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jueves, 6 de octubre de 2011

A Lanata y Caparrós le ganamos la discusión política


Este twitt me hizo pensar en cómo Jorge Lanata y Martín Caparrós reflotaron en esta época la vieja idea de que el peronismo nunca tuvo nada original y que al fin y al cabo siempre fue una especie de parásito que se alimentó de ideas de otros. El gorilismo vernáculo (sobra ese "vernáculo" porque el gorilismo en tanto antiperonismo de piel en el único lugar del mundo que existe es en Argentina) El gorilismo, decía, siempre se pajeó con esa idea, es lo que explica el no voto de Alicia Moreau de Justo a la ley del voto femenino en los cincuenta, por ejemplo. El gorilismo nunca entendió que en política, al fin y al cabo la canción es siempre la misma y que por lo tanto de lo que se trata es de ver cómo se da respuesta a las demandas. El peronismo se caracterizó ya desde que el mismísimo Perón estaba en la Secretaría de Trabajo por dar respuestas. Y como siempre pasa, hubo respuestas mejores y peores, hubo desprolijidades, marchas y contramacrhas, pero hubo respuesta y eso es lo que sencillamente sigue pesando en la memoria colectiva y por eso se le sigue confiando el voto a este movimiento.

Lanata y Caparrós se pararon en esa elaboración y entonces inventaron la noción de la "cooptación", que en un primer momento la usó para explicar el apoyo de Madres y Abuelas de Plaza de Mayo al kirchnerismo. En sintonía con aquella imagen  muchos incautos compraron la idea de que todo apoyo a los Kirchner de una u otra manera siempre es comprado. No existe en esas miradas la evaluación de la posibilidad de que haya otro tipo de motivación porque le han negado de plano al kirchnerismo la capacidad de interpelar e influir al quitarle toda entidad que no sea el sino impostor. Temo que muchos de los compradores son esa legión de yuppies que se creían progres cuando mandaba Menem y, como correspondía por entonces, todos los que estábamos enfrente, desde Magdalena y Leuco hasta Verbitsky, ponele,  eramos oposición y, por supuesto, progresistas, que fuimos viendo crecer el FREPASO los jueves en Hora Clave por Canal 9... Era comodísimo ser progresista con Menem...

Bueno, un día todo eso acabó sangrientamente y lamentablemente y en el 2003 muchos quedaron enmarañados en ese tramayo político-ideológico de cómo pararse respecto a lo que empezaba a mostrar el kirchnerismo, con el agravante de llevar en su ADN como contrapeso ese estigma antipopular que define al proresismo gorila. 

Terminaron siendo la tropa a la que Lanata y Caparrós le pusieron las excusas...

Hoy repiten las mismas pelotudeces que balbucean esos ancestros gorilas sobre el primer peronismo que muchos tenemos en nuestras familias pero con una onda más actual ¿vistes? Pero cuando los exigís un cachito, nada más, terminan largando todo, hasta el carnet de boludo que Lanata les vendió allá por 1999. Lanzan frases que sospechan inteligentes como por caso 

"A Cristina la votan por la situación económica"

¿Y por qué no la van a votar, pedazo de salame? Si la situación económica mejoró ¿porqué no habría el pueblo de acompañar al gobierno que, sea por lo que sea, ha conducido el florecimiento del país? Por suerte nuestra sociedad se ha ido reconfigurando y al calor de esa reconversión  fue arrojando ciertos lastres político-ideológicos vetustos y por eso el discurso lanata-caparrotista cada vez tiene menos adeptos, como el radicalismo, que pierde votos con cada anciano que muere y no capta un sólo voto en los pibes, que lo ven viejo y lejano. 

Pero también al calor de esa reconfiguración surgió con mucha fuerza una corriente de pensamiento kirchnerista que sin provenir del  peronismo se recuesta muchísimo sobre su razón de ser y desde el mismo palo social del progre-gorilismo, desde adentro mismo, dio la discusión, muchas veces a costos altísimos, y realizó una contribución importantísima para ganar la discusión política de los últimos años. 
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lunes, 26 de septiembre de 2011

El kirchnerismo es el hecho maldito del progresismo

Hay muchas definiciones interesantes en este reportaje publicado ayer en La Nación a Carlos Altamirano. Subrayo lo que me parece central´

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Entrevista con Carlos Altamirano

"El kirchnerismo es el hecho maldito del progresismo"

El autor de Bajo el signo de las masas parafrasea a John William Cooke para analizar el clima político actual, en el que reconoce la vieja disputa entre izquierda y peronismo, reactivada ahora por un debate caliente: qué es ser progresista hoy en la Argentina
Por Raquel San Martin  | LA NACION





Es el kirchnerismo una versión libre del peronismo, que usa sus banderas a conveniencia? ¿O una continuidad actualizada del movimiento político clave del siglo XX argentino? Como una figura de mil caras, el kirchnerismo convoca adhesiones por lo que tiene de peronista y, a la vez, por lo que no.
Para Carlos Altamirano, uno de los intelectuales más destacados del país en el campo de la historia de las ideas, el kirchnerismo rescata los ideales del peronismo originario pero se contenta con reformas y no aspira a la revolución, deja a Perón para la historia y rescata a los jóvenes como militantes auténticos, no coloca al "pueblo" en el centro de su épica sino a un dirigente que, según su relato, puso de pie a un país de entre los escombros de 2001.
Tiene sentido entonces releer Peronismo y cultura de izquierda , el libro de Altamirano publicado en 2001 que acaba de reeditar Siglo XXI, en el que, cuando el kirchnerismo ni siquiera se dibujaba en el horizonte político, el autor -profesor emérito de la Universidad Nacional de Quilmes, director durante 20 años de su Programa de Historia Intelectual, cofundador de la revista Punto de Vista- analizaba las reacciones que la izquierda, tanto radical como moderada, tuvo frente a la irrupción del "peronismo de Perón". Por eso, si la célebre frase de John William Cooke -"El peronismo es el hecho maldito del país burgués"- sintetizó la incomodidad del antiperonismo ante la irrupción del movimiento de masas fundado por Perón, Altamirano juega con las palabras-"El kirchnerismo es el hecho maldito del progresismo", dirá- para dar cuenta de la incomodidad que hoy genera "el modelo" entre las fuerzas de izquierda, a las que interpela con su discurso y con algunas de sus medidas más afines a la sensibilidad progresista.
-¿Por qué le parece que es oportuno retomar hoy la discusión entre peronismo e izquierda?
-El sentido de la oportunidad lo tuvo el editor. El libro estaba incorporado a la bibliografía sobre este tema. Volver a ponerlo en circulación era poner al alcance de generaciones nuevas este tema, aún abierto, que tiene muchas décadas, que es todo un filón del debate, de la investigación y de la reflexión. Obviamente el clima kirchnerista es una razón para volver a colocar en otro contexto este libro que se publicó en el 2001. Hay un sentido bastante obvio: hay un debate en el espacio progresista, que es un término que cobró vida en los últimos 20 años. En 1970 la palabra progresista indicaba pusilanimidad y no vocación de reforma. En este contexto de debate sobre qué sería ser progresista, el tema del kirchnerismo es importante, y la relación entre izquierda y peronismo reapareció.
¿Qué etapa del peronismo representa el kirchnerismo?
Creo que hay, en parte, una reanudación, y en parte, una dimensión nueva, que no estaba en ninguna de las versiones anteriores del peronismo, ni siquiera la de la izquierda peronista setentista. La relación con el pasado del peronismo que han manifestado tanto Néstor como Cristina Kirchner nunca ha sido simple, ni muy expresa, sino más alusiva que definida. Si uno tuviera que recortar con cierta nitidez, diría que hay en el kirchnerismo una reanudación de ideales, pero en ellos ya no está ni la revolución ni la idea de partido armado. Y esos ideales han sido estilizados en términos de una idea de justicia. Por otra parte, el kirchnerismo retoma la idea, que quedó en un sector de los jóvenes de los 70, de que el peronismo auténtico ya no estaba encarnado en Perón, sino en los jóvenes. Hasta donde puedo recordar, en general las referencias al creador del movimiento no han sido frecuentes en el discurso ni de Néstor ni de Cristina. La idea de que esa juventud encarnaba lo mejor se asocia con la referencia de que "venimos de aquella generación y somos los hijos de las Madres", invirtiendo un poco la relación entre madres y desaparecidos. Con esa constelación, no muy precisa, nebulosa, de elementos está constituido lo que podríamos llamar la identidad kirchnerista, en lo que tiene de continuidad.
¿Y qué novedades plantea?
Es un movimiento de reformas sociales, centrado sobre todo en una nueva distribución. A los ojos de un setentista de 1972 o 73, sin embargo, es un proyecto redistribucionista, no uno que apunte, hasta ahora, a cambiar las estructuras sociales. Junto al reformismo social, está la incorporación de derechos de nuevo tipo, como el relativo al matrimonio igualitario. Incluso la renovación de la Corte Suprema se inscribe dentro de una dimensión más liberal que nacional-popular de las reivindicaciones. Hacer de la Corte Suprema un objetivo a renovar no formaba parte del imaginario radical de los años 70, no sólo para la izquierda peronista, sino para ningún sector de la izquierda. Los jóvenes que son parte de las filas del kirchnerismo tienen un lazo muy laxo, muy tenue, con aquel pasado, de modo que este elemento también novedoso no puede sino tener efectos sobre la composición de la conjunción kirchnerista. Otro elemento importante es que en la épica del peronismo, y también en la del setentismo, el 17 de octubre es una fecha de gran valor simbólico, que simboliza el encuentro del líder con el pueblo trabajador. No hay un lugar para el 17 de octubre en la épica kirchnerista. Más que el pueblo, el gran actor es el propio gobierno kirchnerista y sus dos figuras centrales. Esto hace que el relato sea el relato de un gobierno, que dice que en medio de una Argentina en escombros aparece un dirigente que está en condiciones de elevar al país del infierno y enfrentar a los poderosos. Dentro de los cientos de definiciones del populismo, hay una que lo entiende como aquella política que supone el desafío a los importantes, a los poderosos, en la economía, en la política, en los medios de comunicación. Algo de eso encarna el kirchnerismo, y eso sobre todo llega a los jóvenes.
Es lo que usted llama el "reencantamiento ideológico".
Exactamente. Para los que son de mi generación, muchos de ellos agrupados en Carta Abierta, cabe lo del reencantamiento porque quizás pensaran que la política no les reservaría este capítulo. Pero no sería propio para los chicos de entre 20 y tantos y 30 y tantos años que se han incorporado a la constelación kirchnerista, y para quienes la política vuelve a ser algo que motiva frente al escepticismo que era característico, o a esa idea de que en la política valía el cinismo y no la creencia.
La convocatoria de Cristina Kirchner a los jóvenes ¿será parte de un aprendizaje político, de una experiencia generacional de aquellos jóvenes primero convocados por Perón y luego abandonados por el líder?
No sé si tiene que ver con eso. El peronismo clásico fue el cauce de la incorporación del movimiento obrero a la vida pública. Tal vez el kirchnerismo aspire a ser el canal a través del cual se incorporen de manera masiva nuevas generaciones a la vida pública. En eso, nada podría llamar la atención porque, periódicamente, un político convoca a los jóvenes con distintos mensajes. A través de Alfonsín, la Coordinadora y el movimiento estudiantil de Franja Morada fue una manera de incorporarlos, así como una parte de los jóvenes de la Ucede encontraron en el menemismo una posibilidad de sumarse a la acción política y a la gestión política.
¿Hay algo nuevo en la convocatoria del kirchnerismo?
El kirchnerismo abre cauces para los jóvenes y lo asocia a un compromiso ideológico. No dice simplemente "ustedes pueden hacer carrera acá", aunque puedan, sino que agrega que la empresa vale la pena por razones de justicia, de búsqueda de la igualdad.
El peronismo tuvo su origen en una sociedad más integrada. ¿Cómo le parece que ha logrado el kirchnerismo ser representativo para distintos sectores de una sociedad fragmentada?
El menemismo ya había unido los extremos, y conservó el voto de los descamisados, lo que todo dirigente peronista cuenta como su capital. El asunto es qué añade a ese punto de partida, a ese treinta y tanto por ciento por debajo del cual nunca baja el peronismo. Menem no pudo incluir a una parte muy significativa de las clases medias, que fue antimenemista en parte importante. Como novedad, el kirchnerismo ha incorporado a esa conjunción a buena parte de esas clases medias progresistas que querían otra Argentina. La crisis de los partidos no ha sido superada, pero la virtud que ha tenido el kirchnerismo, sobre todo bajo la gestión de Cristina, ha sido ensamblar esas partes. De modo que ha vuelto a plantearle un nuevo desafío, no a la izquierda radical, sino a lo que se llama progresismo, que no es sino reformismo de izquierda. Ese ha sido el verdadero "hecho maldito" para el progresismo, para Carrió y para una parte del radicalismo, y es un desafío para la coalición que aspira a encarnar Binner. Deja, en cambio, el campo amplio para la derecha, lo que abriría lugar a quienes pretenden encarnar expresiones de ese universo, como Macri.
Parece existir un electorado mucho más volcado a la centroizquierda en la Argentina. ¿Pasó algo en la sociedad argentina que ha ya favorecido este acercamiento?
Pasó algo en la Argentina, en el mundo y en el cono sur de América latina. Es evidente que hicieron crisis las políticas neoliberales y lo que se llamaba el Consejo de Washington ha perdido todo crédito en general. En América latina, este giro a la izquierda se dio en distintas versiones: uno lo puede notar en Brasil, Uruguay, Bolivia, Venezuela y no se puede descartar que haya próximamente un retorno de la Concertación y un espacio progresista en Chile. En la Argentina, creo que la suerte y la perspicacia de Kirchner se asociaron en 2003. Cuando todo el mundo auguraba un presidente débil, del que había muy poco que esperar, porque su campo de acción iba a estar limitado, porque cada medida que quisiera tomar iba a tener que ser aprobada por un Congreso en el que estaba en minoría, aprovechó para ejercer el poder con todos los recursos que ofrece un Ejecutivo en un país presidencialista. Y lo primero que hizo fue responder a una demanda de un gobierno que gobierna, contra el deterioro del 2001, y sobre todo frente a la imagen del presidente que vacila en el ejercicio del poder. Tomó además algunas medidas con las que comenzó la conquista de las clases medias progresistas. La renovación de la Corte era una demanda del mundo progresista en las ciudades. Y el segundo paso fue la política relativa a derechos humanos. Por último, volviendo a esto de desafiar a los poderosos, "puso a parir" a los empresarios, cumplió con el pago de la deuda y así sacó al FMI de la escena. Ese conjunto de orientaciones estableció un cauce dentro del cual se condujo, no siempre de manera coherente, para ganar amplios sectores. No es algo que ocurrió en 2004 o 2005, sino que no ha dejado de ocurrir desde entonces.
El antiperonismo impugnaba moralmente al peronismo, en particular, por su avance sobre las libertades cívicas. ¿Qué ha pasado con este sector de las clases medias progresistas que parecen haber olvidado esos cuestionamientos frente a un kirchnerismo sobre el que hay denuncias y comprobaciones de corrupción y de avances sobre las instituciones?
En el discurso público oficial esas cosas no se asumen, sino que se dice que es el enemigo buscando erosionar a un gobierno popular. Por parte de las clases medias, yo no sé si se trata de insensibilidad, porque es el mismo sector que fue muy sensible a las denuncias de inmoralidad del menemismo. Pero sí creo que es un sector social que piensa que, aun cuando todas esas denuncias sean ciertas, hoy no harían más que lesionar a un gobierno que en líneas generales es mejor que cualquiera de los otros gobiernos posibles. Los políticos o los columnistas que dicen que con el kirchnerismo vivimos en el peor de los mundos van contra el sentido común de las personas en la Argentina. Hablar de "países serios" en un mundo revuelto, en el que países que hace unos años eran ejemplo hoy se hunden, es pagar tributo a una ideología, no a la experiencia. Toda interpelación al ciudadano que adopte este enfoque está condenada al fracaso. Otro elemento importante es que el kirchnerismo transmite un valor político, no importa si es un gobierno conservador o reformista, que es que puede gobernar un país difícil de gobernar. Es un valor difícil de cuantificar y de definir. Para mucha gente, el gobierno de Cristina Kirchner reduce la incertidumbre.
En este escenario, qué difícil ser un líder de centroizquierda que quiera convertirse en una alternativa. Pienso en Binner, que se presenta como una persona moderada, respetuosa de las instituciones. ¿Cómo salir a enfrentar a un gobierno que combate, que se muestra avasallante?
Que quiere monopolizar la representación del pueblo.
¿Cómo puede hacer una centroizquierda que quiera ganar un lugar en este escenario?
No sé qué piensa Binner, pero tal vez él haga una apuesta a más largo plazo, piense que este no es su turno, pero que tiene que instalar una alternativa ahora. Tal vez mire el ejemplo del Uruguay, donde el Frente Amplio tuvo un largo camino antes de instalarse como alternativa de gobierno en Montevideo y luego nacional. O el ejemplo de Lula. El mismo Partido Socialista, por su naturaleza, es un partido de trabajadores pacientes. Es probable que Binner no crea que este sea su turno, no sé ni siquiera si cree que su turno es el siguiente. Ahora, ¿quién puede garantizar ese futuro?
Usted distingue "peronismo verdadero" de "peronismo empírico". ¿Cuál es la vara hoy para medir el "peronismo verdadero"?
Creo que algo de eso quiso ser Pino Solanas, una encarnación de los valores aquellos que hoy son traicionados por el gobierno. No es en ese cauce donde se instala Rodríguez Saá, que habla en nombre del peronismo; ni el peronismo llamado disidente, o Duhalde. Hoy aquellos que reclamaban el peronismo verdadero parecen considerar que éste que está en el gobierno es más próximo al peronismo verdadero de lo que fueron los otros. Menem era la traición al peronismo y tampoco es verdadero el peronismo sindical, visto siempre como un peronismo más inclinado a la transacción que a la lucha por la emancipación nacional. Es probable que piensen que finalmente el gobierno kirchnerista custodia mejor esa idea.
Existe la idea muy extendida en la Argentina de que solo el peronismo puede gobernar el país. ¿Usted está de acuerdo?
Hay que partir de la base de que este es un país difícil de gobernar. Uno de los problemas para gobernar es el propio peronismo, porque en general le resulta difícil asumir el lugar de ejercicio de la oposición fuera del poder. Pero no, no creo que sea la única fuerza capaz de gobernar. Vamos a ver qué desafíos tiene el kirchnerismo en el futuro. Queda abierta la cuestión de si al fin no se producirán en la Argentina dos campos, el de la centroderecha y el de la centroizquierda, que se disputarán entre varias fuerzas. Eso abriría paso a un sistema de alternativas como en otros países. ¿Por qué no? El futuro está abierto a varios posibles. No creo que el peronismo sea la única fuerza que puede gobernar porque no hay grandes amenazas al país, al menos mientras el viento de cola siga soplando. Ese es un factor muy importante.

MANO A MANO

En los enfrentamientos y las polémicas que viene sosteniendo el mundo intelectual en torno al kirchnerismo, Carlos Altamirano ha elegido un prudente y medido segundo plano. No levanta la voz ni debate en los medios, no firma solicitadas ni adhiere a manifiestos, pero tampoco se refugia en un trabajo académico desvinculado de la experiencia política. Quizás por eso, cuando habla públicamente, como en una entrevista, este intelectual que es bibliografía obligatoria en su campo -Bajo el signo de las masas, Para un programa de historia intelectual- es tan amable y generoso con sus ideas como poco dado a las declaraciones terminantes. Suele decir que la tarea de un intelectual es poner complejidad donde todo parece simple. Se explica, entonces, que alguien que ha dedicado su vida académica al estudio de las ideas y la crítica cultural sea tan escéptico sobre el impacto que tienen en el ejercicio político concreto, o como herramienta para pronosticar hacia dónde se moverá la historia. "Un político que consulta a un intelectual no es un buen político. Un buen político tiene olfato", me dice.
Si entrevistar a algunos personajes se parece a un juego de esgrima, hacerle preguntas a Altamirano es como una partida de ajedrez: sea cual sea el resultado, uno se queda pensando.
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sábado, 19 de marzo de 2011

Las cosas son como son y no como nos gustaría que fueran



A ver, tratemos de armar el rompecabezas: Es un hecho que desde el dispositivo opositor, básicamente desde el ala mediática, se viene tratando de fisurar el núcleo del kirchnerismo. Primero intentaron trabajar la variante Sioli y todavía no han logrado sacarle demasiado provecho, ahora buscan horadar la relación Casa Rosada-CGT, eso está clarísimo. La relación compleja y dinámica del kirchnerismo con el Partido Justicialista y el movimiento obrero es la kriptonita del proyecto, cualquier fisura en alguno de los dos vínculos puede resultar devastadora. Al contrario de interpretaciones bien intencionadas pero carentes de la suficiente mugre política, la fuerza del kirchnerismo -y su capacidad para soportar ataques como ningún otro gobierno democrático ha sufrido desde el 83 a la fecha- no radica en otro lugar que no sea el peronismo y la CGT. Y todo lo que se logró fue gracias a una base de sustentación de extrema solidez como lo es esta alianza. El resto suma, la pelea en la clase media acompaña y genera adhesiones crecientes. Experiencias mediáticas como 678 han tenido un rol destacadísimo, pero nada de eso existiría de no estar previamente sellada la alianza estructural, las condiciones políticas macro que devienen del maridaje con el PJ y la CGT.

Así como con certeza se dice usualmente que para gobernar y transformar país "No se puede hacer nada sin el peronismo, pero también que con el peronismo solo no alcanza" no estaría mal que los kirchneristas fuésemos rumiando la idea de que en nuestro espacio "No todo pasa por el movimiento obrero, pero sin su concurso no hay posibilidades de triunfo" Esas son las condiciones objetivas en las que nos tenemos que mover y de ahí devienen las actitudes políticas que debemos asumir en momentos de crisis como el de ayer. En política (y más en "política de mayorías") uno tiene que asumir costos, y uno de esos costos es acompañar a los aliados aún cuando uno considere que pueden estar equivocándose. Mientras tanto, para adentro, uno discute todo lo que sea necesario, pero para afuera banca la parada. No hay otra forma de enfrentar la pelea que tenemos por delante. Llegar a octubre va a ser muchísimo más desgastante de que todos nos imaginamos.

Todo esto no quita que haya diferencias al interior del kirchnerismo, que las hay y muchas. La discusión "peronismo-progresismo" que tanto tiempo nos ha llevado en el verano sigue estando en la base. Mi amigo Néstor Sbariggi no se cansa de repetir que asistimos a un fin de época en lo referido a la política peronista en la provincia de Buenos Aires y el Inge sabe...Hay hechos contundentes que marcan un crecimiento interesante en las espectativas electorales de sectores como el EDE que apoyan a Cristina pero enfrentan duramente a Scioli y a los intendentes. Más allá de valoraciones, el crecimiento de Sabbatella es un dato corroborado nada menos que por el nerviosismo de varios jefes comunales del oeste del conurbano que conocen cada esquina de su territorio y por eso son conscientes del crecimiento de la fuerza de ex intendente de Morón. Tampoco es un secreto que el acto de Huracán fue una demostración de fuerza de lo que se podría denominar como el sector más vanguardista y militante del kirchnerismo, donde se notó la ausencia de hombres fuertes del MOO en el escenario, hecho que tuvo un correlato instantáneo en la interna. Si a todo esto le sumamos la evidencia de que hace tiempo las relaciones entre Cristina y la CGT no están en su momento de mayor calidez, tenemos un panorama de tira y aflojes que no es nuevo ni que tampoco se salió de cause, pero que evidentemente en un año estratégico como el que estamos viviendo se tensa día a día porque se están discutiendo espacios de poder de mucho peso. Es en este contexto que ayer, ante la posibilidad cierta del paro de los camioneros, entendí que había que jugar a su lado, privililegiando la unidad por sobre todas las cosas porque por más diferencias tácticas que podamos tener con Moyano, indudablemente el compañero está mucho más cerca de nosotros que el dispositivo opositor.

Contradicción principal y contradicción secundaria, nunca tan claro como ahora.

Luego discutiremos qué cosas nos separan, qué modelo de sindicalismo queremos, qué modelo de sociedad, en definitiva queremos, pero nada de eso podrá conversarse si nos quiebran nuestro frente interno. Por otra parte, el compañero que crea que Cristina puede sola contra todos peca de una ingenuidad suicida. Cristina podrá hacer mucho si la base de sustentación sigue siendo la misma. Si se lima la columna vertebral del kirchnerismo estamos fritos. Y si no lo entendemos ahora corremos el riesgo de desencantarnos más adelante.

Las cosas son como son y no como nos gustaría que fueran.
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martes, 25 de enero de 2011

Fede Vázquez y HAL aportaron al debate



Dedicamos el programa de anoche a mirar el interior del kirchnerismo con ánimo de construir, de aportar miradas por encima de lugares comunes. Creo que estuvo bueno.
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viernes, 7 de enero de 2011

Tenga mano tallador...



El el automovilismo se sabe que no es lo mismo ponerse a la cola de un auto que superarlo. Son innumerables los ejemplos de corredores que lograron alcanzar al puntero pero no concretaron el sobrepaso.

Se me ocurre que en la política porteña existe el riesgo de que pueda darse una situación similar respecto al macrismo: Quiero decir que no es para nada fácil asegurar que se le ganará, entre otras cosas porque los electorados no cambian alegremente de puntos de vista de un día para otro y porque incluso se sabe que a veces la gente, aunque esté decepcionada con una gestión, suele darle un bonus para ver si en un segundo mandato se corrigen los errores del primero y también porque siempre pesa eso de "más vale malo conocido que bueno por conocer" ¿no?

Pero hay algunos datos objetivos que estarían jugando a favor de Macri y son los sordos ruidos que se registran en el espacio opositor. Si bien es bueno que se discuta a fondo en el colectivo kirchnerista, tenemos el problema que en apariencia hay un par de cuestiones de difícil resolución. Si lo de Boudou llegara a caminar (cosa que con el paso de lo días se parece cada vez más a un globo de ensayo pinchado) el dato contundente es que buena parte del armado con el Encuentro Popular para la Victoria (Heller, Sabbatella y cía) se parte y que ahí tendríamos una candidatura progre "por afuera" que podría poner en riesgo el ingreso al ballotage del FPV porque yo no le quito todas las chances a Proyecto Sur, pese a la sinceridad suicida de la socióloga. Esto es un dato, un hecho bastante probable que puede llegar a darse independientemente de que me parezca un grosero error político porque entiendo que con Filmus o Boudou, no se altera en absoluto el contenido de la propuesta, creo que el EDE porteño está al borde de cometer un error muy grande si sigue a pie juntillas los lineamientos centrales del ibarrismo. 

Si camina lo de Filmus y algún sector del peronismo porteño arma algo por afuera para petardearlo también estaríamos en problemas para entrar a la segunda vuelta. Basta con recordar las operaciones que se desplegaron contra la candidatura de Heller (que era el candidato de Néstor) para dar crédito a esta posibilidad. Es cierto que Filmus tiene un  problema con dichos de su pasado reciente, cuando en 2009 ante el pedido de Kirchner de encabezar la lista de diputados respondió que tenía un mandato que cumplir como senador. Sobran los compañeros que le recuerdan ahora que su mandato sigue vigente y no termina en 2011...

Así las cosas, pareciera que abunda el tacticismo y faltan estrategias por el lado del kirchnerismo porteño. Hay que ser entonces muy voluntarista para creer que en este contexto se está cerca de una victoria a nivel local. Termino con un ejemplo ajedrecístico: Macri está en problemas, está a la defensiva y con escaso juego, pero al mismo tiempo su defensa aún resiste. Si el rival no encuentra un plan ingenioso la partida se encamina a las tablas. Y en política, si es Tablas gana el que estaba gobernando.

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miércoles, 4 de marzo de 2009

Seguimos comentando o nos metemos en la cancha?

Los semáforos, la lluvia y las calles atestadas de autos me llevaron a jugar con el dial para testear cómo relataba la Cadena Nacional de la Gente Linda los resultados de la reunión de ayer entre el gobierno y las patronales agropecuarias. Como no podía ser de otra manera caí en LS4 Radio Soja Continental para escucharle decir a la lomo plateado que Kirchner, que tanto critica a los que sólo piensan en ganar plata, piensa sólo en ganar elecciones…Al toque, y con ese tono monocorde y antiradiofónico que la caracteriza, María O’Donell se sumó contando que para competir contra el Frente Cívico de Catamarca , el ex marido de Alicia Kirchner armó un paquete arreglando con Barrionuevo y Saadi, por supuesto que todo esto en un tonito de “Mirá vos” “Pooor favoor”
Juan se bajó en la escuela y emprendí el regreso con la cabeza a mil, pensando: En democracia ¿Es importante ganar elecciones? Y luego ¿Es importante ganarlas a cualquier precio, merced a cualquier tipo de alianzas?
Va de suyo que ganar es básico si se quiere gobernar, el punto es cómo construir poder para llevar adelante un determinado proyecto político. Aquí es donde entramos en un espacio donde se entrecruzan muchísimas valoraciones porque la historia reciente nos ha enseñado que ganar a costa de meter en la bolsa a cualquier muñeco no garantiza la ejecución del proyecto. Néstor Kirchner hizo eso, metió de todo en la bolsa y cuando tuvo que contar los porotos en una instancia que obró como punto de inflexión fue derrotado. ¿De qué sirvieron los dos tercios en el Senado y la amplísima mayoría en Diputados? ¿De qué sirvió pagar costos altísimos por incorporar impresentables como Roberto Urquía si en el único momento crucial se pasó a la contra? Y no fue una derrota cualquiera, fue la comprobación de que en política no existen los invictos y que más tarde o más temprano te acomodan, aunque en los momentos de mayor poder pienses que nada ni nadie podrá jamás tocarte un pelo. Fue una derrota demasiado grande en comparación con la pulseada que la generó, porque al fin y al cabo resultó muchísimo más beneficiosa para el pueblo en términos económicos el rescate de los fondos previsionales que lo que hubiera significado la 125 si se ganaba la votación en el Senado.
Claro, en una de esas se trata de juntar todo lo que se pueda especulando con que algo siempre se pierde, igual que la tortuga de mar que pone cantidades industriales de huevos porque sabe que sólo unos pocos de sus críos llegarán finalmente al agua.
¿O se trata de ganar y después ver qué se hace?
A juzgar por la experiencia del radicalismo y el Frepaso, esto no sería lo más conveniente.
En el caso específico de Catamarca ¿Qué tendría que hacer Kirchner? ¿Avalar una lista sin chances de triunfo? Esto sería potable en la medida en que se tuviera clarísimo que no existe variante alguna que garantice la victoria. Perdido por perdido te guarecés con tu tropa en un digno tercer lugar hasta que pase el temporal, sos el primero en reconocer la victoria y te ponés a pensar en cómo evitar que dentro de dos años te pase lo mismo. Si por el contrario hay una combinación ganadora, no hacerla delataría un escaso deseo de poder. El asunto es si hacés un armado con altísimo costo más que nada fuera de Catamarca y encima perdés (que no sé si no es lo que finalmente va a pasar) ahí estás hasta las manos.
Hay instancias en la vida democrática que te ponen ante la posibilidad de ganar pero a costa de acumular un altísimo costo político, por ejemplo si se ganaba la votación de la 125 con el voto de Ramón Saadi. Si Cobos no hubiera cleteado, el voto del senador catamarqueño hubiera inclinado la balanza y no es difícil imaginar el escándalo que se habría armado y las facturas que nos habrían mandado a todos los que jugamos junto al gobierno.
Acá aparece otra pregunta y es si tiene valor ganar a toda costa, o si ese ganar cueste lo que cueste no termina siendo una victoria a lo Pirro que, ya sabemos, es pan para hoy y hambre para mañana.
Volviendo a la idea que lanzó la señora Ruíz Guiñazú (Qué poca cosa es este Ruíz sin el abolengo del Guiñazú ¿no?) el tema es si ganar por ganar tiene sentido. A juzgar por los resultados muchos de los armados electorales del kirchnerismo no han tenido un final favorable. En el caso de Córdoba se sumó, además, un manejo muy torpe porque ahí tenías un aliado y un cacique (De la Sota) con el que a lo sumo podías negociar alguna que otra cosita entre otras cuestiones porque el gallego nunca dejó de exitarse con el sillón de Rivadavia. ¿Qué pasó? ¡Magia! Magia similar a la del Intendente radical de mi pueblo, Mario Espada; que gobernando a partir de 1983 el distrito por entonces de Pellegrini gestionó la autonomía de Tres Lomas para que en las elecciones de 1987 ganara el peronismo no sólo en Pellegrini sino también en el nuevo distrito (En la interna radical de la sexta sección electoral de la provincia de Buenos Aire, aún le siguen cobrando esa factura) En Córdoba se edificó un opositor de fuste como Luis Juez al tiempo que el delasotismo sigue como siempre haciendo la suya. Es notable la poca prestancia que se tuvo en la tierra del Chango Rodríguez.
Creo que este es el costado más flaco del kirchnerismo: no construye en distritos donde no hay referencias del PJ fuertes (la ciudad de Buenos Aires); realiza alianzas de altísimo costo (Catamarca); transforma aliados en enemigos (Córdoba) y tiene que soportar que el dispositivo mediático opositor le facture como “deserciones” alejamientos de quienes nunca estuvieron cerca –mas bien todo lo contrario- como Reutemann o el ex candidato a vice de Menem, el salteño Juan Carlos Romero.

Estas cuestiones nos debieran empezar a ocupar un tiempo de reflexión porque tarde o temprano el matrimonio pasará pero la necesidad de articular algo desde lo nacional y popular sigue estando más vigente que nunca. Y es necesario también pensarlo desde nosotros, los que proviniendo de las más diversas experiencias políticas e ideológicas confluimos en el apoyo a esta experiencia porque pese a sus contradicciones y limitaciones es lo más avanzado que puede darse el país en la etapa actual y porque sus lineamientos básicos, o el trazo grueso como me gusta decir, están orientados en el marco estratégico que entendemos como necesario para edificar una realidad social cualitativamente superadora de la actual.
Quizá ha llegado el momento de ponerse a pensar en cómo sigue la historia y si nosotros tendremos alguna incidencia en su derrotero. Y hacerlo desde todos los estamentos, porque lo electoral, la acumulación de poder en democracia es quizá uno de los déficits más evidentes del llamado progresismo, los años pasan y siguen sin generarse estructuras políticas perdurables, es como que se desprecian las cuestiones legales y burocráticas de todo lo inherente a los partidos políticos. Si cuarenta años atrás se veía lo electoral como algo no definitorio e insustancial a los fines revolucionarios de la época y entonces a lo sumo se planificaban acciones dentro del marco del llamado “entrismo”, hoy pareciera que desde los sectores del progresismo -o como se lo quiera llamar- se visualiza lo electoral como un trámite a resolver en los meses previos al cierre de listas. Se desprecia la vida partidaria como laboratorio donde se van formando los cuadros para que luego, cuando tengan que gestionar en el Estado sepan cómo viene la mano.
Porque sino pasa lo que todos conocemos, que se llega al Estado con un puñado de amigos y luego no se pueden cubrir los nudos centrales de la administración pública con la resultante de que termina gestionando la burocracia, lo que en el caso específico de la ciudad de Buenos Aires significa cederle objetivamente las herramientas de la gestión al sindicato de los municipales, una de las estructuras más reaccionarias del país. Esto pasó en tiempos del ibarrismo donde sus dirigentes principales delegaban en el aparato de Amadeo Genta la administración de la ciudad mientras ellos se dedicaban a “lo importante”: candidaturas y roscas políticas al derecho y al revés ¿Para qué? Hoy el ex Jefe de Gobierno tiene un 15 % de intención de voto y su mano derecha, el colo Raúl Fernández, ocupa una banca en la legislatura sin incidir en los destinos de la ciudad, sin estructura, sólo con una bandita de amigotes rentados en diversas áreas oficiales y no mucho más…
¿De qué sirvió, entonces, estar en el gobierno?
En tanto, hay otras expresiones del denominado “progresismo” que gozan de muchísima exposición en el dispositivo mediático pero tienen un nulo desarrollo territorial.
La enseñanza principal es que desde los medios no se construye. Los medios sirven, obvio, pero también el trabajo, o por lo menos la presencia en el territorio, en los barrios. Una cosa sin la otra no sirve, prueba de esto es un correo electrónico de Claudio Lozano que anda circulando, donde clama a sus adherentes a que se afilien a Buenos Aires Para Todos porque están corriendo el riesgo de no tener personería jurídica.
Hay mucho por hacer, pero el puntapie inicial es resolver si queremos ser meros comentaristas de la realidad o entrar de una u otra forma a la cancha.
¿Arrancamos?

sábado, 6 de diciembre de 2008

Rico, Kirchner y nuestro dilema

Luego de un par de días en llamas es hora de sacar algunas conclusiones que, por supuesto, tendrán un valor efímero como todo conjunto de ideas ligado a la dinámica de la política argentina.
Para empezar digo que si algo agradezco al blog es la posibilidad que me brinda
de aprender, y para seguir debo manifestar que las ideas y reflexiones más interesantes provinieron de lectores que en el trazo grueso avalan los lineamientos generales del gobierno.
En vano será pedir que no se entienda el párrafo anterior como chicana o provocación, pero es llamativa la escasez de ideas originales de los lectores que claramente se ubican en sintonía con la oposición más típicamente radical, ya sea en sus presentaciones carriotista, cobista, lopezmuphista o moralista.
El tema Rico puso al descubierto la falta de argumentos pesados. No hubo un solo comentario que tuviera una de esas fundamentaciones que te clavan a la pantalla. Todo transitó la senda de la chicana, del gaste bobo, de cierto democratismo fofo y de palabra que no trasciende la visión de lo meramente formal. Cuando, por ejemplo se impugna a Rico por haberse “alzado en armas contra la democracia”, pienso en porqué ello es más grave que “alzarse en papel”, como La Nación, o alzarse en Tractor y 4 X 4 como el Frente Sojero...
Está mal levantarse en armas, obvio, pero me interesa que se pongan al mismo nivel los otros tipos de alzamientos.
Esta pobreza argumentativa de los lectores opositores se engarza, como no podría ser de otra manera, con la pobreza de la oposición partidaria, que delata día a día que lo único que tiene a mano es oponerse automáticamente a toda iniciativa del oficialismo. No hay plan alternativo (que no sea el retorno a los noventa) no hay propuesta superadora.

Y dentro de las ideas rescatables me quedo con lo expresado por Rafael y papá oso (reléanlas por favor)
Creo que indefectiblemente Néstor Kirchner se recuesta sobre lo que él entiende como lo más sólido para sostener su proyecto político, el PJ. Y creo que esto va a ir trastocando el tablero político pues a esta altura es evidente que varias expresiones que llegaban por izquierda al entorno K comenzarán a distanciarse. Pareciera también el empeño de Kirchner en quedarse con el aparato del PJ inexorablemente lo aleja de mucho electorado “progre”.
Lo que hay que preguntarse es qué hicieron – o si hicieron lo necesario – los sectores más avanzados ideológicamente para tensionar desde la izquierda, evitando esta pejotización del ex-presidente. Y ya que estamos en esta banquina y que hace horas Tumini y Cevallos han formalizado la ruptura no puedo menos que lamentar que no hayan ordenado también la renuncia a las bancas que ocupan en el parlamento nacional pues esas bancas fueron obtenidas dentro de una lista con marcadísima hegemonía del PJ. Sería más creíble dejar también las bancas, mas digno. No vengan con eso del espacio de lucha y no vengan con que el que defraudó fue el FPV. No amigos, los votos fueron para el FPV, no son votos de ustedes, y si los fueran, falta menos de un año para recuperar esas bancas en las próximas elecciones. Si renunciás, renunciá pero a todo, no hagas selección. Ya sé que para el armado político los sueldos del bloque de diputados son importantes, pero es poco edificante y más conociendo la cantidad de experiencias progresistas que, so pretexto de garantizar estructuras, transformaron las bancas en pequeñas pymes para solvetar sellos de goma que sólo sirven para firmar solicitadas y poner 15 tipos en una conferencia de prensa...

Sigo y digo que Rafael puso muy claras las cosas al descreer del armado pejotista de Kirchner. Coincido con esa apreciación. Así como la 125 demostró que a la hora de los bifes tener mayoría en el Senado no sirvió de nada, esa enseñanza anticipa que todo lo que sirva para triunfar electoralmente en 2009 podría revelarse disfuncional en términos de sustento político para sostener proyectos de transformación audaces.
Lo que sucede acá es que entramos en el dilema de lo electoral y de cuánto sirven los triunfos electorales cuando son fruto de meras negociaciones donde no se discuten proyectos sino espacios. El ejemplo de Aníbal Ibarra es claro: Le ganó a Macri la jefatura de gobierno con una coalisión donde estaban desde Carrió hasta Lozano y Bonasso y luego terminó destituido con la concurrencia de votos kirchneristas y hasta de la Colisión Cívica y con sólo un par de legisladores propios. He aquí una fotografía de los resultados que deparan los acuerdos por espacios...
Kirchner ya probó de esa medicina y es muy probable que la vuelva a tener que degustar. Lo llamativo es que el tipo no es bobo y lo sabe, entonces vaya uno a saber porqué sigue por ese camino.
Vuelvo a repetir que no olvido que cuando se hace política se trabaja con elementos de la realidad, y que por ende, Kirchner tiene que armar algo para sostenerse.
Quiero decir (y lo digo, qué tanto) que los que apoyamos por izquierda este proyecto alguna culpa tendremos; algo dejamos de hacer o no hicimos para que las cosas estén de esta manera. Porque sinó la culpa siempre la tienen los otros; la culpa siempre la tienen los malos y nosotros que siempre somos los buenos, los preclaros y los que tenemos la posta no somos más que víctimas.

No es así.

Si este gobierno es un espacio en disputa pues habrá que revisar lo actuado para ver porqué en apariencia se estaría derechizando. Y habría que ver si hay una consonancia entre la derechización que significa la pejotización y el rumbo de la gestión de Cristina. Pregunto ¿La reunión con la curia y el blanqueo se enmarcan en una derechización del gobierno?
Si efectivamente estuviéramos asisitiendo a una derechización que le garantiza gobernabilidad

¿Qué estamos haciendo nosotros acá?

Sigo y pienso en lo escribió papá oso (que me gustaría saber quien es, porque ese tipo sabe mucho...) respecto a la supremacía de la política como virtud del kirchnerismo. Papá oso da varias veces en la tecla cuando por ejemplo recuerda que antes, si un ministro de economía renunciaba se pudría todo y ahora no pasa nada. Es cierto, porque por encima de los ministros está la política como proyecto rector. Da también en la tecla cuando remarca que el tan abominable Rico fue a elecciones internas y ganó mientras que la oposición que se dice bastión inexpugnable de moral democrática ni siquiera proclamó a Prat Gay en una mísera asamblea de adherentes. Es así nomás, para el dicurso de la Cadena Nacional de la Gente Linda las elecciones internas del PJ son reacomodamientos mafiosos, mientras que la confiscación absoluta de reglas mínimas de democracia interna al interior de la oposición son expuestas como la panacea de la calidad institucional.

Poco serio

Y finalmente llegó un comentario de un tal “auténtico anónimo” que me trata de “más papista que el papa”

Y ¿Sabés qué?
Tiene razon.

Estuve más papista que el papa, pero de frente manteca y sin eufemismos.
Soy así.
Así funciono.
Soy capaz de irme a la banquina y mal por mi carácter.
Pero remarco que lo preocupante no es Rico, lo preocupante es que “el caso Rico” viene dentro de un paquete muchísimo más grande y hasta ahora inexpugnable.
Quizá en lo personal, el desprecio por esta oposición patética me lleva a defender cosas que no se deben defender
Quizá cuando terminemos de abrir ese paquete vemos que ya nada tenemos que hacer acá.
Quizá nada es tan grave y pese a todo este gobierno sigue siendo muchísimo mejor que cualquier opción liderada por Macri o Cobos.
Quizá tenemos que seguir pensando
Que de eso se trata.

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