años tontos, su fervor trágico. El crítico francés David Honnorat lo expresa así: “Coppola posa su mirada sobre esa primera juventud que acaba tan temprano como acaban las fiestas en Versalles y deja el doloroso sentimiento de haber perdido lo más preciado. Tras su primera noche de amor (¿por qué dicen “amor” cuando quieren decir “sexo”? Esto lo digo yo, no David Honnorat) aparece un plano de Kirsten Dunst que se tiende sonriente sobre la fresca hierba y nos hace recordar la escena de Las vírgenes suicidas en la que amanece sola sobre el césped de un terreno deportivo, tras otra noche de amor”.

Reparto no menos glorioso 

Acabo destacando en el poblado reparto de este film a, por supuesto, Kirsten Dunst en el papel protagonista; a Jason Schwartzman, perteneciente a la familia Coppola (todo queda en casa); a la genial Judy Davis como la condesa de Noailles; a Rose Byrne en el papel de la duquesa de Polignac; Asia Argento, Madame du Barry; Marianne Faithfull, emperatriz Maria Teresa de Austria, madre de MA; y a Jamie Dornan, el de las 50 sombras de Grey, ya apuntando maneras, como el conde Fersen, amante de MA.

Os saluda con una reverencia versallesca vuestra amiga

Noemí Pastor

viernes, 10 de enero de 2020

Ed Wood


Ed Wood es el tierno biopic de Ed Wood, considerado, también con enorme ternura, el peor  director de cine de todos los tiempos. Ese título le otorgó, al menos, el libro The Golden Turkey Awards, publicado en 1980, solo dos años después de la muerte de Wood, por los críticos de cine Michael y Harry Medved.


Tim Burton estrenó Ed Wood en 1994, a partir de un guion escrito por Larry Karaszewski y Scott Alexander, especialistas en biopics de personajes «peculiares» (Man on the Moon, El escándalo de Larry Flint). Este guion estaba, a su vez, basado en la biografía Nightmare of Ecstasy, de Rudolph Grey.


Acreditada ya para entonces su querencia por el friquismo, Burton consigue en esta película el tono adecuado, emotivo pero no ñoño, para hacernos querer a rabiar a este personaje al que trata con humor pero sin crueldad y del que hace sátira pero no escarnio.


En realidad, Burton se apiada mucho de Wood; cuenta su vida durante los rodajes de sus primeras películas y nos ahorra sus peores años, cuando continuaba escribiendo algo y filmando poco, pero todo lo que ganaba se lo gastaba en bebida, cuando no pudo pagar el alquiler y tuvo que mudarse a la casa de un amigo y vender su máquina de escribir para conseguir alcohol. Wood murió a los 54 años, enfermo por la bebida y totalmente arruinado.


Tragedias aparte, si tengo que elegir lo mejor de esta película, elijo, sin duda, a Martin Landau en el papel del legendario Bela Lugosi. Landau está sencillamente sublime. Podría incluso decirse que Ed Wood es también el mejor trabajo como actor de Johnny Depp, cuando todavía se lavaba el pelo, nos caía bien y no se había echado a perder en mierdas como los piratas del Caribe o la abominable Enemigos públicos, por no citar asuntos bastante más preocupantes de su vida personal.


Voy más lejos y me atrevo a decir que Ed Wood, que no se comió nada en la taquilla en su estreno en los USA, es, para mí, la mejor película de Tim Burton y que una de sus mejores bazas, además de las interpretaciones, es la tremendamente patética y conmovedora relación entre Wood y Bela Lugosi. Wood idolatraba a Lugosi y Lugosi, en su sobrecogedor desamparo, se dejaba cuidar y proteger por Wood. Dicen que Tim Burton reflejó en este vínculo la relación que él mismo mantuvo con Vicent Price y que la elección del blanco y negro para esta película fue un homenaje personal de Burton a Lugosi, al que nadie nunca había visto en el cine en color.


De hecho, el empeño de Burton por filmar Ed Wood en blanco y negro le acarreó graves problemas a la hora de encontrar productor. En esto se debió de sentir Burton muy cercano al bueno de Wood. Aunque el presupuesto del biopic no era muy elevado (18 millones de dólares, cien veces más de lo que costaron todas las películas de Wood juntas), pocos estudios se animaron a asumir el riesgo del blanco y negro, hasta que finalmente Burton consiguió la confianza de Touchstone. 


La alegre cuadrilla galáctica de Ed Wood




Ed Wood es la historia de un perdedor que a ratos nos saca de quicio y a ratos nos llena de ternura; en ocasiones nos hará reír y en ocasiones nos conmoverá su patetismo. Además, quienes nos deslumbramos con los outsider y lo trash, no podemos permanecer impasibles ante su cuadrilla galáctica de amigos y compañeros tremendamente fieles: además del decadente Lugosi, el excéntrico y (para su época) peligrosamente antisocial Bunny Breckinridge, el poco atinado adivino Criswell, la presentadora de televisión Vampira y el luchador Thor Johnson.


Wood es un bicho raro al que no entedemos, pero que nos fascina. Es un personaje como el escribidor de Vargas Llosa, que desciende a lo más bajo (ya he contado que, tras su muerte, fue considerado el peor director de todos los tiempos, gracias a la dirección desastrosa de películas como Glen o Glenda y Plan 9 del espacio exterior) y se alza a lo más alto (actualmente es valorado como director de culto y se le considera el precursor del cine bizarro y del subgénero Z). 

Es un hombre que ama el cine por encima de todas las cosas y ese amor lo ciega hasta el punto de incapacitarlo para ver su flagrante falta de talento. Produce cosas mediocres, pero está hecho de la misma pasta de los genios. De hecho, en la escena en que se encuentra con un genio “oficial” como Orson Welles, este se nos aparece mucho más necio, más engreído, más pavo en su seriedad tontuna. Nos quedamos con Wood de largo.