Un problema recurrente al que nos enfrentamos los oficialistas es que nos enroscamos con las vicisitudes de la interna radical y le entramos por todos lados pero por ahí no advertimos que ello no arrima agua para nuestro molino. Esta nueva demostración de “radicalismo explícito” que se ha consumado en San Nicolás es verdaderamente tentadora y uno debe sofrenar al pingo que ya quiere empezar a cabalgar por el teclado marcando la contradicción grosera de un partido político que sigue avalando a un dirigente que había sido expulsado de por vida, planteando incluso casi si tapujos que debe seguir en la vicepresidencia porque su voto puede llegar a ser crucial para desempatar algunas votaciones en la cámara alta.
Esta forma capicúa de ser del radicalismo no es nueva. La mentira serial, el oportunismo genérico y el doble discurso es la marca de agua del radicalismo modelo 2010. Tiene, por supuesto, ligazón con un sino que por más de un siglo ha visto a los radicales mostrarse como los principales sostenedores de la pureza democrática cuando la historia los ha pillado golpeando la puerta de los cuarteles, poniendo funcionarios en las dictaduras y hasta participando de elecciones con la primera minoría proscripta. Pero es indudable que han mentido bien y que lo siguen haciendo con sabiduría pues aún quedan argentinos que creen de buena fe que los radicales son más democráticos que los peronistas.
Al seguir apoyando a Cobos los radicales están ratificando obscenamente que a la hora de los bifes su apego a las formas éticas es endeble y que por ende si Cobos sirve para ganarle una votación al oficialismo pues seguirá siendo recibido como “un hombre del partido”
Es que seguramente luego de algunas manifestaciones de disgusto por el voto “no negativo” del Cleto, deben haber recibido mensajes tajantes del poder corporativo planteando que no hay lugar para la joda, que “el hombre” es el mendocino y que todo el poder para capear los temporales que siempre arrecian cuando un radical habita Casa Rosada será puesto en funcionamiento sólo si el gran tránsfuga de la tierra del buen sol y del buen vino encabeza “el retorno al diálogo y el consenso”
Son así, siempre fueron así.
Lo que preocupa, no obstante, es que exponer estas verdades irrefutables, estos repasos por la historia que no dejan lugar a confusiones, probablemente no arrime un solo voto para nuestro lado. La exaltación de la putrefacción radical es una especie de suma cero para el oficialismo. No basta con que los radicales sean “eso” para que el pueblo reconozca entonces que nosotros somos mejores.
Debiéramos ser capaces de mostrar otros elementos, además de nuestra capacidad de gestión, o al menos de explicar racionalmente que la capacidad de gobernar es la resultante de una suma de virtudes.
Lo que no es poco.
Esta forma capicúa de ser del radicalismo no es nueva. La mentira serial, el oportunismo genérico y el doble discurso es la marca de agua del radicalismo modelo 2010. Tiene, por supuesto, ligazón con un sino que por más de un siglo ha visto a los radicales mostrarse como los principales sostenedores de la pureza democrática cuando la historia los ha pillado golpeando la puerta de los cuarteles, poniendo funcionarios en las dictaduras y hasta participando de elecciones con la primera minoría proscripta. Pero es indudable que han mentido bien y que lo siguen haciendo con sabiduría pues aún quedan argentinos que creen de buena fe que los radicales son más democráticos que los peronistas.
Al seguir apoyando a Cobos los radicales están ratificando obscenamente que a la hora de los bifes su apego a las formas éticas es endeble y que por ende si Cobos sirve para ganarle una votación al oficialismo pues seguirá siendo recibido como “un hombre del partido”
Es que seguramente luego de algunas manifestaciones de disgusto por el voto “no negativo” del Cleto, deben haber recibido mensajes tajantes del poder corporativo planteando que no hay lugar para la joda, que “el hombre” es el mendocino y que todo el poder para capear los temporales que siempre arrecian cuando un radical habita Casa Rosada será puesto en funcionamiento sólo si el gran tránsfuga de la tierra del buen sol y del buen vino encabeza “el retorno al diálogo y el consenso”
Son así, siempre fueron así.
Lo que preocupa, no obstante, es que exponer estas verdades irrefutables, estos repasos por la historia que no dejan lugar a confusiones, probablemente no arrime un solo voto para nuestro lado. La exaltación de la putrefacción radical es una especie de suma cero para el oficialismo. No basta con que los radicales sean “eso” para que el pueblo reconozca entonces que nosotros somos mejores.
Debiéramos ser capaces de mostrar otros elementos, además de nuestra capacidad de gestión, o al menos de explicar racionalmente que la capacidad de gobernar es la resultante de una suma de virtudes.
Lo que no es poco.
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