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viernes, 16 de diciembre de 2022

Único testigo


No es la primera vez que publico algo sobre esta peli. Sin dedicarle, como ahora, un artículo entero, la nombré hace unos diez años, cuando regresé de un viaje por los Estados Unidos y recopilé en un post todas las pelis que me habían venido a la cabeza durante mi estancia en Filadelfia. 

 Ahora, tras haberla visto por millonésima vez en la tele y no aburrirme nunca, me pregunto por qué nunca le he dedicado más líneas, siendo como es una de mis pelis favoritas de siempre.

 Pero empezaré explicando por qué es mi favorita; o una de mis favoritas.

 En primer lugar, por su protagonista, Harrison Ford (una debilidad que tengo); luego, por su director, Peter Weir, a quien debo otras dos pelis que me gustan mucho (“El show de Truman” y “Matrimonio de convivencia”) y otras muchas más que no me gustan tanto; por su guion y su high concept, tan originales; y por la escena del baile en el garaje mientras suena Don't Know Much About History, de Sam Cooke.

 Sea como sea, ahora me apetece hablar, para empezar, un poco, de su reparto, en el que voy a destacar a dos estrellas malogradas y un debutante.

 Una de las estrellas malogradas es Alexander Godunov. Nacido en la extinta Unión Soviética en 1949, fue una de las más grandes estrellas del ballet Bolshoi, hasta que en 1979, cuando tenía treinta años, durante una gira, pidió asilo político en los Estados Unidos y no regresó a su país nunca más. En América continuó su carrera de bailarín y seis años después debutó en el cine, precisamente con esta peli, Único testigo. Tras este éxito, participó en otros cinco filmes más, incluida una entrega de La jungla de cristal, y en 1995, con tan solo cuarenta y cinco años, murió de una cirrosis provocada por su adicción al alcohol. Dios lo tenga en el paraíso de los hombres bellos y desdichados.

La otra estrella malograda, aunque no tanto (al menos sigue viva), de Único testigo, es Kelly McGillis. De hecho, Único testigo fue la segunda peli de esta actriz californiana que luego brilló en Top Gun y en Acusados y ahí se acabó la historia, porque el resto de los filmes que hizo pasaron sin pena y sobre todo sin gloria. No porque McGillis no tuviera talento ni presencia, no porque no fuera una maldita reinona ni un hermoso animal cinematográfico, sino porque, según dicen, se declaró públicamente lesbiana, se lio con Madonna (eres mi ídola, Kelly, cariña), se negó a operarse para parecer más joven y eso a los señoros productores de Hollywood no les hizo gracia. Pues nada, que Dios tenga a McGillis algún día muy lejano en el paraíso de las señoras que merecen mucho la pena.

 Y, para acabar, el debutante, como todo el mundo sabe, es Viggo Mortensen; de los tres que he destacado, sin duda el más estrella y el que mejor currículum ha hecho, sí, pero en 1985 era todavía un pipiolo sin demasiado lustre. Nacido en Nueva York de familia danesa, vivió mucho tiempo en Argentina y por eso habla castellano mejor que yo y tiene una pareja española. Como digo, debutó en el cine con Único testigo en un papelito mínimo, pasó igualmente desapercibido en Pánico en el túnel y en La teniente O’Neil, pero luego llegó El señor de los anillos y de ahí en adelante todo fue triunfar.

Único testigo recibió ocho nominaciones al Oscar y ganó dos. Tuvo mucho éxito, pero su principal repercusión no fue cinematográfica, sino turística.

La película dio a conocer al mundo (y quien dice al mundo dice a mí, que soy una inculta) que en estado de Pensilvania, cuya capital es Filadelfia, existía una comunidad religiosa rural, la de los amish, caracterizados principalmente por su vida sencilla, sus vestimentas modestas, recatadas y tradicionales y su resistencia a adoptar tecnologías modernas, incluida la electricidad.

Nacidos como comunidad religiosa en Suiza, en el siglo XVI, y arribados a América en varias oleadas de inmigración, ya a finales del siglo XX, a la comunidad amish no le hizo gracia Único Testigo. Su Comité Nacional se temió que sus pueblos fuesen inundados por turistas, cosa que efectivamente sucedió, a pesar de que, poco después, el gobernador de Pensilvania renunció a promover más rodajes en los pueblos amish.

Así y todo, yo piqué. Cuando estuve por aquellos lares, me di una vuelta por el condado de Lancaster y me encontré con una cierta infraestructura turística a su alrededor y a paisanos que se tapaban la cara al acercárseles un coche, para no salir en las fotografías. Conseguí retratar algunos de sus famosos y peculiares carros de caballos y unas cuantas de sus típicas vestimentas tendidas al sol a las puertas de una granja. Podéis verlas en el post sobre Filadelfia que os he citado antes, pero aviso que no son gran cosa. No pude hacer grandes fotos. Y lo acepto. Los amish no me deben nada y no son monos de feria.

Y esto es lo que me apetecía contaros sobre Único testigo. Hasta la próxima vez que la den en la tele y que la vuelva a disfrutar, se despide vuestra amiga

 Noemí Pastor

viernes, 1 de marzo de 2019

¿El tamaño importa?

Hace unos pocos días se han entregado los premios de la Academia, los famosos "Óscar". Son el colofón de la temporada, detrás de los Baftas, los Césares, los Goyas, los Osos o los Globos de Oro, y no voy a hacer una reflexión sobre los ganadores, los nominados o aquellos que ni siquiera aparecieron en algunas de las categorías. Para mí, esa época de levantarse temprano el día después o seguirlos hasta largas horas de la noche, ha finalizado, pues ya se ve que no estoy de acuerdo, o bien, las películas corresponden más a un esquema de negocio que a una creación artística o de entretenimiento, lo cual es normal porque es un negocio, pero ¿dónde está la inteligencia?

Diréis habrá excepciones, y no las niego, pero cuando no se recompensa la provocación o el arte, cuando lo que cuenta es la diversidad o la historia para hacer el film sobre la trama del mismo, vamos mal. Y lamentablemente, vemos que así ocurre.

Spiderman Into the Spiderverse. Ganadora del Oscar al mejor film de animación y entretenimiento inteligente

Parece que Hollywood se ha convertido en una fábrica de éxitos y si los presupuestos desorbitados no se casan con recaudaciones a la par, se ha fracasado. Y ¿dónde quedan las historias pequeñas o que no recaudan tanto?

Últimamente me lo pregunto bastante. Voy al cine, y hasta me sorprendo cuando no he ido a ver un film de superhéroes, que no nos engañemos, suelo disfrutar. Y la cartelera, al menos en cine comercial y no de autor, se vuelve repetitiva y monótona, sin riesgos. En ese momento, es cuando te das cuenta de que las plataformas digitales están adelantando al cine clásico, y Hollywood y algunos otros aún no lo quieren reconocer.

¿Dónde se ha ido Scorcesse o Woody Allen? Pues a Netflix y a Primevideo (el servicio de Amazon). ¿Dónde se encuentran películas independientes y arriesgadas? Pues también en plataformas digitales, que las lanzan a la par en VOD y algunas pantallas de televisión, como en el caso de Roma, The Catcher was a Spy o Velvet Buzzsaw. Y añadamos algunas películas que sería muy difícil estrenar según el circuito clásico de distribución como Dumplin, aunque lo merezcan.

Dumplin es un producto muy de Netflix, pero que supera al clásico film actual de adolescentes

¿Podemos considerar cine lo que se nos emiten en nuestra casa a traves de un servicio en demanda? A veces puede ser considerado arriesgado, cuando al igual que películas, también hay series o documentales, o películas de corte de Antena 3, ya sea de Navidad o de adolescentes. Pero ignorando esta parte, ¿no son igual de válidas las películas que se estrenan en esta plataforma? Hay dirección, actuación, medios técnicos y una historia, muchas veces más sólida que lo que podemos ver en los cines. ¿No debería así reconocerse este talento?

Entiendo que hay espectáculos que piden a gritos una pantalla grande, y de hecho, aún recuerdo el escalofrío que sentí en el comienzo de The Dark Knight cuando comenzaban las vistas aéreas de los tejados de Gotham, según van saliendo los secuaces del Joker, en aquella pantalla gigante, en un cine IMAX, una gozada técnica. Es como mínimo que por cosas así, que considero que un buen cine debe estar abierto, para hacerte disfrutar con la mejor imagen y sonido.

La escena inicial. Sí, la escena que muestra cómo debe comenzar un film


Actualmente, nos encontramos en un periodo de transición, como ya ocurrió con el VHS, el DVD o el Bluray, con paso evolutivo ha sido el Video en Demanda, pero con la diferencia de que cualquier film puede ser estrenado sin necesidad de pasar por el cine. Y es el momento de plantearse qué vamos a hacer, o ver qué sistema o modelo prevalecerá. Para mí, se debe premiar y reconocer cualquier tipo de historia que realmente lo merezca, independientemente de su formato, pero la pantalla de cine clásico, esa experiencia de Cinema Paradiso, debe seguir existiendo, no sólo porque haya películas que resulten mejor de ver en ese formato que en nuestro salón, si no para seguir pidiendo grandes historias con las que llenar esas pantallas, no sólo un cálculo de inversión, algo que nos emocione, que conviertan la experiencia de ir al cine en un placer.

¿Cuál es vuestra opinión?

La experiencia cinematográfica

Carmen

viernes, 9 de marzo de 2018

La forma del agua




Ayer vi "La forma del agua"((Vi la película un día antes de que le dieran el Oscar como mejor película) de Guillermo del Toro.
Ambientada en la Norteamérica de 1962, con el telón de fondo de la Guerra Fría,del Toro nos relata un cuento fantástico cuyos protagonistas son una humana y un monstruo anfibio.


La historia se desarrolla en un oculto laboratorio gubernamental de alta seguridad donde trabaja Elisa (magnífica una vez más Sally Hawkins) como limpiadora. Ella que es fragil,muda y solitaria y sólo tiene dos amigos:su compañera de trabajo Zelda (la siempre genial Octavia Spencer) y su compañero de piso,Giles (el siempre genial Richard Jenkins).Los dos también son en la América de los 60 personas non gratas para los sectores sociales más reaccionarios: Zelda es negra y Giles es gay.


Elisa teniendo todas las papeletas para ser una "don nadie" ,Del Toro,la convierte en la heroina de la historia pues solo ella a través del amor,es capaz de vencer a todos los peligros inimaginables al descubrir al monstruo, objeto de estudio y experimentos por parte de la inteligencia americana y ansiado también por los espías rusos que están en pie de guerra con los americanos.



En la otra cara de la moneda tenemos a Richard Strickland ( espectacular Michael Shannon),el jefe de seguridad del laboratorio,un hombre integrado,prototipo del cabeza de familia medio americano,que aquí encarna la parte más oscura,cruel y sádica de la naturaleza humana.


En un mundo donde la autoridad es Richard y la sociedad está enferma de prejuicios raciales,machistas y homófobos,el monstruo emerge como una criatura pura,noble,muy superior éticamente a la especie humana, o al menos,a la mayor parte de la sociedad.


 Del Toro nos relata un maravilloso cuento sobre el valor de los supuestamente débiles y desadaptados,porque unidos,son capaces de hacer tambalear cualquier autoridad dictatorial.

 Nos hace soñar con un mundo donde existen monstruos buenos,que son castigados y sometidos por los humanos supuestamente "civilizados" y nos acordamos de otros monstruos de cine como king kong,Frankenstein o incluso,el hombre elefante, porque siendo raros,siempre son objeto de represión por parte de los humanos que les temen y,que son incapaces de aceptar la diferencia y la buena intencionalidad de quienes simplemente son distintos o se mueven en los márgenes de la marginalidad.

 Desde esta perspectiva ¿quien sería el villano?


Incluso cuando estas criaturas son sometidas,sigue habiendo algo intacto en ellos,algo puro y no contaminado que la naturaleza humana parece haber  perdido.

Sólo personas como Elisa se salvan,personas que no se quedan en la apariencia y sí consiguen ver lo que es esencial,invisible a los ojos,como diría El Principito.
Hay aquí como una novedad por parte de del Toro,una incursión en la sensualidad,en el encuentro corpóreo entre dos seres de distinta especie porque es en esa conexión emocional que es el cuerpo,donde no hay diferencias emocionales y donde por un momento, toda barrera se diluye y el amor es el lenguaje universal.Pero.....


¿ qué pasaría si el amor sencillamente no surge donde y cómo lo habríamos imaginado?¿qué pasaría si del fango surgiera sencillamente la luz?

 


Por lo demás,tenemos ante nosotros,una maravillosa banda sonora y una serie de guiños al cine clásico y al músical que es un auténtico regalo para el espectador. Del Toro se atreve a jugar sin complejos con los géneros y va del musical al thriller sin abandonar en ningún momento la ciencia ficción desde ese cosmos fantástico y onírico que le es propio y que hace de sus historias,un cine con un sello particular y totalmente reconocible.

En resumen,no os perdais este cuento onírico de fracasados que se convierten en heroes y de monstruos que  conservan los mejores valores que la especie humana parece haber olvidado.Una historia de amor que  en forma de fábula rompe todos los cánones y nos demuestra que a veces los diamantes en bruto pueden surgir de los lugares menos esperados y que el amor surge bajo las formas menos imprevistas,porque lo inesperado una vez más,siempre está al acecho.





Feliz finde,
Troyana







viernes, 6 de octubre de 2017

Éxtasis y yo. La apasionante historia de Hedy Lamarr

Hedy Lamarr fue una famosa actriz de la época en que los estudios de cine hollywoodienses mandaban con poder omnímodo. Hoy en día sólo los amantes del cine clásico recuerdan a esa belleza morena que fue la Dalila que cortó el pelo al Sansón de la película de Cecil B. DeMille. Pero Hedy Lamarr fue mucho más que eso. Fue una inteligente mujer que co-inventó un sistema de encriptación de mensajes para teledirigir torpedos, que es la base fundamental del funcionamiento de la telecomunicación mediante bluetooth o wi-fi, claro que ella y su co-inventor, George Anthell, músico, no tenían ni idea de la revolución que su trabajo iba a suponer, sobre todo, porque, cuando patentaron su sistema, allá por 1941, el ejército de los EEUU aparcó el tema. No en vano, estos residentes en América no eran sino dos sospechosos, austríaca, ella, alemán, él.

Hedy Lamarr en su mejor monento


Pero volvamos al principio. Hedwig Kiesler, Eduvigis, por si alguno goza castellanizando los nombres de pila, nació en Viena el 9 de noviembre de 1914, hija de un banquero y una dama de la alta burguesía de aquella ciudad tan pija. Se educó en los mejores colegios, entre ellos, un internado suizo donde iban las muchachas de la aristocracia europea. Llegó, incluso, a estudiar ingeniería, sin acabarla, por motivos que luego desvelaré, cosa que era bastante infrecuente para una mujer en aquella época.

Pero a la joven Hedy Kiesler le llamaba el mundo de la interpretación y no cejó hasta que consiguió colarse en el mundo del cine y luego interpretando algún papel en el teatro. A falta de pan, buenas son tortas. Fue en un teatro donde conoció a su primer marido, el poderoso industrial filonazi Friedrich Mandel, pero no corramos, porque antes de casarse, la joven Hedy rodó una película, un pecado de juventud, que la persiguió toda la vida.

En 1936 Hedy está en Berlín, es muy joven, y rueda su primer papel protagonista en una peli que se titulará “Éxtasis”, en ella, el director se empeña en que salga totalmente desnuda corriendo por un bosque y que nade, en traje de Eva (qué cursilada) en un lago. Ese fue el primer desnudo integral del cine. No tenía ningún sentido para la historia rodada, pero lo que pretendían, claro, era hacer un descarado reclamo.

¿Exigencias del guión? en Éxtasis, 1933


Poco después, casada ya con Mandl, el empresario vendedor de armas nazi intentó hacerse con todas las copias de la película y destruirla. Mandl la tenía en una jaula de oro,Hedy quería escapar pero su esposo-captor la tenía bien controlada, hasta que maduró un plan que la permitió marchar a París, donde consiguió el divorcio, de allá a Londres y de Londres a California, vía el magnate Louis B. Mayer.

Los señores Mandl

En Londres Lamarr y Mayer no llagaron a un acuerdo. Lamarr se las ingenió para viajar en el mismo barco que el magnate de la Metro y allá ella consiguió su contrato. Por cierto que fue el mismo Mayer, en dicho viaje, el que apellidó Lamarr a la divorciada señora Hedy Mandl.

Hedy Lamarr en la supuesta autobiografía “Éxtasis y yo”, supuesta porque por lo visto había algún negro literario que se dedicaba a intercalar escenas picantes en el libro que, sin saberse ciertas o falsas, cabrearon como una mona a la siempre elegante figurada autora, cuenta sus inicios extraños en la Metro y cómo Éxtasis, aquella peli en que corría en pelotas, censurada en los siempre mojigatos EEUU, le confería una capa de escándalo. No querían presentarla como una chabacana guarra europea, que es lo que solían (¿Suelen?) pensar los yankees de las mujeres liberadas del viejo continente. Por fin pudo rodar “Argel” con el estirado, lo dice ella, Charles Boyer. Es curioso que las grandes estrellas de los estudios, a menudo solían ser europeos. El propio Boyer era francés, y su rival en tantos papeles, Ingrid Bergman, sueca. Argel fue un exitoso trampolín.

Argel, su primer éxito americano con el francés Boyer

Y así comenzó su vida hollywoodiense, haciendo pelis por contrato con la Metro de Mayer, a menudo, mediocres, asistiendo a fiestas y convirtiéndose en amiga de ese irresistible borracho y adicto al sexo que era Errol Flynn, en cuya mansión había toda serie de mirillas para saciar el hambre de voyeurismo del hipersexuado tasmano. Además de rodar y asistir a fiestas con las celebridades de una industria en pleno auge, Hedy Lamarr comenzó a coleccionar maridos. Le dio por casarse sin pensarlo con un guionista, un actor, un hostelero, un petrolero texano y un abogado en todo su periplo vital, amén de mantener varias relaciones sin vínculo matrimonial, incluidas algunas amantes femeninas, según su autobiografía aunque a Lamarr, esto, que debió escribir su negro, no le hizo demasiada gracia.

Cabe recordar que Hedy Lamarr, huida de Europa por un matrimonio con un rico industrial cruel, que, a su vez, mantenía negocios con Hitler o Mussolini, era de una rica familia judía vienesa. En cuanto el ambiente se enrareció en su lugar natal, sacó a su madre de aquel infierno nazi y antisemita. Sin embargo, a los ojos de los norteamericanos, Lamarr era austríaca y, aunque el comienzo de la segunda guerra mundial no suponía nada para los yankees, aún, no se fiaban demasiado de alguien de aquella zona. Esto viene a colación del invento patentado por la señora Lamarr, que firma como Kiesler, su verdadero apellido, y el músico George Antheil.

Dos artistas y genios de las telecomunicaciones

Hedy Lamarr, que debía tener un coco estupendo, realizó estudios de ingeniería que no pudo acabar porque su rico marido filonazi, Mandl, se lo prohibió. En una fiesta en Hollywood conoció al brillante pianista George Antheil, alemán huido de su tierra. Hablando, hablando, patentaron un sistema de encriptación de mensajes mediante un salto de frecuencias, y esta patente se la quisieron regalar al ejército estadounidense, ya en guerra, los americanos entraron a muy finales del 41, otra vez a media guerra, para sacar los beneficios. El ejército, no se sabe si porque eran civiles, “artistas” y encima, del país de Hitler, aparcaron el tema y conminaron a Lamarr a que se dedicara a sacar pasta para el ejército, si de verdad quería hacer algo, así que se dedicó a recaudar fondos mediante besos y cosas como estas junto a actrices como Bette Davis.

Señora, déjese de inventos y venda besos

Durante los años 40 Hedy Lamarr se convirtió en una auténtica estrella del cine. Podía rechazar papeles e, incluso, desafiar a Louis B. Mayer y romper contratos con él. En su autobiografía cuenta su gran estrategia para conseguir que Cecil B. DeMille la fichara para ser su Dalila en esa historia bíblica en la que un cretino que no sabe guardar secretos (Sansón, interpretado por el cara difícil de Victor Mature) con mucho músculo, pero poco cerebro, se carga el templo de los filisteos con él dentro. Una película de la que ya habló, conmucha gracia y discernimiento, Doctora.

El tiempo no perdona en Hollywood, sobre todo a las mujeres, y, aunque la siempre supuesta autobiografía de la señora Lamarr debió ser escrita en su aún espléndida madurez, no nos cuenta que, después de un gran éxito y una gran fortuna, la ruina la llevó a vivir muy modestamente.

Hedy Lamarr murió en el año 2000 y jamás supo que su patente de encriptación de mensajes para teledirigir torpedos sirvió de base para desentramar el sistema de telecomunicaciones que usamos hoy día. Fue la base del Bluetooth y del tan utilizado sistema wi-fi. Como aporta Guillermo Balmori a modo de epílogo en la reciente edición española de “Éxtasis y yo” Se debe a Google en uno de sus Doodle, esos dibujitos conmemorativos del día internacional, en este caso de los inventores, del 9 de noviembre del 2015, justo en el 101 aniversario de esta actriz, también inventora, colocaba a Hedy Lamarr como la madre del sistema wi-fi. (De Antheil no sé si se dijo nada). Eso suscitó un aluvión de artículos en prensa, radios, blogs sobre el curioso hecho.

La actriz y sus bocetos

Hedy Lamarr está enterrada en Viena donde su hijo pudo, por fin, llevarla en el centenario de su nacimiento, cuando se dieron cuenta de que Hedy Lamarr no sólo fue una buena actriz de una belleza arrebatadora, sino que, además, era una brillante ingeniera que desarrolló la base científica por la cual me podéis leer desde vuestros terminales móviles.


Así reza en su tumba: “Las películas tienen un efímero lugar en un momento concreto. La tecnología es para siempre."

Podéis sumergiros en sus aventuras dentro de este libro:



"Éxtasis y yo", de Hedy Lamarr. Publicado por Editorial Notorius.

viernes, 17 de marzo de 2017

Tallulah aleluya


(Wikimedia Commons)

Tallulah Bankhead, actriz y celebrity, nació en 1902 en Alabama y murió en 1968, a los 66 años y todavía en activo, en Nueva York. Trabajó en cine (con Cukor y Hitchcock, entre otros), en radio y televisión, pero donde verdaderamente brilló y disfrutó fue en el teatro.
Escandalosa, coleccionista de amantes y bisexual, fue pionera multimediática, celebrity televisiva, princesa del pueblo e icono gay.


NuevaYork, Londres, Hollywood, Las Vegas...

Tallulah Brockman Bankhead nació a comienzos del siglo XX en Huntsville, una pequeña localidad de Alabama, en el seno de una distinguida familia de destacados políticos demócratas.

Con quince años comenzó a trabajar en obras de teatro de Huntsville y alrededores. Con dieciséis ganó un concurso de belleza y se trasladó a Nueva York, decidida a triunfar en Broadway.

En Nueva York participó en varias películas, pero, como su verdadera vocación era el teatro, con veintiún años decició probar suerte en Londres, donde permaneció durante cuatro años y trabajó en veinticuatro obras; entre ellas, Fallen Angels, de Noël Coward.

En la década de 1930, contratada por Paramount Pictures, se trasladó a Hollywood. Allí rodó varios films y destacó especialmente en Honor mancillado (Tarnished Lady,1931) de George Cukor.


(classicfilmlover.ecrater.com)

Luego regresó a Broadway, obtuvo un enorme éxito con The Little Foxes, de Lillian Hellman, y en 1944, de nuevo dedicada al cine, rodó Náufragos (Lifeboat) con Alfred Hitchcock.

Hacia 1950 se aventuró en un medio nuevo para ella: la radio. En la NBC fue la maestra de ceremonias de The Big Show, una “extravaganza” de 90 minutos a la que invitaba a actores y cantantes de la talla de Marlene Dietrich y donde Tallulah pudo dar rienda suelta a su enorme ingenio para la conversación. Por esta época también intercaló algunos bolos en los escenarios de Las Vegas.

Su último trabajo como actriz fue para la televisión: representó a la Viuda Negra en la serie Batman.


Posteriormente trabajó en diferentes y exitosos shows televisivos y se despidió de las pantallas por todo lo alto: siete meses antes de morir compartió el plató de The Tonight Show nada más y nada menos que con Lennon y McCartney.




Flap

Tallulah fue de todo menos convencional. Empapada de los aires de libertad femenina de los años 20, fue transgresora, deslenguada y desinhibida y disfrutó con ello.

Hablaba de sexo abiertamente, en público y sin ningún reparo, protagonizaba escándalo tras escándalo con drogas, excesos y alcohol en una era sin clínicas de desintoxicación y nos dejó bonitos ejemplos de su ingenio en frases como estas:

Si volviera a nacer, cometería los mismos errores, pero mucho antes.

La cocaína no crea adicción. Lo sé porque llevo muchos años tomándola.

Mi padre me advirtió sobre los peligros de los hombres y el alcohol, pero no dijo nada sobre mujeres y drogas.

Ya durante su primera estancia en Nueva York, sin haber cumplido los veinte años, quiso la casualidad que se alojara (junto con su tía Louise, a quien el señor Bankhead había encomendado la vigilancia de la jovencita) en el hotel Algoquin, que era entonces el lugar de reunión favorito de actrices, actores, artistas y demás miembros de la élite cultural. Tallulah brilló en aquel ambiente y salía de fiesta siempre que podía dar esquinazo a la pobre tía Louise.

Impresionó especialmente a Rachel Crothers y Zoë Akins, que escribían para teatro y cine. Crothers escribió una comedia, Everyday, expresamente para Bankhead; por su parte, Akins se inspiró en ella para crear el personaje de Eva Lovelace en la pieza Gloria de un día, que luego se convirtió en un film (Morning Glory) en el que el personaje de Lovelace fuen encarnado por Katherine Hepburn, la cual obtuvo su primer óscar gracias a este papel.



Icónica y pionera

Tallulah encarna el espíritu de la celebrity actual, contradictoria y multimedia.

En su vida privada no fue conservadora; en sus proyectos profesionales, en cambio, fue muy selectiva. Así y todo, supo librarse de prejuicios, acomodarse a su tiempo y decidirse a trabajar en televisión. Tampoco lo hizo empujada por problemas económicos, pues siempre fue rica, y no solo de familia, ya que invertió con acierto en prósperos negocios y llegó a amasar una fortuna de dos millones de dólares ¡en la década de 1960!

Buena parte de esa fortuna la donó a asociaciones protectoras de animales y de la infancia.

Durante sus años en Londres, se convirtió en el ídolo de las mujeres de clase baja, para quienes representaba la encarnación de sus fantasías de belleza, lujo y glamur.

Las fans le rendían culto y copiaban su ropa, su peinado e incluso su personalidad. Asistían a sus representaciones varias veces a la semana, la esperaban durante horas a las puertas del del teatro y la recibían al grito de “¡Tallulah aleluya!”. La prensa escribía a menudo sobre este fenómeno de las fans: las llamaba las “gallery girls”.

Y Tallulah se prestaba a esta adoración. Era un icono accesible. Saludaba a sus fans, les preguntaba por su familia y amoríos y les firmaba autógrafos. Una de estas fervientes seguidoras, Eddie Smith, se convirtió en su empleada; trabajaron juntas durante treinta años.


El legado

 
Por culpa de su vida desordenada y sus adicciones, Tallulah perdió unos cuantos papeles golosos en el cine; por ejemplo, el de la protagonista de Eva al desnudo, de Joseph L. Mankiewicz, a pesar de haber bordado el papel en la versión teatral y de que el personaje de Margo Channing parecía estar inspirado en la propia Bankhead y en la relación que mantuvo con Lizabeth Scott.

Estos dos personajes femeninos fueron mucho después retomados por Pedro Almodóvar en Todo sobre mi madre, que ya desde el título nos devolvía ecos del original en inglés, All about Eve, y encarnados por Marisa Paredes y Candela Peña.

La imagen global de Bankhead, como arquetipo de los locos años 20 y los tóxicos años 30, dejó huella en muchas posteriores estrellas del rock, protagonistas de portadas, divas cool y socialities con aires de clase alta.


Y a todo esto debemos añadir un legado involuntario, ya que, al parecer, inspiró unos de los personajes más interesantes y perdurables de la cultura popular: la Cruella de Vil de 101 dálmatas.

Noemí Pastor

viernes, 21 de octubre de 2016

Café Society




Ayer por fin,pude ver "Café Society" en el cine.
Dudosa ante varias interesantes alternativas,conforme iba avanzando la película,confirmaba que la elección había sido la correcta.
Ahondaré en la trama sin desvelar el desenlace,quien no quiera adentrarse en el argumento sin haber visto la película,sencillamente,que postergue esta reseña,porque me gustaría invitaros a que compartamos el mensaje que la peli nos deja a cada un@. 

Vaya por delante que me ha parecido una película deliciosa.Bajo un halo de aparente frivolidad,Woody Allen,aprovecha para abordar  los temas que le inquietan,le seducen,le persiguen durante toda su vida y en paralelo,toda su filmografía: la muerte,el amor,la soledad,el sentido de la vida,el destino,el azar.....qué maravilla.


Pero empecemos por el argumento.Café Society está ambientada en el Nueva York de los años 30.
Bobby Dorfman ( (Jesse Eisenberg)vive con sus padres y tiene un hermano gansger.Asfixiado por las peleas de sus padres y las pocas expectativas de futuro para él en la ciudad,decide probar suerte en Hollywood,aprovechando que un tío suyo, Phil ((Steve Carrell),es un poderoso agente que finalmente accede a contratarlo como chico de los recados.


La vida de Bobby dará un giro inesperado desde que conoce a la secretaria de su tío Phil: Vonnie (Kristen Stewart),de la que se enamorará perdidamente a pesar de que ella tiene novio.
Le atrae de ella,además de que es guapísima,su espíritu libre e incorrupto.


Bobby Dorfman,el alter ego de Woody Allen,es un personaje que de primeras enternece:torpe,dulce,como dice Vonnie a modo de cumplido: "tiene la mirada de un ciervo que está a punto de ser atropellado";)


Sus padres,en la película,son Marty (Ken Stott)  que es un tipo brusco pero con una moral clara y Rose (Jeannie Berlin) siempre dispuesta a encontrarle algún defecto a su marido.
Por supuesto son judíos y aunque discuten sin parar,están entregados el uno al otro, y se quieren a su manera.

Bobby huye de todo eso y se va a la meca de los sueños,buscando la ayuda de su tio Phil.
El destino caprichoso pondrá a Vonnie en su camino,de la cual,aún se enamorará aún más al saber que ella en ese momento,no está disponible para él.


Woody Allen aprovecha este punto de partida de un amor no correspondido para hacer un estudio sobre las relaciones sentimentales.Intercambiado los roles de amado-amante  entre Bobby y Vonnie ,Café Society nos muestra además de que manera se puede amar a dos personas a la vez y siempre de manera muy diferenciada.


No somos siempre los mismos,la vida nos cambia,a veces incluso con la misma persona a lo largo de los años, pasamos de desempeñar el papel de amados,dejándonos querer en una relación que nos colma de atenciones y cuidados a desempeñar el rol de amantes que se desviven por agasajar y seducir al otro.



 Y al mismo tiempo,en paralelo,desempeñando uno de estos dos roles,podemos ejercer el rol contrario con otra persona distinta. Es como si esos papeles,el de amante y amado,formaran las dos mitades complementarias y a la vez contrapuestas de uno o dos círculos perfectos.

¿qué satírico guionista ideó este plan en nuestras vidas?

No os perdais "Café Society" tiene una fotografía espectacular,unos actores/actrices que cumplen más que dignamente su papel y como es habitual,una estupenda banda sonora a base de jazz.

Las referencias pictóricas,literarias,cinématográficas,filosóficas,son ya habituales en Allen, y aunque nos quede cierta sensación de melancolía al cierre,lo cierto es que el maestro neoyorkino nos deja una reflexión agridulce en el aire ¿estaremos predispuestos a ansiar siempre lo que no tenemos?¿por qué algun@s de nosotros no se nos da la oportunidad de  vivir dos vidas simultaneamente ?

Café Society lejos de dar respuestas,abre preguntas,como el cine de verdad,ése que nos deja sensipensativos durante días y justo en el momento de salir los títulos de créditos nos deja con ganas de más.

¡Buen fin de semana,cinéfil@s!

Troyana






viernes, 18 de octubre de 2013

El chico que construyó el Hollywood de los 70



El chico que conquistó Hollywood (“The Kid Stays in the Picture” Brett Morgen, Nanette Burstein, 2002) es un documental basado en el libro autobiográfico del mismo título  escrito por Robert Evans, el famoso productor de Hollywood.

¿Famoso? ¿Realmente alguien conoce a algún productor? No se vale que también haya sido director o actor.
¿Productor? En Imdb apenas aparecen 18 referencias, y varias de ellas sin acreditar.
The Kid Stays in the Picture (2002) Poster
En realidad lo que a Evans le convirtió en el chico que conquistó absolutamente  todo en el mundo del cine durante aproximadamente una década fue su trabajo como directivo de un estudio cinematográfico, estando detrás de películas tan comerciales como Love Story y de títulos que forman parte de la historia del cine como  El Padrino, Chinatown, La Semilla del Diablo, Marathon Man, Cotton Club ..

¿Directivo de estudio? ¿quién conoce a un directivo de Hollywood? ¿no son los malos de la  historia de cualquier película?

 “Los directivos del estudio mutilaron horriblemente el metraje antes de su estreno” se lee a menudo. ¿Hay algún director que no haya aducido los recortes presupuestarios  o de otro tipo, de tan viles personajes que consiguieron hundir su obra de arte?

“El chico que conquistó Hollywood” es la oportunidad para conocer la versión de los hechos del malvado directivo cinematográfico y cuál fue su verdadero papel en las películas citadas, los directores (en este caso nada más y nada menos que Coppola  y Polanski)  tendrán las suyas y seguro que las han contado muchas veces, pero este es el momento de conocer la otra cara de la moneda.

Advierto que todo lo que se cuenta en dicho documental proviene única y exclusivamente de Robert Evans y lo que cuenta de sí mismo, no existe pues objetividad ninguna, aunque sí un punto de vista muy interesante.
Evans se muestra a sí mismo, no como un simple financiador de proyectos, sino como un creador mucho más implicado y responsable del producto final que ningún otro participante en una película, incluidos director y guionistas.

Una frase es definitiva para resumir su parte en la autoría de los títulos citados “Yo trabajé en Chinatown dos años, Polanski nueve meses”.

Sus argumentos son claros: el proyecto surgía del estudio y posteriormente se buscaba un director adecuado, como se podría buscar un electricista o un encargado del vestuario.

Así explica que Coppola fue escogido para dirigir un proyecto que le era ajeno (El Padrino) no por sus éxitos como director, que al parecer eran escasos en aquellos momentos, sino únicamente porque Evans buscaba a un director siciliano para una película sobre la mafia. Entendiendo por  “siciliano” a  alguien como Coppola nacido y criado en los Estados Unidos, hijo a su vez de padre y madre estadounidenses, aunque nieto (al parecer) de un napolitano.

Incluso sugiere que varios libros fueron escritos por su mediación afirmando que El Padrino (novela) no existía antes de que él interviniera “Mario Puzo me presentó un borrador de 20 páginas”
Todo esto es muy discutible, pero en todo caso “El chico que conquistó Hollywood” es una película recomendable para los que decidan que quieran conocer otro punto de vista sobre la gestación de una película.

Preguntaba si alguien conoce a algún directivo de un gran estudio. Sinceramente yo, además del personaje de Tim Robbins en El Juego de Hollywood, solo recuerdo a Irving Thalberg, y eso gracias a Groucho Marx.

Thalberg  fue, probablemente, uno de los hombres más influyentes de la época dorada del cine americano y el número de grandes títulos de los 20 y los 30 en los participó es sencillamente apabullante, sobre todo teniendo en cuenta que murió a los 37 años.

Hago hincapié en su juventud y en la época en la que triunfó, cuando los directivos eran como mínimo de medina edad  mientras él tenía 20 años (como dice Evans “No tenía edad para firmar un cheque”)  y ya organizaba un gran estudio.

Comentaba que conocí de su existencia gracias al homenaje que le rinde Groucho Marx en “Groucho y yo” su imprescindible (y divertidísima) autobiografía, en la que le reconoce como uno de los artífices del éxito de los Hermanos Marx en el cine. Y digo “en el cine” porque los Marx eran grandes estrellas (de muy largo recorrido) en los escenarios, pero hasta que Thalberg no redefinió sus películas, no alcanzaron el éxito cinematográfico.

Irónicamente el protagonista de este documental, Robert Evans, entró en el cine de la mano de Thalberg, para ser exactos, interpretando al exitoso ejecutivo.

Después de haber sido actor (radiofónico) infantil y haber intentado, sin éxito, actuar en el cine ya siendo adulto, hacia el final de los años cincuenta  disfrutaba de  una próspera carrera como directivo de una rentable empresa familiar de ropa en Nueva York (“nosotros pusimos de moda los pantalones de mujer” ).

Hasta que un día, durante un viaje de negocios en Los Ángeles, decide darse un baño en la piscina de su hotel y una mujer se le acerca y le pregunta si es actor. La mujer era, ni más ni menos que la viuda de Thalberg, Norma Shearer , una gran estrella en los primeros años del sonoro (probablemente hoy poco conocida) que a menudo representaba el papel de mujer fuerte y poco convencional, que no se dejaba dominar por ningún hombre (sí, hubo un momento en que ese tipo de personaje femenino triunfaba en Hollywood)

Así pues, Shearer propuso a un este desconocido para representar el papel de su marido en  la película basada en la vida de  Lon Chaney “El hombre de las mil caras” 

A partir de ese golpe de suerte, Robert Evans participó en Fiesta película basada en la novela de Ernest Hemingway que, por algún motivo, se negó en redondo a que Evans interpretara el papel del torero, así como (casi) todos los actores del film (Ava Gardner, Tyrone Power…) que juntos firmaron una petición al productor, Darryl F. Zanuck, para que le echaran de la película. Cuando Zanuck (otro productor/directivo mítico) se presentó en el rodaje, al parecer tomó un megáfono delante de todo el equipo artístico y les dijo, muy claro, que el reciente actor se quedaba en la película y al que no le gustara, podía irse.

En ese momento, Evans  lo vio claro: no sería un actor siempre pendiente de un nuevo contrato, sino el que coge el que decía quién trabajaba y quién no. Y en esta película nos explica cómo llega a serlo.

Así pues, esta película es imprescindible para los que quieran saber qué hay detrás de un rodaje, pero también una película sumamente divertida y apta para cualquier amante de las historias rocambolescas, llenas de giros sorpresa, golpes de suerte (o mala suerte), sucesos increíbles y por lo tanto reales.

Y por último, no  decepcionará a los que quieran conocer anécdotas jugosas sobre famosos como Jack Nicholson (el hombre que consiguió que le devolvieran su casa), Steve McQueen (que no consiguió caerle mal aún después de fugarse con su mujer), Frank Sinatra, Mia Farrow…