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viernes, 26 de septiembre de 2025

La guerra según el cine italiano

Los seres humanos son capaces de perpetrar lo peor, como podéis ver últimamente por la tele. Los seres humanos inventaron las guerras. Catástrofes no naturales que causan muerte, dolor, pobreza, hambre, desplazamientos masivos y años y años de recuperación en medio de la miseria. Me está quedando un comienzo muy tenebroso, pero es necesario para adentrarnos en las pelis de las que quiero tratar en esta ocasión.


Hay pelis bélicas en las que se ensalza el heroísmo y se motivan los valores patrióticos, sobre todo si las filman los vencedores. Ahora me aparece en mente el armario ropero de John Wayne vestido de marine. Esa es precisamente la imagen que quiero desechar ya que hay también quien crea películas en las que la guerra no es más que una tragedia que les sucede a los protagonistas que preferirían estar en cualquier otro lugar en vez de en una trinchera. Es de este segundo tipo de pelis de las que pretendo hablar hoy.


Enlazo dos películas italianas producidas a mediados del siglo XX; una de ellas relata la historia de un par de soldaditos del ejército transalpino durante la guerra del 14, y la segunda narra las vicisitudes de un grupo de soldados al final de la guerra del 39. Ambas tienen en común que uno de sus protagonistas principales es el insigne Alberto Sordi.


A Italia no le fue bien en ninguno de ambos conflictos armados, y eso que se supone que durante la primera guerra mundial estaba del lado de los aliados, vencedores a la postre. Los italianos que fueron llamados a filas en sendas contiendas no se debían sentir demasiado guerreros y eso se ve en estas dos pelis.


Entre los años 1959 y 1960 el productor italiano Dino de Laurentiis, uno de los que consiguió que el cine italiano de posguerra tuviera un nombre, puso la pasta para que se rodaran dos films que contaban las desventuras de unos soldaditos italianos en cada guerra mundial. La casualidad es que en ambas, uno de los personajes protagonistas recale en el mismo actor: Alberto Sordi.



La gran guerra, 1959.


En esta peli bélica también sale Silvana Mangano, una sola mujer haciendo un papel demasiado habitual.

La peli de 1959, La gran guerra (La grande guerra) es una cinta en blanco y negro de 135 minutos dirigida por Mario Monicelli, conocido por ser el artífice de una de las primeras pelis de la comedia a la italiana, I soliti ignoti, más conocida por estos lares como Rufufú, que es justo del año anterior a la gran guerra.


Sordi y Gassman comiendo trinchera.


En las oficinas de reclutamiento los italianos van haciendo cola. Hasta allá ha llegado el milanés Giovanni (Vittorio Gassman) que intenta librarse, aunque sea pagando, cosa que aprovecha el romano Oreste (Alberto Sordi) que le tima. Ambos se reencuentran en el tren y están condenados a limar asperezas porque van a pasarse mucho tiempo en las trincheras. Ellos intentan escaquearse todo lo que puedan. El ardor guerrero no les representa. Eso de reptar por el barro y aguantar la metralla austrohúngara no va con ellos.


Dos caraduras en el reclutamiento.

Consiguen hacer de mensajeros con tal de escapar de las trincheras. En una de esas, volviendo a su unidad, descubren que esta ha sido arrasada y prácticamente son los únicos supervivientes de la misma. Fieles al escaqueo, en una de estas, se quedan a dormir en una granja y los austríacos los hacen prisioneros. Los austríacos se ríen de la cobardía que demuestran los dos italianos. Giovanni reacciona y se enfrenta a los oficiales que les interrogan, con lo cual, es fusilado. Oreste, que tiene miedo a morir, acaba igual. El final de la peli resulta de lo más irónico, ya que los italianos toman la granja y pasan al lado de los cadáveres mientras comentan que esos dos seguro que se han dado a la fuga.


Todos a casa, 1960.



La peli de 1960, Todos a casa (Tutti a casa) narra las vicisitudes de un grupo de soldados que no saben muy bien qué hacer dado que se ha decretado el armisticio entre el ejército italiano y los aliados, con gran cabreo de los alemanes que pasan a ser el nuevo ejército enemigo, del que tienen que huir este grupo de italianos desmilitarizados. La cinta, en color, y de casi dos horas, fue dirigida por Luigi Comencini, autor de pan, amor y fantasía.


Llama al cuartel desde el bar porque han decretado el armisticio.


Esta historia que comienza el día que Italia declara el armisticio en 1943. En Todos a casa el subteniente Innocenzi (Alberto Sordi) se encuentra con que su cuartel es un caos y que todos los soldados se quieren largar. Para añadir dramatismo al desconcierto, los alemanes, que eran "amigos", acaban disparándoles. Innocenzi consigue que algunos de sus soldados vayan con él hasta que encuentren un oficial, pero el caos hace que cada vez le queden menos soldados alrededor. Todos se largan en cuanto pueden. Sólo queda con él Ceccarelli, que es un pobre soldado al que le han dado un permiso que pierde por el camino y que no se separa de una maleta en la que lleva embutidos que ha prometido llevar a destino. Es mítica la escena en la que el numeroso grupo de uniformados se adentra en el túnel del tren y sólo salen dos: Innocenzi y Ceccarelli.


Innocenzi, Ceccareli y Fornaciari a la busca de un superior que les de órdenes.


Después de llegar a una granja donde pueden cambiar el uniforme por ropa civil, se reencuentran con otros compañeros de armas fugados, como el sargento Fornaciari (Martin Balsam, el presidente del jurado de doce hombres sin piedad). Intentan llegar a sus respectivos hogares siempre escapándose del ejército alemán que controla trenes y carreteras. Hay episodios dramáticos donde mueren integrantes de esta estrafalaria cuadrilla, cuando intentan evitar que atrapen a una chica judía o cuando detienen a un militar norteamericano en casa del sargento Fornaciari, al que los camisas negras fascistas se llevan, a pesar de que él acaba de llegar del frente y no sabía nada del nuevo inquilino residente en casa de su familia.


El grupo se ha esfumado en el túnel. Sólo quedan dos.

Innocenzi y Ceccarelli llegan a Nápoles, su ciudad, pero son detenidos y obligados a limpiar los escombros de la calle. En la última escena, Innocenzi, abrumado por la muerte a tiros de Ceccarelli, toma parte en la revuelta de septiembre del 43, conocida como los cuatro días de Nápoles, donde la resistencia lucha contra el ejército alemán.


Comiendo polenta en casa de Fornaciari con el oficial americano. 

Ambas pelis manifiestan el horror a la guerra, el afán por la supervivencia y el arte del escaqueo. Estas dos cintas muestran, aunque sea en clave tragicómica, que la guerra es algo muy lejano a ser un acto heroico. Una gran lección para los tiempos que corren.


Juli Gan.


viernes, 13 de junio de 2025

Nick Cravat, el secundario acróbata y mudo

 El otro día me acordé de este actor secundario tan expresivo. Solía aparecer en las pelis donde su gran amigo, Burt Lancaster, hacía de galán atlético con sonrisa muestra de dentífrico de los buenos. Nick Cravat era al amigo del prota (De Lancaster), siempre fiel y solícito, y resulta que es que no dejaba de ser cierto a grandes rasgos.

Nick Cravat era el nombre artístico de Nicholas Cuccia. Cuccia, pronunciado (Cuchia) denotaba el origen italiano de su familia. El bueno de Nick había nacido en el Brooklyn neoyorquino y de muy joven coincidió con Burt Lancaster en un campamento de verano, dicen. Lo cierto es que Burt y Nick se hicieron amigos y ambos, aficionados a la gimnasia y las acrobacias, acabaron montando un espectáculo que los llevaría al circo.

Con ese cuerpazo que gastaba Lancaster, esa sonrisa blanca e impertinente, esa agilidad y ese llamativo color del pelo, acabó siendo descubierto por un cazatalentos yéndose a Hollywood y teniendo éxito. Pero Burt no olvidaba a su colega Nick y se lo llevó para que también hiciera cine. Ambos salían haciendo saltos y piruetas exhibiendo una plenitud y fortaleza físicas envidiables.

Un elfo del bosque

El bueno de Nick siempre hacía de fiel escudero mudo. Siempre mudo. Hablaba con gestos y silbidos en las películas. Lo podéis ver en "el temible burlón" o "el halcón y la flecha". Pero, no, Nick no era mudo, a pesar de la gesticulación. Lo que le pasaba a Nick es que tenía un acento exageradamente marcado.


 Acento de barrio, de su barrio, Brooklyn, y eso, en películas de época, ya sea en la Europa medieval, o en esos piratas del Caribe del siglo XVII, no quedaba demasiado correcto.

El prota y el secundario

Y Nick hizo pelis sin su colega Burt, siempre de secundario, Con Victor Mature, otro cuerpazo pero con un rictus facial un poco malogrado, con Dean Martin, con Jerry Lewis... 

Buena forma física

En los años 60, los años del western, su colega Burt, lo enroló en historias del oeste. Fueron unas cuantas: Camino de Oregón; que viene Valdez; camino de la venganza; la venganza de Ulzana, eran unos títulos muy vengativos para dos camaradas, curiosamente. Una de sus últimas cintas juntos fue "la isla del doctor Moreau", una peli inquietante .

Inicios circenses


Y hoy he querido traer a la memoria a la memoria a este secundario mudo en la fición en ese dorado cine de los años 50 de aquél Hollywood tan dado a sacar historias de época donde un marcado acento neoyorkino no podía oírse.

Juli Gan

sábado, 14 de enero de 2023

El día que murió la música

 El tres de febrero de 1959 es recordado como "el día que murió la música". Fue un hecho trágico. Un accidente en el que perdieron la vida cuatro jóvenes, tres de ellos, músicos de éxito de la corriente del efervescente rock and roll. El mayor de ellos, justo el que no tiene película biográfica, apenas contaba 29 años. El más joven, 17. Ellos fueron leyenda del rock justo cuando empezaba su carrera. Sus cortas vidas dieron para sacar muy celebrados temas de rock  que se han hecho famosos en el mundo entero y a Don McLean le dio para parir un himno en 1971, "american pie". Un himno cuya partitura en subasta se vendió por más de un millón de dólares. Pero volvamos al cine. Hoy dos biografías rockeras que acaban en tragedia: "La historia de Buddy Holly" (1978) y "la bamba" (1987).


"The Buddy Holly Story" (1978) 

Esta peli fue rodada para televisión y está protagonizada por el rubio Gary Busey. Busey hace de Charlie Hardin Holley, que fue un joven y talentoso músico texano conocido familiarmente como Buddy. Buddy Holly nació en una familia texana muy melómana. Desde muy niño dominaba varios instrumentos y solía tocar con sus hermanos piezas estilo country. 

Gary Busey es Buddy Holly, detrás el antiguo doble de Troy Donahue.

Buddy y un par de amigos, Don Stroud, que, por cierto, comenzó en el cine haciendo de doble de Troy Donahue, y Charles Martin Smith (El contable bajito de "los intocables de Elliot Ness"), fundan "The crickets" (Los grillos) Un conjunto con aires de música para jóvenes, es decir, menos country y más rock. 

Camino hacia el éxito

El trío va haciéndose conocido, no sin dificultades, ya que a la gente mayor el rock le parece una abominación y acaban grabando y teniendo éxito. Ello les lleva a Nueva York donde les ficha un productor para que toquen en el teatro Apollo. El santuario de la música afroamericana. Ahí está la gracia porque, por la radio, creyeron contratar cantantes negros y corrieron un riesgo para tocar en un lugar donde nunca antes había tocado un blanco. Momento de éxito. En la actuación aparecen otros artistas. Uno de ellos, del que hablaré después, ya que, curiosamente aparece en las dos pelis, y el grandioso cantante Sam Cooke. Del que se hacen colegas y con el que se van de gira.

Sam Cooke a la derecha con los Crickets detrás.

Estabilidad y consolidación:

Tras desavenencias en el trío, Holly decide quedarse en Nueva York y el resto de los crickets se vuelve a Texas. Holly ha conocido a una empleada de la casa de discos con la que se casa. Graba, compone y sale de gira por todo lo largo y ancho de los EEUU, porque el rock es un éxito y se hinchan a dar conciertos.

Buddy y María


Tragedia:

Invierno en el frío del medio Oeste. El rock por la noche hace que suba la temperatura. La música suena genial pero el traslado se hace en un autobús cuya calefacción está estropeada. Fletan una avioneta para que tres de sus músicos puedan viajar rápido y dormir en una cama en un hotel en el destino siguiente. En principio, Big Bopper (El músico del que no conozco biopic) no iba a viajar, pero, como iba afectado por una gripe, Waylon Jennings, de la banda de Holly, le cedió su plaza. La última escena de la peli es Holly  dándolo todo en su último concierto la noche anterior a su muerte. Todo un éxito. Sobre su imagen sonriente y satisfecha un letrero que nos cuenta el fatal accidente aéreo que acabó con su vida.

Último concierto.


"La Bamba" (1987)

Recuerdo que se hizo promoción de esta peli y de su banda sonora interpretada por Los Lobos. esta peli sí llegó a estrenarse en los cines de manera internacional. Cuenta la historia del adolescente Ricardo Valenzuela, conocido universalmente como Ritchie Valens. En la peli el nombre del actor aparece al final del reparto como " Y presentando a Lou Diamond Pillips como Ritchie Valens". En esta peli quienes tiene peso específico son la madre del prota (Rosanna de Soto) y Bob, el hermano mayor, con sus conflictos (Esai Morales). Ritchie era un chaval californiano de orígenes mexicanos. Un loco de la guitarra que aún va a la escuela. La peli comienza con una escena un poco desasosegante. Unos chavales jugando en el patio de un insti al baloncesto y dos avionetas que se estrellan en el aire. es una pesadilla de Ritchie de la que luego nos cuentan más, pero ahí está la fatalidad del destino.

Un adolescente californiano

Camino al éxito:

Un día prueba con un grupo,"The shilouettes, y es admitido como guitarrista. El líder tiene una reacción recelosa porque percibe que es bueno. Valens acaba cantando y componiendo. Un cazatalentos le pone a grabar. Valens se empieza a hacer una celebridad, menos para el padre de su novia del insti, aunque lo pintan más como celoso de la seguridad de su hija negándose a que salga con un músico que como racista. Tampoco es que les diera mucho tiempo a sus dieciéis o diecisiete años.

Concierto en la tele


Estabilidad y consolidación:

Valens es un joven que crece en una familia coya madre es muy importante. Tiene un hermano buscavidas que es como el personaje antagónico con el que mantiene una relación de altibajos. Valens tiene miedo al avión pero debe cogerlo para ir al este a cantar en la tele y dar conciertos en Nueva York. Por ahí sale un amuleto que le da un chamán para que lo proteja (La superstición como elemento infalible). Su progresión es exitosa y se suceden los conciertos. Si en la peli de Holly salía Sam Cooke, en la de Valens sale Jackie Wilson.

Big Bopper y Valens a punto de subirse a la avioneta

Tragedia:

La gira del rock de invierno por el medio oeste es dura. Hace frío y media caravana está incubando la gripe. En esta peli Valens es aceptado a pie de avioneta como pasajero jugándosela a cara o cruz. Es Buddy Holly el que tira la moneda. Por otro lado, en una bronca navideña, peleando con su hermano Bob, este arrancó el amuleto protector de Ritchie sin querer. Ya sabemos que eso, en el cine, es científicamente catastrófico. Llanto inconsolable en el pequeño universo de Ritchie enterados del accidente por la radio. Llora su cuñada, sus compañeros del insti, su manager, su novia Donna y, sobre todo su madre abrazada a su hermano. La escena final es la de un Bob abatido gritando el nombre de su hermano dándole un puntito dramático, al ¿verdadero prota? de la peli.

Ritchie y su hermano Bob de resaca en Tijuana


Curiosidades:

En la peli de Buddy Holly, al final sale un tipo morenito con unas maracas, quizá es Valens. Big Bopper sale un poquitín más y tiene frase. En la bamba, Holly sale tocando un segundo y tiene frase en la escena del avión. Big Bopper sale también en esta segunda. El personaje, leyenda del rock, que sale en ambas con sendas piezas de rock cantadas es Eddie Cochran. Fatales casualidades de la cochina vida Cochran murió un año después en un accidente de tráfico en el Reino Unido, cuando estaba de gira europea.

Esta ha sido la historia de dos leyendas del rock que fallecieron prematuramente cuyas vidas dieron para sendas pelis....Y el resto es rock and roll.


Juli Gan. (En los enlaces azules hay pelis y, sobre todo, música)

viernes, 4 de diciembre de 2020

Vascos luciendo boina en el oeste ("El desfiladero de la muerte", 1959)

Hace tiempo,  en aquellos años en que no había tanto comercio on line, y para ver pelis interesantes fuera de los aburridos circuitos comerciales habituales, o para poder degustar pelis viejas, había que recurrir a descargas por la mula y similares. Así adquirí películas conocidas, no tan conocidas y otras joyitas ignotas. Entre ellas estaba, no en la última categoría precisamente, “el desfiladero de la muerte”, aunque en la descarga poseía el subtítulo “la de los vascos”. 

Jacques Bergerac lanzando piedras a los indios.

Y es que esta es una película del oeste donde los pioneros son unos vascofranceses decimonónicos cuya obsesiva idea es llegar a California para enriquecer el valle de Napa a base de variedad de vino que, por lógica, aunque la peli no lo dice, debe de ser vino de Irulegi (d.o.p.)Los gabachos le dicen “Irouleguy”. Por cierto, volvemos a encontrarnos con esa manía tan española de cambiar el título de la cinta que se llama "thunder in the sun" (Trueno en el sol) por "el desfiladero de la muerte", sí, suena más a cine de vaqueros, pero no explica por qué en el tema principal hay un coro de voces varoniles cantando al trueno en el sol acompañado de silbos y tamboriles a la manera vasca.

 

   

Sinopsis al son del txistu:

La historia es bastante recurrente y simple: Unos emigrantes vascos de la zona de Francia -porque de todos es conocido que la côte basque llega hasta Hendaia y para los franceses, y para los americanos influidos por estos, el resto ya no lo es- llegan a los EEUU con intención de atravesar el salvaje oeste para llegar a la cálida California y allí cultivar la vid. Para ello, contratan a un rudo guía de la frontera. El rudo explorador, que es un gañán acosador, se prenda de joven vasca que viaja en la caravana. Como es una del oeste, los indios pretenden atacar en el desfiladero, pero los vascos se anticipan atacándolos antes desde lo alto de la montaña. Hay lucha, tiros, saltos imposibles, héroes que mueren y, por supuesto, la victoria, para terminar en la tierra soñada.


Frontón en las praderas ¿Sin paredes?


Los falsos nombres de muchos artistas

La peli la protagonizan dos actores que se conocían desde críos porque ambos acudieron al mismo colegio de su barrio neoyorquino, que era Brooklyn.  Susan Hayward, que hace de Gabrielle, la chica vasca, fue una gran actriz que se llevó un óscar por hacer de condenada a muerte mediante cámara de gas en aquella peli llamada “quiero vivir”. Jeff Chandler, por su parte, que hace de Lon Bennett, el explorador que cree que puede acosar a cualquier cosa que lleve faldas, fue el célebreguerrero indio Cochise en “flecha rota”.


Susan Hayward con rosario y mantilla

Ni Susan Hayward ni Jeff Chandler se llamaban así. Ambos usaban seudónimos. En el caso de Chandler era normal. A pesar de que la industria del cine era movida por infinidad de judíos, pocos actores protagonistas de los años cuarenta y cincuenta solían lucir sus apellidos semitas. El bueno de Chandler se llamaba Ira Grossel así que se cambió el nombre para difuminar su origen. Susan Hayward se llamaba Edythe Marrenner y era un pelín inglesa, otro pelín irlandesa y otro pelín sueca.  

Jeff Chandler con el traje folklórico del oeste.

La pobre Susan Hayward, como la conocemos, participó en un rodaje maldito “El conquistador de Mongolia”, una cinta del excéntrico magnate Howard Hughes, que no solo fue maldita porque se considerara una de las peores pelis rodadas jamás, y es que hay que tener valor de ver a John Wayne como Gengis Khan. La maldición de la peli es que más del 40% de las personas que trabajaron en aquella cinta acabaron desarrollando un cáncer. Se dice que el rodaje en el desierto de Utah, lugar donde se hacían ensayos militares radioactivos fue el desencadenante de las muertes por diversas neoplasias. Nosotras sólo conocemos a los actores que sufrieron estas secuelas como John Wayne, Agnes Moorehead o la propia Hayward. Pedro Armendáriz fue más tajante ya que, cuando supo el diagnóstico de lo que padecía, se descerrajó un tiro en la cabeza.

Pioneros txapeldunes

Volviendo a los actores que salen en la peli aún había uno vasco de verdad, un labortano llamado Jacques Bergerac. Jacques llegó al cine porque un día conoció a Ginger Rogers que se hallaba veraneando en Francia,  así que este estudiante de derecho acabó ennoviándose con la famosa actriz estadounidense 16 años mayor. De chiripa y por boda, Bergerac, que iba para abogado, acabó haciendo alguna cosilla para el cine y cuando se cansó de la vida en Hollywood, se volvió a su costa vasca hasta el fin de sus días. Su hermano Michel prefirió no apartarse de sus estudios y acabó siendo presidente de la casa de potingues y ungüentos Revlon .

Jacques Bergerac (izda.) y Fortunio Bonanova (dcha) con la boina bien puesta.

Aparte de Jacques el resto de los “vizcaínos fingidos” eran  de diversos lugares. Blanche Yurka(Louise) era una norteamericana de raíces húngaras. Carl Esmond, que lleva el rol de André, se llamaba en realidad Willy Eichberger y era austríaco. Llegó a EEUU hacia los años 30 y decidió cambiar su definitorio apellido germánico porque el horno no estaba para bollos.  Y para terminar, rizando el rizo, el papel de Ferdinand, el viejo soldado napoleónico,  lo llevaba a cabo Fortunio Bonanova, que tampoco se llamaba así. El bueno de Fortunio, barítono lírico de toda la vida, fue bautizado como Josep Lluís Moll y era mallorquín. Allá por los años 20 la música lo llevó a Hollywood donde acabó actuando y en el año 1934 volvió para ses illes, hasta que por causas de la guerra civil decidió trasladarse para siempre a los EEUU.


Viejas tradiciones en el nuevo mundo:

La peli no es nada del otro mundo, lo que pasa es que aquí se ve con cierto interés porque choca ver la imagen, distorsionada, por supuesto, que tenían (Y tienen) los norteamericanos de lo que era aquél pueblo vasco que emigraba al oeste. Y bien cierto es esta emigración porque hay numerosas asociaciones de descendientes de vascos en todo el medio oeste (Idaho, Wyoming, Nevada y California) No faltan  las boinas sobre las cabezas de estos vascos del oeste. No olvidemos que los franceses a la boina la llaman “béret de basque”. Lo primero que nos choca es que creen que los irrintzis (Gritos agudos que se usan de manera festiva y que antiguamente quizá si se usaban como aviso pastoril desde lo alto de la montaña) es una especie de lenguaje completo, cosa absurda, claro.

 

Carl Esmond el vasco del Tirol.

Jeff Chandler descubre a Susan Hayward en la fiesta del fin de la jornada ¡Bailando algo parecido al flamenco! Taconeos, cimbreos de cintura, palmas y florituras con las manos.  Curioso, cuando menos. Los vascos de esta peli hablan de sus costumbres como esa de casarse jóvenes, cosa que no puede ser más falsa. Si hay una cosa que caracteriza a los vascos como parte de los pueblos pirenaicos es que estos, los pueblos de esta cordillera, solían casarse habitualmente en la treintena para controlar la natalidad, y es que, cuanto más tarde te casas, menos hijos engendras. Poco parece que hayan leído a Pierre Bourdieu en esa excelente obrallamada “el baile de los solteros” donde explica este fenómeno de la abundancia de bodas tardías que se da en los Pirineos.


Atravesando el desierto.


Hay, entre las extrañas costumbres de estos pioneros del oeste, una que es, además de falsa, una excusa para poder hacerla servir más adelante en la trama y es la tontería de llevar ascuas encendidas  a modo de incensarios. Esta y el absurdo afán de llevar muebles y bultos poco necesarios en los carromatos sirve para enfrentar al gañán norteamericano con los aldeanos del viejo mundo. La argucia final es, oh nuevo país, dejarse de tradiciones arcaicas y fundirse con el país joven y el paisanaje anglosajón. A los indios, que llevaban allí toda la vida, que les den. ¡Y que les den con una xistera! Una xistera es una cesta de las de usar en el frontón, de esas que lanzan las pelotas contra el frontis a una velocidad endiablada. 

Arsa y olé, Susan Hayward a punto de bailar un aurresku.

Claro, porque, a falta de armas, una pedrada lanzada con la cesta de remonte es mano de santo.  Hay que tener en cuenta que una de las cosas por las que se conoce a los vascos desde hace siglos es por el juego de pelota, y especialmente, en Estados Unidos. No en vano las cestas de remonte se han usado en el cine, aparte de en esta peli, en otras como Tron o el Sustituto, que recurrentemente nos endilgan por la tele ¡Hasta Montgomery Burns de los Simpsons sale pegando saltos en un frontón!

La hembra debe rendirse al macho porque es el vecino el que elige al alcalde y es el alcalde el que quiere que sean los vecino el alcalde, por eso la lleva en brazos.

Para ir finalizando, porque la historia me está quedando más antropológica que cinematográfica, señalar que esta cinta vuelve a incidir, con un descaro absoluto que hoy día sería intolerable, en que las mujeres somos objetos codiciados y que cualquier gañán puede convertirse en un acosador sin sonrojo. Al menos, el personaje de Susan Hayward aplica un rodillazo bien dado a los testículos del personaje machirulo y perdonavidas que interpreta Jeff Chandler. Pero, claro, al final, porque las pelis de los 50 están para adoctrinar, ella, como no puede ser de otra manera ¿O sí? cae rendidita a sus pies y está deseando que él la asalte. ¡Sí, venga! Cultura de la weinsteinización.


Txapela buruan eta ibili munduan (Con la boina en la cabeza y a pasear por el mundo): Juli Gan

viernes, 19 de octubre de 2018

El Capitán Veneno (1951) o Así se librará usted del peligro de enamorarse de mí

Hace unos días, por Twitter, me recomendaron una novela sobre amor no correspondido, en apariencia, y así fue como conocí la obra "El Capitán Veneno" de Pedro Antonio de Alarcón. Escrita en 1881, pero situada en 1848, la obra recoge una historia didáctica y sentimental en medio de las revoluciones europeas de la época, y en particular de aquella entre los seguidores de Isabel II y los republicanos en España. Pero no crean que vamos a hablar de guerras, si no que aquí, lo importante va a suceder entre paredes y mujeres, donde es confinado el protagonista, una "Fierecilla" con pantalones y bigotes, que no soporta el universo femenino, al que tiene prejuzgado, y del que huye como si no hubiera mañana.


El libro, muy breve y lleno de diálogos jugosos, es una de esas obras que piden ser adaptadas a "voces", pues es muy fácil de versionarse ya que la mayoría del texto son diálogos o buenísimas descripciones, con las que con buenos actores, se pueden hacer maravillas.

Y Pedro Antonio de Alarcón no era desconocido para los guionistas no sólo españoles, sino también había llegado a cruzar el Atlántico hasta Broadway (Revenge with Music), con la que sería su obra más adaptada para el cine: "El Sombrero de Tres Picos", y se pueden encontrar adaptaciones de sus novelas hasta los años 70, incluso en alemán.

Volviendo al Capitán Veneno, en este caso, sería adaptada, además de por TVE en los 60 junto con otras obras de Alarcón, en 1943, en argentina, con  Luis Sandrinie y Rosa Rosen de la mano de Henri Martinent, y en México también con Pedro Armendáriz en 1945 (El Capitán Malacara). Lamentablemente, no es posible encontrar copia alguna de estas adaptaciones pues una no está disponible, y en el caso de TVE, al ser de 1964, probablemente está perdida.


Visto lo visto, no parecía que fuéramos a disfrutar de esta novela, pero nos quedaba una adaptación en la posguerra española, con Sara Montiel y Fernando Fernán Gómez, de 1951, que incluso se volvería a reestrenar en 1959 debido al éxito de la manchega más internacional.

Este film está dirigido por Luis Marquina, que también hacía labores de guión, aunque no en este caso. Aquí nos encontramos también a un ilustre hombre de letras, Wenceslao Fernández Flores, que también nos da una serie de diálogos adicionales de lo más jugosos e incluso cameos como el de José Zorrilla, como se puede ver aquí:



Y es que, para hacer cinematográfica esta obra, se debe tirar de inventar escenas, y aquí se puede decir, que estos añadidos, pegan perfectamente con la obra alarconiana. Así, si la novela inicial limita espacialmente a la historia, y la reduce a una obra de teatro, breve pero intensa, estas adiciones, hacen que fluya con más brío cinematográfico en su comienzo. La película avanza como una comedia romántica muy a los "screwball comedy" estadounidense, humorística, con dos personajes abocados al romance que no se entienden, y paródica de los folletines del siglo XIX.

Fernando Fernán Gómez, en ese momento, bastante joven y acorde con su personaje de Jorge de Córdoba, recibe un papel a su medida: un militar que no puede con las injusticias, que busca la pelea, y que huye del sexo femenino como si del mal se tratara...y todo esto con el peor de los humores, ¿se lo imaginan? seguro que sí. Y ahí tenemos a Angustias, retratada por una jovencísima Sara Montiel, muy lejos de Yuma y de sus dramas del cuplé, que le da réplica muy acordemente a la imagen de la protagonista que se ve al leer la novela.


Si estos dos nombres no tientan lo suficiente, los secundarios también están a la altura: Julia Caba Alba, Pepe Isbert, Manolo Morán y Amparo Martí. Todos y cada uno de ellos, brillan en los momentos asignados, y son una delicia de contemplar.

La película tiene pocos o casi ningún cambio con respecto al texto del granadino Pedro Antonio de Alarcón, que resulta ser tan ingeniosos, que a partir de la llegada del Capitán a la vida de las mujeres, son prácticamente copiados y pegados al guión. Especialmente significativo, mantener casi intacta la última frase.

Así que si gustan de las películas en blanco y negro de los 50 en español, preparaos para una divertidísima comedia romántica, sobre enamorarse, y aceptar lo inevitable.

Os dejo aquí la presentación de TVE en Historia de Nuestro Cine:

viernes, 16 de junio de 2017

No puedo crear tu alma: 4 casos de Pigmalión

La historia de Pigmalión y Galatea es un relato clásico en la que un escultor se enamora de la obra que ha creado. El artista había rechazado casarse como hacían otros hombres y se consagró a su talento, hasta que al final se enamoró de una de sus bellas figuras femeninas, Galatea. Afrodita, conmovida, la hizo de carne y hueso, y así ambos quedaron juntos. De ese modo, Pigmalión cumple una fantasía típica masculina: hallar a una bella mujer, que además, ha sido creada por y para él.

(*)

En el cine, hemos encontrado esta historia muchísimas veces: Venus era mujer-A Touch of Venus (con una divina Ava Gardner), Maniquí-Mannequin (un remake muy ochentero con un Spader gominoso y snob) o La Mujer Explosiva-Weird Science (donde se muestran los 'daños' de mezclar las hormonas adolescentes y la informática de los 80).


¿Pero qué sería sólo de esta historia si no hubiera un poquito de subversión? La verdad es que un premio al deseo masculino... Así que es muy interesante movernos de esta fantasía y crear algo diferente a lo esperado... Siguiendo esta idea, el dramaturgo George Bernard Shaw realizó una adaptación de la obra de Ovidio para el teatro en 1913. En ella, Galatea se convierte en una vendedora de flores del londinense Covent Garden, Eliza Doolittle, y Pigmalión en Henry Higgins, un profesor de fonética.


La casualidad y un malentendido, unen a la inocente joven de los barrios bajos con el profesor solitario y gruñón. Ella decide tener una educación para evolucionar y él, pese a las quejas iniciales, la acoge a modo de experimento. Como no es de extrañar, ambos acaban influyendo en el otro, y Higgins, la considera una propiedad, una estatua que él ha esculpido. Ciego a los sentimientos de ella, a su alma e inteligencia, acaba por alejarla, hasta darse cuenta de lo que la necesita.


Así, Shaw pone un fondo feminista en esta historia, además de otros elementos que critican la sociedad de su época. La Galatea de su obra, no es un premio, es un ser humano, lleno de sentimientos y pensamientos, que debe ser conquistado, de igual a igual, no ser tratado como un regalo. Ella evoluciona al ser que debería haber sido en circunstancias diferentes de haber nacido en otro lugar, y su cambio no es sólo externo, es también interno, algo que deja fuera de juego a nuestro "Pigmalión", que ve a un igual finalmente, pero que le cuesta reconocerlo, porque sus sentimientos están implicados y por su creencia en la "superioridad" masculina.

 

El cine acabó por rendirse a esta historia en 1938, en una adaptación homónima, cuyo guión (del propio Shaw) ganó un Óscar, aunque el escritor lo despreciara. El sex-symbol de la época, Leslie Howard, interpretaría al profesor y la encantadora Wendy Hiller, actriz favorita del propio Shaw, a Eliza. Este film es una auténtica gozada que yo recomiendo como la más cercana a la obra de teatro, y llena de geniales interpretaciones por parte de los protagonistas y secundarios. Las emociones de Hiller y Howard van 'in crescendo', y se entiende la desesperación y enamoramiento de ambos personajes según se avanza hacia el final. Para mí, ambos superan en sus roles a intérpretes posteriores, y la película es mucho mejor que la hiperconocida My Fair Lady.


Así, hablemos de "Mi Bella Dama". La obra de Shaw se convirtió en un musical clásico y respetado, de Alan Jay Lerner y Frederick Loewe, que sería llevado al cine por George Cuckor. Rex Harrison, que había triunfado en la obra musical en los escenarios, volvería a repetir el papel de profesor refunfuñón, pero su compañera en el teatro, Julie Andrews, debería ceder el puesto a la angelical Audrey Hepburn, que aunque acabó no cantando, era una reconocida estrella del momento (no como Andrews). Cualquiera que haya visto la película, que es una maravilla para los oídos y los ojos, sabe que disfrutar de algo así es conocer lo que es el cine, aunque también es cierto, que la diferencia de edad entre ambos actores resulta demasiado evidente (tanto como para preguntarse por qué Eliza no escoge de verdad a Freddy, interpretado por Jeremy Brett).... Why Can't The English, I Could Have Danced All Night, Just You Wait, On the Street Where You Live, The Rain in Spain, Without You, o I've Grown Accustomed to Her Face, son parte de las Bandas Sonoras de nuestra vida.


A continuación, hablaré de dos películas que son más bien unas versiones alternativas a este Pigmalión de Bernard Shaw: Morena Clara y Ruby Sparks.

¿En serio que Morena Clara? ¿La de Lola Flores? Pues debo decir que sí, que aunque haya una versión anterior con Imperio Argentina, y se diga que adapta a la obra es de Antonio Quintero y Pascual Guillén, hay claros ecos a la obra de Shaw. Esta Morena Clara se hizo a la medida de "La Faraona", y en ella, Lola Flores era la protagonista, que se enfrenta junto a su tío "Regalito" (el genial Miguel Ligero) a una condena por robo de jamones. El fiscal más recto de Sevilla, interpretado con gracia por Fernando Fernán Gómez, la acusa a ella y a su etnia del origen de sus crímenes, por lo que tras un gran discurso en el juicio, se ve obligado a acoger a Morena Clara y a su tío, para demostrar si la educación cambia a las personas. Así, ambos personajes, se ven influenciados el uno por el otro, y aunque parezcan pertenecer a mundos diferentes, acaban evolucionando y enamorándose (ante los atentos ojos de los fantasmas de sus antepasados, que fueron los que iniciaron el altercado entre la estirpe de Morena y la del fiscal). Y es que no hay una "despedida" de Eliza mejor, que la de la protagonista de esta película.


Siguiendo en el lado de la fantasía, en 2012, se estrena Ruby Sparks, escrita y protagonizada por Zoe Kazan (sí, de los Kazan de Elia Kazan) y su pareja en la vida real, Paul Dano. Aquí, Dano es Calvin, un joven escritor estrella con bloqueo creativo...hasta que empieza a soñar con Ruby, una "Manic Pixie Dream Girl"...todo lo cual resulta normal, hasta que la chica aparece en carne y hueso en su cocina. La vida de ella se basa en lo escrito por él, de forma literal. El protagonista, tomando aún un mayor control sobre su "novia", se da cuenta de que todo lo que escribe en su máquina de escribir, es una realidad en la chica, lo cual al principio supone la mejor fantasía masculina que se pueda crear (es una auténtica Galatea, esculpida con sus pensamientos), pero después con la interacción real, acaba siendo una Eliza que quiere tener su propia vida y sus propios pensamientos, para el horror de Calvin. Solucionar tal fantasía y realidad implicará un problema para el protagonista, porque hay que tener cuidado con lo que se desea.



Así que aquí tenéis los cuatro ejemplos de algunas de las Elizas y Henrys que podéis encontrar en la gran pantalla, y que espero que sean de vuestro agrado...las fantasías son hermosas cuando se hacen realidad, pero las personas son más profundas que un sueño efímero.

Carmen

NOTA: en una variación más amplia de este mito, podríamos poner la evolución social que viven los protagonistas de los siguientes films: Educando a Rita-Teaching Rita (con el personaje de Julie Walters deseando educación), Entre Pillos Anda el Juego-Trading Places (con Murphy como el pobre carterista evolucionado y con modales), Pretty Woman (con Roberts, como la prostituta de gran corazón) o Kingsman ("los modales hacen al hombre" o a Eggsy, en este caso, y que cita a algunas de las películas de este artículo).


(*): la pintura es de Jean Léon-Gèrôme, por si tenéis la duda.

PD: "autobombo" - En nuesta página "El Sitio de Jane" celebramos, junto con la Biblioteca de Arroyo de la Miel en Málaga, un evento para conmemorar los 200 años de la muerte de la escritora Jane Austen: "Bajo el Sol de Austen". Si puedes estar en Málaga el 22/07, ¡acercate! además de charlas, picnic y teatro, pondremos Love & Friendship de Whit Stillman :)