Los medios de comunicación no tienen que hacerse cargo del fracaso de sus manipulaciones y operaciones cotidianas. En un punto ocupan un lugar envidiable porque le hacen creer al común de las personas que ellos no generan los hechos, simplemente los transmiten, los distribuyen y que, por ende, no tienen porqué hacerse cargo de los resultados que arroje una determinada pulseada política. Todos sabemos que no es así, que los medios operan, manipulan y juegan fuertísimo en las cuestiones políticas, económicas, comerciales e ideológicas pues a la postre son empresas con intereses concretos que defender.
Cuando Clarín sale a embarrar la cancha a partir de la iniciativa gubernamental de proponer una nueva ley de medios de comunicación audiovisual no lo hace para defender la libertad de prensa que, por otra parte, se encarga cotidianamente de demostrar que no existe sino para defender su gigantesco negocio.
Lo que es llamativo es cómo la oposición, en sus presentaciones macrizadas y carriotizadas en buena medida plagia este modus operandi de la prensa. Como decíamos en un post anterior, recogen una derrota tras otra y con una regularidad que asombra. Son verdaderamente parejitos para el papelón pero parecen no reparar en su capacidad envidiable para el bochorno. Ellos van de tema en tema ocupando más horas en los estudios de TV que en recorrer los barrios y hablan y hablan y hablan… y ganan y ganan y ganan… y derrotan la mentira K, y la derrotan, la derrotan, la derrotan…pero todo en una sumatoria de datos digitales que al llegar al televisor se transforman en imagen y sonido, todo en un mundo fantasioso similar a esos bulines donde los flaquitos se paquean y socializan un par de buenos porros.
En ese mundo de ensoñaciones, Joaquín Morales Solá, Ernesto Tenembaum, Clara Marino y demás figuras del espectáculo televisivo les brindan el espacio y al no repreguntarles ni contradecirlos les hacen creer que efectivamente están a horas de la toma del poder. Debe ser ahí donde se genera el cortocircuito que determina luego una superposición entre la realidad “real” y la realidad mediática, verdadero desencadenante de accionares tan vergonzosos y humillantes por parte de un puñado de hombres y mujeres con dudosa inserción popular y escuadras famélicas conformadas casi exclusivamente por sus propios empleados.
Tengo la sensación de que no se puede entender desde otro lado el papel lamentable de estos dirigentes opositores. Se me ocurre a modo de hipótesis que el pasar más horas con los medios que con la gente engendra percepciones muy alejadas de la realidad concreta que vive el país. Porque estas chicas y estos chicos no acusan ningún tipo de recibo de sus derrotas regulares, no se ponen a pensar que hay un pueblo que los mira y se entera, luego de cada votación, que todo era mentira, que no tenían los votos ni para ganar la elección, ni para impedir la estatización de los fondos previsionales, ni para quitarle fondos al estado para regalárselos a los sojeros, etc, etc. Incluso cuando el gobierno perdió con la 125 fue por deserciones en sus propias filas.
Esto sirve, creo, para que vuelva a campear la convicción que tienen muchos argentinos de que la única fuerza en condiciones de garantizar gobierno es el peronismo y que entonces se trataría de elegir qué sector del peronismo interpreta mejor la etapa, lo que preanuncia en la madre de todas las batallas -la provincia de Buenos Aires- una fuerte polarización entre el FPV y el peronismo macrizado, relegando al carriotismo a poco más que un espacio testimonial.
Se fortalecería la certeza que es al interior del peronismo donde pese a sus muy diversas contradicciones sobreviven los últimos bolsones de resistencia que pueden bancar la pulseada por modelar un país con más equidad.