Roe's Room (1998), de Lech Majewski, es sólo hasta cierto punto una película. También es plástica, o cuadro, tangencialmente. En realidad se presenta como una búsqueda a medio camino entre lo cinematográfico, lo plástico, lo musical y lo escenográfico. Las únicas palabras son las cantadas. No hay diálogos. La palabra es la gran ausente en un esfuerzo plástico volcado por completo en la capacidad de resonancia y expresión de la imagen. Es la de Majewski imagen en sentido puro, precisamente porque persigue la visualidad menos pura imaginable: una imagen barroca, contaminada, imposible, onírica, sobrecargada, sobrerrepresentada. Sólo la música recuerda a lo temporal -disculpen la aparición a trasmano de Lessing- en un arte preocupado por lo espacial, por la imagen esculpida, tarkovskiana, orientada a una inmanencia en sí misma, a una perduración. Telas de Zurbarán, gestos de David, enfoques de primitivos flamencos, miradas de Rembrandt. Majewski es pintor de formación, formado en la Academia de Varsovia, y también de devoción. En la habitación de Roe irrumpen a un tiempo la naturaleza telúrica y el manierismo de la Historia del Arte. No hay perdón para una contradicción así; tampoco disculpa para mantenerse al margen. Estéticamente es un divino fracaso, en el sentido de Cansinos-Asséns, y por tanto algo digno de verse, como el momento en que un gigante cae de rodillas.
viernes, 23 de marzo de 2012
Lech Majewski
Roe's Room (1998), de Lech Majewski, es sólo hasta cierto punto una película. También es plástica, o cuadro, tangencialmente. En realidad se presenta como una búsqueda a medio camino entre lo cinematográfico, lo plástico, lo musical y lo escenográfico. Las únicas palabras son las cantadas. No hay diálogos. La palabra es la gran ausente en un esfuerzo plástico volcado por completo en la capacidad de resonancia y expresión de la imagen. Es la de Majewski imagen en sentido puro, precisamente porque persigue la visualidad menos pura imaginable: una imagen barroca, contaminada, imposible, onírica, sobrecargada, sobrerrepresentada. Sólo la música recuerda a lo temporal -disculpen la aparición a trasmano de Lessing- en un arte preocupado por lo espacial, por la imagen esculpida, tarkovskiana, orientada a una inmanencia en sí misma, a una perduración. Telas de Zurbarán, gestos de David, enfoques de primitivos flamencos, miradas de Rembrandt. Majewski es pintor de formación, formado en la Academia de Varsovia, y también de devoción. En la habitación de Roe irrumpen a un tiempo la naturaleza telúrica y el manierismo de la Historia del Arte. No hay perdón para una contradicción así; tampoco disculpa para mantenerse al margen. Estéticamente es un divino fracaso, en el sentido de Cansinos-Asséns, y por tanto algo digno de verse, como el momento en que un gigante cae de rodillas.
domingo, 18 de marzo de 2012
Suscribirse a:
Entradas (Atom)