Gracias a un alerta de Google me encontré con este muy interesante post de Federico Vázquez con un título que ya se las trae.
678: La necesidad de una política blanca
Publicado en el blog Acquaforte
Acá el compañero Escriba se pregunta si mide. Seguro que mide, aunque cuánto y cómo está por verse. Pero la autoconvocatoria de 678 por Facebook mide más por las cosas que pone sobre la mesa. 5.000 o 6.000 personas en la calle no cambian el escenario político, más en un país donde hace menos de dos años las cifras de movilización fueron 10 ó 20 veces más grandes. La repercusión en los comentarios de los dos diarios que publicaron la noticia (Crítica y Perfil) muestra que la marcha de los 678 pone en tensión valores y posicionamientos políticos que el acto de Ferro del mismo día no consigue. No es uno o el otro. Pero uno es para adentro y otro para afuera. Desde acá venimos criticando que la palabra oficial no logra superar su propia virtualidad, su propia encerrona. La marcha de 678 es una respuesta precaria a eso. Es una demostración de fuerzas. No exageremos: una demostración de que existen (pocos, muchos, se irá viendo) sectores medios que apoyan. Las demostraciones de fuerza deben hacerse en el terreno del enemigo, con el mismo maso de cartas, si no, no tienen efecto. Porque al hacerlo con el mismo discurso “muestran”, enseñan, discuten. Los actos corporativos de militantes y sindicatos son como los actos televisados en Olivos: mantienen a la tropa en guardia, montan un escenario de poder pero no hacen dudar a nadie. Que el gobierno necesita una política blanca es algo que desde la elección del 28J se volvió como agua en el desierto. Ningún gobierno argentino tiene futuro con caudales electorales de un dígito en los grandes centros urbanos. Podrá aguantar más o menos, pero tiene fecha de vencimiento.
Ahora, resulta un poco preocupante que los mismos protagonistas de esa movilización no se percaten de por dónde va la ventaja: escuchamos el balance de Sandra Russo a través de Gerardo en Tirando al Medio:
“Tito Nenna bromeó penosamente con que no había choris, arrodillándose de esa manera ante el altar ideológico de la derecha que nos ha hecho creer que el chori y la gente en colectivos expresan una puesta en escena falsa. Ya en el mediodía de ayer la propia Sandra había puesto las cosas en su lugar ante llamados que rescataban la presencia de “gente suelta” y/o “autoconvocada” en el acto de Ferro.
No muchachos, ojito con eso de ponerse contentos porque a un acto va mucha gente “suelta” porque de tanto “soltarnos” corremos el riesgo de quedar cada uno por su lado y así somos más vulnerables.”
No Gerardo, no Russo, justamente lo de ayer mide por ese condimento clasista. Las clases medias son eso, clases medias. Miran programas políticos, tienen facebook y se movilizan sin choripanes. Lo uno y lo otro van juntos. Porque si juzgamos a la convocatoria por las reglas de lo popular, es una chiste. Si van a competir en el terreno de Moyano, córranse, no aportan nada.
Al revés, 5.000 clasesmedias hablando de corrido cuando se prende una cámara, y diciendo “las cosas que dice la gente como las dice la gente” es todo el valor que puede tener algo así. En cambio algunos prefieren decir: ojo, ojo no hay que ir por el camino fácil, hay que dar una batalla cultural contra el estigma de la movilización orgánica. ¡No! O sí, pero no cuando tu convocatoria es noticia justamente por lo contrario. El tipo al que hay que convencer no tiene pruritos por el lugar social que ocupa, al contrario, está orgulloso. Tampoco tiene reparos en pensar que sus valores (entre los que está movilizarse suelto y sin contraprestaciones) son mejores. No es sobre eso que hay que cambiarle la opinión, se trata de mucho menos. Que vote por sus intereses materiales. Por una vez, vayamos por la vía más fácil, que en general es la única que llega a destino. Tiempo no hay.
Un comentarista en Perfil con mucho desparpajo escribió:
“...Yo observé que la gente no era la misma que va a los actos organizados por el PJ. Era gente de clase media, muy ¨blanquitos¨. Aunque a los amigos antiK les resulte imposible aceptarlo, somos muchos los clase media instruídos que apoyamos a este gobierno, aunque eso nos convierta en impresentables para nuestros familiares y amigos, que son ¨gente como uno¨ y obviamente antiK.
Yo voté a Carrió en 2003 y al ARI en 2005, pero me hice krichnerista en noviembre de 2005, cuando supe que Néstor K estuvo a punto de pegarle una ñapi a Vicente Fox delante de las narices de Bush.”
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Acá el compañero Escriba se pregunta si mide. Seguro que mide, aunque cuánto y cómo está por verse. Pero la autoconvocatoria de 678 por Facebook mide más por las cosas que pone sobre la mesa. 5.000 o 6.000 personas en la calle no cambian el escenario político, más en un país donde hace menos de dos años las cifras de movilización fueron 10 ó 20 veces más grandes. La repercusión en los comentarios de los dos diarios que publicaron la noticia (Crítica y Perfil) muestra que la marcha de los 678 pone en tensión valores y posicionamientos políticos que el acto de Ferro del mismo día no consigue. No es uno o el otro. Pero uno es para adentro y otro para afuera. Desde acá venimos criticando que la palabra oficial no logra superar su propia virtualidad, su propia encerrona. La marcha de 678 es una respuesta precaria a eso. Es una demostración de fuerzas. No exageremos: una demostración de que existen (pocos, muchos, se irá viendo) sectores medios que apoyan. Las demostraciones de fuerza deben hacerse en el terreno del enemigo, con el mismo maso de cartas, si no, no tienen efecto. Porque al hacerlo con el mismo discurso “muestran”, enseñan, discuten. Los actos corporativos de militantes y sindicatos son como los actos televisados en Olivos: mantienen a la tropa en guardia, montan un escenario de poder pero no hacen dudar a nadie. Que el gobierno necesita una política blanca es algo que desde la elección del 28J se volvió como agua en el desierto. Ningún gobierno argentino tiene futuro con caudales electorales de un dígito en los grandes centros urbanos. Podrá aguantar más o menos, pero tiene fecha de vencimiento.
Ahora, resulta un poco preocupante que los mismos protagonistas de esa movilización no se percaten de por dónde va la ventaja: escuchamos el balance de Sandra Russo a través de Gerardo en Tirando al Medio:
“Tito Nenna bromeó penosamente con que no había choris, arrodillándose de esa manera ante el altar ideológico de la derecha que nos ha hecho creer que el chori y la gente en colectivos expresan una puesta en escena falsa. Ya en el mediodía de ayer la propia Sandra había puesto las cosas en su lugar ante llamados que rescataban la presencia de “gente suelta” y/o “autoconvocada” en el acto de Ferro.
No muchachos, ojito con eso de ponerse contentos porque a un acto va mucha gente “suelta” porque de tanto “soltarnos” corremos el riesgo de quedar cada uno por su lado y así somos más vulnerables.”
No Gerardo, no Russo, justamente lo de ayer mide por ese condimento clasista. Las clases medias son eso, clases medias. Miran programas políticos, tienen facebook y se movilizan sin choripanes. Lo uno y lo otro van juntos. Porque si juzgamos a la convocatoria por las reglas de lo popular, es una chiste. Si van a competir en el terreno de Moyano, córranse, no aportan nada.
Al revés, 5.000 clasesmedias hablando de corrido cuando se prende una cámara, y diciendo “las cosas que dice la gente como las dice la gente” es todo el valor que puede tener algo así. En cambio algunos prefieren decir: ojo, ojo no hay que ir por el camino fácil, hay que dar una batalla cultural contra el estigma de la movilización orgánica. ¡No! O sí, pero no cuando tu convocatoria es noticia justamente por lo contrario. El tipo al que hay que convencer no tiene pruritos por el lugar social que ocupa, al contrario, está orgulloso. Tampoco tiene reparos en pensar que sus valores (entre los que está movilizarse suelto y sin contraprestaciones) son mejores. No es sobre eso que hay que cambiarle la opinión, se trata de mucho menos. Que vote por sus intereses materiales. Por una vez, vayamos por la vía más fácil, que en general es la única que llega a destino. Tiempo no hay.
Un comentarista en Perfil con mucho desparpajo escribió:
“...Yo observé que la gente no era la misma que va a los actos organizados por el PJ. Era gente de clase media, muy ¨blanquitos¨. Aunque a los amigos antiK les resulte imposible aceptarlo, somos muchos los clase media instruídos que apoyamos a este gobierno, aunque eso nos convierta en impresentables para nuestros familiares y amigos, que son ¨gente como uno¨ y obviamente antiK.
Yo voté a Carrió en 2003 y al ARI en 2005, pero me hice krichnerista en noviembre de 2005, cuando supe que Néstor K estuvo a punto de pegarle una ñapi a Vicente Fox delante de las narices de Bush.”
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