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viernes, 4 de noviembre de 2022

Un poco más sobre The Crown


Yo no sé cómo lo hago que siempre (o casi siempre) llego tarde a las series. A mí nunca me pasa eso de ser la primera en ver o descubrir una serie estupenda que luego recomiendo a todo el mundo y se hace viral. No. Jamás me ha ocurrido semejante cosa. Casi siempre llego tarde.

A The Crown llego también evidentemente tarde: años después de que se estrenara, en 2016, y meses después de que mi compañera Troyana, en febrero de 2022, escribiera un magnífico artículo sobre la serie en este blog que nos une.

Tarde, pues, pero ordenadamente, comienzo a ver The Crown por la temporada uno, con ansia viva por llegar a la cuarta y de momento última, que es la que narra los acontecimientos de mayor salseo (como decía Troyana) y más papel couché y diría también que seguro que ha sido la más difícil de hacer; de hecho, cuanto más frescos y recientes son los acontecimientos narrados, más complicado se hace recrearlos en la ficción, pues la cercanía enmaraña la repercusión. Así y todo, siendo la temporada más delicada y la más ardua, para mí ha sido también la mejor.

Quiero destacar de entrada a dos auténticas diosas de la interpretación: la primera, Helena Bonham-Carter, pues reinventa genialmente a Margarita de Inglaterra, esa figura trágica y mediática, buen precedente de Diana de Gales; la segunda, Gillian Anderson, casi irreconocible, una vez adaptados el cuerpo y el alma de Margaret Thatcher. La interpretación de Anderson es un poco bastante deudora de la de Meryl Streep en The Iron Ladypero, así y todo, me quedo con ella, pues creo que comunica mucho mejor que Streep la personalidad fascinante, complejísima y una pizca psicópata de la tremenda señora Thatcher.

Una vez nombradas esas dos monstruas, no quiero dejar de citar a Olivia Colman, quien encarna a la reina Isabel II en su edad madura. Su interpretación no tiene más remedio que ser contenida y de no gran lucimiento, pero resulta muy adecuada.

No pasa desapercibida la escena de sororidad entre ambas mandamasas, una vez que Thatcher es traicionada por los señoros de su partido. Cuando dos mujeres están en la cumbre, cosa que ha pasado muy pocas veces en la historia, la misoginia popular acostumbra a inventar enfrentamientos, rencillas, envidias y malos rollos entre ellas y el relato de los medios dominantes apuntala tales rumores, los propaga y los intensifica. Por eso me parece destacable y clarificadora la escena del encuentro final entre ambas dirigentas. No doy más datos. Si habéis visto la serie, sabéis a qué me refiero. Si no la habéis visto, la veis y punto.

Por cierto, The Crown cumple sobradamente con el test de Bechdel. Quién nos iba a decir que sucediera tal cosa en un ambiente tan rancio como el de una monarquía (o LA monarquía) europea.

Acabo este articulito contándoos por qué me ha gustado The Crown, aparte de por el salseo y por las actrices excelsas que os he nombrado en los párrafos anteriores. Primero, porque sin ser yo de nunca una amante de la historia (echo balones fuera y digo que me la enseñaron mal, solo datos y fechas, y no me la explicaron ni me hicieron apreciarla), la serie me ha obligado (bendita obligación) muchas veces a echar mano de la Wikipedia para contextualizar acontecimientos que narraba, como, por ejemplo, la catástrofe de Aberfan o el atentado contra Lord Mountbatten. Creo que con The Crown he aprendido más historia del siglo XX que en toda mi enseñanza básica y bachillerato juntos.

Y la otra cosa que me ha enganchado y pasmado de The Crown es su total atrevimiento, su valentía al tratar asuntos verdaderamente delicados de la familia real británica. El príncipe Carlos, por ejemplo, aparece como un vulgar maltratador psicológico de su exmujer: no tiene escrúpulos a la hora de mostrarla al mundo como una desequilibrada y manipula y retuerce sus argumentos para que Diana sea la malvada y él la víctima. Carlos es un verdadero villano; solo lo salva la dignidad de su amada Camilla Parker-Bowles.

Otro asunto fastidiado que aborda sin tapujos es el de las primas de la reina Isabel: dos hermanas con cierto grado de discapacidad, encerradas de por vida en un psiquiátrico y dadas oficialmente por muertas.

Me pregunto cuántos siglos deberán transcurrir antes de que se produzca una exposición semejante de la familia real española. Me pregunto incluso si se producirá alguna vez y me inclino a decir que no.

Leo que ya está filmada o a punto de rematarse una quinta temporada de The Crown, que se lanzará en noviembre de 2022, y ya estoy impaciente. Más impaciente aun, cuando leo que con mucha seguridad habrá una sexta. Es la mayor satisfacción (si no la única) que me ha dado la monarquía en toda mi vida de republicana convencida.

Noemí Pastor

viernes, 14 de octubre de 2022

LAS DE LA ÚLTIMA FILA

 


Mi hermana me alegró la semana. No sé si habéis tenido la sensación de hambre de series que te enganchen, ese vacío inexplicable de cuando has disfrutado como una perra de algo realmente bueno y os parece que  hace como un siglo que no habéis experimentado algo que se le parezca. 


En ese contexto de " hambre cinéfila" recibo un mensaje de mi hermana muy escueto: "busca la serie Las de la última fila, te va a gustar " y así, con este curiosidad no caduca que me caracteriza me lanzo a la búsqueda y sí, por fin, me encuentro una serie vital, feminista, un alegato a la sororidad y a la amistad, a libertad individual y a la diversidad. Aleluya.

Os diría que esta mini-serie de escasos 6 episodios nos habla del viaje de 5 amigas treintañeras poco antes que una de de ellas inicie un tratamiento para combatir un cáncer.

Éste el punto de partida para una road movie cuyo hilo conductor será el juego de los deseos : ¿ qué te gustaría hacer si te quedara poco tiempo de vida? . Se trata de ir sacando de una caja ,diferentes deseos anónimos que se han de ir cumpliendo uno a uno por todas mientras dure el viaje. Las chicas en cuestión son:

Sara ( Itsando Arana), Alma (Mónica Miranda), Carol ( María Rodríguez Soto), Leo (Mariona Terés) y Olga (Godeliv Van den Brandt) constituyen el reparto principal bajo la dirección de Raúl Sánchez Arévalo de este relato que encuentra un equilibrio perfecto entre el drama y la comedia.

Una historia emotiva, repleta de buenas canciones indies que te hará reír o llorar a partes iguales y desearás que no acabe nunca.


Os dejo 5 razones por las que esta serie me ha encantado:


1) personajes bien definidos, historias variopintas , cada mujer es un universo diferente pero la premisa es que en este viaje es que se van a sentir LIBRES Y EMPODERADAS y por ello,  este viaje marcará el resto de sus vidas para siempre.

2) porque hay algunas actrices que me creo más que otras, me mojo y comparto mis favoritas, que me parecen las más auténticas y honestas, y es como si no estuvieran actuando:




 

Leo (Mariona Terés) y Carol ( María Rodríguez Soto)

y ojo a tod@s l@s actrices y actores que aparecen haciendo cameos porque no tienen desperdicio: Michelle Jenner, Carmen Machí ,Macarena García o Javier Rey..... por no mencionar a la mismísima Rigoberta Bandini.

3) la banda sonora es una auténtica delicia para los amantes de la música indie, así encontramos canciones de Rigoberta Bandini, Najwa , Zahara ,Joe Crepúsculo,la Casa Azul, la la love you ....entre otros.


4) los mensajes de SUPERACIÓN Y SORORIDAD  son la clave de esta película fresca, alegre, triste, vital que planea por todo un registro de emociones pero que nos deja con buen sabor de boca pensando cuándo piensan estrenar la segunda temporada.



5) y sí, porque es  pro LGTBI+ y  una de las historias es tan bonita y tan especial que ya me diréis si le daríais otro desenlace o lo dejaríais tal cual.

Si después de todo esto, no os he convencido, pues tampoco pasa nada, pero si por alguna de aquellas , he despertado vuestra curiosidad y decidís darle una oportunidad, me encantaría compartir impresiones con vosotr@s aunque sólo sea para ver cual de tod@s los personajes os gusta más.


Feliz fin de semana

Troyana.




viernes, 11 de marzo de 2022

And just like that


 A pesar de que hace solo unos pocos meses publicaba aquí mismo un artículo que daba cuenta de mi ilusión y mis ganas de ver este reboot, dada mi absoluta admiración por Sexo en Nueva York, la serie original, debo confesar que cuando comencé a verlo, me había olvidado bastante de la serie y solo guardaba frescos en el recuerdo los dos largometrajes estrenados desde que en 2004 dejara de emitirse la hasta entonces última temporada.

 

Por eso creía yo, bastante inconscientemente, que este reboot mantendría el tono de las pelis: más rosa, menos verde, menos negro, más frívolo, bastante más superficial, más de típica comedia romántica norteamericana.

 

Porque, a decir verdad, volviendo a la serie original, Sexo en Nueva York, he de decir que no era para nada una serie complaciente ni almibarada: tenía escenas duras y tocaba temas desagradables, como la enfermedad, el abandono, la pobreza… Todo envuelto en vestimentas de lujo, tacones y oropel, sí, pero quizás ese envoltorio rutilante solo acentuaba con mayor fuerza el contraste con la crudeza de lo tratado.

 

Y resulta que And just like that recupera ese tono correoso y descarnado y habla del dolor, de la enfermedad, el alcoholismo, la enemistad, el aburrimiento vital, la vejez, la muerte, las pérdidas que se nos acumulan en la vida, las decepciones… Tiene, de hecho, un comienzo desabrido, arriesgado, pero admirable, desde el punto de vista del guion, porque promete mucho: una línea argumental de peso y de largo alcance, ni más ni menos.

 

Y ya que he escrito la palabra decepción debo admitir que eso precisamente ha supuesto para mí este reboot: una pequeña decepción. No llegaré a escribir la palabra fracaso, como han hecho muchas plumas críticas, pero sí puedo hablar de decepción. Y lo lamento mucho.

 

Nada que objetar a lo que he expuesto antes: es bienvenido el tono bronco y amargo; pero hay mucho que no funciona. Las escenas son demasiado largas, los diálogos carecen de chispa, la trama no va a ninguna parte, los personajes secundarios no parecen cumplir ninguna función, excepto una a todas luces insuficiente: la de servir de contrapunto a las tres protagonistas.

 

Se aprecia el empeño por cerrar las bocas de quienes durante años se quejaron de la falta de diversidad de sus guiones. Se trata de suplir y se suple: los nuevos personajes no son blancos ni heterosexuales. Bien. Lo aplaudo. Pero no es suficiente; no está bien encajado narrativamente y la historia pierde dinamismo e ingenio.

 

Como os digo, de episodio en episodio transitaba yo de decepción en decepción, hasta llegar al último, y ahí cambió la cosa; ahí se recupera el mejor tono narrativo de la serie original y vuelven muchos de sus tópicos más celebrados: vuelve una pizca de humor negro, que siempre se agradece; vuelve París y su resignificación como ciudad de la soledad; y vuelve el asunto de la huida, del abadono en pos del amor, esa decisión que antaño tomaron Carrie y Samantha y que no les resultó nada bien; solo que ahora, para nuestra sorpresa, es Miranda la que se encuentra en esa tesitura.

 

Ya que he nombrado a Samantha, una de las grandes pérdidas sobre las que trata And just like that, es necesario decir que su ausencia planea sobre la trama durante todos los episodios hasta que en este final se abre una gran ventana de esperanza sobre su regreso.

 

Y así, como si nada, acaba el episodio con un invisible “continuará”, suena una optimista musiquilla final, se me pone una sonrisa bobalicona en la cara y me muero ya de las ganas de reencontrarme con estas chicas en una nueva temporada, que todavía, en el momento en el que escribo estas líneas, no se ha confirmado, aunque todo apunta a que vendrá, sobre todo tras comprobar que, a pesar de no haber sido recibida por la crítica precisamente con elogios, esta primera entrega de And just like that ha registrado en los Estados Unidos cifras estratosféricas de audiencia que han tenido consecuencias muy directas sobre las ventas de las marcas emplazadas.

 

Mientras tanto, amenizaré la espera con el documental de HBO Max sobre el rodaje. Con una hora de duración, incluye anécdotas de la filmación, entrevistas con el reparto y los guionistas y detalles sobre el vestuario, que, en esta entrega, al igual que en las anteriores y especialmente en la final, es deslumbrante.


Noemí Pastor

viernes, 30 de octubre de 2020

Para lo que me queda en el convento...Pecata minuta (1998)

 Hará una cantidad indecente de años, en unas jornadas de cine vasco, probablemente en el Zinemaldia donostiarra, no recuerdo bien, Ramón Barea presentó su primera película como director de cine. Esta no era sino la adaptación cinematográfica de una obra de teatro que había tenido bastante éxito por aquella misma época. Aquella obra de teatro estaba interpretada por cuatro de las actrices vascas más importantes del momento. Era la historia de cuatro monjas de clausura que, en un momento dado, deciden huir de su convento tras veinte años de vida contemplativa. La peli y la obra de teatro se llaman "pecata minuta" y yo cometo el pecadillo de hablaros de ella.

Una congregación peculiar

La peli, claro está, amplía subtramas que no puede asumir un escenario teatral, pero la narración principal sigue siendo la historia de las cuatro monjas que deciden, por diversos motivos, cavar un túnel oculto tras un confesionario, y escapar al mundo que dejaron hace varias décadas. Sor Asun (Loli Astoreka) es una monja que llegó al convento siendo demasiado joven. Decidieron por ella antes de que fuera demasiado madura, si es que alguna vez lo fue. Ella lo que quería es ser madre y como no los ha tenido lo sobrelleva jugando a ser mamá con su muñeco de trapo. Sor Rufina (Elena Irureta) es una enérgica monja de hechuras varoniles que sí quería tomar los hábitos, pero para cantar misa, cosa que le impedían por no ser un hombre. Ella va cavando el túnel de escape. Sor Remedios (Aitzpea Goenaga) es una monja que tiene muy claro que quiere fundar su propia congregación y, para ello, debe abandonar el convento. Sor Rosarito (Ane Gabarain)  era una jovencita pop que aún goza cantando con su prodigiosa voz, pero las postulantas guineanas, que son dos (Las hijas del sol), la tapan con sus potentes y cálidas voces, y eso la frustra mucho.

Sor Rufina, sor Asun y sor Remedios.

Este cuarteto de monjas vive encerrado en un convento decadente donde la mayoría de las hermanas son ancianas (Por ahí andan las veteranas actrices Maruchi Fresno, María Isbert y Mariví Bilbao) aunque , de vez en cuando viene a profesar alguna joven como Fany (Cristina Gómez), que sabe lo que busca, aunque no lo encuentra, porque ya ha estado en otras "hermandades" como "los niños de Dios". Por si eso fuera poco, hay una guerra, más sororicida que fratricida, si me permiten el chiste, entre la priora que quiere modernizar el vetusto lugar y la vigilanta que es inflexible con las reglas de la orden cuya fundadora yace, no diremos que incorrupta del todo, a la vista de toda la congregación.

Las actrices principales y su director.


La primera peli como director de Ramón Barea pasó sin pena ni gloria y la crítica la trató bastante mal, quizá por el simpático tonillo irreverente, aunque los papeles de las originales monjitas son interpretados de manera inmaculada. Ramón Barea contaba en su presentación que tenía muy claro que en su primera película tenía que salir su gran amigo y compañero de profesión Álex Angulo. Y la verdad es que sale, pero si queréis verlo, prestad atención.



Aunque a algunos meapilas les parezca irreverente, es una peli simpática y la mayoría de sus monjas, entrañables. Se deja ver con amabilidad.

Con la bendición urbi et orbi de,

viernes, 8 de mayo de 2020

Del papel al celuloide: “Oh…” (Philippe Dijan, 2012) y “Elle” (Paul Verhoeven, 2016)


El eterno dilema de las novelas y las pelis
Decía Alfred Hitchcock en esa larga entrevista que le hizo y publicó François Truffaut que las buenas películas nacen de novelas mediocres.
Era ese el caso de muchas de las suyas, pero no es este. No. Porque “Oh…” es una estupenda novela. A pesar de que detesto la ortotipografía del título, tan complicada, con comillas y puntos suspensivos (definitivamente, no a esto), la novela muy potable, publicada por Philippe Dijan en el año 2012 en la editorial Gallimard  y luego en español en 2018, traducida por Regina López Muñoz, en la editorial Fulgencio Pimentel.
Antes de la traducción al español llegó, en 2016, la peli de Verhoeven, Elle, en absoluto inferior a la novela. Me atrevo a decir, incluso, que en ciertos aspectos la mejora. A mí, por ejemplo, la peli me ayudó a digerir la novela. Había empezado a leerla varias veces y se me había caído de las manos porque no me ubicaba, no encontraba el hilo. Y la peli me lo mostró. 

Es el destino
La novela estaba predestinada a ser convertida en cine, pues su autor, Philippe Dijan, es un tipo muy audiovisual. Tiene una serie de novelas concebida al estilo de las series televisivas, ha estrenado una obra de teatro y ha escrito bastantes guiones. Además, muchas de sus obras  anteriores han sido también llevadas al cine, sobre todo de la mano de realizadores franceses.
Verhoeven no es francés, sino danés. De hecho, ni siquiera hablaba francés antes de ponerse a dirigir Elle. Dice en una entrevista que, cuando se planteó esta peli, le atrajo la idea de hacer algo nuevo, de adentrarse en territorios inexplorados. Y, sí, es evidente que Elle no es, por ejemplo, Instinto básico, aunque la crítica se ha empeñado en compararlas, y no lo es principalmente por tres razones: primera, entre ambas películas median veinticinco años y esa es demasiada distancia para todo creador; segunda, Elle no es ni quiere ser un film erótico, mientras que de IB podríamos decir que sí lo es; y tercera, IB es una mierda de película (en su momento ya me pareció flojísima; hace poco la revisité en la tele y me pareció aun peor), quizás por culpa del guionista Joe Eszterhas, que es pésimo, y Elle, en cambio, merece bastante la pena.

Con todo, mantiene Verhoeven en Elle algo suyo, un hilo repetitivo a lo largo de su filmografía: una cierta fijación por la violencia sexual, que en esta peli recibe un tratamiento arriesgado pero decoroso, que salva los muebles. Y, aunque suene a marcianada, también aprecio en Elle un eco de Desafío total cuando trata de la confusión y la mezcolanza entre realidad y ficción.

La prota, esa monstrua
Tanto el libro como la película giran absolutamente alrededor de la protagonista, Michelle. En la novela, en primera persona, reflexiona algo, se explica, se explaya; en la peli no. En la peli solo se define por sus actos, por sus relaciones con los demás.
La intérprete, Isabelle Huppert, grandiosa como de costumbre o un poquito más todavía, era la actriz que Dijan tenía en la cabeza cuando escribió “Oh..”, y que fue finalmente confirmada para el papel a pesar de que en un principio Verhoeven pensó en Nicole Kidman, Marion Cotillard, Diane Lane y Sharon Stone.
Huppert aparece en todo momento hierática, inexpresiva, temible, ambigua. El personaje es más ambiguo e impenetrable en el film que en la novela, porque en la novela, como decía antes, se explica algo, se explaya, pero eso no quiere decir que intente hacerse entender; de hecho, no se hace entender, pero se entiende que no se la entienda. Creo que tampoco me entendéis a mí, pero en fin.
Si me tengo que quedar con un retrato de Michelle, me quedo con el de la peli. Es más reduccionista, pero más certero, más comedido, más perfilado. Diría que en este aspecto a la novela le sobra palabrería y la peli opta por el sobreentendido. Por ejemplo, la relación con la madre en la peli parece el típico rollo tóxico, pero en el libro pasan cosas más contradictorias y más confusas.
Michelle transita inmutable de objeto a sujeto, de víctima a manipuladora. No se comporta jamás como una víctima, aunque lo es. Lo es ahora y lo fue en el pasado. En el pasado fue víctima y la trataron como a una culpable. Ahora vuelve a ser víctima y quiere ser verduga.
No quiero dejar de señalar la absoluta excepcionalidad del protagonismo de una mujer madura, a un paso de la vejez, en esa simbólica mitad avanzada de la vida, y más consciente que nunca de su voluntad y su poder.

A modo de conclusión
Con una banda sonora que combina perfectamente, entre otros, a Mozart y Albinoni con Roxy Music e Iggy Pop, Verhoeven acierta con el tratamiento fílmico de una historia loca, extraña, arriesgada, negra y retorcida. El resultado es una peli que te abofetea, te empuja para que te des de bruces con una alta burguesía, una élite intelectual con turbios pasados, presentes y futuros. Y, sobre todo, perfila un retrato de una mujer madura de tal complejidad que desemboca sin remedio en lo amoral, en lo perverso, en el peligro y en la violencia.

Noemí Pastor

Otro artículo sobre Elle en Zinéfilaz:  Elle, de Troyana.
Otras entregas de Del papel al celuloide en Zinéfilaz:


viernes, 22 de noviembre de 2019

Señoras del (h)A.M.P.A.


Vivimos en la era de oro de las series para televisión. Las innumerables plataformas nacidas entre la tele por cable y la fibra óptica son fecundas y cada canal saca sus propias producciones además de comprar material a otras cadenas generalistas o a productores independientes surgidos al calorcito del youtube. En España las producciones propias de la cadenas generalistas no suelen tener un nivel demasiado elevado y tampoco suelen ser de interés para el mercado internacional, aunque de vez en cuando se da la campanada como con “la casa de papel” (A3media)  e incluso la idea original de “los misterios de Laura” de la tele pública (RTVE) que se vendió en los EEUU y Debra Messing iba por ahí interpretando el papel que en España dominara María Pujalte.  

Cuatro protagonistas dispares: Maite (Toni Acosta), Amparo (Mamen García), Virginia (Nuria Herrero) y Lourdes (Malena Alterio) unidas por el A.M.P.A. y los crímenes.

Las cadenas generalistas que producen las series de televisión en España tiene la maldita manía de cargárselas de una manera impenitente. Es verdad que muchas series que empiezan no tienen para más que una temporada, pero en España sistemáticamente las cadenas se encargan de matar a sus hijas. La tele pública ha destrozado innumerables producciones, entre ellas “Mujeres” del tándem Ayuso-Sabroso, o la propia “los misterios de Laura”, y parece que Telecinco quiera deshacerse de una serie fresca y vivaracha como es “Señoras del (h)ampa”.

Cameos de todo tipo en una timba de brisca. Asun (Ana Fernández), libre de madre,  en primera fila.


Porque de esto va mi  publicación de la jornada, de una serie que arrancó con humildad, que trata con gracia y humor negro las desventuras de una serie de madres de barrio trabajador. Mediaset (Telecinco) echó a rodar la serie que fue acogida con gran aceptación por su agradable frescura y sentido negrísimo del humor. Hace virtud de la humildad de los personajes, sus situaciones y sus sorprendentes  giros de guión. Pero Telecinco, enseguida empezó a maltratar la serie con un paro de emisión antes de verano, para introducir otras historias y con aplazamientos inconcebibles a costa de bodrios inaguantables como GH Vip.  No obstante hay quien asegura que el paro se debió a que estaban en negociaciones con Amazon Prime para la compra de la serie por parte de esta última y al fin de los trece capítulos de la primera temporada parece que había confirmada una segunda, aunque, quién sabe si echarán a perder la serie. Dicen que Netflix ha comprado los derechos de la serie. Ya veremos qué pasa.

Escena costumbrista. En una cocina de piso obrero a medio desahuciar, una demostración de la Turbothunder 2000.


Esta serie narra las vicisitudes de un grupo de mujeres trabajadoras y madres. Una historia femenina de mujeres que sobreviven en sus vidas de clase obrera con sus problemáticas cotidianas a las que se viene a sumar una serie de incidentes fortuitos que desencadenan numerosas peripecias dotadas de desbordante humor negro. Las protagonistas principales son cuatro mujeres que tiene su nexo de unión en ser miembros de la A.M.P.A. (Asociación de madres y padres de alumnos) del colegio público de barrio obrero de la populosa capital del Estado. El colegio, humilde y obrero se llama como una mujer humilde y de clase obrera. No podía tener mejor nombre que "colegio Gloria Fuertes".

Convención de la Turbothunder con la jefa de zona, Begoña (Nuria González)


Maite Soldevilla (Toni Acosta) es una mujer con dos hijos separada de su marido que malvive vendiendo robots de cocina (los famosísimos Turbothunder 2000). El trabajo, claro, es una basura, debe hacer demostraciones de cocina a domicilio para poder llevarse un magro sueldo a casa. Por si eso fuera poco debe disputarse un puesto en la empresa de robots de cocina con una compañera, Elvira (Marta Belenguer) que, además, es la presidenta de la A.M.P.A. del colegio, porque ella también vive en el barrio, aunque constantemente remarque su superioridad de clase.

Elvira (Marta Belenguer) es la peor pesadilla de todos, incluido su marido (Fernando Cayo)

Una mala noche ocurre un accidente que da con toda sus vidas al traste...O eso parece. Sus vidas se ven mezcladas con un cadáver, unos mafiosos, una vecina que las chantajea...Es decir, innumerables complicaciones de sus anodinas vidas, con giros cada vez más insospechados y grandes dosis de humor negro.

Amparo(Mamen García) y el toque final.

Quizá sea esa una de las virtudes de esta serie, que parecía otra cosita sin importancia y, sin embargo, su mala leche y su humor negro la han convertido en algo bastante especial. Una de sus originalidades más significativas es que no se limiten a poner una voz en off que diga "en capítulos anteriores..." sino que sea una de sus protagonistas, Lourdes (Malena Aletrio), en sesión con el psicólogo o, mi favorita, la abuela Amparo (Mamen García) contando las peripecias a su marido vegetal en la residencia de la tercera edad la que retome el hilo de la historia para desmemoriados.

La mala de antología, Carmona (Gloria Muñoz)

La serie no será espectacular, ni derrochará argucias magistrales, porque ni tiene pasta de superproducción ni cuenta una historia de lujos que no nos suena haber vivido un poquito. Todas nos podemos sentir algo identificadas con las miserias de la vida de estas señoras del (h)ampa. Hasta el juego de palabras es humilde, y, sin embargo, algo fresco ha de tener, aparte del buen hacer de las cuatro protagonistas, y de otras excelsas actrices como Gloria Muñoz, Carmen Balagué o Neus González, si Netflix la ha comprado y Amazon también se quiso hacer con ellaa tanto como para que Telecinco decidiera borrar sus capítulos de su plataforma online Mitele.

El dolor del secuestro.

Esta serie incide en una tónica ya habitual de colocar a gente corriente de clase trabajadora en situaciones límite que rayan con la delincuencia, como hemos visto en "breaking bad" o "good girls" por poner un par de ejemplos de series de los últimos tiempos, y es que atrae bastante ver a gente corriente, como somos la mayoría, atrapados en situaciones límite constitutivas de delito. Se deja ver con gusto, saca alguna risa y eso es lo que cuenta. 

La Turbothunder 2000, arma letal.

La serie será humilde y dará pereza a muchos, pero las actrices están soberbias, destacando, además que es una serie de señoras, ya que todos los personajes principales son mujeres; buenas mujeres; grandes mujeres.

A más ver,





viernes, 20 de julio de 2018

Disobedience





Al director chileno Sebastián Lelio le interesan los personajes femeninos oprimidos,aquellos que han de enfrentarse a férreos convencionalismo sociales.Director de "Gloria" y " Una mujer fantástica", su última película " Disobedience" no es una excepción en ese sentido.

Disobedience(2017,Reino Unido)es una pelicula que está basada en una novela homónima de Naomi Alderman e  interpretada por   Rachel Weisz en el papel de Roni, Rachel McAdams en el papel de Esti Alessandro Nivola en el papel de Dovid.

Ambientada en la comunidad judía ortodoxa de Londres el relato parte de la pérdida del rabino de la sinagoga que es el padre de Roni.
Roni (Rachel Weisz) decidió en su día hacer su vida en Nueva York para dedicarse a la fotografía y representa ese espíritu libre que no termina de encajar en el perfil de mujer que la comunidad asigna a sus fieles.


 El judaísmo en este sentido es un protagonista más de la película, porque cuando a Roni la avisan de que su padre ha fallecido y ha de venir al funeral a Londres, la comunidad judía la recibe con cierta distancia y frialdad. Las normas que se sobreentiende ella ha desobedecido se traducen en miradas inquisitoriales,preguntas incisivas y en general cierta desaprobación por un status que no terminan de aceptar : la de una mujer soltera que trabaja y que se gana la vida en Nueva York, sin necesidad de formar una familia tradicional.

Es muy intrigante y algo desconcertante que no se sepa la razón por la que se han resistido a avisarla antes de la enfermedad y muerte de su padre, pero a medida que la película va transcurriendo vamos atando los cabos de todos los silencios impuestos.


En este reencuentro, Esti ( la ahora esposa de Dovid) es la persona a la que más conmociona la llegada de Roni. Entendemos cuando estas dos mujeres se reencuentran,que hubo un pasado que nunca terminó de cerrarse,que de pronto todos los diques que impusieron los años, y la distancia transoceánica, no han sido suficientes para apagar una pasión que a todas luces, no deben vivir.


Es evidente que no se han olvidado. Los tres de hecho estuvieron al parecer muy unidos desde niños: Roni, Esti y Dovid. Roni huyó tal vez de una sociedad demasiado opresora y Esti y Dovid se quedaron en Londres, con el tiempo se casaron y siguieron formando parte de esa comunidad.

Los puntos fuertes de la película en mi opinión son:



- La increible actuación de Rachel Weisz y de Rachel McAdams, están mejor que nunca,tanto en las escenas más íntimas como en la química que se respira desde la prohibición,las miradas,el deseo contenido,las formas autoimpuestas,la represión......valen tanto por lo que dicen como por lo que callan, y son un ejemplo claro de la eterna dualidad entre el "yo quiero" y "yo debo" que desgranaba Freud en su teoría de la personalidad...

- el reflejo de la comunidad judía ortodoxa en Londres,una atmósfera que el director retrata con los colores y la luz,el uso de interiores austeros,los protocolos en cada ritual,no hay maniqueismo ni enjuiciamiento,sólo una descripción de una comunidad endogámica que se presenta con minuciosidad y sencillez....

- la rebeldía que lo es sin pretenderlo nace de las emociones que galopan salvajes y que no han podido ser extinguidas pese a todos los intentos....


Los puntos débides de la película en mi opinión:

( SPOILER...............QUIEN AVISA NO ES TRAIDOR)

Para una mente no judía,no ortodoxa y feminista como la mía,me cuesta mucho pero MUCHO encajar un desenlace en el que Esti se aviene a los pliegues de la comunidad que la moldea y no escapa libre a Nueva York con Roni.
Entiendo que no está mirando solo por ella,que hay más personas en juego, pero la pasión que se refleja en cada mirada y cada beso creo que en esta historia de amor lésbica tiene una fuerza casi de huracán capaz de vencer todos los obstáculos imaginables,incluso los dictados por el Talmud.

(FIN DEL SPOILER)

A esta película,en resumen, le sobran los motivos para ser vista aunque solo sea por la transgresión y la fe en  la libertad individual en unos personajes que de principio a fin, pese a todos los preceptos sociales y religiosos, tienen la capacidad de ELEGIR.


Buen fin de semana zinéfilos,me encantaría conocer vuestras impresiones sobre la película  tanto si la habeis visto como si no,debatir en torno a la eterna dualidad del querer frente al deber.

No os la perdais, incluso cuando su paso por la cartelera ha sido injustificadamente breve,es preciso verla aunque solo sea por el reparto,la exquisita dirección y la excepcional interpretación de las actrices protagonistas.
un abrazo,

Troyana



viernes, 6 de octubre de 2017

Éxtasis y yo. La apasionante historia de Hedy Lamarr

Hedy Lamarr fue una famosa actriz de la época en que los estudios de cine hollywoodienses mandaban con poder omnímodo. Hoy en día sólo los amantes del cine clásico recuerdan a esa belleza morena que fue la Dalila que cortó el pelo al Sansón de la película de Cecil B. DeMille. Pero Hedy Lamarr fue mucho más que eso. Fue una inteligente mujer que co-inventó un sistema de encriptación de mensajes para teledirigir torpedos, que es la base fundamental del funcionamiento de la telecomunicación mediante bluetooth o wi-fi, claro que ella y su co-inventor, George Anthell, músico, no tenían ni idea de la revolución que su trabajo iba a suponer, sobre todo, porque, cuando patentaron su sistema, allá por 1941, el ejército de los EEUU aparcó el tema. No en vano, estos residentes en América no eran sino dos sospechosos, austríaca, ella, alemán, él.

Hedy Lamarr en su mejor monento


Pero volvamos al principio. Hedwig Kiesler, Eduvigis, por si alguno goza castellanizando los nombres de pila, nació en Viena el 9 de noviembre de 1914, hija de un banquero y una dama de la alta burguesía de aquella ciudad tan pija. Se educó en los mejores colegios, entre ellos, un internado suizo donde iban las muchachas de la aristocracia europea. Llegó, incluso, a estudiar ingeniería, sin acabarla, por motivos que luego desvelaré, cosa que era bastante infrecuente para una mujer en aquella época.

Pero a la joven Hedy Kiesler le llamaba el mundo de la interpretación y no cejó hasta que consiguió colarse en el mundo del cine y luego interpretando algún papel en el teatro. A falta de pan, buenas son tortas. Fue en un teatro donde conoció a su primer marido, el poderoso industrial filonazi Friedrich Mandel, pero no corramos, porque antes de casarse, la joven Hedy rodó una película, un pecado de juventud, que la persiguió toda la vida.

En 1936 Hedy está en Berlín, es muy joven, y rueda su primer papel protagonista en una peli que se titulará “Éxtasis”, en ella, el director se empeña en que salga totalmente desnuda corriendo por un bosque y que nade, en traje de Eva (qué cursilada) en un lago. Ese fue el primer desnudo integral del cine. No tenía ningún sentido para la historia rodada, pero lo que pretendían, claro, era hacer un descarado reclamo.

¿Exigencias del guión? en Éxtasis, 1933


Poco después, casada ya con Mandl, el empresario vendedor de armas nazi intentó hacerse con todas las copias de la película y destruirla. Mandl la tenía en una jaula de oro,Hedy quería escapar pero su esposo-captor la tenía bien controlada, hasta que maduró un plan que la permitió marchar a París, donde consiguió el divorcio, de allá a Londres y de Londres a California, vía el magnate Louis B. Mayer.

Los señores Mandl

En Londres Lamarr y Mayer no llagaron a un acuerdo. Lamarr se las ingenió para viajar en el mismo barco que el magnate de la Metro y allá ella consiguió su contrato. Por cierto que fue el mismo Mayer, en dicho viaje, el que apellidó Lamarr a la divorciada señora Hedy Mandl.

Hedy Lamarr en la supuesta autobiografía “Éxtasis y yo”, supuesta porque por lo visto había algún negro literario que se dedicaba a intercalar escenas picantes en el libro que, sin saberse ciertas o falsas, cabrearon como una mona a la siempre elegante figurada autora, cuenta sus inicios extraños en la Metro y cómo Éxtasis, aquella peli en que corría en pelotas, censurada en los siempre mojigatos EEUU, le confería una capa de escándalo. No querían presentarla como una chabacana guarra europea, que es lo que solían (¿Suelen?) pensar los yankees de las mujeres liberadas del viejo continente. Por fin pudo rodar “Argel” con el estirado, lo dice ella, Charles Boyer. Es curioso que las grandes estrellas de los estudios, a menudo solían ser europeos. El propio Boyer era francés, y su rival en tantos papeles, Ingrid Bergman, sueca. Argel fue un exitoso trampolín.

Argel, su primer éxito americano con el francés Boyer

Y así comenzó su vida hollywoodiense, haciendo pelis por contrato con la Metro de Mayer, a menudo, mediocres, asistiendo a fiestas y convirtiéndose en amiga de ese irresistible borracho y adicto al sexo que era Errol Flynn, en cuya mansión había toda serie de mirillas para saciar el hambre de voyeurismo del hipersexuado tasmano. Además de rodar y asistir a fiestas con las celebridades de una industria en pleno auge, Hedy Lamarr comenzó a coleccionar maridos. Le dio por casarse sin pensarlo con un guionista, un actor, un hostelero, un petrolero texano y un abogado en todo su periplo vital, amén de mantener varias relaciones sin vínculo matrimonial, incluidas algunas amantes femeninas, según su autobiografía aunque a Lamarr, esto, que debió escribir su negro, no le hizo demasiada gracia.

Cabe recordar que Hedy Lamarr, huida de Europa por un matrimonio con un rico industrial cruel, que, a su vez, mantenía negocios con Hitler o Mussolini, era de una rica familia judía vienesa. En cuanto el ambiente se enrareció en su lugar natal, sacó a su madre de aquel infierno nazi y antisemita. Sin embargo, a los ojos de los norteamericanos, Lamarr era austríaca y, aunque el comienzo de la segunda guerra mundial no suponía nada para los yankees, aún, no se fiaban demasiado de alguien de aquella zona. Esto viene a colación del invento patentado por la señora Lamarr, que firma como Kiesler, su verdadero apellido, y el músico George Antheil.

Dos artistas y genios de las telecomunicaciones

Hedy Lamarr, que debía tener un coco estupendo, realizó estudios de ingeniería que no pudo acabar porque su rico marido filonazi, Mandl, se lo prohibió. En una fiesta en Hollywood conoció al brillante pianista George Antheil, alemán huido de su tierra. Hablando, hablando, patentaron un sistema de encriptación de mensajes mediante un salto de frecuencias, y esta patente se la quisieron regalar al ejército estadounidense, ya en guerra, los americanos entraron a muy finales del 41, otra vez a media guerra, para sacar los beneficios. El ejército, no se sabe si porque eran civiles, “artistas” y encima, del país de Hitler, aparcaron el tema y conminaron a Lamarr a que se dedicara a sacar pasta para el ejército, si de verdad quería hacer algo, así que se dedicó a recaudar fondos mediante besos y cosas como estas junto a actrices como Bette Davis.

Señora, déjese de inventos y venda besos

Durante los años 40 Hedy Lamarr se convirtió en una auténtica estrella del cine. Podía rechazar papeles e, incluso, desafiar a Louis B. Mayer y romper contratos con él. En su autobiografía cuenta su gran estrategia para conseguir que Cecil B. DeMille la fichara para ser su Dalila en esa historia bíblica en la que un cretino que no sabe guardar secretos (Sansón, interpretado por el cara difícil de Victor Mature) con mucho músculo, pero poco cerebro, se carga el templo de los filisteos con él dentro. Una película de la que ya habló, conmucha gracia y discernimiento, Doctora.

El tiempo no perdona en Hollywood, sobre todo a las mujeres, y, aunque la siempre supuesta autobiografía de la señora Lamarr debió ser escrita en su aún espléndida madurez, no nos cuenta que, después de un gran éxito y una gran fortuna, la ruina la llevó a vivir muy modestamente.

Hedy Lamarr murió en el año 2000 y jamás supo que su patente de encriptación de mensajes para teledirigir torpedos sirvió de base para desentramar el sistema de telecomunicaciones que usamos hoy día. Fue la base del Bluetooth y del tan utilizado sistema wi-fi. Como aporta Guillermo Balmori a modo de epílogo en la reciente edición española de “Éxtasis y yo” Se debe a Google en uno de sus Doodle, esos dibujitos conmemorativos del día internacional, en este caso de los inventores, del 9 de noviembre del 2015, justo en el 101 aniversario de esta actriz, también inventora, colocaba a Hedy Lamarr como la madre del sistema wi-fi. (De Antheil no sé si se dijo nada). Eso suscitó un aluvión de artículos en prensa, radios, blogs sobre el curioso hecho.

La actriz y sus bocetos

Hedy Lamarr está enterrada en Viena donde su hijo pudo, por fin, llevarla en el centenario de su nacimiento, cuando se dieron cuenta de que Hedy Lamarr no sólo fue una buena actriz de una belleza arrebatadora, sino que, además, era una brillante ingeniera que desarrolló la base científica por la cual me podéis leer desde vuestros terminales móviles.


Así reza en su tumba: “Las películas tienen un efímero lugar en un momento concreto. La tecnología es para siempre."

Podéis sumergiros en sus aventuras dentro de este libro:



"Éxtasis y yo", de Hedy Lamarr. Publicado por Editorial Notorius.

viernes, 30 de junio de 2017

NEVER COMPLAIN, NEVER EXPLAIN


Katharine Hepburn, mirada sabia y decidida, protagonizando una adaptación teatral de Jane Eyre. 
Naciste en el seno de una familia aristocrática, cuyos antepasados llegaron a Estados Unidos en el Mayflower desde la vieja Inglaterra.

La segunda de seis hermanos,criada por unos padres liberales donde el activismo feminista formó parte de tu "afortunada educación".

Un hecho desgraciado ocurrido durante tu preadolescencia transformó tu carácter, haciéndote tímida y desconfiada del mundo. Lo observabas con ojos desbordados de vida interior desde tu esquinado dolor. Pero, como solo lo consiguen las grandes, sobreviviste a estos obstáculos derramando fortaleza decidiendo no pasar por la vida de puntillas, sino decidida y enfilada .

Desde niña me sedujo tu mirada limpia y segura, tu forma decidida de caminar propia de una raza apanterada, con tus desafiantes pantalones abrazados a una cintura de avispa, que te encargaste de adoptar como pieza clave e identificativa.

Te convertiste en símbolo de un feminismo atípico difícil de encasillar, dueña de ti misma, defensora a ultranza de tu vida privada, exclusiva y muy selectiva con tus relaciones, una verdadera ronin, pero al mismo tiempo hiciste chirriar ciertos engranajes mentales cuando tomaste la decisión de entregarte por completo y sin remedio a un amor imposible. Pero, como tú  misma afirmaste: «Si le hubiese dejado, los dos habríamos sido desgraciados».


«Señor Tracy, no es usted tan alto como esperaba»,  le espetó Kate nada más conocerse, con una mano izquierda más bien larga.
Te anclaste en cuerpo y alma a Spencer Tracy, de personalidad complicada, parco en palabras, seco, pero quien te comprendió mejor que nadie y respetó tu nada corriente forma de ser. Completamente rendidos y alejados de convencionalismos sociales, fuisteis apoyo mutuo, dos bichos de compleja rareza en permanente peligro de extinción.

Lucías con naturalidad tus rasgos hermosos, sin apenas maquillaje, de mirada cautivadora, fascinante, displicente con lo establecido por el viejo Hollywood, libre para moverte por voluntad propia, prescindiendo de anclajes. No te arredraste ante los magnates de Hollywood, aunque tuvieras a veces que dorarles la píldora para mantener tu ambivalente feminidad, porque eras tan gran artista como astuta y peleona mujer de negocios. Como dijo tu principal biógrafo A. Scott Berg, si alguna vez te rebajabas era para conquistar mejor.




                                              



Te llamaron Kate “la arrogante”, hasta que tu egoísmo tan delatado y declarado casi con orgullo por ti misma, se vio tumbado por el verdadero amor y comprendiste, afirmaste que en esta vida «es más importante amar que ser amada».

Ganaste cuatro oscars y fuiste de las pocas actrices que se atrevió a desafiar, con tu eterno peinado y mirada penetrante, (casi de niña rebelde), el reflejo de la edad en los espejos.



Querida Kate, creadora de dentro hacia fuera, instintiva, espontánea, versátil, veloz para sincronizar palabra y gesto hasta el punto que quienes te daban la réplica te seguían casi sin latido, se entregaban, daban lo mejor de sí mismos frente a ti; porque, querida Kate, eres de esas mujeres que aumentan la talla del contrario, frente a ti no queda más alternativa que crecer o desaparecer.



          



Cuando te enfrentabas al público en el teatro, hacías de tu interpretación un acto natural y sencillo, aunque se tratara de algo sencillamente complicado, como Shakespeare o Tennessee Williams. Adaptabas tu genio al genio de los autores y sus personajes.

Hubo quien vio contradicciones en ti, y especialmente no entendían como una persona tan libre podía ovillarse como una niña a los pies de Tracy. Pero vuestras miradas estaban a la misma altura. Vuestros ojos fueron siempre cómplices y complementarios. Entendiste que no tenías que dar explicaciones de tu vida, y así fue.

A tus 74 años, fue un regalo inesperado verte En el estanque dorado junto con el maravilloso Henry Fonda, combinando unas interpretaciones que rozan  la perfección. Un viaje delicado y precioso hacia las más profundas entrañas de la madurez, el viaje que todos haremos irremediablemente, con mayores o menores fortuna y pericia. Tu último gran trabajo.


En el estanque dorado es una película dirigida por Mark Rydell con Henry Fonda y Katharine Hepburn,
 Año: 1981.

Más de veinte años después, el 29 de junio de 2003, nos abandonaste. Nos dejó la “primera dama”, nuestra Jo en Mujercitas, Eva Loveace en Gloria de un día, Susan Vance en La Fiera de mi niña, María Estuardo en María de Escocia, Tess Harding en La mujer del año, Amanda en La costilla de Adán, Rose Sayer en La reina de África, la apasionada Jane en Locuras de verano, Leonor de Aquitania en El león en invierno, Ethel en En el estanque dorado... y tantas otras que habitarán siempre en un lugar privilegiado de la historia del cine escrito con mayúscula.

No diste explicaciones de nada y a nadie, como tampoco te quejaste de nada. Única responsable de tu vida y de tus sueños, te llevaste todo cuanto pudiste, desechaste cuanto te molestaba. Never complain, never explain: no sé si fue tuya la frase, pero en todo caso fue tu lema, tanto de tu vida como de tu obra, no juzgar a las personas más que por sus actos. Algo tan atípico en nuestros días, que no puede sino dejarnos fascinadas cada vez que tu imagen en movimiento y tu voz se cruzan en nuestras pantallas.





                      Dedicado a l@s Zinéfilaz que adoramos a la Hepburn.

                                            
                                                                      Mª Ángeles Lorente