Ayer escribimos sobre los déficits de la la oposición de derecha, hoy vamos a hacerlo sobre los del gobierno. Aspirar a presentar una Reforma política sin el concurso de las principales fuerzas de la oposición es de décima. Tiene mucha razón Mario Wainfeld cuando hoy escribe esto:
"...no todo es plata en esta vida. La reforma política será anunciada hoy por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. Florencio Randazzo incurrió en dos sobreactuaciones previas, de resultado anunciado: invitó a la oposición al fasto y se ofendió por las ausencias, que eran cantadas. Nula razón le asiste, el diálogo que el ministro del Interior piloteó sin pericia ni enjundia se apagó por falta de vocación del Gobierno. El convite era una pura formalidad protocolar: nadie asiste a avalar un proyecto de cuyo contenido no participó, cuyo texto, para colmo, desconoce. No hay falta de respeto a la primera mandataria, como alega Randazzo, apenas renuencia para firmar cheques en blanco."
(la nota completa acá)
Seguramente el ministro del interior argumentará que el proyecto contempla mucho de lo que se conversó en la ronda de consultas, pero es pobrísimo que nadie, ni siquiera en el oficialismo, conozca el texto que se va a presentar.
Una reforma política no puede presentarse así por la sencilla razón que lo que lo único que se logra es incrementar el clima desmesurado que propone Carrió, entonces no se puede separar la paja del trigo y salir de un clima de tensión constante que es el que propicia el dispositivo mediático en consonancia con los sectores más reaccionarios de la política.
Toda vez que el gobierno entró en este juego perdió.
------------------------------------------