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miércoles, 11 de diciembre de 2013

Estamos hasta las manos



Aldo Jarma me cuenta que en Tucumán, luego de lo observado en estos días, lo más complicado será reconstruir un discurso de inclusión social, de convivencia entre los sectores medios y los pobres. Esto se transforma en lo más complejo que la sociedad argentina tiene por delante. Hay puntos de contacto entre este post de Aldo y este otro tan comentado de Pablo Seman y es la revelación de que la brecha que separa al pibito de la moto y al comerciante armado se profundizó en la última semana. Pero ojo que la brecha estaba desde antes -si pasamos por alto ese detalle estamos fritos- y el desafío es achicarla hasta que desaparezca, para que no pase que al escuchar: “Se perdieron 560 millones de pesos” alguno pueda pensar que, depende como se lo mire, en realidad se trató de una transferencia de recursos de un sector de la sociedad a otro, sólo que por otros medios…

Hay una noción de “orden” que en estos días se hizo trizas porque las policías provinciales se encargaron de demostrar que son el garante para que haya de cierta “paz social”, puesto que así como controlan que el pobrerío no avance sobre el asfalto también pueden disponer lo contrario. Se observa, además, que la relación viscosa de los gobiernos con sus fuerzas de seguridad parece haber sido violentada por los uniformados y ello preanuncia serios nubarrones a futuro.

Nada más peligroso que gobiernos provinciales extorsionados por sus respectivas policías.

martes, 10 de diciembre de 2013

La bomba de tiempo que estalló en Tucumán



"... Se privilegia cantidad sobre calidad, y la ausencia de profesionalismo de esas fuerzas generalmente termina teniendo nula o escasa influencia sobre la inseguridad ciudadana. Peor aún: generalmente ese incremento de cantidad de efectivos va de la mano con sueldos bajos, dejando el campo libre no sólo a futuros planteos salariales sino también a las "tentaciones" de corrupción, muchas veces institucionalizadas en determinados "nichos".
Salvo contadas excepciones, ese panorama en las fuerzas de seguridad es padecido hoy por casi todos los presidentes y gobernadores de américa latina.
Y configura, creo, una bomba de tiempo. Alguna vez Luis D'elia señaló en los estudios de TN: "el grupo Clarín es la pistola en la cabeza de la democracia argentina". Y era cierto. Pero no dejaba de ser una "metáfora" porque, que yo sepa, ni Bonelli ni Lanata andan con pistolas por la calle. No es necesario que abunde acerca de dónde están las pistolas...
Y la prefectura es el "kinder garden" al lado de la bonaerense, por ejemplo.
Alguna vez, me parece, habrá que privilegiar la profesionalización de las fuerzas de seguridad por sobre el tradicional criterio cuantitativo que, además de demostrar su ineficacia, deja a disposición una mano de obra que siempre estará predispuesta a las intentonas desestabilizadoras de gobiernos populares" 

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