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lunes, 16 de febrero de 2009

Las lecciones que nos da Venezuela

Contra todo el dispositivo mediático opositor, contra todas las operaciones y manipulaciones, contra diputados como ese del PP español que llegó como veedor y se metió desvergonzadamente en sus cuestiones internas. Contra todos, el pueblo de Venezuela se alzó con un triunfo inobjetable y de una contundencia que es corroborada acá en Argentina por la displicencia (Léase “ninguneo”) con que la “prensa libre e independiente” lo ha tratado.
Hoy lunes el tema casi desapareció de los títulos.
Cualquier repaso por aquellas elecciones donde perdió por un punto o las anteúltimas (donde habiendo triunfado holgadamente, los medios de acá y el “mundo libre” dedicaron muchísimo más espacio que ahora imaginando que había perdido) delata incontrastablemente el garrón que se están comiendo La Nación, Perfil y toda una caterva de impresentables cuentapropistas como Eliaschev o de “periodistas independientes” con sueldos de $ 140.000 mensuales, que de manera torpemente obtusa pretenden seguir viendo como una dictadura al régimen político más plebiscitado del continente en la última década.
Anoche en C5N se hablaba de “dictadura” al tiempo que se difundían los festejos populares luego de una gesta histórica para los archivos de las grandes jornadas democráticas.
Poco serio

A la victoria de un pueblo, a un resultado que amplía la participación popular la denominan dictadura. Qué loco ¿no? Los venezolanos tendrán derechos más amplios que los nuestros. Podrán reelegir cuantas veces quieran a gobernadores y al presidente y podrán también revocar sus mandatos.
Acá no se puede
Acá no podemos
Todavía estamos aprisionados por ese discurso tramposo que se inspira en la democracia estadounidense y que nos canta que si un gobernante supera los 10 años en le poder se pudre todo. ¿Porqué señores, porqué no puede un pueblo reelegir cuantas veces lo desee a un presidente?
¿Acaso De la Rúa hubiera sido reelegido de por vida, acaso Bush?
Si no tenés oxígeno político de nada te sirven las leyes.
Si no tenés existencia política real, las leyes y las formalidades (boleta única, por caso) no te privan del escarnio.
Menem quizá hubiera galopado con chances, de haber tenido la posibilidad de ser reelecto ¿Y si lo hubiera logrado? Si lo hubiera logrado hubiera sido porque una porción importantísima de los argentinos así lo habría querido, entonces, ha llorar a la Iglesia.
Claro, seguramente vendrá el argumento de que los gobiernos que perduran muchos años se corrompen y corroen las bases de sustentación de la democracia. Este discurso es conocido y quien más quien menos, todos lo hemos padecido ¿Pero es afectivamente así?
¿No será que las clases dominantes han elaborado este discurso y esta visión de la legislación para garantizarse que no se pueda generar un Poder popular lo suficientemente sólido como para tirar abajo las alambradas legales que fundamentan SUS democracias formales, democracias por arriba que encubren realidades sociales tiránicas donde muy pocos se benefician esquilmando a muy muchos?
Venezuela sigue dando que hablar y para bien.
Venezuela nos exige pensar y conmueve uno a uno los bastiones discursivos de las formas de ser “occidentales y cristianas”
En buena hora.

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