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01 mayo, 2009

Jordania


Nuestro primer -y último, asumo- taxista jordano bebe café, fuma, habla por el móvil, conduce y se caga en los muertos de todo lo que se menea en derredor, todo a la vez. Es meritorio, ciertamente. Avanzamos por la que, en una primer aproximación, es la ciudad más fea que he visto en mi vida: Ammán. En una segunda, no: TODAS las ciudades jordanas que he visto, salvo partes muy concretas de Aqaba quizás, son aún más feas.


Jordania, un pais desastroso cuya arquitectura 'moderna' (un decir) acabaría con los nervios de cualquier persona con mínimo criterio estético, la población es amable, los niños encantadores, la cerveza accesible, la comida rica, los pistachos sensacionales, y, ante y sobre todo, un pais que tiene Petra dentro. Sólo eso justifica el viaje. Luego se tiene lo de pasear por el desierto en los muy destruidos jeeps de los beduinos (ah, el encanto de los Land Cruiser Mk. 1: ¿cómo coño aguantan en manos de esos cafres?), lo de los hoteles-para-infieles cómodos, gratos y con playa privada y gimnasio equipado con máquinas pitufo-size, y la marranada esa de pringarse de lodos después de comprobar que, en efecto en el Mar Muerto se flota más y mejor, y el culo se te sale p'afuera si te pones cara abajo. Eso, como generalidades.

Siendo concretos, ya saben los amables-y-escasos (y ahora más con la decadencia de la blogosfera) lectores de Vladivostok que el Comité Central de la Asociación Provincial de Agrupaciones de Asentadores de Plantas de Jardía -y con él su Kapellmeister, que coincide que soy yo- tienen un viaje-de-trabajo (wtf?) al infinito y más allá, y este año fue Jordania, cosa muy satisfactoria dado que MBO se tenía que poner morena para la boda de MBO's-bro' (3rd) que se celebró en 2009-04-18. Soit, que nos fuimos de Semana Santa a Tierra de Infieles. Un no parar nuestra vida, señores, un no parar.

El viaje de ida, para qué negarlo, comenzó torcido, Si bien es cierto que la salida de Zaragotham se había fijado a la muy civilizada hora de las 11.30 -siendo además todo el mundo extremadamente puntual- hacia las 13.00 nuestro guía, pálido el semblante, confirmaba que nuestro cómodo vuelo de las 17.30 se suspendía, y que volaríamos... en fín, cuando tocase, o a trozos, o vía Sebastopol, Zimbabwe o Frankfurt-am-Main.

No fue tan grave: sólo salimos a las 04.45, habiendo previamente cenado en un sitio adecuado en BCN (Cal Pintxo, en concreto), y de cojón.

No aburriré con relatos pormenorizados: sospecho que el viaje tipo a Jordania se parece bastante al nuestro: llegamos a Ammán, fuimos al Monte Nebo y a la fortaleza cruzada de Kerak, al día siguiente visitamos ampliamente Petra (que, insisto, es EL lugar), nuestro siguiente día fue en el Desierto de Wadi-Rum haciendo el cafre por las dunas (si: el desierto de Lawrence de Arabia; y sí, al regreso releí fragmentos contextuantes de Los siete pilares de la sabiduría; la holganza desaforada y con cruceritos en Aqaba y alrededores nos dió para dos días más; a continuación fuimos al Mar Muerto y rematamos en Jerash, impresionantísima, imponente, hermosa, probablemente la ciudad romana en mejor estado que he visto jamás (y recuérdese que uno viene de Zaragotham), y en Ammán (interés cero). No os aburriré, insisto: las cosas señaladas merecen todas la pena, pero sobre todo Petra, Aqaba y Jerash.

Es de citar nuestro guía local, Mohammed (¿como no?), un elemento de lo más contundente: ah, qué cariño en sus palabras en relación con el Estado de Facto de Israel y los territorios palestinos invadidos por Israel, etc. Me recordó tanto otras situaciones con cierto guía croata...

En fin, queridos, que Jordania, esa soit dissant Monarquía Hachemita (trad.: dictadura teocrática) mantiene el buen orden de las calles con cantidades industriales de policia de todas clases, incluyendo tipos con uniforme mimetizado comando y M16 de la versión más reciente. Ni un robo, ni una incomodidad aparente, nada. A las casas, sin embargo, parece que les hayan dejado las melenas engominadas y sin cortar.

Hoy no hablo de libros. Tanto tiempo ha pasado que he perdido la cuenta y la referencia de cosas que debería haberos recomendado. Sólo debo decir que se va programando el cuatro bolo de la gira 'El reton-no de Los Modos'. Y que esta tarde he ido al cine a ver 'Déjame entrar' (un seis y medio sobre diez siendo generoso) del mismo modo que el fin de semana pasado disfruté con mis dos UPF's de 'La montaña embrujada' (pasable: merecerá un sietecillo).
Seguiremos informando.

15 junio, 2008

Mediando junio.

Mis augustos padres, en Polonia (centroeuropa, no estespaña); mi hermano en el deefe, dando una conferencia sobre lo cojonudo del modelo que ha implementado en su empresa. Yo, en Albacete.

La referida ciudad está en el medio de ninguna parte. Imagino que si uno es valenciano, la cosa le resulta próxima. Yo tuve que reflexionar para hacer la traza de mi ruta. Traza a mano, claro: los info-aperos te mandan todos por MAD o por Valencia.

Y es que en España hay más sitios aparte de MAD, BCN, Sevilla, Valencia o Zaragotham. Muchos más, a los que no se accede a través de los radios de rueda REDIA, si no mediante capilares de tela de araña; ejemplo, Albacete. Hay una ruta de una belleza casi dolorosa -retened el nombre, rincón de Ademuz- que va desde Zaragotham a Teruel y sigue hacia el Sur, a cuchillo, por entre llanos y cortados montunos, hasta llegar a Albacete.

Cojo el coche grande y familiar. MBO ha manifestado su cierto temor por las lluvias torrenciales que pueden llevarse el cochecillo negro de techo de tela por delante.

Maripuri, el navegador, persevera en las opciones más conservadoras, coñazo y autovíicas. Yo me resisto y me meto por rincones que me hacen echar de menos al cochecillo: bien de curva contundente a negociar acelerando. Dos toneladas, por más sobrecargadas de caballos que vayan, no son lo mismo. Tengo sensación de Pegaso de tres ejes.

Pero eso es lo que no hay: camiones por las carreteras. Una vez más, los perserverantes delitos de coacciones de algunos camioneros han conseguido que, para que tales camioneros consigan sus objetivos, otros hayan de ver sus derechos pisoteados. Y es que 'piquete' es sinónimo de 'amontonamiento de hijosdeputa'.

Cada vez que llego a una ciudad como Albacete ratifico mi tesis de visión aeronáutico-hormiguesca. Cuando montéis en un avión, no dejéis, en el momento inmediato posterior al despegue, de mirar al suelo, a los coches que se empequeñecen a toda velocidad, a las personas que en dos segundos mutarán en menos-que-hormigas. Y pensad que todos y cada uno de ellos alberga en sí una cosmovisión, un conjunto de valores, pasiones, deseos y aversiones. Como los vuestros. Todos ellos. Cada uno de ellos.

Y es que hay un error conceptual de partida que es muy frecuente entre nosotros, los privilegiados, consistente en pensar que sólo existe nuestro punto de vista. Que lo demás son los cutres que ven el tomate, los guarros de camiseta sin tirantes e Ibiza amarillo tedeí, las gordas que arrastran bolsos por los hospitales públicos, y que esa gente da plano en el encefalograma.

Ojo, que esto no es tolerancia cutre, buen rollito zapaterí. Por supuesto que es un desastre que el pésimo gusto, la incultura, la zafiedad estén generalizadas. Que debería generalizarse un modelo mejor (el nuestro, naturalmente). Pero así y todo...

La tolerancia no implica tragar semejante mierda. Tampoco tiene que ver con lo que hacen los sozis ('No piensas como yo, luego no te hago ni puto caso: me importa una mierda'). Se trata de intentar examinar qué demonios piensan, contrastar y en un debate franco y honesto (partiendo de la premisa de la 'no-superioridad', del 'tal-vez-tenga-razón') llegar a convencer.

Se llama dialéctica, pero claro, exige un esfuerzo de la hostia.

A ver si es que estamos un poco equivocados. Aunque sólo sea por estadística. Es probable que este análisis tan tonto me haga respetar, todavía, algo, al género humano.

Como digo, no parece que Albacete tenga especial interés general. Hay millones de bares, sitios de tapas, garitos de noche. Se come con contundencia y sin matices (ni interés).

El edificio de la Cámara de Comercio es precioso: lo que fue el chalet de una familia de posibles que se fué a tomar por saco después del suicidio del patriarca.
Mi viaje es laboral (kind of, en realidad).

Sesiones científicas de interés, cierto. Visitamos en el tiempo restante una bodega, Los Aljibes, cuyo producto apunta maneras. Todo el equipo -la enóloga, los comerciales, la gente de organización- son jóvenes, inteligentes y guapos. El director es uno de esos hijos de millonario que demuestran que dicha condición, en sí, no quita mérito alguno: el tipo, que no tiene treinta años, es encantador, educado, elegante, preparado y formado debidamente, extraordinariamente amable e implicado -con esfuerzo importantísimo- en la gestión de una de las bodegas mejor organizadas que he visto hace muchos, muchos días. Con viñedos de uva originalísima -quién coño iba a decir que había Viognier en Albacete, quién esperaba ese Cabernet Franc-, que en este momento, después de la lluvia, lucen un verde demoledor: qué belleza, por Dios; paseamos por la explotación en un arrastre de cuatro caballos. Que además hace aceite en las almazaras colindantes; con su yeguada. Todo suena, tal como lo cuento, como capricho de rico. No. Algo sé de ese tipo de explotaciones; espero que les vaya de miedo, pero, además, dudo bastante que no funcione adecuadamente; vamos, que les dé dinero, que es lo que debe ser.

Me tuesto al sol de Castilla mientras degusto los caldos de la casa con placer.

Me cuentan, en mi reunión de Kapellmeisteren de Asociaciones Provinciales de Criadores de Plantas de Jardín, de las últimas cabronadas que el sector ha perpetrado entre algunos de mis antiguos compañeros. Me jode mucho, pero sé que 'no se vayan todavía, aún hay más'. Aparte de esto, el momento es grato. Viejos camaradas, nuevos amigos, el tono afectuoso que llevamos manteniendo doce años ya.

Me llevo como libro para los tiempos perdidos Todavía no me quieres, de Johnathan LETHEM, que podéis, con toda tranquilidad, dejar abandonado en el montón de la librería cuando os tiente con su portada poderosamente rosa.

Echo en falta a mi familia, y no se me ocurre llamar por teléfono.

Regreso y me precipito en un domingo inmediato anterior a una semana infernal, en que el ensayo de Los Modos tendrá lugar el martes a las 22.00, y en que espero que el Zapatos no explique a Trichet qué debe hacer -cada opinión del gran estadista nos cuesta un disgusto gordo y cuantificable- , ni tampoco cuchichee con La Sónsoles mientras suena el Himno Nacional. Indeseable. Asqueroso. Que seas rojo (advertencia, le estoy citando) no te permite que faltes al respeto. Como tampoco te disculpa la torpeza de haberte quedado apoltronado mientras pasaba la bandera de los Estados Unidos. Por cierto, incompetente: esto no te lo perdonó Bush, pero tampoco te lo perdonará Obama, la Clinton, Mc Cain. Nadie en los USA, gran estadista.

30 marzo, 2008

Rocket to Russia (Rusia, I)

Si, debería hablar de cosas mil antes de hablar del Transiberiano live. Libros, músicas, conciertos. Hasta conversaciones con el muy querido Dwalks acerca de calzado deportivo, o búsquedas, encuentros y desencuentros de bajistas, baterías y bolos para Los Modos. Todos esos sucedidos, dommage, quedarán archivados en la trastienda, pero no pasa nada. Xurri, que me cuida y ejercita sus legítimos derechos, reinvidica un relato. Y como anfitrión vuestro que soy, os debo un relato, y os lo voy a dar.

Día I. Sábado, 15, marzo de 2008.- Después de una noche agitada (urgencia de un equipaje sin concluir, qué me llevo, qué me llevo) me levanto de un bote, percibiendo un desaforado aroma a plástico quemado. A MBO, buscando la excelencia organizadora, se le ha ido la mano con un cacharrete al baño maría, pero no pasa nada. Justo después de comer, salimos -en bus: urghs!- hacia Madrid, hacia la T4. Este su anfitrión, pelín provinciano, aún no había volado desde dicho lugar, gloria de la aeroportuaria patria. Previamente, dejamos a las niñas estacionadas y predirigidas hacia sus respectivos destinos de semanasanta (sic). Salimos. Volar desde MAD en lugar de hacerlo desde Zaragotham es un coñazo que comprende los tiempos perdidos debidos al tacógrafo del chófer portador ZAZ-MAD. Al fin, y siendo las 24.00, despegamos. Aterrizaremos en Moscú-DOMODEDOVO como cinco horas más tarde, es decir, a las 07.00 del domingo hora local, más o menos, para seguidamente tomar un Tupolev 154 (momentos de mucho miedo: la gloriosa aviación civil soviética periclita a toda hostia, generando una relación inversamente proporcional entre sus antiguos logros proletarios y su actual peligro aeronáutico) hacia San Petersburgo. Es nuestra primera aproximación a las esencias de la Madre Rusia. O no: previamente, en Domodedovo, hemos comprobado que es imposible conseguir la optimización capitalista del café, c'est-a-dire: en habiendo cinco tías al otro lado de la barra, una supervisa el cobro, otra cobra, otra supervisa el manejo de la cafetera (medio de producción antiguamente colectivizado, hoy perteneciente a una franquicia, pero, al fin y a la postre, es lo mismo), otra maneja dicha cafetera y otra divide lo que produce ésta última entre dos tazas y le añade leche para generar capuccinos: dos cada tres minutos. Los pasteles de frutas, infames. Que no os mientan, fijo que los melocotones y las frambuesas de las pastas de hojaldre de Domodedovo se criaron en huertos al lado de Chernobil. Y, si no, lo cierto es que les sobran toneladas de azúcar radiactiva en todo caso.

Día II.- Domingo, 16, Marzo de 2008.- Como digo, hemos aterrizado en Domodedovo y volamos a San Petersburgo. Yo es que no paso miedo en los aviones, sean estos los que fueren, pero MBO señala que preferiría no volver a experimentar la turbia sensación que produce la flaccidez de las butacas soviéticas. Bueno: tomamos en San Petersburgo en un aeropuerto lleno de pistas rebosantes de helicópteros de dos palas de esos que salpican mi imaginario de la Guerra Fría y de una nevada no menos engarzada en dicho imaginario. Estamos, naturalmente, pulverizados, de modo que MBO se va a descansar. Entre tanto, almorzaré en el buffet del Hotel, asumiendo desde ese momento que, del mismo modo que viene habiendo dos Españas, hay dos Rusias. Al menos. Y una de ellas comprende buffets con trios de Jazz y caviar a volonté. Una vez concluyo mi copa de champagne recojo a MBO y nos vamos de visita. Como quiera que la temperatura va descendiendo a velocidad de vértigo, opto por recomendar a mi niña que se compre un morrión de húsar que en los próximos días va a ser muy prestacional. Aderezada con su largo abrigo rojo, la Leona va a ser la más hermosa de las turistas que visiten San Petersburgo y Moscú esta Semana Santa, a pesar de que vaya acompañada de un tipo con poderoso chaquetón de cuero, gorro de forro polar 'gris-gasolinero' y guantes 'Stalingrado 1942' igualmente contundentes. En esta primera tarde descubriremos lo que es el arte ruso del XVIII, con la Iglesia de la Sangre Derramada (que es ésta de la foto a la izquierda), frente a cuya fachada veremos una manifestación monárquica con los correspondientes estandartes blancos, negros y amarillos. Y es que, señores, en la Rusia del 2008 hay permanentes reinvindicaciones monárquicas (cuando no estalinistas, glups!) y los templos están hasta arriba de gente que ora con el debido recogimiento y respeto.


Día III.- Lunes, 17, Marzo de 2008.- Visitamos tanto el Palacio de Catalina II (ése de ahí a la izquierda) como el Palacio de Pablo, un Zar un poco 'malteado' :D. Sintetizando mucho, éste quedaría como el día en que se nos exhibió la justificación de la Revolución. Éste es un pensamiento vulgarísimo: para simplificar mucho, debe decirse que todo en Rusia es excesivo, desaforado, brutal, y ello incluye las edificaciones de los siglos XVIII y XIX a la mayor gloria del Zar (o la Zarina) de turno, las perpetraciones del Realismo Soviético de entre 1917 y 1953 y la reconstrucción de templos post-perestroika. Así las cosas, es obvio que los Palacios de Invierno y Verano de los Zares habían de, forzosamente, dar lugar a una revolución absolutamente bestial. Esa noche cenamos en el Restaurante favorito de Putin cuando visita San Petersburgo. En dos palabras: tablao cosaco, o sea. Descubro que en Rusia se cena con Vodka. Atención al dato: no es que uno se tome una copita al concluir la colación: es que la acompaña toda ella con vodka, a taponazos, uno tras otro. Uno puede acabar muy siego, pero la ventaja es que es alcojol de buena resaca. Curioso.

Día IV.- Martes, 18, Marzo de 2008.- A estas alturas del viaje, MBO y yo estamos orondos. Estos viajes organizados se caracterizan por sobrenutrir al Santísimo Advenimiento; juntando esto con circunstancias precedentes, Hans empieza a pensar que se verá obligado a desmontar un mito a su regreso a Zaragotham (esto tiene que ver con las conversaciones con Dwalks). En fin: desayunos con diez clases diferentes de miel, cincuenta tipos de pastelillos, ahumados innúmeros, una especie de Sekt ruso (muy digno) y casi cualquier cosa que a uno se le pueda pasar por la cabeza. Hoy, Palacio Yussupov. Conocía de residencias con embarcadero, y aún con helipuerto, pero no se me alcanza qué puede tener uno en su casa más allá de un teatro con sus palquitos y todo, con tanta profundidad de escenario cuanta longitud de patio. Alucinante. Por no hablar de una biblioteca que, a no dudar, coincide con Mi Biblioteca Ideal (mayúsculas no casuales). El Palacio luce también unas escenas de la liquidación de Rasputín a base de figuras de cera, de mucho lucimiento y bastante arcada (es lo que tiene la cosa Tussaud's). Por la tarde (reverencia y arrodillamiento) visita al Hermitage. Probablemente, sólo vistar ese museo justifica una visita a Las Rusias, o, más precisamente, a San Petersburgo. Digo esto porque MBO sostiene que esta última ciudad sí le gusta, pero Moscú no: nada. La Leona le tiene cierta aversión a las ciudades desaforadas: Moscú, Berlín... y sin embargo, gusta de Londres o NYC. Es curioso, pero también tiene su lógica. No es un asunto de enormidad. Es una cuestión de inasibilidad, de tensión ambiental aguda, que se produce en aquellas pero no en estas dos últimas. A mí, sin embargo, siguen resultandome sugerentes, pero lo que no son es hermosas.

En fin, no hablo del Hermitage. La colección es espeluznante, tremebunda, inconmensurable. Reconozco que no soy nada original, pero siempre he pensado que los grandes museos, y en especial las grandes pinacotecas, deben visitarse a tiro hecho, es decir, seleccionar 'algo' y olvidarse de todo lo demás. Lo jodido en el Hermitage es que todo lo demás es una cantidad desaforada de maravillas. Digamos que es asunto a considerar que la colección de Impresionistas que se disfruta en él -que era nuestro tiro hecho- está a la altura del Musée d'Orsay (podéis jurarlo), y no menos importante es el hecho de que está constituida por las dos colecciones de sendos comerciantes que en 1917 la 'cedieron' gustosamente a los soviets a cambio de salir con vida de Rusia. Tres tipos, oiga, que se lo habían comprado directamente, en muchos casos, a los propios artistas antes de concluir el siglo XIX. Alucinante. Un saludo a Serguei Schukin y a los hermanos Mijail e Ivan Morozov por su aguda visión... y su generosidad revolucionaria.


Día V.- Miércoles, 19 de marzo de 2008.- Este será nuestro último día en San Petersburgo, y visitaremos la Fortaleza de Pedro y Pablo, donde están sepultados tooooodos, toditos los Zares de la Dinastía Romanov, y ad lateres de cierto nivel; muy de destacar la destrucción del mito de Anastassia; me alegré de que UPFm no estuviese en la visita. Para compensar tanto desafuero mítico-imperial, recorrimos el Aurora, a pesar de los compañeros de viaje, que no tenían interés alguno en visitar tan espirituoso lugar... compañeros que, por otra parte, dormitaron a pierna suelta entre que, después de visitar un museo de instrumentos musicales impresionante, un cuarteto de cámara nos amenizara el post almuerzo con material tan agradable como poco exigente (Kleine Nacht Musik y cosas así). Pero, desde luego, qué bien se toca en Rusia. Vale para estos chicos, vale para la arpista de los desayunos, vale para el pianista de Jazz que nos acompañó en alguna cena. El nivel de los músicos es sensacional. En fin: esa noche tomamos el transiberiano, o, para ser más rigurosos, el Krásnaya Strelá ( Flecha Roja). Pero eso, y la visita de Moscú, será contado en su momento...

18 julio, 2007

Patetismos estéticos (O "Pasa hasta en las mejores familias")

Hace algún tiempo acompañé a MBO a un viajecito de trabajo (suyo) a milán. Son lo que llamo mis 'Viajes-Gigoló': MBO curra y yo me dedico al Dolce far niente llevado a sus últimas consecuencias; en estos viajes, que me han llevado también a París o a Londres, esa actitud DFN incluye visitar museos de aviación o de cosa histórico-militar, tiendas de guitarras eléctricas, estilográficas, y, en el concreto caso de Milano, pasear abundantemente por la ciudad viendo escaparates, Ferraris, almorzar un rissotto exquisito en un lugar ubicado en una azotea preciosa con vista de una skyline imponente sobre los tejados viejos de Milán, discutir amistosamente con el camarero que vió muy mal que el humo del Lancero fuese acompañado de grappa y no de Red Label, y, en fin, comprarme unas corbatas en una tienda de las Galerias Vittorio Emanuelle. Y entre otras, unas preciosa, con gruesas listas azul foncé y dorado. Gran corbata, de las que permiten un nudo rotundo, todo seguridad en uno mismo.

Como gracias a Dios el Universo tiende a reequiibrarse (y a ponerle a uno en su sitio, no sea que se crezca demasiado), es menester dejar aquí constancia asentada de mi plancha cuando el otro día fui por primera vez al Ikea de Zaragoza: si, esa 'loa gualdiazulada de la socialdemocracia de arce claro' que decía el otro día yo en no sé dónde. Pues eso: el espíritu de Olof Palme quiso que ese flanco liberal que tengo se llevase un buen revolcón, enviándome con ese fin a un propio, que, a pesar de mi (impecable) traje gris marengo de raya diplomática, me espetó: "¿Puedo hacerle una sugerencia de mejora?". En ese momento la citada potencia del nudo de la corbata (recuerden: azul y dorada) se fue a la mierda, y recordé eso que dice Natalie Portman en Beautiful Girls: 'Los vendedores no son sexys: son tíos' (uncles). Así que la autoestima estética se me quedó ligeramente tocada. Lo digo por poner las cosas en su sitio.

¿Cosas que han pasado? Bueno: entre otras, dos; primera, la fiesta del sábado catorce por la noche: previsión de cena para veintiocho que acabó recortada a catorce (nadie en Zaragotham), sin perjuicio de lo cual nos lo pasamos bien: Tiger Lily y Páramo hasta las tantas de la mañana. Bien. Entre otras cosas, me llevé una inmensa sorpresa: apareció C., la periodista casada con el Joven Diplomático Yankee a la que referí en la entrada anterior. Es curioso: yo creo que llevábamos como cinco años sin vernos. Notable casualidad. Y segunda: obligado a ir a BCN por unas cuestiones de trabajo, el disfrute de un almuerzo estupendo, agradabilísimo en El Principal con una gran amiga. Nos vimos obligados a bebernos media botella de Marqués de Vargas (el resto se quedó: había que conducir) y me preparó para una tarde de cuatro horas en Notaría con mucho mejor humor.

Por lo demás, debo contar que una gran amiga nos regaló a MBO y a mí en nuestra reciente visita a MAD un libro que me puse a leer anoche y ha conseguido ir a parar a mi portafolios para poder seghuir leyéndolo por la calle mientras voy de aquí para allá por Zaragotham: Al Oeste de Roma, de John FANTE. El otro día se lo contaba a la obsequiante: me parece fantástico que me descubran escritores a los que no conozco en absoluto, y, sobre todo, que el descubrimiento sea tan sensacional. La literatura norteamericana sigue proporcionándome sorpresas, y este tipo (o más bien, el estilo de este tipo; Fante, quiero decir) se enlaza con la parte más sarcástica (que la hay) del mejor Irving del principio, con Cheever y con los narradores yanquies (incluso con los de Novela negra, en cierto sentido). Como siempre, el regocijo con la precisión automovilística (curioso). Dos relatos, uno más jocoso con el fondo cruel de Vietnam (Mi Perro Idiota) y uno que, sin nada delictivo, es absolutamente novela negra: La orgía: me ha recordado al Chester HIMES de Puntas Rosadas, por ejemplo.

Ah, por cierto, sí: la fiesta del sábado noche fue para celebrar que ese día cumplía cuarenta y un años de vellón. Sips. Pero oyes, a las cinco que acabamos. Y ejke estoy hecho un chaval.

11 junio, 2007

Qué calores, sielos inmensos...

Imagen merecedora, en cualquier caso, de reconvención inmediata: Hans en pijama con su acústica Ibanez (cuerdas Elixir 0.010: la bomba, qué brillo y qué color) pegando botes al ritmo de Man Of Mistery y I Want You Bad de los LONG RYDERS mientras terminan de cocer los spaghetti. Así estaba yo esta mañana a las 14.50.


MBO se ha ido a Paris esta mañana a las 07.30 (o así), y dada la longitud desaforada de este domingo, entre que termino El honor perdido de Katharina Blum (Heinrich BÖLL, recien reeditado en la Biblioteca Fomentor de Seix Barral), voy por la mitad del EXCELSO ensayo de Rosa SALA ROSE El misterioso caso alemán y empiezo Kaputt Mundi de Ben PASTOR, he ido despejando, cual en partida de cartas, la mañana de este domingo gris, hasta llegar a la ya reflejada imagen. Mal, Hans: MUY MAL; a las 07.30, uno debe ducharse, afeitarse y desayunar, que si no las cosas se salen de madre y le llevan a uno a estos excesos.



El Katharina Blum debería ser lectura obligatoria para los periodistas, tanto a título de reflexión como al de prevención. BÖLL lo escribió hace mil años, y no podría imaginarse en qué patéticos sumideros podrían llegar a convertirse TANTOS medios de comunicación. El tono es muy del autor: tiene la misma contención que mi apreciadísimo Los silencios del Dr. Mürke del que ya he hablado, creo, por aquí. Un tipo de contención que sólo concibo en la literatura alemana de postguerra.
Ahí viene al pelo lo de El misterioso caso alemán, la segunda obra que leo de la autora, y ciertamente está a la altura de su sensacional Diccionario crítico de mitos y símbolos del nazismo. Aparte de que esta chica es investigadora PERO NO por cuenta y cargo de la Universidad si no de modo totalmente independiente (debe ser la única española en esas circusntancias) os puedo asegurar que es una de las personas que con más rigor ha tratado El Fenómeno (no creo que sea menester especificar cúal). El Diccionario es cuidadoso y apasionado en la justa medida, sin histerias; preciso, encuentra uno en él una entrada para cada inquietud, y los excelentes contenidos se administran en un castellano simplemente inmejorable (esto, que debería ser siempre así cuando nos referimos a textos de investigación, no lo es). Yo os recomendaría leer simplemente la entrada Hitler o, aún mejor, la entrada Nietzsche. Seguro que, a poco interesados que estéis, os llevaréis el libro a casa (que además está excelentemente editado en El Acantilado). El misterioso caso alemán sigue un modelo de rigor parecido, buscando en la literatura -al fin y al cabo nuestra heroína es filóloga- los fundamentos del espíritu alemán, y sobre todo, aquellos recovecos de dicho espíritu que puedan servir de base para las animaladas que todos sabemos. Muy sugestivo, de veras, pero, además, entretenido. La joven Rosa escribe de modo extremadamente ameno. Sin embargo, siendo eso cierto y meritorio, siempre la recuerdo por su rigor; y así, debo decir que jamás he leido un texto tan brillante explicando qué es bildung. Si tenéis apetito de lectura no literaria, ahí quedan esas dos sugerencias.



Ayer regresé de Salamanca, ciudad en la que he estado desde el jueves en el, ejem, décimo-primer cónclave de, digamos, la Asociación de Kapellmeisteren de las Corporaciones Provinciales de Asentadores de Plantas de Jardín a la que pertenezco y a cuyas reuniones vengo asistiendo desde hace once años. Salí muy tarde de Zaragotham: tenía una cosa importante, desagradable, en cierto modo terrible, programada para las nueve y media de la mañana, y a pesar de que empezó con puntualidad, sólo salí del paso a las 13.30. Y hay 550 klicks. Hace algunos años iba a Salamanca con mucha frecuencia. La ruta más rápida es tomar la autopista AP-68 y enlazar en Burgos dirección Valladolid y, finalmente, Salamanca. En aquellos tiempos (hacia 1993) yo tenía un coche pequeñito y potente que iba como un tiro. En aquellos tiempos he hecho ese viaje muy muy rápido en alguna ocasión. Hoy en día, sin embargo, conduciendo un artefacto que triplica (no exagero, es así) la potencia al freno de aquél, que goza de un nivel de seguridad pasiva y activa que quintuplica, lo menos, la de mi AXGT, me veo obligado a conducir por carreteras en mucho mejor estado a una velocidad estúpida, peligrosa e irracional: 120km./h. Este gobierno es completamente incompetente por motivos mil, pero hoy quiero recordar, una vez más, a la Dirección General de Tráfico que tanto me incomoda; ese antro de estulticia, ineficacia, demagogia, derroche económico: en suma, ese compendio de todo mal.

Bueno, a lo que iba. Dos días de ciencia (escasa pero de gran altura: tres sesiones científicas hemos tenido) y relaciones con las buenas amigas y amigos que tengo en ese biotopo. Mañana de viernes con una ponencia a cargo de un brillantísimo asesor del Ministerio que a duras penas excusaba la idiocia de los del Ministerio de Hacienda que, obsesionados con que no se les escape ni un duro -perdón, un euro- del botín, se cargan técnicamente una ley técnica; en la misma mañana, como ochenta Kapellmeisteren -yo entre ellos- montados en sendos remolques agrícolas arrastrados por un tractor se pasearon por una dehesa, componiendo una escena parecida a la del pijama que glosaba por ahí arriba. Exquisita la caña de lomo y el jamoncito que hemos consumido a puñaos. Dos días muy, muy agradables, sobre todo por las personas con que me he juntado.
Alojados en el Hotel AC Palacio de San Esteban. Una preciosidad, con la única pega de que lo exiguo del aparcamiento ha motivado que algún desalmado haya hecho una raya a lo largo de la puerta derecha de mi coche. Ventajas de la edad que ya tengo: tal circunstancia, que en momentos pretéritos me hubiese puesto a pegar gritos, sólo supone una mínima molestia. Ya lo pintaré. Algún día. Inasequibilidad frente a la zozobra. Todo sosiego. ME CAGO EN LA PUTA MADRE DEL CAFRE DEL VOLKSWAGEN DE MIERDA. Ommmmmmm.
Bueno, que me voy a dormir que ya son horas. Que la semana empiece bien para todos.

09 abril, 2007

Hrvatska (¿lo cualo?)

Bien. Tengo otra entrada en sazón sepultada en el disco duro de otro ordenador, de manera que se va a producir una pequeña desincronización entre los contenidos de la realidad (¿?) y su descripción en ‘Noticias desde Vladivostok’. Qu’est-ce qu’on va le faire.

Le contaba el otro día a una muy querida blogger que MBO y yo íbamos a pasar las vacaciones en Dubrovnik acompañados por un (1) director general y catorce (14) miembros de cierto consejo de administración junto con las respectivas esposas de todos ellos. La referida amiga escalofrió parcialmente. Ego dixit aquello de que hay cosas que van con el cargo, pero lo cierto y verdad es que ni me parecía mal antes, ni tampoco a posteriori. Cinco días comodísimos y agradables: es todo lo que hay que decir al respecto.


Como todos sabéis, Dubrovnik es una preciosa ciudad amurallada situada en la costa del Adriático en el extremo sur de la República de Croacia, que es un estado de los que formaron parte de la Ex – República Federativa de Yugoeslavia, de cuya Federación se independizó en veinticinco de junio de 1991.

Dubrovnik está en Dalmacia, lo cual hace que las camisetas turísticas luzcan perrillos de esos blancos y negros en abundancia: UPFm lo celebró mucho.

Lo de la historia de Croacia daría bastante juego -como en general la historia de los Balcanes, si se pone uno a pensarlo- para clavaros aquí unas cuantas chapas de medianas dimensiones pues hay un poco de todo: perfidia turca abundante, anexión por el K. ü. K. durante cuarenta añitos o así hasta 1918, periodo de entreguerras movidillo no exento de creación de partido ultraderechista y racista; intervención en la segunda guerra mundial que deja a los nazis a la altura del betún en brutalidad, sólo comparable a aquélla de la que harán gala en todo momento sus vecinos los servios, aunque estos últimos dotados, más bien, de banderitas rojas con hoces y martillos par tout. En fin, todo paz y amor: la Ex – Yugoeslavia (Eslovenia, Croacia, Bosnia Herzegovina, Serbia, Montenegro y Macedonia) es lo que podríamos llamar el perfecto semillero para hondonadas y hondonadas de hostias.

Viajé por primera vez a la Ex Yugoeslavia en 1986, y ya se percibía una cierta tensión. Tito había fallecido en 1980 y se habían inventado un turno rotatorio entre los Presidentes de las repúblicas federadas para ostentar la Presidencia de la Federación. Muy innovador, pero escasamente seguro y nada estable. En 1990, diplomáticos de alto rango señalaron en mi presencia su muy profunda preocupación sobre la situación en la zona. Durante el curso siguiente hube de explicar la cosa a mis alumnos; en rigor, explicar estas cosas que os he dicho y tratar de describir las que pasaron a lo largo de la primera parte de las guerras de la Ex – Yugoslavia. La de Dios, lo aseguro.

El guía que nos ha atendido estos cinco días: todo un profesional; excelente, culto e informado; ameno y atento. Arquitecto por formación, lleva mucho tiempo dedicándose al turismo, la industria nacional que genera el 22% del PIB y está llamado a sustentar la economía nacional croata.

... Ah, sí: olvidaba señalar que dicho guía, croata él, ha sido tanquista voluntario durante tres años y nueve meses; dos de sus hijos nacieron en un bunker mientras los serbios bombardeaban Dubrovnik, ciudad que entre otras cosas se caracteriza por no mantener ni un solo tejado original (a pesar de la Resolución de ONU al respecto). Nos ha enseñado las fotos de sus tanques (incluido un T-34 que empleó en algún momento y que no sé de dónde coño habrían sacado, como no fuese de un museo), de su Kalashnikov, de su Mágnum y de los chicos que cayeron a su lado.

El tipo es amable: un fantástico guía. Naturalmente, ha explicado lo que sucedió en Croacia, lo que hicieron los serbios, lo que hicieron los montenegrinos apoyando a Serbia. Perdón, matizaré: ha descrito lo que pensaba un tipo que conducía un M-84 (reflexionen Vdes. acerca de lo que puede hacer un artefacto de 44 toneladas con un cañoncito de 125 mm.) defendiendo Croacia de la agresión serbia (sic) y gestionando la situación (ejem) en Bosnia. Percibí un sincero aprecio por Milosevic y Karadjik en su voz, sí.

La verdad, espero que todos en la zona se pongan a ganar dinero como posesos, con rapidez. Admito que es triste pensar que la pasta puede resolver odios inmemoriales como estos; lo que sucede es que esta generación no podrá olvidar nada: como mucho, perdonar; entre tanto, lo cierto es que si hay tensiones económicas en la zona, desempleo o inflación, no quepa duda que todo saltará otra vez por los aires: los serbios volverán a berrear por lo de su salida al mar (por simplificar, Croacia es un país bastante más organizado, más europeo, más centrado… que Serbia –activador del detonante de la Primera Guerra Mundial (aunque desde luego no responsables de la misma), vía de entrada de los soviéticos en su momento, mucho más eslava- Bosnia –con importantes mayorías musulmanas- o Kosovo –siempre digo que la primera vez que estuve en Turquía fue en Pec- ) y se montará la mundial. La adhesión a la UE también resolverá problemas muy probablemente. Esperemos.

Bueno, a lo que iba: Croacia es un bonito país (como también Montenegro, que yo no conocía del viaje anterior), y Dubrovnik tiene todo el encanto de una ciudad pequeñita con un si es no es veneciano, adobado con algo de cité francesa y un perfil parecido a la Costa Brava. Los vinos son perfectamente prescindibles. Han cometido el error de pasarse a la nefanda costumbre de servir los combinados midiendo el licor a servir con un vasito milimetrado. Y, conscientes de la inmanejabilidad de su idioma (no hay Dios que entienda NADA en croata), decidieron que, mejor que Hrvatska, iban a llamarse Croacia. Y es que pronunciar aquello bebiendo Slivovica es muy jodido.


Eso, que os lo recomiendo. Como también dos de mis últimas lecturas, despachadas en rápida sucesión y suministradoras de notabilísimo placer a éste su anfitrión, ambas del mismo autor, nada novedoso: fijo que todos conocéis a Alessandro BARICCO. Seda es material algo añejo, publicada en 1996 y aplaudida por toda la crítica con gran alharaca. Fue la segunda de las que leí en esta pasada semana. Es una obra brevísima, ligera, exquisita, que, rozando la cosa oriental -que tanto juego da a la sutileza aparente- entremezcla una historia de amor, otra de supervivencia (colectiva e individual. E incluso de insecto), otra de pasión encoñada y fútil. Hermosa la anécdota, genial el desarrollo. No se priven, de veras, aunque lo realmente genial, imponente, fantástico, luminoso y 'enganchante' ha sido el otro BARICCO que me he echado al coleto con ansia. Puedo decir que en lo que va de año ha sido LO MEJOR que he leido, y que hace bastante que no leía prosa tan brillante: Esta historia Lo relatado ha de ser forzosamente interesante para alguien como yo: el sueño del protagonista (¿?) se circunscribe a un circuito de carreras a partir de un sueño paterno de automóviles y velocidad, sobre un fondo no expresamente mencionado perfectamente marinettiano: coches de carreras, primera guerra mundial: struggle for life versión italiano-austrohúngara (vid supra). Años veinte en los Estados Unidos. Un xk120 plateado con número 111. Todo eso, sin embargo, es muy subjetivo: lo realmente excelente es el manejo del lenguaje. Se ha editado a mediados de Marzo de 2007. No dirán Vdes. que en Vladivostok no se les informa a la mayor brevedad de las novedades editoriales. En este caso, además, insisto: háganse Vdes. con él. Es GRANDE.
Señalaré que metí a la maleta material menos fantasioso: un brevísimo opúsculo llamado Siete ensayos sobre Walter Benjamin, debido a una ígnota Beatriz SARLO, que no analizaré aquí, pero cuya síntesis podéis encontrar aquí, por que me ha interesado mucho -pues muy interesante es WB- pero ya me está quedando un poco largo. Así que lo dejo por hoy.