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08 junio 2012

Encuentro con el otro de Ryszard Kapuściński

En diversas ocasiones, el excepcional periodista polaco aprovechó para plasmar sus experiencias e impresiones sobre la figura del Otro, a la luz de los cambios sociales y económicos que analizó en sus viajes y lecturas.

Cita "Lo curioso es que en todas partes –e independientemente de qué religión se trate-, allí donde se produce una intensificación del celo religioso, esa intensificación reviste un carácter regresivo, conservador, fundamentalista."

El autor La influencia de la obra de Kapuscinski se ha dejado notar en numerosas disciplinas, no sólo en la que fue su principal dedicación: el periodismo, donde gracias a sus reportajes se ha convertido en una figura de referencia, sino también en la narrativa –desde la ficción pura y dura a la no-ficción y los cruces de ambos géneros- y en la poesía. Además, obtuvo el reconocimiento del público –sus libros son éxitos de ventas, sobre todo “Ébano”- y de las instituciones: Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades.
Síntesis Cualquiera que los haya leído sabe que sus reportajes son especiales, distintos al resto. Cada uno de sus viajes, de sus contactos con otras culturas, estuvo siempre acompañado de una profunda investigación antropológica, cimentada en numerosas lecturas de la materia, que siempre contrastaba con sus propias experiencias sobre el terreno. De esas experiencias surgen estas conferencias donde explica, en buena medida, las intenciones de sus reportajes: permitirnos conocernos a nosotros mismos a través de nuestro reflejo en los otros.

Comentario En una de las conferencias recogidas en este pequeño y denso libro se cita a McLuhan y su concepción de al aldea global como un ideal que contrasta con la metáfora más exacta de aquello en lo que nos hemos convertido: una multitud de viajeros individualizados en un aeropuerto que se cruzan los unos con los otros sin comunicarse entre ambos. Frente a esa fría realidad, Kapuscinski añora el ideal del visionario canadiense, en el que la tecnología nos permita sentirnos siempre acompañados y acogidos como en el seno de una aldea tradicional.
La convivencia del periodista con numerosos Otros a lo largo de sus investigaciones le coloca en un lugar privilegiado para hablar del cambio del paradigma de la alteridad. Frente a la concepción etnocéntrica de los primeros antropólogos, en la que se trabajaba siempre con la oposición entre Europa y ese Otro que habita las colonias, los países que no rigen el destino de la humanidad, Kapuscinski nos presenta una nueva realidad donde el Otro es el vecino de la puerta de al lado. La relación vertical entre Primer y Tercer Mundo se ha modificado para convertirse en una relación horizontal donde el Otro es el habitante de cualquier otro país de este mundo que se ha reducido a golpes de tecnología y medios de transporte.
Malinowski, Tischner y algún otro autor comparecen en estas conferencias, pero resulta iluminadora la presencia de Lévinas, ya que en su pensamiento se genera una nueva idea del Yo en la que éste no se circunscribe a un solo individuo que se opone al Otro, sino que lo acoge, formando así una nueva realidad en la que esa oposición queda abolida.
Ryszard Kapuściński, Encuentro con el Otro, Anagrama, Barcelona, 2008
Publicado en el diario Público el  19 de enero de 2008

08 febrero 2007

La búsqueda de la verdad

En la contraportada de la novela El año que tampoco hicimos la revolución se nos recuerda que José Luis Rodríguez Zapatero les regaló a sus ministros un día del libro el ensayo Cómo cambiar el mundo. Con ironía zumbona –o buscando al menos quince ejemplares vendidos- le recuerdan al presidente que puede recomendarles esa novela para que sepan qué mundo han de cambiar, no vaya a ser que, como sucedió durante el felipismo, dejen a España que no la conozca ni la madre que la parió aunque eso no signifique unos cambios a mejor.
Yo he decidido unirme al universo de la recomendación –cercano al consejo pero que está mejor visto en esta sociedad capitalista porque tiene una vertiente de mercadotecnia muy lucrativa, a saber: recomendaciones de Navidad, recomendaciones de San Valentín, recomendaciones del día del padre, etc.- y sugerir a los directores de periódicos, tertulianos de radio y televisión y políticos en general que lean a Kapuściński. Especialmente un librillo –sé que están muy ocupados y no tienen tiempo que perder- llamado Los cínicos no sirven para este oficio y subtitulado Sobre el buen periodismo, que recoge a un Kapuściński oral, bien como conferenciante –en encuentros donde contestaba preguntas, no pontificando-, bien como entrevistado.
Digo que se lo recomendaría porque, entre los muchos temas que toca –y lo hace siempre de un modo inteligente, así que al menos podemos ver si se les pega algo- habla de lo que debe ser el periodismo hoy y en el futuro: búsqueda de la verdad. No esa información a secas, ese referir y mostrar los hechos sin analizarlos que hacen algunos –esa fría estadística que sigue los preceptos estalisnistas: Una muerte es una tragedia, un millón de muertos estadística-, o el uso tendencioso de los medios de comunicación, que por un lado construyen una realidad paralela y parcial de la historia –y ahí recuerda Kapuściński que si alguien estudia en el futuro la historia del siglo xx por la información de los medios pensará que estábamos matándonos todo el día, mientras que vivimos en un mundo bastante pacífico-, y por otro manipulan la información de un modo tendencioso sirviendo a intereses políticos o económicos –y en este caso los diarios españoles son una muestra verdaderamente lamentable por la mala praxis que evidencian en su oficio.
En la contraportada de la novela del colectivo Todoazen dicen que la suya es una novela porque se trata de “una sucesión de acontecimientos de interés humano ordenados para construir un sentido”. El otro día un amigo historiador me dijo que esa era una definición muy acertada de lo que es la historia. Y leyendo a Kapuściński se me aparece que es un moco idóneo de describir el periodismo. Todos trabajan con la misma materia: el periodista hace historia del presente, el historiador analiza y entiende las evoluciones de los hechos, el narrador las manipula para generar ideas universales. Pero todas estas labores se hacen por hombres con una finalidad, que quieren encontrar la verdad.
Kapuściński defendía un periodismo a pie de calle, en contacto con las personas, con el medio, entendiendo qué sucede mediante la experiencia y en análisis detenido. Y, por encima de todo esto, una voluntad de hacer el bien, de escuchar y de buscar soluciones. Una voluntad de mejorar el mundo.
Cuando uno ve programas de televisión donde los carroñeros de la sociedad se encuentran, como el programa 59 segundos que, al contrario de lo que muchos piensan no ha tomado ese minuto como límite para condensar las ideas del tertuliano –se pueden decir muchas cosas y muy inteligentes en un minuto, Kapuściński era una buena muestra de ello-, sino porque es el tiempo límite que los besugos invitados a opinar pueden estar callados escuchando a otro –y ver un día la farsa demuestra que ni eso saben hacer la mayoría-, se evidencia que la barrera que separa a los “dirigentes de la opinión pública” del ciudadano es enorme: la bondad y la inteligencia.

Ryszard Kapuściński Los cínicos no sirven para este oficio Anagrama, Barcelona, 2006