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lunes, 15 de agosto de 2016
lunes, 28 de marzo de 2016
martes, 6 de mayo de 2014
Massa, lo más parecido a Spielberg que dio Argentina
Es muy graciosa la fiebre anti reelección que desató Sergio Massa, nuestro mayor especialista en efectos especiales, según Luis Juez. Ahora Gabriela Michetti aprovechó la volada y se mandó un proyecto para impedir la reelección en los sindicatos. No habrá que extrañarse que siga el festival anti reeleccionista en las áreas más insospechadas. Mientras tanto, la mejor respuesta al operativo de prensa massista llegó de la más rimbombante de sus últimas adquisiciones: el vasco Othacehé, que directamente propone limitar también la reelección de concejales, diputados y senadores, una forma elegante de dinamitar la opereta y obturar cualquier tratamiento serio del tema puesto que, sin ir más lejos, significa un golpe en el corazón del panradicalismo, cuyas principales figuras hacen uso y abuso de la reelección como legisladores: pienso en Stolbizer, en Ricardito, en la mamá de Republiquita , en el senador Gerardo Morales y me muero de risa.
Ya que estamos pensando en mejorar la calidad de la representación ¿Porqué no eliminamos el tercer senador por las provincias, aquél regalito de Menem a Alfonsín para que no desapareciera la UCR?
Pero más allá del chicaneo y los efectos especiales del massismo, lo importante de verdad es discutir el concepto de la reelección, empezando porque en el caso de la PBA, en la mayoría de los distritos la reelección indefinida no ha tenido muchos exponentes en los últimos años, salvo los casos de Curto, o los de los "renovadores" Othacehé, Cariglino y Posse.
Mi postura es que mientras el casi centenario juez Carlos Fayt siga en la corte y los capos de "los mercados" puedan ocupar cargos de poder hasta su muerte, la política debe defender la reelección de legisladores, gobernadores y presidente. La trampa de la república liberal es que la política esté sometida a límites que no tiene el clero, la justicia ni las corporaciones, entonces, o se revisa todo o no se toca nada.
De cualquier manera no va a pasar nada y dentro de un par de días esto ya no es noticia.
jueves, 21 de junio de 2012
Moyano ladra y muestra los dientes pero recula
Finalmente Hugo Moyano levantó el paro ante la embestida de toda la estructura del gobierno y el peronismo que salió sin fisuras a cuadrarse para marcarle la cancha. La convocatoria a un acto para el próximo miércoles y el inmediato levantamiento de la medida de fuerza que desabastecía al país de combustibles muestra al líder camionero como a esos perros que ladran y muestran los dientes pero no paran de recular. Cuando el ministro de planificación Julio De Vido salió al mediodía a anunciar multas a la patronal luego de que ayer denunciara que no le habían atendido sus llamados puso los cañones del gobierno apuntados de tal manera que en horas se acordó un 25 % de aumento, lo que confirma, entre otras cosas que Moyano tiene intereses en los dos lados del mostrador.
Cierto es que el camionero no retrocede con la manos vacías: salió con gran habilidad de la encrucijada de quedar como el responsable de un hipotético desabastecimiento, retrocediendo pero con gran disimulo y quedando posicionado como el único referente con capacidad y ganas de aglutinar la oposición contra el gobierno de Cristina Fernández, y por si fuera poco con la estructura de Clarín atrás que no ahorrará esfuerzos en la operación de blanqueo social y político.
miércoles, 20 de junio de 2012
Tres miradas sobre Moyano
Hoy conversé con Manolo, con el politólogo Sebastián Etchemendi y con Abel Fernández tratando de sumar elementos para entender este presente de Hugo Moyano. Acá están los tres audios
Sebastián Etchemendi
Abel Fernández
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Manolo Barge
Sebastián Etchemendi
Abel Fernández
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miércoles, 5 de octubre de 2011
Raro, muy raro
Raro el caso del Pollo Sobrero, básicamente porque sobrevuela la idea de que el gobierno nacional a veces pareciera tener falencias en materia de inteligencia ¿O esta detención no termina siendo parte de una opereta preelectoral para embarrarle la cancha a Cristina?
¿Quién se benefició?
¿Quién pagó costos?
Preocupa, además cómo se le dio crédito desde diversas esferas oficiales y mediáticas a los rumores que salieron, supuestamente, del juzgado. Cómo se llegó a publicar trascendidos afirmando que había una cantidad fabulosa de pruebas que, como se vio, con el paso de las horas se fueron escurriendo como el agua entre los dedos.
Atenti que las dos semanas y media que faltan para las elecciones van a ser terreno minado.
.martes, 4 de octubre de 2011
Perdidos en América, lunes 2 de octubre
Ayer en el comienzo del programa tuve una charla interesante con Enrique Martínez, presidente del INTI, sobre cómo pensar un futuro sustentable en materia industrial, o cómo superar la fase de ser un país de ensamblaje. Luego el Chino Navarro fijó claramente la posición política frente a la detención por demás cuestionable del "pollo Sobrero"
Luego del homenaje a Peche (que está en el post anterior) conversé con Coco Blaustein sobre "La Cocina", el film que cuenta cómo se militó la ley de medios a lo largo y ancho del país y a continuación surgió una muy interesante exposición de Juan Manuel Vila sobre las bandas de música que surgen en las barriadas de La Matanza.
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sábado, 10 de septiembre de 2011
Los medios pueden distorsionar la realidad pero no modificarla
Al anunciar el aumento de la AUH, Cristina sintonizó muy bien con el humor social en lo referido a la Tendinitis que alegaron los boleteros del subte pero al final de la semana queda bien claro que, como viene ocurriendo desde 2008, los grandes medios ningunean los grandes anuncios del gobierno que impactan de lleno en lo social y atenúan su valor informativo otorgándole una mayor envergadura noticiosa a otros temas, como en este caso el costado más pueril de un reclamo sindical que se prestó para los más diversos chicaneos.
Quedaron así un par de cuestiones para pensar: los medios siempre encuentran motivos para deslegitimar los reclamos de los trabajadores mientras que que los planteos del empresariado siempre son "palabra santa" que no admite otra actitud que el acatamiento a pie juntillas. No obstante quiero ser claro y a partir de mi convicción político-ideológica manifiesto el respeto de siempre por los reclamos de los trabajadores aunque en este caso el planteo no parece haber tenido la seriedad debida o en todo caso no fue formulado de la manera más feliz y por eso obtuvo las resultados conocidos. Basta con haber hecho una cola en el subte en estos días para comprobar qué piensan y dicen los propios usuarios -también trabajadores- de la Tendinitis. Digo también que comparto los dichos de la presidenta porque fueron producto de una bronca que todos compartimos respecto a ciertos reclamos que a veces aparecen como algo absolutamente descolgado en un país que viene del infierno y pese a todo lo que ha mejorado aún no ha llegado al paraíso.
Pero lo más importante es que al distorsionar reglas básicas del periodismo, modificando el orden de importancia de las noticias en base a intereses políticos de la patronal, los grandes medios creen que obtienen algún rédito cuando en realidad se siguen hundiendo en el peor de los bochornos. Esta actitud mendaz de la prensa respecto a las medidas del gobierno de Cristina en lugar de brindarle algún rédito la aleja del sentido común y consecuentemente profundiza su divorcio con la sociedad, por eso luego los medios y sus políticos afines se asombran cuando la presidenta supera el 50 % de los votos.
Desde los medios se puede distorsionar la realidad pero no se la modifica. Se podrá crear a lo sumo una imagen ficticia de pasillo que será tomada como veraz por periodistas y políticos opositores que viven en el microclima mediático pero que dista de tener sintonía con la realidad del pueblo. En ese sentido, la experiencia de Argentina en estos años será con los años un caso de manual para el análisis futuro de los medios y su influencia concreta en la sociedad.
.
viernes, 1 de abril de 2011
El Sindicalismo Argentino: La Complejidad de un Actor Clave
Escribe Sebastián Etchemendy, Director de la Maestría en Ciencia Política, Universidad Torcuato
Di Tella.
Allá por 2002 tanto desde sectores de la opinión pública como desde buena parte de
las ciencias sociales, el diagnóstico era claro: la política de las clases populares en el
presente y hacia el futuro, ya no pasaba más por el sindicalismo peronista tradicional, sino
por los movimientos sociales, de desocupados y la miríada de grupos más o menos
organizados que salieron a la calle en el ocaso del neoliberalismo. La fragmentación de las
clase trabajadora entre el desempleo y los contratos precarios en los años 90, la
subordinación del sindicalismo hegemónico durante el gobierno de Menem y la
conflictividad social creciente encarnada por el movimiento piquetero parecían abonar la
tesis de la desaparición del sindicalismo como factor de poder popular. Fascinados por la
repentina irrupción de actores territoriales nuevos, muchos de los cuales eran movilizados
por la izquierda no peronista y hablaban su mismo lenguaje—aquel que teorizaba el nuevo
rol de las “multitudes”, el “contrapoder”, la “autonomía” y relegaba la lucha y alianzas por
el control del gobierno—muchos intelectuales, más o menos explícitamente, confinaron al
movimiento sindical a los arcones de la historia. De un lado u otro, los conceptos de moda
eran las nuevas “politcidades” de raíz local, las “identidades sociales fragmentadas” y el
“clientelismo.” La política estaba en el territorio.
Tan solo ocho años más tarde el paisaje del mundo del trabajo no puede ser más
diferente. Si bien los movimientos territoriales piqueteros llegaron para quedarse—
tributarios de una sociedad que el neoliberalismo cambió paran siempre— desde hace
varios años el conflicto sindical reemplazó al conflicto social como expresión clave de las
clases trabajadoras. Opositores y kirchneristas concuerdan en que la alianza entre el
gobierno y el liderazgo de la CGT es el principal ordenador de la coalición de gobierno
inaugurada en 2003. En un hecho impensable hace una década, en Octubre pasado una
movilización sindical colmó el estadio de River con 70,000 asistentes y el Secretario
General de la CGT Hugo Moyano mantuvo una suerte de cabildo abierto con la Presidenta.
La CTA, la organización sindical de nuevo cuño ligada a los movimientos sociales que para 2
muchos estaba llamada encarnar la nueva época, está en crisis y tiene problemas enormes
tanto para contener a los movimientos territoriales, como para penetrar el sector privado.
Los medios hegemónicos que consumen principalmente las clases medias y altas no se
cansan de hablar de la amenaza del poder sindical. Causas judiciales supuestas o reales
contra sindicalistas originan amenazas de movilización y paros que ponen en vilo al país.
Más aun, entre los gobiernos que encarnan el giro a la izquierda desde el 2000 a la fecha en
América Latina, sólo en el kirchnerismo el actor sindical ocupa un lugar tan central. En
Brasil y Uruguay, los dos casos entre los nuevos gobiernos progresistas cuyo sindicalismo
es parte relevante del oficialismo, su protagonismo, sin embargo, empalidece cuando se lo
compara con el rol del movimiento sindical argentino. El sindicalismo peronista, el viejo
gigante de posguerra, está de vuelta.
El Retorno del Gigante
Cabe preguntarse qué factores llevaron a intelectuales y analistas a decretar la
muerte prematura del sindicalismo tradicional. Es claro que dos de los elementos clave que
contribuyeron a generar el movimiento sindical más fuerte de posguerra en América
Latina—un mercado de trabajo cercano al pleno empleo, y rol del sindicalismo como
interlocutor político ante la proscripción del partido peronista—fueron socavados por la
democratización y la liberalización económica.
1
Así, la apertura, la desindustrialización y
las privatizaciones diezmaron sectores que habían sido bastiones del poder sindical. El
sindicalismo tradicional perdió afiliados y recursos económicos. Por otro lado, la
consolidación del juego democrático desde 1983 otorgó cada vez más poder a los
intendentes y políticos territoriales peronistas. El análisis del politólogo Steven Levitsky de
cómo la facción renovadora arrancó el poder a los sindicatos en el seno del PJ durante los
años 80 es ya un clásico.
2
Sin embrago, pocos observaron que, aun en la tormenta, y de la
mano de su rol subordinado pero tangible en la coalición menemista, el sindicalismo
peronista logró salvaguardar recursos institucionales que también habían sido centrales para
construir el poder de posguerra, a saber, la negociación colectiva centralizada, la
prohibición del sindicato de empresa, el control de las obras sociales, y la renovación
1
Ver Juan Carlos Torre, El Gigante Invertebrado, SXXI, 2004.
2
Steven Levitsky, Las Transformaciones del Justicialismo, SXXI, 2005. 3
automática de viejos convenios colectivos pre-reforma que otorgan a las organizaciones
importantes ventajas. Estos institutos, una vez reactivado el mercado de trabajo, podrían ser
utilizados para una nueva ofensiva.
Finalmente, muchos soslayaron aquello que dejara en evidencia la socióloga
Berverly Silver
3
: desde la consolidación global del capitalismo a principios del siglo XX,
la conflictividad sindical en el mundo no ha ido de mayor a menor como sugieren las tesis
de la “aristocracia obrera” que explican la moderación de los sindicatos europeos . Más
bien, el conflicto sindical se ha movido sectorial y geográficamente al compás de los
períodos de acumulación y desarrollo capitalista tanto en los países centrales como en la
periferia. En otras palabras, el conflicto sindical muta y cambia de protagonistas en países y
sectores, se institucionaliza más o menos según los casos, pero es inescindible de la
tendencia irrefrenable a la mercantilización del trabajador que está en la naturaleza misma
de la sociedad capitalista.
Los logros del Modelo Sindical Argentino: Una Excepción entre los Países Emergentes
Así, en el marco de una alianza con el gobierno kirchnerista y con nuevos sectores
como vanguardia, el sindicalismo peronista recobró el protagonismo perdido. Un gobierno
amigo respaldó vía decreto la reapertura de las negociaciones colectivas, toleró y avaló el
conflicto laboral (especialmente hasta 2007) retaceando el uso de la conciliación
obligatoria, otorgó una ley laboral que terminó con los contratos basura y priorizó la
negociación sectorial por rama, consolidó el control sindical de las obras sociales, y, más
importante, impulsó una política económica expansiva que promovió el empleo y la
reindustrialización en determinados sectores. No obstante, como sugiere el argumento de
Silver recién mencionado, los sectores de vanguardia han mutado y ya no son los mismos
que bajo el modelo semi-cerrado de posguerra. Si antes dominaban paradigmáticamente el
sindicato metalúrgico UOM y los sindicatos de las grandes empresas del estado, en la etapa
posliberal otras son las organizaciones líderes en cuanto a movilización o relevancia: los
sindicatos del transporte, especialmente los camioneros, beneficiados por el auge en el
comercio de commodities; sectores de renovado protagonismo en una economía abierta
como ser alimentación, petroleros privados, automotrices y pesca; los grandes sindicatos de
3
Beverly Silver, Forces of Labor, Cambridge University Press 2003. 4
servicios como comercio; y finalmente los estatales mejor protegidos del ajuste en los años
90, como ser UPCN y los sindicatos docentes.
Pare decirlo sumariamente, el nuevo auge sindical tuvo dos consecuencias tangibles:
mejoras notorias en las condiciones laborales y sociales de amplios sectores de la población
trabajadora, y el retorno de viejos vicios en el comportamiento de sectores del movimiento
obrero. En cuanto a lo primero, el grado de desarrollo, virtualidad, y beneficios que otorga
a los trabajadores el modelo sindical argentino tiene poca comparación en el resto de
América Latina, y probablemente en el total de los países emergentes. Los números son
elocuentes. En la Argentina, según datos de 2009, la negociación colectiva cubre al 80% de
los trabajadores registrados, algo así como el 50% de los asalariados. En México, ese
número entre los asalariados llega al 17% y en Chile a un magro 5,6%. Sólo Brasil tiene un
nivel de cobertura comparable de los acuerdos colectivos en la clase trabajadora. Con la
siguiente salvedad: en Brasil, Chile y México casi la totalidad de trabajadores
convencionados lo está bajo acuerdos de ámbito local, municipal o de empresa, mientras
que en Argentina la gran mayoría está cubierta por convenios de actividad que tienden a
atenuar la dispersión salarial y a aumentar los básicos generales, es decir, los ingresos de
los trabajadores menos pudientes. Desde 2003 hasta aquí la cantidad de convenios firmados
en Argentina, en los que los sindicatos casi siempre negociaron mejoras en salarios y
condiciones de trabajo, aumentó alrededor de un 450%. En el gobierno pro-sindical de Lula
la cantidad de convenios aumentó un 50% hasta 2009. En Chile la cantidad de convenios
colectivos desde 2002 aumentó sólo un 5%, en México disminuyó.
4
Más en general la negociación colectiva y el modelo sindical implican ventajas
importantes para los trabajadores argentinos. Los beneficios que otorga la obra social de
Osecac para un trabajador que gana poco más de 500 dólares en un Wallmart en Argentina
serían difíciles de concebir en trabajadores con un salario similar en Chile, Brasil o México.
Por supuesto la mayoría de estos beneficios llegan más al sector formal de la economía.
Pero no es un sector menor, la idea de que el modelo sindical argentino solo privilegia a
trabajadores formales de altos ingresos relativos es un mito de la derecha. Si uno toma el
4
Datos oficiales de cada país recabados en el marco del proyecto “El Resurgimiento Sindical en Argentina”,
Departamento de Ciencia Política y Estudios Internacionales, Universidad Torcuato Di Tella. 5
llamado salario conformado de convenio (básico mas pagos adicionales),
5
por ejemplo, en
el sector textil aumentó un 700% entre 2003 y 2009, un 387% en el sector docente, 560%
en el sector de la construcción y 421% en caso de los metalúrgicos.
6
La inflación en el
mismo período (medida desde 2007 por un promedio de los índices provinciales) creció un
200%. Es difícil pensar que trabajadores textiles, metalúrgicos, docentes y albañiles,
quienes recuperaron claramente su poder adquisitivo, constituyan sectores de privilegio.
Viejos Vicios
La contraparte de este fenomenal aumento en cobertura y beneficios ha sido cierta
intensificación de viejas prácticas nocivas en algunos sindicatos: la malversación de fondos,
y las disputas violentas por el liderazgo interno y por el encuadramiento de los trabajadores.
Es cierto que los medios hegemónicos tienden a resaltar estos rasgos y a ignorar los logros
del modelo en cuanto a beneficios sociales, y que muchos sectores del establishment que
vituperan el modelo sindical argentino no quieren sindicalismo alguno, o ni siquiera
aceptan delegados sindicales en sus propias empresas. Sin embargo, modos poco claros en
el manejo de recursos de las obras sociales y disputas violentas han salido a la luz en los
últimos años, ya se trate del asesinato de dirigentes en un puñado de casos, como de la
patota de la Unión Ferroviaria que asesinó al militante Mariano Ferreyra.
Los problemas recién mencionados tienen una primera raíz clara: el aumento
masivo en los recursos que comenzaron a manejar los sindicatos después de 2003 merced a
las cuotas sindicales, los aportes “solidarios” en cada negociación colectiva y el aumento
del empleo en blanco y por consiguiente de las cargas sociales que los sindicalistas
manejan. Este crecimiento simplemente hace que el control de determinadas federaciones o
seccionales y hasta sindicatos menores signifique recursos antes impensados. Así, el
dominio del sindicato de ladrilleros, del personal de maestranza o el encuadramiento de
unos cuantos trabajadores nuevos puede llegar a originar choques violentos. Es preciso
5
Ver Héctor Palomino y David Trajtenberg, “El auge contemporáneo de la negociación colectiva
en Argentina” Revista Trabajo Nro. 3, MTEySS, Buenos Aires, 2007.
6
Datos de la evolución de los convenios, la Subsecretaría de Programación Técnica y Estudios laborales,
MTEySS. 6
notar, además, que el auge de prácticas no democráticas en períodos de relativa bonanza no
es sólo patrimonio de los sindicatos argentinos sino común en otros movimientos sindicales
con una tradición verticalista, boss-oriented, como México o Estados Unidos. Algunos
sociólogos sostienen que los aumentos masivos de recursos tienen más probabilidades de
terminar en disputas no institucionalizadas en organizaciones populares en las que sus
integrantes tienen menos posibilidades alternativas de asenso social y dependen de esos
recursos a todo o nada.
En suma, los viejos vicios del sindicalismo argentino no son una novedad en la
etapa inaugurada en 2003. Lo que sí es nuevo es que el modelo sindical vuelve a operar
como un canal de inclusión y mejoras sociales por primera vez desde la recuperación
democrática en gran medida gracias al contexto económico más favorable, y a la alianza
que el sindicalismo dominante de la CGT y la CTERA selló con el gobierno a partir de
2003.
Un Actor Complejo: Entender el Sindicalismo Argentino
El sindicalismo argentino es un actor complejo. Globalmente, otorga beneficios a
los trabajadores que están claramente muy por encima de la media en los países
emergentes. Globalmente también, la democracia interna se practica poco y las listas
opositoras en muchos sindicatos tienen enormes problemas para presentar una opción
nacional, especialmente en las “uniones,” mas centralizadas, que en las “federaciones”
formadas por sindicatos regionales. Hay que desterrar, sin embargo, algunos equívocos que
provienen de cierto progresismo y de la izquierda sindical respecto del movimiento obrero
argentino. El primero, es simplemente falso afirmar que en aquellos sindicatos en los cuales
no prosperan listas opositoras los dirigentes carecen de legitimidad. Muchos liderazgos
sindicales verticalistas, hasta autoritarios según ciertas convenciones, cuentan a la vez con
un gran predicamento en las bases—he ahí la complejidad del actor. El segundo, más
absurdo, es que el sindicalismo peronista tradicional, aun cuando maneje importantes
recursos financieros, no enfrenta a los capitalistas. Existen sindicatos más o menos
amarillos y sindicatos empresarios, pero la mayoría tiene que dar cuenta de al menos ciertos
beneficios a sus bases. Es más, en el seno de un mismo sindicato cuyo liderazgo tiende a
ser más pro-empresario como los casos de Comercio, la Unión Ferroviaria o los 7
trabajadores rurales de la UATRE pueden existir seccionales más combativas como la línea
Sarmiento en la UF, la seccional del Valle de Rio Negro en la UATRE, o el Sindicato de
Comercio de Rosario. El tercero es que el pluralismo sindical a nivel de planta terminaría
con todos los males. Chile es el caso más patente que muestra cómo el pluralismo sindical
excesivo simplemente atomiza a los trabajadores y los debilita.
En suma, entender que el sindicalismo argentino otorga a sus trabajadores
beneficios más altos que en casi todos los países en desarrollo, que muchos líderes
verticalistas son apreciados por sus bases porque enfrentan a los empresarios y consiguen
beneficios, y que el pluralismo sindical sin límites no es la solución, es el primer paso para
empezar a pensar las reformas que necesita el modelo sindical argentino de cara al siglo
XXI: aumentar los niveles de democratización, reconocer a la CTA como asociación
sindical de tercer grado, y sobre todo, incentivar a los sindicatos a tomar más firmemente
las demandas y cobertura del sector informal y los desocupados
.
martes, 29 de marzo de 2011
Obviedades
Ya sabemos que Clarín es el gran enemigo y que confrontar con un multimedios entraña sus riesgos como por ejemplo que un grupo de trabajadores no alineados ni con el sindicato de los gráficos ni con la CGT ni con el oficialismo impida la distribución de ejemplares nada menos que un domingo y eso termine cargado en la cuenta del gobierno. Así son las condiciones en que se presenta la disputa, el multimedio opera sin descanso y de vez en cuando emboca una, como el domingo, donde un grupo de trabajadores munidos de motivos indiscutibles terminó protagonizando un hecho político que indudablemente favorece a la empresa y golpea al gobierno que más hizo por ellos en estos 8 años que llevan de conflicto. Y alguno me saltará a la yugular diciendo que estoy menospreciando a los trabajadores y le diré que no, le diré que vivimos tiempos de tal complejidad en los términos de la disputa que terminan generando esta dualidad, le diré también que el mejor favor que se le puede hacer a Clarín es prohibirle la circulación.
La situación es tan compleja que la empresa que se niega a acatar la legislación en materia sindical y de medios de comunicación audiovisual aparece como cercenada. El lobo con traje de cordero. Y el gobierno que más ha hecho por la libertad de prensa, el gobierno que más operaciones ha soportado, el gobierno que no ha apresado periodistas, que ha derogado normas a favor de la libertad de expresión y ha motorizado una legislación que democratiza la palabra es mostrado por el complejo mediático-opositor como si fuera la peor tiranía.
El problema es cómo nos ven, el problema no es lo que somos sino lo que dicen que somos; el problema no somos nosotros sino los que dudan, los que están en el medio, los que se necesitan para terminar de torcer la balanza definitivamente primero en octubre para ganar y después a partir del 11 de diciembre para sostener el nuevo período de gobierno de Cristina. Mario Llambías (que como siempre dije es el cuadro más reaccionario y jodido de la Mesa de Enlace) anda diciendo que queremos hacer flamear "El sucio trapo rojo" y nosotros nos reímos y nos rascamos la cabeza porque precisamente el kirchnerismo no vino para socializar el poder la riqueza y la cultura sino para arrimar lo más posible al país a nociones de un capitalismo más serio, más parecido al que impera en el mundo desarrollado. El kirchnerismo los complica a los Llambías y cía no porque los quiera expropiar sino porque les quiere cobrar impuestos. El problema es hasta dónde cala ese discurso, hasta dónde perfora esa diatriva. El problema es a cuántos eso les puede hacer ruido.
El problema me parece que pasa por pensar que de acá hasta las elecciones todo será cargado en la cuenta del gobierno y que no escatimarán esfuerzos en tensar, en complicar, en crispar. La paz y la "normalidad" le sirve al gobierno y el quilombo es funcional al amplio espectro opositor, así es el contexto. Si desde la detención al Momo Venegas hasta el bloqueo a Clarín, todo se le factura a Cristina, es bueno preguntarse si no estamos en una tendencia preocupante. Creo por lo tanto que debemos ser capaces de priorizar lo importante y dejar de lado el chiquitaje.
Entender que nada está ganado y que no advertirlo puede llegar a ser la mejor forma de dispararse en el pie.
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La situación es tan compleja que la empresa que se niega a acatar la legislación en materia sindical y de medios de comunicación audiovisual aparece como cercenada. El lobo con traje de cordero. Y el gobierno que más ha hecho por la libertad de prensa, el gobierno que más operaciones ha soportado, el gobierno que no ha apresado periodistas, que ha derogado normas a favor de la libertad de expresión y ha motorizado una legislación que democratiza la palabra es mostrado por el complejo mediático-opositor como si fuera la peor tiranía.
El problema es cómo nos ven, el problema no es lo que somos sino lo que dicen que somos; el problema no somos nosotros sino los que dudan, los que están en el medio, los que se necesitan para terminar de torcer la balanza definitivamente primero en octubre para ganar y después a partir del 11 de diciembre para sostener el nuevo período de gobierno de Cristina. Mario Llambías (que como siempre dije es el cuadro más reaccionario y jodido de la Mesa de Enlace) anda diciendo que queremos hacer flamear "El sucio trapo rojo" y nosotros nos reímos y nos rascamos la cabeza porque precisamente el kirchnerismo no vino para socializar el poder la riqueza y la cultura sino para arrimar lo más posible al país a nociones de un capitalismo más serio, más parecido al que impera en el mundo desarrollado. El kirchnerismo los complica a los Llambías y cía no porque los quiera expropiar sino porque les quiere cobrar impuestos. El problema es hasta dónde cala ese discurso, hasta dónde perfora esa diatriva. El problema es a cuántos eso les puede hacer ruido.
El problema me parece que pasa por pensar que de acá hasta las elecciones todo será cargado en la cuenta del gobierno y que no escatimarán esfuerzos en tensar, en complicar, en crispar. La paz y la "normalidad" le sirve al gobierno y el quilombo es funcional al amplio espectro opositor, así es el contexto. Si desde la detención al Momo Venegas hasta el bloqueo a Clarín, todo se le factura a Cristina, es bueno preguntarse si no estamos en una tendencia preocupante. Creo por lo tanto que debemos ser capaces de priorizar lo importante y dejar de lado el chiquitaje.
Entender que nada está ganado y que no advertirlo puede llegar a ser la mejor forma de dispararse en el pie.
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viernes, 22 de octubre de 2010
El problema de fondo es la "tercerización"
Tanto en este post de Artemio, titulado "Tercerización laboral: el huevo de la serpiente" como en este otro de Fabián, "Tercerizados", se llega al núcleo del problema, a la base de donde luego devienen conflictos como el que antes de ayer le costaron la vida a Mariano Ferreyra.
Recomiendo su lectura para enfocar adecuadamente la problemática de fondo y no puedo menos que transcribir el último párrafo de Fabián porque expresa con las palabras justas lo que siento:
"Ya nos ha quedado claro que nada justifica un asesinato por razones políticas. Ahora hagamos que esto no quede solo en una frase hecha.
Castigar a los culpables de su asesinato y terminar con a tercerización, es el mejor homenaje que le podemos brindar a Mariano Ferreyra."
Que así sea.
jueves, 21 de octubre de 2010
Si la reunión entre Duhalde y Pedraza hubiese existido ¿Cambiaba algo?
Hace rato me preocupa cómo se instala una idea y muchos kirchneristas corren tras ella acríticamente. Ayer, más o menos a esta hora, publiqué un post despotricando contra la liviandad con que se machaca en Twitter cuando se descubre una idea aparentemente grosa y rimbombante. Concretamente me refería a cómo se estaba ligando la supuesta reunión de Duhalde-Pedraza con el crimen de Mariano Ferreyra. Lo que me asombra es la falta total y absoluta de sentido crítico, cierta carencia total de la mínima capacidad de razonamiento como para no advertir que las cosas no son nunca tan lineales y que dirigentes de la talla de Eduardo Duhalde y José Pedraza no van a ser tan salames como para reunirse horas antes de perpetrar un asesinato atroz. Pensemos un segundo: Si la reunión hubiese existido ¿Cambiaba en algo las cosas? ¿Se puede sostener con seriedad que un encuentro de esas características tenga ligazón con el crimen?
Lo grave es que según cuenta mi amigo Martín, ayer por la noche en 678 se siguió manejando la misma hipótesis. Grave porque ahí ya no hay personas de a pie con una conexión a internet y un Twitter a mano para publicar cualquier guarrada sino una producción y periodistas con años de experiencia.
Lo grave es que según cuenta mi amigo Martín, ayer por la noche en 678 se siguió manejando la misma hipótesis. Grave porque ahí ya no hay personas de a pie con una conexión a internet y un Twitter a mano para publicar cualquier guarrada sino una producción y periodistas con años de experiencia.
Una movida obligada: esclarecer el crimen cuanto antes
Está claro que este crimen le sirve a los sectores empresariales y políticos que vienen trabajando para desacreditar al sindicalismo. Valiéndose de hechos como el de ayer operan instalando la percepción de que "con este gremialismo el país no puede salir adelante". Es lógico, el acto del viernes evidenció que mientras la CGT siga encolumnada con el gobierno kirchnerista será difícil moverle el piso. Entonces lanzan dardos que a la postre impactan en el rol del sindicalismo porque están viendo que al calor de la recuperación de la economía de los últimos años, los gremios han crecido fuertemente no sólo en cantidad de afiliados sino que también han tomado conciencia de que este modelo les garantiza un piso que una década atrás era impensable. El menemismo pasó y dejó enseñanzas marcadas en la piel de la clase trabajadora que muy probablemente haya aprendido la lección y no esté muy dispuesta a acompañar alegremente otra avanzada sobre sus derechos. Esto la torna cada vez más peligrosa para aquellos que sueñan retornar a épocas prekirchneristas, por eso el combate, por eso el zócalo que estigmatiza nombrando como "sindicalismo violento" a una persecución con saldo luctuoso alentada desde un gremio y muy probablemente ejecutada por sicarios.
Para frenar todas estas operaciones el gobierno tiene una sola movida disponible y es esclarecer cuanto antes el asesinato de Mariano Ferreyra, de no lograrlo habrá sufrido una lesión simbólica de una profundidad difícil de mensurar en este momento.
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