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martes, 19 de junio de 2012

perros y kant

"Perros:
Seguimos una rutina, con un montón de sobresaltos, obligaciones, sujetos por patas y cuello, con revolcones y escapadas.
Sólo ladro un poco y bajo, para aclararme la garganta... no soy de esos que siempre andan estirando el hocico y aullando.
Seguimos a una señora alta durante un rato... por nada especial, excepto que llevaba un paquete con carne. Sabíamos que no conseguiríamos nada, pero nunca se puede saber. A veces noto simplemente como si se me cerraran los ojos y me pongo a seguir a alguien pretendiendo que somos suyos y que nos llevan a algún sitio.
El Cerebro no estaba, pero la Barba sí. Cogió ese maldito palo y trató de volver a pegarme, agitándolo y gritando... hace mucho tiempo me imaginaba que su objetivo es ver si soy lo bastante tonto como para saltarlo. Pero no muerdo, me limito a largarme. Luego hace lo mismo que todos: me coge por las patas de delante y trata de que me mantenga tieso sobre las de atrás. No consigo imaginar con qué objeto.
Quiero lamerlo, pero cuando me acerco de verdad suelta un: "¡Largo!", y se estira. Creía que me lo iba a comer sólo porque está agachado.
El niño dijo: "¡Fuera de aquí!", y eso hizo que me sintiera mal porque nunca en la vida he comido a un perro y no lo haría a menos que tuviera mucha hambre.
Debe de haber por aquí centenares de huesos y no sé para qué los escondo. Nunca los vuelvo a encontrar a no ser por casualidad, pero no puedo dejar de esconderlos."
Personajes.
El Crack-Up.
F. Scott Fitzgerald. 

Me da miedo leer este fragmento de Scott Fitzgerald y pensar a partir de la última frase en lo que dijo Kant de que, aunque no podamos responder ciertas preguntas, no vamos a dejar de preguntárnoslas. Me da miedo, sí, porque me prometí a mí misma que después de Selectividad lo olvidaría todo.

lunes, 28 de mayo de 2012

el mosquito es enemigo del sueño

Este es un pequeño fragmento de los muchos que forman El Crack-Up. Este libro de Scott Fitzgerald es el que está amenizando últimamente mis viajes en metro...

"Es asombroso lo malo que puede llegar a ser un mosquito, mucho peor que un enjambre. Contra un enjambre uno puede prepararse, pero un mosquito adquiere personalidad: la odiosa, siniestra categoría de la lucha a muerte. Esta personalidad se me apareció de repente un septiembre en el piso veinte de un hotel de Nueva York, tan fuera de lugar como un armadillo. Era el resultado de la creciente desecación de los pantanos de Nueva Jersey, y por eso llegó junto con otros hermanos más jóvenes a lo estados vecinos en busca de alimento.
La noche era calurosa, pero tras el primer encuentro, los vagos manotazos al aire, los inútiles registros, el golpearme mis propias orejas con un segundo de retraso, opté por la antigua fórmula y me eché la sábada por encima de la cabeza.
Y así prosiguió la vieja historia, los picotazos a través de la sábana, los picotazos todavía más fuertes en las partes descubiertas de la mano al poner la sábana en su sitio, el echarse la manta por encima con la asfixia consiguiente -seguido esto del cambio de actitud psicológica, un progresivo desvelarme, una terrible ira impotente-, por fin, una segunda cacería.
Esto inició la fase maníaca: el reptar debajo de la cama con la lámpara de la mesilla como linterna, las vueltas por la habitación con final constatación de la retirada del insecto al techo, y el ataque con toallas, el herirse a uno mismo. ¡Dios mío!
Después de eso hubo una breve convalecencia de la que mi enemigo pareció ser consciente, pues se situó insolentemente junto a mi cabeza..., pero volví a fallar.
Al final, después de otra media hora que me puso los nervios en un estado de frenética alerta, llegó la victoria pírrica y la pequeña mancha de sangre aplastada, de mi sangre, en la cabecera de la cama.
Como ya dije, creo que aquella noche de hace dos años, fue la del comienzo de mi insomnio, pues me hizo conocer la sensación de que el sueño puede ser echado a perder por un infinitesimal elemento imprevisible."

Domir y Despertar.
El Crack-Up.
F. Scott Fitzgerald.