No voy a negar que cierto exceso de sobreactuación de Cristina me empalaga.
No me gustan ciertos deslices de la presidenta. No me gustó -y lo escribí- que comparara a los goles con los desaparecidos y no me gusta que ahora haya dicho, con esa grandilocuencia que no suma nada y sí espanta mucho, que este gobierno es el único que en 26 años envió un proyecto de ley para sancionar una nueva ley de medios. En rigor hubo intentos anteriores que no se deben desconocer. Es más, habría que reconocerlos para incluso agrandar la justificación de este envío.
Habría que montarse sobre todos los antecedentes fallidos, empezando por los proyectos del diputado radical Felgueras de La Pampa en los tiempos de Alfonsín y luego los de Alvarez Guerrero, y de ahí en adelante -reconociendo incluso el buen proyecto que en su momento tuvo Pino Solanas- para ampliar el enfoque y dar así una verdadera imagen de cómo siempre los lobbies triunfaron y las fuerzas de la democracia fracasaron en el intento de sancionar una nueva legislación para los medios audiovisuales.
Se equivoca el Cristina al sobreactuar como se equivocó Néstor al ningunear el antecedente de Raúl Alfonsín en lo referido a Derechos Humanos y concretamente al Juicio a los comandantes del Proceso.
Pero hay una necesidad que, creo, es superior: La construcción de una sociedad con mayor calidad democrática es imposible sin la democratización de la palabra. Y aquí es donde se impone separar una cosa de la otra. Aquí es donde empieza a ser necesario entender que el proyecto de ley que entró al congreso es muy bueno independientemente que lo haya enviado este Poder Ejecutivo. Si logramos entender que el proyecto es bueno, que incluso se le podrán introducir las mejoras que se consideren pertinentes en el marco de la discusión parlamentaria, estaremos dando un gran paso como sociedad en el sentido de lograr una mejor calidad democrática.
Este es el punto neurálgico del asunto, que se puede transformar en una trampa si no lo enfocamos acertadamente.
El dispositivo mediático ha lanzado una balacera feroz, tal cual se estaba esperando y lastimosamente algunos sectores de la oposición toman partido por una estrategia que lo que persigue claramente es dejar todo como está en materia de medios. Ahí es donde la oposición escupe para arriba porque serán algunas de sus fuerzas las que en el futuro sientan en carne propia el sablazo manipulador de un puñado de empresas que controlan el 90 % del flujo informativo en el país y que no dudarán en ametrallar a cualquier gobierno que atine a sacar los pies del plato del diseño que plantean AEA y la Mesa de Enlace.
Por eso me parece que es vital separar el proyecto del gobierno. Es vital entender que este proyecto es el resultado de años de laburo de periodistas, de académicos, de estudios de legislación internacional y que por eso tiene mucho valor. Y entender que la ley es para todos, no para este gobierno.
Si logramos darnos una nueva ley de medios el beneficiado será, antes que nadie, el pueblo, no el gobierno de turno.
¿Y habrá que conversar algunos puntos? Los que sean necesarios. Que se los converse y que se trate de encontrar un punto de acuerdo. Pero si la respuesta de alguna oposición es "Defender a los multimedios", como planteó Carrió en su momento, se está descentrando el eje.
Y sería importante que estas cuestiones fueran visualizadas por muchas personas que ven con agrado el proyecto pero les da tirria la sobreactuación presidencial.
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viernes, 28 de agosto de 2009
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