Escribir
es memoria, porque pueden a veces las letras guardar recuerdos que se pierden
en el tiempo, hoy quiero guardar memoria de ti, amigo mío, y quiero que tu
recuerdo no se pierda ni aun cuando yo también me haya ido y mi recuerdo, junto
al tuyo, se vaya difuminando hasta perderse en esa tumba en el olvido donde descansamos todos durante toda la eternidad.
No
puedo hacer nada por ser recordado, sin embargo puedo grabar entre lágrimas y
sonrisas, en forma de letras todos
aquellos recuerdos que entre los dos creamos, y escribirte una carta en la
muerte con todo aquello que nunca te dije en la vida, y que sin embargo, se que
siempre supiste.
No te
vi nacer, y ni siquiera me importabas hasta que te vi por primera vez, sin
embargo, cuando te tuve en mis brazos pude ver en tus ojos que siempre estarías
conmigo y que cambiarias muchas de las formas de ver el mundo que tenia por
entonces, y así fue, no solo me cambiaste a mí, sino que además cambiaste mi
mundo para siempre.
Cuando
eras pequeño yo era el abrazo que mas
buscabas y aunque con el tiempo mi abrazo fue perdiendo intensidad, la búsqueda
de ese abrazo jamás decreció en ti,
sabiendo hacerme sentir culpable cada vez que te acercabas buscando una caricia
y clavándome en el pecho ese sentimiento tan humano que es el remordimiento.
Tu no
solo fuiste un amigo fiel, también fuiste un gran maestro, mucho mejor de lo
que cualquiera puede pensar, pues me enseñaste cosas sobre mi mismo cuando
pensaba que ya lo había descubierto todo. Me mostraste que por muy alejada que tengamos la idea de querer a un animal, esta idea se difumina de la misma forma que el animal deja de ser una mascota y se convierte en un miembro mas de la familia, mi familia.
Sin embargo nunca supe responder a todo
lo que tú me ofrecías y hoy, solo me queda intentar equilibrar esa balanza con
un llanto roto y hacerme ver lo que tú ya sabias con solo mirarme, que solo soy
humano.
La
alegría que trajiste, que nos diste, nunca se perderá, ni siquiera hoy llorando
tu pérdida puedo evitar sonreír al imaginarte dándome la bienvenida como
siempre hacías, y al escribir esta carta para ti revivo cada recuerdo en ella y
siento que no te has ido del todo.
Porque
tú nunca fuiste mi perro, fuiste mi amigo, el mejor que tendré nunca y el único
que sabía quién era yo realmente, y aun así, nunca dejaste de ser fiel y de estar a mi lado.
Brandon,
amigo mío, lo siento, siento no haber podido estar a la altura, siento mis días
malos en los que intentaba ignorar tu presencia ya que tu jamas ignoraste la
mía, siento no haberte dado más
paseos conmigo, ni mas mimos, ni mas
caricias…
Anoche,
los dos solos pudimos despedirnos, igual que empezamos, mirándonos y entre mis
brazos, sintiendo el adiós en tus ojos y yo como siempre intentando ignorar esa
mirada que se agarraba a mi pecho y que llevaré clavada en él hasta que como tú,
me despida de este mundo.
Ojalá
exista un cielo para ti, amigo mío, y ojala algún día pueda volver a verte y a
abrazarte. Tu, yo y tu “mami” que tanto
querías y tus “abuelos” que supieron
darte más de lo que yo fui capaz, te quisimos, te queremos, y te querremos por
siempre.
No puedo decirte adiós, amigo mío, porque no te has ido, y puedo prometerte que mientras sea capaz de recordarte, abrazare ese recuerdo y no dejare que te trague ninguna tumba en el olvido, y cuando yo tambien me vaya difuminando tendré la satisfacción de ser olvidado a tu lado.
Te quiero.