A veces, el reencuentro en el cine con un personaje de la talla de Eddie Felson (Paul Newman) es comparable a la cálida sensación de reencontrarnos con un querido personaje literario en las posteriores partes de un libro.
Podemos decir que cinematográficamente, Eddie Felson al billar es lo que Jake LaMotta al ring de boxeo.
En 1961, Robert Rossen llevó a la gran pantalla la novela homónima de Walter Tevis, The Hustler, El Buscavidas en España, que ya pertenece a ese grupo de obras maestras cinematográficas por derecho propio.
La mesa y el taco de billar como excusa para contar uno de los retratos más amargos y cínicos de la naturaleza humana. Entre tanto guaperas sin estilo, Paul Newman le pone clase (marca de la casa) al arrogante, cínico y ambicioso tahur del billar, Eddie Felson. Cigarrillo en boca; detrás del humo unos ojos fijos en la figura de El Gordo de Minnesota, (Jackie Gleason) considerado el mejor jugador de billar sin perder una partida en los últimos diez años.
Sin embargo, la primera opción no fue Paul Newman, sino Jack Lemmon, que rechazó el papel de Eddie Felson por el de Joe Clay en Dias de Vino y Rosas.
El enfretamiento entre El Gordo de Minnesota y Eddie "Relámpago" Felson no se hace esperar y llena el primer acto de la película en una partida eterna. Un duelo en el que se define el carácter de Eddie, su ambición por ser el mejor a costa de todo y de todos. Sin embargo, tiene mucho que aprender y su falta de sentido común en el momento de máxima algidez lo demuestra.
El Gordo de Minnesota bien pudiera ser la antítesis de Eddie Felson. Un personaje que sin ser protagonista se gana un lugar en el podio junto a Newman.
La derrota ante su rival, y su consecuente desastre económico, no hará flaquear el empeño de Eddie,que abandonará a su socio capitalista para reunir dinero otra vez y volver a enfrentarse al Gordo de Minnesota.
Por el camino, Eddie encontrará a otra alma atormentada, Sarah Packard (Piper Laurie) que, tras la compresible desconfianza inicial, acudirá a la cafetería en la cual sabe que encontrará a Eddie en una escena memorable en la que pocos planos hacen falta para contar la historia de dos perdedores que no están enamorados, sólo están solos, y deciden tenerse el uno al otro.
En este retrato de perdedores, no hay más salida que un funesto final. Ni siquiera la victoria más deseada se saborea cuando para llegar al cielo has tenido que pasar antes por el infierno.
Veinticinco años después, Paul Newman le propuso a Martin Scorsese revivir a Eddie Felson. El primero, sabía que ponía a su personaje fetiche en buenas manos; el segundo, vio la oportunidad de trabajar con su ídolo de juventud.
“Nos estamos olvidando de hablar de lo importante. Lo importante no es
el billar, ni el sexo, ni el amor. Lo importante es el dinero.” - Eddie Felson.
Scorsese tomó el guión co-escrito por el mismo Paul Newman y Daryl Ponicsan y lo sometió a reescritura a cargo de Richard Price. El nuevo guión dejó satisfecho a Scorsese que no quería un remake ni una secuela de El Buscavidas, probablemente porque las comparaciones siempre son odiosas y medirse con una obra maestra no es una buena idea.
Para empezar, porque es difícil competir con el blanco y negro, que da una estética a una película que el color no consigue, sobre todo cuando se cuenta una historia dramática.
Eddie Felson sigue siendo un personaje patético, que ahora gana dinero trapicheando con el whisky y con las apuestas al billar, manejando a un joven no muy despierto. Pero un día, ambos quieren timar al tipo equivocado, Vincent Lauria (Tom Cruise)
Primer problema: la Fox no quería a Tom Cruise en la película; tampoco le entusiasmaba la reelaboración del guión; y todo estuvo a punto de quedar en aguas de borrajas cuando la Touchstone salió al rescate.
En esta ocasión, Eddie Felson está detrás del tahur del billar, no se sabe si en busca del dinero que pueden ganar o en busca de lo que algún día fue y revivirlo a través de su pupilo.
Vicent Lauria es la versión atolondrada de Eddie Felson cuando era joven. No acepta que para poder ganar dinero con las apuestas, antes tiene que perder para no asustar al adversario, cosa que trae de cabeza a Felson.
A ambos les acompaña Carmen (Mary Elizabeth Mastrantonio) en busca de la fortuna, en una especie de extraña road movie.
En contraste con los relajados golpes de cámara en blanco y negro de El Buscavidas, los frenéticos planos de El Color del Dinero
Dos películas y la evolución vital de un mismo personaje. No son comparables puesto que no tienen nada que ver. La primera, una obra maestra, la segunda, una oportunidad de volver a disfrutar con Paul Newman, pero en cualquier caso, recomendable.
Esperamos que hayaís disfrutados todos y todas de unas merecidas vacaciones. Tengo el honor de dar el pistoletazo de salida a una nueva temporada de Zinéfilas, pero como no me gustan las armas, abro la temporada con un buen saque de billar a lo Eddie Felson. Bienvenid@s de nuevo.
Bruja Truca.