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11.4.11

Más paréntesis

La Chica Mariposa llega a Madrid autoamenazándose: "Según tu planning, tendrías que matarme". Una gran estrategia; si algo funciona dentro de la psicología es sin duda la psicología inversa. Panico, sigo metiendo retrasos en mi regla de tres cursos/días, me encuentro mal, me peleo con gente que considera que tiene derecho a interferir sobre mi malestar estando en uno de los círculos más lejanos a lo que yo entiendo por centro, me paseo con el portátil, saco las mandíbulas como un depredador, me disperso, no entiendo nada, hago amagos inútiles de encerrarme.
Pero, también, soy capaz de pasear por Somosaguas, de comentar objetos de estudio, de hablar de estrategias de tesitadas a las que las exigencias les vienen por cualquier sitio menos desde la tesis, de enfadarme más con los seleccionadores de personal que conmigo, de llevar tirantes, de vestir de rosa, de terracear, de dormir ocho horas, de sentarme en un parque, de cantar a Nacho por la calle, de reírme con ganas, de hablar con gente sin volverlo drama, de tener dramas, de quejarme por la vía convocada, de ir contra mis principios porque estoy cansada para tener principios, de rechazar dos trabajos porque cuando digo no, es no; de conciliar a Mi Media Infancia con el grupo del máster, de estropear tres comidas y que en realidad me importe poco o nada, de quedarme grogui y echar microsiestas, de escabullirme, de no escabullirme, de regalarme un día libre y resignificar un "no he hecho nada".
Y, las cosas como son; hoy estoy mucho más productiva. Los fines de semana, las vacaciones, no son regalos. Son exigencias del sistema para que podamos producir en el período productivo. Así que disfrútenlos ustedes también, pequeños work-a-holics. Por el bien de su carrera, como mínimo.

19.9.10

Ocio activo

Ayer me llegó un mail de lo más preocupante de la Chica Mariposa. Al llamarla por teléfono, resultó ser simplemente un ataque de procrastinismo agudo. "Tengo tantas cosas que hacer que no puedo parar de pensar en salir a emborracharme". Pues sí, exactamente.

Este verano me he vuelto una chica sana. No tanto como la Chica de las Sonrisas, pero Bridget Jones, con su contabilidad de unidades diarias de alcohol, estaría más que orgullosa de mí. El otro día el Rey del Laboratorio y yo cerramos la noche con un vaso de leche para acompañar las magdalenas. Quién nos ha visto y quién nos ve.

Así que lo de emborracharme, no es que no me apetezca, pero no se me ocurre. Sin embargo, mientras mi Compi Rubia encuentra un trabajo para ser pluriempleada y aparece en la tele demostrando "a toda España" que es maravillosa y estupenda y que ha montado un negocio del que todo el mundo debería ser fan, la Chica Mariposa y yo nos dedicamos a reencontrar amigos perdidos por el mundo, mirar al infinito, charlotear por teléfono, y meternos de lleno en "mundos persistentes", es decir, ver pasar las horas mientras esperas para recoger los arándanos o intentas que tu Sim tenga una carrera profesional (es lo que tienen los Sims. Si eres buena, vas a trabajar, te lees un par de libros y conoces a media docena de personas, llegas al culmen de la carrera política y te construyes un casoplón con lago, piscina y terrazas. No sé cómo esperan que salga al mundo real pudiendo vivir en ese).

Mi psicólogo me dijo la semana pasada que buscase algo de ocio activo. Que los videojuegos eran estupendos para desconectar y que leer era muy gratificante, pero que necesitaba algo que me hiciera estar en este mundo. Ante mi perplejidad, se dispuso a mostrar ejemplos. Pero creo que él tampoco estaba demasiado convencido de lo que decía, porque recurrió nada menos que a la filatelia (apuntar en cosas para tirar: mi álbum de sellos) y a esa gente que se compra una casa en el campo y la reforma. Sí, ese segundo ejemplo me parece súper apetecible. Sólo necesito 200.000 euros, que, total, es nada. En fin.

En realidad él se refería a que escribiese. Que suena fácil, pero no lo es. Le dije que llevo años sin escribir. Que no me sale. Que nunca lo he hecho por hobby, sino por necesidad, y que ahora, es como si no la tuviera. Que es raro y que lo extraño, pero que no sé cómo hacerlo. Ayer el Rey del Laboratorio me decía lo mismo, pero es que escribir sin ideas me parece tremendamente ridículo.

Cuando me paro a pensarlo, claro que he escrito. Este año he escrito cientos de páginas. Este curso estoy intentando no abandonar el blog, y de momento lo cumplo. Incluso tengo un amago de diario terapéutico. Escribo, pero otras cosas. Y me gusta, y lo disfruto.

El problema, ahora, es que lo que vaya a escribir es importante. Y a mí las cosas importantes me dan un pánico atroz, por lo general. Y no debería ser tan difícil, pero de pronto el diccionario se me hace cuesta arriba y no me apetece leer. O me digo a mí misma que no me apetece leer. Porque en el fondo me apetece muchísimo, y sólo es vértigo. Así que me como el vértigo viviendo a través del enésimo avatar pelirrojo, ganduleando frente al Reader, y, qué narices, buscando piso. Que no lo parece, pero es activo. Pero reniego, claro. Tomar decisiones está bien pero da miedo.

Tengo unas tentaciones tremendas de volver al punto de cruz como coraza frente al mundo real. Mi disfraz de maruja es de lo más práctico que hay contra el mundo real y el eterno problema de las expectativas. Y procrastino, claro que sí. Porque mira que si sale todo bien y tengo que tomarme a mí misma en serio. Uf.

Estar en el mundo como objetivo, vale. Pero, por favor, a medio-largo plazo.