Mostrando entradas con la etiqueta limpieza. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta limpieza. Mostrar todas las entradas

22.12.10

Higiene mental

Dentro de mi rediseño vital, entre otras cosas, se incluye el hacer algo que me apetezca todos los días. Lo que tiene de grandioso esa regla es que "no pensar en qué narices me apetece y perder el tiempo de forma miserable" puede contar como cosa que me apetece, así que es bastante fácil de cumplir, y tremendamente gratificante. Y que me ha enseñado a mirar las cosas que apunto en mi agenda como "tareas" (así las llama el móvil) de otra forma. "No quiero seguir posponiendo esto". "Quiero que esto esté bien". Terapia cognitivo-conductual, creo que es, pero me pasa con la psicología como con la sociología: que aprendo por ósmosis y soy muy poco rigurosa con los conceptos.

El caso es que para tener tiempo para las cosas que uno quiere hacer, las cosas que realmente hacen que pienses "pues qué bien", hay que eliminar viejas rutinas y, repitiéndome, las limpiezas son tristes, en general.

Hoy he descubierto, de forma completamente casual, que no soy la única que hace limpiezas. Y me ha resultado tremendamente liberador. Aprender a disfrutar de ser prescindible. Bonita cosa que hacer hoy.

2.9.10

Autonirianálisis

Desde que me he vuelto psicoanalítica (y aunque me avergüence reconocerlo, la relectura de este libro tiene mucho que ver), me ha dado por prestar atención a lo que sueño. Como suele ocurrir (ya saben que Murphy no descansa nunca), he empezado a olvidar las cosas que sueño inmediatamente, cosa que en mí siempre ha sido rara. A pesar de mi chute de citas sobre el mundo onírico made in Benjamin, me falta conocimiento psicológico para decir con una cierta autoridad que estoy intentando explicarle a mi inconsciente que en el despertar debe hacer el puñetero favor de ponerse de acuerdo con el consciente para encontrar un punto medio revelador, pero bueno, por ahí van los tiros.

El caso es que hoy he amanecido a las mil, por primera vez desde que me fui de vacaciones, a pesar de haber estado desde que sonó el despertador (que yo recordaba haber apagado) reproduciendo y continuando una pesadilla de lo más extraña, que incluye la incorporación de miedos ajenos, la preocupante constatación de que mi subconsciente no sabe que he tenido una prima hace un año y medio y la confunde con otros miembros de mi familia, y todo un artefacto simbólico en torno a la etiqueta femenina en las bodas, donde los sombreros y tocados de colores brillantes eran las muestras palpables de estar rodeada de demonios, y donde las señoras mayores usaban guantes verdes tranquilamente (enorme vulgaridad, como nos recuerda  la genealogía del programa de la Lomana).

En medio de este caos y este ambiente hostil, la Chica India, con toda su firmeza característica, me obligaba a buscar colillas por el camino a nosémuybiendónde, sólo para que yo descubriera que estaban mojadas, me daban asco, y en realidad prefería dejar de fumar.

Entre las conclusiones, la sensación de estar acertando el camino. Es curioso poder reinterpretar una pesadilla a la luz del día y contactar con los sentimientos que una se niega. Después de ene sesiones de terapia, un mes y medio de vacaciones me ha colocado en el lugar donde se suponía que tenía que estar. Un lugar desde donde tengo perspectiva suficiente para valorar las malas influencias en todo su potencial dañino, elegir mis propios referentes, tomar mis propias decisiones y, en la medida de lo necesario, alejarme de ciertas zonas peligrosas para colocarme allí donde las vistas son mejores y se puede reconstruir un sistema de valores que sirva para una vida agradable que no tiene que ser ni compleja, ni dolorosa.

Keep going.

3.8.10

"Que seas más lista no implica que tengas razón"

No sé si hay algo más peligroso que una persona que cree que es incapaz de equivocarse (Corolario personal al inmejorable comentario de Anatole France: "El estúpido es peor que el malo, porque el malo descansa de vez en cuando pero el estúpido jamás"). Y en su convicción inamovible, suelta sus visiones del mundo totalmente ajeno a los comentarios-bomba, a los etiquetajes perversos, a las consecuencias imprevistas de la acción, al daño gratuito. Gente que en lugar de hablar, sentencia, y de paso, condena.

[Edición. Párrafos recordados]

He hablado hasta la saciedad del "síndrome de Gran Hermano". De esos personajes detestables que se sientan frente a una cámara y, henchidos de orgullo, le comunican a "toda España" que ellos son como son y que nadie va a cambiarlos, en una malísima interpretación de la ética de la autenticidad que Taylor analiza sólo por encima pero que da mucho juego.

Empeñarse en ser auténtico cuando la sociedad se basa en limar asperezas debería ser motivo suficiente para condenar a alguien al ostracismo. Y cuando escucho frases como "a estas alturas yo no pienso cambiar" o "esto es lo que hay, y a quien no le guste que no mire / que se joda", me dan unos tremendos escalofríos pensando que tengo frente a mí a una persona que no se merece ni el más mínimo de mis esfuerzos cívicos.

25.11.09

De limpieza

He descubierto un truco estupendo.
Yo, de siempre, soy niña de no tirar nada. En mi casa todavía hay un cierto cachondeo cuando después de donar unos juguetes en Navidad me pasé meses llorando por un hipopótamo es-pan-to-so que había ido a parar a la bolsa (de hecho, el año pasado me regalaron uno mucho más bonito y se llama Trauma).
Pues se acabó.
Estamos en plena fase de mudança (quieroquieroquiero aprender portugués). Porque no es sólo cambios de piso, son cambios vitales. Y todo duele tanto, que es mucho más fácil tirar.
Coges la maldita camiseta que llevas guardando desde el año 90 y no te has puesto jamás y piensas: "¿me duele más deshacerme de ella o que este sea el fin de mi vida tal y como la conocía?". La respuesta es obvia, y ya llevo dos bolsas gigantes que espero que se multipliquen por veinte de aquí a enero.
Y es que, puestas en perspectiva, las cosas cambian una barbaridad.