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viernes, 27 de febrero de 2026

La tarta del presidente

Tenía ilusión por ver esta película que se me escapó en el festival de Donostia. A mi compañera de Niudemones le encantó. Me interesan las películas que cuentan historias terribles a través de niños, lo que siempre le añade un toque de inocencia y de ternura que permite soportar los horrores. Recuerdo con emoción Las tortugas también vuelan, de Bahman Ghobadi, que ganó la Concha de Oro en 2004. Esta es la ópera prima de Hasan Hadi, un director de cine iraquí que muestra la dureza de la vida en el Irak de los años 90. Después de la Guerra del Golfo, la ONU impuso duras sanciones a Irak y el país sufrió un colapso económico y, como consecuencia, escasez de todos los productos básicos, corrupción y una población asfixiada por las circunstancias que se busca la vida como puede. En ese entorno, Lamia, una niña de nueve años que vive con su abuela, es la “afortunada” ganadora del sorteo que organiza su maestro y está obligada a hacer una tarta para celebrar el cumpleaños de Sadam. Por supuesto, eso se convierte en una tarea casi imposible. Conseguir huevos, harina y azúcar no está al alcance de la pequeña. Al día siguiente su abuela le propone un viaje a la ciudad donde la niña pasará el día, acompañada de su gallo y de su amigo Said, intentando conseguir los ingredientes para la tarta. Lo primero que me llamó la atención fue por qué el director sitúa la historia en esa época, no parece obedecer a un interés de denuncia. He leído en una entrevista que Hasan Hadi tenía aproximadamente la edad de la protagonista en aquella época y muchas de las cosas que aparecen están basadas en sus propios recuerdos. Cree que esa época de bloqueo cambió la sociedad iraquí y sus efectos aún siguen presentes. Afectó al tejido social, cambió la moral y extendió la corrupción. De hecho, los adultos que aparecen en la historia son, en su mayoría, crueles, malvados o indiferentes. Solo los niños mantienen la pureza, aunque también la situación les afectará y provocará que en algún momento muestren crueldad. Habría que reflexionar sobre utilizar el bloqueo como castigo a gobiernos, cuando quien realmente lo padece es el pueblo. Ha debido ser muy complicado el rodaje. Irak no tiene tradición cinematográfica y conseguir permisos era tan difícil como para Lamia conseguir azúcar. Tampoco resultaba sencillo encontrar técnicos o alquilar los equipos que necesitaban. La fotografía es maravillosa, tanto en las marismas donde viven Lamia y su abuela, como en la ciudad por callejas y mercados. Los actores no son profesionales y los dos niños, sobre todo Lamia, son un hallazgo. Tienen unas miradas que te traspasan y transmiten bien un deambular inocente en medio del caos que les rodea. Por lo visto, los padres de la niña no estaban nada de acuerdo en que su hija apareciera en una película y al director le costó mucho trabajo convencerles. La película ha cosechado varios premios, como la Cámara de oro a la mejor ópera prima en Cannes. Y, con todo, a mí me ha decepcionado. Quizás por exceso de expectativas, me resultaba demasiado naif, como si los actores adultos actuaran como muñecos de un guiñol, no conseguía creerme ninguna de las situaciones. No me he aburrido, he disfrutado de las imágenes y el tema me interesa, pero no ha conseguido emocionarme, me sentía muy alejada de lo que contaban.

viernes, 6 de febrero de 2026

Hamnet

Quiero comenzar recomendando a los que no hayáis leído la novela de Maggie O´Farrell que la leáis sin falta. Una singular historia de amor entre William Shakespeare y su esposa, Anne o Agnes Hathaway, en la que, sorpresa, la protagonista es ella. El libro otorga voz y una atractiva personalidad a una mujer fuerte y original, completamente ignorada por la historia, que quizá fuera decisiva en la carrera del dramaturgo. Amor y duelo. Rebeldía y genio creativo. Si le añadimos la maestría indiscutible de O´Farrell y el trenzado con el drama «Hamlet», resulta una de las grandes novelas del siglo. Atrapa de tal manera que importa muy poco cuánto hay de rigor histórico y cuánto ha sido inventado por la novelista. Probablemente casi todo, da igual. El respeto por la novela de la directora del film, Chloé Zhao, fue tan extremo que se negó a dirigir la adaptación si Maggie O´Farrell no escribía con ella el guion y, por suerte, lo hizo.
La película también me ha impactado. Con unas herramientas completamente diferentes consigue transmitir sensaciones muy parecidas. El lenguaje rico y adornado de Maggie O,Farrel, que en la novela evoca un exquisito bordado con delicados hilos y los colores más sutiles, se transforma en imágenes igualmente sensoriales en las que la palabra, sin embargo, tiene poca relevancia. Chloé Zhao apuesta por un sonido evocador e inmersivo a base de trinar de pájaros, zumbar de insectos —la naturaleza es un elemento esencial en la historia—, risas, jadeos, respiraciones y una excelente banda sonora de Max Richter, al que pidió que incluyera un tema que ya había aparecido en «La llegada» y en «Shutter Island», a la directora le daba igual que no fuera original porque era magistral. El segundo elemento mágico es la fotografía, tanto en el tratamiento de los paisajes y verdes de la naturaleza —salvaje pero bienhechora, omnipresente en la cinta—, como en el simbolismo del color en las ropas de los protagonistas: para ella rojo o negro, dependiendo de su momento vital; un elegantísimo azul grisáceo para él, que también se torna en gris oscuro cuando se requiere. Me ha recordado a la impactante fotografía de la película «Emily», sobre la escritora Emily Brontë. El tercer acierto es la elección de la pareja protagonista: Jessie Buckley y Paul Mescal encarnan a Agnes y William no solo con carisma y verosimilitud, consiguen transmitir también el silencio, lo que no se explica, la parte oscura. Es así mismo remarcable la actuación de Emily Watson como madre del escritor y de las jóvenes actrices Bodhi Rae Breathnach, como Susanna, y Olivia Lynes como Judith, las dos hijas de la pareja. Y merecen una mención especial los hermanos Jupe: Noah encarna a Hamlet y el pequeño Jacobi, a un inolvidable Hamnet. La representación teatral dentro de la película transporta a las maravillosas adaptaciones de Kenneth Branagh. ¡Cuánto Shakespeare nos enseñó ese hombre! Tengo que confesar que lloré un montón en el cine porque trata el duelo sin anestesia. Muestra cómo la muerte nos arranca no solo a nuestros seres queridos, sino una parte enorme de nuestras vidas; no nos permite seguir siendo los mismos. Su dolor te atraviesa. Lo vives con ellos, lo sufres con ellos. Pero también su alegría, su romance, su paternidad y maternidad, sus ilusiones, su talento, su capacidad de comprender y de crear belleza… Si salís del cine tan tristes pero arrebatados como yo, os reconfortará el baile que montaron tras el rodaje. No os lo perdáis. Hamlet o Hamnet esa es la cuestión. Almudena Fernández Ostolaza.

viernes, 14 de noviembre de 2025

ROMERÍA

Me gusta Carla Simón. Me han gustado sus tres películas basadas en su propia historia y muy bien contadas. He leído una entrevista a Alba Flores (la hija de Antonio Flores) en la que decía que en su generación hay muchos huérfanos por la droga y el SIDA y que es una historia pendiente de contar. Lo decía con motivo del documental que ha hecho sobre su padre. Efectivamente, hay mucho dolor y mucho secreto en esos años y quién mejor que los hijos de esa generación para contarlo. Recuerdo esos años como algo terrible desde mi trabajo como enfermera. Teníamos montones de jóvenes ingresados con enfermedades extrañas, aún no sabíamos ni qué era aquello. Fue el inicio de la utilización de guantes (antes solo se utilizaban en técnicas estériles o en algo muy muy sucio). Cuando se empezó a conocer la enfermedad, poníamos pegatinas rojas en los volantes y los tubos de sangre de los “sospechosos”. Llevo tiempo extender las precauciones universales y dejar de tratarlos como apestados. Había miedo, dolor y vergüenza. En los colegios, ante la sospecha de un niño seropositivo, había reuniones de padres a las que iban los responsables de sanidad. Y la angustia de ver tantos jóvenes que se te iban con un final terrible. Fue muy duro y aprendimos muchas cosas, como la importancia del respeto y la privacidad y que siempre hay algo que se puede hacer por un paciente terminal, para aliviar y consolar. Pero no quisiera volver a pasar por algo parecido. También he sido testigo de cómo muchas madres perdieron a sus hijos y tuvieron que hacerse cargo de sus nietos, pero la historia de esos niños no me ha tocado de cerca, por eso me interesan mucho las cosas que cuenta esta directora. En Romería, vemos a Marina, una joven de dieciocho años, que llega a Vigo para conocer a la familia de su padre que murió de SIDA cuando ella era un bebé. Se encuentra una familia como todas, con luces y sombras, quizás más sombras de lo habitual, pero esas historias marcan y dejan huella. Tío, primos, abuelos. La película tiene una especie de capítulos y uno dice ¿Tener la misma sangre te convierte en familia? Solo con pequeños gestos, apreciamos las tensiones, las rivalidades, lo frágil que es la memoria y cómo distorsionamos nuestros recuerdos. Marina tiene el diario de su madre de esos años, cuando piensa que va a comerse el mundo, viajar en velero a Perú, aprender astrología y bailar desnuda en las playas de las Cies con el amor de tu vida. Sentí una tristeza terrible por esa generación que también es la mía, por todas esas vidas truncadas, por esos padres y madres destrozados y a veces avergonzados y esos hijos huérfanos. Me parece que está muy bien elegida la edad de la protagonista, que ya no es una niña, pero conserva mucha inocencia, que necesita saber, que tiene curiosidad, que sufre, pero también es capaz de reírse, jugar con sus primos o disfrutar del mar. Y esa familia, que de entrada te parece horrible, pero que poco a poco ves que la gente hace lo que puede con los recursos que tiene. Llúcia García encaja perfectamente en el papel, que en su caso es doble porque representa a Marina y a su madre tal como ella la imagina por los diarios, lo que incluye escenas difíciles, como estar hecha polvo con el mono. Hay que considerar que es su primera experiencia como actriz, de modo que podemos esperar muchas cosas de ella. Todos los demás intérpretes también están muy bien. Carla Simón ha dicho que ahora va a dejar a su familia tranquila una temporada, pero seguro que, haga lo que haga, lo hará bien.

viernes, 20 de junio de 2025

Sirat

Aunque no soy de las que se emocionó con O que arde, fui con expectativas altas a ver Sirat: Premio del Jurado en Cannes, excelentes críticas, ¡incluso le gustó a Boyero! Bueno, no es fácil resumir en pocas palabras esta película. ¿Me ha gustado? Gustar no es un verbo que acompañe muy bien a Sirat. Me ha impactado, me ha sobrecogido, me ha emocionado, pero ¿gustar? Ya habréis leído la sinopsis: un padre (Sergi López) y su hijo (Bruno Núñez) aparecen por una rave en Marruecos buscando a su hija y hermana, de la que no saben nada hace seis meses. La joven es aficionada a este tipo de fiestas y con una mochila llena de fotos, padre e hijo (Luis y Esteban) emprenden un viaje en su busca. La película es muy potente visualmente, los paisajes son impresionantes y vives totalmente la historia. No he estado en una rave en mi vida, pero Oliver Laxe consigue meterte en ese ambiente que, al menos para mí, resulta totalmente ajeno. La historia comienza como una road movie. Luis y Esteban deciden seguir a un grupo de ravers que van a otra fiesta al sur del país, cerca de Mauritania. Antes de emprender el viaje, se empiezan a ver algunos aspectos que indican que algo pasa en el mundo: el ejercito desaloja la fiesta, en la radio se oyen noticias que hablan de una guerra mundial. Pero los protagonistas permanecen ajenos al mundo exterior, viven por y para su propia historia. Vas siguiendo el viaje como si tú también te hubieras tomado algo. No se oía ni una tos en el cine. Y de pronto, todo toma una deriva apocalíptica y entiendes el sentido del título: en la cultura musulmana, Sirat es un puente entre el paraíso y el infierno, estrecho como un cabello y afilado como una espada. Y por ahí van a transitar los personajes de la película durante el resto de la historia. Quizás es mejor ir a verla sin saber nada, que te coja por sorpresa, pero es imposible comentarla sin hacer referencia a que es sobrecogedora. Los actores están maravillosos, tanto Sergi López y el niño Bruno Núñez, como todo el grupo de ravers, que no son actores, sino que pertenecen a ese mundo. Al salir del cine, estaba desconcertada. Pensaba ¿qué nos ha querido contar el director? He buscado entrevistas que le han hecho y, si queréis que os diga la verdad, creo que no vamos a ser amigos. Tiene un discurso sobre que el cine se ha banalizado, todo es entretenimiento de ver comiendo palomitas o en el sofá de tu casa y él pretende hacer historias conmovedoras, que te remuevan por dentro, que te sacudan. Hasta ahí bien, compro cine solemne, pero un director que dice cosas como “hay una dimensión de servicio en mi obra y me parece sano invitar al espectador a este ceremonial que es Sirat” me irrita, no lo puedo evitar. O perlas como esta: “Tengo intenciones y hay un propósito masculino de expresar cosas, de ejercer de autor y poner mi falo encima de la mesa, pero luego confío en las imágenes y en su dimensión sutil, polisémica, esotérica, lírica o femenina”. Me parece estupendo hacer cosas profundas, solemnes y cargadas de significado, pero prefiero que la persona que está detrás sea más humilde, más sencilla. Porque hay algo de esa grandilocuencia que se cuela en la película y pese a ser grandiosa y espectacular, para mí tiene algo que rasca, que no me acaba de gustar. Con todo, os animo a verla porque tiene méritos suficientes y a lo mejor no compartís mi punto de vista. Mira lo famoso que se ha hecho Lars Von Trier y, si yo fuera productor, no habría hecho ni una peli conmigo. Un último comentario, sesudo como todos los míos: si me pierdo, no me busquéis nunca en una rave.

viernes, 21 de marzo de 2025

A complete unknown

No soy una fan entregada de Bob Dylan, pero no hay duda de que ha sido un hito para nuestra generación. De hecho, viendo la peli, me di cuenta de que me sabía la mayor parte de las canciones en catalán y me recordaban mis remotísimas (y breves) épocas de montañera. Este cantante forma parte de la banda sonora de nuestra vida y tenía ganas de ver qué tal se le daba el personaje a Timothée Chalamet. A perfect unknown narra la época desde la llegada de Dylan a Nueva York con diecinueve años hasta su polémica actuación en el festival de folk de Newponrt. La película está dirigida por James Mangold, que también es el guionista junto con Jay Cocks, y está basada en el libro Dylan goes electric de Elijah Wald. No he visto muchas películas de este director, pero Indiana Jones y el dial del destino me encantó. La verdad es que esta producción ha estado gafada: han tardado cinco años en terminar un proyecto que empezó en 2020. Les ha pasado de todo: primero el COVID paralizó el proyecto; cuando se retomó en 2023, comenzó la huelga de actores y guionistas. Durante todo este tiempo, Chalamet aprovechó para aprender a tocar la guitarra y a cantar y el resultado, tanto suyo como de Monica Barbaro en el papel de Joan Baez, es impresionante. De Chalamet ya sabíamos sus capacidades por Wonka, pero te parece estar escuchando a Dylan. Y Monica Barbaro es impresionante, tiene una voz preciosa. La película no ha conseguido ningún Oscar, pese a tener varias nominaciones, pero este año había muy buena cosecha de películas. Yo, la verdad, le hubiera dado el de mejor actor. Supongo que porque The brutalist no me gustó y me parece que Adrien Brody siempre hace de Adrien Brody y Timothee Chamelet tiene muchos registros y en todos está bien. Creo que me enamoré de él en Call me by your name, una película maravillosa en la que él bordaba su personaje. La película solo narra unos pocos años de la vida de Dylan a principios de los sesenta, cuando pasó de ser un perfecto desconocido a triunfar en todo el mundo. Me parece que está muy bien ambientada, he sentido que hacía un viaje atrás en el tiempo y así me imagino el aspecto de Nueva York en esa época y los festivales de folk a los que tanto nos hubiera gustado asistir. La verdad es que el personaje de Dylan resulta insoportable. Un hombre absolutamente centrado en si mismo, un artista genial, pero un novio o amigo fatal. Su relación con las mujeres es desastrosa. Sylvie Russo (personaje basado en Suze Rotolo) está muy bien interpretada por Elle Fanning y se hace extraño que en ningún momento de la historia le de a Dylan con la guitarra en la cabeza. La parte del conflicto que resulta de utilizar elementos eléctricos en el festival folk, lo que es visto como una traición por la organización y gran parte del público, es lo único que resulta muy comprensible. El cantante está harto de que le encasillen y le obliguen a cantar Blowing in the wind por millonésima vez, cuando él quiere experimentar e innovar.

sábado, 25 de mayo de 2024

Cine y Derechos Humanos

Este año se ha celebrado la XXI edición del Festival de Cine y DDHH en San Sebastián. Como es tradición, fuimos con unos amigos a la sesión inaugural. A nosotros nos gusta sentirnos de esas personas que están en todas las alfombras rojas, pero como somos pobres solo nos podemos permitir las de este tipo de festivales. Cualquier día nos llaman de Cannes o de Venecia, pero de momento aquí estamos. Este año dieron un premio por su trayectoria a Fernando León de Aranoa, director del que soy muy fan. Dio un buen discurso. No así Benito Zambrano, cuya película El salto interpretada por Moussa Sylla, Edith Martínez-Val, Eric Nantchouang y Nansi Nsue abría el festival. El hombre estuvo poco acertado y con un discurso mucho más largo de lo deseable. La película tampoco me gustó, pese a tocar un tema interesante y doloroso como es la entrada de migrantes saltando la valla de Melilla. Para empezar, tiene un comienzo muy maniqueo, con pobres africanos buenísimos y el resto malísimos. Además, los protagonistas hablan en español, lo que hace los diálogos muy forzados y poco creíbles. Lo único que me gustó es la última parte de la película, desde que los protagonistas llegan al monte Gurugú y el salto de la valla. Ahí si te metes en situación y se te ponen los pelos de punta.
La segunda elegida fue Matronas, dirigida por Léa Fehner e interpretada por Khadija Kouyaté, Héloïse Janjaud, Myriem Akheddiou, Quentin Vernede y Tarik Kariouh. Es una película entretenida, pero no me resultó muy verosímil. Tengo que decir que yo imaginaba una película sobre matronas en algún país africano y está situada en un hospital en Francia. Dibuja un escenario de estrés permanente, una terrible sobrecarga de trabajo y unas condiciones penosas. No conozco los hospitales franceses, pero no imagino un hospital europeo que trabaje en unas condiciones tan terribles y extremas. En cualquier caso, bien está si es para defender la sanidad pública.
La tercera ha sido mi favorita de mi experiencia festivalera: Subject, dirigida por Jennifer Tiexiera y Camilla Hall. Es un documental sobre la ética en los documentales. Muchas veces se tratan temas sensibles, que afectan mucho a la vida de los participantes. Estos dan su consentimiento con la idea de hacer pública su verdad, pero en realidad es el director quien decide qué y cómo se cuenta. Los sujetos entrevistados provienen de cinco documentales: The Staircase, Hoop Dreams, The Wolfpack, Capturing the Friedmans y The Square.
Es probable que os suene la historia de The staircase porque recientemente HBO lo ha convertido en una serie de ficción. Un hombre fue acusado de asesinar a su mujer. Él sostenía que se había caído por la escalera. Como parte de su defensa, aceptó grabar un documental en el que aparecían todos sus hijos. En Subject aparece el hombre y una de las hijas, que era una adolescente en la época en que sucedió todo. Ese documental ha tenido un impacto terrible en su vida. ¿Hasta qué punto una adolescente puede tomar una decisión así? Hoop dreams es un documental de 1994 que muestra la vida de un grupo de chicos negros de un barrio marginal en EEUU que juegan a baloncesto con la esperanza de llegar a la NBA y salir de la miseria. Director y guionista eran blancos de clase media, lo que es cuestionado por algunos profesionales negros que consideran que es una forma colonialista de contar un problema. The Wolfpack, rodado en 2015, cuenta la historia de los hermanos Angulo, siete jóvenes que vivían encerrados en casa por su padre y que veían películas continuamente para no aburrirse y después se hacían disfraces y las recreaban. Una casualidad les hizo toparse con la directora que estuvo cuatro años con ellos. El documental obtuvo el premio del público en Sundance. Uno de los hermanos, que parece el líder del grupo, parecía bastante satisfecho por la experiencia vivida. Capturing the Friedmans es una historia terrible. Un hombre y su hijo son acusados de pederastia y acaban en la cárcel, donde el padre se suicidó. El joven estuvo trece años en prisión. Este hombre es el que aparece en Subject y da la impresión de ser una persona destrozada. No queda claro el efecto que grabar Capturing the Friedmans tuvo en su vida. El protagonista de The Square nos cuenta las consecuencias que tuvo para él el participar en el documental que nos muestra las revueltas de la Primavera Árabe en Egipto. Me quedó la sensación de que debería de haber un comité ético al que se presentaran los guiones de los documentales, como en los ensayos clínicos o en los estudios cualitativos. Resulta sobrecogedor ver algunas de las consecuencias. Por otra parte, también me entraron ganas de ver todos los documentales, que eran historias muy potentes. De esas películas que te dejan pensando días y días. Para terminar, vi Dieu est une femme de André Peyror.
Es una historia maravillosa, aunque, en mi opinión, no muy bien contada. En 1975 el director francés Oscar Pierre-Dominique Gaisseau viajó a Panama donde estuvo un año conviviendo con los indios Kuna que habitan unas islas en la parte caribeña del país. Después el director enfermó, se quedaron sin dinero y el banco se quedó los rollos. Los kuna nunca vieron la película. Cincuenta años después, aparece una copia en París y se organiza un pase al que asistirán los que aparecían como niños o jóvenes. Como veis, es una historia preciosa, pero el director se desparrama en diferentes aspectos: la falta de respeto que supone tratar a los kuna como meros sujetos de interés antropológico, la pérdida de la cultura y la lengua kuna, los recuerdos de los que participaron y el plan de proyección de la película. El conjunto pierde fuerza. Con todo, me resultó interesante y pasé un buen rato. La verdad es que este festival es una buena ocasión para ver películas que no suelen estar en los circuitos comerciales y, aunque a veces son muy duras, estar bien reflexionar un poco sobre tantas injusticias como nos rodean.

viernes, 3 de mayo de 2024

Anatomía de una caída

Soy fan de la ficción en torno a los tribunales de justicia, tanto en el cine como en la literatura. Me han apasionado a lo largo de los años novelas, pelis y series, desde las clásicas Matar un ruiseñor o Anatomía de un asesinato hasta las más recientes, el El caso Collini, Hierro o The good fight, pasando por el boom del thriller judicial estadounidense de los 90, John Grisham, Scott Turow, etc... La extraordinaria película de Justine Triet —ganadora de un Oscar, la Palma de Oro y no sé cuantos merecidos premios más— es una ficción judicial completamente distinta. No tiene ni una sola concesión al tono entre épico y divulgativo que como un envoltorio de regalo suele acompañar a estas obras. Tampoco se sirve del suspense. Es una exposición realista de cómo el proceso judicial puede invadir, devorar y arrasar la vida de quien tenga la mala suerte de verse envuelto en él. Como una bomba que te explota en la cara. Con esto no quiero criticar el proceso o sus formas, al revés, defiendo el desempeño cotidiano de los jueces —inmenso, anónimo e invisible—, lo que digo es que la película tiene el acierto de mostrar la realidad en toda su crudeza y sin adornos. El impacto, el desasosiego, el malestar, incluso la preocupación que provoca se construyen con elementos dispares. La música. Concebida para crear malestar. Prescinde de un acompañamiento musical de fondo para embellecer el conjunto, ya que, salvo alguna pequeña excepción, solo hay música diegética (la que los personajes también escuchan porque forma parte de su realidad). Pero, además es desagradable, ya sea por el volumen —en una de las primeras escenas— o por la repetición cuando Daniel toca el piano. Expresión de su rabia y desconsuelo, de la imposibilidad de asumir lo que le sucede. El niño. El actor Milo Machado realiza una interpretación maravillosa de Daniel. Es un personaje situado en el centro de la pesadilla del torbellino judicial y su afán es comprender. ¿Cómo va a comprender lo que los adultos no son capaces ni siquiera de expresar, no digo ya explicar? Inspira muchísima ternura y a la vez su presencia en el juicio es profundamente dolorosa y perturbadora para la protagonista. La protagonista. La actriz Sandra Hüller encarna a Sandra, que es una mujer que puede parecer ambigua porque tiene la virtud de no sentirse en posesión de la verdad. Duda, como todos, pero ella lo reconoce. Tiene planteamientos audaces, generosos e inteligentes y es consecuente con ellos, pero... sin ternura. Es fría y eso no se perdona en una madre y esposa. En algunos momentos me ha venido a la cabeza una película protagonizada por Meryll Streep, Un grito en la oscuridad, sobre una caso real en Australia donde una mujer fue condenada solo porque no daba el tipo de madre desesperada por la pérdida de su hijo. El tribunal: la pérdida de la vida privada. Muestra cómo se estudia hasta el más mínimo detalle de cada palabra, casi hasta los pensamientos: el montaje de la escena de la discusión de la pareja es impactante. Me parece que cae un poco en la parodia cuando pretende analizar los personajes de los libros de los dos escritores; pero lo que sí refleja es que cualquier acto de nuestra vida cotidiana, comentario o lo que sea, fuera de contexto puede ser demoledor. Antes decía que defiendo la labor de jueces y tribunales, y añado que defiendo más aún las garantías procesales: tenemos que evitar que un sistema bien diseñado se lleve por delante inocentes por un mal funcionamiento. Por lo demás, trata de tantos temas que seguro que me dejo alguno: la pareja, la evolución de la pareja, la complicidad, el reproche, el cuidado de los hijos, nuestra ineptitud en el cuidado de los hijos, la culpa, el estar perdido en un momento determinado, el derecho a estarlo, el que los demás no tienen la culpa de que tú estes perdido, la comunicación en la pareja y en la familia... El broche de oro es la pregunta que plantea al espectador. Pero no tiene sentido hablar de ella sin haber visto antes la película. Almudena Fernández Ostolaza.

viernes, 8 de marzo de 2024

Emily

Escrita y dirigida por Frances O´Connor y estrenada en 2022, es una ficción basada en la vida de la escritora británica Emily Brontë. Impacta la interpretación de la actriz protagonista. Emma Mackey es Emily y Emily es la película. La sutileza de sus expresiones faciales y de todo su lenguaje corporal es sublime. Sorprende la cantidad y variedad de emociones, sensaciones y matices que es capaz de transmitir, hasta el punto de conseguir que no solo sepamos lo que piensa, sino que podamos imaginar lo que imagina. (Si bien, no deja de resultar un poco paradójica esa expresividad sin palabras para recrear a una escritora). La película indaga en el mundo emocional de la poeta y novelista. Revela tanto sus afectos —familia, amor y escasas amistades—, como sus temores, en especial una fobia social que, al parecer, padecía. Sus vivencias peculiares e intensas en torno a la literatura. Sus coqueteos con el opio, sus inquietudes como mujer, su rebeldía en defensa del libre pensamiento frente al dogmatismo religioso imperante en la época y, sobre todo, su gran talento y su naturaleza explosivamente creadora. Otro gran logro es la estructura narrativa. Está dividida en cuatro bloques, que sin tener nada que ver con las cuatro estaciones o las cuatro edades, sí resulta fácil ver un paralelismo con esos esquemas. Aunque abarca unos pocos años de la vida de la escritora, todos de su juventud (falleció a los 30), logra mostrar una primera etapa más infantil en la que vive vinculada a sus hermanas y llena de ilusiones de futuro. Una segunda fase de rebeldía juvenil marcada por la influencia de su hermano. En la tercera, la plenitud del amor. Mientras que la última refleja una madurez presidida por el dominio de sí misma. Dentro de cada bloque, las escenas se suceden como si fueran capítulos, con su planteamiento y su desenlace, o como relatos breves, cada uno con una historia para el espectador. Algunas de ellas son poemas, como la de la lluvia o la de las sábanas tendidas. Me parece remarcable la audacia del planteamiento estético. Con una mezcla de elementos de distintos géneros —cuento de hadas, ambientación tradicional de la época victoriana, terror, magia, efectos teatrales...— logra una combinación exquisita de arte y naturaleza en su estado más salvaje. Es la misma dualidad que encarna la propia protagonista y que se advierte en todos los detalles: peinado, vestuario, y atrezzo —máscara, sábanas...—. Además de las artes que explícitamente se muestran —literatura y música— en cada escena se aprecia la belleza y genialidad de las aportaciones pictóricas, una fotografía exquisita y de las coreografías que subyacen en el movimiento de actores y actrices. (No bailan, evolucionan de forma coordinada y armónica). La música merece un comentario aparte. La banda sonora es obra del compositor polaco Abel Korzeniowski y se adapta como una segunda piel a la mirada de Emily. Explica, anticipa, enfatiza, advierte o acompaña en determinados momentos. En otros, simplemente, crea magia. También contribuye a la grandeza del conjunto el resto del reparto. Oliver Jackson-Cohen, que interpreta a William Weightman; Fionn Whitehead como Branwell, Alexandra Dowling como Charlotte y Amelia Gething como Anne, los otros tres hermanos Brontë. No sé, ni considero relevante si la historia se ajusta o no a la auténtica biografía de la escritora, porque sería igual de magnífica si la protagonista fuera de ficción, pero tiene el valor añadido de que al terminarla —un poco abducida, creo que se me nota en el vocabulario de esta reseña— te entran unas ganas incontrolables de releer Cumbres Borrascosas. Almudena Fernández Ostolaza

viernes, 10 de noviembre de 2023

Rojo y Verde: Navidad en la pequeña pantalla

Llega la temporada de las películas que van en rojo y verde, es decir, ese producto a troquel que resultan las películas navideñas para televisión, cuyo pistoletazo de salida ya ha empezado en países como EEUU o Francia, mientras que en España, estarán al caer en cuanto el programador de Antena 3, así lo decida.

Porque aquí no se habla de los grandes clásicos navideños como pueden ser "¡Qué Bello es Vivir!", "La Jungla de Cristal" o "Los Fantasmas Atacan al Jefe", entre otras (y de las que si quieres saber más, puedes ir a este otro artículo de Zinéfilas), hablamos de esos películas producidas por Hallmark Channel, Lifetime o los grandes del streaming como Netflix o Prime, que supone un gigantesco negocio que alimenta nuestras sobremesas (y siestas) en esta época.

Sí, lo mejor es que como toda película "de tarde" de las del tipo amable (las de niñeras psicópatas, las dejamos para otra ocasión), tienen una trama muy parecida a las del resto del año, que se puede resumir de la siguiente manera:

  1. Joven urbanita y estresada acaba de vuelta en su pueblo de infancia o en uno cualquiera por accidente.
  2. Conoce a muchacho rústico, pero amable y atento, con el que se pelea o se lleva bien, y con el que aprende el verdadero significado del amor (y la Navidad en esta época).
  3. Podemos añadir un lugar a salvar/niña o niño tan dulce como inaguantable/granja con caballos mustang/familia graciosa...
  4. Y como es Navidad, pues pongamos una gran cantidad de decorados, dulces y villancicos.
Es realmente sorprendente que con un argumento así, y sus variaciones, siempre tan repetidos, estemos tan dispuestos a invertir nuestra tarde en estos telefilmes (si no están los efecto narcolépsicos de por medio), y sobretodo, parece ya un ritual de Navidad, de ponerlas de fondo, mientras comemos turrón y compartimos momentos con la familia y visitas, pues son las películas que sabes que van a "tener un final feliz" y se las puedes poner tanto a tu abuelita como a tus hijos o sobrinos. Además de la trama, también repiten los actores, a los que ya los hemos visto en otros productos en otras épocas del año, pero esta vez con su jersey verde y su vestido rojo.


Aunque la historia de las películas para la televisión se remonta a los años 50, esta profusión navideña explosionó hace unos 10 años (1). Hallmark, habitual productora para productos audivisuales para el cable,  realizó “Christmas Under Wraps” con la "niña" de "Padres Forzosos", Candance Cameron Bure, y descubrieron su mayor filón en "positividad", "sentimentalidad" y "buenrollismo", lo que dió lugar a un aumento de producciones televisivas por épocas (Acción de Gracias, Halloween, San Valentín...), cuyo cénit es la llegada del 1 de noviembre en EEUU con las películas de Navidad.

Y Hallmark, como hemos dicho, no fue la única que explotó este filón. Otra productora, Lifetime, también está en el "negocio de las películas de tarde festivas", en el que llevan desde hace 20 años, y volvieron con fuerza al de Navidad, en 2016. Como dice una  de sus vicepresidentas senior, Meghan Hooper, este empuje se debió a un mundo cada vez más caótico, y que estas películas, suponen un escapismo maravilloso, especialmente en un negocio cinematográfico, donde las comedias tienen cada vez menos espacio en la cartelera (2). Esto último es especialmente cierto, si hablamos de la tendencia de Hollywood a los superhéroes, las secuelas y remakes, que inundan los cines, aunque es verdad que 2023 parece que muestra un cambio de paradigma con el "Barbenheimer", u obras de maestros clásicos como "Los Asesinos de la Luna" de Scorsese o el "Napoleon" de Scott. En cualquier caso, las "comedias menores" (en el sentido de sus presupuestos), no se dejan ver tanto como antes, siento imposible pensar en tener en un cine "Mientras Dormías" e incluso los grandes éxitos navideños de hace 20 o 15 años como "Love Actually" o "The Holiday". Parece que estas películas ya no tienen cabida, aunque se intentara recientemente con películas como "Last Christmas" (cuyo tono triste la condenaba algo al fracaso, y que acabó en plataformas rápidamente).


Volviendo a las "pelis de tarde", otra característica común, es que son fundamentalmente "conservadoras", aunque la "diversidad" actual, se ha abierto a otro tipo de parejas o propuestas más alejadas de la normalidad clásica navideña o el "tolerado para todos los públicos". Ejemplos de esto son "Happiest Season" o "Single All the Way".

Finalizamos hablando de las plataformas de streaming y este género: claramente la ganadora es Netflix, con una gama amplia en su catálogo y nuevas producciones. Pese a la cantidad de géneros y propuestas (musicales y realities incluidos), así como una gran cantidad de films, los que tienen más éxito son aquellos que se ajustan a la fórmula más tradicional, comenzando por "A Christmas Prince". Luego se evolucionó en películas que además incluyen una protagonista carismática (con éxitos anteriores, pero relegada a la televisión, salvo excepciones): Brooke Shields (A Castle for Christmas), Lindsay Lohan (Falling for Christmas) o Vanessa Hudgens (The Knight Before Christmas o la trilogía The Princess Switch (sólo la primera es simpática)), son ejemplo de esto.

Ahora sólo queda preguntar: ¿Qué película de Navidad disfrutarás junto a los mantecados y polvorones este año? Eso sí, sólo te pedimos que al menos puedas aguantar hasta diciembre antes de ponerla ;)


Carmen R

Fuentes: 
(1) How Hallmark Took Over Cable Television de Sarah Larson: https://www.newyorker.com/magazine/2019/12/23/how-hallmark-took-over-cable-tv
(2) Why are there so many Christmas TV movies? The 'warm and fuzzy’ factor, and more de Kristi Turnquist: https://www.oregonlive.com/entertainment/2019/11/why-are-there-so-many-christmas-tv-movies-the-warm-and-fuzzy-factor-and-more.html

viernes, 2 de junio de 2023

La banda nos visita (2007)

Esta es una curiosa peli israelí del año 2007. A la puerta de un polvoriento aeropuerto de oriente próximo (Por mucho que participen en Eurovisión, Israel está en el mapa donde está) llega un octeto uniformado. Son la orquesta ceremonial de la policía de Alejandría (Egipto).

Cartel con la banda de la poli de Alejandría esperando el autobús.


Llegan a Israel porque han de dar un concierto para la inauguración de un centro cultural árabe de un localidad, pero nadie se ha dignado en ir a recogerlos. Como pueden, uno de ellos, Khaled, busca información y consigue billetes para el autobús de línea que les dejará en el lugar.

Polis de azul celeste y un polvoriento desierto.

Quien sabe si debido a la berrera idiomática, el conjunto musical de la policía alejandrina acaba en un pueblo perdido del desierto israelí donde gracias a Dina, la solitaria dueña de una cafetería local, el conjunto uniformado puede saciar su hambre, descansar y hasta comunicarse, muy someramente, con la población local.

Itzik, Dina y Papi mirando a los forasteros.

Dina convence a Itzik, un vecino, de que se lleve a un par de músicos y ella hace lo propio. Los demás quedan acomodados en la cafetería para pasar la noche, ya que no hay otro medio de transporte. Durante la noche Dina y el teniente coronel Tawfiq comparten intimidades, Itzik se atreve a mostrarse hospitalario con el policía Simon, aunque eso hunda más la crisis con su esposa, y Khaled enseña al apocado Papi a acercarse a una chica.

De derecha a izquierda: Khaled enseñando a Papi cómo acercarse a Yula.

Al día siguiente la banda marcha para dar su concierto en el lugar correcto y las vidas de todos vuelven a lo cotidiano.

Dina aprendiendo qué se siente al dirigir como Tawfiq

Esta peli se estrenó hace un buen puñado de años aunque no es habitual encontrarnos con pelis de países tan pequeños como Israel. La historia es, también, igual de pequeñita pero está contada con un esmero muy digno. Los actores principales son bastante conocidos fuera de sus países. Por cierto, aunque haciendo de egipcios, todos son israelíes, bien descendientes de familias hebreas o árabes.

Simon tiene una sinfonía inacabada.

El papel de Dina lo lleva Ronit Elkabetz, malograda actriz y directora que falleció joven. RonitElkabetz dirigió y protagonizó una soberbia peli llamada "el divorcio de Viviane Amsalem". Puede que algún día hable de esta peli y de lo angustiosa que resulta que una mujer pida el divorcio (Algo casi imposible) en un estado confesional como es Israel, ya que eso de divorciarse en ese país es como aquél coñac viejuno: "Cosa de hombres". La dictadura de los sanedrines rabínicos no es, precisamente, igualitaria en lo que respecta los derechos de las mujeres.

Una cena un tanto incómoda en casa de Itzik.

El papel del teniente coronel Tawfiq Zacharya lo encarna el actor israelí Sasson Gabai. Parece un señor muy envarado y ceremonioso, sobre todo cuando se encara con el joven policía Khales, pero en el fondo es un señor bondadoso. Por cierto, Gabai, en la película que dirigió Elkabetz, hacía de su marido y ahí sí que se le coge manía...Por lo bien que desempeña su papel.

Eran Kolirin, dire de la peli.


Los otros papeles son menores, pero si algún actor es conocido es Saleh Bakri, el joven policía Khaled, actor palestino que alguna cosa ha hecho para pelis francesas o con la actriz y directora libanesa Nadine Labaki, que estrenó por aquí la simpática "Caramel".

La banda nos visita es una película simpática y fácil de ver. Para aquellos que tienen curiosidad por las maneras de ver la vida que tienen en otras orillas del mare nostrum.


Juli Gan.

viernes, 17 de diciembre de 2021

Navidad y deseos nostálgicos

Otro año más, y otro recorrido de Zinéfilas. Aquí seguimos, trayendo críticas a películas y series, y viendo que el cine, pese a pandemias y demás riesgos superheróicos para algunos, sigue existiendo, y que incluso la pequeña pantalla, nos sigue sorprendiendo.

Para finales de año, siguiendo la tradición desde que acaba Halloween y el día de Todos los Santos, empiezan a escucharse los "cascabeles", el hilo musical dominado por Mariah Carey, y los eternos debates sobre qué peli es más navideña, si Love Actually o La Jungla de Cristal (Die Hard), mientras las sobremesas y servicios de streaming hacen acopio de "rojo y verde" para vestir con kilos de azucar nuestras siestas.

Es también ese momento del año, donde se conjugan los grandes estrenos, y las promesas para la próxima temporada de premios. Pese a que la situación del Covid ha complicado la tradicional "cartelera navideña", parece que ya sea a través del cine de toda la vida, o los servicios de internet, ya empiezan a venir los "estrenos de renombre", que intentan acaparar los galardones que nos llegan en invierno, como Spencer o La Casa Gucci (los biopics no fallan, con resultados desiguales), los grandes futuros clásicos como Dune o The French Dispatch (Villeneuve y Anderson, el tiempo juzgará vuestros golpes de posible genialidad), el cine aparentemente independiente con personajes torturados (El Poder del Perro, Madres Paralelas), los inevitables films de animación (como Encanto) o los clásicos de siempre (aunque adaptados al momento como Sin Tiempo para Morir u otro intento de resurrección de Los Cazafantasmas) o por su poder de llamada y golpe de nostalgia, reestrenos ahora que traer algo nuevo es arriesgado (casos de la Matrix original o Harry Potter).

La nostalgia nos salpica de forma especialmente "cruel" o "regeneradora" en estos momentos, en la pequeña o gran pantalla. Como el personaje de Billy Nighy (Billy Mack) en la mencionada de Love Actually, se recurre a lo de siempre, pero parece que dando un nuevo toque. Así pues, ¿qué nuevas historias traerá la vuelta de Matrix cuando ni siquiera a algunos nos convencieron las secuelas y universos que intentaron crear? ¿Merece la pena resucitar clásicos dando precuelas o continuaciones? Parece que la nostalgia vende y si en los últimos años vivimos una continuación de Karate Kid, o incluso de Salvados por la Campana (con éxito desigual), ahora empieza a exprimirse el limón títulos aparentemente intocables, como la vuelta a Los Soprano con The Saints o Newark, las ahora señoras con canas de Sexo en Nueva York, Grissom y su CSI, o incluso hace unos días, leí que Six Feet Under tendría una continuación. Sinceramente, de esta "retro nostalgia" que no tiene ni 10 años, la única apuesta atractiva es el regreso del asesino Dexter, porque además de traer de nuevo Michael C. Hall (una de las estrellas que nos dió esa edad de oro de la televisión del 2000), quizá pueda redimir a la serie y su personaje, con un final digno a los comienzos de su historia, pues aunque siempre estuvo bien arropada a nivel de elenco, derrapó vertiginisomente en sus temporadas finales, hasta coronarse con una conclusión de sonrojo.

Mientras Dexter termina y vuelve otra serie basada en la nostalgia hacia un personaje, como es El Libro de Bobba Fett (arropado por los buenos resultados de El Mandaloriano), tendremos que pedir entre nuestros deseos navideños, películas y series con historias y personajes originales (o al menos, si están basados en libros, que el enfoque se novedoso y no repetitivo), a la vez, que lo que nos entreguen los canales tradicionales y los servicios de streaming, no sean más productos de relleno, adaptados a la política dominante del grupo que esté gestionando el medio en ese momento.

Y para finalizar, sólo comento, como ejercicio total de nostalgia y blockbuster navideño, lo último que Marvel nos traerá antes de que acabe el año: Spider-man: No Way Home. Llena de filtraciones y dudas alrededor de la misma, y  creo que basando su argumento en la exitosa y sencillamente genial Spider-man: Into the Spiderverse, el Peter Parker de Tom Holland, parece que abre la puerta a algo que ya existe en los tebeos: el multiverso, o crear un "acontecimiento generacional" en los cines, con un público que ha visto a 3 Spider-mans (o men) diferentes en los últimos 20 años. Aunque la aparición de Andrew Garfield y Tobey Maguire no está confirmada, ya sabemos que Willem Dafoe, Alfred Molina y Jamie Fox, entre otros, repetirán papeles, lo que ya ha provocado, que jóvenes que quizá tuvieron su primera cita con el film de Raimi, y su primer hijo viendo el de Webb, vayan ahora con sus hijos a ver esta última. Y sencillamente, son el tipo de cosas, que por carga sentimental, hacen que ir al cine, merezca la pena. Sólo espero que la película sea buena.

En fin, disfrutad de vuestras pelis y series, y si la nostalgia propuesta no os convece, recordad que siempre os quedará la original. En cualquier caso, como decía Billy Mack: "me dí cuenta de que la Navidad es el momento para estar con la con gente que quieres" (*), y así pues ¡Feliz Navidad a todos!

Carmen R.

(*): “I realized that Christmas is the time to be with the people you love.” (Love Actually, 2004)


viernes, 18 de diciembre de 2020

Eso es para viejos

Hoy, como en otros momentos, os traigo un tema que surgió en una conversación. La semana pasada hablé con dos grupos diferentes de amigos sobre las actuales plataformas que tenemos para tener cine y series en nuestros hogares; al igual que en un caso anterior cuando hice una lista de ventajas y defectos, salió la siguiente frase: "¿sabes que Prime Video/Filmin tiene muchas películas para viejos?"

Con esa frase, se puede denominar a cualquier film más allá de los más populares de los años 80, (aunque estos también están quedando antiguos para algunos). Nos referimos a cualquier película de más de 30 años, pero especialmente a aquellas que van desde los años 70 para abajo, muchas en blanco y negro, que mucha gente de menos de treinta años parece negarse a ver.


Uno, Dos, Tres de Billy Wilder

Independientemente de la orientación de la plataforma y sus “arriesgadas” decisiones para llenar el catálogo (estos días vemos un avance aplastante de los telefilmes de Navidad), hay una especie de consenso sorpresa en el caso de Prime y Filmin, que acumulan títulos de los años 30, 40, 50 o 60. Ambas plataformas pueden llegar a ser desechadas por algunos que creen que ver algo así es formar parte del público de las "pelis del oeste de 13 Televisión", que parece especialmente orientada para jubilados.


Este prejuicio, llevado incluso con un orgullo casi soberbio, hace que mucha gente desconozca joyas escondidas, y luego se sorprenda cuando de casualidad ven algunas en Días de Cine Clásico de La 2.


Caravana de Mujeres de William A. Wellman

¿Es esto una manía a lo antiguo, a lo que está en blanco y negro, a ritmos diferentes a los films actuales? En los últimos años, la falta de ideas de Hollywood (principal exportador de cine, no lo neguemos), la sobrexplotación de géneros (superhéroes, videojuegos y juguetes, sagas adolescentes), las decisiones comerciales (estudios de mercado sospechosos) y la falta de valentía a la hora de hacer propuestas originales (muertas desde hace años o trasladadas a la televisión), nos han llevado a un vacío y una repetición constante de modelos. Si a eso le unimos, una generación (que se acerca ya a los 40 años), que fue alimentada con films de dibujos en su infancia, o películas especialmente orientadas su franaja de edad (fórmulas de Disney/Nickelodeon), en la que no se les mostraba riesgo y se les decía todo el timpo “esto es los que os debe gustar”, empiezo a entender que ver algo más allá, puede considerarse extraño, y hasta “snob”.


Sinceramente,esto me hace pensar en una serie de motivos pero la principal, es que nos falta “cultura” cinéfila.


Excalibur de John Boorman

El cine, considerado el séptimo arte, sufre un deterioro similar al de las demás artes en nuestra civilización posmoderna. La educación en esta rama es cada día más ligera y descuidada, obsesionados como estamos en un modelo didáctico demasiado especializado y centrado  en la adquisición de habilidades concretas, con pleno desprecio por otras más genéricas, que permitan un pensamiento más diverso e imaginativo (justo lo que se dice que se quiere, pero se consigue lo contrario). Si la filosofía, la literatura, la música, o la pintura son cada vez más minimizadas (y otras ramas más científicas), es muy difícil que los niños y jóvenes tengan los conocimientos y ejemplos necesarios para poder atraverse a andar por sendas inexploradas.


Es aquí donde el papel de los padres/tutores es importante si queremos que tengan una cultura cinematográfica. Al igual que con la lectura, si los mayores de la casa no suelen leer (en este caso, ver películas de todo tipo), no hay ejemplo, y a no ser que sea uno de generación espontánea (como Marty McFly en Regreso al Futuro), es dudoso que vayan a atreverse a estos retos.


Arsénico por Compasión de Frank Capra

Así, que en un mundo con plataformas de cine, bibliotecas e incluso cadenas que rellenan sus programación con películas “antiguas”, estamos en un momento ideal para empezar a sorprendernos, a ver cosas desconocidas. Como toda obra, habrá cosas obsoletas, pero también se descubrirán elementos inmortales, atemporales e incluso más modernos de lo que creeríamos para un film tan “viejo”. Y lo mejor, es que se empezará a conocer un tipo de films cuyo lenguaje es más sutil de lo que pensamos, y a medida que se vean más, esto "delicadeza" será mayor.


Démosle oportunidad al momento. Veamos películas antiguas (muchas recomendadas en este blog). Si no gusta, siempre podemos pulsar el botón de STOP. Y si tenemos niños o jóvenes con nosotros, sentémonos alejados de móviles y tabletas a ver una película a la antigua usanza. Es el momento de ver algo nuevo, aunque haya que viajar al pasado.


Y con esto me despido, ¡que tengáis una Feliz Navidad y un mejor 2021! Que todo lo bueno llega.


Carmen R.


Nota: los vídeos son de películas clásicas que en mi casa se vieron siempre. Gracias, papá y mamá.

 

viernes, 1 de marzo de 2019

¿El tamaño importa?

Hace unos pocos días se han entregado los premios de la Academia, los famosos "Óscar". Son el colofón de la temporada, detrás de los Baftas, los Césares, los Goyas, los Osos o los Globos de Oro, y no voy a hacer una reflexión sobre los ganadores, los nominados o aquellos que ni siquiera aparecieron en algunas de las categorías. Para mí, esa época de levantarse temprano el día después o seguirlos hasta largas horas de la noche, ha finalizado, pues ya se ve que no estoy de acuerdo, o bien, las películas corresponden más a un esquema de negocio que a una creación artística o de entretenimiento, lo cual es normal porque es un negocio, pero ¿dónde está la inteligencia?

Diréis habrá excepciones, y no las niego, pero cuando no se recompensa la provocación o el arte, cuando lo que cuenta es la diversidad o la historia para hacer el film sobre la trama del mismo, vamos mal. Y lamentablemente, vemos que así ocurre.

Spiderman Into the Spiderverse. Ganadora del Oscar al mejor film de animación y entretenimiento inteligente

Parece que Hollywood se ha convertido en una fábrica de éxitos y si los presupuestos desorbitados no se casan con recaudaciones a la par, se ha fracasado. Y ¿dónde quedan las historias pequeñas o que no recaudan tanto?

Últimamente me lo pregunto bastante. Voy al cine, y hasta me sorprendo cuando no he ido a ver un film de superhéroes, que no nos engañemos, suelo disfrutar. Y la cartelera, al menos en cine comercial y no de autor, se vuelve repetitiva y monótona, sin riesgos. En ese momento, es cuando te das cuenta de que las plataformas digitales están adelantando al cine clásico, y Hollywood y algunos otros aún no lo quieren reconocer.

¿Dónde se ha ido Scorcesse o Woody Allen? Pues a Netflix y a Primevideo (el servicio de Amazon). ¿Dónde se encuentran películas independientes y arriesgadas? Pues también en plataformas digitales, que las lanzan a la par en VOD y algunas pantallas de televisión, como en el caso de Roma, The Catcher was a Spy o Velvet Buzzsaw. Y añadamos algunas películas que sería muy difícil estrenar según el circuito clásico de distribución como Dumplin, aunque lo merezcan.

Dumplin es un producto muy de Netflix, pero que supera al clásico film actual de adolescentes

¿Podemos considerar cine lo que se nos emiten en nuestra casa a traves de un servicio en demanda? A veces puede ser considerado arriesgado, cuando al igual que películas, también hay series o documentales, o películas de corte de Antena 3, ya sea de Navidad o de adolescentes. Pero ignorando esta parte, ¿no son igual de válidas las películas que se estrenan en esta plataforma? Hay dirección, actuación, medios técnicos y una historia, muchas veces más sólida que lo que podemos ver en los cines. ¿No debería así reconocerse este talento?

Entiendo que hay espectáculos que piden a gritos una pantalla grande, y de hecho, aún recuerdo el escalofrío que sentí en el comienzo de The Dark Knight cuando comenzaban las vistas aéreas de los tejados de Gotham, según van saliendo los secuaces del Joker, en aquella pantalla gigante, en un cine IMAX, una gozada técnica. Es como mínimo que por cosas así, que considero que un buen cine debe estar abierto, para hacerte disfrutar con la mejor imagen y sonido.

La escena inicial. Sí, la escena que muestra cómo debe comenzar un film


Actualmente, nos encontramos en un periodo de transición, como ya ocurrió con el VHS, el DVD o el Bluray, con paso evolutivo ha sido el Video en Demanda, pero con la diferencia de que cualquier film puede ser estrenado sin necesidad de pasar por el cine. Y es el momento de plantearse qué vamos a hacer, o ver qué sistema o modelo prevalecerá. Para mí, se debe premiar y reconocer cualquier tipo de historia que realmente lo merezca, independientemente de su formato, pero la pantalla de cine clásico, esa experiencia de Cinema Paradiso, debe seguir existiendo, no sólo porque haya películas que resulten mejor de ver en ese formato que en nuestro salón, si no para seguir pidiendo grandes historias con las que llenar esas pantallas, no sólo un cálculo de inversión, algo que nos emocione, que conviertan la experiencia de ir al cine en un placer.

¿Cuál es vuestra opinión?

La experiencia cinematográfica

Carmen

viernes, 7 de abril de 2017

Clash (XV Festival de Cine y Derechos Humanos de Donostia)

Nuestra anterior entrada fue sobre el Festival de cine de Mar del Plata y ahora hacemos una sobre el Festival de Cine y Derechos humanos de Donostia. Parecerá que llevamos una vida de glamour y lujo, de festival en festival. Nos encanta dar esa imagen, aunque esté totalmente alejada de la realidad. La verdad es que yo, cuando me jubile, pienso hacerme la ruta de los festivales porque me parece un plan buenísimo pero, de momento, aprovechamos lo que tenemos a mano y lo disfrutamos mucho.
Este año es la XV edición de este festival en el que se premian corto y largometrajes y hay un premio que concede Amnistía Internacional. También se hacen actividades para niños y jóvenes, proyecciones en centros culturales y este año se proyectará una película en la cárcel de Martutene con posterior coloquio.
El 31 de marzo era la inauguración y vimos dos cortos: El mundo de Embarka (Raúl San Román) sobre una niña saharaui
El mundo de Embarka
y The cut (Evangelina Soumeli), un cortometraje griego sobre una cirujana que tiene dudas sobre si es ético practicar la ablación del clítoris a una niña para evitar que se lo hagan en pésimas condiciones. Ninguno de los dos nos interesó mucho. El de la niña saharaui dura tres minutos y parece más un tráiler que un corto; el griego, tocando un tema interesante, no llega a conmover ni a impactar, queda todo un poco deslavazado y disperso.
The cut
La película era Clash, un film egipcio-francés de Mohamed Diab. La película obtuvo el premio “Un certain regard” en Cannes en 2016 y los premios a mejor nuevo director y fotografía en Valladolid en 2016. El director, aparte de ser muy guapo como muestra la foto, estudió cine en Nueva York y luego comenzó a escribir guiones.
Mohamed Diab
Su primera película como director fue El Cairo 678. Basada en hechos reales, narra la lucha de tres mujeres contra el acoso sexual.
Clash también es una muestra de cine social, lo que no es de extrañar viviendo en Egipto. Este tipo de películas, en las que lo que te cuentan es algo impactante, cercano a la realidad y que pretender denunciar  o llamar la atención del público respecto a un conflicto son difíciles de valorar. A mí, por lo menos, me producen tal mezcla de emociones y sentimientos que me resulta casi imposible decidir si me han gustado. En este caso, no hay duda de que Clash me ha interesado.
Clash
La acción se sitúa en El Cairo en 2013. Después de la Primavera Árabe y el fin del gobierno de Mubarak, los hermanos musulmanes ganaron las elecciones y Morsi fue elegido presidente. En julio de 2013 se produjo un golpe de estado encabezado por el general Abdel Fatah al Sisi. Ese verano de 2013 las revueltas son constantes en la calle y la represión policial intensa. En un furgón de la policía acaban detenidos un grupo de personas pertenecientes a diferentes corrientes políticas y con situaciones personales diversas: un periodista americano de familia egipcia, un cámara, un hombre que busca a su hijo, un dj, un grupo de hermanos musulmanes, una familia… Hay tanto caos en el interior del furgón como en las calles. Las diferencias parecen irreconciliables. Pero todos tienen sed, calor, miedo y preocupaciones. Tienen también muchas cosas que les unen, incluso con los policías. La película es bastante desoladora, sales con la sensación de que el género humano no tiene remedio, por lo menos a la que te sales de la escala micro (y, a veces, ni en esa). Es difícil decir si me pareció una buena película, tiene una estructura muy teatral, todo pasa en el interior del furgón, hay algún momento en que resulta un poco reiterativa pero, sin duda, capta tu atención y te remueve. A la salida fuimos con mis amigos a tomar un vino para animarnos y a consultar en Google la historia de Egipto mientras nos preguntábamos qué se puede hacer para que la humanidad deje de matarse. Creo que a Mohamed Diab le hubiera parecido suficiente.

Mona Jacinta (www.niudemones.com)





viernes, 27 de mayo de 2016

Balada triste de trompeta

Este artículo es un 'remake' de otro anteriormente publicado en Boquitas Pintadas.

Balada triste de trompeta. Dirección y guión: Álex de la Iglesia. Interpretación: Carlos Areces (Javier), Carolina Bang (Natalia), Antonio de la Torre (Sergio), Manuel Tallafé (Ramiro), Fernando Guillén Cuervo (capitán miliciano), Enrique Villén (Andrés), Santiago Segura (padre del payaso triste), Sancho Gracia (coronel Salcedo), Juan Luis Galiardo (Ring Master), Manuel Tejada (jefe de pista), Gracia Olayo (Sonsoles). Producción: Gerado Herrero y Mariela Besuievsky. Música: Roque Baños. Fotografía: Kiko de la Rica. Montaje: Alejandro Lázaro. Diseño de producción: Eduardo Hidalgo. Vestuario: Paco Delgado.
  
Hola. Os explicaré el film en seis puntos, porque le pega todo a esta peli un comentario disperso y descosido como ella misma:

1.- Los títulos de crédito
Con los iniciales ya me tenía atrapada Álex de la Iglesia. Bueno, es que a mí se me atrapa fácil: me mezclas unas secuencias de "Los payasos de la tele" con primeros planos en blanco y negro de señores de los años setenta y ya me tienes rendida. Extravagancias aparte, los títulos son un perfecto resumen de mi vida político-televisiva anterior a los quince años.
Y en los finales sale "La casa del reloj". No hace falta decir más. Bueno, sí, que Álex de la Iglesia y yo parece que tuvimos la misma infancia, que a veces creo que nadie se acuerda de "La casa del reloj" o de los tebeos de Pumby y resulta que sí, que se acuerda él. Se acuerda él y la Wikipedia, claro. ¡Dios la bendiga! ¿Se acordará también de "Jardilín"?

2.- El homenaje a Spielberg
Nada más empezar la peli, el enfrentamiento cuerpo a cuerpo entre tropas republicanas y nacionales nos trae sin remedio a la cabeza el desembarco de Normandía de "Salvar al soldado Ryan", con combatiente desmembrado y todo, para que no falte de ná.
Le tengo leído a De la Iglesia que es rendido admirador de Spielberg. Bueno, ¿y quién no?

3.- El homenaje a la tele
Aparte del de los títulos de crédito, el televisor está encendido en muchas escenas de Balada triste y lo que la tele cuenta corre paralelo a lo que narra el propio film, cuando no se encarga de acelerar la acción principal. Además, qué montones de actores ha rescatado De la Iglesia de la tele. Empezando por Luis Varela, que ya brilló en Crimen ferpecto, y siguiendo con el gran Fofito, Juana Cordero y otros sacados de Vaya semanita o El comisario.
También le tengo leído a De la Iglesia que él pudo conocer los clásicos del cine a través de la tele. Claro, como yo. Y cuando hablo de esto siempre añado que en el cine de mi barrio ponían pelis de Manolo Escobar, no "El acorazado Potemkim".

4.- El payaso tonto
Y, además de tonto, violento, chularras, tiránico, desequilibrado y un perfecto cabrón. De lo más terrorífico que he visto en el cine y a la par de algunos de los tipejos de "House of Cards". Es la mejor interpretación de la peli, con diferencia, a cargo de Antonio de la Torre, que tiene también las mejores líneas de diálogo.

5.- El guion sin tilde y descosido
A partir de cierto punto, el guion de "Balada triste" se descose, se dispersa, se desperdiga y se desparrama, lo cual es una pena, porque un poquito de contención habría mejorado la historia, que ya tiene suficiente delirio. Mira, en El día de la bestia esa contención, ese encauzamiento del que hablo, se consigue. Y en "Las brujas de Zugarramurdi", también.

6.- El homenaje a sí mismo
Acabar en las alturas, como en El día de la bestia y La comunidad, es un homenaje que se hace De la Iglesia a sí mismo, porque él lo vale, y a mí me parece bien. También he creído ver que el tutú ensangrentado de Carolina Bang homenajeaba al vestido de novia hecho jirones de Frédérique Feder en Acción mutante.
Y me sigue pareciendo bien. Cuando te homenajeas a ti mismo es que has llegado. Enhorabuena, Álex.

Noemí Pastor