Jorge Lanata tiene una gran habilidad para relativizar la caracterización de los hechos y acomodar la información a su gusto para luego descerrajar sus habituales balaceras.
En esta columna de opinión sobre la decisión de adelantar las elecciones es notable la cantidad de mentiras que expone como parte del diagnóstico. Veamos:
“
La Presidenta que llegó para restaurar las instituciones propuso ayer violar la ley”
Esto es lisa y llanamente una mentira pues lo que hace la presidencia es enviar el proyecto al parlamento y si el oficialismo consigue una mayoría con legisladores electos en elecciones libres y democráticas, la convocatoria anticipada a elecciones no viola sino modifica con todas las generales de la ley una legislación determinada. No se viola la ley electoral, se la modifica, que no es desde ningún punto de vista lo mismo
“Como el Gobierno pierde, el segundo tiempo durará veinte minutos”Hay Jorge ¡Las cosas que hay que leer!
Si alguna vez te interiorizaras de eso que es el fútbol, te enterarías de que precisamente es al revés, que son los equipos que van perdiendo los que le piden al árbitro que alargue muchos minutos...
Por lo tanto, nadie está acortando la duración del partido, lo que sí hay es una muestra de picardía en adelantar la fecha porque eso complica a la oposición preventiva, pero ya sabés Jorge que “es la política, estúpido”
“Una elección es, con suerte, una mise en scène: todos hacen como que eligen y otros hacen como que fueron electos.”
He aquí su confesión sobre cómo ve la democracia. Para Lanata todo “es como que”.
El gigantismo es una penosa enfermedad, pero cuando el que la contrae es el ego, la vida se reduce a un montón de pequeñeces. Desde ese ego enfermo de gigantismo el monologuista del Maipo no duda en relativizar hasta la democracia, solo falta que diga que con los militares estábamos mejor.
Luego dice que el gobierno recurre a cualquier cosa con tal de no aceptar equivocaciones y enumera una serie de actitudes entre las que se destaca:
“Retener la pelota”
Bueno, sus contemporáneos sabemos que odia el fútbol, por lo tanto le podemos perdonar que entienda como algo malo y feo el retener la pelota, curiosamente cuando es una de las principales virtudes de los equipos que saben manejar los partidos.
“Se trata de mantenerse, como sea, en el poder. Que no me digan que eso tiene algo que ver con la democracia”
¿Acaso querer mantenerse en el poder con procedimientos legales es antidemocrático?
He aquí el discurso fácil, el republicanismo hueco. ¿Para qué las fuerzas políticas hacen política sino para llegar al poder y luego tratar de mantenerlo? Los que históricamente han manejado estos discursos son los sectores dominantes y sus órganos de prensa. La idea que explicitan es “Los gobiernos pasan, la prensa queda” o “los gobiernos pasan las empresas quedan” y Lanata, quién día a día se abroquela junto a las expresiones más reaccionarias de la sociedad pero camuflado en una gestualidad pseudo progre repite como un lorito esas consignas.
La pretensión de mantenerse en el poder es inherente a cualquier gobierno que tenga, precisamente, vocación de poder.
¿Cuál es el inconveniente de que el gobierno quiera ganar las elecciones? El inconveniente sería que quisiera perderlas.
Es interesante entrarle por varios lados a esta obra de arte del sofisma que hoy publica Lanata, y es interesante porque sirve para ver que cuando le das una vuelta más de rosca al análisis de un texto te encontrás con una serie de lugares comunes que muchas veces repetimos de manera mecánica e irracional.
La gran prensa ha tenido desde siempre una gran capacidad para instalar en la conciencia de las masas una serie de consignas que en verdad son falacias y Lanata ha llegado para refrotarlas una por una..
Para la prensa tradicional (mente conservadora) querer ganar una elección y querer mantenerse en el poder es una herejía, un pecado, y lo plantea con la misma solemnidad que la Iglesia cuando se opone a las relaciones prematrimoniales.
Todos sabemos que las chicas no llegan vírgenes al matrimonio.
Por suerte.
Aunque lleguen de blanco al altar.