Temprano, cuando la helada empezaba a despuntar, el
mendocino Ernesto Sanz le aseguraba al Gato Sylvestre que en realidad, Mauricio siempre pensó
lo que planteó en los "festejos" del domingo y que esos ejes fueron consensuados en la constitución de la coalición Cambiemos. Un poco más tarde se escuchó al senador Pinedo manifestar su asombro porque los prejuicios le habrían impedido a muchos enterarse que,
en verdad, el PRO hace años tiene esas ideas en su plataforma. Lo raro es que
el mismísimo auditorio que el domingo presenció
en vivo y en directo la metamorfosis discursiva de Macri también se asombró,
a juzgar por el murmullo que cubrió la sala. Pero eso sería lo de menos. Acá el
problema estaría en que el kirchnerismo, fiel a su sino de rapiña, así como se apropió
de los Derechos Humanos y tantas otras banderas, también le habría robado las banderas
al PRO...
El comienzo de la carrera electoral nos trae otra noticia y es que Mauricio no está solo, que en rigor ahora muchos piensan como él; ahora
todos quieren un Estado presente en la economía; ahora todos quieren
paritarias; nuevos jubilados; ahora todos quieren fútbol gratis para el pueblo; ahora todos glorifican las
PASO, aunque se opusieron en bloque a su sanción cuando el kirchnerismo
las votó en soledad en 2009. El mismísimo senador Sanz le dijo a David
Cufré que si son gobierno, con los buitres van a negociar tomando como modelo
lo realizado por el kirchnerismo en 2005 y 2010.
La verdad es que en la Argentina del siglo XXI todos estamos
de acuerdo con lo que hizo el kirchnerismo con la diferencia de que todo eso se
podría haber hecho mejor...
Pareciera que han caído los velos y el país empieza a ver a
las fuerzas políticas tal cual son. La gran primicia es que todo lo que se hizo
había que hacerlo, pero de otra manera.
Ahora van a instalar ese debate. Ya han comprobado que la
mayoría de la sociedad está a favor de mantener los ejes estructurales del
modelo pero "con una gestión más transparente y eficiente" ¿Ta?
Tendremos que estar más atentos que nunca. Como en esas películas
de alto suspenso en que el espectador está tieso y alerta porque en cualquier
momento viene el golpe de efecto que lo eyectará de la butaca, habrá que
preparase para presenciar un desfile de travestismo político que no tiene
antecedentes en la historia política vernácula.
Reconozcamos que el giro es inteligente, al menos no les
queda otro recurso a mano. Ya probaron con la oposición frontal y así les fue.
Pero nada es tan simple como parece: este tipo de reposicionamientos no se combaten con tanta
facilidad, básicamente porque no a todos los ciudadanos les importa discutir quién
es el padre del modelo sino que les preocupa elegir al que se muestre más capacitado para gestionarlo.
Las PASO sirven como un ejemplo perfecto para lo que intento
plantear: hoy ya nadie se acuerda de que las sancionó el kirchnerismo en
soledad ante la férrea oposición del resto de las bancadas. Lo que le importa a
la mayoría es que son un excelente mecanismo de resolución de internas que le
hubiera servido y mucho, por ejemplo al panradicaismo en 2011. Ya en 2013 lo
adoptó en la CABA con indudable rédito político y a nadie le importó quién las había
propuesto y aprobado.
¿Acaso alguien dejó de elegir la boleta de Menem en 1995 porque luego de
su victoria de 1989 dijo que si hubiera expuesto cuál era su verdadero plan de
gobierno nadie lo votaba?
Los pueblos no votan paternidades de modelos. Eligen al que se muestra más idóneo para llevarlos adelante en beneficio de las mayorías.