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viernes, 8 de enero de 2016

PERDICIÓN O LO SENCILLO QUE ES HACER GRAN CINE


¿Cómo no supe que a veces el asesinato huele a madreselva?
Hay frases con tal fuerza que identifican para siempre a un libro o a una película. Todos tenemos en la cabeza algunos ejemplos. Es lo que sucede con esa frase y Perdición (Double indemnity, Billy Wilder, 1944). La pronuncia, al poco de iniciarse la película, la voz en off de Walter Neff, el personaje interpretado por Fred MacMurray, y está tan llena de sugerencias que por sí sola incita al espectador a seguir viendo la película.
Perdición es uno de los raros casos en los que una película basada en un buen libro consigue superarlo. El libro original, Doble indemnización, de James M. Cain (titulado en España "Pacto de sangre"), es bueno, pero la adaptación cinematográfica que de él hicieron Billy Wilder y Raymond Chandler es excepcional. 


De la colaboración de ambos, aunque personalmente no congeniaran, nació una de esas películas que siempre figura, con total justicia, en las listas de “las 10 mejores de su género”. Es, además, de las que tienen escenas que se recuerdan toda la vida, como la del rostro de Barbara Stanwyck mientras su amante asesina a su marido.
Perdición resulta el compendio perfecto de las cualidades de su género, el cine negro clásico; es decir, el  que se filmó en Estados Unidos entre 1940 y 1950 y que se conoció en Europa cuando, tras finalizar la Segunda Guerra Mundial, se pudieron estrenar en Francia, en 1946, El halcón maltés, de John Huston, Laura de Otto Preminger, Historia de un detective, de Edward Dmtryk,  La mujer del cuadro, de Fritz Lang, y Perdición, todas de 1944 excepto la primera que es de 1941. No es de extrañar que semejante quinteto rindiera de admiración a la Europa post-bélica.
Una de las características de este género es la ambigüedad moral que identifica a menudo a sus protagonistas. En el caso de Perdición, los personajes, adúlteros y asesinos, están tan alejados de la moral convencional de su época, se adentran tanto en el abismo de lo inaceptable socialmente, que el escritor Charles Brackett que colaboraba habitualmente con Wilder como guionista se negó a adaptar el relato de Cain porque lo encontraba excesivamente sórdido.
Perdición, como la mayoría de los mejores películas de cine negro, se basa en un relato de uno de los grandes autores norteamericanos de la literatura de crímenes, James M. Cain, cuya historias, oscuras, terribles, darían lugar a otras famosas adaptaciones cinematográficas: El cartero siempre llama dos veces, Alma en suplicio… Además, como ya se ha señalado, uno de los guionistas (el otro fue el mismo Billy Wilder) fue Raymond Chandler, quien junto a Hammett y Cain formó la gran tríada de la literatura “negra” norteamericana. Los lectores de Chandler, que se estrenó como guionista con esta película, podrán reconocer su tono ágil, cáustico e irónico en los diálogos de perdición. Valga el siguiente ejemplo:
Phyllis: Sr. Neff... ¿Por qué no viene mañana noche a eso de las 8,30? Estará aquí...
Walter: ¿Quién?
P: Mi marido. Tiene Vd. interés en hablar con él ¿no?
W: Así era, pero... se me están pasando las ganas, créame.
P: En este Estado hay un límite de velocidad. 70 kilómetros por hora.
W: ¿Y a cuál iba, agente?
P: Yo diría que a 90.
W: Pues baje de su moto y póngame una multa.
P: Mejor dejarlo en advertencia por esta vez.
W: Y ¿si no da resultado?
P: Le daré con la regla en los nudillos.
W: Y si me echó a llorar y pongo la cabeza en su hombro.
P: ¿Por qué no intenta ponerla en la de mi marido?
W: Se acabó.
P: Me pregunto si entiendo lo que dice...
W: Me pregunto si se lo pregunta.
Casi toda la película consiste en un larguísimo flashback. La voz en off del protagonista, un antihéroe al que ya sabemos condenado desde el principio de la historia, nos la narra casi en su totalidad. Son recursos frecuentes en el cine negro (y al que más tarde Wilde dará una vuelta de tuerca en Sunset Boulevard, utilizando la voz en off del protagonista asesinado) que permiten que el espectador asuma diferentes planos de la realidad: la de los más íntimos pensamientos del protagonista y la del resto de los personajes cuyas acciones nos son presentadas a través de la mirada de aquel.

Otra constante en el cine negro que tiene mucho peso en esta película es la fuerte carga erótica, generalmente a través de “la femme fatale” o “vampiresa”; la mujer dotada de gran magnetismo sexual que arrastra al hombre a tomar decisiones que pueden significar su ruina, su perdición...  En este caso ese papel lo asumió Bárbara Staynwick. Esta actriz, aunque inicialmente tuvo reparos en aceptar interpretar el personaje de Phyllis Dietrichson, logró convertirse con este papel en el paradigma cinematográfico de la mujer fatal, a pesar de no contar ni con una belleza deslumbrante (como Ava Gardner en Forajidos) ni con una sensualidad evidente (como la de Lana Turner en El cartero siempre llama dos veces). 

Se pueden comprender los miedos de Barbara, que tras  haber recibido  su primera nominación a los Óscar por el melodrama Stella Dallas, de King Vidor (1937) se estaba especializando en papeles de mujeres fuertes y con encanto, como los de Bola de fuego, de Howard Hawks, Juan Nadie,  de Frank Capra y Las tres noches de Eva, de  Preston Sturges, todas de  1941. No es raro, que tras interpretar a estos personajes femeninos pusiera reparos para afrontar el personaje, tan “en el otro lado de la línea” de Phyllis; afortunadamente, finalmente lo aceptó y consiguió convertirlo en el paradigma de la mujer fatal del cine negro, a pesar de la peluca imposible con la que le hicieron cargar durante toda la película. La Staynwick se muestra aquí como una gran actriz que consigue a fuerza de  simple  expresión hacer totalmente creíble su personaje; como, por ejemplo, cuando durante su primer encuentro con MacMurray se puede leer en sus ojos que su mente está gestando el plan asesino...



Y dándole la réplica, un estupendo Fred Mac Murray. Un gran actor frecuentemente desaprovechado, que aquí borda el papel de Walter Neff, el vendedor de seguros que se deja llevar a la perdición por dos fuerzas: la atracción sexual que siente por Phyllis, que la complicidad en el crimen convertirá posteriormente en repulsión, y la pulsión, incluso más fuerte que la anterior, de su propia ambición y arrogancia. Porque Walter Neff camina desde el principio de la historia hacia su "perdición", no tanto por el influjo que inicialmente ejercen sobre él Phyllis y el deseo de hacerse con una importante suma de dinero, sino por su propia vanidad y arrogancia, de  las que el mismo es consciente cuando manifiesta: 

“En este negocio no duermes pensando en las trampas que pueden tenderte. Eres como el que cuida de la ruleta para que los clientes no engañen a la casa. Y una noche empiezas a creer que podrías engañarla tu mismo, ya que... justamente tienes la rueda en tus manos. Te lo sabes todo de memoria y piensas que lo harías bien en cuanto... tuvieras una oportunidad. De pronto alguien llama y te lo ofrece todo en bandeja... Luché contra ello... pero no con mucha fuerza."

Porque esa es la realidad, que por encima de la influencia que sobre él ejerza la maquiavélica Phyllis, Walter Neff necesita demostrarse a sí mismo que es más inteligente que los demás, especialmente que su jefe y mentor, el Barton Keyes magistralmente interpretado por un, como siempre, magnífico, Edgard G. Robinson, lejos aquí del papel de gánster siniestro (¡y qué bien lo hacía en Cayo Largo!) con el que generalmente se le asocia. El personaje de Barton Keyes, cuya inteligencia y capacidad para desentrañar el crimen sólo queda empañada por su sentido de la amistad, es el personaje más entrañable de toda la película, como demuestra este diálogo:
Walter: ¿Sabes por qué no lo adivinaste? Porque tenías demasiado cerca al tipo que buscabas, al otro lado de la mesa.
Barton: Mucho más cerca, Walter.
Walter: Yo también te quiero".
Con más de 70 años de antigüedad esta película demuestra que el buen cine es atemporal. Es cierto que un espectador contemporáneo, saturado de información forense gracias a CSI, Bones, etc., encontrará la ejecución del crimen que relata muy ingenua, pero eso, o detalles como la apertura imposible de la puerta del apartamento de Neff, siguen sin desmerecer el resultado final de esta grandísima película en la que lo que importa es reflejar las grandes pasiones humanas: la ambición, la vanidad, el miedo, la lujuria, el odio, la compasión, la desesperación... incluso hay sitio para el amor desinteresado...
Porque amor puro y sin esperanzas será el que redimirá  a Walter Neff, aunque no le librará del castigo final. El amor y el remordimiento, que como contrapunto a la oscura pasión que le había inspirado Barbara-Phyllis, siente por Lola Dietrichson, personaje muy bien interpretado por Jean Heather.
Todo en Perdición se conjuga para lograr un resultado magnífico: el uso de luces y sombras para remarcar expresiones y situaciones a través de unos claroscuros que serían la admiración hasta de Caravaggio, la impresionante música de Miklós Rósza, candidata al Óscar, que intensifica la tensión de las imágenes...

El único fallo importante de esta película es su título original, Double Indemnity, descriptivo pero ramplón, sin carácter. Curiosamente, ese error quedó excepcionalmente subsanado en la versión española. Perdición… una sola palabra para resumir la condenación inapelable para quienes se dejan arrastrar por el mal.
En definitiva, 107 minutos de grandísimo cine, en el que, especialmente en la segunda parte, el guión supera al libro, consiguiendo un final mucho más depurado, equilibrado e inteligente que el original. Porque si bien es verdad que la historia, basada en hechos reales, era sórdida y tenebrosa, Wilder consiguió contarla con una elegancia que trasciende su miseria. Una historia terrible que se resume perfectamente en otra de esas frases que han pasado a la historia del cine: "Lo maté por dinero y por una mujer. Ni conseguí el dinero, ni la mujer."
Tras ver Perdición es inevitable pensar lo fácil que es hacer gran cine. Sólo se necesitan uno de los mejores directores que han rodado jamás, un gran escritor que proporcione un excelente argumento, unos cuantos guionistas y actores con mucho talento, un compositor brillante y alguna que otra "cosilla" más. Sencillo… ¿o no?


Yolanda Noir

viernes, 16 de mayo de 2014

Mentira latente

Cuando la vida te da muchos palos, siempre se dice aquello de que es bueno hacer borrón y cuenta nueva. En el Cine existen muchos personajes que cambian de vida y dejan atrás su pasado o por lo menos... lo intentan. Uno de estos personajes es la protagonista del clásico titulado Mentira latente (1950) de Mitchell Leisen.
 

Título en castellano Mentira latente
Título original No Man of Her Own
Año 1950
Duración 98 minutos
País Estados Unidos
Director Mitchell Leisen
Guión Sally Benson, Catherine Turney
Novela Cornell Woolrich
Música Hugo Friedhofer
Fotografía Daniel L. Fapp
 
Reparto
Barbara Stanwyck,  John Lund,  Jane Cowl,  Phyllis Thaxter,  Lyle Bettger,  Henry O'Neill,  Richard Denning
 
Sinopsis
Helen Ferguson, embarazada y abandonada por su novio, emprende un largo viaje de Nueva York a San Francisco. En el tren conocerá a un joven matrimonio que también espera un hijo y que se dirige a la casa de los ricos padres de él. Pero el tren descarrila...
 
 
A pesar de ser un gran drama de los que en aquella época del Cine Clásico tenían mucho éxito siempre me ha parecido que Mentira latente es uno de los títulos menos populares a pesar de contar con una de las mejores actrices de la época: Barbara Stanwyck. Actriz de carácter que se ha desenvuelto perfectamente en diversos géneros pero siempre dando a sus personajes esa arrolladora presencia, esa independencia y ese fuerte temperamento que tanto la caracterizaba.
 
Anteriormente, ya había hablado de una de las mejores películas de la actriz, y del Cine, dentro del género de la comedia: Bola de fuego (1941) de Howard Hawks.
 
 
Sin embargo en Mentira latente, Standwyck no es una mujer fuerte. Helen es una mujer desesperada al haber sido abandonada, en la recta final de su embarazo, por un caradura al que interpreta Lyle Bettger (El mayor espectáculo del mundo, 1952), habitual en personajes de villanos.
 
En la nueva vida que Helen pretende empezar se irán cruzando personajes totalmente diferentes a los que ella había conocido. Personajes de buen corazón que la ayudarán en este cambio. Entre ellos vemos los rostros más o menos conocidos como son John Lund, actor habitual del director y el tierno y maternal rostro de Jane Cowl, además del pequeño papel de Richard Denning.
 

Barbara Stanwyck, una vez más, está asombrosa, algo que a los que nos gusta, todavía nos entusiasma más. Sobria en su actuación y dando a su personaje una expresividad que nos llega y nos sobrecoge. Primero como una mujer abandonada y sin futuro y luego como una madre que debe sobrevivir por su hijo pero con el temor de que su pasado vuelva a aparecer. Sólo con un gesto, con una mirada o con un pequeño movimiento la actriz nos contagia de sus miedos y podemos llegar a sentir al personaje.
 
El director Mitchell Leisen (La vida íntima de Julia Norris, 1946) nos lleva desde un simple melodrama inicial al suspense, un poco noir, de la segunda mitad, pero siempre al servicio de su protagonista. El argumento nace al adaptar la obra de Cornell Woolrich, de cuya pluma salieron otras buenas películas como La ventana indiscreta (1954) de Hitchcock ó La novia vestía de negro (1967) de Truffaut.
 

Es muy habitual que de una película, aunque no recordemos todo con claridad, se nos haya quedado una imagen, una escena o una secuencia, quizás porque sea un momento clave de la historia o quizás por su diálogo o su belleza de imágenes. En Mentira latente, hay una secuencia que me gusta especialmente porque se trata de un momento en el que ocurre algo cotidiano y que estoy segura que todos hemos protagonizado, aunque sin el dramatismo de una película clásica, por supuesto. 

En la película ocurre así:
intentando ya reconstruir su vida y durante las compras navideñas, Helen se encuentra en la calle con Bill (John Lund), que la invita a entrar con él en una tienda en donde venden estilográficas. Lo más habitual a la hora de comprar una estilográfica es comprobar cómo se escribe con ella y eso es lo que vemos que hace Bill hasta que se detiene y con rostro serio y pensativo se dirige a Helen y le pide que pruebe ella la estilográfica para ver qué le parece. Helen sin pensarlo y con naturalidad, se quita el guante de la mano derecha, coge la estilográfica y escribe… pero al momento se da cuenta de que ha comedido un grave error…
 
Bien, quizás los que no hayan visto la película no le den tanta importancia a esta secuencia o, como buenos cinéfilos, sean capaces de adivinar lo que Helen había escrito. El caso es que cuando voy a comprar un bolígrafo me acuerdo de este personaje de Barbara Stanwyck a la hora de probarlo.
 
Mentira latente, una gran película protagonizada por una grandísima actriz que, para aquellos que disfrutan con el Cine Clásico, será toda una delicia.

 

viernes, 2 de noviembre de 2012

Bola de fuego

Pues mira, si te apetece darte un garbeo por este blog formado por varias chorbas, pisa el acelerador y no te quedes ahí pasmao/a. A nosotras nos gusta el cachondeo y de vez en cuando mover el esqueleto, pero el cine es lo que más nos mola así que no aparques por aquí si no es ese tu caso porque nos cortarías el rollo. Preferimos que te esfumes, pero te recomendamos que te gastes la guita en ver buen cine. Pues eso, y pirando que viene dando.
 
El slang es un lenguaje coloquial del inglés, es decir, una jerga. Una forma de hablar que se aleja de lo que llamamos el ‘inglés de la Reina’.
 
 
 
Título en castellano:
Bola de fuego
 
Título original:
Ball of Fire
 
Año:
1941
 
Director:
Howard Hawks
 
Guión:
Billy Wilder y Charles Brackett
 
Música:
Alfred Newman
 
Fotografía:
Gregg Toland
 
Duración:
112 minutos
 
Productora:
Samuel Goldwyn Productions 
 
Reparto:
Gary Cooper, Barbara Stanwyck, Oskar Homolka, Henry Travers, Tully Marshall, Richard Haydn, S.Z. Sakall, Audrey Mather, Dana Andrews, Dan Duryea, Ralph Peters, Kathleen Howard, Mary Field, Charles Lane 
 
Sinopsis 
Gracias a la donación de un cuarto de millón de dólares, un grupo de profesores estrafalarios, todos solteros salvo uno que es viudo, trabajan en la elaboración de una enciclopedia del saber humano. Cuando el trabajo se encuentra ya en una fase bastante avanzada, la visita sorpresa de una bailarina de cabaret les hace replantearse su labor, pues caen en la cuenta de que viven de espaldas al mundo.
 
 
 
Howard Hawks es una de las personalidades más destacadas de las que están detrás de la cámara en el mundo del cine. Es una persona a la que físicamente no reconocemos pero que en cuanto vemos su nombre en los títulos iniciales de una película sabemos que la ésta merecerá la pena. El estadounidense Howard Hawks es director, guionista y productor de cine.
 
Scarface (1932), La fiera de mi niña (1938), Tener y no tener (1944), El sueño eterno (1946), Río Rojo (1948), Los caballeros las prefieren rubias (1953), Tierra de faraones (1955), Río Bravo (1959)… A pesar de haber realizado tantas y tan buenas películas nunca le fue concedido ningún Premio Oscar hasta que en 1975 le fue concedido el Premio Oscar Honorífico a toda su trayectoria profesional.
 
 
En 1941, Hawks dirige Bola de fuego cuyo guión está firmado por Billy Wilder y Charles Brackett. Ambos trabajaron juntos en trece películas entre las que, además de la que nos ocupa, se encuentran Ninotchka (1939), Días sin huella (1945) o El crepúsculo de los dioses (1950).
 
La gran Barbara Stanwyck, a quienes sus compañeros llamaban Missie, no necesita presentación. Se ha ganado con sus grandes trabajos el respeto de crítica y público. Asociada a personajes de fuerte temperamento muy alejados del tipo de mujer florero de la época siempre le ha seguido la fama de antipática, algo que también sucedía con otras dos grandes actrices con características similares: Bette Davis y Joan Crawford.
 
 
 
Actriz todoterreno que tanto interviene en una comedia como en un drama, en el western o en el género negro e incluso en series de televisión… en todo brilla con luz propia. La odiamos en Perdición (1944), sufrimos con ella en Stella Dallas (1937) ó Voces de muerte (1948), la rechazamos en la serie El pájaro espino (1983) o nos hizo reír en Bola de fuego (1941).
 
Fue nominada al Premio Oscar a la mejor actriz en cuatro ocasiones, recibiéndolo únicamente como Premio Oscar Honorífico en 1981. Evitó a la prensa rosa hasta que le fue imposible al casarse con unos de los galanes del momento, Robert Taylor, en 1939 divorciándose en 1952 sin que ella volviera a casarse nunca más.
 
 
Muy amiga de sus amigos, es muy conocida su larga amistad con el actor William Holden desde que se conocieron en el rodaje de Sueños de oro en 1939 hasta la muerte de él en 1982. Siempre volaron sobre ella rumores de homosexualidad debido a que muchos de sus amigos lo eran (Joan Crawford ó Clifton Webb).
 
En Bola de fuego, vemos a una Barbara Stanwyck llamada Sugarpuss, frívola y alegre que habla con un argot callejero lleno de palabras discordantes para la época, que enseña sin pudor sus piernas mientras baila el ‘Drum Boogie’ ó menea las caderas en la biblioteca a ritmo de conga seguida de los viejos profesores. La mejor descripción la hace, la vieja señorita Bragg (Kathleen Howard), encargada de la casa de los profesores: ‘Es de la clase de mujeres que hace que la civilización se tambalee’. 
 
 
 
El que se queda pillado primero por su jerga y luego por el palmito de la chavala es el Profesor Potts interpretado por Gary Cooper. Para mi Cooper siempre ah sido bastante soso e inexpresivo, no es un actor que me guste pero para este papel es perfecto. Introvertido, inocente y tímido que se ruboriza como un niño pequeño al hablar con una chica.
 
La carrera de Gary Cooper es extensa y está llena de grandes películas: Marruecos (1930),  La policía montada del Canadá (1940), El manantial (1949), Juan Nadie (1941) de nuevo con Barbara Stanwyck, ¿Por quién doblan las campanas? (1943), etc… Logró el Premio Oscar al mejor actor principal en dos ocasiones por Sargento York (1941) y Sólo ante el peligro (1952) y un Premio Oscar Honorífico en 1961.
 
Entre los secundarios de Bola de fuego encontramos a Dana Andrews (Laura, 1944) que interpreta un gangster novio de Sugarpuss. Otras caras conocidas son S.Z. Sakall (Casablanca, 1942) y Dan Duryea (La mujer del cuadro, 1944).
 
 
De la banda sonora se encarga Alfred Newman (La colina del adiós, 1955; El rey y yo, 1956) llena de ritmos alegres y dinámicos que complementan la alegría que despide la película. Barbara Stanwyck, doblada por la popular cantante americana Martha Tilton, interpreta la pegadiza ‘Drum Boogie’.
 
Sugarpuss, nuestra protagonista está impecable y elegantemente vestida por la gran diseñadora de vestuario es Edith Head (Eva al desnudo, 1950; Vacaciones en Roma, 1953).
 
En su conjunto Bola de fuego recibió, en 1941, cuatro nominaciones a los Premios Oscar: mejor actriz para Barbara Stanwyck, mejor banda sonora, mejor sonido y mejor historia.
 
 
Una de las secuencias más famosa y divertida es aquella en la que seis de los viejos profesores intentan recordar mediante esquemas dibujados en el suelo de la biblioteca y ecuaciones matemáticas, un baile que previamente les había enseñado Sugarpuss, pero, lo cierto es que no acaban de encontrar ‘el denominador común entre los pasos y la música’. Es entonces cuando aparece ella, acciona el tocadiscos y les muestra el alegre ritmo de la conga. Al momento, todos empiezan a bailar entre los anticuados muebles y los polvorientos libros formando una fila india moviéndose a un lado y otro y gritando: ¡Conga! ¡Conga!
 
 
 
Una maravillosa comedia con un argumento divertido que se ve con una sonrisa en la cara, deja buen sabor de boca y que es todo un Clásico del Cine.
 
Esta Bola de fuego es la bomba así que si no la has visto date el piro y ponte a verla.
¡Vamos! ¡Lárgate ya!
 
 

viernes, 13 de abril de 2012

Las mujeres de Billy Wilder

El 27 de marzo hizo 10 años que nos dejó Dios, según Fernando Trueba, el gran Billy Wilder.
Me gustaría dedicarle una entrada pero no especialmente a él que evidentemente se lo merece , aunque aquí ya hemos hablado de él , además algunas de nosotras somos fervientes seguidoras de su cine... si no a sus chicas, a esos monstruos cinematográficos que una vez o dos se pusieron en sus manos para interpretar a papeles que han pasado a la historia del cine, y si me dejáis, al arte en general! Hablo de Phyllis, de Norma, de Sabrina, de La chica, de Christine, de Sugar, de Fran (y me dejaré a Irma), de Polly, de Pamela, de Fedora y de Ninotcka.
No están todas pero quizás he escogido a las más significativas, sobretodo para mi,


PHYLLIS RICHARDSON (Barbara Stanwyck)
PERDICION – 1944
Phyllis es la esposa de un posible cliente, quien pretende deshacerse de su marido y para ello utiliza a Walter, un agente de seguros (Fred McMurray el pardillo en cuestión) , el cual cegado por ella , interviene en el asesinato. A través de un estupendo flashback, el mejor amigo y jefe del chico (Edward G Robinson) descubrirá lo que pasa.
Se puede ser más malaaaaa.... que arrastrar a un pobre hombre a cometer el más terrorífico asesinato planeado que existe??? Si, Phyllis lo hace y de la forma más fría que hay. Stanwyck con este papel reconoció que fue uno de los mejores de su carrera, y no me extraña porque está fabulosa.... hasta da miedo y todo. Basada en un personaje real Ruth Snyder que fue ejecutada en la silla eléctrica en 1920, casi nada! Puro cine negro!


NORMA DESMOND (Gloria Swanson)
SUNSET BOULEVARD – 1950
Yo soy grande....es el cine que se ha echo pequeño.”
Y que razón tenia Norma cuando bajando por esas escaleras aparecía como la más grandes de las diosas cinematográficas. El personaje de Desmond es un lujazo, una delicatessen maravillosamente interpretada por una actriz del cine mudo que aquí es un reflejo de su propia realidad: Gloria Swanson.
Cuando Joe Guillis (William Holden) aparece en la vida de Desmond despierta en ella a ese monstruo dormido que renace para volver a creerse la estrella que en el pasado fue! Y nadie se atreve a contradecirla.
Otro genial flashback de Wilder... la famosa escena de la piscina. Impresionante! Y no olvidar esa inolvidable partida de cartas con otros tres monstruos del cine mudo (Anna Q. Nilsson, H.B. Warner y el maravilloso Buster Keaton)
¿Quien no ha visto todavía esta película????


SABRINA (Audrey Hepburn)
SABRINA- 1954
Probablemente uno de los personajes más tiernos del sr. Wilder junto con Irma y Fran. Y nadie mejor que Hepburn para protagonizar a esta joven hija de un chófer en una casa de ricos en el que dos hijos , muy diferentes ambos, tienen la total atención de Sabrina, sobre todo del más joven. Nada que ver con la versión de 1995 (aunque reconozco que Ormond daba el pego). Aquí Hepburn despliega belleza, glamour, encanto y todo lo que tenia en una obra muy menor de Wilder, pero que se deja ver sobre todo por ella, muy creíble en la segunda parte después de llegar de París, no tanto en la primera donde quiere parecer jovencilla y feucha.... para nada.... of course!


LA CHICA (Marilyn Monroe)
LA TENTACIÓN VIVE ARRIBA – 1955

Que decir de esa escena del aire del metro subiéndole las faldas a Marilyn, todo un clásico! Dejarme escribir algunas de las no menos clásicas frases de Mr. Wilder sobre Monroe:

Sobre la impuntualidad de Marilyn debo decir que tengo una vieja tía en Viena que estaría en el plató cada mañana a las seis y sería capaz de recitar los diálogos incluso al revés. Pero, ¿quién querría verla?... Además, mientras esperamos a Marilyn Monroe todo el equipo, no perdemos totalmente el tiempo... Yo, sin ir más lejos, tuve la oportunidad de leer Guerra y Paz y Los miserables

El problema de Marilyn es que se enamoraba con mucha rapidez. No era la clase de mujer que se supone que debe ser un símbolo sexual, y eso la mató... Marilyn era una mezcla de pena, amor, soledad y confusión

Existen más libros sobre Marilyn Monroe que sobre la II Guerra Mundial. Hay una cierta semejanza entre las dos: era el infierno, pero valía la pena

Me han preguntado si volveré a trabajar con M. M. (Marilyn Monroe), y tengo una respuesta clara. Lo he discutido con mi médico, mi psiquiatra y mi contable, y todos me han dicho que soy demasiado viejo y demasiado rico para someterme de nuevo a una prueba semejante.”

"Marilyn era un absoluto genio como actriz cómica, con un sentido extraordinario para los diálogos cómicos. Tenía ese don. Nunca después he vuelto a encontrar una actriz así".

"Marilyn no necesita lecciones de interpretación; lo que necesita es ir al colegio Omega, en Suiza, donde dan cursos de puntualidad superior".

Ya veis la tenia en mucha estima. No tengo más palabras.


CHRISTINE HELM VOLE (Marlene Dietrich)
TESTIGO DE CARGO- 1957
Aunque perfectamente podríamos hablar de Miss Plimsoll, esa maravillosa y olvidada Elsa Lanchester que resiste estoicamente a todas las fechorías del sr. Laughton (su marido en la vida real), dedico la entrada a Marlene Dietrich, (con la que ya había trabajado en Berlín Occidente) simplemente por que es ella. Y su transformación , he de confesar, que ha sido una de las que más me han impactado en la vida, y no exagero, cuando descubrí que era esa zíngara, con esa marca en la cara, aún se me ponen los pelos de punta!.
Dietrich adoraba a Wilder y fue ella quién al querer llevar a la pantalla esta obra de Agatha Christie propuso a este director. Una de sus muchas y grandes interpretaciones.


SUGAR KANE (Marilyn Monroe)
CON FALDAS Y A LO LOCO- 1959
Nadie es perfecto” decía Oswood Fielding III al final de la película.... pero ella si, ella lo
era!!! aunque permitirme hablar de esas otras dos “chicas” que también salen en la película... Josephine y Daphne. Con quien os quedáis?? Yo sin duda alguna con Daphne, después de tantos años y de engancharme una vez tras otra cuando la hacen por la tele, me sigue enamorando su papel. No hay dos actores en la historia del cine que hayan interpretado a dos “mujeres” con tanta naturalidad y sensibilidad como Curtis y Lemmon (actor fetiche de Wilder, eso si que fue una gran pareja de hecho!).
Pero , no me olvido de esa maravillosa Sugar, tocando el ukelele y dejando absolutamente anodad@s en la vía del tren a Daphne y Jo …. y al resto del mundo.


FRAN KUBELIK (Shirley MacLaine)
EL APARTAMENTO -1960
Wilder tiene muchas obras maestras, imposible decir cual de ellas es la mejor... yo me quedo con El apartamento, sin dudarlo. Fran es uno de los personajes más tiernos y amargos a la vez de la historia del cine (sin olvidarme de Irma , por supuesto). La candidez de Fran-Shirley pero a la vez esa ternura y esa amargura reflejada siempre en su rostro hacen de su personaje uno de los más bonitos que se han escrito nunca y además esos diálogos durante toda la película la hacen absolutamente redonda. No sé con que escena me quedaría porque evidentemente una siempre mejora la anterior, pero quizás el final, ese final en que C.C.Baxter (estupendo Lemmon again!) le dice que la quiere y ella simplemente le pasa el juego de cartas.... por dios que maravilla!


POLLY (Kim Novak)
BESAME, TONTO – 1964
Una película , quizás no tan conocida de Wilder o sin tanto éxito que tuvo muchos problemas en su estreno porque era de “alto contenido erótico”... es una comedia agridulce en que Novak en el papel de la prostituta Polly estaba divertidísima. Wilder solo tuvo palabras de elogio por su interpretación.


PAMELA PIGGOTT (Juliet Mills)
AVANTI- 1972
Actriz inglesa hija del gran John Mills, y hermana de Hayley, empezó como actriz infantil junto a actores muy famosos como Rex Harrison, David Niven, o Marlon Brando, de hecho sus padrinos fueron la gran Vivien Leigh y Noel Coward. En esta cinta de Wilder comparte protagonismo con Lemmon al que conoce en Italia cuando debe ir a recoger el cuerpo de su madre y allí se entera de que tenia un lío con el padre de Lemmon.
Es quizás por la película que más se la conoce.


FEDORA (Marthe Keller)
FEDORA-1978
Cuando se estrenó Más allá de la vida de Clint Eastwood, no podía sacarme de la cabeza esa actriz que hacia de psiquiatra... la recordaba y no sabia quien era, cuando reconocí a Marthe Keller se me puso la piel de gallina.... era Fedora, otro de mis traumas infantiles, similar a Marlene en Testigo de cargo, me impactó el personaje de una actriz que quiere ser eternamente joven y queda desfigurada después de una operación quirúrgica y entonces quiere que su hija la reemplace. De hecho Wilder pensó en Marlene pero rechazó el papel por demasiado paralelismo con su propia vida e hija... y Sydney Pollack le dijo que utilizara a Keller. Obra menor pero sin duda se la considera la segunda parte de Sunset Boulevard.


NINOTCHKA (Greta Garbo)
NINOTCHKA – 1939
Me permito una última licencia... no fue el director, fue el gran Lubitsch pero claro él, Billy Wilder fue el guionista. Nos encontramos con el maestro y su mejor aprendiz realizando una de las mejores comedias de todos los tiempos y además consiguiendo una hazaña que nadie más consiguió ni conseguiría jamás: hacer reír a la gran Garbo!!!
Una autentica delicia. Greta Garbo hace una de sus mejores interpretaciones, esa camarada del gobierno ruso que solo cae delante de los encantos de Melvyn Douglas... y quién no???


En fin creo , que quizás me he dejado alguna pero básicamente he descrito a los personajes femeninos más representativos del gran Wilder... y como siempre me lo he vuelto a pasar en grande!

Hasta la próxima.
Bargalloneta.