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lunes, 23 de agosto de 2010

Pepe Eliaschev, el analógico



Leyendo esta columna de Pepe Eliaschev queda muy claro que su disputa es antes que nada con la historia, que según todo parece indicar le ha sacado varios cuerpos de ventaja aunque nuestro escriba analógico no se ha dado cuenta y ha quedado de manera hasta si se quiere graciosa en medio de una carrera digital con un vehículo argumental analógico, vetusto y por si fuera poco con el freno de mano activado.

Ya desde el inicio de este compilado de presunciones erróneas Eliaschev descerraja:

“Sucedió lo habitual en la Argentina. No debería ya asombrar. Recursos legítimos y valiosos, herramientas de avanzada, fueron triturados por la máquina de arruinar. En su vociferante afán por comunicarse “sin intermediarios”, los gladiadores oficiales volvieron al terreno donde son imbatibles. Convirtieron lo fecundo en estéril, lo superador en empobrecedor.”

Se refiere por cierto a las redes sociales. En su visión, las nuevas formas de comunicación como los blogs, Facebook o Twitter no son instrumentos malos en sí mismos. Es su utilización con fines perversos la que los transforma en armas letales y por supuesto que no podía ser otro que el "hediondo poder K" el responsable de tamaña atrocidad.

Parafraeando a Maradona hay que decir ya mismo que Twitter, como la pelota, no se mancha. El problema para este buen señor son los esbirros del dictador que mora en Olivos, esos pelotones de patoteros digitales, esa policía argumental kirchnerista que asola el plácido mundo de Internet y corrompe las nuevas tecnologías para que la sociedad se comunique “sin intermediarios”. Cual inquisidor mediático Eliaschev no tolera el sacrilegio kirchnerista de pretender disputar la agenda cuando ese es, precisamente, el núcleo de toda disputa política e ideológica moderna.

Eliaschev no tolera que el kirchnerismo pretenda comunicarse sin intermediarios entre otras cosas porque está defendiendo un tiempo de intermediación comunicacional que ya pasó. La intermediación en las relaciones comerciales tradicionales es necesaria pero cuando asume ribetes parasitarios se torna contraproducente. En lo referido a la formación del sentido común de nuestra sociedad, la intermediación mediática que defiende Eliaschev está en retirada. Las redes sociales son a los multimedios lo que el mp3 a la industria discográfica. Junto al supermercado del disco también están en retirada los supermercados de noticias. El consumidor ahora compra el producto directamente en fábrica, por eso al defender el viejo dispositivo informativo lo que en realidad se pretende salvaguardar es una intermediación comunicacional que al no ser ya necesaria se torna parasitaria, onerosa y en muchos casos carente de sentido. Estas nuevas herramientas de comunicación como Facebook o Twitter le sirven a la sociedad para liberarse de una suerte de verticalismo informativo que tanto ha tenido que padecer.

Lo que a Eliaschev y a muchos otros colegas les cuesta digerir es que ellos son una suerte de empleados de grandes supermercados de la noticia que están perdiendo clientela a manos de pequeños emprendedores y pymes. Pero en lugar de exigirle a la patronal que se actualice se las agarran con los puesteros que crecen merced a precios más accesibles y productos más frescos. No se preguntan porqué la gente cada vez entra menos a sus grandes salones y compra opinión al menudeo en la calle. En vez de asumir que las empresas para las que trabajan venden productos en muchos casos malolientes y para colmo a precios altísimos, pretenden que erradiquen a los que montan un bolichito con un par de ideas que sin ser mejores o peores, son sencillamente distintas y por eso tienen aceptación.

Pareciera que no pueden asimilar la evidencia de que las redes sociales son a la comunicación un lenguaje nuevo que incluso nadie puede afirmar que sea mejor que lo anterior, simplemente es un formato nuevo y distinto que pone por momentos en igualdad de condiciones a un pequeño blog con la edición online de un diario. Si, por ejemplo, cuando se googlea “Hugo Guerrero Marthineitz” aparece en décimo lugar este post mío, no es por imposición del "dictador de Olivos" sino más bien la constatación de que en los medios “establecidos” y “tradicionales” se ha escrito muy poco de esta figura esencial de nuestra radio que nos dejó el sábado.

Infinidad de hechos como éste demuestran algo simple y obvio que sólo los obcecados pretenden negar. Eliaschev le pega al kirchnerismo y demoniza a los “blogueros, facebookeros y twitteros K” sin observar que su problema está en otro lado, que la gran mayoría de los que le discuten al dispositivo mediático en muchos casos ni siquiera son kirchneristas sino ciudadanos que están ejerciendo el legítimo derecho de emitir opiniones como lo hacían antes, con la diferencia de que 20 años atrás los diarios seleccionaban entre centenares de cartas las 4 o 5 que se publicaban y las radio hacían lo mismo con los llamados. Ahora no es así, ahora una persona disconforme con el tratamiento de una noticia publica su opinión en Facebook y si su crítica tiene impacto podrá crecer exponencialmente en segundos llegando a miles y millones de internautas.

Nuestros padres renegaban y maldecían frente a la radio o el televisor porque no tenían una PC y Facebook, Pepe…

Hay toda una andanada de agravios conceptuales en este texto de Eliaschev que antes que nada agrede a los miles de lectores que diariamente leen y opinan en los blogs, en Facebook o en Twitter dado que los sitúa en un rol de absoluta pasividad, como si fueran bobalicones predispuestos a ser vejados por la artillería digital kirchnerista. Lo que no entiende el colega es que el ADN de las redes sociales consiste en la horizontalidad de la discusión sobre la cosa pública. Ya no hay un emisor que pontifica desde el atrio y una plebe que escucha sumisa y cabizbaja en la plaza.

Eso ya pasó, ya fue.

Cuando escribe sobre “el sueño vertical absoluto” de Kirchner y sobre su pretensión de comunicar “sin nadie que interprete, decodifique o contextualice” Eliaschev no defiende un modelo puro y virginal de comunicación sino el entramado mediático vernáculo donde él supo brillar hasta una década atrás. Lo que en realidad le molesta es que otros contextualicen, interpreten y decodifiquen de manera diametralmente opuesta a la suya.

Su problema consiste en negar la dialéctica y en lugar de adaptarse a los nuevos desafíos tecnológicos y comunicacionales se aferra a viejas concepciones aristocráticas del periodismo justificándolas merced a la demonización de una fuerza política que más allá de sus vicios y virtudes ha gozado de la feliz coincidencia de irrumpir en estos tiempos y tuvo la suficiente apertura y predisposición para dejarse penetrar por las nuevas formas de comunicación. A la postre, el delito más descomunal que ha perpetrado el kirchnerismo es contar con miles de adherentes que individualmente y de múltiples maneras y estilos han ido levantando su propia barricada artesanal para defenderse del fuego graneado de las patrullas del establishment mediático donde descuellan coroneles como Eliaschev.

Es en definitiva esta rara especie de “viento de cola digital” el que está marcando diferencias a favor del kirchnerismo y es la visión conservadora de la cuestión comunicacional por parte del dispositivo mediático la que objetivamente termina siendo funcional a que esa brecha se agrande día tras día. Se han quedado combatiendo con formatos analógicos a una fuerza a la que sus propios militantes le hizo entender antes y mejor que nadie la era digital.

Ahí radican sus problemas pero no la quieren entender.

Todas las falencias que ha tenido el kirchnerismo en lo relativo a una política de comunicación “analógica” las ha suplico adaptándose a los nuevos tiempos digitales donde el lenguaje y los códigos son sencillamente otros. Pero parece que al gran dispositivo mediático le está costando horrores adaptar su pesada estructura para competir en estos nuevos formatos.

Y Pepe Eliaschev es, al fin y al cabo, el periodista que con una honestidad brutal y por momentos conmovedora se atreve a confesarlo.

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