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viernes, 18 de septiembre de 2009

Tiempo / 3




Notas para un poemario con imágenes

1. Sí, ya no puedo escapar de la imagen. En realidad, me di cuenta de que llevaba años engañándome al hacerlo (escapar). La poesía es para mí imágenes en ambos sentidos, imágenes verbales en el sentido romántico, e imágenes pixeladas en el sentido contemporáneo. ¿Por qué? Por esto, escrito en 1818: "La poesía también es puramente humana, ya que todos sus materiales proceden de la mente y todos sus productos están dirigidos a la mente"; S. T. Colerigde, Sobre la poesía o el arte (Ellago, Castellón, 2002, p. 68). Cuando de la mente vienen elementos verbales, sonoros, y elementos visuales, y el autor -estoy hablando para mí, sólo en lo que a mí respecta- deja fuera una de las dos cosas, el resultado no es poesía, es castración. La operación mental en que la poesía consiste debería nutrirse de las dos cosas, si ambas han venido al poeta soldadas y de forma natural e indistinguible.

*

Nuestra imagen del tiempo hoy es casi más visual que sonora. Los ritmos que estratifican nuestro cerebro no son ya, como en el XIX, los de los días y las noches, los del canto matutino del gallo, el rumor de los ríos o de las hojas de árboles estacionales. El estruendo del tráfico no nos permite oír ya las campanas de las iglesias ni los gritos de los muecines. Los nuestros son los ritmos de la ciudad en movimiento, los de las imágenes en la televisión, los de los semáforos, los de los anuncios interrumpiendo las películas cada 11 minutos. Esos son nuestros ritmos, salvo para quienes vivan en aldeas o zonas rurales. Esos ritmos constituyen nuestro tiempo y por tanto la imagen poética nace contaminada de la otra -sigo hablando para mí, intento explicarme, no generalizo-. En realidad son indistinguibles. Ojo a esto: “Prosa es toda representación de conceptos; poesía, en cambio, es imagen pura, acecho de la palabra desde la zona de nuestra mente no contaminada aún de verbalidad” [Eugenio Montejo, El cuaderno de Blas Coll; Pre-Textos, 2007, p. 44]. No sé si Montejo se quedó corto, voy más allá, creo que nacen ambas -al menos en mi caso, el único del que estoy hablando- contaminadas una de la otra, o nosotros contaminados de ambas a la la vez, originalmente.

*

La parcial insuficiencia de la palabra (y de la imagen) para reproducir cuanto transcurre en la mente de un poeta no es algo nuevo; en realidad lleva tiempo latiendo tras el imaginario creativo occidental y oriental. “Algunas propuestas artísticas de la modernidad supusieron ya una llamada de atención sobre las carencias, limitaciones y posibilidades del lenguaje verbal, que se muestra incapaz de garantizar la certeza y la validez de las imágenes y los significados transmitidos” [Alfredo Saldaña, No todo es superficie. Poesía española y posmodernidad; Universidad de Valladolid, Servicio de Publicaciones, Valladolid, 2009, p. 105]. Y podríamos retrotraernos al qué corto es el decir dantesco, con su vasta tradición posterior. No hará falta. Sólo intento decir que me siento próximo a muchos poetas y narradores, de diversas épocas, que incluyeron imágenes en sus textos o junto a sus textos, por unos motivos u otros: los poetas japoneses y chinos clásicos, los caligramistas barrocos y renacentistas, Lawrence Sterne, Kafka, Apollinaire, Mallarmé, Joyce, los vanguardistas latinoamericanos, Juan Eduardo Cirlot, Louis Zukofsky, los narradores posmodernistas estadounidenses, alguno de sus sucesores como Dave Eggers, Mark Danielevski, J. Safran Foer o Douglas Coupland, los poetas visuales, y otros nombres como Christophe Hanna, Mario Bellatin, W. G. Sebald, César Aira, Carlos Labbé, Dan Graham, José-Miguel Ullán, Javier Fernández, Agustín Fernández Mallo y un largo etcétera. Aclaro y añado que entiendo también por "imagen" la disposición visual significativa de los versos, lo que llamaba Manuel Álvarez Ortega en Intratexto "el código ideográfico de las tensiones de un poeta". Esa imagen que se construye con la palabra, sintetizando a la perfección las dos necesidades del poeta para reconstruir la experiencia que vislumbra en su mente. No hablo de caligramas, que sería imitar con la escritura la forma del objeto descrito, sino de una sintaxis visual del poema o del texto que exprese su sincopación, su fractura, su solidez o debilidad, su ritmo exento, su fragmentariariedad, su oclusión, su derramamiento o concentración extremos.

*

“por suprematismo entiendo la supremacía de la sensibilidad pura en las artes figurativas (...) ya no hay «imágenes de la realidad», ya no hay representaciones ideales; ¡no queda más que un desierto! Pero ese desierto está lleno del espíritu de la sensibilidad no-objetiva, que todo lo penetra”, Malévich, Manifiesto del suprematismo, 1915.

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No se trata de volver ahora al debate que plantease Slovsky, quien contradecía en El arte como mecanismo (1916) tesis anteriores de Belinski y Potebnia, para quienes “el arte es el pensamiento en imágenes[1] (una idea que está reformulando ahora José Luis Molinuevo desde diversos frentes[2]). Slovsky atacaba el simbolismo y apelaba a que el propósito de la poesía no es la economía verbal. Hum, mucho habría que hablar al respecto. La economía de Celan o Valente es decir lo mínimo significante para decir lo absoluto; la economía de Neruda o Whitman -no menos valiosa- para buscar el mismo fin era justo la contraria. Beckett se explicaba mediante una economía del no decir. Pero no quiero salirme del tema; en cuestiones de palabra e imagen, lo que me interesan son las intersecciones, porque las secciones también caminan siempre próximas a la castración. Toda separación tajante implica un tajo, y a mí me interesan los atajos. Al unir imagen y palabra, al hacer visión sonora o pensamiento en imágenes lo único que me propongo es dejar brotar mi deseo tal y como se manifiesta en mi interior. Es un intento de eliminar la represión. De no censurar ni castrar mi proceso creativo.

*

El tiempo no puede construirse -sigo cercando mis ideas, no generalizo para los demás-, o no puedo construirlo, sin esa referencia a lo visual. También lo sentía así Marcel Broodthaers, para quien “un segundo de eternidad tiene un doble sentido. En primer lugar representa el tiempo cinematográfico. Pero también representa el sentido y el sinsentido del choque entre dos lenguajes: el de las palabras y el del cine. O, todavía mejor, el de la relación entre la imagen estática y la imagen movimiento[3]. Frente a la antigua idea de Machado -valiosísima para su época- de la poesía como palabra en el tiempo, la tensión entre la imagen como "ojo de la historia" de Didi-Huberman (Imágenes pese a todo; Paidós, 2004) y la imagen-movimiento de Broodthaers me parece lo constitutivamente poético actual. Es una imagen dialéctica, diacrónica, dialogante. En otro libro, Didi-Huberman explica genialmente el montaje a partir de la idea de dis-poner, de poner de otra forma, de desordenar las imágenes de forma significativa para que puedan ser mejor entendidas [Cuando las imágenes toman posición; Antonio Machado Libros, Madrid, 2008, pp. 104ss]. ¿Y si pensáramos en la poesía como el modo de ordenar / desordenar las imágenes -visuales y verbales- del pensamiento interior y/o del inconsciente? En este sentido, ya no estaríamos ante un acto que refleje el aparecer del acto creador (en la línea de Heidegger, Valente, Gadamer, Hugo Mújica y cierto Derrida[4]), sino algo quizá tan o más interesante: la poesía como un acto de acontecer, como el lugar donde el discurso no sólo toma cuerpo y tiempo sino donde se convierte en una reflexión sobre su modo temporal de aparición y sobre su condición de relato en marcha.

*

Cortázar decía que su pensamiento era para él como una película. No elaboraba abstracciones, sólo veía un filme.

Mi poesía es el intento de reconstruir las imágenes, reproducir las palabras y repetir el metraje de esa película inconsciente que veo cuando estoy creando, en un des/orden que el lector pueda comprender.

Una operación de montaje.

Por ese motivo, Tiempo ni es un libro de poemas, ni es un poema único. Es otra cosa. El hilo de un pensamiento captado en el momento en que acontece.

Esta poesía ya no se lee, se visualiza.

Como una película.

*

Bueno, Tiempo (Pre-Textos) es un poco todo eso, y algunas cosas más. Y es barato, mírenlo por ese lado.


.


Notas
[1] David W. Fokkema y Elrud Ibsch, Teorías de la literatura del siglo XX; Cátedra, Madrid, 1981, p. 33.

[2] “El romanticismo acude a otras formas de expresarse bien distintas a las del pensamiento reflexivo que se estrella con la contradicción. Pero sin renunciar al pensamiento. Muy al contrario, lo que busca es un pensamiento en imágenes. El romanticismo es eminentemente visual y por ello caracteriza nuestra época de rasgos tecnorrománticos.”; José Luis Molinuevo, Magnífica miseria. Dialéctica del Romanticismo; CENDEAC, Murcia, 2009, p. 18. Slovsky, en cambio, reniega de esa asociación necesaria entre poesía e imagen, y ataca a la tradición crítica del simbolismo.

[3] Marcel Broodthaers, sobre su película Un segundo de eternidad (1971); citado en José Luis Brea, La Era Postmedia (2002); edición digital, accesible en http://www.laerapostmedia.net/, p. 10.

[4] “Desde luego, esta inscripción siempre puede ser una figura o una forma (Bild) del propio poema que se produce al decir, en cierto modo de manera autodeíctica y performativa, su firma o su secreto sellado”; Jacques Derrida, Carneros. El diálogo ininterrumpido: entre dos infinitos, el poema; Amorrortu, Buenos Aires, 2009, p. 57. Más adelante (p. 70) apela el pensador francés a la posibilidad de anudar el radical anonadamiento de la realidad fenoménica (según la visión husserliana de la epojé) a la aparición del poema. Traduciendo a román paladino el difícil discurso del francés, a su juicio, en la experiencia de la (buena) poesía, el mundo desaparece para que aparezca el poema.

lunes, 13 de julio de 2009

Firma invitada: Ramón Román Alcalá

El pasado sábado se publicaron en Cuadernos del Sur estas páginas del filósofo y especialista en Filosofía antigua y Estética Ramón Román Alcalá, que llamaron mi atención por ser una persona tradicionalmente defensora de la imagen y el estudio de los media. En este argumentado artículo Román Alcalá defiende un concepto de imagen que va más allá de la superficialidad convencional con que es tratada, y que intenta ahondar en las relaciones entre lo que llama la educación logocéntrica con la peligrosa educación imagocéntrica. Creo que su lectura puede resultar de interés.


CONTRA LA IMAGEN POR LA IMAGEN MISMA
Me la juego: titular un artículo y decir “estoy contra la imagen”, parece hoy insensato y anacrónico (por no decir, arcaico, viejo, decrépito, caduco etc.). Soportaré también ante su lectura (espero que se lea y que no se vea sólo) sonrisas arrogantes o jactanciosas y comentarios impíamente desdeñosos antes de leerlo. Pero nadie duda que en esta era de la mirada, la imagen, destructora de la forma escrita como expresión global, goza de un poder de sugestión considerable y fascinante que ha rendido y humillado a la crítica del discurso, inane, estúpidamente callada frente a la revolución falaz y mentirosa de la apariencia. Me interesa el debate sobre la imagen, frente a su embestida fascinante e hipnotizadora, que ha impedido la reflexión ante un fenómeno global que ha enmudecido a la mayoría de los humanos ante su poder.

Bajo el signo de la imagen en las revistas, el cine, la televisión, la política o la Universidad, la imagen ha sustituido a la forma escrita como modo de expresión global con un poder de sugestión irresistible. Esto tiene unas consecuencias que son necesario resaltar: la era de la razón está siendo sustituida por la era del sueño, al albor de una nueva cultura en la que la imagen, superponiéndose absolutamente al discurso, ha terminado por reemplazarlo. La imagen que imitaba el mundo, que era copia y representaba al objeto, se ha convertido en sustancia en sí misma, determinando el contenido, imponiendo una visión que no hace referencia a nada, invirtiendo el esquema tradicional, convirtiendo lo imaginario en real. La imagen, así, tiene un poder nuevo que no se transfiere al mundo, sino que escapa mágicamente a nuestro juicio y control.

El espíritu espectador se ha instalado entre nosotros, fenómenos como youtube o el power point en la educación, terminan por anular, sin quererlo, el pensamiento. Se supone que son nuevas metodologías, de enseñanza, de relación con los contenidos, etc., pero es algo más y no nos hemos dado cuenta, se nos ha escapado: es la sustitución de un modelo en el que pensar o conectar conocimientos y contenidos era necesario y tenía interés, a un modelo en el que la fascinación por la imagen colapsa el pensamiento. Nos hace menos originales, más limitados ya que el espíritu crítico se pierde en la imagen, convertida en pura pasión inmovilista. La fascinación, en definitiva, no es más que una extraña parálisis de actividad. Esto desde mi punto de vista es bastante negativo, pero advierto que este juicio me condenará al mundo “antiquii” de la cultura dialogada y crítica, sin analizar lo que digo. Por favor, sigan leyendo.

Por ejemplo, es sorprendente como el mundo de la educación se ha rendido al efecto PowerPoint, desde hace tiempo vengo advirtiendo que la educación “logocéntrica”, ha sido sustituida por otra “imagocéntrica”, llevándonos hacia el silencio, hacia un mundo en el que la sola palabra pronunciada es de un mundo muerto, inaudito, innecesario e inaudible. Nos han convencido de la necesidad de introducir nuevas tecnologías relacionadas con la imagen para transmitir “el nuevo conocimiento”, y no nos hemos dado cuenta que cuando se dice “una imagen vale más que mil palabras” hay que entenderlo literalmente, y esto no significa que sea positivo.

El triunfo, extensión, uso y abuso del Powerpoint amenaza el espíritu crítico porque es pre-lógico. Edward Tufte profesor de la Universidad de Yale de “Estadística, Diseño de la Información y Política económica” (es decir, que no es de letras) escribió hace tiempo un artículo en la revista Wired (la revista más interesante sobre el análisis de la tecnología), titulado “PowerPoint es el diablo” en el que criticaba la presentaciones típicas que ponen el formato por encima del contenido, facilitando la apariencia de interés para algo que puede estar perfectamente hueco. El argumento que utilizaba demostraba que una clase dada con transparencias con usualmente unas 40 palabras por cada una de ellas, y con 18 segundos de lectura, nunca completaba un razonamiento. Ello implicaba que los alumnos tenían dificultades en apreciar el contexto y valorar las relaciones entre unos aspectos y otros, separados entre sí por varias transparencias. Y afirmaba que una clase dada con este sistema de imagen y colorines aportaba a las mentes de los alumnos 100 veces menos de conexiones que otra en sentido tradicional y trivializaba los contenidos. Si el contenido no tiene interés y está mal estructurado animarlo o ponerlo en colores no lo va a arreglar. Si en la cultura, en las letras, los contenidos se han vuelto irrelevantes y hay poco interés hacia ellos, el PowerPoint está haciendo más daño que beneficio.

Dicho sesudamente (esto es un problema porque hay que pensarlo), la enunciación inmediata de lo real en la imagen, modifica la existencia imaginaria de los seres humanos. Me explico, la imagen siempre ha sido una representación de las cosas del mundo, pero al convertirse la imagen en una enunciación en sí misma, anula todas las miradas y representaciones del mundo, y ella se convierte en el mundo mismo (no existes y eres famoso para salir en televisión, sino que por salir en televisión existes y eres famoso). A través de la imagen como única forma de comunicación es el mundo mismo el que deviene, se convierte en imagen. Esto quiere decir, que las imágenes no son impresiones que el ser humano tiene a partir de lo exterior, y por lo tanto creadas y filtradas por él, sino que está habitado, abducido, secuestrado por imágenes que no son suyas. Somos más participados que participantes de la realidad, condenándonos a un mimetismo que anula lo personal. La política es un ejemplo significativo de este fenómeno, ¿qué significa que los políticos se han separado de los ciudadanos?, pues que unos y otros han sido mediados por la imagen, las campañas publicitarias, los mítines, los debates, la política misma se transfigura, se convierte en imagen, en sugestión. Me frustra lo que aparentemente me llena, y esa frustración es sobre todo alienación porque la imagen no dialoga, no escucha, no responde, es sutilmente autosuficiente en sí misma. Los políticos no son seres humanos, son imágenes de ellos mismos, son impersonales, objetivos y fascinantes. En la televisión no hay periodistas, no hay políticos, no hay intelectuales son imágenes, por eso no dialogan, no escuchan, no tienen opiniones razonables sobre diferentes problemas, son estereotipos, imágenes de sí, cautivos por saturación de ella, en ellos el discurso, el enunciado, lo que media, no se distingue del mediador, de la imagen que tiene que dar y da (el programa 59 segundos es un ejemplo contundente de esto, no hay debate múltiple y dialogado, hay posiciones sin matices -imágenes fijas- parecen pertenecer todos a partidos políticos con doctrina preestablecida). Aquí esta la inversión, el discurso está abierto a infinidad de matices, es palabra que va y viene escuchada por otro, filtrada y transformada, metamorfoseada en un nuevo pensamiento, la imagen, por el contrario, reabsorbe todos los sentidos, los anula es a-logos, aplana, no escucha, no oye, no ve, no crea. Solo muestra pasivamente lo mandado y obedecido que hay que transmitir.

Ahí está lo indecente de la imagen objetiva que fija el instante y deviene espectáculo, figura y figurantes mecánicamente incrustados sobre la película y repetidos ante la mirada. Aquí está también la extraordinaria fortuna de la imagen objetiva en movimiento, que es un reflejo mágico del mundo ya que transforma el juicio crítico en truco mediático visual, en el que el contenido es irrelevante. La indecencia, pues, está en la imagen y esta amenaza no ha sido desactivada por la educación, a nadie se le ha enseñado a leer las imágenes, a enjuiciar las imágenes, a cribar las imágenes. De la misma forma que enseñamos a distinguir el Romeo y Julieta de Shakespeare, del Mein Kampf de Hitler (libro muy difícil de encontrar, y en algunos sitios prohibido por su natural peligro), no hacemos lo mismo con la imagen (a la mayoría de los educadores o padres se nos escapan los videojuegos, lugar común de formación actual), la creemos neutral, la aceptamos sin darnos cuenta de la inmoralidad que algunas de ellas conlleva. Esta es una de las paradojas fascinantes de este mundo mecánico y consumista en el que estamos atrapados como engranajes bien engrasados.

¿Debemos pues de poner límites a la imagen? Un nuevo mecanismo tecnológico se ha instalado, pero todo mecanismo es un útil más complejo con un plan más profundo, y me da la impresión que en estos temas de la imagen, paradójicamente, andamos a ciegas. Y el logos que es el único que puede aportar cierta luz a los problemas, parece que se ha exiliado finalmente, expulsado por el prestigio de la imagen con una energía que, proveniente del mundo de las máquinas, se ha convertido en poder. Roger Munier en un libro escrito hace casi 50 años advertía de los peligros de la imagen, acababa el libro en 1960 con un párrafo terrorífico: el mundo real será sustituido por una imagen cada vez más perfecta técnicamente, y cada vez más difundida en los hogares con la televisión, en las escuelas, en las calles… a una humanidad pasiva y extasiada, que se conformará con este sustituto del mundo y sus diferencias.

Hay que integrar la imagen en una nueva forma del decir, hay que dominar a la imagen, no dejar que nos domine salvajemente como hasta ahora. La imagen debe ser transparente, debe reenviarnos al mundo, no debe ser un muro que nos impida crear e interactuar con el mundo; sólo es peligrosa en la medida en que como pura repetición, reproducción maquinal del mundo, anula el cambiante y rico mundo real. Si la imagen anula al mundo, nosotros quedamos mudos, incapaces de trascenderla se convierte en un símbolo cínico encerrado en sí mismo que nos reenvía a la inmediatez de su propia apariencia.

Sólo hay una forma de trascender la imagen y es integrarla en el discurso, en el decir, hacerla pensamiento también, hablar sobre ella, criticarla, no pensar que con su mera exposición todo está dicho (la mayor parte del cine -para adolescentes- sigue esta mentira visual, todo empieza y termina en la imagen y no hay discurso posterior, y por ahí se va a desarrollar el cine en tres dimensiones, con un objetivo económico –evitar la piratería- no cultural). Instaurar este nuevo lenguaje sin precedentes debe ser prioritario, para evitar que la imagen sea su propio fin. Si no lo conseguimos, y hasta ahora estamos perdiendo la partida, la imagen de ser un vehículo mediador y mecánico, se convertirá cada vez más en estructura significante en sí misma (ya lo es, algunas series televisivas modifican lo real), y su poder de alienación será magnífico y terriblemente eficaz. Hay que dignificar la imagen, sacarla de manos de mercaderes mezquinos y miserables que ven solo su valor en sí misma, y convertirla en algo más humano. Efectivamente, una imagen puede valer más que mil palabras, pero solo si consigue que a partir de ella se escriban esas mil palabras, si no la imagen no vale nada, la imagen no es más que imagen técnica, reproductiva, mecánica, inhumana al servicio de oscuros y bastardos intereses.
Ramón Román Alcalá
Profesor Titular de Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Córdoba, ha publicado los siguientes libros: Pirrón como culminación de la tradición escéptica griega (Servicio de Publicaciones, Universidad de Granada, 1993); El escepticismo antiguo: posibilidad del conocimiento y búsqueda de la felicidad (Servicio de Publicaciones, Universidad de Córdoba, 1994); Filosofía (Ed. Edebé, Barcelona, 1998); Averroes y la Córdoba de su tiempo (en colaboración, Servicio de Publicaciones, Universidad de Córdoba, 1998); Hermenéutica de la obra de arte, diez miradas virginales (Coordinador, Servicio de Publicaciones, Universidad de Córdoba, 2000); Lucrecio: reflexión filosófica contra superstición religiosa (Ed. UNED, y UCO, Córdoba, 2003); Semblanzas del escepticismo (Tecnos, Madrid, en prensa).

miércoles, 24 de enero de 2007

LA PALMERA -VIRTUAL- DEL FONDO DE LA MENTE


(Blog original y más completo en http://vicenteluismora.bitacoras.com)


Javier Moreno
Cortes publicitarios; Devenir, Madrid, 2006


Para mí es un especial placer que este poemario aparezca en el blog. Por dos motivos: primero, porque me parece una exploración estética muy a las (saludables) afueras de lo que actualmente se está haciendo en la poesía contemporánea. Segundo, porque su autor siempre ha sido, desde los comienzos de este blog, uno de los más interesantes y combativos comentaristas. Eso sí: no revelaré el seudónimo con el que intervenía (él puede hacerlo, si lo desea).

Si hay un género difícil es la poesía de corte filosófico, siempre en el delgado límite entre la pedantería y el error metodológico, puesto que el poema, en sí mismo, es una indagación intuitiva, al modo en que razonaban –tan fructífera y estéticamente, al mismo tiempo– los pensadores presocráticos griegos. Sin embargo, hay contadas excepciones, casi siempre argentinas (Hugo Mújica, Girri, Juarroz), en que se salva el método y éste funciona. Al corto numeral hay que sumar el nombre de Javier Moreno, formado en diversas ramas del conocimiento, autor de una curiosa novela que acaba de aparecer, Hermogeníada (Asociación Cultural a la Deriva, Murcia, 2006) y otros títulos, tanto en prosa como en verso. Moreno ha llevado a cabo en Cortes publicitarios, su segundo libro de poemas, una curiosa reelaboración de materiales filosóficos, pasándolos por tamices en apariencia ajenos pero que, tras su síntesis, nos revelan insospechadas correspondencias. Por ejemplo, del mismo modo que muchos pensadores actuales, de Gómez Pin a José Luis Molinuevo, recurren al mito platónico de la caverna para explicar nuestras coordenadas de audiovisualidad global, Moreno se remonta a Aristóteles para rescatar una de sus sentencias memorables: la de que no es posible pensar sin imagen (De Anima, 428a 1-4), aunque “el original dice fantasma”, como completa, oportunamente, el poeta[1] (1). El rescate –y el regate filológico en corto– nos ofrece, por sí mismo, un infinito campo de posibilidades para explicar el simulacro estructural de imágenes y constructos de “realidad” paralela que nos acompaña.

En la órbita de pensadores como Subirats, rozando a veces el discurso irónico / icónico de un Baudrillard, Moreno desmonta nuestro sistema social de referencias culturales desde los artefactos económicos, publicitarios, ideológicos y tecnológicos en los que se parapetan sus firmezas fantasmáticas. Su poesía utiliza para ello un sistema que va más allá de los rizos y rizomas posmodernos, indagando en los propios rudimentos de la imagen como canal significativo, ahondando en la semiosis y estableciendo el discurso –poético y social; el presentado y el negado– como parte de la misma semiosfera lotmaniana. Disculpen este enjambre conceptual, pero con él intentamos vertebrar una explicación plausible del planteado por Moreno, mucho más profundo y menos superficial de lo que a primera vista puede parecer.


Lugar de esta lírica extraña

En los últimos tiempos están apareciendo ya algunos libros que entran de lleno en lo que llamaría literatura pangeica. La mayoría son poemarios, aunque hay algunos en prosa (Cero absoluto, de Javier Fernández, la reciente Nocilla Dream, de Agustín Fernández Mallo -ambas aquí reseñadas-, la obra curiosísima y valiosa de Mercedes Cebrián). Esto es lógico porque los poetas van siempre por delante, en cuanto a la recepción de las novedades estéticas. Cortes publicitarios es un poemario audaz, lleno de hallazgos, que no aparecerá en los suplementos al uso porque me temo que algunos críticos no sabrían qué hacer con él, desde donde leerlo. Vamos a ver si nosotros somos capaces; puede ser interesante partir de uno de los poemas:


Himno a George Eastman

Todo empezó con
Daguerre o quizás aún antes
con Aristóteles metiendo su cabeza
en el
interior de una cámara oscura y aquella polémica
ocurrencia en su Acerca del
alma:
No es posible pensar sin imagen (el original dice fantasma)
Como
todo asunto de alquimia
fue necesario recurrir a Mercurio
(mediador
entre lo visible y lo invisible)
para positivar bigotes y vestidos de boda
en el fondo una fotografía es un espejo
que guarda un reflejo congelado
Su idea fue democratizar la imagen
sacarla de los santuarios y mostrar
que cualquier ser era digno
de ser fotografiado


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Mientras tanto el
celuloide
devino cadena de ceros y unos
y más ceros
quizás como
sugerencia
de que somos apenas
tangencias de la nada
Teuth enemigo
de Platón resultó
desbancado por Apolo quien
al igual que los flashes
nos hiere de lejos
Así la memoria
es sucesión de instantáneas
tomadas en museos, plazas y bares
junto a una inacabable
tarea de
montaje. El yo fructifica
desde entonces
a veinticuatro fotogramas por
segundo
-pongamos que el alma
sea inconsútil cruz de malta-
el resto
es morosa melancolía o por el contrario
cámara rápida de la épica
Tu
imagen ocupa exactamente 984 Kb
en este archivo. La calidad es excelente
y usando el zoom puedo aproximarme
a tu rostro
como cuando te besaba
dilatar el horizonte que dibujan tus párpados (ya
no se ve pero recuerdo
en tus labios una sonrisa)
hasta el negro abisal de la pupila
Y ahí
acaba todo
y empieza tu ausencia
desbordando píxels y pronombres

La imagen tiene un papel relevante no sólo en este poema, sino en todo el libro. Esto es algo consustancial a la literatura y a la cultura de Pangea, estructuralmente audiovisual. La parte sónica se confía, en lo literario, a la verbalidad de lo escrito, que sigue creando su música callada en nuestra mente; pero lo visual se incorpora de dos formas: la inclusión puntual de imágenes que desbordan el código ideográfico tradicional de la poesía (en este caso, la reproducción de un recuadro que a su vez reproduce una publicidad de la marca Kodak), en un juego de simulacros destinado a reproducir el efecto habitual de la iconosfera en nosotros. Moreno va más allá en su exploración intelectual, demonstrando que es un gran conocedor de los medios expresivos / represivos de la sociedad de la comunicación de masas:


Si quieres acabar con un símbolo
haz de él un millón de copias
Si quieres acabar con una palabra
repítela hasta convertirla en eslogan
Si quieres acabar con una idea
divúlgala a la hora de máxima audiencia
para que forme parte del menú de pizza
y alitas con salsa barbacoa


Para Moreno, la idea de “pensar sin imagen” es una hipótesis imposible, como expone en el interesante poema “Drácula (subtítulos)”, texto donde se opone a la teoría de Deleuze favorable a un pensamiento no visual. Como intentaremos demostrar en un texto que aparecerá este año, la mente contemporánea, sobre todo la de los nacidos con posterioridad a 1960, está formateada de tal modo por el aprendizaje audiovisual, que la posibilidad de “pensar” a base de mecanismos abstractos, sin imágenes por medio, es una simple utopía. Merece la pena recordar este párrafo, donde se explicita que ese formateo alcanza incluso a pensadores de generaciones muy anteriores a la nuestra:


No hay un solo dominio cultural que no haya sido transformado radicalmente por la progresiva implantación de sistemas tecnológicos. (…) Eugenio Trías confesaba también no hace mucho que el carácter cinematográfico de su estilo de escritura, corroborando que la mezcla de las artes ya ha alcanzado el propio ensayo filosófico.[2]
Por este motivo Moreno se alinea con la línea de teóricos que confían en las posibilidades de la imagen, aunque sea, como dice citando a Aristóteles en el poema antes transcrito, en su versión de phantasma. Es decir: lo importante no es, a juicio de Moreno, si la imagen que aparece en el pensamiento (me acuerdo ahora de aquel verso terminal de Wallace Stevens, “la palmera del fondo de la mente”) es verdadera; seguramente no lo sea, pero es el lugar del que partir. La elaboración epistemológica del pensar o del escribir, que radica en ella, sólo tiene que considerar la imposibilidad de su veridicción, en términos de Greimas: no podremos contrastarla pero, seguramente, eso ya no es necesario para que nuestro andamiaje se sostenga. Es una de las características de Pangea, como expongo en mi ensayo: la realidad pangeica es incomprobable; los medios de comunicación nos presentan una “imagen” que de ninguna manera podemos calificar como cierta o falsa, por no tener los medios tecnológicos necesarios para verificarla. Si interactuamos en un chat con varias personas, no tenemos forma alguna de asegurarnos de que su nombre es cierto, de cuál sea el nombre que puede haber detrás del nick o seudónimo elegido, por no decir la imposibilidad radical de contrastar si lo que dice sobre sí o sobre otros tiene algún viso de veracidad. Ni siquiera (y esto es lo que distinguiría Pangea de la Posmodernidad) es necesaria la verosimilitud, la apariencia de verdad, la presencia de datos “fiables”. Se ha dado un paso más: quien opera en chats no necesita la verdad ajena, porque no necesita la propia. El primero que se engaña a sí mismo es él; como demuestran todos los psicólogos que han hecho estudios con internautas, la posición del navegante que interactúa sentimental o afectivamente es la de un avatar, la de una máscara que oculta la mayoría de las partes rechazadas de su personalidad para crear otra, más atractiva a sus ojos, que desea que vean los otros, y ser reconocido por ella. Como decía el Zizek de Lacrimae rerum, es una proyección fantasiosa, fantasmática, donde volcar las ansiedades y dinamitar (virtual pero en parte satisfactoriamente) las represiones. Por eso son muy habituales los cambios de sexo en personalidades digitales. Es un modo rápido de cruzar una frontera aún difícil de salvar en la realidad cotidiana.

Si las personalidades son, siguiendo nuestro razonamiento, visuales, configuradas como avatares que permiten incluso elegir el “aspecto” virtual de un dibujo o figura que nos representa (en el correo de Yahoo esta opción es ya un hecho desde 2006), si nuestra identidad es, desde el DNI y hasta las fotos de nuestra web o blog, una imagen, ¿cómo no entender que el proceso de identificación está cambiando, que no tiene nada que ver con el moderno y cada vez menos con el posmoderno? El filósofo Eduardo Subirats ha entendido bien el papel de las nuevas tecnologías en la creación de identidad, algo también muy presente en la obra narrativa de Juan Francisco Ferré; para Subirats

Yo: ficción gramatical de una conciencia lingüística y mediáticamente programada. Yo = Otro: identidad impersonal electrónicamente construida como sujeto/objeto de la irrealidad de los medios. Nada permite la constitución de un sentido interior y exterior al flujo de imágenes que regula los ritmos muertos de su supervivencia.[3]

Moreno también lo ha entendido a la perfección: “pensar sin imagen es / renunciar al doble nuestro / de cada día / ése que monta en metro / y escucha sólo silencio / en la caracola del sueño / que trafaga y suda / buscando anagramas / de la palabra SENTIDO” (p. 50). Por eso, y en un giro magistral, termina el poema diciendo que pensar sin imagen nos procura una imagen vampírica, la de alguien que no puede verse en los espejos. Sin doble (digital, imaginístico, pangeico), ya no hay identidad. Somos dos: uno en la parte física de la existencia, otro en Pangea, cuando nos relacionamos a través de los medios de comunicación. Hasta en los últimos móviles aparece en pantalla la foto de quien nos llama, si cargamos su imagen en la tarjeta de memoria. Ojo a este refinamiento: el concepto pangeico de “memoria” es algo que sirve para cargar imágenes y vídeos. Unamos esa idea al argumento de la película La memoria de los muertos (Omar Naim, 2004), donde se nos presenta un futuro inmediato en que se puede recuperar la memoria de las personas muertas para hacer con ella montajes de su vida que los familiares ven en su funeral, como una película. ¿Ciencia ficción? En 2004 sí, pero en octubre de 2006 científicos de la universidad china de Tsinghua consiguieron desplazar objetos y llamar por teléfono utilizando la mente, previamente conectada con diodos al ordenador. En 2009 aparecerán los primeros modelos de robots capaces de tomar decisiones de forma libre, y el MIT de Massachussets lleva años trabajando en modelos de hologramas mentales de interacción. Esto no es futuro, sino presente; estos son los temas básicos que van a cambiar nuestro mundo en los próximos años, junto con la clonación y el estudio de las células madre, y me alegra infinitamente que haya poetas que se preocupen por estos temas, en vez de investigar sobre si la poesía es conocimiento o comunicación, o sobre el legado de Antonio Machado en nuestra lírica. Moreno está en otra cosa, dedica espléndidas odas a Tim Berners-Lee y el presente de Moreno (esto es, el contenido semántico de Cortes publicitarios), es la ciencia-ficción de muchos. En Pangea aludíamos al culto global a la velocidad, constituida como una nueva religión, donde la instantaneidad es la única posibilidad de salvación de los negocios, de la comunicación y de la tecnología. Escribe Moreno: “alcanza / la velocidad de las cosas / Mira la luz que intenta / darse a la fuga / y casi lo consigue / Huye tú también. Síguela / si puedes”. En otras palabras: mientras algunos PSC, Poetas Sobradamente Conocidos, publican ensayos sustentados en epistemologías del XIX, Moreno está recorriendo Pangea, observando la resolución en píxels de la palmera del fondo de la mente. Leyendo Cortes publicitarios puede asistirse a un cambio epistemológico en directo. El lenguaje poético en que toda esta construcción se vertebra, quizá en alguna ocasión demasiado prosaico, es menos importante que su sentido; la potencia semántica de Cortes publicitarios coloca a este poemario en un lugar extraño, central e inaugural dentro de nuestra poesía.



Notas
[1] Chantal Maillard, en su último dietario filosófico, escribe: “El caso es que desprendo al yo (…) del tema y cuelgo la imagen en la pared, formando galería con las demás (…) Una a una. Segrega. Se segregan. Vienen de la memoria, unas, otras se construyen al momento (phantasía, decían los griegos: representación; phantasmas: imágenes)”; Husos. Notas al margen; Pre-Textos, Valencia, 2006, p. 43.
[2] F. Broncano, “La filosofía y la tecnología: una buena relación”, en Fernando Broncano (ed.), Nuevas meditaciones sobre la técnica; Trotta, Madrid, 1995, p. 10.
[3] E. Subirats, La existencia sitiada; Fineo, México, 2006, p. 22.




Comentarios
Estoy completamente de acuerdo con tu apreciación sobre este libro que también he leído con un deleite y emoción especiales, con la sensación de estar ante algo realmente nuevo, una puerta abierta. una sensación parecida a la que me produjo el "Joan FOnataine" que conocí a través de este blog y por lo cual le estoy agradecido para siempre. En lo que no puedo estar de acuerdo es en la crítica que hace del "prosaísmo" del libro. A mí no me parece en absoluto prosaico, no al menos si tenemos en cuenta que su lirismo no radica en la subletividad lírco-emocional tradicional sino en el concepto de ironía romántico y en un tono distanciado que es el que provoca la emoción al comprobar las conexiones de los diferentes lenguajes, mitos e imágenes que van surgiendo y revelándose unos a otros en un plano diferente al de su habitual expectativa de recepción. En cualquier caso, gracias por el trabajo de realizar estas críticas que siempre nos tienen al día de lo verdaderamente interesante en la selva de las novedades literarias
axlrose — 22-01-2007 11:13:32

Digamos, por seguir con lo que te escribía en otro post, que éste si me ha abierto el apetito lector. Muy sugerente la apuesta. Trataré de acercarme a él. Pero quería hacer una salvedad ( y espero no desvirtuarte el sentido del post). Ante todas esas realidades nuevas, todos esos estímulos, ¿qué otras respuestas poéticas se están dando? Respuestas o preguntas, claro. Quiero decir, desde otros postulados y corrientes poéticas, ¿ se está siendo receptivos a esta nueva realidad? Es una pregunta de un lector que no puede, ni de lejos, abarcar todo el mapa literario actual. Gracias. Espero con esto no desviar la intencionalidad de tu post.
enlejaniadesoles — 23-01-2007 12:51:54

Gracias por tus palabras, Axl. Bienvenido.
vicente luis mora — 23-01-2007 16:27:33

(Para enlejaniadesoles): bueno, la recepción, como dejo caer en la reseña, es bastante alicorta y parcial. El mundo digital se incorpora más bien como decorado, no como objeto de reflexión. Quiero decir que si hace diez años un poeta español escribía:"tu carta me ha dejado congeladocomo un amanecer en Samarkanda"(Atención: se advierte a los consumidores que este es un ejemplo de ficción, rodado por especialistas en circuito cerrado)el mismo vate ahora escribiría:"tu e-mail, que me ha dejado congeladocomo un amanecer en Samarkanda"Pero sin entrar a reflexionar, en ningún momento, sobre la enorme diferencia entre una cosa y otra: no es lo mismo, no requiere el mismo tiempo ni tiene la misma carga de premeditación y voluntad de duración permanente escribir un mail que una carta. Es un mero ejemplo. Si lo que me preguntas es quiénes se están preocupando por lo segundo, es decir; quiénes han decidido reflexionar sobre este tema o, más bien, incluir de cuando en cuando elementos de reflexión sobre el papel de las nuevas tecnologías, de los nuevos medios de comunicación, de la nueva economía, de la nueva percepción de la realidad, de la nueva situación mundial tras el surgimiento del terrorismo global, y un largo etcétera, la respuesta es fácil. Casi nadie.Por eso creo que, cuando alguien se toma esa molestia de pensar para y por los demás, sobre hechos que nos afectan a todos, merece cierta atención. Ello no conllevará, de modo inmediato, hacer buena poesía, pero sí denotará varias cosas:1) Una cierta forma de compromiso civil. 2) Una concepción ética de la poesía, como indagación capaz de preguntarse, y de preguntarnos, sobre lo que (nos) pasa.3) Un acercamiento a la preocupaciones reales de la gente, y aun a su cotidianeidad y experiencia personal diaria. Es decir: no más realidad, sino más "efecto de" realidad, más preocupación por elaborar un realismo no ingenuo.4) Hacer lo que hicieron, en su momento, la mayoría de los grandes poetas, caracterizados siempre (por decirlo con palabras de Santayana) por la honda preocupación por los temas sociales, científicos y psicológicos que angustiaban a su tiempo -y a ellos con él-.No sé si respondo, esta tarde estoy algo espeso. Otro día sigo. Saludos.
vicente luis mora — 23-01-2007 19:27:21

Sin intentar, como propones, más allá de Samarkanda, una mirada de mayor calado, se ve difícil una cierta forma de compromiso civil, sabiendo que "sin doble (digital, imaginístico, pangeico), ya no hay identidad" que valga. Dónde, claro, se podría añadir. Y hasta "cuándo" nos preguntamos lo que pasa.Antes hablabas del discurso irónico-icónico de Baudrillard.En su mayor parte considero que dicha ironía surge de la utilización de sus ideas por artistas postconceptuales americanos de los años ochenta. No sé qué opinas, su pensamiento postmoderno siempre tiene algo de elegíaco. Incluso el situacionismo, escalofriante por la misma razón, no dejaría de ser un avistamiento de un topos nuevo (el que los escritores que suelen aparecer por este tu blog llevan ya tiempo empezando a glosar)."El resto es morosa melancolía o por el contrario/cámara rápida de la épica"Gracias por tu trabajo. Saludos.
Liquid Sky — 24-01-2007 09:51:41