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20 julio 2011

Las entrañas de la familia

Posiblemente, si me preguntan qué escritor recordaré de entre mis lecturas del año 2011, Gay Talese ocupe un lugar destacado. Hace tres años era casi imposible encontrar ejemplares de sus libros y la publicación de Retratos y encuentros el año pasado en Alfaguara sirvió como detonante para la recuperación de su obra. En Debate han recuperado la edición ya descatalogada que se publicó en los ochenta en Grijalbo de La mujer de tu prójimo y ahora, con nueva traducción respecto a la antigua edición de Grijalbo, aparece en Alfaguara Honrarás a tu padre. Y he devorado ambos con el placer casi adolescente que se encuentra en los mundos que te ofrecen un mundo en el que sumergirte. Con la diferencia de que, en el caso de ambos libros, ese mundo es el mismo en el que, día a día, desempañamos nuestras rutinas. Porque lo verdaderamente fantástico, valga la paradoja, de los libros de Talese es que están construidos desde hechos reales perfectamente contrastados. Buena parte de la atención que la no-ficción y la crónica merece hoy entre los lectores tiene que ver con los patrones y modelos que Talase ha ayudado a instaurar.
De Honrarás a tu padre podría decirse prácticamente lo mismo que ya escribí sobre La mujer de tu prójimo. Sin duda lo más determinante, lo que convierte estos libros de Talese en piezas fundamentales, es el modo en que el autor se ha acercado a las fuentes para construir su discurso. No basta con entrevistarlos, no es suficiente con documentarse hasta la extenuación. Si uno quiere escribir un texto donde realmente aparezcan las motivaciones y las dudas de los personajes y que éstos no tengan problema en aparecer allí con sus nombres verdaderos, sin que haya ningún tipo de máscara que oculte la verdad al lector, hay que formar parte de sus vidas. Talese lo hace. En un esclarecedor epílogo -los epílogos de sus libros son una muestra de que puede irse un poco más allá cuando ya parece que se han hecho todas las acrobacias, demostrando que trabaja, siempre, sin red- queda clara la relación de amistad que se ha llegado a establecer entre Talase y Bill Bonnano, y la participación que el propio Talese ha tenido en la historia, algo que hasta ese momento nos sospechábamos por la capacidad de construir la objetividad del autor. Incluso, llega a implicarse con los personajes del libro hasta el punto de que, como confiesa en el prólogo, llegó a involucrarse personalmente en la financiación de la universidad de los hijos de Bill Bonnano. No es, me temo, una sencilla cuestión de agradecimiento por el material facilitado para un éxito. En absoluto. Bill Bonnano y Gay Talese tienen mucho más en común de lo que podría pensarse.
En el ya citado epílogo, Talese explicita que el origen del libro tiene mucho que ver con la rabia que su padre sentía cuando, por tener un apellido italiano, era automáticamente señalado por la sociedad como un hipotético delincuente. Bill Bonnano, curiosamente, es alguien que pese a haber crecido como un joven estadounidense más, casi un WASP, se ve abocado a continuar con la tradición familiar dentro del crimen organizado. Y es eso, el modo en que la segunda generación vive esa herencia, lo que une mucho a Bill Bonnano y Gay Talase. Son más parecidos de lo que podría pensarse, y eso facilita la relación que se establece entre ellos. Hay un momento, de hecho, cuando queda claro que muchos de los implicados en el libro, sobre todo la familia más íntima de los Bonnano, ha terminado usando al periodista como un modo de comunicarse, que en buena medida han terminado sabiendo muchas más cosas de sí mismos y de sus seres queridos a través de la lectura del libro. Porque la ley del silencio que rige la convivencia de la familia es un lastre demasiado pesado en ciertos aspectos. Y en medio de todos ellos, el hombre, verdadera leyenda, Joseph Bonnano, del que apenas llegamos a saber nada, lo que no hace sino engrandecer el mito que proyecta sobre toda su familia y el resto de sus colegas dentro del crimen organizado por su singularidad.
Por lo demás hay que repetir lo que tantas veces se ha dicho de este libro. Frente a creaciones audiovisuales como la saga de El Padrino, las incursiones de Scorsese o la ya mítica por derecho propio The Soprano's, y a algunas creaciones literarias -curiosamente mucho menos vistosas y reconocidas- la importancia de Honrarás a tu padre tiene mucho que ver con la cantidad de información de primera mano que Talese manejó, en muchos casos más que los propios investigadores del FBI o los fiscales, lo que humaniza mucho más la visión que ofrece de esa entidad todavía discutida que ha dado en llamarse Mafia. La articulación narrativa de lo que podría haber sido tan sólo un libro de entrevistas y testimonios hace de su lectura un placer constante, una agitación -thrill- que no da tregua al lector desde la primera hasta la última página, y son seiscientas. Así que el lector tiene el doble regalo de poder documentarse de modo muy pormenorizado en las acciones criminales, la organización de las familias, la vida rutinaria de todos ellos y hacerlo de un modo vivaz y entretenido gracias a la habilidad narrativa de este autor de no-ficción que sabe extraer de la realidad los más jugosos frutos.
Gay Talese Honrarás a tu padre Alfaguara, Madrid, 2011
En la foto aparece el autor comiendo pasta y tras él una edición original del libro

17 abril 2011

Inmersión en lo más íntimo de nosotros

El auge actual de la crónica periodística y de la narrativa de no-ficción ha logrado revitalizar la figura de Talese, que llevaba demasiado tiempo desaparecido de los estantes de las librerías. No siempre fue así, de hecho, este amplísimo reportaje y Honrarás a tu padre, se tradujeron apenas se editaron en su versión original y han sido durante mucho tiempo textos fundamentales para entender cómo se realiza una labor de investigación periodística. Pero ya el año pasado se editó una recopilación fantástica de los perfiles, algunos un tanto heterogéneos como el de NYC, y narraciones de encuentros, o desencuentros como en el mítico reportaje Frank Sinatra está resfriado, por parte de Alfaguara que recordó a los que lo habían olvidado la figura de Talese.
La mujer de tu prójimo es un libro que se presta, quizás en demasía, al engaño. Muchos pensarían tras informarse del tema del libro que se trata de una acumulación de narraciones de sexo más o menos explícito y que, incluso, llega a reflejar la propia vida sexual de su autor. Y nada más lejano a esa realidad. De lo que trata La mujer de tu prójimo (Thy Neighbor's Wife) es de la obsesión que por el sexo y la promiscuidad siente el americano medio. Por eso trata de esos mismo ciudadanos de a pie que han pasado a formar parte de la Historia por su relación con la vivencia libre y desprejuiciada de su vida sexual. Editores, pornógrafos y censores, moralistas y swingers (practicantes del intercambio de parejas), van desfilando por este libro, documentadísimo, que le llevó casi una década de trabajo a su autor.
La prosa, exacta, concienzuda, permite armar un extenso informe de las penalidades que han tenido que sufrir personas anónimas que, en realidad, no pretendían nada más que vivir con la libertad a la que se presuponía que tenían derecho. Las quinientas páginas de apretada tipografía y estrecha caja (quizás, debido a la extensión del libro habría sido conveniente, aunque supusiera un aumento de costes de edición, haber respetado el diseño del resto de los libros de la estupenda y fundamental colección La ficción real, ya que mantener el diseño original hace mucho más agotadora la lectura del libro) son una constante apelación a intervenir, a tomar conciencia de la devastadora acción de las mentes retrógradas en la sociedad. Pero, también, es una desoladora constatación de que la mayoría de los que han ido más allá de la moral de la sociedad bien pensante terminan o bien marginados y doliéndose del modo en que la sociedad se ha cebado con ellos o bien renunciando a su vida más o menos excéntrica para adecuarse a los códigos establecidos de la sociedad.
Esto se ve, sobre todo, en la particular experiencia de las comunas de amor libre, donde terminan generándose las mismas relaciones de poder y los celos que en la sociedad de la que huyen, o el modo en que, tras unos años de experiencias libertarias, muchos de sus practicantes terminan convertido en burgueses acomodados que no hacen sino prolongar esos modos de vida que pretendían combatir o, al menos, cuestionar.
Con todo, pese a que la escritura de Talese es única, ahí está el texto que abría la recopilación Retratos y encuentros sobre NYC para demostrarlo, una obra maestra de la tensión estilística que sostiene un texto cargado de sentido, lo más interesante de La mujer de tu prójimo, como en el reportaje sobre la familia Bonnano Honrarás a tu padre -cuya reedición esperemos que no se demore mucho, ya que debería aparecer, también, en Debate, creo, ya que se editó en su momento en Grijalbo-, es la relación que establece con sus fuentes. Talese no los entrevista, sino que se convierte en parte de sus vidas y ellos en parte de la vida de él. Los apéndices donde se nos dice qué ha sido de sus vidas tras la publicación original del libro, que sirven como muestra palpable del contacto que se ha mantenido a través del tiempo, son interesantísimos. Nos hablan de alguien que conoce los mecanismos de la verdad, de la realidad. No basta con conocer los hechos, con documentarse, hay que entender, conocer a los protagonistas, hay que saber incluso las consecuencias de introducir sus vivencias en un texto que leerán muchos desconocidos. Por eso, Talese puede usar sus nombres verdaderos, por eso ellos siguen en pleno contacto con él a través de los años. Lo más relevante del trabajo de Talese es su dimensión ética, su compromiso, sí, con el periodismo, con el estilo y con la verdad, pero también con las personas. Algo que, cuando uno lee otros reportajes, otras crónicas, brilla por su ausencia.
Es ahí donde hay que ensalzar a su autor, es por ese motivo por el que hay que insistir una y otra vez en su lectura, y es esa la principal enseñanza que destila. Todas y cada una de las historias, desde la vida de Hugh Hefner hasta las particulares peripecias de las comunidades de inspiración fourierista del siglo XIX, pasando por las comunas de amor libre, e incluso los problemas maritales a los que alude el autor en el último capítulo del libro, son, desde luego, interesantes y dibujan la hipocresía moral de la sociedad y los poderes políticos y judiciales de los Estados Unidos, pero, más allá, queda la insobornable posición del autor. Es eso lo que aquilata el libro y lo convierte en mucho más que un referente del nuevo periodismo o de la crónica, que lo sitúa como un libro imprescindible en una época de moral laxa y ética mudable como la que vivimos.

Gay Talese La mujer de tu prójimo Debate, Barcelona, 2011.
Traducción de Marcelo Covián