Acabamos de pasar unos meses llenos de festivales y premios
en el mundo del Cine, en el que se premian o se ignoran cientos de películas
que los cinéfilos ya hemos visto o tenemos por ver – o por ignorar, claro-. El
caso es que el Cine no siempre son luces, focos, flashes y estrellas. A veces
el mismo Cine se critica a sí mismo. Una de esas películas es:
Título original:
Año: 1954
Director: Joseph L. Mankiewicz
Guión: Joseph L. Mankiewicz
Música: Mario Nascimbene
Fotografía: Jack Cardiff
Productora: United Artists
Duración: 128 minutos
Reparto:
Humphrey
Bogart, Ava Gardner, Edmond O'Brien, Marius Goring, Valentina Cortese, Rossano
Brazzi, Elizabeth Sellars, Warren Stevens
Sinopsis:
Tres cineastas estadounidenses descubren a una
extraordinaria bailarina llamada María Vargas. Sin perder ni un minuto, todos
ellos se trasladan a Hollywood, donde lanzan a la desconocida al estrellato.
Kirk, el productor de sus películas, corteja a María sin ningún resultado.
Ella, para humillarle, accede a acompañar a Bravano, un multimillonario,
durante un crucero por la Riviera...
El comienzo de esta película siempre me ha gustado mucho. Se
trata de un día lluvioso, triste y gris en un cementerio en el que un pequeño grupo de
personas asiste a un entierrro. Sobre la tumba, de mármol blanco inmaculado, se
levanta la figura de una mujer...
El director y guionista estadounidense Joseph L. Mankiewicz
ocupa un lugar muy destacado dentro de Cine Clásico. Su carrera está llena de
grandes películas conocidas y admiradas por los cinéfilos e incluso me atrevo a
decir que sería una decisión complicada quedarse con sólo una de sus películas.
Algunas de esas películas son El fantasma y la señora Muir (1947), Carta a tres
esposas (1949), Eva al desnudo (1950), De repente, el último verano (1959),
Cleopatra (1963), Mujeres en Venecia (1967) ó La huella (1972).
En La condesa descalza, Mankiewicz inspirándose en el cuento
de la Cenicienta -y también se dice que en la vida de Rita Hayworth y su
matrimonio con el príncipe Alí Khan-, con un guión lleno de textos y diálogos
brillantes, nos muestra la parte menos conocida y más cruel del mundo del cine,
pero no centrándose en rodajes, fiestas o estrenos sino en la vida de una
estrella de cine. Una de esas estrellas que ha surgido de la nada y que
rápidamente ha cautivado a todos. Se trata de una mujer española de nombre María
D´amata, nombre artístico de María Vargas.
Conocemos a María bajo la bella apariencia de Ava Gardner,
en la que para muchos es su mejor interpretación. María es deseada por todos
los hombres, logra el éxito y puede lograrlo todo. Todo menos la felicidad.
Siempre que puede, se descalza porque se siente más segura. Ava Gardner, a sus
32 años estaba en el esplendor de su belleza. Acababa de protagonizar Mogambo (1953)
junto con a Clark Gable y en esta época estaba casada con Frank Sinatra. En
estos años Ava comenzó a tener problemas tanto personales como de salud, pero
eso no influyó negativamente en la construcción de esta condesa descalza que
tenía tanto y tan poco al mismo tiempo.
A los pocos segundos de haber comenzado la película en aquel
triste cementerio, sabemos que los allí presentes asisten al funeral de la
protagonista de la película. Para conocer a este personaje, Mankiewicz, utiliza
varios flash-back cronológicos contados desde el punto de vista de los tres
hombres que mejor conocieron a María en sus últimos años de vida.
Su mejor amigo, su director, su guionista, su confidente e
incluso su ‘padre’ es Harry Dawes interpretado por un ya envejecido Humphrey
Bogart. Se dice que Bogart y Gardner no se soportaban sin embargo eso no es lo
que vemos en la pantalla en donde la compenetración y la complicidad están
totalmente presentes. Una verdadera relación de amistad.
Conocemos la vida de María ya como actriz consagrada gracias al siempre sudoroso Oscar Muldoon, representante. El actor Edmond O’Brien se llevó el Oscar como actor de reparto por este papel. Primero es el representante en el cine del millonario y descubridor de María, el frío Kirk Edwards (Warren Stevens) y más tarde de otro millonario sudamericano Alberto Bravano (Marius Goring) dos gallos de pelea que compiten pero que no logran el cariño de María.
El último hombre que entra en la vida de María es el conde
Vincenzo Torlato-Favrini aristócrata que enamora y se enamora de María a pesar
de la oposición de su hermana Eleanora Torlato-Favrini (Valentina Cortese). Da
vida al conde el actor italiano Rossano Brazzi, quién al año siguiente
protagonizaría con Katharine Hepburn, Locuras de verano (1955) de David Lean.
Buenas fotografía y un vestuario fastuoso que realzaba, sin
cabe, la belleza de Ava Gardner que sabe lucir ese vestuario como nadie.
El animal más bello del mundo, Ava Gardner despliega toda su
sensualidad es una secuencia en la que al ritmo de la sinuosa música compuesta
por Hugo Winterhalter, baila en un campamento gitano, como no podía ser de otra
manera, con los pies descalzos sobre la hierba logrando que no podamos apartar
la vista de sus caderas, sus brazos, sus ojos y sus labios rojos.
En España, La condesa descalza se estrenó en junio de 1956
en pleno Franquismo, por ello fue doblada al castellano bajo la censura
franquista y por lo tanto se cambiaron algunos diálogos para no tocar ciertos
temas prohibidos por el Régimen. En 1972, se volvió a doblar con los diálogos
traducidos literales de su idioma original. Así es que quiero advertir, por si
alguien se anima a verla en su versión doblada, que existen dos doblajes
diferentes y que por supuesto este último es el correcto para entender
claramente el desarrollo de todo lo que ocurre en la película.
Una película de esas que se suelen clasificar como cine
dentro del cine cuyo director y guionista recibió una nominación al Oscar al
mejor guión y que tanto por su argumento como por sus intérpretes forma ya
parte de los Grandes Clásicos del Cine.