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viernes, 13 de junio de 2025

Nick Cravat, el secundario acróbata y mudo

 El otro día me acordé de este actor secundario tan expresivo. Solía aparecer en las pelis donde su gran amigo, Burt Lancaster, hacía de galán atlético con sonrisa muestra de dentífrico de los buenos. Nick Cravat era al amigo del prota (De Lancaster), siempre fiel y solícito, y resulta que es que no dejaba de ser cierto a grandes rasgos.

Nick Cravat era el nombre artístico de Nicholas Cuccia. Cuccia, pronunciado (Cuchia) denotaba el origen italiano de su familia. El bueno de Nick había nacido en el Brooklyn neoyorquino y de muy joven coincidió con Burt Lancaster en un campamento de verano, dicen. Lo cierto es que Burt y Nick se hicieron amigos y ambos, aficionados a la gimnasia y las acrobacias, acabaron montando un espectáculo que los llevaría al circo.

Con ese cuerpazo que gastaba Lancaster, esa sonrisa blanca e impertinente, esa agilidad y ese llamativo color del pelo, acabó siendo descubierto por un cazatalentos yéndose a Hollywood y teniendo éxito. Pero Burt no olvidaba a su colega Nick y se lo llevó para que también hiciera cine. Ambos salían haciendo saltos y piruetas exhibiendo una plenitud y fortaleza físicas envidiables.

Un elfo del bosque

El bueno de Nick siempre hacía de fiel escudero mudo. Siempre mudo. Hablaba con gestos y silbidos en las películas. Lo podéis ver en "el temible burlón" o "el halcón y la flecha". Pero, no, Nick no era mudo, a pesar de la gesticulación. Lo que le pasaba a Nick es que tenía un acento exageradamente marcado.


 Acento de barrio, de su barrio, Brooklyn, y eso, en películas de época, ya sea en la Europa medieval, o en esos piratas del Caribe del siglo XVII, no quedaba demasiado correcto.

El prota y el secundario

Y Nick hizo pelis sin su colega Burt, siempre de secundario, Con Victor Mature, otro cuerpazo pero con un rictus facial un poco malogrado, con Dean Martin, con Jerry Lewis... 

Buena forma física

En los años 60, los años del western, su colega Burt, lo enroló en historias del oeste. Fueron unas cuantas: Camino de Oregón; que viene Valdez; camino de la venganza; la venganza de Ulzana, eran unos títulos muy vengativos para dos camaradas, curiosamente. Una de sus últimas cintas juntos fue "la isla del doctor Moreau", una peli inquietante .

Inicios circenses


Y hoy he querido traer a la memoria a la memoria a este secundario mudo en la fición en ese dorado cine de los años 50 de aquél Hollywood tan dado a sacar historias de época donde un marcado acento neoyorkino no podía oírse.

Juli Gan

viernes, 18 de diciembre de 2015

Todos eran mis hijos



Título en castellano Todos eran mis hijos
Título original All My Sons
Año 1948
Duración 95 min.
País Estados Unidos
Director Irving Reis
Guión Chester Erskine
Obra Arthur Miller
Música Leith Stevens
Fotografía Russell Metty
Productora Universal Pictures

Reparto
Edward G. Robinson, Burt Lancaster, Mady Christians, Louisa Horton, Howard Duff, Frank Conroy, Lloyd Gough, Arlene Francis

Sinopsis
Joe Keller es un exitoso hombre de negocios con un pasado que le atormenta y que repercute tanto en su vida como en la de su familia y amigos.


Se trata de la adaptación cinematográfica de la obra de teatro de Arthur Miller representada en Broadway en 1947, un año antes que la película de 1948. Como curiosidad es interesante saber que Miller se inspiró en una historia real de un hecho similar que fue publicado en la prensa de entonces.

El argumento de esta obra trajo una serie de problemas para su autor Arthur Miller ya que en ella se critica el  “sueño americano” lo que llevó a Miller ante el Comité de Actividades Antiamericanas en los años 50 después de que se estrenara la obra de teatro dirigida por el director Elia Kazan, testigo durante la época del “maccartismo” y la “caza de brujas”.


Confieso que tengo debilidad por el actor Edward G. Robinson (La mujer del cuadro, 1944), al que considero uno de los grandes puesto que interpreta perfectamente tanto papeles de hombre corriente y bueno como los de gángsters y aquí vuelve a realizar una gran interpretación como Joe Keller. Personaje que en un principio nos resulta “misterioso” puesto como espectadores desconocemos los hechos de los que hablan el resto de los personajes y que tuvieron repercusión en todo el pueblo. Según avanza la película nuestra visión de él va cambiando a medida que lo vamos conociendo.

También Burt Lancaster (Forajidos, 1946; Mesas separadas,1958) hace un buen trabajo. Él es Chris, el hijo de Joe que después de haber estado en la guerra comienza a preguntarse si lo que sabe sobre lo que le sucedió a su padre y a su familia es cierto o hay alguna parte que no conozca. Pretende seguir los pasos de su padre en la empresa y al mismo tiempo casarse con Ann Deveer (Louisa Horton) la que fuera la novia de su hermano, desaparecido durante la contienda e hija del socio de Joe, que se encuentra en prisión.


El personaje que pone el punto de inflexión y por culpa el cual la vida de los Keller empieza a cambiar es George Deveer (Howard Duff), hermano de Ann, que después de visitar a su padre en la cárcel duda de que realmente se culpable y es el que hace que Chris (Burt Lancaster) comience a hacerse preguntas sobre el pasado reciente de su familia.

El personaje más tierno y que más sufre es, como suele ocurrir, el de madre y esposa de Joe Keller, Kate (Mady Christians). Personaje angustiado por amor a su familia y por la esperanza de que su otro hijo desaparecido en la guerra regrese algún día. Es una mujer que inspira ternura y es el que más pena nos da.


He descubierto esta película hace poco y la he visto sin conocer apenas el argumento, algo que creo que es beneficioso para el espectador, por eso en la sinopsis no he escrito apenas nada sobre la trama, pero esta es mi propia opción personal, por supuesto.

El ir conociendo los hechos poco a poco, el ir haciendo conjeturas sobre aquello que les ha ocurrido a los personajes y que tiene tanta repercusión sobre todos, intensifica el drama y hace que nuestro punto de vista varíe.

Esta es mi recomendación de hoy. Si la seguís, espero que os guste.


viernes, 16 de octubre de 2015

Lo sentimos, pero no da la edad para el papel (II)

El cartel italiano es un detalle para Doctora
Retomamos el tema de los actores que interpretaron papeles para los que "no daban la edad" o mejor dicho, para los que sí la daban, a pesar de que la representada en pantalla se alejaba de la real, o por lo menos la edad "real" que aparece en IMDB, que es lo más parecido a "la verdad" con lo que contamos en este mundo.

Además de la revista HOLA, claro.
Hablábamos entonces de cómo la actriz que interpretaba a la madre de Cary Grant en "Con la muerte en los talones" tenía apenas unos ocho años más que su hijo de ficción, sin que a nadie esta precoz maternidad le haya llamado jamás la atención (o eso me creo yo). Y de como la casualidad, o quizá no, hizo que la primera madre de ficción de Marisol, contara también con unos 8 años de diferencia que la niña cantora (no he contado los meses, vaya).

Hoy vamos a hablar de otros casos de madres e hijos de ficción que difícilmente lo hubieran podido ser a este lado (más aburrido) de la pantalla. Volviendo al cine clásico, nos encontramos con que en la magnífica "El hombre de Alcatraz", un talludito Burt Lancanster resulta ser el hijo de Thelma Ritter.


Es cierto que nuestra vieja amiga Thelma Ritter era especialista en este tipo de papeles, casi la madre oficial de Hollywood, pero no sé si es excesivo verla como progenitora del maduro Lancaster, sobre todo teniendo en cuenta que apenas había una diferencia de once años entre ellos.

Ved la película y juzgad, sobre todo porque es un título maravilloso y, al margen de esta anécdota, merece la pena disfrutarla una y otra vez.

En la más reciente "Hasta que la ley nos separe" Frances Fisher (1952) es la madre de Juliane Moore (1960).

¿Chirría mucho la edad reales de las actrices? No demasiado, la verdad, sobre todo porque Fisher debe representar a una de esas madres cuyo mayor interés en este mundo es que les digan que su hija "parece su hermana" (hay gente para todo), o para ser más generosos, una madre que resulta más juvenil que su hija en gustos y forma de vida.


No deja de llamar la atención que se trate de otro misterioso caso de madre a los ocho años. ¿Qué clase de implicaciones cósmicas (por ejemplo) tendrá esta cifra mágica? Le preguntaremos a Jodorowsky que seguro que nos ofrece una respuesta.

Sobre ese tema, o sobre cualquier otro.

Y hablando de Alejandros salvadores del mundo, mucho se habló hace poco tiempo de que en "Alejandro Magno" Angelina Jolie debía compartir escena con su "hijo" Colin Farrell al que no llega a sacar un año. ¿Resulta verosímil? Pues aún sin haber visto la película (y pretendo continuar así), me atrevo a decir que no, por supuesto, pero tampoco lo son las actuaciones dramáticas de la Jolie y nadie dice nada, por otra parte.

Ignoro a qué se debió esa extraña decisión de casting, pero para mí (casi) todas las decisiones de Oliver Stone son igual de inexplicables.
Qué exagerados, tampoco se nota tanto la edad.

Por cierto que en los sesenta se rodó otra película sobre el mismo personaje histórico "Alejandro El Magno". 

El protagonista esta interpretado por Richard Burton a alimón con su inexplicable prestigio, y su madre por la actriz francesa Danielle Darrieux.

Darrieux, una veterana que hace apenas cinco años aún estrenaba película, era sin embargo muy joven para el papel de madre del siempre sobreactuado galés, en concreto tenía... ¿Lo habéis adivinado, ya? Sí, era ocho años mayor que el irritante Burton.

Lo de estos ocho años empieza a ser inquietante. Casi tanto como mi manía a Richard Burton.

Lo que no os puedo decir es si ese error de casting (el de la edad, no el de contratar a Burton) se notaba en pantalla, o no, y no seré yo la que vea, ni os recomiende disfrutar durante 143 minutos de la mirada extraviada del intérprete galés.

Dónde puedo asegurar que la relación madre hijo es difícil de creer es en "La Señora Miniver".

Para el que no conozca esta película, diré que es un título mítico, mucho más por el momento histórico en que se produjo que por su calidad, a pesar de ser dirigida por el gran William Wyler.

Esto es una apreciación personal, por supuesto, y por lo tanto, completamente discutible, lo de la calidad, no lo de Wyler.



Basada en una novela de la que tengo malas referencias, constituye todo un canto hacia la resistencia de la población civil británica durante la Segunda Guerra Mundial, representada por el personaje de una madre de familia de clase media que no desfallece en ningún momento.

 En su momento fue un éxito de tal calibre, que la actriz que interpretaba a la citada Señora Miniver Greer Garson, se convirtió en una figura nacional. Ganó el Oscar, al que fue nominada en total durante cinco años (5!) consecutivos.

En su carrera, a partir de entonces se compuso sobre todo de papeles de mujeres heroicas en producciones de prestigio, generalmente junto a su habitual "marido" de ficción (el señor Miniver) Walter Pigdeon.

Garson, una experta en mirar hacia arriba con dignidad.

Volviendo al papel que le dio la fama, la citada Señora Miniver es madre de dos hijos en edad escolar, y de un chico que cuando comienza la acción de la película está en la universidad. El joven abandona las clases para entrar a servir en la RAF, para orgullo del público y preocupación de su sufrida madre.

Garson, que apenas hacía dos años había sido Elizabeth Bennet en "Más fuerte que el orgullo", de la que ya hablamos aquí brevemente, había nacido en 1904, así que en 1942 contaba con 38 años, y su hijo (mayor) de ficción Richard Ney andaba por los 26, o sea, unos 12 años menos.

No quitarse la fama para dormir sí que es heroico.

Quizá los 26 no llamaban tanto la atención para el papel del supuesto universitario, pero al verla, recuerdo haber pensado "este chico es muy mayor para una madre tan joven".

No sé al resto del público pero a ambos actores también se lo debía parecer ya que iniciaron una relación durante el rodaje y se casaron un año más tarde.

Sin embargo esta no es una historia con final feliz, en 1947, se divorciaron y durante el proceso, él sacó a relucir, de forma poco elegante, la edad de ella como motivo para la separación.

Al parecer, nunca se le perdonaron esos comentarios y menos aún referidos a la queridísima Mrs. Minniver.

Faltarle al respecto al mismo tiempo a Elizabeth Bennet, a Madame Curie a Eleanor Roostvelt, en definitiva a una mujer capaz de alzar la cabeza con tanta dignidad ... era demasiado y el público no se lo perdonó.

Los Ney en los tiempos en los que él no la consideraba tan mayor
Quizá no fuera por eso, pero la carrera de Ney fue breve a partir de entonces y solo apareció en algunos papeles poco memorables (en películas nada memorables) y después de probar suerte en la televisión, también sin mucho éxito, dejó la actuación en los sesenta.

Ni siquiera le hicieron un hueco en la segunda parte de su película más conocida "La Historia de los Minniver".

Siendo sinceros tampoco le había ido especialmente bien antes de su vergonzante divorcio. Y es posible que no le hubiera ido mucho mejor de no haberse producido tal matrimonio.

Pero aún así fue triste ¿No? ¿A que os ha dado mucha pena?

A mí tampoco.

Loque

viernes, 13 de enero de 2012

Mesas Separadas

¿Habéis estado alguna vez en un restaurante de esos en los que hay que compartir mesa? Yo sí he estado, y nada tiene que ver con la categoría del mismo, puesto que lo he hecho en diferentes lugares. El caso es que, aunque en mi conversación no había nada que yo quisiera ocultar, era una situación extraña incluso a pesar de que las personas que me rodeaban tenían sus propia conversaciones y eran ajenos a la mía.  

Puesto que todos necesitamos aislarnos un poco y disfrutar de momentos de intimidad, no será tan disparatada la idea de que un pequeño hotel ofrezca ambiente familiar, cocina casera y comedor con mesas separadas.




Título original: Separate Tables
Año: 1958
Director: Delbert Mann
Guión: John Gay & Terence Rattigan (Teatro: Terence Rattigan)
Música: David Raksin
Fotografía: Charles Lang
Productora: United Artists
Duración: 108 minutos
Reparto: David Niven, Burt Lancaster, Rita Hayworth, Deborah Kerr, Wendy Hiller, Gladys Cooper, Rod Taylor, Audrey Dalton

Sipnopsis
En un hotel al viejo estilo conviven desde hace tiempo varios huéspedes fijos. Un militar retirado, con una gloriosa hoja de servicios, que teme que un suceso poco honroso llegue a comprometerle, una estricta y decadente madre y su hija, un matrimonio fracasado, un profesor de cultura griega... Viejas historias y nuevos problemas que se hacen carne viva entre los barrocos muros del hotel.



En los años 50, el dramaturgo británico Terence Rattigan, gozaba de gran popularidad y prestigio. Además de Mesas Separadas, también adaptó al cine otras de sus obras, como son La versión Browning (1951) o El Rolls Royce amarillo (1964) y también adaptaría novelas de otros autores como Adiós, Mr. Chips (1969).


En Mesas Separadas aborda un drama en el que, aunque hay algún punto de humor, lo que más destaca es la ironía. Es así como se nos muestran temas como la hipocresía moral de la sociedad, la falsedad, los prejuicios, la intolerancia, el tabú del sexo y diferentes tipos de relaciones amorosas que van desde la pasión hasta la conformidad. Vemos también cómo los tiempos cambian y nuevos aires entran en la vida cotidiana. La acción transcurre en la Inglaterra de los años 50 y algunos de los personajes están enganchados a la moda de los concursos televisados que tanto éxito tuvieron en aquella época.
 

Quizás no haya un claro protagonista. Todos los personajes van y vienen en un decorado de ambiente teatral en el que abundan los espejos y las puertas y ventanas con grandes cristales transparentes. Es así como, el director Delbert Mann [Marty (1955), Pijama para dos (1964)], logra que el ambiente no sea claustrofóbico a pesar de que la mayor parte de la película se desarrolla dentro del hotel, pero también hace que el espectador pueda mirar, y ver, a través de esos cristales o reflejos. Lo que nosotros, como espectadores, vemos como una ventaja, para el director de fotografía y los demás técnicos es un tortura debido a que todos estos reflejos y transparencias dejaban ver todo lo que se supone que no existe, es decir, focos, cables, etc…

En cuanto al reparto, sin la menor duda tengo que elogiar a todo su conjunto. Todos los actores están impresionantes, incluso aquellos que no son considerados grandes intérpretes a pesar de su popularidad. Estos personajes son seres solitarios, marginados y llenos de frustraciones que buscan afecto y compañía.


El británico David Niven [Cumbres borrascosas (1939), La vuelta al mundo en 80 días (1957)] es el Comandante Pollock, un militar retirado de pelo cano, modales protocolarios, un gran bigote y una forma de caminar muy peculiar. El actor refleja perfectamente las dos caras de un hombre que aparenta seguridad pero que está lleno de miedos. Esta interpretación le ha valido al actor varios premios, entre ellos el Premio Oscar.



En un registro nada habitual, nos encontramos con una Deborah Kerr casi irreconocible. Sibyl es una mujer solterona y extremadamente tímida que vive en el hotel bajo las alas de su dominante, egoísta y manipuladora madre, a la que da vida Gladys Cooper [La extraña pasajera (1942)]. Totalmente sumisa a lo que su madre diga Sibyl está enamorada del Comandante Pollock. Impresionante Deborah Kerr, nominada al Oscar por este papel, en un estilo de personaje nada habitual en ella. Es chocante ver a la atractiva y siempre elegante actriz de Tú y yo (1957) o a la apasionada mujer de De aquí a la eternidad (1953) en una actitud retraída y encorvada, siempre mirando al suelo evitando las miradas del resto de los personajes, queriendo pasar desapercivida y sin ser vista por nadie.


En contraposición al personaje de Kerr, nos encontramos con Rita Hayworth [Gilda (1946)]. En su primera aparición, otro de los personajes hace una descripción perfecta de ella: 'esbelta como un junco, elegante como una modelo de París y ni un día más de los treinta'. Aunque la actriz, al igual que su personaje, tenía más edad de la que intentaba aparentar, es cierto que continuaba teniendo un gran atractivo. Esta belleza queda realzada con el exquisito vestuario que para ella diseñó la prestigiosa Edith Head [Eva al desnudo (1950), El golpe (1973)]. Al margen de su impresionante físico, Rita demuestra que también podía ser una buena actriz y con este papel se confirma. Sus mejores escenas son junto a un estupendo Burt Lancaster [Forajidos (1946) ], su ex-marido y ahora escritor alcohólico. Ambos son los protagonistas de una relación, que en la película se describe de esta manera: 'cuando estáis juntos os destrozáis mutuamente y cuando estáis separados os destrozáis a vosotros mismos'.



Esta perfecta descripción viene de boca de otro personaje, la señorita Cooper, a la que da vida Wendy Hiller [Un hombre para la eternidad (1966)]. Premiada con el Oscar por este papel, Wendy Hiller es la atenta y eficiente directora del hotel que está prometida en secreto con el personaje de Burt Lancaster. Este personaje tiene la característica de no estar nunca sin hacer nada. Siempre pendiente de que todo en el hotel esté donde debe estar, supervisándolo todo y atendiendo amablemente a todos sus huéspedes.


Los secundarios también están a la altura del resto. Uno de ellos es un joven Rod Taylor [Los pájaros (1963)], estudiante que vive en el hotel con su novia Audrey Dalton,  y cuya relación, basante abierta, es censurable a los ojos de otros. Otros secundarios, habituales en el cine, son Felix Aylmer [Hamlet (1948)], un viejo profesor olvidado ya de de sus alumnos, Cathleen Nesbitt [Tú y yo (1957)], anciana que vive sola y May Hallatt [Narciso negro (1947)], marimacho solterona obsesionada con las carreras de caballos.



Mesas separadas es un acierto en su conjunto. La fotografía en blanco y negro a cargo de Charles Lang [Sabrina (1954), Con faldas y a lo loco (1959)] en su mayor parte en interiores, es impecable. Y su banda sonora compuesta por David Raksin [Tiempos Modernos (1936), Laura (1944)], es orquestal, algo que da lugar a un ambiente acogedor, tranquilo y cálido.



La película optó a un total de siete nominaciones a los Premios Oscar: mejor película, mejor actriz principal para Deborah Kerr, mejor guión adaptado, mejor fotografía en blanco y negro y mejor banda sonora de drama ó comedia, logrando el Oscar al mejor actor principal para David Niven y mejor actriz de reparto para Wendy Hiller.

Es durante los títulos iniciales, cuando escuchamos una única canción de su banda sonora titulada 'Serarate Tables' interpretada por el cantante Vic Damone y cuya letra es una introducción de lo que veremos a continuación [escuchar aquí].

Mesas separadas
Dos personas solitarias se sientan en mesas separadas
Se sientan en el salón
Tan cerca y tan lejos.

Mientras escuchamos esta canción al comienzo, un travelling nos introduce en las vidas de unos seres solitarios con los que poco a poco lograremos simpatizar, mientras que al final, otro largo y memorable travelling nos aleja de ese pequeño y aislado hotel, que ofrece ambiente familiar, cocina casera y comedor con mesas separadas.




viernes, 24 de junio de 2011

Forajidos

Dos asesinos a sueldo se presentan en un pueblo y asesinan al empleado de una gasolinera. Un don nadie. Sin intento de robo. Sólo querían asesinarlo. ¿Por qué?

La víctima les espera. No huye. No se asusta. Simplemente los espera porque dice que hizo algo mal en cierta ocasión. Es así como se deja asesinar. ¿Por qué? ¿Qué ha hecho para tener este final del que no desea escapar?



The Killers
(Forajidos)
1946 
Director Robert Siodmak
Guión Anthony Veiller (Relato: Ernest Hemingway)
Música Miklós Rózsa
Fotografía Elwood Bredell 
Reparto Burt Lancaster, Ava Gardner, Edmond O'Brien, Albert Dekker,
 Sam Levene, Vince Barnett, Virginia Christine...
Productora Universal Pictures
Duración 103 minutos


Con este arranque inicial, el espectador se queda enganchado sin remedio. Nos presentan entonces al agente Riordan (Edmond O’Brien), de la compañía de seguros donde la víctima tenía una póliza. Por propia curiosidad, Riordan empieza a investigar la muerte de ese hombre al que llamaban El Sueco. Es a partir de este momento cuando vamos conociendo el argumento desde dos posiciones: el presente (en los años 40) y el pasado (pocos años atrás). Para describirnos el pasado, el director Robert Siodmak, utiliza secuencias de planos largos y una gran cantidad de flashbacks -creo que son once- y es así como vamos conociendo la vida de El Sueco, personaje interpretado por Burt Lancaster.


Sólo uno de esos flashbacks es objetivo, real. Y es aquel momento en el que uno de los personajes lee un suceso en un periódico. Con ese texto leído en voz alta, las imágenes nos van mostrando los hechos reales que tuvieron lugar. Sin embargo, el resto de los flashbacks son subjetivos, lo que quiere decir que las secuencias que vemos son aquellas cosas que su narrador, y testigo del momento, recuerda.


Alrededor de El Sueco, giran diferentes personajes de su pasado, desde la señora de la limpieza de un hotel, hasta un amigo de la infancia que ahora es policía pasando por un compañero de celda o la chica de la que se enamora pero que pertenece a otro hombre, etc…

Forajidos es la primera y compleja adaptación de la historia corta titulada The killers escrita por Ernest Hemingway que había sido publicada en 1927. Es una narración complicada que en su momento muchos espectadores no comprendieron pero que a día de hoy es una de las mejores películas del llamado cine negro (film noir), que se desarrolló en Estados Unidos en la década de los 40 y los 50 y cuya primera obra maestra es El halcón maltés (1941).


Característico del cine negro son la violencia y el crimen en un lugar donde el héroe no es tan bueno ni su enemigo es tan malo. Tanto con uno como con otro, siempre está presente la mujer fatal -femme fatale- que es capaz de llevar a la perdición al protagonista o a cualquiera que ella se proponga. Pero lo que más llama la atención de cine negro es la intensidad de contrastes en la iluminación.


La magnífica fotografía, que corre a cargo de Elwood Bredell, intensifica la narración. Es muy abundante la casi ausencia de iluminación de algunas escenas o incluso en los rostros de los personajes que están hablando en un momento determinado. Escuchamos lo que dicen, pero apenas intuimos sus rostros. 


También la genial banda sonora compuesta por Miklós Rózsa (Perdición (1944), Recuerda (1945), Ben-Hur (1959)) es muy apropiada para complementar esos claroscuros que llenan la película constantemente.

El director de origen alemán Robert Siodmak (La escalera de caracol (1945), A través del espejo (1946), El temible burlón (1952)) cuenta con dos actores que con el tiempo se convertirían en grandes mitos del cine pero que en aquel momento estaban comenzando sus carreras: Burt Lancaster y Ava Gardner.

Fue la primera película de Burt Lancaster, en la que hace un tipo de personaje muy alejado a aquellas películas de aventuras con las que comenzaría a ser popular tras el éxito de Forajidos pocos años más tarde, como son El halcón y la flecha (1950) o El temible burlón (1952), hasta llegar a consolidarse poco a poco con los grandes personajes de De aquí a la eternidad (1953) o Atlantic City (1980).

Una Ava Gardner, el animal más bello del mundo (apelativo que nació en 1954 como eslogan publicitario para La condesa descalza, y que la propia Ava odiaba), en todo su esplendor de belleza, sensualidad y, esta vez también, perversidad es Kitty Collins, la mujer fatal. Aunque aparezca en los títulos de crédito junto con su compañero, pienso que su personaje es más secundario porque su aparición es bastante breve. Hechizadora pero breve. En su primera aparición, al igual que le pasa a El Sueco, no podemos apartar los ojos de ella.

Al contrario, pienso que Edmond O’Brien (genial en La condesa descalza (1954) donde coincidiría de nuevo con Ava Gardner) no es tan secundario como parece. Es el motor que hace que nos interesemos por los hechos. Nos convertimos en sus compañeros de investigación.

La película estuvo nominada a cuatro Premios Oscar: mejor director, mejor guión, mejor banda sonora de drama o comedia y mejor montaje, el año en que Los mejores años de nuestra vida (1946) de William Wyler se convirtió en la película del año arrasando en los premios.

Su estreno tuvo lugar en Nueva York el 28 de agosto de 1946. En 1964, se realizó una segunda versión de The killers, dirigida por Don Siegel (Harry el sucio (1971)) y protagonizada por Lee Marvin, Angie Dickinson, John Cassavetes, y Ronald Reagan que lleva por título Código del hampa. Se convirtió en la última película del futuro presidente Reagan.



Forajidos tiene muchas escenas magistrales que poder comentar sin embargo no me gusta desvelar momentos importantes del argumento, por respeto a aquellas personas que no la han podido disfrutar todavía. Aunque me gusta visionar varias veces las buenas películas clásicas considero que aquella primera vez que se ve, es quizás la más impactante ya que se desconocen los hechos. Posteriormente, se ve con otros ojos, fijándote en esto y en lo otro más concretamente y viendo las cosas con esos otros ojos que ya saben cómo van a acabar las cosas.

Un clásico imprescindible tanto para los que amamos el cine como para aquellos que sólo quieren visionar una buena película del cine negro.