El escrache le llegó ahora al Presidente de la Comisión de Agricultura de la Cámara de Diputados, Alberto Cantero. El frente de su domicilio en la ciudad cordobesa de Río Cuarto amaneció cubierto de pintura acrílica blanca.
Este acto vandálico se suma a los serios problemas que tuvieron recientemente diputados tucumanos y chaqueños, engrosando así un listado que asusta si lo vemos en perspectiva. El presidente del bloque de diputados del FPV, Agustín Rossi y el intendente de la próspera ciudad del oeste bonaerense de Trenque Lauquen, Jorge Barrachia, fueron de los primeros en sufrir en sus domicilios el accionar de este nuevo de tipo de “inadaptados” que se está gestando al amparo del reino de la soja. Y el mismísimo gobernador la provincia de Buenos Aires la pasó mal hace un par de semanas en Olavarría.
Mientras tanto, la gran prensa nacional, libre, independiente, comprometida con la verdad, siempre primera y mejor, no se da por enterada de estos sucesos y si publica alguna línea lo hace en páginas interiores y casi de compromiso, mientras que cualquier recorrida por los diarios del interior verdaderamente intimida. A esta altura de los acontecimientos los actos de vandalismo de la nueva derecha agropecuaria dan para pensar seriamente en qué futuro nos espera, mientras hipócritamente se sigue depositando en Luis D’Elía el monopolio del patoterismo.
Las fuerzas de oposición política tampoco parecen acusar recibo de esta violencia que asola el interior del país. Practican un silencio miserable con rémoras de aquél que se vivió en tiempos del terrorismo de Estado.
Es grave que se apañe la violencia de bandas inequívocamente ligadas a sectores de las patronales agropecuarias. Porque nadie sale en ciudades chicas a apretar a un legislador si no cuenta con ciertos resguardos. Nadie tiene el coraje de agarrar un tarro de pintura como en Río Cuarto si no sabe que se lo cubrirá.
Estos asuntos se esclarecen rápido en los pueblos chicos y a nadie se le sale la cadena tan alegremente...
El silencio de la oposición mediática y partidaria ante estos actos es complicidad manifiesta.
Este acto vandálico se suma a los serios problemas que tuvieron recientemente diputados tucumanos y chaqueños, engrosando así un listado que asusta si lo vemos en perspectiva. El presidente del bloque de diputados del FPV, Agustín Rossi y el intendente de la próspera ciudad del oeste bonaerense de Trenque Lauquen, Jorge Barrachia, fueron de los primeros en sufrir en sus domicilios el accionar de este nuevo de tipo de “inadaptados” que se está gestando al amparo del reino de la soja. Y el mismísimo gobernador la provincia de Buenos Aires la pasó mal hace un par de semanas en Olavarría.
Mientras tanto, la gran prensa nacional, libre, independiente, comprometida con la verdad, siempre primera y mejor, no se da por enterada de estos sucesos y si publica alguna línea lo hace en páginas interiores y casi de compromiso, mientras que cualquier recorrida por los diarios del interior verdaderamente intimida. A esta altura de los acontecimientos los actos de vandalismo de la nueva derecha agropecuaria dan para pensar seriamente en qué futuro nos espera, mientras hipócritamente se sigue depositando en Luis D’Elía el monopolio del patoterismo.
Las fuerzas de oposición política tampoco parecen acusar recibo de esta violencia que asola el interior del país. Practican un silencio miserable con rémoras de aquél que se vivió en tiempos del terrorismo de Estado.
Es grave que se apañe la violencia de bandas inequívocamente ligadas a sectores de las patronales agropecuarias. Porque nadie sale en ciudades chicas a apretar a un legislador si no cuenta con ciertos resguardos. Nadie tiene el coraje de agarrar un tarro de pintura como en Río Cuarto si no sabe que se lo cubrirá.
Estos asuntos se esclarecen rápido en los pueblos chicos y a nadie se le sale la cadena tan alegremente...
El silencio de la oposición mediática y partidaria ante estos actos es complicidad manifiesta.
Y debe ser denunciado.