Si las Fuerzas Armadas tuvieran poder ¿No habrían perpetrado ya un golpe de estado?
La pregunta surge de imaginar lo que puede sentir cualquier persona que llegue del exterior y haga un repaso por los titulares de los principales medios escritos y audiovisuales. Se vuelve a ir en menos de 24 horas convencida de que acá ya no se puede vivir…
La escalada por el asunto de la inseguridad se va tornando asfixiante más que nada por la carencia absoluta de propuestas racionales y razonables que denota el susanismo, que sólo balbucea lugares comunes y todos bien de derecha ultra reaccionaria como esta idea de que se vuelva al servicio militar obligatorio para atemperar el delito ¿Sabe Susana que la gran mayoría de los pibes chorros ni siquiera tienen DNI y que la reinstauración del SMO no los incluiría? ¿Sabe Susana que el gordo Valor hizo la colimba?
¿No se está generando una sensación de colapso similar a la de 1976, solo que si 33 años atrás la imagen era la de un país al borde de ser copado por bandas marxistas, ahora en cambio quienes están acechando “nuestro modo de vida” son los delincuentes comunes?
La restauración conservadora en ciernes que para muchos puede parecer un slogan hueco o un fantasma K está encarnada en grupos de personas de probada existencia y engloba varios aspectos aparentemente aislados pero que forman parte de un gran paquete donde todo está interconectado. La escalada de Las patronales agropecuarias batallando por la apropiación de la renta extraordinaria y demostrando un desdén absoluto por la vida en sociedad es contemporánea con la irrupción del “Famoso facho”. Y mientras “el campo” mira su billetera con obsceno desinterés por los destinos del país, la farándula solicita la reimplantación del Servicio militar y pide que se termine con el asunto de los Derechos Humanos, porque esas son cuestiones del pasado (¡Suéltame, pasado!!!)
Notable: Mientras la vanguardia política e ideológica del “Frente del Retorno a lo que Fuimos” (FRF) en su faz económica se encarna en prósperos empresarios rurales, decenas de famosos (¿Porqué los famosos son siempre de derecha?) exageradamente amplificados por medios afines claman por una variante indefinida y amorfa de estado de sitio.
La propuesta es clara: Que los que ganan fortunas por las ventajas del tipo de cambio favorable tributen lo mismo que cualquier otro sector que comercia en el mercado interno y que las calles sean patrulladas por ejércitos del bien que nos protejan de la delincuencia.
Ya está.
Es así y no se discute más.
No se discute la renta, no se discute la pobreza, no se discute la fama.
Y cualquier convite a refleccionar sobre estos asuntos será estigmatizado como un intento de crispación kirchnerista cuando en realidad de lo que se trata es de re-pensar cómo llegamos hasta aquí y si no hay que corregir algunas cosas ligadas al rol del Estado, el funcionamiento de la justicia, la necesaria desinfección de las fuerzas de seguridad, la pobreza y la desigualdad social.
Todo intento que venga por este lado es tomado por el FRF como un intento de “confrontación por la confrontación misma”.
Es la visión macrizada de la vida nacional: Todo está como está y está bien que esté así, no hay que tocar nada.
Sólo hay que enrejar plazas y alentar linchamientos de mendigos por las noches que con su sola presencia afean el paisaje ciudadano.
Sólo hay que asfaltar calles y pintar fachadas.
Ha llegado el tiempo de la cosmética señoras y señores, de que todo se vea lindo. La vida argentina encapsulada en un spot publicitario de “Ser” donde los problemas centrales son el “tránsito lento” de las chuchis constipadas…
Y a lo feo ¡leña!!!
Que se mueran los feos
Que se mueran los feos
Que se mueran toditos
Toditos toditos los feos
Decía el estribillo de una canción vomitiva allá lejos y hace tiempo…
A lo feo se lo erradica sin contemplaciones, sea un bache, una beca escolar o un pobre diablo que se guarece bajo el techo de un comercio de la lluvia y el frío.
En la película “La noche más hermosa”, de 1984, José Sacristán encarna a un alto ejecutivo de un canal de televisión en el que se genera una huelga gigantesca, que será resuelta de la peor manera por la patronal, con despidos por doquier, suspensiones y demás muestras de avasallamiento de los derechos sindicales.
Una vez restaurada “la paz y la convivencia”, Sacristán remata un monólogo de colección diciendo: “El país funciona”…
De eso se trata esta restauración. De volver no se crea que tan lejos, si usted quiere volver a los noventa y dejar de perder el tiempo en discusiones que ya no tienen sentido, como eso de reflotar “los derechos humanos” (dicho así, anteponiendo el “los”, que siempre agranda el asquito) y todas esas cosas que “reabren heridas que creíamos cerradas”
Sólo así, nos quieren convencer, el país funcionará.
La pregunta surge de imaginar lo que puede sentir cualquier persona que llegue del exterior y haga un repaso por los titulares de los principales medios escritos y audiovisuales. Se vuelve a ir en menos de 24 horas convencida de que acá ya no se puede vivir…
La escalada por el asunto de la inseguridad se va tornando asfixiante más que nada por la carencia absoluta de propuestas racionales y razonables que denota el susanismo, que sólo balbucea lugares comunes y todos bien de derecha ultra reaccionaria como esta idea de que se vuelva al servicio militar obligatorio para atemperar el delito ¿Sabe Susana que la gran mayoría de los pibes chorros ni siquiera tienen DNI y que la reinstauración del SMO no los incluiría? ¿Sabe Susana que el gordo Valor hizo la colimba?
¿No se está generando una sensación de colapso similar a la de 1976, solo que si 33 años atrás la imagen era la de un país al borde de ser copado por bandas marxistas, ahora en cambio quienes están acechando “nuestro modo de vida” son los delincuentes comunes?
La restauración conservadora en ciernes que para muchos puede parecer un slogan hueco o un fantasma K está encarnada en grupos de personas de probada existencia y engloba varios aspectos aparentemente aislados pero que forman parte de un gran paquete donde todo está interconectado. La escalada de Las patronales agropecuarias batallando por la apropiación de la renta extraordinaria y demostrando un desdén absoluto por la vida en sociedad es contemporánea con la irrupción del “Famoso facho”. Y mientras “el campo” mira su billetera con obsceno desinterés por los destinos del país, la farándula solicita la reimplantación del Servicio militar y pide que se termine con el asunto de los Derechos Humanos, porque esas son cuestiones del pasado (¡Suéltame, pasado!!!)
Notable: Mientras la vanguardia política e ideológica del “Frente del Retorno a lo que Fuimos” (FRF) en su faz económica se encarna en prósperos empresarios rurales, decenas de famosos (¿Porqué los famosos son siempre de derecha?) exageradamente amplificados por medios afines claman por una variante indefinida y amorfa de estado de sitio.
La propuesta es clara: Que los que ganan fortunas por las ventajas del tipo de cambio favorable tributen lo mismo que cualquier otro sector que comercia en el mercado interno y que las calles sean patrulladas por ejércitos del bien que nos protejan de la delincuencia.
Ya está.
Es así y no se discute más.
No se discute la renta, no se discute la pobreza, no se discute la fama.
Y cualquier convite a refleccionar sobre estos asuntos será estigmatizado como un intento de crispación kirchnerista cuando en realidad de lo que se trata es de re-pensar cómo llegamos hasta aquí y si no hay que corregir algunas cosas ligadas al rol del Estado, el funcionamiento de la justicia, la necesaria desinfección de las fuerzas de seguridad, la pobreza y la desigualdad social.
Todo intento que venga por este lado es tomado por el FRF como un intento de “confrontación por la confrontación misma”.
Es la visión macrizada de la vida nacional: Todo está como está y está bien que esté así, no hay que tocar nada.
Sólo hay que enrejar plazas y alentar linchamientos de mendigos por las noches que con su sola presencia afean el paisaje ciudadano.
Sólo hay que asfaltar calles y pintar fachadas.
Ha llegado el tiempo de la cosmética señoras y señores, de que todo se vea lindo. La vida argentina encapsulada en un spot publicitario de “Ser” donde los problemas centrales son el “tránsito lento” de las chuchis constipadas…
Y a lo feo ¡leña!!!
Que se mueran los feos
Que se mueran los feos
Que se mueran toditos
Toditos toditos los feos
Decía el estribillo de una canción vomitiva allá lejos y hace tiempo…
A lo feo se lo erradica sin contemplaciones, sea un bache, una beca escolar o un pobre diablo que se guarece bajo el techo de un comercio de la lluvia y el frío.
En la película “La noche más hermosa”, de 1984, José Sacristán encarna a un alto ejecutivo de un canal de televisión en el que se genera una huelga gigantesca, que será resuelta de la peor manera por la patronal, con despidos por doquier, suspensiones y demás muestras de avasallamiento de los derechos sindicales.
Una vez restaurada “la paz y la convivencia”, Sacristán remata un monólogo de colección diciendo: “El país funciona”…
De eso se trata esta restauración. De volver no se crea que tan lejos, si usted quiere volver a los noventa y dejar de perder el tiempo en discusiones que ya no tienen sentido, como eso de reflotar “los derechos humanos” (dicho así, anteponiendo el “los”, que siempre agranda el asquito) y todas esas cosas que “reabren heridas que creíamos cerradas”
Sólo así, nos quieren convencer, el país funcionará.