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viernes, 15 de mayo de 2009

Nacha y la Tigresa









Nacha no me cierra del todo, quizá porque no estoy en las grandes ligas y me falta olfato para vislumbrar que la candidatura de una “famosa” pueda traccionar votos. Reconozco mis limitaciones para ver y sentir estas cuestiones, reconozco que ese software no me lo instalaron, asumo tener la nariz tapada para olfatear esos asuntos de incorporar artistas a las listas.
Asumo cierta cerrazón, y por que no, cierto prejuicio a sumar gente de afuera de la política a la política, pero también trato de no cerrarme obcecadamente y dejar abierta la posibilidad de explorar que un artista pueda aportar a un proyecto político. No sé si Nacha Guevara en particular (nos detendremos en ella dentro unas líneas) pero ¿Porqué no puede un artista sumarse? Claro, quizá lo que jode –con razón- es que te los meten por la ventana, incomoda que generalmente es una decisión “de arriba”. No sucede lo mismo, por ejemplo, con Luis Brandoni, que tiene una probada y dilatada trayectoria de militancia en la UCR. Lo de Nacha entrando por la ventana molesta, es cierto ¿Pero acaso uno no puede disentir con algunas decisiones puntuales como ésta? Claro que se puede no estar de acuerdo, es más: es bárbaro no estar de acuerdo y esto nos lleva al tema de cuánto nos falta a la mayoría de los que nos gusta la política aprender a ser oficialistas ¿Notaron que todos venimos formateados sólo para ser opositores? (iba a poner en lugar de “todos”, “los que venimos de la clase media”, pero no lo puse para no herir susceptibilidades)
En serio, nos cuesta horrores asumirnos oficialistas a los que lo somos y más le cuesta a los que no lo son. Nos cuesta entender que ser oficialistas es algo así como cuando en el parlamento se aprueba una ley en general y luego se trata en particular, donde resulta que hay legisladores que aprobaron la norma pero luego tienen disidencias específicas en algunos puntos. A nosotros nos cuesta separar el bosquejo global de las acciones puntuales y a los opositores no les entra en la cabeza que podamos ser oficialistas y tener disensos, entonces te aporrean de lo lindo porque, si bancás algo de una, “sos un chupamedias” y si no lo bancás, “sos un cobarde que te abrís en la primera de cambio”. La verdad, ni una ni la otra, ni blanco ni negro, mucho gris.
Entonces vuelvo a Nacha Guevara y a ratificar mi descontento por su ingreso ventanal a la lista del FPV bonaerense. Dicho esto me pregunto qué Nacha es la que está en la lista ¿La artista fenomenal que sin duda es?
¿La de la New Age de los postreros ochentas?
¿La flaca irreverente de fines de los sesenta?
¿Cuál de estas Nachas será diputada?
Quizá una sola, quizá una sola persona que arrastra sobre sus espaldas una larga carrera artística repleta de matices.
Con el paso de los días se irá develando el misterio.

Pero la contratara de Nacha es la Tigresa Acuña. La Tigresa entra en las listas del PJ en Tres de Febrero desde un vínculo más largo y partidario. Se le nota su compromiso con el barrio y su descendencia peronista, y ojito que en una de esas no estemos ante el lanzamiento de una figura con un futuro político importante. La Tigresa tiene muy pero muy claras las cosas, tiene muy claro su espacio y su rol y más de uno que quiera preparar una chicana estaría bueno que se tome un rato para escucharla porque se va a llevar una sorpresa, y muy grata.
Dïas pasados la entrevistaron en el “El nombre de las cosas” ese programa que cada día está mejor y que va por Radio Nacional de 12.00 a 14.00 y, la verdad, fue un descubrimiento escucharla.



Contracaras, contradicciones que se expresan dentro de un mismo espacio y que está bueno sacarlas afuera sin otro ánimo que compartir con los lectores el ejercicio de aprender a practicar oficialismo con todo lo que ello implica, disfrutar de las coincidencias y discutir las disidencias sin por eso sacar los pies del plato.

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