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viernes, 18 de abril de 2014
jueves, 5 de noviembre de 2009
Lo siento, Freddy
Acabo de escuchar el diálogo entre Andy Kustetsof y Freddy Villarreal a raíz del corte en la Panamericana que retuvo al talentoso actor durante una hora y media. El tenor de la conversación giró, naturalmente, alrededor del
“Che, corten y protesten, pero denle una opción a la gente "
("la gente" son los automovilistas atascados, obvio. Los otros son "otra cosa")
Dijo Villarreal que entre la gente atascada en la Panamericana puede haber un enfermo cardíaco o una mujer a punto de dar a luz, en suma, describió un amplio abanico de padecimientos que podrían sufrir las personas demoradas en la ruta. En un momento, uno de los dos dijo:
“yo no sé cómo podrán dormir los organizadores del corte sabiendo que un niño nació con problemas porque la madre quedó apresada en la panamericana”
Y automáticamente pensé:
“Pueden dormir igual que vos, hermano, que diariamente dormís como un angelito sabiendo que miles de argentinos no tienen qué comer ni mucho menos atención hospitalaria”
Y ya me calenté al sentir que todos los males lo son exclusivamente cuando afectan a la gente que por suerte tiene cubiertas sus necesidades básicas. La gente del corte tiene todos estos problemas con el agravante de que no tienen lugar donde quejarse ni reclamar que no sea la ruta.
Es cierto que se le debe dar una opción a los automovilistas; es cierto que si mañana me agarran a mí en la Panamericana sé que enloqueceré, lo tengo bien claro. Pero en un punto pienso que sólo abrochando así al resto de la sociedad se pueden lograr los pisos básicos de conciencia para auspiciar transformaciones profundas. Porque si la protesta no jode, no molesta, no sirve, no tiene efecto.
La idea de la clase media porteña y conurbana es que se construya un protestómetro que hasta tenga tribunas de modo que los turistas puedan, abonando el correspondiente ticket, presenciar el desfile de los grupos y movimientos sociales que reclaman trabajo, salud, educación…
Apoyan la protesta, todo bien, pero que la protesta no nos complique el libre tránsito ni la llegada a los centros turísticos, a nuestros trabajos ni a nuestros hogares.
El orgasmo del clase media culposo es ir viajando por la Panamericana viendo cómo al costado están los campamentos de desocupados clamando por un derecho y llamarlo a Andy o a Pergolini para comentar
Dijo Villarreal que entre la gente atascada en la Panamericana puede haber un enfermo cardíaco o una mujer a punto de dar a luz, en suma, describió un amplio abanico de padecimientos que podrían sufrir las personas demoradas en la ruta. En un momento, uno de los dos dijo:
“yo no sé cómo podrán dormir los organizadores del corte sabiendo que un niño nació con problemas porque la madre quedó apresada en la panamericana”
Y automáticamente pensé:
“Pueden dormir igual que vos, hermano, que diariamente dormís como un angelito sabiendo que miles de argentinos no tienen qué comer ni mucho menos atención hospitalaria”
Y ya me calenté al sentir que todos los males lo son exclusivamente cuando afectan a la gente que por suerte tiene cubiertas sus necesidades básicas. La gente del corte tiene todos estos problemas con el agravante de que no tienen lugar donde quejarse ni reclamar que no sea la ruta.
Es cierto que se le debe dar una opción a los automovilistas; es cierto que si mañana me agarran a mí en la Panamericana sé que enloqueceré, lo tengo bien claro. Pero en un punto pienso que sólo abrochando así al resto de la sociedad se pueden lograr los pisos básicos de conciencia para auspiciar transformaciones profundas. Porque si la protesta no jode, no molesta, no sirve, no tiene efecto.
La idea de la clase media porteña y conurbana es que se construya un protestómetro que hasta tenga tribunas de modo que los turistas puedan, abonando el correspondiente ticket, presenciar el desfile de los grupos y movimientos sociales que reclaman trabajo, salud, educación…
Apoyan la protesta, todo bien, pero que la protesta no nos complique el libre tránsito ni la llegada a los centros turísticos, a nuestros trabajos ni a nuestros hogares.
El orgasmo del clase media culposo es ir viajando por la Panamericana viendo cómo al costado están los campamentos de desocupados clamando por un derecho y llamarlo a Andy o a Pergolini para comentar
"lo mal que está la gente, che… "
Lo siento Freddy. Hoy te embocaron a vos.
Hay que apechugarla ¿Vistess?
Lo siento Freddy. Hoy te embocaron a vos.
Hay que apechugarla ¿Vistess?
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miércoles, 19 de noviembre de 2008
El asco por los pobres
Según el marxismo la pequeña burguesía oscila entre el proletariado y la burguesía. Se identifica con una u otra clase, pero a la larga se suma como furgón de cola de la clase que está encima suyo.
Algo de esto pudo comprobarse hoy escuchando los mensajes de oyentes a las principales radios porteñas. Esos sectores medios de capital y GBA; estos tefloneros, que “entendieron” y apoyaron los piquetes sojeros, hoy vomitaron su asco profundo y horrendo por el pobrerío dejando mensajes de un nivel de odio que llama la atención.
Se pudieron escuchar cosas como:
“Yo mantengo con mis impuestos a estos vagos”...
“Yo me mato trabajando y no puedo comprar mi casa y estos señores no pagan un solo impuesto”
Más allá de que estos razonamientos se caen por su propio peso porque nadie de los que lanzan estas frases aceptaría cambiar de lugar con un villero, con lo que se demuestra lo falaz del argumento, es llamativo comprobar el nivel de hegemonía que tienen sobre vastos sectores medios los ribetes más fanáticos de la derecha argentina.
Por supuesto que también contribuyen a crear este clima los medios que titulan y enfocan los cortes villeros con una toma de posición diametralmente opuesta a la que tuvieron con la sedición sojeril.
Uno sabe que hay mucho odio y mucho asco.
Pero a veces el olor es insoportable
Mientras tanto, un 64 % de lectores de La Nación tiene la solución al problema de la Villa 31 de Retiro: En la encuesta vota "Hay que erradicarla"
Algo de esto pudo comprobarse hoy escuchando los mensajes de oyentes a las principales radios porteñas. Esos sectores medios de capital y GBA; estos tefloneros, que “entendieron” y apoyaron los piquetes sojeros, hoy vomitaron su asco profundo y horrendo por el pobrerío dejando mensajes de un nivel de odio que llama la atención.
Se pudieron escuchar cosas como:
“Yo mantengo con mis impuestos a estos vagos”...
“Yo me mato trabajando y no puedo comprar mi casa y estos señores no pagan un solo impuesto”
Más allá de que estos razonamientos se caen por su propio peso porque nadie de los que lanzan estas frases aceptaría cambiar de lugar con un villero, con lo que se demuestra lo falaz del argumento, es llamativo comprobar el nivel de hegemonía que tienen sobre vastos sectores medios los ribetes más fanáticos de la derecha argentina.
Por supuesto que también contribuyen a crear este clima los medios que titulan y enfocan los cortes villeros con una toma de posición diametralmente opuesta a la que tuvieron con la sedición sojeril.
Uno sabe que hay mucho odio y mucho asco.
Pero a veces el olor es insoportable
Mientras tanto, un 64 % de lectores de La Nación tiene la solución al problema de la Villa 31 de Retiro: En la encuesta vota "Hay que erradicarla"
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