La sola presencia del humorista Miguel Del Sel en el candelero político desde hace un par de años constituye desde el vamos una bofetada -cuando no una grave señal de alerta- a la política santafesina que evidentemente ha cometido errores importantes como para que una parte significativa de los habitantes de esa provincia se muestre convocada a votar al ex Midachi. Es fácil achacarle al electorado santafesino cierta
liviandad por esa elección. Mucho más que interpelar a las dirigencias de las tres fuerzas políticas de esa provincia e indudablemente menos penoso que reconocer la virtual inexistencia de una terapéutica adecuada para ir corrigiendo paulatinamente la crisis.
El error nos espera siempre a la vuelta de la esquina y no es nada del otro mundo reconocerlo, el problema es cuando pasan los años y no se revierten las causas que lo engendran, como parecería que está sucediendo en esa querida provincia.
Un debate atractivo sería, por ejemplo, pensar si los santafesinos que votan por Del Sel lo hacen porque ven en él un nobel exponente populista de derecha o si no hay en ese colectivo electoral una intención de castigar al socialismo, al peronismo y al radicalismo, las tres fuerzas más importantes en ese territorio desde la reapertura democrática.