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viernes, 24 de abril de 2015

Estado



Cuando irrumpen reflejos del peor oportunismo individualista, como sucede en el sur con la venta de barbijos a precios elevadísimos, es el momento en donde de nada sirve la queja bien intencionada y se impone entender el rol indelegable del estado.

Porque es el estado la organización que debe mantenerse alerta ante la posibilidad de estos fenómenos en zonas de volcanes para salir con la mayor velocidad en todo lo referido a la asistencia de los ciudadanos. En este contexto hay que colocar el tema de los barbijos y el agua. Debe ser el estado el que articulando sus tres niveles -Nación, Provincia, Municipio- instale centros de distribución de lo esencial y así se acaban los vivos de poca monta que creen que los desastres naturales son una ocasión apropiada para sacar una diferencia con sobreprecios alevosos.

Será muy bueno que empecemos a pensar que necesitamos más estado, para situaciones de diversa índole. No dejar todo en manos ni de los mercados ni de la buena o mala fe de las personas. Cuando lo hicimos, ya sabemos como nos fue.


lunes, 13 de septiembre de 2010

Con el macrismo el Estado no está ausente

En su muy buena columna de ayer publicada en Tiempo Argentino, Hernán Brienza -que junto a José Natanson viene oxigenando el editorialismo dominical- plantea lucidamente que muchas veces se comete el error de suponer que durante el menemismo el Estado estuvo ausente. En realidad estuvo presente pero orientado no a ser un instrumento al servicio de las demandas populares sino una herramienta absolutamente funcional a los intereses de las grandes corporaciones y grupos económicos.

En virtud de los derrumbes ocurridos en el último mes en la ciudad de Buenos Aires se están recordando algunos balbuceos de Mauricio Macri proferidos en tiempos de Cromañón referidos a que había un estado municipal ausente, con lo que ahora se le achaca al jefe de gobierno porteño que estamos ante un cuadro similar al que él denunció seis años atrás.

Es probable que el mismo error de análisis referido a los noventa se cometa ahora con el macrismo: No es que el estado de la ciudad de Buenos Aires esté ausente sino que está direccionado a transferir recursos de áreas como por caso la escuela pública a las empresas de educación privada y a embellecer las veredas de Palermo rúcula en desmedro del hospital público.

El estado en manos de la derecha no desaparece. Simplemente hace desaparecer el rol que para los sectores populares debe tener.

sábado, 18 de julio de 2009

Es el Estado, estúpido


Siempre viene bien darse una vuelta por La Nación para quitarse las dudas de por dónde viene el ataque de fondo al kirchnerismo. Este Comentario Editorial del día de la fecha es de libro para entender la lógica del avance conservador. Muchas medidas de este gobierno que son consideradas tibias por ciertos progresismos, son en rigor caracterizadas como de un totalitarismo colectivista por el verdadero enemigo que viene recuperando terreno "a ochenta y capota baja"
No nos cansaremos de repetir que el mayor pecado del kirchnerismo (su mejor virtud) ha sido intentar revivir al Estado, única herramienta del pueblo para ejecutar políticas populares. Pero esto es considerado un sacrilegio por parte del establishment y es algo que merece el peor de los castigos.
Por eso siempre es bueno, se me ocurre, que tratemos de ver por dónde viene el ataque reaccionario para entender que independientemente de diferencias que se tengan por izquierda, el kirchnerismo ha contribuido a reinstalar nociones sumamente válidas para el campo popular.
¿Cuándo habrá de nuevo Poder suficiente como para concretar acciones como la recuperación de los fondos previsionales?
Poder de verdad, votos en las cámaras, no columnas de opinión que son muy bonitas y correctas pero no cambian absolutamente nada.
Mientras mucho progre se desentiende de la realidad de todos los días, la derecha avanza frenética cebada y victoriosa, blanqueando en sus editoriales que todo lo que se hizo en cuanto a la revitalización del Estado no son más que "prácticas viciosas"
Ahora vienen por nosotros, manga de zanguangos, pero en ese rastrillaje también se los llevarán puestos a ustedes...
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domingo, 8 de marzo de 2009

La Caja y la caída del Muro de Wall Street

Día a día crecen las disquisiciones acerca de “La Caja” y desde varios rincones se ha opinado al respecto, aunque lo mejor que he leído es lo escrito por Martín Rodríguez en este post que contiene un párrafo significativamente esclarecedor:

“Caja es una palabra del Conurbano. Néstor y Cristina construyeron la bisagra histórica de que ahora gana el que gobierna. Y sin embargo, basta observar el “código político” de los medios y la oposición para dar cuenta de lo que se dice: el Gobierno es la caja. Caja estatal que se “llena” con las retenciones. ¡Y guay con hablar del IVA! Detrás del uso denunciante de la palabra caja también desvisten su secreta vocación antidistributiva: ¿qué van a hacer con la plata? ¿Repartirla? Detrás de cada obra se “percibe” un negocio. Detrás de cada intendencia gritan ¡clientelismo! Detrás de un proyecto regional... ¡petrodólares! Así, la caja que tapa el bosque: y el bosque es la fortísima reubicación del Estado durante la gestión kirchnerista como actor central después de años de fantasías neoliberales, de globalifóbicos y maestrías del CEMA, como buitres. Y eso tiene que llamarse de alguna manera horrible: ya no es Estado, es Caja. Si la caja es el Estado... ¡hay que eliminar la caja! La caja como teoría tosca y agónica del neoliberalismo. (Y este nuevo Estado no se hizo fuerte por una “gestión exitosa”, sino por la centralidad política del “doble comando”: el presidente o la presidenta debían ser las personas más poderosas del país.)”



Se instala cada vez con más fuerza el asunto de “La Caja” y con ello la generalización de la sospecha de que atrás de cada acto de gobierno hay un negociado.
Pensándolo bien es ésta una forma inteligente y muy sutil de dinamitar toda posibilidad de revitalización del Estado en nuestra tierra justo en un período histórico donde en las principales economías –que insistentemente fueron promovidas como el ejemplo a seguir- son precisamente los Estados los que están asumiendo un rol preponderante e insustituible para salvar a sus economías del tsunami.
El establishment cree que es más directo atacar al Estado mediante el ardid de “La Caja”, porque así configura un dilema falso al plantear que el kirchnerismo ES el Estado, de la misma forma en que el alfonsinismo instaló allá por 1984 el espejismo de que su gobierno ERA la democracia. La consecuencia en aquel tiempo fue que a caballo de ese maniqueísmo el alfonsinismo se victimizaba respondiendo que los cuestionamientos a su gestión eran ataques a la democracia misma.
De este maniqueísmo se sirve hoy el establishment para hacer fluir su prédica antiestatal. En torno a esos fines inventa este dilema sumamente audaz y entonces nos encontramos con que si el kirchnerismo ES el Estado, toda sospecha sobre la gestión de ministros y subsecretarios e incluso toda irregularidad (de la que ningún gobierno está exento) o toda denuncia no debidamente documentada será cargada en la cuenta no de esta administración sino del Estado con la consecuente resultante discursiva de que no será el gobierno, o algunos de sus funcionarios los que eventualmente puedan usufructuar la función pública en su propio provecho personal, sino que “el Estado es genéticamente corrupto” y por lo tanto son burdas mentiras todas aquellas visiones para las que esta estructura es vital e insustituible si se quiere construir un país con inclusión social y redistribución de la riqueza.
Según este maniqueísmo, no será el Estado quien administre, por ejemplo, los fondos previsionales -como en todo el mundo- sino una banda de inescrupulosos que se los roban.
No será el Estado el que retenga un porcentaje de ganancias extraordinarias al complejo agroexportador sino una “asociación ilícita comandada por Néstor Kirchner” la que se queda con esa plata.
Según esta visión, si se plantea nacionalizar el comercio exterior de granos parangonando lo que hacen países como Canadá o Australia, el experimento saldrá mal porque esos países “son serios”, no como “este país” que está gobernado por una banda de ladrones…
Se degrada así un debate trascendente y troncal sobre la importancia y el rol del Estado, poniéndolo al nivel de una conversación de taxímetro o una discusión de peluquería y el objetivo de esta artimaña es camuflar el fin último del ataque a esta estructura, la única herramienta que tiene el pueblo para desmontar el formato económico y social del país que nos legaron los años noventa.
Y accionan de esta manera, disfrazando los verdaderos fines, pues el mundo les refuta a diario sus pronósticos y certezas.Cualquier mirada con alguna dosis de sentido común demuestra que en el trazo grueso el accionar de la Casa Rosada para enfrentar la crisis está en sintonía con lo que están haciendo los gobiernos de las principales potencias. Eso no pueden negarlo, a lo sumo lo ningunean, como lo hace cotidianamente el dispositivo mediático al dar un tratamiento meramente informativo y descontextualizado de las novedades que hora tras hora llegan del exterior dando cuenta de que las consecuencias de la explosión de la burbuja financiera parecen no encontrar un límite. No pueden negar que todo lo que nos vendieron como la panacea del capitalismo globalizado se escurrió como agua entre los dedos y que se han quedado sin proyecto y sin referentes.

Carlos Melconian en el programa de Mauro Viale por Canal 26 confesó que si estuviéramos en un país “en serio” el índice de despidos ya sería elevadísimo (y no se puso colorado. Es más, lo dijo convencido y desde la insensibilidad más dura del gabinete neoliberal donde sabemos que ahí hay números despoblados de seres humanos) Al escuchar tamaña declaración de principios recordé instantáneamente –y perdonen la insistencia- aquél titular de Clarín que rezaba:

“Para los economistas, algunos problemas de la Argentina reducen el impacto de la crisis”

Seis meses después de aquel hito en la historia de los titulares de la prensa argentina, Melconián vuelve a ratificar que a veces es muy bueno tener problemas…y que es bárbaro tener un gobierno que en materia de empleo no haga las cosas como los países del primer mundo ¿no?
Cuando el ex candidato a ministro de economía de Menem en 2003 y ex candidato a senador porteño por el PRO en 2007 lanza como idea que “los problemas de ser un país poco serio atenúan el impacto de la crisis en materia de empleo", está diciendo que según su punto de vista se están haciendo las cosas mal y que habría que despedir gente sin contemplaciones, mientras que desde nuestra mirada entendemos que si a un período expansivo de la economía donde las empresas tuvieron ganancias exorbitantes, le sucede una crisis, lo que se impone no es despedir gente, sino buscar un camino alternativo, por ejemplo contemplar la posibilidad que la patronal ponga también una parte de todo lo que ganó para atemperar las consecuencias del parate. No no no, esto no está en su cabeza, con lo que revela una sujeción ideológica a una visión del mundo tan cerrada que descalifica cualquier mirada discordante con la suya, o sea, la única posible.
El mensaje es “Las cosas son así y no hay posibilidad de que sean de otra manera”.La verdad es una sola y está en ese discurso único que defiende a capa y espada la estructura económica y social que dejó el neoliberalismo de los noventa.
El problema del establishment es que no encuentra el modo de parar la debacle de sus ideas y sus aplicaciones en el mundo desarrollado. Si la caída del muro de Berlín dejó a la izquierda a la deriva, ahora la caída del muro de Wall Street ha condenado a la derecha a atravesar el desierto.
El problema, entonces, no es “La Caja” sino la explosión del paradigma del capitalismo financiero de las últimas décadas.
El problema quizá sea que por más terrorismo periodístico y político que se practique, tarde o temprano Argentina y el mundo deban volver sobre sus pasos a tiempos donde había mas Estado y las cosas estaban indudablemente mejor que en el presente.

martes, 6 de enero de 2009

Biolcatti nos aclara el panorama

Así como al pasar, ayer Lucas Carrasco publicó en artepolítica estractos de una carta que el presidente de la Sociedad Rural Argentina, Hugo Bilcatti envió a fines dela ño pasado a sus afiliados. En ese texto encontramos un pasaje que no tiene desperdicio:

“El objetivo final: lograr la unión del empresariado argentino con miras a fortalecer al sector privado ante el avance implacable del Estado.”

Está todo dicho, o si querés: “A confesión de parte, relevo de prueba”.
El lechero de la patria viene a ratificar en dos líneas todo lo que se ha escrito respecto a la cuestión del Estado. Claramente, las patronales ven en el Estado a una fuerza de ocupación, esto explicó y seguirá explicando su proceder sedicioso. Para ellos el Estado es el enemigo y en consecuencia, todo lo que de él provenga está impugnado desde el vamos.
“Será legal pero no resolverá el problema” dijeron cuando ni soñaban con la noche cleta. Toda una confesión de que seguirían con su plan de acción desconociendo de hecho una decisión institucional legítima de uno de los tres poderes de las república.
Estaría bueno que muchos interpretaran el sentido profundo, trascendente y, por que no, obsceno de las palabras de Biolcatti, para entender cuál es el verdadero eje del dilema político de fondo que venimos atravesando desde marzo/07.
Estaría bueno que, aún manifestando todas las críticas habidas y por haber, se entendiera que la revitalización del rol de Estado que impulsan los Kirchner es en las actuales circunstancias una acción política verdaderamente transformadora, o reformista, como más te guste. Seguro que perfectible, seguro que mejorable, pero lo importante es la orientación, el trazo grueso. Mientras tanto seguimos debatiendo y aportando, pero esta cuestión estructural del Estado hay que bancarla pues de otra manera no hay país. Sin Estado fuerte que intervenga en la economía y que fije reglas de juego claras y asigne recursos no hay políticas sociales, no hay fondos para los más desesperados, se esfuma la única posibilidad que tienen los pobres de que alguien los ayude.
Claro que esa noción colisiona con las teorías del derrame que tanto han publicitado los gurúes y la derecha, derrame que, ya que estamos, está bueno recordar que nunca se produce en el capitalismo periférico.
Las corporaciones y la derecha tienen clarísimo que su enemigo es el Estado y por eso (perdonen que sea tan reiterativo) aborrecen este aspecto del kirchnerismo.
Sería bueno que aún sin los mismos niveles de claridad, en el espectro del progresismo se vislumbrara este trazo grueso estatista.
Quizá nos ahorraríamos horas de debate al cuete.

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