Ayer al entrar en Twitter vi que un montón de gente hablaba -para mal- del nuevo anuncio de Loewe. Lo busqué y lo encontré. Y lo vi. Y aunque me duela decirlo he de reconocer que todas esas críticas tienen razón.
Siempre pienso que si tuviese dinero me compraría mucho antes (y sin dudarlo) un bolso de Loewe que uno de Versace o de Gucci o de Louis Vuitton. Y antes que de Loewe me lo compraría de Hermès (eso también es cierto), pero eso ya son palabras mayores.
El caso es que, a pesar de la perfección de todos y cada uno de los bolsos de este anuncio y del estilismo tan sumamente cuidado y maravilloso de cada uno de los participantes, los comentarios, los diálogos y la música (digna de parodia) no han dejado en muy buen lugar a la marca.
Por cada gran escaparatista (no hay más que pasarse por el escaparate de la tienda de Gran Vía para comprobar que es una genialidad -desde la combinación de colores hasta la colocación de los bolsos, siempre apostando por lo más sencillo-) o por cada gran anuncio (como aquel tan famoso de Quizás Quizás Quizás) han perdido unos mil posibles compradores de sus productos. Su objetivo era acercarse al público joven, aunque más bien parece que lo que buscaban era alejarse de la realidad.
De verdad, qué bolsos más maravillosos. No había necesidad de esto...