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lunes, 23 de febrero de 2026

Hermanas hasta la muerte

HERMANAS HASTA LA MUERTE
Me regalaron un móvil de los caros. Yo quería uno chino, pero no; me cayó por navidades un móvil de esos que jamás me compraría motu proprio en la vida. Ya que tenía móvil de esos caros, también me salían tres meses de suscripción gratuita a su canal, así que me veis exprimiendo dicho canal de la manzanita. Y como de Slow Horses ya nos habló la mona Jacinta más de una vez, además. Gracias por ello. Echadle un ojo. Os hablaré de otra serie mucho más modesta pero no exenta de suspense, a la par que de sentido negro del humos. La serie en cuestión se llama “Hermanas hasta la muerte” (En el original Bad Sisters) y cuenta las tribulaciones de cinco hermanas irlandesas. La historia empieza con una celebración familiar y ya, desde el primer minuto, hay un personaje masculino cargante e insoportable que acrecenta su “insoportabilidad” a lo largo de toda la trama. Pero primero presentemos a las hermanas Garvey:
Eva, Grace, Ursula, Bibi y Becka son las cinco hermanas que quedaron huérfanas muy pronto. Eva se encargó de cuidar a sus hermanas y de criar a Becka, la pequeña. Eva no se casó, pero sí lo hicieron Grace, Ursula y Bibi, esta última con una mujer. Becka aún está soltera. Grace está casada con John Paul (Como el papa polaco tenía que llamarse). John Paul es el tipo que he mencionado al principio: Bocazas, machista, aprovechado, dominador...Mala persona, vaya. Es un “cuñao” en todas las acepciones. Las hermanas de Grace lo odian porque a todas y cada una les ha hecho alguna putadita con menor o mayor gravedad.
El “cuñao” al que todas quieren muerto La gracia de la serie es que la historia no es lineal. Salta continuamente en el tiempo. Ahí está su gracia y no os hago spoiler cuando os digo que el odiado “cuñao” muere, porque ese es el origen de la historia que nos narran. La gracia es en saber cómo y quién ha sido el autor de su muerte ¿accidental? Para acabar de liar la cosa, hay dos agentes de seguros que intentan, por todos los medios, demostrar que la muerte fue intencionada porque el seguro a cobrar es una morterada y no están dispuestos a pagar.
Los del seguro, que también son hermanos. Y esta es la gracia de la serie: Líos familiares, paisajes irlandeses, catolicismo irlandés y, como no, pubs y bebidas alcohólicas por doquier. Tópicos irlandeses por todas partes. Hay una segunda temporada que no tiene tanta gracia como la primera, pero que de suspense no está nada mal. Recomendable de todas, todas. Saludos, Juli Gan.

viernes, 26 de septiembre de 2025

La guerra según el cine italiano

Los seres humanos son capaces de perpetrar lo peor, como podéis ver últimamente por la tele. Los seres humanos inventaron las guerras. Catástrofes no naturales que causan muerte, dolor, pobreza, hambre, desplazamientos masivos y años y años de recuperación en medio de la miseria. Me está quedando un comienzo muy tenebroso, pero es necesario para adentrarnos en las pelis de las que quiero tratar en esta ocasión.


Hay pelis bélicas en las que se ensalza el heroísmo y se motivan los valores patrióticos, sobre todo si las filman los vencedores. Ahora me aparece en mente el armario ropero de John Wayne vestido de marine. Esa es precisamente la imagen que quiero desechar ya que hay también quien crea películas en las que la guerra no es más que una tragedia que les sucede a los protagonistas que preferirían estar en cualquier otro lugar en vez de en una trinchera. Es de este segundo tipo de pelis de las que pretendo hablar hoy.


Enlazo dos películas italianas producidas a mediados del siglo XX; una de ellas relata la historia de un par de soldaditos del ejército transalpino durante la guerra del 14, y la segunda narra las vicisitudes de un grupo de soldados al final de la guerra del 39. Ambas tienen en común que uno de sus protagonistas principales es el insigne Alberto Sordi.


A Italia no le fue bien en ninguno de ambos conflictos armados, y eso que se supone que durante la primera guerra mundial estaba del lado de los aliados, vencedores a la postre. Los italianos que fueron llamados a filas en sendas contiendas no se debían sentir demasiado guerreros y eso se ve en estas dos pelis.


Entre los años 1959 y 1960 el productor italiano Dino de Laurentiis, uno de los que consiguió que el cine italiano de posguerra tuviera un nombre, puso la pasta para que se rodaran dos films que contaban las desventuras de unos soldaditos italianos en cada guerra mundial. La casualidad es que en ambas, uno de los personajes protagonistas recale en el mismo actor: Alberto Sordi.



La gran guerra, 1959.


En esta peli bélica también sale Silvana Mangano, una sola mujer haciendo un papel demasiado habitual.

La peli de 1959, La gran guerra (La grande guerra) es una cinta en blanco y negro de 135 minutos dirigida por Mario Monicelli, conocido por ser el artífice de una de las primeras pelis de la comedia a la italiana, I soliti ignoti, más conocida por estos lares como Rufufú, que es justo del año anterior a la gran guerra.


Sordi y Gassman comiendo trinchera.


En las oficinas de reclutamiento los italianos van haciendo cola. Hasta allá ha llegado el milanés Giovanni (Vittorio Gassman) que intenta librarse, aunque sea pagando, cosa que aprovecha el romano Oreste (Alberto Sordi) que le tima. Ambos se reencuentran en el tren y están condenados a limar asperezas porque van a pasarse mucho tiempo en las trincheras. Ellos intentan escaquearse todo lo que puedan. El ardor guerrero no les representa. Eso de reptar por el barro y aguantar la metralla austrohúngara no va con ellos.


Dos caraduras en el reclutamiento.

Consiguen hacer de mensajeros con tal de escapar de las trincheras. En una de esas, volviendo a su unidad, descubren que esta ha sido arrasada y prácticamente son los únicos supervivientes de la misma. Fieles al escaqueo, en una de estas, se quedan a dormir en una granja y los austríacos los hacen prisioneros. Los austríacos se ríen de la cobardía que demuestran los dos italianos. Giovanni reacciona y se enfrenta a los oficiales que les interrogan, con lo cual, es fusilado. Oreste, que tiene miedo a morir, acaba igual. El final de la peli resulta de lo más irónico, ya que los italianos toman la granja y pasan al lado de los cadáveres mientras comentan que esos dos seguro que se han dado a la fuga.


Todos a casa, 1960.



La peli de 1960, Todos a casa (Tutti a casa) narra las vicisitudes de un grupo de soldados que no saben muy bien qué hacer dado que se ha decretado el armisticio entre el ejército italiano y los aliados, con gran cabreo de los alemanes que pasan a ser el nuevo ejército enemigo, del que tienen que huir este grupo de italianos desmilitarizados. La cinta, en color, y de casi dos horas, fue dirigida por Luigi Comencini, autor de pan, amor y fantasía.


Llama al cuartel desde el bar porque han decretado el armisticio.


Esta historia que comienza el día que Italia declara el armisticio en 1943. En Todos a casa el subteniente Innocenzi (Alberto Sordi) se encuentra con que su cuartel es un caos y que todos los soldados se quieren largar. Para añadir dramatismo al desconcierto, los alemanes, que eran "amigos", acaban disparándoles. Innocenzi consigue que algunos de sus soldados vayan con él hasta que encuentren un oficial, pero el caos hace que cada vez le queden menos soldados alrededor. Todos se largan en cuanto pueden. Sólo queda con él Ceccarelli, que es un pobre soldado al que le han dado un permiso que pierde por el camino y que no se separa de una maleta en la que lleva embutidos que ha prometido llevar a destino. Es mítica la escena en la que el numeroso grupo de uniformados se adentra en el túnel del tren y sólo salen dos: Innocenzi y Ceccarelli.


Innocenzi, Ceccareli y Fornaciari a la busca de un superior que les de órdenes.


Después de llegar a una granja donde pueden cambiar el uniforme por ropa civil, se reencuentran con otros compañeros de armas fugados, como el sargento Fornaciari (Martin Balsam, el presidente del jurado de doce hombres sin piedad). Intentan llegar a sus respectivos hogares siempre escapándose del ejército alemán que controla trenes y carreteras. Hay episodios dramáticos donde mueren integrantes de esta estrafalaria cuadrilla, cuando intentan evitar que atrapen a una chica judía o cuando detienen a un militar norteamericano en casa del sargento Fornaciari, al que los camisas negras fascistas se llevan, a pesar de que él acaba de llegar del frente y no sabía nada del nuevo inquilino residente en casa de su familia.


El grupo se ha esfumado en el túnel. Sólo quedan dos.

Innocenzi y Ceccarelli llegan a Nápoles, su ciudad, pero son detenidos y obligados a limpiar los escombros de la calle. En la última escena, Innocenzi, abrumado por la muerte a tiros de Ceccarelli, toma parte en la revuelta de septiembre del 43, conocida como los cuatro días de Nápoles, donde la resistencia lucha contra el ejército alemán.


Comiendo polenta en casa de Fornaciari con el oficial americano. 

Ambas pelis manifiestan el horror a la guerra, el afán por la supervivencia y el arte del escaqueo. Estas dos cintas muestran, aunque sea en clave tragicómica, que la guerra es algo muy lejano a ser un acto heroico. Una gran lección para los tiempos que corren.


Juli Gan.


viernes, 13 de junio de 2025

Nick Cravat, el secundario acróbata y mudo

 El otro día me acordé de este actor secundario tan expresivo. Solía aparecer en las pelis donde su gran amigo, Burt Lancaster, hacía de galán atlético con sonrisa muestra de dentífrico de los buenos. Nick Cravat era al amigo del prota (De Lancaster), siempre fiel y solícito, y resulta que es que no dejaba de ser cierto a grandes rasgos.

Nick Cravat era el nombre artístico de Nicholas Cuccia. Cuccia, pronunciado (Cuchia) denotaba el origen italiano de su familia. El bueno de Nick había nacido en el Brooklyn neoyorquino y de muy joven coincidió con Burt Lancaster en un campamento de verano, dicen. Lo cierto es que Burt y Nick se hicieron amigos y ambos, aficionados a la gimnasia y las acrobacias, acabaron montando un espectáculo que los llevaría al circo.

Con ese cuerpazo que gastaba Lancaster, esa sonrisa blanca e impertinente, esa agilidad y ese llamativo color del pelo, acabó siendo descubierto por un cazatalentos yéndose a Hollywood y teniendo éxito. Pero Burt no olvidaba a su colega Nick y se lo llevó para que también hiciera cine. Ambos salían haciendo saltos y piruetas exhibiendo una plenitud y fortaleza físicas envidiables.

Un elfo del bosque

El bueno de Nick siempre hacía de fiel escudero mudo. Siempre mudo. Hablaba con gestos y silbidos en las películas. Lo podéis ver en "el temible burlón" o "el halcón y la flecha". Pero, no, Nick no era mudo, a pesar de la gesticulación. Lo que le pasaba a Nick es que tenía un acento exageradamente marcado.


 Acento de barrio, de su barrio, Brooklyn, y eso, en películas de época, ya sea en la Europa medieval, o en esos piratas del Caribe del siglo XVII, no quedaba demasiado correcto.

El prota y el secundario

Y Nick hizo pelis sin su colega Burt, siempre de secundario, Con Victor Mature, otro cuerpazo pero con un rictus facial un poco malogrado, con Dean Martin, con Jerry Lewis... 

Buena forma física

En los años 60, los años del western, su colega Burt, lo enroló en historias del oeste. Fueron unas cuantas: Camino de Oregón; que viene Valdez; camino de la venganza; la venganza de Ulzana, eran unos títulos muy vengativos para dos camaradas, curiosamente. Una de sus últimas cintas juntos fue "la isla del doctor Moreau", una peli inquietante .

Inicios circenses


Y hoy he querido traer a la memoria a la memoria a este secundario mudo en la fición en ese dorado cine de los años 50 de aquél Hollywood tan dado a sacar historias de época donde un marcado acento neoyorkino no podía oírse.

Juli Gan

viernes, 2 de mayo de 2025

Matlock, Kathy Bates entre tiburones trajeados

La edad de oro de la tele de pago crea series como champiñones donde artistas veteranos siguen prodigándose. Así, hace poco, encontré a la simpar Kathy Bates protagonizando una serie de intrigas legales en un caro bufete de abogados neoyorkino. Esta avezada actriz septuagenaria continua dando guerra en el mundo de la interpretación después de haberse pasado media vida en el teatro y de impactar y aterrorizar a medio mundo en la adaptación para el cine de la novela Misery de Stephen King, donde martirizaba a James Caan.

La serie que protagoniza Kathy Bates empezó con cierta gracia; nos encontramos a una adorable ancianita que acude a un elegante y caro bufete de abogados neoyorkino para conseguir trabajo. No es extraño ver ancianos currando duro en los EEUU, y Matty Matlock, que así se llama el personaje de la Bates, necesita con urgencia ganar un sueldo según nos cuenta. Pero no os fieis, es abogada, y muy buena, y sabéis que los abogados tienen picos de oro para engañar sin piedad. 

Kathy Bates no se jubila.

Matlock es misteriosa pero engancha su personalidad, su oficio y también lo que nos va descubriendo de su vida. A los del bufete les cuenta que necesita trabajar porque es una abuela viuda a cargo de un nieto preadolescente. En esa pecera llena de tiburones que resulta ser el bufete se sumerge la ancianita y consigue que no se la coman. Ahora es cuando el espectador va conociendo al resto de la plantilla de abogados estirados con deseos de hacerse socios de la firma, que aguantan jornadas interminables de manera estajanovista con tal de no ser comidos como "pezqueñines" que son para llegar a "tiburonear" como los peces gordos.

En el ascensor con dos abogados que pelean por ser socios del bufete.


Uno de los dueños de la firma es Markston sénior (Beau Bridges), que por su posición puede permitirse el lujo de usar traje y corbata y va vestido como un cow-boy de oficina, con sus jeans y su corbata tejana (O corbata bolo). Hay un sénior, lo cual implica a un júnior (Jason Ritter, el hijo de John Ritter), un abogaducho algo pusilánime que pelea con su exesposa en la carrera por ser admitido como socio del bufete. La ex, aunque excelente abogada, por lo que se ve, y bastante estirada, por lo que se aprecia, es Olympia Lawrence, que defiende el estereotipo de mujer luchadora afroamericana que tiene que romper el techo de cristal y los muros de carga machistas y racistas. Y por último están los jóvenes abogados pringados que comparten despacho y no reciben bien a la competencia, aunque pueda ser su abuela. Ellos son  Sarah Yang, una inflexible joven asiático-americana, pelota hasta el hartazgo, y Billy Martínez, el joven de origen hispanoamericano, que es un poco menos intragable e intentan hacerlo pasar por tío dulce. Con todos estos personajes ya tenemos la cuota de casi todas las minorías étnicas del país.

Trío de becarios. Como en Fama, esta cuesta y lo van a pagar, aparte de con sudor, con horas en la ofi.

Uno de los chistes recurrentes, que en España no se entiende demasiado, es que la abogada se apellida Matlock, igual que un famoso personaje televisivo cuyo apellido daba título a una vetusta serie sobre abogados criminalistas de hace más  de treinta años. Como si hicieran en España una serie con un pescador apellidado Chanquete, poco más o menos. Sólo que la Matlock  que interpreta Bates esconde muchos secretos. Ella entra en el bufete por la puerta pequeña, esa en la que tiene que codearse con otros abogaduchos bisoños, alegando necesidades económicas pero tiene otro objetivo muy concreto. Hay una subtrama que se va enganchando a las tramas de cada capítulo. Esta no os la cuento, pero siempre podéis echar un ojo a painkiller. Está relacionada.

Beau Bridges, tiburón jefe.

Matlock, al igual que el abogado del Lincoln, son la nueva hornada de series sobre letrados alejadas, pero no mucho, de la caspa de los noventa  que traían series como "La ley de Los Ángeles". Sólo por ver a una actriz con la presencia de Kathy Bates ya merece la pena.

Juli Gan.


viernes, 14 de marzo de 2025

La tapadera (1976)

 Hoy no voy a hablaros de La tapadera de 1993, la que dirigió Sydney Pollack, sino de otra tapadera algo anterior, dirigida por Martin Ritt, antiguo represaliado por el comité de actividades antiamericanas que tanto daño hizo. Ambas pelis llevaron el mismo título en España, pero la protagonizada por Tom Cruise se llamó en inglés "The firm" (Algo así como la empresa queriendo definir al bufete de abogados), la protagonizada por Woody Allen se tituló "The Front", que quizá sí fuera una traducción algo más ajustada.


Aunque al protagonista lo encarna Woody Allen no es una peli dirigida por él. Esta es una de las pocas veces en que Allen no ha actuado en una peli que no fuera suya. Su personaje se llama Howard Prince y es un tipo algo buscavidas que sobrevive como cajero en un bar. Se dedica a apostar y a dar sablazos a su hermano. Howard tiene un  buen amigo que es un brillante guionista. El guionista es bastante famoso, se llama Alfred Miller y tiene éxito. Lo malo es que estamos en la mojigata Norteamérica de los años 50. Durante aquella época gazmoña hubo un senador de apellido McCarthy que se dedicó a enarbolar una caza de brujas sobre cualquier persona que oliera a progresismo sin ser necesariamente comunista. 

Alfred, el escritor y su amigo Howard, la tapadera.

Como suele ser habitual, en las profesiones artísticas suele darse con frecuencia una sensibilidad palpable del sentido crítico  y eso, en aquella época, y, por desgracia en la nuestra aunque aún no hayamos tocado fondo, significó que gente reaccionaria e hipócrita por lo muy cristiana, pero sin los valores propios, se dedicara la vida a amargar la misma a tantos artistas. El comité de actividades antiamericanas, nombre pomposo donde los haya, prohibió a miles de personas poder ganarse la vida. Hasta en pelis de la época franquista como en Bienvenido, mr. Marshall, queda retratado este comité, concretamente en el sueño agitado del señor cura. La censura era un mal que está de vuelta. Aprovecho para hacer un guiño a pelis que tratan el tema como "Buenas noches, y buena suerte".

Heckie Brown (Zero Mostel) actor que lo tuvo todo y que está en horas muy bajas.

Volviendo a la historia de Howard Prince, éste acuerda con su amigo, el escritor Miller, hacerse pasar por autor de los guiones del segundo, para poder comer los dos. Y Prince, que ve el negocio, empieza a sumar guionistas censurados para ir viviendo bien como un gran escritor aunque no sepa ni escribir la lista de la compra.

El impostor se despide de su chica hacia un sombrío destino.

El impostor va subiendo hasta que la situación se hace insostenible. El asco a la delación y el tener miedo a todo se plasman en el papel del actor célebre que un buen día deja de tener las puertas abiertas de todas partes. Quizá las escenas de Hecky Brown (Zero Mostel, otro actor que estuvo en la lista negra) sean de lo más logrado de esta peli.

Hacía mucho que no volvía a ver esta peli tan cargada de ironía y, tal y como está el patio, me da bastante angustia que este clima de puritanismo rancio, miedo y delaciones vuelva a ponerse de moda. A modo de curiosidad, los títulos de crédito del final empiezan desde el director, el guionista y algunos actores indicando el año en que fueron incluidos en la lista negra del comité de actividades antiamericanas. 


Saludos y parabienes,

Juli Gan.

viernes, 31 de enero de 2025

El 47

Hace algunos años iba al cine semanalmente, incluso había semanas en que iba dos o tres veces. Es más, en la buena época de estudiante, esa que es cuando eres joven pero andas con poca pasta en el bolsillo, habíamos hecho malabares para ajustar dos pelis en sesiones seguidas para salir del multicine y volver a entrar para la siguiente proyección. Es una pena que eso esté cambiando y nos volvamos ermitaños en nuestra casa con la tele de pago, entre otras cosas porque cada vez hay menos cines y, si tienes suerte de tener uno cercano sólo dan mierdas y mierdas en 3D. En fin, dejemos los lamentos de la generación X para otro rato. Esta es la última peli que vi en un cine.

Venía yo a hablarles de una peli con orgullo de barrio humilde. De ella me habló un día, subiendo a casa en el bus de mi barrio, precisamente, mi tutora de 8º de EGB (segundo de la ESO para la gente joven) que venía de verla y me contaba que seguía aún pensando en ella porque, explicaba, que aquella Barcelona chabolista la conoció cuando era muy cría. Eso aún me dio más ganas de ir al cine y a la semana, me planté allá.




Biopic.


Suele ser muy arriesgado contar una historia basada en la realidad, sobre todo cuando cuenta una historia, digamos, colectiva, aunque se centre mayoritariamente en un personaje, que es el caso del chófer del autobús 47, Manolo Vital, interpretado por Eduard Fernández, que ha tenido un año de éxitos con esta peli y con Marco, de la que nos habló hace unas semanas La mona Jacinta. El 47 es la victoria pírrica de un barrio, la Torre del Baró, que queda de espaldas a la ciudad de Barcelona, en un terreno de difícil urbanización.

Lo primero que nos cuentan es que este barrio se construyó de manera humilde, por las noches, intentando tener un techo antes de que salga el sol para que los guardias no lo derriben todo siguiendo las ordenanzas. Y es que machacar a los inmigrantes y a los que no tienen cómo pagarse una casa no es nada nuevo.

Una peli colectiva


Poco a poco el barrio se urbaniza, pero no por deber municipal, sino por el afán de sus vecinos. Viven en la punta de una montaña y de espaldas a la ciudad. Son término municipal de la ciudad condal pero están abandonados. No tienen infraestructura municipal ni servicios. Y hay que subir una montaña para ir a dormir a casa. Y pasan los años, y el señor Vital inicia los trámites para pedir una línea de bus. La escena de la burocracia es fantástica. El ninguneo y la displicencia del concejal de turno (Pequeño papelito de David Verdaguer) no le dejan a ese vecino otra opción que secuestrar un autobús para probar que hasta la Torre del Baró es posible hacer llegar el servicio público. Siendo chófer del TMB (Transport metropolità de Barcelona) es fácil robar "material de oficina".

Foto del rodaje. David Verdaguer haciendo un papel de burócrata displicente y Carlos Cuevas de...¿Se supone que es Maragall?


La gent del barri

La peli deja un sabor agridulce. Consiguen hacer subir el bus, pero sigue pesando ese miedo a la autoridad punitiva (La policía) que tienen los desheredados de la tierra. La peli deja ver lo que era la Barcelona de los 50, de los 60, de los 70...Esos miles de inmigrantes del sur que vienen a buscarse la vida porque, por miles de razones, no tienen con qué comer en su lugar de origen. Vital lo explica con el reloj de su padre, lo único que le queda de él. Clase obrera, despojada de todo, sin derecho a vivir por ser perdedor.


Trabajador y luchador en esos años de reconversión.


Vital es viudo y tiene una hija pequeña. La niña se cría entre el vecindario mientras construyen furtivamente sus chabolas nocturnas. Hay gente de corazón como Carme (Clara Segura) una monja catalana que se dedica a echar una mano esas noches, dando de comer a los atareados albañiles furtivos. Carme es esa figura femenina anónima que ha hecho tanto por el barrio. Es la que enseña, aparte del idioma de la tierra, a leer y a escribir, a sumar, restar, multiplicar y dividir a niños, niñas e incluso adultos; sobre todo, adultas. Carme es ese entusiasmo obrero y cristiano que luchó por la gente (Y perdió a partir de la muerte de Juan XXIII). Carme, como tantos otros, colgó los hábitos.

Manolo y Carme.


Y luego están otros vecinos, como Felipín, que se convierte en el panadero del barrio. (Ya está bien que Salva Reina haga un papel alejado de la comedia), o Antonio, ese vecino que siempre nos disputará algo, aunque acabe arrimando el hombro, que hace eternas las asambleas o reuniones de vecinos.

Y, cómo no, la policía (¿Por qué Vicente Romero se pasa la vida haciendo de madero?) esa policía prepotente, a favor de los ricos, aunque pertenezca a la clase trabajadora, que desprecia a sus iguales, aunque sea tan emigrado como ellos.


Y en este universo que recuerda a una favela, donde creció toda una generación de barceloneses trabajadores, se cuenta una pequeña historia llena de orgullo y dignidad, con ciertas dosis de ironía y de resiliencia.

viernes, 29 de noviembre de 2024

Rapa (Serie, 2022-2024)

Me da un poquito de lástima hablar de series para televisión. Las series están viviendo una edad de oro gracias a los canales de pago y se consiguen buenas producciones. También malas, todo hay que decirlo, pero es que si se produce a gran escala, sale de todo: Bueno, malo y regular. El canal de la compañía telefónica privatizada de España sacó hace poco la tercera y última temporada de una serie bien llevada por sus dos actores principales. 

Primera temporada.


La serie en cuestión es Rapa y está ambientada al norte de la provincia coruñesa. Los actores principales se convierten en una especie de pareja detectivesca, aunque el personaje que encarna Javier Cámara, Tomás Hernández, se encuentra con una víctima de asesinato en medio de la montaña. Tomás es un profesor de instituto al que le han diagnosticado una enfermedad neurológica degenerativa. Como testigo del crimen es interrogado por la agente Estévez de la guardia civil (Mónica López). Entre ambos surgirá una gran amistad que se mantendrá a lo largo de las temporadas.


Tercera temporada.

No os pienso destripar las temporadas, sólo deciros que de las tres que se han realizado, la última me parece la mejor. El personaje de Tomás es un papel que Javier Cámara borda, como suele hacer. Un tipo extremadamente inteligente, mordaz y malhumorado que afronta lo que le queda de vida entreteniéndose en encontrar pistas que aclaren los crímenes en los que trabaja la agente Hernández que se debate entre ayudar a su amigo y procurar que no meta las narices en sus tareas policiales.

Bellos paisajes y drama.


Aparte de los personajes que pivotan en las tres temporadas, en cada una de ellas hay un crimen, unos sospechosos y/o víctimas que se ven envueltos en sendos dramas. El resultado final es entretenido, convincente y sobrio.

Para los que aún no la hayan descubierto y se pirren por las series policíacas y los impresionantes paisajes de Galicia.

viernes, 11 de octubre de 2024

Die Welle (La Ola, 2008)

 No sé quién fue el artista que la programó, pero el mismo día que la AfD (Alternative für Deutschland), un partido nazi, ganó en Turingia y casi en la baja Sajonia (Länder alemanes, que son algo más que nuestras comunidades autónomas), en uno de esos canales dedicados a poner cine, difundieron "la ola", (Die Welle), esa peli alemana de 2008 que dejó impactada a la gente en los cines, y yo me la volví a tragar entera.

Cooomoo Una ooooolaaaaaa...


No es que sea un peliculón, pero tiene cierto atractivo por la historia que cuenta, y aunque es, quizá demasiado moralizante, con su fanático desquiciado y todo, hace pensar, que es de lo que se trata. Cuando la vi estrenada en el cine yo ya era una adulta, pero estoy convencida que es el tipo de peli que te ponen en clase de ética o filosofía o lo que sea que dan los niños ahora en "bachi", y ojalá que en la ESO.  Mi profe de la optativa nos puso "yo, Cristina F" (Una peli brutal sobre la juventud y las drogas) y dos buenas pelis sobre el ambiente dictatorial del cono sur latinoamericano impuesto marcialmente por ese "amigo de los niños", pero, sobre todo, de los militares torturadores que fue Henry Kissinger. Nos proyectaron "Missing, desaparecido" y "la noche de los lápices". Eso te hace abrir los ojos al cine y al ambiente que te rodea.

Rainer, el profe "enrollao".

Volviendo a "La Ola". La peli nos enseña a Rainer, el profe del instituto de bachillerato enrollado. Treintañero, informal, que escucha punk y vive en una barcaza con su novia, también profesora. Es la semana de proyectos del gymnasium (Los alemanes le llaman "guimnasium", ge suave,  a la enseñanza secundaria). Él quiere dar clase de anarquismo, pero se lo ha pedido otro profe con pinta de oficinista (americana  y corbata) así que le toca dar autocracia. No le hace ni pizca de gracia, porque va en contra de sus ideas presumiblemente izquierdistas, pero ahí va.

Por otro lado están los alumnos. La peli se centra en unos pocos como Marco (El Wofgang de Sense 8 de las hermanas Wachowski), joven deportista criado en familia desestructurada. Juega al waterpolo en el equipo del insti y es el novio de Karo, una chica acostumbrada a liderar; Lisa, su amiga, siempre a la sombra; Sinan, el deportista sin mucho interés por los estudios que es de familia turca .También están otros chicos como el rico, el matón y, por supuesto, el chico marginado.

Sinan, el deportista, ayuda a su ahora amigo Tim, el marginado.

Es natural que la peli la rodaran los alemanes. Llevan 70 años con la culpabilidad de la segunda guerra mundial a cuestas...Hasta ahora, visto el auge ultraderechista. No conozco alemán de cierta edad que no se sienta culpable por pertenecer al país que aupó a los nazis. Sin embargo me hace cierta gracia la ignorancia y el descaro del mundo y del chaval de familia turca, Sinan, cuando están hablando de esta vergüenza alemana y el muy imbécil dice que a él no le toca porque es turco. Porque, claro, ni su puta madre sabe que Turquía (Si Alemania sigue siendo el III reich, Turquía me vale como Imperio Otomano) asesinó a cientos de miles de armenios hace un siglo en lo que se llamó el genocidio armenio, que es ignorado por la ONU, por el mundo en general y por Turquía que prohíbe decir o publicar nada en su país sobre eso y se cabrea mucho si alguien lo suelta por ahí. Hay que tener cara, pero volvamos al tema.

En unos pocos días, la clase que imparte el señor Wenger, porque ya ha dejado de ser el enrollado e informal Rainer, se transforma. Se respira un ambiente de unión y camaradería entre los compañeros, que deciden vestir igual, que nunca se había dado. La mayoría se entusiasma y se emborracha del ambiente fraternal que desprende el grupo que asiste a clase del señor Rainer. Los hay disidentes, claro, y eso empieza a afectar a las relaciones entre los alumnos y, definitivamente, todo el mundo. Una semana lectiva, que son cinco días, lo transforman todo, incluso a Rainer, que tarda en darse cuenta de las dimensiones que su clase de autocracia ha adoptado. Final impactante.

De rojo, un blanco perfecto.


La peli se limita a dar pinceladas de las casuísticas que se pueden dar en los miembros de una sociedad cerrada destinada a ser una élite social y/o política y no ahonda más. Eso se lo deja al espectador para que lo rumie una vez vista la cinta.

Tim es un chaval sin aptitudes sociales, pero la Ola lo transforma.


Por cierto, la peli está basada en un libro que recoge un experimento escolar realizado en el Palo Alto californiano de los años 60 que tuvo, por lo que se comenta, un desenlace que cercenaron de golpe ante las dimensiones que estaba tomando el dichoso "experimento".  Si no la habéis visto, tal y como está el mundo últimamente, es más que recomendable. En caso de que sí la hayáis visto, me remito a la misma recomendación, porque sigue dando para reflexionar.


Que el cine os haga libres;

Juli Gan

viernes, 17 de mayo de 2024

Adiós, muchachos (1987)

 A esta peli le tengo un cariño especial. La primera vez que la vi cursaba yo la secundaria. En aquella adolescencia miraba con especial interés la historia de un escolar y su particular mundo. A pesar del título de la cinta, no tiene nada que ver con el famoso tango de Gardel.

Cartel de la peli

Como anunciaba en el párrafo anterior, la peli cuenta la historia de Julien Quentin (Quentin es el apellido), un adolescente de familia burguesa que vuelve con  fastidio al colegio religioso después de las vacaciones. Es la época de la Francia ocupada por los nazis, en los años 40. Los Quentin envían  a sus dos hijos al internado católico para alejarlos de la guerra. Julien es el pequeño y tiene una relación muy cercana a su madre, tanto que le pide a esta una y otra vez quedarse con ella en la ciudad.

El Frío que dan todas las pelis que reflejan los años de las guerras.

Allá entre curas y compañeros de pupitre Quentin es el chaval listo que lee novelas mientras los maestros dan la lección. Un buen día el padre Jean, el rector de la institución, llega con unos nuevos alumnos, entre ellos, Jean Bonnet, un chico inteligente y serio que se convierte en algo así como "rival intelectual" de Julien. 

Recoge, Bonnet, que te vas con los del casco.


Julien, verdaderamente curioso, empieza a fijarse en su nuevo compañero de pupitre, que, además, duerme a su lado en el dormitorio comunal. Bonnet parece que esconda algo y Julien está en esa disyuntiva de querer ser su amigo, pero sin dejar de ser rival. No deja de ser un crío. Bonnet guarda algún secreto, como las velas (de sabbat), o su apellido real, que no es Bonnet sino Kippelstein. Así Julien y Bonnet se hacen amigos. Tocan el piano mientras todo el mundo está en el refugio por bombardeo. Julien hace que su madre invite a Bonnet a comer el día de las familias, pero también tiene goples de verdadero niñato como cuando pretende compartir foie gras de cerdo con él. Al final, por un chivatazo de un colaboracionista, personaje muy interesante de la peli, los niños judíos escondidos en el colegio y el rector, padre Jean son detenidos. De hecho, "adiós, muchachos" son las últimas palabras que el padre Jean les dedica a sus alumnos. "au revoir, les enfants" .

Despidiendo a su amigo que se va preso de los nazis


Louis Malle quiso rodar una historia basada en sus propias vivencias juveniles. La historia del joven sensible apegado a su madre en colegio religioso durante la guerra tiene tintes autobiográficos, como los tiene también "el soplo al corazón", la historia de un chaval redicho, amante del jazz y la literatura, muy cercano a su madre. 

Tentando a tu amigo para que te confiese su religión


También tiene cierta relación con esta peli, otra cinta anterior de Malle, "Lacombe Lucien", la historia de un joven pobre que se convierte en colaboracionista de los nazis hasta que conoce a una chica judía de la que se enamora. En "adiós muchachos", como antes he referido, hay un personaje llamado Joseph que es un pobre tullido que se dedica a servir mesas, ayudante de cocina o limpieza en el colegio, que es dardo de todas las burlas y humillaciones por parte de los escolares, aunque también se dedique a trapichear con las conservas que los desaprensivos de los escolares le venden. Esto hace que lo expulsen del colegio y que acabe haciendo de chivato para los nazis, siendo el desencadenante del fin de la historia. Quizá esta sea la subtrama más interesante de la cinta.

Quentin trapicheando con Joseph, el personaje más complejo de la peli.


Es larga tradición francesa de pelis de escolares, empezando por "cero en conducta", de Jean Vigo, del año 1933, "los 400 golpes" de Truffaut, "la guerra de los botones", las pelis de Louis Malle aquí mencionadas, "el soplo al corazón" o Adiós, muchachos", "hoy empieza todo", o "los chicos del coro", casi podría decirse que los franceses le tienen pillado el truco al cine escolar.


Juli Gan

sábado, 23 de marzo de 2024

Se les fue la mano, aunque sea de hierro

No quiero repetirme, pero lo debo hacer una vez más. En mis últimas contribuciones he venido hablando de las series para plataformas de televisión y su gran momento. Hay una especie de edad de oro de las series, pero eso también significa que, entre tanta producción, suela haber bastante ejemplar mediocre. Yo deseaba poder hablar aquí de una seria epatante, pero acabo de ¿consumir? algún que otro gato que me habían vendido como liebre.

Destaca el gris...En todo.


Cierta plataforma televisiva  ha estrenado, y publicitado, una serie de acción española, trufada de grandes nombres en su reparto. El tráiler es trepidante, pero la serie pierde gas desde el primer capítulo. La sinopsis es la siguiente: Joaquín Manchado, also known as "el manco" (Eduard Fernández) es un hombre hecho a sí mismo, como nos demuestran los recurrentes flashbacks, que es el que maneja a su antojo el puerto de Barcelona, tanto en negocios legales como ilegales. No pasa nada en su puerto que él no sepa. Su familia convive y trabaja con y para él, desde su hermano Román (Sergi López), sus hijos (Enric Auquer y Natalia de Molina) y su yerno (Jaime Lorente).

La serie lleva el nombre de su personaje, pero no el peso.


La trama es tan clásica que sabes lo que va a pasar y eso le quita interés. Cada personaje, masculino, por supuesto, ya que las tres o cuatro mujeres que tienen letra en la serie hay poca cosa que reseñar, y es que en este campo de nabos las mujeres no dejan de ser una mera comparsa y se limitan a ser: la hija del jefe (Natalia de Molina), la hija y hermana de un gángster mexicano (Giannina Fruttero),  la puta de lujo a la que babosea el hermano  gregario del jefazo (María Belmonte), una secundaria misteriosa que tiene alguna escena al final de la serie inacabada (Melina Matthews), o el papel que se queda a medias de personaje importante que hace su aparición con cuentagotas (Ana Torrent)

Sergi López hecho un cristo.


Así que entre explosiones, tiros, sangre, palizas, puñaladas literales y de las figuradas, también, flashbacks fallidos que intentan explicar el por qué de la violenta situación actual, ambas tan falsas como una sonrisa de vendedor profesional, la serie va perdiendo fuelle. 

Las subtramas no están demasiado logradas. Chino Darín en plan ONG.


Hablando de flashbacks, sitúan los inicios del imperio del joven advenedizo que será "mano de hierro" en un puerto de Barcelona irreal que convierte a los estibadores en mafiosos que viven en una especie de gueto chabolista (Que quieren hacer pasar por lo que fue can Túnis, actual zona donde se aposenta "Mercabarna"). Entiendo que quieran mostrar un pasado oscuro y peligroso de un puerto corrompido, pero es que no da el pego.

Sicarios mexicanos, bueno, Raúl Briones, sí, su hermana, Giannona Fruttero es de bastabte más al sur.


En resumidas cuentas. Hay un conflicto con un cargamento que entra a puerto en el que se ven envueltos el mafioso local que tiene untado al picoleto que comanda el cuartel (Se agradece ver a Salva Reina en un registro que no es el habitual), a los mafiosos italianos, a los sicarios mexicanos (Aunque la peligrosa mexicana sea chilena) y a los arribistas que quieren dar el golpe de su vida. Nada demasiado original, que, además cumple con la estafa, no ya de dejar algún cabo suelto para una segunda parte, sino de no resolver absolutamente nada dejando muy descaradamente todo inacabado, lo cual es indignante. 


viernes, 9 de febrero de 2024

Las Brigadas del Tigre, serie de televisión.

 Estamos en la época dorada de las series para formato televisivo y en ese maremágnum de géneros y subgéneros encontramos las series de detectives. Antiguamente destacaba la figura de un sólo detective, sagaz y brillante. En los ochenta empezaron a entrar las parejas de policía y más tarde lo hicieron los equipos. Esas series con un buen puñado de personajes, cada uno con su subtrama. Los norteamericanos coparon las cadenas de televisión con personajes como Colombo, Kojak, Mike Hammer o Jessica Fletcher, primero y luego sus Starsky y Hutch, sus Cagney y Lacey o su Miami Vice.


Pero Europa no se queda atrás. Quizá impelida por su profusión de narrativa policíaca hemos tenido desde monsieur Poirot, Miss Marple, personajes de Agatha Christie, o el padre Brown, de Chesterton, ambos autores británicos, a las series televisivas basadas en personajes literarios del continente europeo, como el caso del comisario Montalbano, y que tanto éxito tuvo su reposición en La 2 el verano pasado, teniendo en cuenta que la serie es más vieja que los teléfonos con rueda para marcar, lo cual tiene gracia. Leí una vez que su autor, Andrea Camilleri, bautizó a su personaje Montalbano en memoria de Vázquez Montalbán, autor, a su vez de personajes como Pepe Carvalho. 


Los polis de la Belle Epoque

Italia también es la cuna de la serie del comisario veneciano Brunetti, aunque su autora sea la norteamericana Donna Leon, y, en España hace nada se emitió la serie de esa autora ficticia tres-en-uno que es Carmen Mola sobre la policía Elena Blanco, por no recordar el estropicio que le hicieron al personaje barcelonés de Alicia Giménez Bartlett, llamada Petra Delicado, convirtiéndola en una inspectora de policía encarnada por Ana Belén paseándose por Madrid seguida del subinspector Garzón, que lejos de ser un hombre prejublilado se había convertido en un treintañero Santiago Segura. Todo un despropósito. 

Cierto es que salen pocas mujeres. 

Los franceses no han sido menos, claro está, y nos han ofrecido innumerables ejemplos de sus detectives tanto de pasado literario como los creados para la pantalla. Da igual si es Maigret, Navarro, Candice Renoir o Bright Minds, con su mujer policía de mundo y su brillante colaboradora autista. Desde luego, los franceses saben hacer buenas historias para cine o televisión. Casi se podría decir que por algo inventaron el cine, si me permitís la gracia.


El comisario Valentin y su bigote a la moda (Jean-Claude Bouillon)

Pero estoy saliéndome del tema de hoy porque esto iba de serie de policías, concretamente una serie de policías francesa que cumple 50 años del inicio de su emisión y que narraba con bastante talento y buen gusto en la ambientación a esa Francia de la belle epoque. La serie se titulaba “las brigadas del tigre” y cuenta la historia de una pequeña brigada de policía recién creada en los albores del siglo XX para combatir el crimen de una manera metódica y moderna.


A principios del siglo XX, Georges Clemenceau, apodado “el tigre” accede al ministerio de interior galo y, aparte de reprimir con saña a los obreros socialistas, crea, entre otras cosas, a la primera brigada policial especializada en homicidios. A estas brigadas se las llamó “las brigadas del tigre” porque el tigre era Clemenceau.

Brigadas creadas también para cargarse el movimiento obrero


Basándose en este grupo policial, el cineasta de origen ruso Victor Vicas, rodó entre 1974 y 1983 la serie llamada “las brigadas del tigre”. El pequeño grupo de policías se dedica a investigar crímenes y está conformado por el comisario Paul Valentin (Jean Claude Bouillon), el inspector Gustave Pujol (Jean Paul Tribaut) y el inspector Marcel Terrasson (Pierre Maguelon). Todos con bigote y cabeza cubierta por gorra o bombín, conduciendo esos primeros automóviles descapotables con radios en las ruedas.

El inspector Pujol (Jean-Paul Tribaut)

Las seis temporadas están divididas en dos épocas. Las cuatro primeras narran investigaciones entre 1907 hasta antes de la primera guerra mundial y las dos últimas se sitúan pasada la contienda bélica, hacia 1919. El comisario jefe Faivre ha muerto en la guerra y el el jefe de la brigada, comisario Valentin, ha perdido hasta el bigote.

El inspector Terrasson (Pierre Maguelon) con lo último en telefonía.


Era una serie muy bien ambientada en la que, justo antes de empezar el capítulo, ponían en antecedentes al espectador. Sobre qué era “la mano negra” (Un grupo anarquista activo en los inicios de la lucha obrera), sobre el incipiente tráfico de narcóticos, etcétera. 

Por la ropa, esta escena es de las últimas temporadas ya ambientadas en los locos años 20.

A principios del siglo XXI, justo antes del centenario de la creación de las brigadas de Clemenceau, los franceses estrenaron una película de unas dos horas protagonizada por los mismos personajes: Valentin, Pujol y Terrasson. No he visto la peli pero guardo un buen recuerdo de la serie, aunque hace más de treinta años que la vi.

Juli Gan.