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lunes, 15 de diciembre de 2008

Periodismo dependiente

En este preciso instante Sietecase y Rozín están aireando el "Mapa de la inseguridad" del "Diputado" Francisco de Narváez.
Lo hacen desde la pantalla del canal América, propiedad del mismísimo De Narváez...
Ni remotamente tienen la hidalguía de contarle a su audiencia que están hablando de un proyecto electoralista del dueño del canal donde hacen el programa.
Ni remotamente tienen la dignidad de explicar qué criterios de producción los nueve a tocar este tema y no otros de los que conforman la cargada agenda coyuntural.
Ni remotamente dicen que, de vez en cuando, hay que hacer un chivito para el colorado con gestito de:

"Y...así son las cosas... a nosotros nos gustaría que el canal fuera de Sandra Russo, viste...pero, vos entendés...)

Mefistos pedorrones.

sábado, 22 de noviembre de 2008

La propiedad de los Medios

Reynaldo Sietecase con su nota “Los dueños de los medios” me dejó pensando.
Arranca hablando muy livianamente de la propiedad de los medios pero inmediatamente, y sin desarrollar el enunciado, empieza a escribir sobre lo que – creo – más le interesa: El vínculo entre los periodistas con las empresas propietarias de medios y su dilema cotidiano de no herir susceptibilidades patronales y al mismo tiempo mostrarse “independientes” para la audiencia.
El intento de Sietecase arranca decididamente mal:

“A mí me gustaría que los dueños de los medios de comunicación fuesen Estela Carlotto, León Gieco y Juan Carr. Pero no, son Telefónica, Clarín, el Grupo Uno, el mexicano Remigio Ángel González y Daniel Hadad”

¿Sabés que a mí no me gustaría que Carlotto o Gieco fueran propietarios de medios?
Pensemos ¿Qué busca Sietecase con este párrafo? Seguramente provocar y darnos un baño de sentido común, de realismo y pragmatismo. Nos dice que, lamentablemente, los medios están en manos de sus actuales propietarios y que de lo que se trata es de trabajar en este contexto empresario con la mayor dignidad posible. Toda una demostración de falta de convicciones para intentar trastocar un sistema mediático perverso.

En realidad no se trata de que los medios pasen de Hadad a Gieco, se trata de enfocar la problemática de la comunicación desde otro lado, que no es otro que la necesidad de democratizar el acceso a los medios electrónicos garantizando que las diversas expresiones políticas, religiosas y sociales puedan explotar frecuencias de radio y TV.

Los medios están como están por causas políticas concretas.
No es casual que de la ley 22.285, sancionada en 1979 por Videla, se hayan modificado solamente los artículos que prohibían a los diarios explotar radios y canales de televisión en una misma zona.
Esta modificación concretada en tiempos de la Reforma del Estado menemista fue la que posibilitó la estructuración de grupos multimediáticos con un poder devastador, como se pudo verificar en la puja por la resolución 125, donde los medios jugaron a fondo y le asestaron un golpe durísimo al kirchnerismo que, repitámoslo, ha tenido una política horripilante en la materia: De prorrogarle en 2005 la explotación de licencias a todos los canales y radios; de autorizar la compra de Cablevisión por parte de Clarín a mediados del 2007 pasó, en el fragor de la pulseada con la patronal agropecuaria, a proponer una nueva ley de radiodifusión como un elemento más de presión política, con lo que devaluó irresponsablemente la necesidad estratégica de contar con una nueva legislación en la materia.
Si en algún momento el gobierno intentara sancionar una nueva ley de radiodifusión ¿Cómo haría para resistir el fuego cruzado de toda la estructura mediática del país?
Los resultados podrían ser dos: Una durísima y definitiva derrota o, peor aún, la sanción de una legislación que meramente lave la cara de lo existente y no sólo no trastoque la cuestión de la propiedad, sino que legalice el actual estado de cosas.

Mientras no haya una legislación que claramente amplíe las posibilidades de acceso a los medios a todos aquellos actores sociales y políticos relevantes, cualquier debate sobre la materia quedará siempre a mitad de camino.
Para que ningún despistado se confunda debe remarcarse que la cuestión no pasa por cercenar los espacios vigentes, sino por abrir otros. La inminencia de la digitalización de la radio y la TV es la gran aliada que posibilitará abrir nuevas frecuencias sin necesidad de sacar lo existente. La Cadena Nacional de la Gente Linda seguirá estando, sólo que a su lado habrá gente fea y desarreglada diciendo también sus verdades ¿Queda claro?
Este zapping dominguero que muchos hacemos yendo y viniendo entre el programa de la delantera Sietecase-Rosín-Montenegro y la de Navarro-Wainfeld-Brieger debe multiplicarse.
El acceso a los medios no debe estar filtrado exclusivamente por la cartera de anunciantes porque esa es la mejor forma de garantizar que nada cambie.
De no abordarse así la cuestión de los medios, el país seguirá padeciendo campañas y manipulaciones por doquier puesto que ha quedado comprobado que en la actualidad las empresas ligadas a la comunicación se han transformado en actores descarnadamente políticos y ello hace que se subordine el derecho a la información a sus intereses políticos coyunturales. Un ejemplo puntual es la del diario Crítica de ayer: Cuando la noticia era la sanción en el Senado de la estatización de los fondos previsionales, puso en tapa una foto de la presidenta titulando “Vamos a traer a Tutankamon a Buenos Aires”

jueves, 28 de agosto de 2008

Reynaldo Sietecase: Cada vez más patético

Esta columna de Reynaldo Sietecase es toda una demostración del techo analítico que campea en el periodismo televisivo.
Sietecase remata su razonamiento en esta frase:

“Las noticias no son un espectáculo”

Antes de descerrajar esta oración rimbombante, el centralista transcribió una máxima de Ryszard Kapuscinski, citó alguna definición de Tomás Eloy Martínez y hasta manifestó una crítica timorata al hacedor de TVR, Diego Gvirtz.
Todo muy bien, muy rico todo y muy linda la novia ¿Pero el resto del análisis, Sietecase? ¿La propiedad de los canales no importa? ¿La utilización política de la TV por parte de las patronales no debe ser tenida en cuenta toda vez que hablamos de periodismo y televisión?
Sietecase dice que la TV se aleja cada vez más del periodismo. Le pido, le suplico que me diga cuándo estuvo cerca, salvando excepciones puntuales.
Pero aparte de eso, el asunto es desentrañar el carácter desinformador de estas líneas. Porque si Sietecase habla desde el periodismo televisivo e intenta lanzar una autocrítica, está omitiendo muchísimos elementos en el diagnóstico, entonces la resultante puede ser creíble para lectores con escasa información en materia de medios, pero no para quienes están de una u otra manera ligados a estos.
Sietecase no puede soslayar que el flujo publicitario en Argentina está infectado por intereses políticos e ideológicos, hecho que condiciona desde el vamos el la el perfil de los programas; Sietecase no puede venir a hablar del minuto a minuto y silenciar que el canal en donde él trabaja es de un dirigente político opositor, y donde, por ejemplo, casi no existen las noticias que desfavorezcan al gobierno de Mauricio Macri ; Sietecase no puede desconocer que hay campañas de prensa, que hay operaciones, que hay intereses concretos por parte de los licenciatarios de los canales de TV.
Sietecase no puede ignorar que esta TV que supuestamente se aleja de lo que nunca tuvo cerca demonizó a Luis D’Elía transformando una trompada a un provocador en decenas de patoteadas, mientras que encriptó las informaciones sobre los abusos y tropelías cometidos en las rutas por las hordas enardecidas de soja.
Sietecase no puede venir a hablar del periodismo televisivo sin reparar en cómo la TV se embanderó con la patronal agropecuaria, cómo trató desde sus noticieros de “ciudadanos” y “vecinos” a los poco espontáneos caceroleros, mientras que a quienes nos movilizamos a favor del gobierno y la democracia fuimos estigmatizados jodidamente como “activistas”.
Indigna la manera en que estos muchachos nos quieren tomar el pelo. ¿Pensará Reynaldo que lo escribe es creíble?
Si trasladamos el razonamiento de Sietecase al fútbol podríamos aventurar, por ejemplo, que ya no hay wines por culpa de los Directores Técnicos, cuando en verdad el problema, si bien los incluye, es mucho más profundo y se remonta a las transformaciones que se han venido operando en el negocio del fútbol en los últimos treinta años, abarcando desde el juego en si mismo hasta intereses políticos e ideológicos y asuntos económicos variopintos que convergen en este espectáculo cada vez más rentable.
No se puede hablar de periodismo y TV sin considerar que hay intereses concretos que condicionan y formatean la cotidianeidad de la TV como tampoco se puede seguir blandiendo el cuentito de que a la gente le gusta la porquería, porque aquellas veces en que la TV ha tenido propuestas periodísticas de fuste la audiencia las ha acompañado considerablemente, dejando en claro, por supuesto, que siempre va a existir una mayoría que prefiera ver las propuestas pasatistas.
Sin ir más lejos, los programas de Lanata tuvieron muy buenas mediciones, pero claro, distaban de lo que hoy por separado hacen Tenembaum, Zlotowiazda y el mismísimo Sietecase con Maximiliano Montenegro.
Se me acaba de ocurrir que viene a cuento preguntarle a Reynaldo porqué sumando sus programas con los de Tenembaum y Zloto, en lo periodístico no le llegan a los talones a aquél “Día D”. ¿Qué es lo que hace que la calidad periodística de estos programas sea tan pobre al lado de lo que estos mismos colegas realizaban cuando estaban con la nueva estrella de la revista porteña? ¿La culpa es del “minuto a minuto”? Vamos...
¿No será que Tenembaum, Zloto, Montenegro y Sietecase tienen hoy algunos corsés y en aquellos años no? Porque si no es esto, pues habrá que considerar que un puñado de años bastaron para que cuatro periodistas sufrieran un retroceso profesional e intelectual alarmante.

Mientras no se reconozca que para trabajar en la primera división del sistema mediático tal como está, hay que someterse a varios condicionamientos, ningún análisis será creíble. Por supuesto que ninguno de estos periodistas lo va a reconocer y va de suyo que cuentan con vastos recursos intelectuales para defenderse y desacreditar a quienes desde afuera marcamos estas cuestiones.
En todo caso no estaría mal que se aliaran a ideas un poco más solventes o que por lo menos asuman que han cambiado.
Al fin y al cabo siempre se pueden entender las razones laborales, lo que no se puede justificar es que un diagnóstico pletórico de falencias se nos lo quiera vender como autocrítica profunda .

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