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domingo, 7 de julio de 2019

Las libélulas del río

Siento a las hadas y a los gnomos acurrucados en mi alma.

Me abren la puerta a mi propósito, tan sublime que va más allá de la magia y de la fantasía, algo a lo que sólo tengo accesso desde aquí y hacia lo que camino tan lentamente que a veces parece disiparse en el horizonte pues no es tangible.

Aquí en el río las libélulas se hacen presentes para recordarme que es posible ese cambio de stado si lo llevo a cabo con determinación y paciencia. ¿Forman parte de la fantasía estas libélulas o de la realidad?

La brisa me refresca en esta calurosa tarde de verano. Todo está en calma.

El agua cristalina limpia mis emociones, me aporta equilibrio.

Las flores embellecen este valle. Mariposas abejas se posan en las flores. Aportan vida a este lugar tan especial para mí.


Las especies animales constituyen los verdaderos pobladores de las montañas y los bosques. Les envío bendiciones.


Me resulta mágico y agradable pasar el día de hoy en la naturaleza. Sé que las hadas andan cerca pero no se dejan ver. Sin embargo, no me importa pues de algún modo u otro están conmigo. Las siento en el aire fresco que mece los tallos de hierba, en los colores de las flores y en el fluir del agua.
 

Algo me atrae a este paraje natural una y otra vez. Irradia una atmósfera luminosa, vibrante, acogedora. Existe algo familiar en este lugar mágico, que no puedo descifrar, pero no tiene la menor importancia pues aquí no vengo a pensar con la mente sinó a sentir con el corazón.

Hay algo que me abraza sin tocarme como si fuera un ángel de la guarda y que hace que me sienta protegida y bienvenida.


El canto de los grillos y el croar de las ranas anuncia la noche... Es hora de partir.
    
Licencia de Creative Commons
Autora texto e ilustraciones: María Jesús Verdú Sacases
Texto e ilustraciones inscritos en el Registro de la Propiedad Intelectual
Técnica ilustraciones: Pastel

domingo, 26 de mayo de 2019

La magia del camino

El sendero hacia el bosque está cubierto de escarcha. El sol brilla sobre ella ahora. El suelo parece cubierto de diamantes. ¿A dónde conducirá este camino mágico? El vuelo de las mariposas me guía...


Sigo caminando, mientras siento mi pasado caer. Se va fundiendo con el calor de los rayos del mediodía. Me deslumbran. El presente resulta cálido y silencioso en el bosque. 

Un halo de magia rodea este hermoso lugar alejado del mundo. Miro al cielo. Sin nubes. Sólo veo el azul relajante. Este color me acaricia los sentidos. Siento el sol en la cara. Tras tantos días de frío, lo echaba tanto de menos... Cierro los ojos y lo agradezco. Inspiro profundamente. El sol ilumina el momento, confiere vida al planeta. Contribuye al despertar. Conecto con mi luz interior. Ahí sólo hay paz...


A lo lejos veo correr a un grupo de perdices. Me detengo. Hago un alto en el camino. El aroma del romero, de los pinos, del tomillo me envuelve. Hoy las hadas, los duendes y los gnomos no se han asomado por aquí. Prefieren permanecer escondidos pero se respira un ambiente íntimo, sereno, fresco, que impregna el lugar. Me tranquiliza. Resulta una bendición empezar el día así.      

Licencia de Creative Commons
Autora texto e ilustraciones: María Jesús Verdú Sacases
Texto e ilustraciones inscritos en el Registro de la Propiedad Intelectual
Técnica ilustraciones: Pastel 
 

miércoles, 1 de mayo de 2019

Historias de hadas y duendes


Estás en tu valle, respirando ese aire floral y fresco y te sientes tan protegida que podrías sentirte niña, acurrucándote en el lecho del río o en el mismo corazón de las montañas que coronan este lugar puro y sagrado. Las gentes son disciplinadas, desapegadas, comprometidas y honestas. No en vano han sabido cuidar de este valle durante años, preservando su belleza y la vida de las especies animales y vegetales. 

Estos lugareños practican la devoción a su corazón y la escucha del alma en cada uno de sus actos. Reconoces a grandes y humildes maestros en cada uno de ellos, aunque muchos todavía sean niños. Los niños irradian una ternura y un brillo especial que te ha robado el corazón. Son los niños de las estrellas, quienes gustan de estar a tu lado y de dejarse llevar por tus historias de hadas y duendes. Estas criaturas legendarias han protegido a la madre naturaleza desde eones y esos niños son conocedores de su existencia en el planeta. 

  Imagen registrada en Safe Creative*

La impresionante cascada se deja caer hoy mansamente sobre el río, aportándole el movimiento y energía de los picos nevados, custodiados por elfos y águilas. Ellos otean el horizonte y traen la energía del cielo a la Tierra para despertar con su magia a los corazones dormidos. Tú recibes esta energía que te hace recordar tus orígenes y lo haces con agrado y agradecimiento pues con certeza puedes percibirla como una energía especial, mágica, que tiene el poder de hacerte saltar lágrimas de felicidad con tan sólo palparla en el ambiente campestre y natural que te acoge hoy.

Una bandada de pájaros y sus graznidos te da su toque de atención y te saca del ensimismamiento provocado por esta energía conmovedora que te retrotrae a algo familiar e íntimo.

Autora texto e ilustraciones: María Jesús Verdú Sacases
Texto e ilustraciones inscritos en el Registro de la Propiedad Intelectual
Técnica ilustraciones: Pastel

miércoles, 2 de enero de 2019

La magia del lago

Estoy en el lago, frente al sol. Me deslumbra un poco, pero en otoño no siempre se siente el calor tan cerca, así que hoy me siento bendecida. Las olas incesantemente van hacia la orilla. Emiten un sonido muy relajante. El agua fluye sin descanso pero no existe esfuerzo alguno en ello, simplemente, es el mero devenir de la existencia.

La magia impregna el lugar. Lo percibo en el ambiente apacible del lago. 

Hay una mata de romero florecido frente a mí. Cuentan que sus flores poseen propiedades mágicas...

Siento un vacío infinito aquí, pero me resulta insondable. Ni tan sólo el silencio logra penetrar en él. 

Magia, belleza, encanto. Eso es lo que me transmite el lago y su bosque. Todo es sereno. Todo reposa en el instante. 

Mi perrita corre hacia mí. Cuando llega, le doy un sonoro beso en su nariz mojada. Se acaba de bañar en el lago.

El viento sopla ligeramente y confiere a este lugar cierto halo de misterio agravado por el hecho de que conforme la tarde avanza, la luz del sol va perdiendo intensidad.  

Veo cristales y minerales rojos y blancos por doquier. Los gnomos quizás custodien las vetas rocosas. Además, hay pinos, piñas y setas por todas partes. Éste les debe resultar un bosque idílico a los gnomos y a los duendes. 



La belleza y el silencio siguen presentes en este paraje natural. De hecho,el sonido de mi estilográfica al escribir desentona con la quietud del lugar. Una atmósfera de presencia abraza el lago. Los rayos del sol se dejan caer sobre la superficie del agua y bailotean en la superficie ondulada. En ese preciso momento, siento la vida, la luz tibia y lo agradezco infinitamente. Esto es la puerta al paraíso. Seguro que las hadas y los duendes danzan aquí cada noche con la luz de las estrellas. ¡Qué afortunados son!

Cierro los ojos y me fundo con la intimidad y el recogimiento de este lugar de cuento de hadas. 

Licencia de Creative CommonsAutora texto e imágenes: M. J. Verdú
Técnica ilustración: Pastel y lápices de colores


sábado, 7 de mayo de 2016

La energía de los duendes


La energía de los duendes es una energía simpática y traviesa pero que se siempre se esconde tras un buen corazón. Indepedientemente de cuál sea nuestra edad, con los duendes trabajamos la energía inherente a las edades más tempranas de un niño: la perplejidad, el asombro, la capacidad de maravilla, los fines inesperados, los sucesos nuevos y mágicos, la improvisación, la diversión, la ilusión, el juego, la experimentación. 

Imagen registrada*

Con la energía de los duendes aflora a nuestro mundo lo fácil, lo espontaneo, lo natural, la risa, la sorpresa y la aceptación o adaptación al instante, siempre que éste último no interfiera en el propósito del alma. Es como si los duendes nos conectaran con nuestro mago interior, ése malabarista que se oculta en nosotros y que nos enseña a lidiar con el ahora en sintonía con el ser, en coherencia con lo que hemos venido a hacer en esta existencia y, por supuesto, a conservar un as en la manga. Por lo tanto, los duendes van a enseñarnos a reflejarnos en nuestro espejo para clarificar lo que somos y descartar lo que no somos y, de este modo, encontrarnos a nosotros mismos y conocernos mejor, ser conscientes de nuestros límites para aprender a restarles importancia y, en cambio, identificar nuestro potencial para enfocarnos en él, desarrrollarlo, llevar a cabo nuestra misión y dejar de estar perdidos, aparentar lo que no somos. 

La energía de los duendes también está conectada con el agradecimiento ya que un niño es capaz de contemplarlo todo con una mirada fresca, libre de juicio o expectativa y, por tanto, con esta visión  renovada y pura valora, reconoce todo lo que se muestra ante sí como un regalo. Por tanto, no duda en tomarlo y distrutar de él. Los niños disfrutan de cada momento porque ellos se aman a si mismos y, por tanto, aman todo cuanto les rodea y en base a ese amor, a pesar de su corta existencia, saben por instinto que tienen el derecho natural a disfrutar de cuanto les ofrece la vida. Incluso lo más sencillo o simple, ellos pueden mirarlo con admiración o asombro, algo que no hacemos los adultos pues hemos perdido esa capacidad de sorprendernos o maravillarnos que si recuperáramos, nos convertiría en cada instante en personas nuevas,  frescas, libres, diferentes, sin condicionamientos, en total armonía con el ser. Además, los niños siempre están llenos de energía, se despiertan felices y activados, por tanto, los duendes en respuesta a esa misma energía (que yace dormida en los adultos pero que los duendes saben reconocer en nosotros) van a traernos cambios rápidos y sorpresas continuadas a nuestra vida (para despertar al niño que somos). Los duendes van a ser capaces de traer novedades a nuestra existencia, al igual que un niño concibe su vida no como una rutina sino como un juego en el que más que observar y quedarse al margen: participa, experimenta, expresa y toma cada ahora y lo disfruta, como si de la mayor de las sorpresas y bendiciones se tratara. Es como si los niños fueran capaces de vivirlo todo como si de un pequeño milagro se tratara, y, en eso, los duendes van a ser nuestros maestros. A veces, es como si los niños se embelesaran con aquello que consigue llamar su atención. Ese estado de embelesamiento es propio de un ser despierto que agradece de forma natural y que entra totalmente en contacto con el objeto de su atención. Esto le permite reconocer aspectos que a otros les pasan inadvertidos y ésa es una valiosa virtud en la que los duendes pueden convertirnos en doctos. 

 Imagen registrada*
Los duendes se acercan a los corazones honestos y puede también atraérselos dejandoles pequeñas ofrendas en un lugar habilitado para ellos en el hogar, por ejemplo, en un pequeña casita que les colocaremos para ellos o, si no, en algo tan simple como un objeto a modo de recipiente: un vasito, tinaja pequeña, bandeja, platito. Allí depositaremos pequeños manjares (que iremos cambiando) como semillas, frutitas, galletitas y dulces caseros. Les encanta que preparemos bizcochos o tortas caseras y que depositemos unos trocitos para ellos en su espacio reservado el cual es aconsejable tener junto a flores,  plantas y minerales ya que los duendes aman la naturaleza. Los duendes también valoran que guardemos el secreto de las pequeñas y sorprendentes muestras que nos irán dando de su presencia en nuestras vidas.  

Autora texto e ilustraciones: María Jesús Verdú Sacases
Texto inscrito en el Registro de la Propiedad Intelectual
Técnica ilustraciones: Pastel blando     

domingo, 15 de marzo de 2015

La preocupación según las hadas y los duendes

Las hadas y los duendes nos invitan a disfrutar de esa energía traviesa y simpática que cambia nuestras circunstancias y nos empuja a vivir la vida como niños, anclados en el momento, prestándole toda nuestra atención para recrearnos en el ahora, dejarle ser y aprovechar su enseñanza para conocernos mejor.

Las hadas y los duendes nos regalan instantes de felicidad, conciliándonos con nuestro diálogo interior, aprendiendo a ser nosotros mismos, a emponderarnos, a ser responsables de nuestra existencia y a afrontar las circunstancias, a desafiar a nuestros miedos, lo que no nos gusta. 

Preocuparnos sólo sirve para llevarnos a un futuro inexistente y alimentar nuestros miedos, si la preocupación parte del pasado, preocuparse otorga fuerza a un pasado que tampoco existe. En ambos casos, vivimos un escenario inexistente, una función sin fin donde el ego cobra protagonismo, nos manipula y nos aleja de lo que verdaderamente somos. No somos el miedo, no somos la preocupación. Las hadas y los duendes nos enseñan a tomarmos la vida como un juego, como una función  donde venimos a experimentar y a sentir y donde tenemos el rol de director y, por tanto, tenemos el poder de cambiar el guión.

Imagen registrada*
 

La energía revoltosa de las hadas y los duendes nos coloca en situaciones que pueden llegar a resultar incluso divertidas, si aprendemos a observarlas desde fuera, desde una posición neutral o imparcial. Esto nos enseña que no existen los extremos o las posiciones rígidas, que todo es relativo, que varía en función de las circunstancias y nuestro modo de ver las cosas. Son situaciones en las que fluimos sin conocer el final, pero en realidad éste no nos importa, sólo el paso que vivimos ahora y que nos lleva al siguiente, al futuro que estamos creando en este instante, ése que nos acaricia el alma y en el que sentimos la magia de nuestra hada o duende interior.  

Preocuparse es una forma de perder el tiempo, de hacer suposiciones. En lugar de eso, acláralo. Tómate el tiempo necesario para aclarar tu mente, tranquilizarte y sorber el ahora de un trago, pero saboreándolo sin prisa. El ahora es ese amigo invisible que viene a tu vida para quedarse para siempre, formar parte de ti, si te enfocas en él y le ofreces tu amistad o atención.  

Las preocupaciones alejan el ahora de ti.

Autora texto e imagen: María Jesús Verdú Sacases
Texto e imagen inscritos en el Registro de la Propiedad Intelectual
Técnica imagen: lápices acuarelables y pastel blando

jueves, 12 de febrero de 2015

La energía de los duendes


La energía de los duendes es una energía simpática y traviesa pero que se siempre se esconde tras un buen corazón. Indepedientemente de cuál sea nuestra edad, con los duendes trabajamos la energía inherente a las edades más tempranas de un niño: la perplejidad, el asombro, la capacidad de maravilla, los fines inesperados, los sucesos nuevos y mágicos, la improvisación, la diversión, la ilusión, el juego, la experimentación. 

Imagen registrada*

Con la energía de los duendes aflora a nuestro mundo lo fácil, lo espontaneo, lo natural, la risa, la sorpresa y la aceptación o adaptación al instante, siempre que éste último no interfiera en el propósito del alma. Es como si los duendes nos conectaran con nuestro mago interior, ése malabarista que se oculta en nosotros y que nos enseña a lidiar con el ahora en sintonía con el ser, en coherencia con lo que hemos venido a hacer en esta existencia y, por supuesto, a conservar un as en la manga. Por lo tanto, los duendes van a enseñarnos a reflejarnos en nuestro espejo para clarificar lo que somos y descartar lo que no somos y, de este modo, encontrarnos a nosotros mismos y conocernos mejor, ser conscientes de nuestros límites para aprender a restarles importancia y, en cambio, identificar nuestro potencial para enfocarnos en él, desarrrollarlo, llevar a cabo nuestra misión y dejar de estar perdidos, aparentar lo que no somos. 

La energía de los duendes también está conectada con el agradecimiento ya que un niño es capaz de contemplarlo todo con una mirada fresca, libre de juicio o expectativa y, por tanto, con esta visión  renovada y pura valora, reconoce todo lo que se muestra ante sí como un regalo. Por tanto, no duda en tomarlo y distrutar de él. Los niños disfrutan de cada momento porque ellos se aman a si mismos y, por tanto, aman todo cuanto les rodea y en base a ese amor, a pesar de su corta existencia, saben por instinto que tienen el derecho natural a disfrutar de cuanto les ofrece la vida. Incluso lo más sencillo o simple, ellos pueden mirarlo con admiración o asombro, algo que no hacemos los adultos pues hemos perdido esa capacidad de sorprendernos o maravillarnos que si recuperáramos, nos convertiría en cada instante en personas nuevas,  frescas, libres, diferentes, sin condicionamientos, en total armonía con el ser. Además, los niños siempre están llenos de energía, se despiertan felices y activados, por tanto, los duendes en respuesta a esa misma energía (que yace dormida en los adultos pero que los duendes saben reconocer en nosotros) van a traernos cambios rápidos y sorpresas continuadas a nuestra vida (para despertar al niño que somos). Los duendes van a ser capaces de traer novedades a nuestra existencia, al igual que un niño concibe su vida no como una rutina sino como un juego en el que más que observar y quedarse al margen: participa, experimenta, expresa y toma cada ahora y lo disfruta, como si de la mayor de las sorpresas y bendiciones se tratara. Es como si los niños fueran capaces de vivirlo todo como si de un pequeño milagro se tratara, y, en eso, los duendes van a ser nuestros maestros. A veces, es como si los niños se embelesaran con aquello que consigue llamar su atención. Ese estado de embelesamiento es propio de un ser despierto que agradece de forma natural y que entra totalmente en contacto con el objeto de su atención. Esto le permite reconocer aspectos que a otros les pasan inadvertidos y ésa es una valiosa virtud en la que los duendes pueden convertirnos en doctos. 

 Imagen registrada*

Los duendes se acercan a los corazones honestos y puede también atraérselos dejandoles pequeñas ofrendas en un lugar habilitado para ellos en el hogar, por ejemplo, en un pequeña casita que les colocaremos para ellos o, si no, en algo tan simple como un objeto a modo de recipiente: un vasito, tinaja pequeña, bandeja, platito. Allí depositaremos pequeños manjares (que iremos cambiando) como semillas, frutitas, galletitas y dulces caseros. Les encanta que preparemos bizcochos o tortas caseras y que depositemos unos trocitos para ellos en su espacio reservado el cual es aconsejable tener junto a flores,  plantas y minerales ya que los duendes aman la naturaleza. Los duendes también valoran que guardemos el secreto de las pequeñas y sorprendentes muestras que nos irán dando de su presencia en nuestras vidas.  

Autora texto e ilustraciones: María Jesús Verdú Sacases
Texto inscrito en el Registro de la Propiedad Intelectual
Técnica ilustraciones: Pastel blando