Mostrando las entradas con la etiqueta raul alfonsin. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta raul alfonsin. Mostrar todas las entradas

miércoles, 26 de agosto de 2015

Si están tus cosas pero tu no estás...


En "Afiches" el tipo sufre al ver en la puerta del burdel la foto de la que fue su pareja años atrás

"Pero qué
si están tus cosas 
pero tu no estás"

Algo parecido sentimos quienes respetamos el origen plebeyo de la Unión Cívica Radical y nos ponemos de pie ante Yrigoyen, Moisés Lebensohn, Raúl Alfonsín y tantos radicales comprometidos con las banderas de las mayorías populares.

La foto nos muestra a estas señoras llevando la bandera de la JR pero más que un contrasentido es un documento del desenlace fatal de un partido político que luego de cien años no puede presentar fórmula presidencial propia y ha sido transformado en furgón de cola de un candidato tan conservador y antipopular como aquél régimen al que enfrentó el mismísimo Hipólito Yrigoyen.

Allá por 1983, Raúl Alfonsín se cansó de marcar a "los estertores de la Argentina vieja" como el gran adversario que teníamos por delante los argentinos. Duele que hoy los apoderados de las insignias y propiedades de la Unión Cívica Radical hayan entregado tan mansamente una historia de más de cien años precisamente al gran estertor de esa Argentina conservadora, elitista y antipopular.

jueves, 21 de abril de 2011

Semana Santa de 1987


Un compañero de la JI de Bahía Blanca nos había contado que el "nabo" Barreiro era de la pesada de verdad. Su negativa a presentarse a un llamado de la justicia desencadenó el primer alzamiento carapintada que se transformaría en el comienzo del fin del alfonsinismo. Aquellos días fueron un hervidero, recuerdo la transmisión sin pausa de ATC donde Mónica Gutiérrez y Carlos Campolongo estuvieron más de un día frente a cámaras sin retirarse a descansar. Recuerdo también que en la mayoría de las radios pasó algo parecido. Sentíamos que se nos escurría de las manos la democracia, que el sueño se acababa. Recuerdo que hubo un momento donde se instaló en los medios la interna dentro del ejército y que analizábamos qué generales jugaban para un lado y cuáles para otro.

Estábamos en sus manos...

Las fuerzas políticas, empezando por el peronismo, cerraron filas con el gobierno. En la foto se los puede ver  a Vicente Saadi, Antonio Cafiero y José Luis Manzano junto a Raúl Alfonsín en el discurso del "Felices Pascuas" que terminó siendo su suicidio político. Si Alfonsín hubiera analizado el cuadro de situación desde fuera del palacio, si hubiera sopesado el poder que le confería el pueblo en la calle no tengo dudas de que la historia hubiera sido otra. Quiero ser justo y reconocer que había que estar en su lugar en ese momento, pero yo ví la gente en la calle, viví esos días desde una fuerza política opositora que disentía en todo con el gobierno en materia de Derechos Humanos pero que no dudaba en apoyarlo por encima de todas las diferencias, yo ví Plaza de Mayo repleta, ví una voluntad popular de decirle ¡Basta! de una buena vez a los milicos, por eso insisto en ver como un tremendo error el haber negociado en ese momento, continuando una claudicación que había empezado en 1986 con el Punto Final y la Obediencia Debida.

Ese domingo me quedé en el comité provincia del partido para ser el enlace con las provincias. Cuando todos se fueron a la plaza, quedé solo con la tele y la radio encendidas y los teléfonos que no paraban de sonar. Había gente en todas las plazas del país y no era verso ¿Cómo Raúl Alfonsín no se paró arriba de toda esta movida para imponerle la rendición incondicional a Rico y su banda?

Creo que hay momentos en la política donde se impone una dosis de riesgo, donde hay que dar una vuelta colgado de los pianitos (como dice Traverso) para demostrarle al rival que no va a poder contigo. Desde ahí es que me sigue pareciendo que a Raúl Alfonsín le faltó ese plus. No todo se puede negociar, hay veces donde se cortan los diálogos, donde los líderes imponen condiciones. Menem lo cagó a tiros a Seineldín el 3 de diciembre de 1990. Sí, es cierto que ya habían pasado 3 años largos y que el turco tenía el poder fresco y rozagante, además del indulto, pero lo liquidó sin contemplaciones y ello le significó mucho políticamente. En la semana santa de 1987 Alfonsín ya tenía en sus alforjas el juicio a los comandantes y si bien su Teoría de los dos demonios le había generado serias desavenencias con el movimiento de Derechos Humanos, seguía contando con un respaldo mayoritario como para pararse ante la rebelión carapintada porque, repito, tenía las plazas llenas de un apoyo multipartidario que no hacía distinciones, una movilización que había puesto en segundo lugar las diferencias y bancaba sin fisuras al gobierno democrático.

Ese domingo, cuando terminó el discurso del presidente marché presuroso a la plaza, debo haber sido el único que iba a contramano. Mientras todos se retiraban yo ingresaba. Vi las caras, los gestos, las lágrimas de miles de argentinos de todas las edades y banderías partidarias que se iban derrotados, llororos, estafados. Supe en ese mismo instante que Alfonsín se había inmolado. Nunca me dolieron tanto las banderas enrrolladas como esa tarde.

Esa gente puteando al gobierno, a los milicos, a Dios y María Santísima, esa tarde de mierda fue un punto de inflexión. Como cuando habíamos ido dos años antes a defender la democracia y nos volvimos con la "economía de guerra".

Era demasiado.

Luego, como siempre pasa, la historia se encargó luego de escribir su veredicto, demoledor, implacable.
.

jueves, 15 de julio de 2010

El kirchnerimo dio una nueva demostración de que se puede


El dispositivo mediático ha tomado con pinzas la sanción de la ley de matrimonio igualitario en el sentido de no puntualizar demasiado los beneficios que dicha sanción le tienen que traer al oficialismo. Si el resultado hubiese sido distinto hoy ya estarían publicándose en todos los medios de la prensa hegemónica comentarios editoriales planteando que la derrota en el senado sería algo así como el golpe de gracia que faltaba para que el proyecto K definitivamente se descompusiera, pero como el matrimonio entre personas de un mismo sexo fue aprobado y como el sector político de fuste que expresamente puso toda la carne en el asador jugando a favor fue el kirchnerismo, hay muchos que se están haciendo los desentendidos y otros, como esos "correctos" que igual cuando llega el momento les ponen el puntín, han esbozado la típica idea delarruísta de que "nadie debe intentar capitalizar políticamente este asunto".

En realidad nadie lo va a salir a hacer porque ya se hizo, porque la sociedad argentina ha visto con absoluta claridad cómo votaron y qué dijeron todos los sectores.

Lo que vuelve a quedar clarísimo es cómo el kirchnerismo sigue jugando correctamente en temas troncales para la construcción de una sociedad con niveles crecientes de democracia y derechos sociales y civiles. Se vuelve a ratificar una actitud que desde 1983 a nuestros días casi no se verificaba y es que una fuerza política mayoritaria enfrente a los poderes otrora considerados intocables y les gane la pulseada.

Es un dato central, además, que de estas pujas no se sale victorioso por la mera voluntad, se gana cuando la demanda está instalada en la sociedad, cuando la gente está de acuerdo con la medida aunque no en todos los casos lo esté con el kirchnerismo. Esto es un tema para estudiar porque luego de décadas de pensar que "no se puede" y de sentir que más vale una mala negociación que una derrota lisa y llana, un buen día irrumpe una fuerza política con disposición a poner en la balanza su gran volumen político y así logra victorias resonantes. Pensar en la banca derrotada al perder las AFJP, pensar en Clarín y Vila-Manzano al tener que morfarse una ley de medios democrática y pensar ahora nada menos que a la Iglesia Católica debiendo digerir una ley de matrimonio igualitario entre homosexuales, es algo casi de fantasía, parece un cuento. Pero no es un cuento, es un dato de nuestra realidad que debemos procesarlo para extraer enseñanzas.

Pensemos, por caso, en la Semana Santa de 1987. Pensemos en cómo Raúl Alfonsín al no leer correctamente la situación y básicamente al no mensurar en su debida dimensión el poder que le confería el pueblo movilizado en todas las plazas del país, terminó respondiendo dentro de la lógica del palacio, terminó negociando con los sediciosos con lo que, objetivamente, esmeriló su propio poder tanto ante la sociedad civil como ante los amotinados, con la resultante más cruel que fue la de iniciar ahí mismo su propio declive político que lo llevaría a una derrota colosal en las elecciones de ese año como antesala de la entrega adelantada del gobierno.

Recordemos también cómo años más tarde Carlos Menem, anoticiado de estas sutilezas seguramente por su tela peronista no dudó en aplastar los intentos de Seineldín y cómo eso lo fortaleció inmensamente ante la sociedad.

Todos los que nos interesamos por los asuntos de la política tenemos en estos días elementos de muchísima riqueza para explorar y extraer muchísimas enseñanzas.


miércoles, 31 de marzo de 2010

Kirchner le gana a Alfonsín

(Click sobre la imagen para ampliar)

La ciber militancia K está que arde, señora...

Si no fíjese cómo en el mismísimo Ambito Financiero Néstor Kirchner le gana al mismísimo Raúl Alfonsín como "El mejor presidente desde 1983"

Y no sólo eso, la mismísima Cris va tercera, arriba del Caglo

Mucha plata, están poniendo mucha plata...


-----------

Raúl Alfonsín, a un año de su muerte

Me puse a releer lo escrito un año atrás y concluí que este post es absolutamente vigente, por eso lo transcribo.



LA PASTEURIZACION DE ALFONSIN


Como tanta gente de mi generación me crié bebiendo leche pura, levemente rebajada con agua. Leche con mucha grasa y un fortísimo olor por momentos no demasiado agradable. El paso del tiempo y las transformaciones en la industria lechera me han llevado a beber un líquido viscoso que poco tiene que ver con aquella leche que con mi viejo ordeñábamos en la quinta o como la que el lechero Jorge Rodi dejaba tarde a tarde en el hervidor que mi madre ponía en el zaguán con un papelito que decía “2 litros”. Esta leche que bebemos ahora viene sin grasa, sin olor y virtualmente sin sabor. No le quedan muchos atributos más allá de la denominación que la emparenten con la leche de medio siglo atrás.

Con Raúl Alfonsín viene pasando algo parecido: Se nos está mostrando un líder político que en poco y nada se parece al dirigente fervoroso, calentón y por momentos visceral que supo liderar una etapa traumática de la vida política argentina. Este Alfonsín que se nos muestra desde innumerables revistas y suplementos viene sin olor y sin sabor.
Es notable que cuando desde los medios masivos se consuma exitosamente la reconversión de una figura pública o un hecho histórico determinado, cualquier otra mirada, aunque sea mucho más fiel a la verdad histórica será entendida como “manipulación”.
La muerte del líder radical desató una campaña sin antecedentes en la política argentina. El multimedios Clarín puso todo su andamiaje para ofrecerle a la sociedad un Alfonsín sometido a tanto reproceso que su resultante es un ex presidente desabrido, inoloro e incoloro que poco y nada tiene en común con el que conocimos los argentinos durante más de 40 años.
También asombra lo endeble de la memoria colectiva que se revela incapaz de contrastar o al menos disentir con este producto que se le impone mediante el uso abusivo del poder de fuego mass mediático. Llama la atención que una generación que convivió durante años con una figura tan fuerte como la de Alfonsín, ahora no dé muestras de disenso cuando se le muestra una caricatura de lo que en rigor fue el ex presidente.

Este reprocesamiento de Alfonsín dispara hechos insólitos como que, por ejemplo, acabo de recibir uno de esos típicos comentarios anónimos lamentando que la televisión manipule la figura de Raúl Alfonsín, en referencia al programa de anoche donde se emitieron las imágenes imperdibles de la vez que pidió el uso de la palabra para responderle a monseñor Medina y el ya famoso discurso en la Sociedad Rural.
Estos dos momentos del ex presidente, junto a aquél otro cuando le respondió a Reagan por fuera del protocolo, conforman quizá parte sustancial de su genética política, pero resulta que la pasteurización del Alfonsín llegó tan lejos que cualquier evocación de su costado peleador será interpretada como una mirada tendenciosa y desprovista de rigor histórico.
La sola emisión de esas escenas es interpretada como una manipulación.
Todo un dato de época.
Una época donde la realidad va disputando, y en franca desventaja, veracidad con las construcciones mediáticas y donde en muchos casos, las imágenes que ofrecen las pantallas multimediáticas se imponen como “La verdad” indiscutible, archivando tapes, libros, diarios y revistas en arcones que ya nadie revisa.
Alfonsín fue lo que Clarín dice que fue.
Y los que sostegamos otra mirada seremos tildados de manipuladores, aunque los libros, los datos y los documentos públicos nos den la razón.



lunes, 8 de febrero de 2010

¿De nuevo "R.A"?



Ni bien miré el título de tapa de Página/12 de ayer pensé que estábamos ante una inteligente operación de Horacio Verbitsky, tendiente a chorrear con un poco más de kerosene la chispeante coyuntura interna del pan radicalismo. En un punto creo que algo de esto hay, pero al rato recordé que el Ingeniero viene hablando de esto hace tiempo y contándonos que Cobos es mejor visto afuera que dentro de la UCR, entonces tuve por primera vez la imagen de Ricardo Alfonsín candidato a presidente…

Sin manejar mucha información de la UCR me animo a deducir que si algo tienen los radicales con Cobos es mucha pero mucha desconfianza por su trayectoria, plagada de traiciones. Ojo que los radicales no han tenido a lo largo de su historia un compromiso de fierro con la lealtad, pero quizá lo Cobos sea demasiado.

Días pasados dije que cuando las encuestas vuelvan a posicionarlo al mendocino como el mejor candidato los radicales se ponen en fila y comienzan a repartirse ministerios, pero ayer, por primera vez se me figuró como algo posible la candidatura de Ricardito. Pensé que es un invento, que es sólo el hijo de Raúl Alfonsín, que sus jinetas en la UCR son modestas…

“Pero la política es así”, me dije.

Las particularidades de la política pueden generar que un heredero recoja en un santiamén el botín que acuñó el patriarca. Es posible y factible. Y si su estatura no está a la altura de las condiciones, ya se le construirá la medida justa, ya las maquinarias se encargarán de bajarle a la sociedad que el hijo del "Padre de la democracia" es la mejor garantía de retorno “a la convivencia, al diálogo y el consenso”.

Es un asunto complejo este porque, por ejemplo, me pasa que lo veo mucho más digerible a Ricardito que a Cobos o Morales, por caso. Hay un toque, un flash, un pantallazo que me hace suponer que incluso para muchos radicales y sectores afines la opción “R.A” es mucho más placentera que la del vicepresidente. Por empezar no hay que andar explicando nada ni mucho menos justificando la traición. Para seguir, una candidatura de Ricardito es mucho más sólida desde el punto de vista ético y esto no es poca cosa ante la posibilidad de un gobierno cobista que no tenga fuerza ni para exigirle la renuncia a un Secretario de Estado.

Se me ocurre que la opción “R.A” es cautivante para una porción muy grande de argentinos y eso la torna preocupante. La verdad es que la muerte de su padre tuvo un impacto muy fuerte en la sociedad y que la imagen lavada con que se delineó una especie de mito probablemente contribuya a la creación de un imaginario bastante traído de los pelos desde lo histórico pero muy taquillero en función del 2011. Basta pensar que una porción nada despreciable del electorado -los electores que oscilan entre los 18 y los 40 años- en líneas generales conocen el Alfonsín que fabricó TN, no al que conocimos los más viejos, y eso pesa porque la versión Clarín de Alfonsín muestra a un viejo luchador romántico, dialoguista, medio quijotesco que se tuvo que marchar antes de tiempo por las patrañas del peronismo y Cavallo, cuando en realidad fue el conjunto de los grupos económicos que al ver que con Menem tenían resuelto por la vía democrática lo que durante décadas habían intentado a través de dictaduras, resolvieron darle el puntín con que tarde o temprano se le paga a los tibios. Pero estas y tantas otras cosas no están en la versión doblada al español de "R.A" que consumió la Argentina del 2009 en los funerales del ex presidente, entonces lo que queda instalado en ese electorado de 18/40 años es una versión querible, limpida, pasteurizada y entrañable del primer presidente democrático desde la reapertura de 1983.


Y contra eso, la verdad, se me ocurre que es bastante difícil competir.

Está por verse luego qué propondría un radicalismo con Ricardito, cómo se posicionaría ante AEA y la Mesa de Enlace porque, a ver, con Cobos la cosa es bastante simplota: Le dice que sí a cada una de las corporaciones y se vuelve al consenso de los noventa. Se retorna a la senda de la que “nunca debimos separarnos”

¿Pero con Ricardito qué?

¿Lo mismo pero maquilladito?



-------------------------------------------

miércoles, 8 de abril de 2009

La pasteurización de Alfonsín

Como tanta gente de mi generación me crié bebiendo leche pura, levemente rebajada con agua. Leche con mucha grasa y un fortísimo olor por momentos no demasiado agradable. El paso del tiempo y las transformaciones en la industria lechera me han llevado a beber un líquido viscoso que poco tiene que ver con aquella leche que con mi viejo ordeñábamos en la quinta o como la que el lechero Jorge Rodi dejaba tarde a tarde en el hervidor que mi madre ponía en el zaguán con un papelito que decía “2 litros”. Esta leche que bebemos ahora viene sin grasa, sin olor y virtualmente sin sabor. No le quedan muchos atributos más allá de la denominación que la emparenten con la leche de medio siglo atrás.
Con Raúl Alfonsín viene pasando algo parecido: Se nos está mostrando un líder político que en poco y nada se parece al dirigente fervoroso, calentón y por momentos visceral que supo liderar una etapa traumática de la vida política argentina. Este Alfonsín que se nos muestra desde innumerables revistas y suplementos viene sin olor y sin sabor.
Es notable que cuando desde los medios masivos se consuma exitosamente la reconversión de una figura pública o un hecho histórico determinado, cualquier otra mirada, aunque sea mucho más fiel a la verdad histórica será entendida como “manipulación”.
La muerte del líder radical desató una campaña sin antecedentes en la política argentina. El multimedios Clarín puso todo su andamiaje para ofrecerle a la sociedad un Alfonsín sometido a tanto reproceso que su resultante es un ex presidente desabrido, inoloro e incoloro que poco y nada tiene en común con el que conocimos los argentinos durante más de 40 años.
También asombra lo endeble de la memoria colectiva que se revela incapaz de contrastar o al menos disentir con este producto que se le impone mediante el uso abusivo del poder de fuego mass mediático. Llama la atención que una generación que convivió durante años con una figura tan fuerte como la de Alfonsín, ahora no dé muestras de disenso cuando se le muestra una caricatura de lo que en rigor fue el ex presidente.

Este reprocesamiento de Alfonsín dispara hechos insólitos como que, por ejemplo, acabo de recibir uno de esos típicos comentarios anónimos lamentando que la televisión manipule la figura de Raúl Alfonsín, en referencia al programa de anoche donde se emitieron las imágenes imperdibles de la vez que pidió el uso de la palabra para responderle a monseñor Medina y el ya famoso discurso en la Sociedad Rural.
Estos dos momentos del ex presidente, junto a aquél otro cuando le respondió a Reagan por fuera del protocolo, conforman quizá parte sustancial de su genética política, pero resulta que la pasteurización del Alfonsín llegó tan lejos que cualquier evocación de su costado peleador será interpretada como una mirada tendenciosa y desprovista de rigor histórico.
La sola emisión de esas escenas es interpretada como una manipulación.
Todo un dato de época.
Una época donde la realidad va disputando, y en franca desventaja, veracidad con las construcciones mediáticas y donde en muchos casos, las imágenes que ofrecen las pantallas multimediáticas se imponen como “La verdad” indiscutible, archivando tapes, libros, diarios y revistas en arcones que ya nadie revisa.
Alfonsín fue lo que Clarín dice que fue.
Y los que sostegamos otra mirada seremos tildados de manipuladores, aunque los libros, los datos y los documentos públicos nos den la razón.

jueves, 2 de abril de 2009

Escenas de alfonsinismo explícito

Es muy aleccionador este video porque muestra en todo su esplendor el eje de fondo del “problema agropecuario”. Muestra desgarradoramente la insolencia, la arrogancia y la intolerancia de un sector influyente en la vida política argentina, intrínsicamente ligado a las políticas más reaccionarias que se desplegaron en desmedro del conjunto del pueblo.
Uno ve el video y le dan ganas de haber estado ahí para cagarse a trompadas con ese garcaje de porquería.
Uno ve el video y se emociona con Alfonsín.
Y lo banca.
Lo banca pese a que en estos dos minutos hay alfonsinismo explícito, no apto para republicanos impresionables, porque el mismo presidente que los trata de cobardes y les enrostra en la jeta su connivencia con las dictaduras finaliza anunciando muchas de las medidas exigidas por ellos.
El video muestra un presidente que consciente de su debilidad, sabedor que por eso lo rechiflan, les canta sino las cuarenta, las 10 de última, pero es fuertísimo ver cómo en medio de un gesto emocionante y movilizador, en medio de un tono tribunero de esos que enardecen a las masas populares, les anuncia que tendrán el dólar libre, que era lo que exigía “el campo”.
Ahí está la síntesis del no poder de Alfonsín.
Ahí está ese papá que putea y reniega pero al mismo tiempo saca la billetera, te da unos mangos y la llave del auto y con tono recio, como para demostrar que es un duro, te dice “manejá con cuidado, no hagas boludeces”
Ahí está la imagen del “cancherito arrependito” de “la Familia Fernándes” (si, con “s”) de Hugo Midón.
Por eso creo que se lo quiso tanto. Porque hubo pasajes, momentos, donde expresó anhelos y reivindicaciones populares como en la primera parte de este video en la Sociedad Rural donde se lo ve conmovedoramente solo y desprotegido
Ese Alfonsín que carajea a los hacendados en el recinto mismo de la antipatria pero que al mismo tiempo les anuncia la sujeción a sus exigencias es en buena medida lo que el stablishment está dispuesto a tolerar en la política argentina: políticos que les digan las peores verdades pero que cedan a sus presiones.
Todo aquél que arregle será de una u otra forma tolerado mientras que quien muestre un grado mayor de rebeldía, aún sin pretender transformar revolucionariamente la estructura capitalista, será exterminado sin reparar en los métodos.
He aquí el eje de la disputa en la coyuntura.

miércoles, 1 de abril de 2009

Los carroñeros llegan antes de lo previsto

Cuando el dispositivo mediático se desgañita en calificar a Raúl Alfonsín como “El símbolo de la democracia” y lo sitúa como un titán que en soledad batalló contra los militares para arrancarles la democracia, comete una falsificación conceptual e histórica peligrosa.
Era esperable que lo hiciera, por eso es importante tratar de poner las cosas en su lugar para que los más chicos y más de un desmemoriado no caigan en la trampa.
Alfonsín fue un partícipe vital en la reapertura democrática, pero no el único. La lucha (y no sé si hay que usar esa palabra, quizá rinda más “negociaciones”) por el retorno a la democracia tuvo otros actores y sería injusto desde el punto de vista histórico soslayarlos. Los organismos de Derechos Humanos tuvieron un rol vital y también dirigentes de otras fuerzas políticas como Antonio Cafiero, Oscar Alende, Carlos Auyero o Simón Lázara, por nombrar sólo algunos que vienen a la memoria en este instante.
Es imposible pensar la reapertura democrática si no es como un gran movimiento, contradictorio y multiforme donde, naturalmente, Alfonsín ocupó un lugar importante por provenir de una fuerza política mayoritaria por entonces y más que nada por haber ganado las primeras elecciones.
Y esto viene a cuento porque se divisan manejos intencionales alrededor del cadáver del ex presidente. Como certeramente nos avisa Martín “Se vienen días de alfonsinismo asfixiante, y ya uno imagina las operaciones miserables alrededor del “demócrata”. Y la “ola” democratizadora servirá para contrastar con la “tiranía K”

Hubo un tiempo que fue hermoso


Hubo una época imborrable en todos los que andamos, porotos más porotos menos, alrededor de los cincuenta. Hubo un tiempo de florecimiento, de reverdecer, de mucha esperanza y, por qué no, mucha quimera a la vuelta de la esquina.
Hubo un tiempo de militancia frenética, de plenarios donde hasta se debatía cuarenta minutos una moción de orden planteando no fumar dentro del recinto; hubo un tiempo donde salíamos de pintada desde las 11 de la noche hasta las 5 de la mañana; hubo un tiempo donde viernes y sábados había peñas en locales de las diversas ramas de la JP, de la FEDE, de la JI y la JR; hubo un tiempo donde los viernes íbamos a fajarnos de palabra con las mesas que armaban el MAS y el PTP en Plaza Miserere.
Hubo un tiempo donde las peñas en Filo y Socio eran cosa seria; hubo un tiempo donde amanecías con una peruca, una bolche o una trosca y después de haber pasado una noche de encamada feroz y revolucionaria te ibas a desayunar y pelabas “Las tesis de Abril” para seguir con el debate en un bar del Abasto mientras los parroquianos se inyectaban Angelito Vargas con D’agostino.
Hubo un tiempo donde se puso de moda trasnochar para escuchar a Dorio y Caparrós y madrugar para no perderse a Aliverti en Radio Belgrano.
Hubo un tiempo de marchas casi cotidianas, tiempo de Juventudes políticas y MOJUPO.
Hubo un tiempo (junio de 1983) donde un militante de la FEDE vio cuando nos llevaban detenidos al turco Galeano y a mí desde el local de la novena del PI en la calle Mario Bravo 380 y se mandó al Comité Nacional a avisar que nos estaban apresando, lo que posibilitó que una de horas después nos liberaran, con nota en La Voz y todo.
Hubo una alegría infinita la mañana de ese 30 de octubre soleado y crocante donde fiscalizamos en una escuela de la calle Sánchez de Bustamante y una gran decepción cuando nos enteramos de lo mal que nos había ido y que para colmo que hubiese ganado el radicalismo. Hoy creo que aquella sensación era equivocada y que fue bueno que ganara Alfonsín, pero allí, en 1983, mis 22 años y "las malas compañías" me llevaban a pensar otra cosa…
Hubo un tiempo en que fuimos jóvenes flaquitos, bellos, utópicos, revolucionarios. Un tiempo donde creíamos que el socialismo estaba a la vuelta de la esquina. Un tiempo donde nos reivindicábamos marxistas y con Lenin en las manos nos trenzábamos con los bolches demostrándoles qué poco les enseñaban en la escuelita del Charly y el Vladimir y donde empuñábamos Jauretche para atosigar a los durísimos militantes del PO.
Hubo un tiempo con letra y música, hubo un sonido con Silvio y Pablo, con Zitarrosa y San Pedro Telmo; Hubo un aire tropical con Makumagüela y hubo La Verdulería ahí en la esquina de Riobamba y Corrientes donde sonaban mambos, sones y guarachas. Hubo un recital suspendido en Vélez y eternas negociaciones para que no se cruzaran algunas columnas que cual barra bravas se odiaban.
Hubo una casa en Villa del Parque cercana a la estación donde la negra Cristina me dio asilo. Tenía la Pequeña Biblioteca de Editorial Anteo completa…Leía hasta el amanecer, dormía hasta el mediodía y desayunaba un café negro con dos facturas para volver al local a continuar con la militancia.

Hubo un tiempo que hoy miro desde los cuarenta y ocho años y lo veo hermoso, quizá mas bello de lo que en realidad fue, medio como ciertos tangos donde se bandean un poco avocando los años mozos.
En todos esos años está Raúl Alfonsín, más puteado que vivado, pero está potente, como un tío si querés o como una referencia ineludible.
Todos esos años de búsqueda, tiempos de gateo democrático, de estrellas fugaces ¿Te acordás de Rabanaque Caballero? Esos tiempos de reacomodamientos, de un peronismo crujiendo en sus entrañas tuvieron como símbolo a Raúl Alfonsín.
Quizá alguna de las penas que hoy afloran brotan al comprobar con el paso de los años que hubo un intento si se quiere timorato de reformar ciertas estructuras pero quedó trunco por ciertas falencias inherentes al problema que tiene el radicalismo para gobernar, quizá lo que nos duele es que el fracaso de Alfonsín es en cierta medida el fracaso de un intento tímidamente progresista de todos nosotros, incluyendo a los que lo combatíamos desde la izquierda nacional y popular (que aquellos años era aún “Nacionalismo Popular Revolucionario”)
Esa parábola que arranca con el juicio a las juntas militares y la ley Mucci y termina estigmatizada en los acuerdos con la misma burocracia sindical a la que se había denunciado como partícipe de un pacto con los militares define un fracaso que antes que nada estuvo determinado por un error de diagnóstico y quizá cierta embriaguez por una victoria electoral tan contundente.
Es difícil no “creérsela” si te llevás el 52 % de los votos…
Pero los votos son sólo eso, votos.
En tanto la estructura del país sigue inalterable y si no se la lee con justeza, probablemente las cosas salgan mal. Eso, creo, es lo que le pasó a Raúl Alfonsín. Cuando cayó en la cuenta que lo que tenía no le bastaba para sostenerse en el poder y empezó a negociar ya era tarde, y se lo llevaron puesto muchos de los que hoy fingen un dolor asquerosamente oportunista como algunos medios que lo masacraron mientras era presidente y algunas patronales como las que motorizaron el famoso “camionetazo” comandado por el entonces presidente de Confederaciones Rurales Argentinas, Raúl Romero Feris.
Quizá lo que duele también es que el fracaso de Alfonsín posibilitó el embate más feroz contra el pueblo que fue el menemismo con su aniquilmiento del Estado y el remate de buena parte del patrimonio nacional.
Pero más allá de estas consideraciones, Alfonsín es un tiempo, una época y una experiencia que hay que revisar para extraer enseñanzas.
Todos tenemos un cachito de Alfonsín dentro nuestro.
Por eso la pena.

Entrada destacada

A propósito de Mundstock y ciertas giladas

A propósito del fallecimiento de Marcos Mundstock volvió a aflorar esa actitud mediocre de refutar a un artista por sus posiciones políti...