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viernes, 6 de noviembre de 2020

¿Qué os había hecho Rebeca?

Peliculón

Leí en redes que en Netflix se podía ver un remake de Rebeca, al cual, por cierto, todo el mundo ponía a caldo. En estos tiempos de cuasi confinamiento en los que tenemos menos vida social que un cangrejo ermitaño, caí en la tentación de verla. Ya, ya sé. Yo me lo busqué, si me pongo a ver cosas malas, ¿por qué me quejo si no me gustan? Tengo que reconocer que me dormí un rato, a lo mejor en el fragmento excelente de la película, pero en lo que estuve despierta me pareció un rollo. Desde que la vi he estado reflexionando sobre los remakes. ¿Qué hay detrás de la decisión de volver a hacer una película? He mirado en internet páginas que hablan de los mejores remakes de la historia y de películas que superaron a la original. Suelen coincidir bastante.
Peliculorria

En algunos casos se ve claro el motivo: la primera era mala, pero tenía algo que otro director creía que podía mejorar. Un ejemplo de esto sería Ocean’s eleven. La primera versión (que no he visto) estaba dirigida por Levis Milestone y protagonizada por Frank Sinatra, Sammy Davis y Dean Martin entre otros, pero según las críticas no pasaba de ser una comedia normalita. Lo de elegir a un grupo de actores famosos y rodar una peli de atracos en un ambiente de lujo parece una apuesta segura, o eso le pareció a Steven Soderbergh cuando decidió rodar su versión. Hizo una buena película con mucho éxito de taquilla, que trajo tropecientas secuelas ya no tan afortunadas. En mi investigación sobre el mundo remake, he visto que un género que cuenta con muchas dobles versiones es el terror: La cosa, La mosca, La invasión de los ladrones de cuerpos… La verdad es que no puedo opinar, el terror es un género que no me gusta nada (creo que viene del miedo que pasaba de pequeña cuando veía una película de esas, tardaba semanas en olvidarla). En cualquier caso, puedo imaginar que los años permitan mejorar efectos especiales que aporten elementos de interés en las nuevas versiones.
La mosca, mucho más asquerosa
que la anterior

Un caso similar son las grandes historias bíblicas, tipo Los diez mandamientos o Ben-Hur. En el caso de Los diez mandamientos, las dos versiones las dirigió Cecil B. Demille y supongo que en la segunda contó con mucho más presupuesto y pudo contratar miles de extras y hacer una cosa muy lucida. En el caso de Ben-Hur, la primera era de cine mudo y, claro, la conversación siempre mejora las historias. Por cierto, lo que me gustaban las pelis bíblicas/de romanos de pequeña y lo aburridas que me parecen ahora. También hay películas que son buenas en sus dos versiones. A mí esto ya me extraña. Si la primera es muy buena ¿a qué te metes a enredar? ¿Os imagináis decir “voy a reescribir Hamlet, le voy a dar un aire más actual”? Esas cosas a veces se hacen en teatro u ópera, sin tocar el texto, vistiendo a los protagonistas de gallina o colgándolos de un andamio.
Ben-Hur con sonido cuádriga
gana una barbaridad

A mi modo de ver, esos experimentos no suelen mejorar gran cosa el producto, pero para gustos los colores. De todas formas, me parece muy meritorio meterse en ese jardín y salir bien parado. A lo mejor hay que ser Billy Wilder para hacer Primera plana y no quedar por debajo de Luna nueva de Howard Hawks. También me parece un digno remake El cartero siempre llama dos veces de Bob Rafelson, con lo alto que estaba el listón de la de Tay Garnett. En cualquier caso, me sorprende querer repetir algo que ha salido bien, hay muchas posibilidades de fracaso. Quizás son directores que están fascinados con una obra que les gustaría haber dirigido y deciden probar suerte. Y vamos con Rebeca, del maestro Hitchcock (él mismo hizo un remake de su propia obra El hombre que sabía demasiado, pero eso es distinto). Ay, Ben Weathley, el día que decidiste dirigir una nueva versión de Rebeca más te valía haberte roto una pierna. Lo digo por ti, no te creas, que las críticas te van a doler más que una fractura. Rebeca fue la primera película que Hitchock rodó en Estados Unidos.
Primera plana.
Buena la primera y buena la segunda

En principio había ido con la idea de rodar una película sobre el hundimiento del Titanic, pero el proyecto se abandonó y junto con el productor David O’Selznick emprendieron el proyecto de llevar al cine la novela de Daphne du Maurier. No debió de ser un proyecto fácil: el productor y el director tenían frecuentes discusiones y formas muy distintas de entender el proyecto; el guion sufrió muchos cambios; Lawrence Olivier quería trabajar con Vivian Leigh y no con Joan Fontaine… En la primera versión del guion, Hitchcock había añadido toques de humor, que consideraba que le faltaban a la novela, y no era del todo fiel a la historia. El productor no estuvo de acuerdo e hicieron una segunda versión con la ayuda de Robert E. Sherwood. Pese a todo esto, Rebeca obtuvo ese año el Óscar a la mejor película, y hay que considerar que estaban nominadas entre otras El gran dictador o Las uvas de la ira. En las conversaciones que el director mantuvo con Truffaut no muestra especial aprecio por esta película, la encuentra pasada de moda, sin sentido del humor “femenina” de una forma peyorativa y dice textualmente “no es una película de Hitchcock”.
No sacar guapo a este hombre...

Ni siquiera el Óscar pareció alegrarle, se queja de que él nunca obtuvo uno (como mejor director) y de que ese año se lo llevó John Ford. Pero el público y la crítica adoraron Rebeca y es una película que ha envejecido bien, quizás mejor que otras del director. Pese a ser larga y en blanco y negro creo que es capaz de enganchar al espectador de hoy. Y vamos con el remake. No conocía a Ben Weathley, aunque he oído algunos comentarios elogiosos a otras de sus películas, pero ha conseguido que, contando la misma historia, con buenos actores y a todo color, el resultado sea un pestiño. No entiendo cómo un hombre que resulta tan atractivo como Armie Hammer en Call me by your name parezca una ensaimada mallorquina en Rebeca; Kristin Scott Thomas me encanta, pero no encaja como Mrs. Danvers y Lily James está muy lejos de esa imagen de fragilidad y miedo que tan bien representaba Joan Fontaine. Lo dicho, la culpa es mía por ponerme a ver algo que ya sabía que era malo, pero también un poco de Ben Weathley por meterse a repetir una película irrepetible.

viernes, 30 de noviembre de 2018

Encuentros en la tercera fase


Lo contrario de “Tiburón”

Quizás recordaréis que dediqué a “Tiburón” uno de mis anteriores posts y prometí este sobre “Encuentros en la tercera fase” (en adelante ETF, que me canso). Ahora os explico por qué, siendo ambas pelis ma-ra-vi-llo-sas, creo que una es lo contrario de la otra.

ETF vino después de “Tiburón” a traernos la paz y no la guerra a nuestros corazones. Así como “Tiburón” hizo que nos diera terror algo cotidiano como bañarse en el mar en verano (yo siempre he tenido la suerte de vivir cerca de la costa y pasar las vacaciones en la playa), igual que hizo Hitchcock con las cortinas y las duchas, por su parte, ETF hizo lo contrario: se alejó de la típica película de invasión alienígena, cambió el enfoque e hizo que perdiéramos el miedo a algo que hasta entonces resultaba espeluznante, pues, de repente, los extraterrestres eran encantadores, venían en son de paz y todas estábamos deseando que nos llevaran a dar una vuelta en su nave.

¿Quiere decir eso que ETF no da nadita de miedo? No. Luego hablaremos de esto, porque ahora voy a redireccionar el artículo hacia otra pregunta: ¿por qué soy tan fan de ETF? Todos los motivos no me caben en un post, así que destacaré solo estos: el doble arranque y las escenas antológicas, para acabar con un homenaje sentimental a François Truffaut, el hombre que amaba a las mujeres.



El doble arranque

El primer arranque de ETF no lo ha superado nunca nadie jamás en la historia del cine. Así de maximalista estoy. Es lo que hay. Seguro que podéis encontrarlo fácilmente en algún vídeo dela red, pero, no obstante, os lo voy a describir.

En una pantalla totalmente negra comienza a oírse un ligero zumbido que, poco a poco, aumenta, aumenta y aumenta de volumen, para acabar con un tremendo ¡CHAN!, que al mismo tiempo pone la pantalla blanca. Todavía no se me ha pasado la impresión que me causó la primera vez que lo vi en una sala de cine, porque es un arranque pensado, por supuesto, para verlo en una pantalla de cine. En casa es otra cosa y en los dispositivos móviles, otra más.

Y da miedito porque Spielberg lo hizo para dar miedito y sabe cómo hacer para dar miedito.


El Cotopaxi en Gobi
(medium.com)

Luego viene el segundo arranque, con un rápido desfile de tres escenas: una, una escuadrilla de aviones desaparecida en 1945 aparece treinta años después en el desierto de Sonora (México); dos, el carguero Cotopaxi, desaparecido en Bermudas, reaparece en el desierto de Gobi; y tres, en una sala de control aérea asisten a la persecución de un avión por parte de un objeto no identificado.

Tras esto, Spielberg ya nos puede contar lo que quiera. Lo que quiera. Ya nos ha cautivado.


Las escenas antológicas

ETF tiene unas cuantas muchas; no puedo ni siquiera nombrarlas todas. Empezaré por una que en mi adolescencia vi con unos ojos y ahora veo con otros; de adulta, claro. Es esa en la que Roy, el protagonista, obsesionado, enajenado, con la mente completamente invadida por las visiones de una extraña montaña, que resulta ser la Torre del Diablo, de Wyoming,  la construye con kilos de barro y hojarasca en el salón de su casa, para desesperación de su desolada esposa y desconcierto de sus hijos.

No puedo tampoco dejar de mencionar la aparición de la nave nodriza; apabullante, tremenda, ocupando el cielo entero con sus luces sobrehumanas.

Pero si me pedís que me quede con una sola escena de ETF, me quedo con la abducción del pequeño Barry. Ahí maneja Spielberg, como decía antes, magistralmente el terror, que llega, un poco como en “Tiburón” a tu ciudad, a tu playa, a tu casa, a tu dormitorio, a tu cocina, a tus juguetes, a tu puerta.


 Adiós, Barry, adiós.
 (elantepenultimomohicano.com)


Homenaje sentimental a François Truffaut, el hombre que amaba a las mujeres

Spielberg le hizo a Truffaut un huequecito en ETF y, al tiempo, un homenaje que quiso extender al cine francés, al europeo y a Alfred Hitchcock, de quien ETF nos trae continuos ecos. Yo, por supuesto, me sumo a ese homenaje y declaro mi rendida admiración por este parisino que amaba el cine por encima de todas las cosas, admiración de la que ya he dado testimonio en este blog cuando he hablado de su libro El cine según   Hitchcock y de su peli La noche americana.

Spielberg le dio a Truffaut un papel de actor protagonista, como el mismo Truffaut había hecho consigo mismo en algunas de sus películas. En ETF el personaje de Truffaut no es sordo, como en La noche americana, pero lo parece, porque es un científico francés (inspirado, al parecer en Jacques Vallée, un investigador del fenómeno ovni) que no domina el inglés y que está casi todo el rato lost in translation en un film que habla inglés, francés, español e hindi. Así, el homenaje del homenaje se prolonga con otro homenaje de la primera parte del homenaje al sordo genial que fue Luis Buñuel.

Y sigo así homenajeando a las pelis que me convirtieron en la cinéfila y zinéfila que soy.  Os besa

Noemí Pastor



viernes, 9 de junio de 2017

Encadenados

Hay algo más importante que la lógica: es la imaginación" 



Esa fue la máxima que guio a Alfred Hitchcock en todas sus películas. En todas utilizó grandes dosis de imaginación para presentar sus historias de la forma que más tensión (suspense) pudiera causar a su público; con razón se le conoció como "El mago del suspense".


“Encadenados” (“Notorius”, es el título original), de 1946, fue uno de los grandes éxitos de Alfred Hitchcock, tanto de crítica como de público (costó dos millones de dólares y dejó ocho de beneficio).

Las claves del éxito de una de las mejores películas de Hitchcock (indudablemente, una de las mejores de las que rodó en blanco y negro) fueron: dos estrellas consagradas, Ingrid Bergman y Cary Grant, como la más atractiva y compenetrada de las parejas protagonistas; unos secundarios de lujos, Claude Rains y Leopodine Konstantin, como perfectos malvados; y un “Mac Guffin” impecable…

Hitchcock se formó en el cine mudo británico, donde comenzó su carrera en 1922. En 1929 dirigió la primera película hablada del cine británico, “La muchacha de Londres”, y en la década siguiente se consagró como el director más popular del cine británico. Desde el inicio de su carrera destacó por su capacidad narrativa, su forma de entender el suspense mediante la complicidad con los espectadores y por la gran fuerza visual de sus películas (se atenía al principio de que “Si una película es buena, el sonido podría irse y la audiencia todavía tendría una idea perfectamente clara de lo que pasa”).

No le importaban la motivación ni el contenido, sólo el resultado final. Tampoco le interesaban los ensayos previos, porque cuando empezaba la película ya tenía sobre el papel como iba a ser cada plano (decía que lo contrario era como si un músico compusiera la música ante la orquesta). Trabajaba tan en conexión con los guionistas y con los los directores artísticos que convertía los guiones en una especie de cómic de lo que finalmente serían las películas.

En 1939 David O. Selznick, el mítico productor estadounidense, lo reclutó para Hollywood, y Hitchcock inició su etapa americana con un éxito clamoroso, “Rebeca” (1940), la única de sus obras que consiguió ganar un Oscar a la mejor película.

“Enviado especial” (1940), “Matrimonio original” (1941), “Sospecha” (1941), “La sombra de una duda” (1943), “Náufragos” (1944), “Recuerda” (1945)… la carrera de Hitchcock pronto se afianzó en Estados Unidos.

A partir de 1943 empezó a trabajar en una historia que le había proporcionado Selznick, un relato corto y anticuado, “La canción de las llamas”, sobre una joven actriz que, a solicitud del gobierno, se acuesta con un espía para sonsacarle información.

A principios de 1945, partiendo de ese embrión, Hitchcock tenía ya las bases del guión para una película interpretada por Ingrid Bergman, la gran estrella con la que acababa de lograr un importante éxito en “Recuerda”, y Cary Grant, con el que ya había rodado “Sospecha”.

Sin embargo, el inicio del rodaje se fue retrasando porque Selznick estaba inmerso en la producción de “Duelo al sol”, la película con la que pretendía lograr dos objetivos primordiales para él: revivir el inmenso éxito de “Lo que el viento se llevó” y convertir en gran estrella a su amante, Jennifer Jones.

A Hitchcock la demora no le importó; le permitía seguir perfeccionando el guión junto a Ben Hecht, el guionista, mientras cobraba un sueldo considerable. Finalmente, Selznick, que no quería distraerse de “Duelo al sol”, vendió la película (todo el paquete: director, actores, guión…) a la RKO. Si Hitchcock, que había mantenido discrepancias con el muy controlador Selznick durante el rodaje de “Recuerda”, pensó que así se iba a librar de las continuas injerencias del productor, se equivocó: Selznick impuso su criterio en diversos aspectos: en dar mayor importancia al papel de su amigo Grant, en que la película tuviera un final feliz, aumentar también la relevancia de la suegra dominante...

En realidad, la película, una historia de amor, sexo y espionaje, parte de planteamientos sencillos: un triángulo amoroso (con el aditivo de la suegra envenenadora) y tres elementos esenciales de suspense: unas botellas que esconden uranio, la llave de la bodega donde se guardan y una taza de café.






Y aquí es donde entra en juego el “Mac Guffin”, que es el nombre escocés que Hitchcock utilizaba para designar al pretexto argumental que permite avanzar a la trama y que, como le explicó a Franćois Truffaut en las entrevistas que dieron lugar al libro “El cine según Hitchcock” (publicado en 1966), es algo que “debe ser de una gran importancia para los personajes de la película, pero nada importante para mí, el narrador”.

El “Mac Guffin”de “Encadenados” es  uranio escondido en unas botellas. Un simple pretexto para crear el suspense que sustente la trama; ¿quién ha visto la película y no se ha sentido angustiado mientras Grant busca entre las botellas sin advertir, al contrario que el espectador, que una de ellas va a caer al suelo? Pues eso… un pretexto. Porque lo qué ese grupito de nazis pudiera hacer en Brasil con unos gramos de uranio queda absolutamente ignorado, tanto por Hitchcock como por el espectador.

Sí es interesante señalar que Hitchcock eligió su “Mac Guffin-uranio” un año antes de Hiroshima y las preguntas que hizo a un científico sobre el asunto le pusieron en el punto de mira del FBI durante un tiempo.

Ingrid Bergman está perfecta en el papel de Alicia Huberman, la joven de vida licenciosa reclutada por un agente del FBI (Grant) para seducir nuevamente a un antiguo enamorado (Claude Rains como Alex Sebastian). Esta película fue uno más de los grandes éxitos que la Bergam obtuvo en la década de los 40 (“El extraño caso del doctor Jekyll”, “Casablanca”, “Por quién doblan las campanas”, “Luz que agoniza”, con la que consiguió el Oscar a la mejor actriz, “Recuerda”, “Las campanas de Sta. María”...). En varios de ellos encarnó a mujeres en situaciones límite, al igual que en “Encadenados”, lo que le permitía lucir sus grandes dotes interpretativas con todo tipo de emociones: miedo, angustia, amor...

Era la gran estrella femenina del momento y tenía a Hollywood a sus pies cuando, hastiada de los cauces previsibles por los que discurría su carrera, decidió, después de rodar su tercera y última obra con Hitchcock ("atormentada", 1949),  tomar un nuevo camino profesional que tendría insospechadas repercusiones personales. Pero eso ya es otra historia.



A Grant, “Encadenados” le consiguió lo que llevaba tiempo buscando y ya había rozado con “Sospecha”, su anterior trabajo con Hitchcock: liberarse del encasillamiento como actor de comedias ligeras. Su trabajo en “Encadenados” es excelente: de una manera sobria y realista interpreta a un hombre dividido entre el deber y el amor. En realidad, su personaje, T.R. Devlin, tiene una evidente parte oscura (el cinismo con el que empuja a Alicia Huberman a los brazos de Sebastian para luego espetarle: "Un hombre no le dice a una mujer lo que ha de hacer, lo decide ella”), que según Marc Eliot, en su estupenda biografía del Grant, también estaba presente en la misma personalidad del actor y que Hitchcock aprovecho hábilmente en la película.

A Claude Rains, “Encadenados” le supuso una nueva nominación al Oscar como mejor actor secundario (premio que ya había obtenido por su papel en “Casablanca”). El triunfo de “Encadenados” se debe, en gran medida, a la grandeza de su actuación. Es uno de los mejores malvados de toda la filmografía de Hitchcock, que era muy consciente de que sus películas dependían en gran medida de elegir bien al actor que interpretaba ese tipo de papel.



Solterón, inmerso en una relación edípica con su madre (y hay que señalar que la Konstantin, realmente, sólo tenía cuatro años más que Rains), el personaje de Alex Sebastian, desesperadamente enamorado de la joven y hermosa Alicia, se gana incluso las simpatías del espectador, a pesar de que, finalmente, el miedo y, sobre todo, el despecho le conviertan, de la mano de su madre, en un envenenador.

La gran diferencia de estatura entre Rains y Bergman favorecía esa sensación de amor no correspondido de Sebastian a Alicia; aunque, como Hitchcock le explicó a Truffaut, esa desigualdad supuso también un reto técnico: para mantener a los dos actores en el encuadre, era necesario que Rains se subiera, en los planos cortos, en unas calzas y, en los planos panorámicos, tuvieron que recurrir a un falso suelo para disminuir la gran diferencia de estatura entre Bergman y Rains.

“Encadenados” nos ha dejado, gracias también a la gran pericia de Ted Tetzlaff, el director de fotografía, algunas de las escenas míticas de la historia del cine: la cámara bajando desde las arañas del techo hasta la llave escondida en la mano de Alicia; Sebastian besando la mano en la que Alicia oculta la llave; la enloquecida carrera en coche de Grant y Bergman (en las cuatro películas que Grant hizo bajo las órdenes de Alfred Hitchcok hay un viaje en coche semejante)… Y un larguísimo e intermitente beso que logró de esta manera, con las pequeñas interrupciones, burlar al Código Hayes.
Sí, “Encadenados” puede no ser la mejor película de Hitchcock , pero sigue siendo, en su elegante sencillez, una maravillosa película. No sobra ni un fotograma; todo está perfectamente ajustado para conducir al espectador allá donde Hitchcock pretende. Toda la historia está centrada en lo que se ve en la pantalla, porque el resto no le importa.

Es una de las películas más hermosas y sobresalientes en la prolífica y deslumbrante carrera de un director que gozó siempre del favor del público y al que, desde los años sesenta, gracias fundamentalmente a los críticos franceses de “Cahiers de cinéma” (con especial mención a Chabrol, Rohmer y, sobre todo, a Truffaut), se le comenzó a reconocer como un gran creador. En definitiva, como uno de los más grandes cineastas que ha habido.

Yolanda Noir







viernes, 17 de marzo de 2017

Tallulah aleluya


(Wikimedia Commons)

Tallulah Bankhead, actriz y celebrity, nació en 1902 en Alabama y murió en 1968, a los 66 años y todavía en activo, en Nueva York. Trabajó en cine (con Cukor y Hitchcock, entre otros), en radio y televisión, pero donde verdaderamente brilló y disfrutó fue en el teatro.
Escandalosa, coleccionista de amantes y bisexual, fue pionera multimediática, celebrity televisiva, princesa del pueblo e icono gay.


NuevaYork, Londres, Hollywood, Las Vegas...

Tallulah Brockman Bankhead nació a comienzos del siglo XX en Huntsville, una pequeña localidad de Alabama, en el seno de una distinguida familia de destacados políticos demócratas.

Con quince años comenzó a trabajar en obras de teatro de Huntsville y alrededores. Con dieciséis ganó un concurso de belleza y se trasladó a Nueva York, decidida a triunfar en Broadway.

En Nueva York participó en varias películas, pero, como su verdadera vocación era el teatro, con veintiún años decició probar suerte en Londres, donde permaneció durante cuatro años y trabajó en veinticuatro obras; entre ellas, Fallen Angels, de Noël Coward.

En la década de 1930, contratada por Paramount Pictures, se trasladó a Hollywood. Allí rodó varios films y destacó especialmente en Honor mancillado (Tarnished Lady,1931) de George Cukor.


(classicfilmlover.ecrater.com)

Luego regresó a Broadway, obtuvo un enorme éxito con The Little Foxes, de Lillian Hellman, y en 1944, de nuevo dedicada al cine, rodó Náufragos (Lifeboat) con Alfred Hitchcock.

Hacia 1950 se aventuró en un medio nuevo para ella: la radio. En la NBC fue la maestra de ceremonias de The Big Show, una “extravaganza” de 90 minutos a la que invitaba a actores y cantantes de la talla de Marlene Dietrich y donde Tallulah pudo dar rienda suelta a su enorme ingenio para la conversación. Por esta época también intercaló algunos bolos en los escenarios de Las Vegas.

Su último trabajo como actriz fue para la televisión: representó a la Viuda Negra en la serie Batman.


Posteriormente trabajó en diferentes y exitosos shows televisivos y se despidió de las pantallas por todo lo alto: siete meses antes de morir compartió el plató de The Tonight Show nada más y nada menos que con Lennon y McCartney.




Flap

Tallulah fue de todo menos convencional. Empapada de los aires de libertad femenina de los años 20, fue transgresora, deslenguada y desinhibida y disfrutó con ello.

Hablaba de sexo abiertamente, en público y sin ningún reparo, protagonizaba escándalo tras escándalo con drogas, excesos y alcohol en una era sin clínicas de desintoxicación y nos dejó bonitos ejemplos de su ingenio en frases como estas:

Si volviera a nacer, cometería los mismos errores, pero mucho antes.

La cocaína no crea adicción. Lo sé porque llevo muchos años tomándola.

Mi padre me advirtió sobre los peligros de los hombres y el alcohol, pero no dijo nada sobre mujeres y drogas.

Ya durante su primera estancia en Nueva York, sin haber cumplido los veinte años, quiso la casualidad que se alojara (junto con su tía Louise, a quien el señor Bankhead había encomendado la vigilancia de la jovencita) en el hotel Algoquin, que era entonces el lugar de reunión favorito de actrices, actores, artistas y demás miembros de la élite cultural. Tallulah brilló en aquel ambiente y salía de fiesta siempre que podía dar esquinazo a la pobre tía Louise.

Impresionó especialmente a Rachel Crothers y Zoë Akins, que escribían para teatro y cine. Crothers escribió una comedia, Everyday, expresamente para Bankhead; por su parte, Akins se inspiró en ella para crear el personaje de Eva Lovelace en la pieza Gloria de un día, que luego se convirtió en un film (Morning Glory) en el que el personaje de Lovelace fuen encarnado por Katherine Hepburn, la cual obtuvo su primer óscar gracias a este papel.



Icónica y pionera

Tallulah encarna el espíritu de la celebrity actual, contradictoria y multimedia.

En su vida privada no fue conservadora; en sus proyectos profesionales, en cambio, fue muy selectiva. Así y todo, supo librarse de prejuicios, acomodarse a su tiempo y decidirse a trabajar en televisión. Tampoco lo hizo empujada por problemas económicos, pues siempre fue rica, y no solo de familia, ya que invertió con acierto en prósperos negocios y llegó a amasar una fortuna de dos millones de dólares ¡en la década de 1960!

Buena parte de esa fortuna la donó a asociaciones protectoras de animales y de la infancia.

Durante sus años en Londres, se convirtió en el ídolo de las mujeres de clase baja, para quienes representaba la encarnación de sus fantasías de belleza, lujo y glamur.

Las fans le rendían culto y copiaban su ropa, su peinado e incluso su personalidad. Asistían a sus representaciones varias veces a la semana, la esperaban durante horas a las puertas del del teatro y la recibían al grito de “¡Tallulah aleluya!”. La prensa escribía a menudo sobre este fenómeno de las fans: las llamaba las “gallery girls”.

Y Tallulah se prestaba a esta adoración. Era un icono accesible. Saludaba a sus fans, les preguntaba por su familia y amoríos y les firmaba autógrafos. Una de estas fervientes seguidoras, Eddie Smith, se convirtió en su empleada; trabajaron juntas durante treinta años.


El legado

 
Por culpa de su vida desordenada y sus adicciones, Tallulah perdió unos cuantos papeles golosos en el cine; por ejemplo, el de la protagonista de Eva al desnudo, de Joseph L. Mankiewicz, a pesar de haber bordado el papel en la versión teatral y de que el personaje de Margo Channing parecía estar inspirado en la propia Bankhead y en la relación que mantuvo con Lizabeth Scott.

Estos dos personajes femeninos fueron mucho después retomados por Pedro Almodóvar en Todo sobre mi madre, que ya desde el título nos devolvía ecos del original en inglés, All about Eve, y encarnados por Marisa Paredes y Candela Peña.

La imagen global de Bankhead, como arquetipo de los locos años 20 y los tóxicos años 30, dejó huella en muchas posteriores estrellas del rock, protagonistas de portadas, divas cool y socialities con aires de clase alta.


Y a todo esto debemos añadir un legado involuntario, ya que, al parecer, inspiró unos de los personajes más interesantes y perdurables de la cultura popular: la Cruella de Vil de 101 dálmatas.

Noemí Pastor

viernes, 12 de febrero de 2016

Atrapa a un ladrón

-Oiga, en este trabajo no se suelen hacer las cosas con honradez. No lo olvide.

"Atrapa a un ladrón" Alfred Hitchcock
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Un hábil y sigiloso ladrón está sembrando el pánico entre la alta sociedad y los millonarios turistas que pueblan la Riviera Francesa. El principal sospechoso es John Robie, un veterano ladrón que fue indultado tras luchar en la Segunda Guerra Mundial junto a la resistencia francesa y que vive retirado apaciblemente en una hermosa villa.

Con el fin de demostrar su inocencia Robie no tendrá más remedio que atrapar al ladrón él mismo, para lo que se pegará a una millonaria americana que ha llegado a Francia de vacaciones con su hija, esperando que ellas sean el próximo objetivo del delincuente. Pero no lo tendrá nada fácil, pues deberá llevar a cabo su plan huyendo de la policía, enfrentándose al verdadero ladrón y persuadiendo a la hija de la millonaria, que está totalmente convencida de que él es el culpable de los robos.

Quiero empezar diciendo que no he visto todas las películas de Alfred Hitchcock, pero sin duda prefiero aquellas más ligeras como "Crimen perfecto" o "La ventana indiscreta" a esas otras de corte más denso y sombrío como "Vértigo" o "Psicosis", pese a que algunas de las primeras sean consideradas "obras menores".


Ese es el caso de "Atrapa a un ladrón", aunque con el filme que os traigo se entiende el calificativo. Y es que la intriga es flojita y las persecuciones y escenas de acción resultan sosas, de manera que terminan primando los diálogos (obra de un guionista que escribía comedia para la radio) y la historia de amor, magistralmente levantada por Cary Grant y Grace Kelly.

No es nada habitual que en una peli de Hitchcock los actores estén por encima de la trama, pero aquí lo son todo y sería totalmente imposible imaginar "Atrapa a un ladrón" con otra pareja que no fuese Cary Grant y Grace Kelly. Y aunque no sea la película más recordada de ninguno, sí marcó un antes y un después en la vida de ambos.

Cary Grant tenía 51 años y estaba pensando retirarse del cine cuando Hitchcock le llamó para esta peli. Grant se llevaba bien con el director (algo milagroso, que sólo se entiende pensando que debía llevarse bien con todo el mundo) y aceptó, lo cual le animó a seguir haciendo pelis, participando años después en "Con la muerte en los talones", que a día de hoy es uno de sus filmes más recordados y que probablemente no hubiera filmado nunca sin haber hecho antes la de hoy.

La que se retiró tras "Atrapa a un ladrón" fue Grace Kelly. Sólo habían pasado tres años desde que se dio a conocer en "Solo ante el peligro", pero aquí ya era toda una estrella. "Atrapa a un ladrón" fue la tercera película seguida que grababa con Hitchcock y con 24 años y un Oscar recién ganado por "La angustia de vivir" parecía que su meteórica carrera no tendría techo.

Pero precisamente mientras rodaba "Atrapa a un ladrón" conoció al Príncipe Raniero, casándose con él pocos años después, retirándose del cine para desgracia de sus fans y del propio Hitchcock, que intentó sustituirla incansablemente con una retahíla de actrices rubias en todas sus películas, desde Kim Novak a Tippi Hedren, a quien contrató descaradamente por su parecido con Kelly.

Personalmente me gusta mucho "Atrapa a un ladrón" y siento que sería una peli mucho más recordada si tuviese alguna escena de acción memorable, como la de la avioneta de "Con la muerte en los talones".
La pena es que esa escena estaba en el guión. Cuando Cary Grant es perseguido por la policía en el mercado estaba pensado que hubiese un desfile en la calle, un carnaval, y el protagonista se escondiese en una carroza, dentro de la cabeza de una enorme figura de Neptuno. La carroza perdía el control y acababa estrellándose en alguna parte. Tenía buena pinta, pero la secuencia costaba 30.000 dólares y el director decidió prescindir de ella, quedando así la persecución por las peligrosas carreteras de Mónaco como la escena más trepidante del filme, dejando además la siniestra casualidad de que fue precisamente en esa carretera donde la pobre Grace perdió la vida 28 años después.

Así, quedan para el recuerdo el carisma (y el culazo, hay que decirlo) de Cary Grant, la belleza de Grace Kelly, las mordaces frases de Jessie Royce Landis y una intriga ligerita, con bastantes altibajos, pero con todo el encanto de sus protagonistas.




Doctora

viernes, 18 de julio de 2014

Thelma Ritter y la lucha de clases

Con apenas unos veinte años de profesión, existió una actriz en Hollywood clásico que fue nominada seis veces a los Oscars, cuatro de ellas en años consecutivos, que ganó el Tony y que participó en la gran mayoría de los títulos míticos de la historia del cine de los 50 y 60: Eva al desnudo, La ventana indiscreta, Vidas rebeldes, Carta a tres esposas, El hombre de Alcatraz, La conquista del oeste, Confidencias a medianoche...

La lista de las estrellas con las que compartió escena sería infinita y la de directores no es menos impresionante: Capra, Samuel Fuller, Hichcock, Mankiewicz, John Huston...

Su nombre, sin embargo, quizá no sea hoy muy conocido para el gran público: Thelma Ritter.




Después de trabajar como actriz radiofónica, Ritter - que había nacido casi con el siglo XX - llegó al cine tiempo después de haber cumplido los cuarenta y murió al pie del cañón, con 66 años a consecuencia del infarto que sufrió trabajando en el show televisivo de Jerry Lewis.

Quizá por haber empezado tarde en el cine, o por su físico, sus intervenciones en cine, y sus nominaciones, fueron siempre como actriz de reparto, algo que quizá pueda ser la  explicación de por qué su nombre no sea tan conocido como debería, a pesar de su evidente talento y su impresionante carrera.

Esto es curioso que si sus papeles eran de apoyo ( "support roles"), sus personajes también lo eran porque básicamente encarnó a una mujer de clase social baja que se gana la vida sirviendo a los demás, bien como criada, enfermera, camarera, etc...

Sus intervenciones iban desde el cliché de la criada respondona (Confidencias a medianoche, Boeing Boeing), hasta papeles mucho más interesantes, que daban una visión más compleja de aquellos que dedican su vida a cuidar a otras personas.

Y ahí es donde Ritter resultaba insuperable, en la sensibilidad y el sentimiento que conseguía transmitir a ese tipo de empleada que supera, con mucho, las atribuciones de su puesto para ser fiel amiga, soporte y confidente, aunque sus consejos no sean siempre escuchados ni valorados

El mejor ejemplo sería su papel como Birdie, la ayudante de Bette Davis en Eva al Desnudo. Birdie es la primera que ve las intenciones de Eve Harring y que advierte a Margo Channing, solo para ganarse su desprecio.

Y es que otra característica común de la mayoría de los papeles que representó, es la de ser un personaje con gran experiencia en la vida y con una especie de sabiduría popular que le hace saber lo que los demás personajes todavía no han descubierto.

Véase la enfermera de James Stewart en La Ventana Indiscreta, en la que tan pronto le prepara un sándwich, como que le da un masaje, le ayuda en sus investigaciones, o le aconseja en sus relaciones con la repipi de Grace Kelly.


Se que hago mal en fiarme de memoria y que no he visto su filmografía completa, pero solo recuerdo un caso en el que interpretara a una mujer de clase alta, en concreto, a la millonaria de "Tres Herederas", en la que encarna a la servicial madre de las tres herederas del título, a las que busca un buen marido. Otra vez, un personaje cuya misión en la vida parece ser estar al servicio de los demás.

Personalmente como madre es como mejor la recuerdo, sino biológica, sí la que hace las veces, convirtiéndose en una mujer que está ahí incondicionalmente, como la amiga de Marilyn Monroe en Vidas Rebeldes.

Aunque también supo representar maravillosamente la cara más oscura de la abnegada madre, tan entregada a su hijo, que no soporta que éste pueda separarse de ella y tomar sus propias decisiones, como se puede ver en "El hombre de Alcatraz".

El hecho de que Thelma Ritter encarnara mayoritariamente personajes de clase trabajadora hace que se la pueda tomar como ejemplo del tratamiento de los problemas sociales en el Hollywood clásico.

Personalmente siento un gran rechazo hacia las películas obvias, en general, y especialmente a las que parecen realizadas exclusivamente para ilustrar un problema social, y que se podrían retitular como "La película sobre los malos tratos", "La película sobre la inmigración" y cuyo único fin válido me parece que sería una clase de ética de 2º de la ESO.

Huyo de cualquier título en cuya promoción se termine hablando de "concienciar", o de las muchas películas - carne de festivales internacionales - de preferencia iraníes - sobre las muchas desgracias que acontecen a determinados grupos sociales (si son niños, mejor) y que se han convertido en auténticos tópicos sin apenas valores cinematográficos, que dudo que en nada beneficien a los que sufren la cruda realidad, pero que al parecer alivian las conciencias de algunos espectadores del primer mundo.

Sin ir más lejos, El Apartamento contiene más crítica social que todo el cine de algún director español poco aficionado al suavizante de pelo, y la filmografía de Ritter mucha más verdad sobre la lucha de clases (si que alguien aún habla de esto) que cualquier película que podáis ver en los Golem.

No diré que "The mating season" sea ni mucho menos, tan genial como "El apartamento", pero merece la pena acercarse a este título, probablemente único caso en el que Thelma Ritter fue protagonista, aunque no aparezca como tal en los títulos de crédito, ni en las dos nominaciones que recibió por este trabajo, a los Oscar y a los Globos de Oro (¿he dicho ya que era muy buena?)

Ritter es Ellen McNulty, que lleva toda la vida sacrificándose y trabajando en una sucia hamburguesería para pagarle la universidad a su hijo Val. Gracias a esto Val ha conseguido un buen trabajo muy alejado de su ambiente de origen. En una fiesta de la empresa se enamora de Maggie, la hija de un directivo (¿hubo alguna vez alguna actriz más guapa que Gene Terney?), con la que se casa poco después.

Después de un breve prólogo que expone todo esto, nos encontramos con dos situaciones paralelas: por una parte Ellen, que no ha ido a la boda de su hijo, consigue por fin comprarse un sombrero "elegante" para el que lleva meses ahorrando, para ir a conocer a su nueva y elegante nuera.

Por otra, dicha nuera espera impaciente a una criada que ha solicitado y con cuya ayuda espera salir airosa de la primera cena que ofrece la pareja como matrimonio.

En cuánto ve a su suegra en la puerta, no tiene duda de que es la criada que espera y la envía directamente a la cocina

El director, nada más y nada menos que Mitchell Leisen tiene el buen criterio de no detenerse demasiado en la decepción de la madre, aunque la cara de Ritter al quitarse el famoso sombrero, lo dice todo.

Así Ellen termina sirviendo en la fiesta, y desde su posición de criada (es bien sabido que mucha gente cree que aquellos que se dedican a la limpieza carecen del sentido del oído) descubre en una sola noche, lo que su hijo no ha conseguido ver todavía: que todos aquellos que rodean al matrimonio desean que éste acabe pronto.

¿Por qué? Porque Val ha salido de su sitio casándose con Maggie, y Maggie del suyo y familia y ex-novios conspiran para agrandar cualquier grieta que pueda haber en la pareja, empezando por la inexperiencia como ama de casa de la joven esposa.

Ritter decide quedarse con ellos haciéndose pasar por criada, para encauzar el funcionamiento de la casa y ayudar en todo a su nuera que se ve desbordada por las circunstancias, y que sea dicho de paso, recibe poco apoyo por parte de su marido.

Es esta una agridulce película con presentación de comedia que en realidad trata sobre el sistema de clases en una sociedad como la americana, que hace bandera de la meritocracia, pero que a la hora de la verdad, no acepta que un prometedor ejecutivo hijo de una cocinera, se case con la hija del dueño de la empresa.

A lo largo del metraje es difícil ponerse del lado del hijo (la interpretación del poco carismático John Lund no ayuda nada), que no parece sufrir demasiado por tener que renegar de su madre públicamente y que ningunea los problemas de su esposa. Sin embargo, el sacrificio de la madre y el esfuerzo de Maggie por salvar su matrimonio, despiertan las simpatía del público sin tardar mucho.

Atención también al retrato la joven esposa, consciente de que está en el punto de mira y de que no puede ser la perfecta esposa (esas mujeres que servían galletas caseras llevando tacones, faldas de vuelo y collar de perlas) para la que no ha sido educada y que necesita ayuda para desempeñar ese papel.

Un apunte, si buscáis la película "Casado y con dos suegras" es el horrible título español de "The mating season", título que una vez más da una idea equivocada del tono de la película y además no se corresponde con el argumento (¿quién tiene dos suegras? ¿que tu madre se haga pasar por tu criada es tener dos suegras?)

Si la película de Leisen tiene ciertos puntos de interés, "Carta a tres esposas" de Mankiewicz es directamente una obra maestra por muchos motivos. Aquí Thelma Ritter tiene un papel breve, no aparece si quiera en los títulos de crédito, pero sumamente significativo.

Lora Mae (hasta el nombre es una declaración de intenciones), el personaje interpretado por Linda Darnell, es la joven y atractiva empleada de una fábrica, a la que un día el señor Hollinsway, dueño de la empresa invita a salir. Para él, ella no es más que una conquista fácil que quedará deslumbrada por una cena y un paseo en su caro coche, pero ella tiene otros planes y hace que la velada empiece con él conociendo formalmente a su familia.

Solo esa escena, con la incomodidad evidente del dueño de la empresa, que se siente también dueño de la chica, obligado a comportarse como el caballero que no es, en la humildísima casa de la chica, hace que merezca la pena la visión de "Carta a tres esposas".

En la casa, está una de las mejores amigas de la madre de Lora Mae, Ritter, que trabaja como criada para unos amigos de Hollinsway (en la primera escena que aparece, la vemos negándose a ponerse una cofia). Por lo tanto, le ha cogido el abrigo y servido el café decenas de veces. Sin embargo, Lora Mae los presenta ceremoniosamente.

- Señor Hollinsway ¿conoce a la señora Dugan?

Él se queda desconcertado y Ritter dice con voz cansada
- Lora Mae, el señor no conoce mi apellido.

¿Se puede decir más con menos?


Loque

Nota: Todas las fotografías son de IMDB 

viernes, 13 de septiembre de 2013

Poderosas y malvadas

Soy la segunda señora De Winter. No tengo nombre. Ni apellido: el antiguo, el mío, lo perdí cuando me casé; el nuevo, el de casada, lo comparto con mi esposo y con dos mujeres poderosas y malvadas. Una es Milady de Winter, la antagonista de los tres mosqueteros; la otra es Rebecca, la primera señora De Winter.

Pero mi historia arranca antes de mi matrimonio.

Los extraños días de mi vida comenzaron en el Sur de Francia.

Yo era joven, cultivada y pobre. Trabajaba como dama de compañía de la señora Van Hopper. Ella también tenía dinero, poder y bondad escasa. ¿Es que todas las poderosas son malvadas?

No se tomó bien la noticia de mi matrimonio con Maxim de Winters.




No tienes ni idea de lo que significa ser una gran señora.

No lo soportaba. Me trató de arribista y desclasada.
Y no fue la única. La señora Danvers tampoco fue una gran ayuda. Ella adoraba a Rebecca. Ella y todos me comparaban siempre con Rebecca.


Era la criatura más hermosa que he visto jamás.

Ese es nuestro gran problema, amigas: que todo el mundo nos compara siempre con Rebecca. Incluso nosotras mismas nos comparamos siempre con Rebecca.
 

Quisiera tener treinta y seis años e ir vestida de negro
con un collar de perlas.

Quisiera no ser este pollito asustado que soy.



¿Verdad que somos felices, muy felices?



Échale un vistazo al Times. Trae un artículo muy bueno sobre el crimen.



Mire cómo se ve mi mano.




Escuche el mar. Es tranquilizante. Escuche.

¡Quién me iba a decir a mí que al final su nombre acabaría siendo sinónimo de una chaquetita de punto


Noemí Pastor

viernes, 12 de julio de 2013

Stoker: Coches que estallan


Animada por una entusiasta crítica emitida en el programa de La Dos "Días de Cine" fui al cine a ver la primera película americana de "el aclamado cineasta coreano" Park Chan-Wook, el texto entrecomillado está copiado directamente de una hoja con información de la película, que suele existir en los cines de versión original madrileños (y solo los de V.O.S. que si te gusta el cine doblado, no hay papelito, lo siento), del que también he sacado (en un alarde de economía de recursos sin fin) la fotografía que ilustra esta entrada.
Si te van las miraditas torvas, esta es tu película

De todas maneras, podría haberlo copiado de cualquier otro artículo, crítica o del citado programa de televisión, porque si algo me ha quedado claro sobre el autor de Old Boy, es que es que no paran de aclamarle, que me imagino que casi ya no puede salir a la calle de tanto que le aclaman, al pobre.

Según aquel aciago Días de Cine el director sur-coreano es un gran admirador de Hitchcock y en concreto, del ambiente hipnótico de Vértigo. En cuánto oí tal cosa, me faltó tiempo para ir al cine (así se engaña a la gente).

Ya en los títulos de crédito, con esas letras que no están superpuestas sobre las imágenes sino que parecen formar parte del mismo escenario, un decadente jardín de una mansión del Sur de los USA, me di cuenta de que iba a contemplar una obra llena de hallazgos visuales y subyugantes imágenes.

Y según avanzaba la película, pude confirmar que sí, que sin duda esto es lo que iba a ver... y absolutamente nada más.

Hace algún tiempo oí que si el cine actual se tuviera que resumir en una sola imagen, sería la de un coche saltando por los aires. El actual se refería a los 80 y los 90 y es obvio que se refería al cine de acción, al que se le achaca con frecuencia (bastante razón) poner la espectacularidad por delante del guión (si es que lo hay).

Y me temo que este es el caso de Stoker, si cambias espectaculares persecuciones de coches por espectaculares imágenes preciosistas de un decorado fascinante.

Es más, me da la impresión de que el "aclamado director" se ha propuesto que no haya un solo plano en su película que no resulte el más impactante y elaborado posible, para producir una saturación importante de imágenes hermosas y de esteticismo vacío, que no deja al espectador ni un solo momento de tregua en el que pueda preguntarse qué encierra todo ese envoltorio.

Y ¿qué es lo que encierra? Volviendo a las notas de prensa que disfrutamos los espectadores de cine en VO, según el productor Michael Costigan, la historia la familia Stoker que "Son brillantes en el sentido más general de la palabra" mientras os animo a explicarme que es ser brillante en el sentido más general de la palabra (en serio por favor, contádmelo en los comentarios), os contaré que la última de esta familia es India, una adolescente que (volviendo a las declaraciones del productor) "tiene un evidente exceso de emociones y percepciones en su interior".

Para entendernos, una chica que se pasa unos 25 minutos de la película paseando por el bosque con cara de alucinada, cuando no está paseándose por su inmensa casa con cara de alucinada, o andando por su instituto con cara de alucinada. Y todo esto con un vestuario que te preguntas dónde ha podido comprar una adolescente del siglo XXI, a menos que haya ido a una subasta del vestuario de Carrie.

Resumiendo, la muchacha de mirada alucinada el día que cumple 18 años, pierde a su querido padre (con el que al parecer compartía las bonitas aficiones de la caza y la taxidermia) en un accidente de coche, quedándose sola con su madre, con la que al parecer no ha cruzado una palabra en los últimos 17 años y medio.

En el funeral aparece un hermano del padre con la intención de instalarse con ellas, cosa muy lógica teniendo en cuenta que jamás nadie le ha visto y que,  desde literalmente el primer minuto de entrada en la casa, comienza a coquetear con la viuda que, sin ningún motivo, confía en él por completo y es rechazado de la forma más extrema por la hija, también sin ningún motivo (cambio de la mirada alucinada por el ceño fruncido).
Es habitual que el personaje principal sea alguien con quién el público pueda sentirse fácilmente identificado. Quizá se trate de un recurso manido, pero hay que reconocer que cuando llevas un buen rato contemplando a la tal India tirada en su cama, imitando con brazos y piernas los movimientos de un metrónomo, empiezas a no sentir ningún interés por su destino, más allá de si hará nuevos amigos en el psiquiátrico.

Mucho se ha admirado (aclamado, quizá) la actuación de Mia Wasikowska, que pone todas y cada una de las miradas alucinadas y ceños fruncidos que constituyen el papel de India. No puedo estar en más desacuerdo, pero no creo que sea por eso una buena o mala actriz, creo que sencillamente no tiene papel alguno que defender.

Y si así es la protagonista, me cuesta creer que haya más de una línea en el guión para definir los personajes de la madre (que para colmo de males, "interpreta" Nicole Kidman) y del misterioso y seductor tío, cuyos únicos rasgos de personalidad son "misterioso y seductor", al que por lo menos el actor Matthew Goode consigue darle algo de vida en algunos momentos.

¿Y a quién se deben estos personajes tan mal definidos? ¿Quién ha escrito el guión? Según los productores de la película, ellos tampoco conocían la identidad del guionista en un principio, ya que el agente que les envió el guión se resistía a revelarles su nombre, hasta que habló con él por teléfono y :

"Me quedé muy impactado cuando me di cuenta de que era Wenworth Miller y que era el primer guión que había escrito en su vida".

¡Wenworth Miller! Ese muchacho que se paseó por las tres temporadas de Prision Break poniendo cara de que le daba el sol en los ojos. Sí, sí, el protagonista y no, no he dicho en ningún momento "actor".

Reconozco que comparto la sorpresa del productor al saber al conocer el nombre del autor, pero me parece obvio que se trata de su primer guión, ya que parece un compendio de errores que deben ver a diario los profesores de cursos de escritura de guiones:

Por ejemplo, personajes que aparecen y desaparecen de escena, simplemente porque al guionista le viene bien, como esos criados que sin duda se encargan de una gran mansión como la de la película, pero que tras una intervención inicial, no vuelven a aparecer en una sola escena. Algo muy pertinente para que no se pregunten dónde está el ama de llaves de la casa, que después de unos 40 años de servicio a la misma familia, desaparece de la faz de la tierra, sin que al parecer le importe a nadie. Tan solo oímos al personaje de la madre quejarse de que no sabe quién hará la cena.

También tenemos al tío Charlie (¿de qué me suena este nombre?) que tiene, nada más y nada menos que el don de la ubicuidad y que al parecer siempre sabe dónde y cuándo le necesita su guionista.

La madre, por su parte, parece no haber visto una sola película de misterio en su vida y comete un error de primero de víctima.

Empecé diciendo que me acerqué a Stoker animada por la esperanza de ver una película que recogiera algo de la herencia de Vértigo y acabaré volviendo a citar las respuestas de su director, a preguntas de Truffaut, en el libro "El cine según Hitchcock". En dicho libro, el director británico asegura que poco antes había dirigido una historia para televisión que comenzaba con un hombre llegando a una comisaría. En el plató se había creado un completo decorado de una comisaría, con todos sus detalles, pero Hitchcock lo ignoró por completo y se limitó a filmar el cartel que indicaba que era una comisaría de policía y a continuación, la escena en que el protagonista hablaba con un agente.

Cuando le pidieron que filmara varios planos que recogieran los decorados completos porque se había realizado un gran inversión en ellos, se negó alegando que no eran necesarios para ubicar al espectador en la historia, y eso en definitiva, es lo importante, y no que se luzca el equipo técnico.

Park Chan-Wook demuestra no ser un buen alumno de su, supuestamente, admirado Alfred Hitchcock, ya que en su lugar sin duda, nos hubiera ofrecido un precioso encadenado de todos y cada uno de los rincones del decorado, con una maleza mecida al viento o cualquier otra escena que no ofreciera absolutamente ninguna información, pero que dejara muy clara su pericia técnica y la del decorador, el director de fotografía, el que ha ubicado los exteriores, el montador y el guio... ah, no la del guionista no puede ser.

Respecto a Miller, me gustaría decir que no basta con que una hija obsesionada con su padre diseque pájaros para ser el guionista de "Psicosis" y que por llamar "tío Charlie" al misterioso y seductor tío de una jovencita, no se está escribiendo "La sombra de una duda".

Pero por lo menos estos dos fraudes me sirven para recomendaros, si aún no las habéis visto o queréis revisarlas las citadas "La sombra de una duda", "Psicosis" y por supuesto "Vértigo", si de verdad queréis ambientes malsanos, relaciones inquietantes y en definitiva, personajes e historias que no se olvidan facilmente.

Loque