Aguinis no puede escudarse en que hay otros argentinos que cobran jubilaciones de privilegio peores aún, como los hermanos Roberto y Juan Alemann, sin ir más lejos (por sus conchabos con las dictaduras)
Aguinis tiene que deberse a esa Argentina de bien que lo tiene como un faro puro y casto.
Aguinis ha superado con creces el desafío de la blancura.
Tiene que superarlo una vez más.
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