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viernes, 13 de mayo de 2016

La carta o las paradojas de la censura




"La carta" (1940), de William Wyler, tiene uno de los más impactantes inicios del cine negro (quizás sólo igualado en intensidad por el de "Los sobornados", de Fritz Lang): bajo una esplendorosa luna llena, la cámara se mueve en un lento plano-secuencia que va mostrando imágenes nocturnas de una plantación de caucho... De repente, se oye un disparo y un hombre sale tambaleándose de un bungalow; detrás de él, una mujer, Bette Davis, dispara, una y otra vez, hasta vaciar el cargador de un revolver sobre el cuerpo inerte del hombre.

La publicidad de la época decía que Bette Davis musitaba mientras disparaba: "Mío o de nadie". Lo cierto es que esa frase no se oye realmente en la película, pero también es cierto que ese podría ser el más conciso resumen del drama pasional que relata esta película, la segunda, tras "Jezabel" (1938), y antes de "La loba" (1941), de las tres que Wyler y Davis hicieron juntos.

Quizás "La carta" no sea la mejor de esas tres películas, porque "Jezabel", como "la otra" gran película del Sur (tras "Lo que el viento se llevó), y “La loba”, que contó con la ventaja de tener como operador a Gregg Toland (uno de los mejores directores de fotografía que han existido y el que enseñó a Orson Welles, en “Ciudadano Kane”, a iluminar una escena) son dos rivales demasiado fuertes; pero, aun así, es una magnífica película, vehículo perfecto para que Bette Davis pudiera interpretar magistralmente a uno de los personajes femeninos más perversos del cine negro.

“La carta” se basa en un relato del escritor británico William Somerset Maugham (publicado en 1924 en una colección de relatos titulada “The Casuarina Tree”). Aunque Maugham ya no es un autor de moda (y es una lástima) sigue siendo todavía un buen filón para excelentes adaptaciones cinematográficas, como demuestra el que, en los últimos años, “El misterio de la villa” (2000), de Philip Haas, “Conociendo a Julia” (2004), de Istvan Szabo y “El velo pintado” (2006), de John Curran, se hayan basado en sus obras.

La narración original, inspirada en unos hechos reales ocurridos en Malasia en 1911, dio lugar a una obra de teatro y a una primera versión cinematográfica que tuvieron ya mucho éxito. Se trata de un muy buen relato corto, que cuenta, con el estilo elegante y preciso de Maugham, cómo la aparición de una carta muy comprometedora pone en entredicho la versión exculpatoria de la mujer de un plantador de caucho sobre los motivos que le habían llevado a matar a un hombre.
No es extraño que Wyler, capaz de realizar películas muy comerciales pero de gran calidad (“La carta" tuvo siete candidaturas al Óscar, pero no se llevó ninguno porque tuvo la mala suerte de competir con “Rebeca”), supiera sacar tan buen partido de la historia de Maugham. Ciertamente, aunque siempre se destaca la pericia técnica de Wyler en la utilización de los planos-secuencia que reducen los cortes y aumentan el realismo de la acción, también destacó por su inteligencia en la elección de historias y de actores, ya que consideraba que estos eran la verdadera alma de una película. Por eso fue tan buen director de actores y por eso consiguió formar con Bette Davis un gran equipo en las películas que rodaron juntos, aunque sus diferencias en “La loba” supondrían que ya no volviesen a colaborar.

Bette, precisamente, había iniciado su camino de gran estrella, especializada en interpretar a mujeres de mucho carácter, con otra adaptación de una obra de Maugham, “Cautivo del Deseo” (1934), que protagonizó junto a Leslie Howard. Pero tras conseguir su primer Óscar en 1935 por "Peligrosa", la Davis, que derrochaba carácter también en la vida real, se enfrentó a la Warner y llegó a exiliarse en Inglaterra. Finalmente, tuvo que volver a Estados Unidos, muy endeudada, y seguir trabajando con la Warner, momento en el que inició su colaboración con Wyler (y gracias a “Jezabel” consiguió su segundo Óscar).

En “La carta”, una de las muchas grandes actuaciones de la Davis, ésta logró dotar al personaje de Leslie Crosbie, la aparentemente correctísima británica de edad media, clase media, y afición por el ganchillo, de una salvaje pasión enterrada bajo un frio manto de autodominio y convenciones sociales. Convenciones sociales que se manifiestan, por ejemplo, en la actuación de Leslie como perfecta anfitriona a pesar de que poco antes ha matado a un hombre.

El guion de la película, obra de Howard E. Koch, va mucho más allá del relato original, más realistamente cínico en su cáustico final, y desarrolla una historia en la que el crimen pasional inicial y el chantaje subsiguiente, se complementan con una justiciera venganza que no aparece en la historia de Maugham.

En realidad, como en todas las películas estadounidenses realizadas entre 1934 y 1967, el guion de “La carta” estuvo mediatizado por la censura que, en la forma del denominado Código Hays, controló la producción cinematográfica estadounidense durante muchos años.
Porque la censura no fue, ni mucho menos, sólo "cosa española". En el caso de Estados Unidos, el Código Hays fue un sistema de autocensura que se dieron a sí mismas las grandes compañías cinematográficas con dos objetivos básicos: velar por la imagen del mundo cinematográfico, que había sufrido un fuerte deterioro debido a los numerosos escándalos en los que habían estado implicadas estrellas de cine (el más famoso el de “Fatty” Arbuckle, estrella del cine mudo, acusado en 1921 de un escabroso asesinato) y acallar las voces de importantes sectores sociales que clamaban contra la franqueza con la que se afrontaban en el cine ciertos temas (sexuales, de corrupción política, etc.).

Inicialmente, para controlar las producciones cinematográficas, surgieron en Estados Unidos infinidad de consejos estatales y municipales. Pero esta situación derivaba en altísimos costes para las compañías cinematográficas que debían afrontar cortes del metraje ya producido, o bien realizar varias versiones de la misma cinta para que cada una de ellas se adecuara a los requisitos del consejo censor de la localidad donde fuera a exhibirse.

Ante esta situación las grandes compañías cinematográficas se asociaron en 1922 en la MPPDA (Asociación de Productores y Distribuidores de Cine de América) y nombraron como su primer presidente a William Harrison Hays, un importante líder republicano. Hays pretendía encontrar una alternativa de autocensura que evitara el impacto económico de los cortes y las diferentes versiones y, tras diversos intentos fallidos, consiguió su objetivo gracias a la intervención de los sectores católicos.

En 1930, con el respaldo del cardenal Mundelein de Chicago, el jesuita Daniel Lord presentó a Hays un código, que fue aceptado con entusiasmo por Hays, tanto que dijo “Casi se me salen los ojos cuando lo leí. Esto era exactamente lo que estaba buscando.”

Las restricciones del Código eran tantas que no se cumplió realmente hasta 1934, cuando los grupos de presión católicos amenazaron con boicotear a los estudios que no lo acataran. El Código estuvo vigente hasta que en 1967 la MPPA adoptó el sistema de clasificación por edades.

Como siempre ha pasado con todo tipo de censura, los guionistas y directores con verdadero talento consiguieron crear grandes obras discurriendo por caminos paralelos a los impuestos por las prohibiciones.
En el caso concreto de "La carta", la censura propició la paradoja de que, para cumplir el requisito de que una adúltera y asesina como Leslie Crosbie no saliera indemne de sus crímenes (tal y como ocurría en el relato original), la película recurriera a sumar un nuevo crimen al asesinato inicial (a pesar de que el Código Hays también repudiaba la venganza) y que el chantaje, meramente mercantilista del relato literario, se convirtiese en una verdadera historia de amor de la concubina china (convertida en la película, en beneficio de la decencia, en legitima esposa) hacía su amante o marido.

Y aquí es de señalar la actuación de Gale Sondergaard, norteamericana de ascendencia danesa, como la hierática china, odiada rival de Leslie, que consigue, con un solo cerrar de ojos ante el cadáver del esposo asesinado, mostrar el inmenso dolor que presagia y justifica su venganza.  Gale Sondergaard no hace sombra a Bette Davis; pero sí está a su altura y el duelo entre los dos personajes que interpretan simboliza perfectamente el enfrentamiento entre culturas y razas.
Porque el telón de fondo de la historia es el choque de culturas entre los occidentales y orientales que conviven, sin mezclarse, en aquella Malasia en la que los colonizadores británicos se esforzaban en imponer sus costumbres ("Lástima que el caucho no se de en climas civilizados", dice en la película un camarero).

Y aunque "La carta" es, sin lugar a dudas, Bette Davis, también es cierto que el resto del reparto, además de la Sondergaard, es magnífico. Destaca especialmente James Stephenson que realiza una grandísima interpretación (que le valió una candidatura al Óscar al mejor actor de reparto) como Mr. Joyce, el abogado que, a diferencia del personaje del relato literario, tiene sospechas inmediatas sobre la veracidad de lo que cuenta Leslie Crosbie y que, a pesar de ello, con graves problemas de conciencia profesional, opta por ayudarla, empujado por la compasión hacía el amigo bueno, estúpido y engañado (el Mr. Crosbie muy bien interpretado por Herbert Marshall, actor que un año después volvería a ser el marido de Bette Davis en "La loba").

Mención aparte merece la banda sonora de Max Steiner, contrapunto perfecto de las escenas más dramáticas. El compositor vienés ha pasado a la historia del cine por poner música a más de trescientas películas, por ser premiado con tres Óscar y por ser el primero (en “Lo que el viento se llevó”) en introducir en sus bandas sonoras un "leitmotiv" (un tema musical dedicado a personas o situaciones concretas).

En definitiva, “La carta” puede no ser la mejor película de Wyler, ni de Bette Davis, ni siquiera la mejor de las tres que hicieron juntos, pero es, sin duda, una de las grandes películas del género negro estadounidense en su período clásico.


Yolanda Noir
















viernes, 29 de abril de 2016

The Big Country, 1958

¿Cómo conseguir que un montón de varones de los años 50 del siglo XX se traguen un culebrón sin rechistar? ¡Convirtiéndolo en una historia del oeste! Si a una historia romántica le pones botas y gorro de cow-boy, revólver al cinto y lo montas a caballo por las llanuras de Texas, ya has convertido un drama cualquiera en una peli que seguirán los fans del far-west.

Cartel de Peck protector y Connors empequeñecido (Y eso que jugó con los Boston Celtics)

Algo parecido pasó con la historia que dirigió William Wyler en 1958 que en España, con esa especial sensibilidad por poner títulos idiotizados llamaron “horizontes de grandeza”, pero que en versión original se llama “The Big Country”, es decir, “el gran país”, y es que eso se empeñan en decirle al forastero Gregory Peck desde que pone los pies en Texas, que “aquello es un gran país” con unas llanuras sin fin y con tierra para aburrir.

Que quede claro que es GRANDE

Sinopsis:

Una diligencia corre por las vastas llanuras de Texas al ritmo de la inconfundible música de Jerome Moross. De la diligencia, al llegar al polvoriento pueblo de San Rafael, baja Jim McKay (Gregory Peck) un capitán de navío retirado que viene del este, donde su familia posee, en Baltimore, una flota naval. Llega a Texas con la intención de casarse con su novia Pat Merrill (Carrol Baker), a la que conoció en el este, donde la gente es civilizada.

 

Títulos de crédito

Pat Merrill es la única hija del Mayor, así lo llaman todos, Henry Merrill (Charles Bedford), un rico ganadero que posee un extensísimo rancho con decenas de miles de cabezas de ganado. A pesar de ser un ricachón que se sabe el amo de todo y de todos, tiene un enconado enemigo en la figura de otro rudo ganadero, Rufus Hannassey (Burl Ives), con el que mantiene interminables disputas por los pastos y el ganado. La gota que colma el vaso es que los brutos hijos de Rufus, especialmente, el primogénito, Buck Hannassey (Chuck Connors), han estado divirtiéndose un rato a costa del recién llegado Mc Kay.

El novio llega al oeste vestidito como en la ciudad

Mc Kay se horroriza, como caballero que es, de la rudeza y las maneras toscas de hacer las cosas en el salvaje Texas, a pesar de que está acostumbrado a ver cosas porque ha navegado durante años y ha recalado en puertos muy remotos. McKay no desea que el Mayor y sus mozos vayan a dar un escarmiento a los Hannassey. Se muestra en contra de la medida, cosa que sienta muy mal a su novia que lo cree un cobarde. Por lo visto, no zurrarse la badana con quien se le planta delante, es ser una vergüenza.


Fiesta de pedida de mano

Para mayor osadía, a Mc Kay no se le ocurre otra cosa que salir solo a caballo por las procelosas llanuras texanas, nadie entiende que un marino está acostumbrado a guiarse en medio de la nada. Mc Kay acaba en Valverde, cuya propietaria es Julia Maragón (Jean Simmons) íntima amiga de Pat, joven y casadera a la que le salen pretendientes sobre todo porque tiene agua en sus tierras.

El novio charlando con la amiga de la novia

Para acabar de aderezar la historia, el capataz del mayor, un arrogante y rudo vaquero, Steve Leech (Charlton Heston), intenta medir su fuerza con Mc Kay, al que cree despreciable y poco hombre para Pat, a la que pretende desde lejos, pues es la hija de su jefe al que admira como un Dios.

Total que la pareja casadera riñe, entre otras cosas porque Pat no entiende que a Mc Kay le resbalen las bravuconadas y los desafíos. Lo desprecia y, con un complejo de Electra manifiesto, que es como el de Edipo, pero a la inversa, abnegación desmesurada de la hija hacia el padre, acaba espetándole que “no es ni la mitad de hombre que el mayor”. Ruptura irreconciliable.

El apoteosis final tiene lugar en el cañón blanco, donde los Hanassey tienen su hogar.

Descanso de rodaje

El guión de esta película es una adaptación de una novela por entregas, que salía en un diario, la cual firmó Donald Hamilton. Consiguieron hacer una historia en la que mezclaban amor, despecho, desafíos, orgullo, el chico, la chica, los patriarcas malos, el malvado cobarde, el rudo rival, e incluso, el empleado humilde.

¡Pelea, pelea!

Hay momentos memorables en el que el lobo de mar Mc Kay intenta confraternizar con los rudos texanos orgullosos de su tierra, que, por cierto, había llegado a ser un país propio. En la fiesta de la pedida de mano, poco antes del altivo discurso de Rufus Hanassey, que le valió el óscar a mejor secundario a Burl Ives, un texano pregunta con orgullo a Mc Kay refiriéndose a la vasta extensión territorial: “¿Había visto algo tan grande alguna vez?”, a lo que Mc Kay responde displicente “Sí, un par de océanos”.

Los personajes:

Los personajes definen la historia con maestría, así tenemos al prota, Jim Mc Kay, que es un capitán de barco retirado, todo un caballero, que odia parecer un fanfarrón y al que los excesos de orgullo le parecen de un salvajismo incongruente.

El chico

La chica con complejo de Electra, pues no hay hombre como su padre, que acaba despreciando a su prometido porque este no desea zurrarse con el capataz del rancho.

La chica

La amiga de la chica, que defiende al novio, quizá porque le guste demasiado, que prometió a su abuelo no vender la tierra a ninguno de los viejos rivales, y que es acosada por el rudo macarra Buck Hannassey.

La amiga de la chica

El capataz, Steve, que es un rudo vaquero que se pasa provocando al forastero todo el rato pues lo cree poca cosa para la hija de su jefe, a la cual desea.

El rudo capataz

El chulo pendenciero, Buck, que es un canalla e inicia una guerra por no pensar las cosas que hace.

El chico malote

El empleado mexicano (Alfonso Bedoya), que es un humilde cacho de pan.

El humilde secundario

El Mayor, un viejo granuja que se las da de intachable caballero, acostumbrado a que su voz es ley.

El padre de la chica


Rufus Hannassey, el otro viejo guerrero que habla con locuacidad y voz de trueno, invocando a la caballerosidad.

El gran enemigo del padre

La música es, también, parte esencial del encanto del film. Suena briosa a caballo y melosa en el baile de prometida.

Valverde, Texas

Los actores secundarios están soberbios. Burl Ives se llevó el óscar al secundario por su papel de enconado enemigo del Mayor Terrill y Chuck Connors, con su estatura y sus maneras de rufián, hace creíble a Buck. Chuck Connors, además, era un atleta, como demuestra cuando salta del edificio en la peli, no en vano fue uno de los pocos deportistas que jugó en la NBA con los Celtics de Boston y en la liga de Béisbol con los Dodgers de Nueva York y los Cubs de Chicago.

William Wyler y el elenco

Esta peli es un clásico de Hollywood que reúne un drama tipo culebrón ambientada en el rudo oeste y bañada con una melodía magnética.  

Ficha técnica:

Título: "The Big Country" (Horizontes de Grandeza) 

Año, país, duración: 1958, EEUU, 165'

Dirección: William Wyler

Guión: James R. Webb, Sy Bartlett; Robert Wyler;  Jessamin West. Basada en la novela de Donald Hamilton.

Reparto:

Gregory Peck....Jim Mc Kay

Jean Simmons...Julia Maragón

Charlton Heston....Steve Leech

Carroll Baker....Pat Terrill

Charles Bedford...Mayor Henry Terrill

Burl Ives....Rufus Hannasey

Chuck Connors....Buck Hannassey

Alfonso Bedoya....Ramón.



Hasta otra.

Juli Gan

viernes, 16 de octubre de 2015

Lo sentimos, pero no da la edad para el papel (II)

El cartel italiano es un detalle para Doctora
Retomamos el tema de los actores que interpretaron papeles para los que "no daban la edad" o mejor dicho, para los que sí la daban, a pesar de que la representada en pantalla se alejaba de la real, o por lo menos la edad "real" que aparece en IMDB, que es lo más parecido a "la verdad" con lo que contamos en este mundo.

Además de la revista HOLA, claro.
Hablábamos entonces de cómo la actriz que interpretaba a la madre de Cary Grant en "Con la muerte en los talones" tenía apenas unos ocho años más que su hijo de ficción, sin que a nadie esta precoz maternidad le haya llamado jamás la atención (o eso me creo yo). Y de como la casualidad, o quizá no, hizo que la primera madre de ficción de Marisol, contara también con unos 8 años de diferencia que la niña cantora (no he contado los meses, vaya).

Hoy vamos a hablar de otros casos de madres e hijos de ficción que difícilmente lo hubieran podido ser a este lado (más aburrido) de la pantalla. Volviendo al cine clásico, nos encontramos con que en la magnífica "El hombre de Alcatraz", un talludito Burt Lancanster resulta ser el hijo de Thelma Ritter.


Es cierto que nuestra vieja amiga Thelma Ritter era especialista en este tipo de papeles, casi la madre oficial de Hollywood, pero no sé si es excesivo verla como progenitora del maduro Lancaster, sobre todo teniendo en cuenta que apenas había una diferencia de once años entre ellos.

Ved la película y juzgad, sobre todo porque es un título maravilloso y, al margen de esta anécdota, merece la pena disfrutarla una y otra vez.

En la más reciente "Hasta que la ley nos separe" Frances Fisher (1952) es la madre de Juliane Moore (1960).

¿Chirría mucho la edad reales de las actrices? No demasiado, la verdad, sobre todo porque Fisher debe representar a una de esas madres cuyo mayor interés en este mundo es que les digan que su hija "parece su hermana" (hay gente para todo), o para ser más generosos, una madre que resulta más juvenil que su hija en gustos y forma de vida.


No deja de llamar la atención que se trate de otro misterioso caso de madre a los ocho años. ¿Qué clase de implicaciones cósmicas (por ejemplo) tendrá esta cifra mágica? Le preguntaremos a Jodorowsky que seguro que nos ofrece una respuesta.

Sobre ese tema, o sobre cualquier otro.

Y hablando de Alejandros salvadores del mundo, mucho se habló hace poco tiempo de que en "Alejandro Magno" Angelina Jolie debía compartir escena con su "hijo" Colin Farrell al que no llega a sacar un año. ¿Resulta verosímil? Pues aún sin haber visto la película (y pretendo continuar así), me atrevo a decir que no, por supuesto, pero tampoco lo son las actuaciones dramáticas de la Jolie y nadie dice nada, por otra parte.

Ignoro a qué se debió esa extraña decisión de casting, pero para mí (casi) todas las decisiones de Oliver Stone son igual de inexplicables.
Qué exagerados, tampoco se nota tanto la edad.

Por cierto que en los sesenta se rodó otra película sobre el mismo personaje histórico "Alejandro El Magno". 

El protagonista esta interpretado por Richard Burton a alimón con su inexplicable prestigio, y su madre por la actriz francesa Danielle Darrieux.

Darrieux, una veterana que hace apenas cinco años aún estrenaba película, era sin embargo muy joven para el papel de madre del siempre sobreactuado galés, en concreto tenía... ¿Lo habéis adivinado, ya? Sí, era ocho años mayor que el irritante Burton.

Lo de estos ocho años empieza a ser inquietante. Casi tanto como mi manía a Richard Burton.

Lo que no os puedo decir es si ese error de casting (el de la edad, no el de contratar a Burton) se notaba en pantalla, o no, y no seré yo la que vea, ni os recomiende disfrutar durante 143 minutos de la mirada extraviada del intérprete galés.

Dónde puedo asegurar que la relación madre hijo es difícil de creer es en "La Señora Miniver".

Para el que no conozca esta película, diré que es un título mítico, mucho más por el momento histórico en que se produjo que por su calidad, a pesar de ser dirigida por el gran William Wyler.

Esto es una apreciación personal, por supuesto, y por lo tanto, completamente discutible, lo de la calidad, no lo de Wyler.



Basada en una novela de la que tengo malas referencias, constituye todo un canto hacia la resistencia de la población civil británica durante la Segunda Guerra Mundial, representada por el personaje de una madre de familia de clase media que no desfallece en ningún momento.

 En su momento fue un éxito de tal calibre, que la actriz que interpretaba a la citada Señora Miniver Greer Garson, se convirtió en una figura nacional. Ganó el Oscar, al que fue nominada en total durante cinco años (5!) consecutivos.

En su carrera, a partir de entonces se compuso sobre todo de papeles de mujeres heroicas en producciones de prestigio, generalmente junto a su habitual "marido" de ficción (el señor Miniver) Walter Pigdeon.

Garson, una experta en mirar hacia arriba con dignidad.

Volviendo al papel que le dio la fama, la citada Señora Miniver es madre de dos hijos en edad escolar, y de un chico que cuando comienza la acción de la película está en la universidad. El joven abandona las clases para entrar a servir en la RAF, para orgullo del público y preocupación de su sufrida madre.

Garson, que apenas hacía dos años había sido Elizabeth Bennet en "Más fuerte que el orgullo", de la que ya hablamos aquí brevemente, había nacido en 1904, así que en 1942 contaba con 38 años, y su hijo (mayor) de ficción Richard Ney andaba por los 26, o sea, unos 12 años menos.

No quitarse la fama para dormir sí que es heroico.

Quizá los 26 no llamaban tanto la atención para el papel del supuesto universitario, pero al verla, recuerdo haber pensado "este chico es muy mayor para una madre tan joven".

No sé al resto del público pero a ambos actores también se lo debía parecer ya que iniciaron una relación durante el rodaje y se casaron un año más tarde.

Sin embargo esta no es una historia con final feliz, en 1947, se divorciaron y durante el proceso, él sacó a relucir, de forma poco elegante, la edad de ella como motivo para la separación.

Al parecer, nunca se le perdonaron esos comentarios y menos aún referidos a la queridísima Mrs. Minniver.

Faltarle al respecto al mismo tiempo a Elizabeth Bennet, a Madame Curie a Eleanor Roostvelt, en definitiva a una mujer capaz de alzar la cabeza con tanta dignidad ... era demasiado y el público no se lo perdonó.

Los Ney en los tiempos en los que él no la consideraba tan mayor
Quizá no fuera por eso, pero la carrera de Ney fue breve a partir de entonces y solo apareció en algunos papeles poco memorables (en películas nada memorables) y después de probar suerte en la televisión, también sin mucho éxito, dejó la actuación en los sesenta.

Ni siquiera le hicieron un hueco en la segunda parte de su película más conocida "La Historia de los Minniver".

Siendo sinceros tampoco le había ido especialmente bien antes de su vergonzante divorcio. Y es posible que no le hubiera ido mucho mejor de no haberse producido tal matrimonio.

Pero aún así fue triste ¿No? ¿A que os ha dado mucha pena?

A mí tampoco.

Loque

lunes, 23 de diciembre de 2013

Cómo robar un millón y ... ser encantadora.



Un famoso coleccionista de arte parisino es en realidad el orgulloso autor de las muchas obras de arte que posee y que firma como Van Gogh, Cezanne o cualquier otro.

Su único problema son los escrúpulos de su hija que insiste - quién sabe por qué - en que abandone tan lucrativo negocio.

Su posesión más célebre, valorada en un millón de dólares es una escultura realizada por su padre, tomando a su madre como modelo, pero que el mundo conoce y admira como "La Venus de Cellini"

Nunca ha intentado vender la estatua porque sabe que los métodos que existen para detectar fraudes en escultura son muy precisos, pero no tiene problemas en cederla para una exposición temporal en un importante museo.

Lo que no tiene en cuenta es que el museo va a contratar un seguro que exige el examen técnico de un experto.

El París más elegante, Audrey Hepburn, Peter O'Toole y por supuesto la dirección de William Wyler son los principales atractivos de esta agradable comedia con robo de guante blanco de por medio.

Los alicientes para (volver) a ver "Cómo robar un millón y ..." hoy en día son muchos, además de los ya mencionados, como ver en los títulos de crédito a un tal Johnny Williams y darse cuenta de que antes de perder el diminutivo y conocer a Spielberg, todas sus bandas sonoras ni eran tan grandilocuentes, ni sonaban exactamente igual.

O poder recordar los 60, solo en lo estético, como los modelitos de Givenchy que luce la protagonista (a veces deliberadamente delirantes, como el velo que lleva cuando decide convertirse en una delincuente, pero delincuente glamurosa, al fin y al cabo). Pero tranquilos, con una narración clásica que nos ahorra el uso del zoom o cualquier otro horror "moderno" de dicha década.

Y sobre todo, disfrutar de una comedia romántica en la que no aparecen bodas, ni apuestas, ni escatología,  ni protagonistas que - supuestamente - son tan graciosos como cómicos que tenemos que olvidarnos de sus evidentes carencias como actores.

Decir que Audrey Hepburn está encantadora, graciosa, adorable y que despierta la empatía de prácticamente la totalidad del público femenino, es una obviedad que a nadie sorprende hoy en día, pero merece la pena descubrir uno de sus títulos que se aparta de lo más manido de su filmografía.

Peter O'Toole probablemente sea una sorpresa para el público que hoy en día casi no le conoce, o lo recuerda como un hombre maduro consumido por los excesos de su ... em.... procelosa vida. Verle aquí como un joven y atractivo galán ("alto, moreno y con ojos azules" como le describe la protagonista), sumamente gracioso, llama la atención y nos hace sentir pena por los muchos años en los que estuvo perdido para el cine.

Poco se puede decir de Eli Wallach que no se haya dicho hasta ahora, pero si aún hay quién no le reconozca por el nombre, solo tiene que ver su cara para recordar cien títulos, o mejor dicho, para no recordarlas porque es uno de esos actores profesionales ante todo, expertos en completar cualquier reparto sin hacer ruido y sin que muchos recuerden su nombre, y no se hayan dado cuenta de que era una pieza fundamental para esa película.

Por cierto, lo de "cien títulos" no es una forma de hablar, en su haber tiene la friolera de 166 títulos.

Tan impresionante es su carrera que ha sido uno de los poquísimos actores a los que se ha entrevistado en la revista Dirigido Por, en la que se incluyen entrevistas y reportajes sobre directores mayoritariamente y otros trabadores del cine ocasionalmente (compositores, productores, guionistas) pero en su historias solo se han entrevistado a unos dos actores (no he podido confirmar este número).

Desgraciadamente su memoria fallaba y algunos de los títulos y datos que proporcionaban tuvieron que ser corregidos por la revista. Lo que no había olvidado era un encantador detalle de su compañera de rodaje Audrey Hepburn: en una de las escenas, él la besa apasionadamente. Al rodar esta escena, se hacía evidente que él era más bajo que su compañera, así que ella decidió quitarse los zapatos para equilibrar las alturas.

Completan el reparto un maduro - y bastante irreconocible - Charles Boyer y Hugh Griffith, casi obligado en los papeles excéntricos de los 50 y 60, en parte gracias a su peculiar aspecto físico (sobre todo, capilar).

¿Y el argumento? Una encantadora mezcla de comedia, romance y un elaborado plan de robo que os recomiendo para amenizar estas "fechas tan señaladas" cuando llega el momento delicado de decidir cómo contentar a padres, suegros, abuelas que dicen "ya nos han fastidiado la cena" cuando alguien se quita la ropa, niños con zambomba y adultos agotados.

Y así, esperando que este París lleno de hoteles de lujo, palacetes llenos de obras de arte (falsas) y mujeres vestidas de alta costura os hagan más llevaderos estos días, Zinéfilaz os desea una Feliz Navidad .. y que se os haga leve.

Loque

viernes, 20 de septiembre de 2013

William Wyler uno de los grandes!!


Considerado uno de los más grandes directores de la época clásica de Hollywood (y me atrevería a decir de la historia del cine!) nació en Mulhouse , provincia de la Alsacia francesa a principios del siglo XX y murió en Los Ángeles en 1981. Como gran director que era dirigió todo tipo de géneros desde westerns en su primera época a películas de género bélico, dramático, comedia, histórico o hasta incluso musical. Era meticuloso, perfeccionista que acreditaba una narrativa con un sólido tratamiento de sus personajes y de las relaciones humanas. Así como se le conoce como uno de los precursores de la profundidad de campo y su apego a cuidar al máximo las escenas (recordar sino la entrada de Frederic March cuando vuelve a su casa y pasea por todo el pasillo hasta llegar a la cocina donde la espera  Myrna Loy en Los mejores años de nuestra vida, por ejemplo!).
Imposible de repasar su larga filmografía si que me gustaría comentar algunas de sus más, para mi, destacadas y significativas cintas, entre las cuales se encuentran las que podría decir que son auténticas obras de arte. No comentaré la cantidad de Oscar y premios que ganó en su filmografía porque son incontables...  Iremos por orden cronológico.

Jezabel (1938)
                                  


Primera de las colaboraciones con la siempre espectacular Bette Davis con la que tuvo un sonado y tormentoso romance, este melodrama sureño comparable a Lo que el viento se llevó (sin llegar a la grandiosidad de este último), nos muestra a una Davis temperamental y dominante (bordando su papel!), que lucha por recuperar a su amor (un jovencito Henry Fonda) después de despecharlo.
Escena memorable: me va a costar en todas las películas encontrar una escena porque evidentemente hay muchas pero de Jezabel me quedó en su impactante entrada al baile de debutantes con un vestido rojo (cuando los cánones de la época obligaban a que fuera blanco).
Recuerdo que vi la película cuando era pequeña y me impactó tanto esa escena que siendo una cinta en blanco y negro yo realmente vi el vestido rojo!!!

Cumbres borrascosas (1939)
                                    
        

Ayyyy ese Heathcliff!!
Basada en la preciosa obra de Emily Brontë un drama en que el joven Heathcliff un extraordinario Laurence Olivier vive una tormentosa relación con la hija (Merle Oberon ) de los terratenientes que lo acogen de joven, mientras ella debe casarse con un rico interpretado por David Niven.
Escena memorable: diré varios finales de la filmografia de Wyler pero es que este también se lo merece. Ese final en que los dos jóvenes enamorados suben por las colinas de la montaña.... Para mi uno de los mejores papeles de Olivier.

La carta (1940)
                                       

                                 

Puro cine negro. Segunda colaboración con Davis donde interpreta a una fría y calculadora esposa de un propietario de una plantación de caucho y en el que asesina a su amante supuestamente en defensa propia. Pero una carta comprometedora hará que cambie por completo los hechos que relata la protagonista.
Escena memorable: con un final que no te esperas, en esta cinta me quedo con el impactante inicio en que Davis baja una escalera con la pistola en las manos matando a su amante!

La loba (1941)

                                                    

                            
 Una más de las colaboraciones entre la guionista y escritora Lillian Hellman con el director, La loba nos enmarca a finales del siglo XIX en una población sureña donde una calculadora y despiadada Regina Giddens (Davis , of course!) empieza una lucha contra sus hermanos para quedarse con su herencia familiar. Ni los sentimientos, ni su hija (una maravillosa Teresa Wright) ni su marido un hombre honrado que vuelve a casa después de una enfermedad le harán cambiar de opinión para conseguir sus malvados planes.
Escena memorable: Quizás es en esta película donde le tengo más miedo a la Davis, difícil lo sé!!! pero cuando inmutable observa como su marido (Herbert Marshall) cae de las escaleras en pleno ataque del corazón sin ella hacer nada.... que escalofríos!!!!
La anécdota entre muchas de esta película es cuando la Davis recibió el premio Donostia en San Sebastián le sorprendió que la gente la reconociera llamándole :"La lobaaa!!!"

La señora Miniver (1942)

                                                          
    
 Greer Garson protagoniza a una ama de casa, cabeza de una familia inglesa que vive en un pequeño pueblo durante la Segunda Guerra Mundial. Gran interpretación de la Garson la cual ganó el merecido oscar, junto con Teresa Wright nuevamente a las ordenes de Wyler.
Escena memorable: Sin duda yo me quedaría con la escena del soldado alemán!

 Los mejores años de nuestra vida (1946)

                                                         

                                     
 Lo reconozco!! es una de las películas de mi vida! no sé cuantas veces la he visto y no sé cuantas más la veré pero este drama antibélico de tres combatientes de la Segunda Guerra Mundial que vuelven a casa como héroes pero que cuando se encuentran con la realidad pura y dura de tenerse que volver a integrar en una sociedad que no los acepta es desgarradora. De imprescindible visión!
Harold Russell, verdadero mutilado de guerra, con dos garfios por manos, se interpretó a si mismo y se convirtió en la primera y única persona que consiguió dos Oscar  como secundario y uno honorífico.
De nuevo Teresa Wright impagable!
Escena memorable: ya lo he dicho antes, la escena del pasillo cuando March vuelve de la guerra hace con la mano silencio cuando sus hijos lo ven y se va acercando poco a poco a la cocina donde la espera una Myrna Loy que te deja sin palabras!!! Gallina de piel!

La heredera (1949)


                                      
 Catherine es una solterona tímida y no muy agraciada de la alta sociedad...y una rica heredera. Durante un baile es seducida por un joven atractivo del cual ella se enamora perdidamente, pero su padre lo rechaza por creer que el joven busca solo su fortuna.
Ralph Richardson ganó el Oscar interpretando al padre castrador y Montgomery Clift interpretó al joven que quiere casarse con la heredera... pero ella, Catherine esa maravillosa Olivia de Havilland  eclipsa a todo el mundo que le pasa por delante!! Evidentemente ganó el Oscar por esa magnífica evolución de personaje de tímida al principio a fría y desconfiada al final!
Escena memorable: Caaaatherinee!!! Catheriiiine!!!! picando a la puerta!
Quien ha visto la película me entenderá perfectamente quien no la haya visto ya sabe lo que tiene de hacer!

Vacaciones en Roma (1953)
                       


Solo hay una palabra para definir a esta maravilla de comedia: ENCANTADORA!
La princesa Ana de viaje oficial a Roma , cansada de tanto protocolo decide escaparse una noche para vivir como cualquier mortal. Un periodista la reconoce pero sin decirle quien es la lleva a conocer los lugares más bonitos de la ciudad.
Primera película de Audrey Hepburn (increíble verdad??), donde apareció en los títulos de crédito junto a Gregory Peck porque el mismo lo exigió diciendo que seria una gran estrella.
Escena memorable: buuuf!!! hay tantas!!! el viaje en la motocicleta, la mirada al final cuando se da cuenta de quienes son ellos, pero me quedo con la escena de la boca de la veritá, que además fue totalmente improvisada, Hepburn se asustó de verdad porque fue una idea de Peck que no dijo a nadie , pero quedó genial!

Ben-Hur (1959)


                            
 La incursión de Wyler en el cine histórico le valió el máximo de estatuillas de la historia del cine hasta que llegaron West Side Story y Titanic! o sea un éxito!
Gran espectáculo visual a todos los niveles, Ben-Hur o Charlton Heston (en su papel más recordado) interpreta a un judío aristócrata que es traicionado por su mejor amigo Messala (para mi mucho mejor Stephen Boyd) un romano. Película obligatoria en Semana Santa!!!
SIempre se ha dicho que la relación entre Ben-Hur y Messala era algo más que amistad!
Escena memorable: también hay muchas pero supongo que todos recordamos las carreras de cuadrigas, impresionante escena, rodada magníficamente y la que se considera una de las secuencias de  acción mejor filmadas (sobre todo por que no habían los efectos especiales de ahora!) 

La calumnia (1961)
                            


Dos soberbias y impresionantes Audrey Hepburn (que vuelve a colaborar con el director) y Shirley  MacLaine dan vida a dos maestras propietarias de un colegio interno para niñas, que son acusadas por una alumna malcriada y repelente, de mantener una relación amorosa. La calumnia hunde el negocio cuando todos los padres sacan a las alumnas del colegio e incluso el prometido de Hepburn, un genial James Garner duda de ellas.
Wyler , que ya había hecho una versión años atrás , Esos tres, del relato de Lillian Hellman aprovechó que la censura empezaba a flojear y no ocultó la homosexualidad sobretodo de  uno de los personajes femeninos, presentándolo con una extrema delicadeza y una fuerza dramática interpretada por las dos geniales actrices.
Escena memorable: Muchas también!!!! pero de ésta... el final es una autentica maravilla!! una obra de arte absoluta, ya la película es una obra maestra por ella misma pero ese final la convierte en una autentica joya de toda la historia del cine! Obligatoria también!!!

Funny Girl (1968)
                    


Incursión en el musical, Wyler nos presenta un biopic de la cantante y comediante Fanny Brice desde los días en los barrios pobres de Nueva York hasta llegar a la cima de su carrera artística.
Basada en un musical de Broadway , Barbra Streisand cogió el relevo en la gran pantalla en una impresionante actuación! (lo sé, lo sé no soy objetiva!!!)
Escena memorable: cualquier momento musical, sobretodo en Secondhand rose, Don't rain in my parade y por supuesto en People todo un clásico!!

Qué voy a deciros!!! no sabría que película aconsejaros.... mirároslas todas!!!

Hasta la próxima!
Bargalloneta