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lunes, 22 de diciembre de 2014

"Cosquín se transformó en el Festival Nacional del cheque sin fondos"


Marcelo Simón nos contó cuáles son las razones de su alejamiento del Festival de Cosquín y por qué muchos artistas este año no se presentarán en el escenario Atahualpa Yupanki.


sábado, 10 de agosto de 2013

¿Para cuando nuestro Buena Vista Social Club?


Hoy contamos con libros, partituras, profesores, discos, videos, que aunque en su mayoría no se encuentren (andate hoy mismo a las disquerías a ver cuántos discos y videos de Falú encontrás), pero hubo un tiempo donde no había nada y no eran muchos los que sabían qué es y cómo se toca una zamba o una chacarera. Hubo una época donde había que inventar una forma de tocar y de instrumentar una serie de ritmos que venían de la tierra y el paisaje. Eduardo Falú es uno de esos inventores, junto a Atahualpa Yupanqui; Ariel Ramírez; Manuel Gómez Carrillo y Adolfo Abalos, por citar a los más conocidos, integraron la comisión que edificó las primeras columnas de hormigón de nuestra música popular del interior.

Había que transcribir al instrumento una serie de sonidos y cantos anónimos; había que dar un formato, una duración, un comienzo y un final a una zamba, un gato, un escondido o una baguala. Había que leer las danzas para entender, por ejemplo, la diferencia entre una chacarera simple y una trunca.

Somos tan jóvenes como nación que muchos hemos llegado a ser contemporáneos de estos pioneros y a veces no nos damos cuenta, por eso siempre hay que reclamar que el estado le dedique especialmente un espacio a estas figuras, que las rescate, que las filme, que las eternice. Ayer murió Falú. Ayer. Significa que hasta no hace mucho se lo pudo entrevistar. Murió Piazzolla, pero están ahí el flaco López Ruíz, su hijo Daniel, y el resto de los músicos que pueden reconstruir como nadie su vida. Y murieron los viejos Carabajal pero están todos sus hijos. Adolfo Abalos murió no hace mucho y están algunos de sus hermanos y sus hijos...

No puede ser que estos creadores se nos vayan en silencio sin que el estado se haya encargado de sacarles el jugo, de exprimirlos hasta la última gota, porque son portadores de una savia que es irreemplazable si de construir una identidad se trata. Ese Falú al que todos vemos ligado al conservadurismo salteño, ese Yupanqui criollo de pura cepa y comunista, ese Piazzolla tan zurdo en la música pero tan derechoso y antiperonista en su civilidad expresan la sumas de las contradicciones de la patria, de lo que somos. No nos podemos dar el lujo de sólo escuchar sus obras. Debimos cuidarlos más. Debemos hacerlo con los que quedan, que son varios (Salgán, Federico, etc). Lo mismo que con los grandes maestros del jazz como el memorable Walter Malosetti,que se nos fue también en estos días.

A ver che cuando nos desendeudamos con muestra cultura que estos viejos que se nos mueren sólo nos piden reconocimiento y un ¡Gracias! masivo y popular. Es imperdonable que los rescates de estas figuras sean emprendimientos personales o de grupos aislados. Ahí andan unos pibes peleando para hacer un documental sobre el Chango Farías Gómez con 9 mil pesos que les dio el año pasado el Fondo Nacional de las Artes. Si, 9 lucas. En 2012...

Se están haciendo cosas: En estos días, sin ir más lejos, se le dará mucha cobertura a la Fiesta de la abuela de los Carabajal, y se la transmitirá por la Televisión Pública, pero falta más, muchísimo mas.

Después nos conmovemos con los viejos del Buena Vista Social Club ¿Sabés la saga de películas que podría filmar Wim Wenders si se diera una vuelta por Argentina?

miércoles, 24 de agosto de 2011

Chango Farías Gómez


¿Quién nos pone magia ahora, querido Chango?

¿Cómo abordar la figura del Chango Farías Gómez? ¿Desde dónde tomarlo? ¿Desde el tipo que viendo a Hugo Díaz simular con su boca el rasguido de la guitarra y el golpe del bombo, y habiendo escuchado mucho a los Mills Brothers inventó los famosos "fonemas"? (El "mboporobó" o el "tachicatachí") con que los Huanca Hua zarandearon la parra de nuestra música folklórica en 1961? ¿Como el músico que inventó una forma pesada, tensa, con un swing único para interpretar las zambas del Cuchi Leguizamón? ¿Como el gran revolucionario que abandonó los Huanca para formar un grupo vocal más de laboratorio como fue el Grupo Vocal Argentino? ¿Como el seleccionador de talentos de Músicos Populares Argentinos? ¿Como el percusionista al que recurrió Ariel Ramírez a comienzos de la década del sesenta para que les enseñara los "yeites" de la percusión criolla a los maestros del Conjunto Ritmus, integrado por músicos de la academia dirigidos por el maestro Antonio Yepes? ¿Como el mayor de los hijos de "Tata" Farías Gómez y la compositora Pocha Barros? ¿Como el hermano de Marián, Bongo, Pedro y Mariano?

Chango fue eso y muchísimo más. Fue el totem al que tuve la suerte de entrevistar varias veces, la última fue cuando murió Ariel Ramírez. Fue ese tipo con escasos conocimientos de academia pero con una cabeza sin límites, el que inventó arreglos, el que encontró patrones similares en la música popular del continente y por eso enlaza una milonga como Los ejes de mi carreta con una guajira cubana o exploró los lazos que ligan a un bailecito con la bulería española, el músico irreverente que llegó a ser perdonado por Don Atahualpa Yupanqui, que no tenía piedad para quienes toqueteaban mucho su obra. El músico tremendamente admirado por referentes como Manolo Juárez, el compañero de andanzas del Mono Izarrualde con quien le voló la cabeza una vez nada menos que a Chucho Valdés y los Irakere...



Discutidor al máximo, pagado de sí mismo, orgulloso al punto de no actuar con Mercedes Sosa estando en el exilio porque en el afiche figuraba muy chiquito su nombre al lado del de la negra, a quien conoció de bien potrilla en la peña que regenteaba mamá Pocha. Padre de Juancho Farías Gómez, un tapado que heredó toda su sapiencia, de Facundo, gran percusionista y de Micaela, otra que se las trae.

Leo que se murió el Chango y de entrada me la banco, pero el dolor viene de a poco de muy adentro, porque Chango fue lo más cerca que estuve de un genio, porque mi vínculo con la música, mi apertura, mi poco encasillamiento y mi búsqueda de cosas que me sorprendan fueron sintetizadas por su obra y su figura. Siempre que invité músicos a mis programas tenía que parir porque llegaban tarde o levantaban la nota 10 miutos antes, con el Chango era al revés, llegaba siempre temprano. Una vez lo tuve sentado en la radio junto a Raúl Carnota, ese día me enseñaron que la chacarera es "Un dos tres, un dos tres" como el vals pero con el acento en el tres, no en el uno. Estaba conectado directamente al origen del desarrollo de nuestra música folklórica pues el Tata, su padre, fue uno de los primeros a los que se le dio por tocar música folklórica en el piano. Esas investigaciones del tata luego fueron desarrolladas a su máxima expresión por Adolfo Abalos y el Chango estuvo siempre en esas cocinas, olfateando absorbiéndolo todo (Algo de esto cuenta en la apertuda del LP "Contraflor al resto", que grabó con Marián y Manolo Juárez) Criado en un hogar culto, se codeó con Hugo Díaz, fue amigote de Miguel Saravia (el Joao Gilberto de nuestra música criolla) y todo lo que tomó lo reprocesó en arreglos de una inventiva sin igual que alumbraron el desarrollo de la forma de tocar folklore desde fines de los cincuenta hasta nuestros días. Cierta vez le comenté a Carnota "Che, la forma en que vos abordás la zamba se me asemeja a la del Chango" y Raúl fue contundente "El Chango es todo, Gerardo". En los ensayos le decía, ponele, a un guitarrisa "poneme magia". Así expresaba muchas veces sus ideas, quería magia, no un acorde tal o un sonido determinado. Un percusionista de la ostia, por ejemplo el trabajo que hace en la batería en "Te voy a contar un sueño", de Jacinto Piedra, en MPA es de vanguardia. A ver, es el tipo que primero entendió en Argentina aquello de que "la electrónica es la continuación de la música por otros medios". Cuando hoy aparecen chicos vestidos de rockers en Cosquín aferrados al bajo como Roger Waters, desconocen que ya el Chango enchufó guitarras y pianos hace más de cuarenta años. Una vez, grabando con Marián, el maestro Tucho Spinazzi le dijo que la música folklórica había que tocarla con sencillez, que no había que complejizarla. Chango respondió: "precisamente eso es lo que hacemos nosotros, complejizarla" Innovador de punta a punta pero con las dos patas metidas hasta las verijas en la más cruda tradición, ahí, exactamente ahí radica la profundidad de su obra y lo lejos que llegó su mensaje, porque el Chango conoció todos y cada uno de los secretos de nuestro folklore. LLegó a tener entre sus manos el Santo Grial de la música popular argentina, por eso sus arreglos y sus innovaciones se tranformaron en la academia, en el templo pagano de la verdad musical de los cantos del interior de nuestro país. Porque contrariamente a muchos que se ponen a innovar sin saber qué es lo que quieren transformar, porque mientras hay muchos que creen conocer todos los secretos de una chacarera pero en rigor no saben nada, el Chango conocía cada detalle, por herencia, por roce, por generación y por toque.



Creo que el Chango es la gran avenida de la música folklórica argentina por donde transitan todos los que no se conforman con lo establecido y quieren mejorar pero con responsabilidad, entendiendo que si se corta el vínculo entre vanguardia y tradición se rompe la magia, se cortan los cables que nos conectan con el pasado y entonces nos quedamos en el aire, sin tierra y sin ancestros. Cuando eso sucede puede surgir algo nuevo, puede nacer una música buena, pero deja de haber ese parentesco con la identidad. El valor de su aporte seguramente pasa por acá, por ese compromiso con la vanguardia que nunca atropelló el respeto por la tradición. El manejar esa tensión con suma delicadeza es lo que le permitió estar de 50 años a la vanguardia de nuestra música popular sin perder un solo rasgo de criollismo e identidad.

Dicen que fue el inventor de la máxima que reza "La música es el arte de combinar los horarios" A él también le achacan la pregunta ¿"De qué trabajás"? cuando un pibe le decía que era músico.

Querido Chango, maestro, descansa en paz. La música argentina te tributa como sólo se lo hace a los grandes.



Leé también "El velorio del Chango"
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lunes, 22 de noviembre de 2010

Día de la música

Uno de los mejores momentos sexuales de mi vida lo tuve mientras sonaba "cualquier color que te guste" de "El Lado oscuro de la luna".


La canción más triste que escuché en mi vida fue "vestida de novia". Me la cantaba Palito Ortega todas las tardes cuando mamá me bañaba y me ponía la ropita de salir para que yo anduviera en la vereda sólo después de que pasara el camión regador porque si no, no quieras saber el barrial que se hacía. Y en la propaladora Palito cantaba "Y te vas, al cielo vestida de novia te vas / y un coro muy triste de ángeles entona la marcha nupcial". Hasta que fui medio grandecito creía que la que había muerto era una chica del pueblo que yo había visto vestida como novia.



En un baile memorable del Club "Los Ranqueles" de Catriló vi en vivo a Los Iracundos con su formación original. Me puse debajo del micófono y Eduardo Franco cantó para mí "Va cayendo una lágrima", "Puerto Mont" "La plaga" y todos sus éxitos.



El impacto de esa noche sólo fue superado en 1992 cuando en el Gimnasio de Obras Sanitarias apareció Ron Carter tirando el solito de su inmenso contrabajo, junto a Herbie Hancock. Wayne Shorter, Tony Williams y Walace Rodney.



El otro día volví a escuchar "Al ponerse el sol" de Raphael y recordé con una fidelidad asombrosa la casa donde nací y viví hasta que me vine a Buenos Aires. ubiqué con exacta precisión cada una de las goteras, escuché a papá con la máquina de flit, apareció de nuevo ese póster de Virna Lisi que había pegado en la pared mi hermano. Raphael cantaba y me veía en ese campo choreando cabezas de girasol con mi viejo, que luego me enseñó a tostarlo en la plancha de hacer los churrascos.


Cuando debuté como Disc Jockey, a los 14 años en "Sirucho's", el boliche de mi pueblo, puse como tema "movido" "América" de Paul Simon en versión de Yes. La muchachada se cruzó de brazos en la pista y subió el Ruso a las puteadas  que manoteó "El toro enamorado de la luna" de Industria Nacional y me armó la pila para que pasara con "El cumbanchero" y otras perlitas un poco menos sinfónicas...




Mi esposa incurrió en el error de muchas las minas que siguen sin aprender que nunca hay que decirle al tipo que están conociendo que les gusta el jazz. Pobre... yo andaba como loco con la versión de The Duke que grabó Irakere en el Ronnie Scott de Londres y se la hice escuchar, primero sin cortes (dura 19 minutos) y luego explicando meticulosamente cada parte del solo de Chucho Valdés.





Mis hijos se divierten viendo cómo llevo el ritmo con el pie cuando escucho música , muevo levemente el cuerpo y exclamo de de vez en cuando un "Saborrrrr" "Esaaa" o cositas por el estilo. Es que no concibo otra forma de escuchar si no es poniendo el cuerpo.

Cuando me enfermé mal de jazz (estuve internado más de un año) casi perdí a mis amigos de entonces. De un día para otros me parecía que había que romper todos los discos de rock, por ejemplo. El jazz genera una adicción medio autista que te saca del mundo normal. Hay dos cosas que te pueden alejar para siempre de la vida en sociedad: El jazz y el Ajedrez, definitivamente. Si llega a coincidir que por ejemplo estás incursionando en el aprendizaje de la Variante Najdorf  de la Defensa Siciliana y justo empezás a escuchar a Thelonious Monk, lo más probable es que te pase por arriba el tren o un 60 porque flotás por las calles de la ciudad pensando y repensando en la estratégica casilla D6 y en la lógica del solo de Thelonious en "Epistrophy".



He pasado largas horas escuchando música con Raúl Carnota; he escuchado bateristas con Néstor Astarita y discutido sobre cantantes con Marián Farías Gómez. Entrevisté varias veces al Chango, le hice una nota inolvidable a Dori Caymmi y una tarde en el galpón que tenía en su casa Verónica Condomí al verlo a Javier Mallosetti boludear con un Cuatro venezolano destartalado le dí la orden marcial "So what" que fue acatada con disciplina militar por Javier que al toque empezó "To ton to ton to to to to Paamm pam / to ton to ton to to to to Pamm pam"


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viernes, 9 de julio de 2010

Mercedes Sosa



En el especial de anoche se escucharon versiones entrañables de, por ejemplo, "La Oncena", chacarera compuesta por Eduardo Lagos en 1956 y "El cachapecero", de Ramón Ayala, temas de su álbum "Para cantarle a mi gente" de 1967. "Acercate cholito" y "Manuela la tucumana", de los álbumes "Cantata sudamericana" y "Mujeres Argentinas", respectivamente.

También obras como "Cuánto trabajo", "Otoño en Mendoza" y "Arana", entre otras grandes interpretaciones de Mercedes.

Un empacho, mire...

domingo, 23 de mayo de 2010

Totó la Momposina




Me dio mucha bronca no haberme enterado, por no leer los programas que por ejemplo publicó Mendieta, que en los festejos del Bicentenario iba a estar la inmensa cantante colombiana Totó La Momposina, pero por suerte ayer ni bien la vi aparecer en la pantalla, me mandé a un cuarto de la casa donde estaba festejándole su cumple de 8 a Abril y pude al menos presenciar por la tele la actuación bien pero bien tradicional, bien de la tierra de Totó, que definió claramente a su música como parte indisoluble del patrimonio cultural latinoamericano que tiene una raíz, remarcó con furia, indígena y negra.

Hay un palo musical colombiano que viene con Totó y otras artistas como Petrona Martínez al que se le de debe prestar mucha atención toda vez que nos interese abrevar en la cumbia original colombiana (que es, ante todo, música de tambores), el Bullerengue, el porro y tantos ritmos maravillosos y originales.

Ojalá se editen los videos con actuaciones como la de anoche de Totó, mientras tanto, en este que cuelgo se la puede ver casi con la misma formación que trajo a nuestro Bicentenario y haciendo "Aronde", tema con el que cerró su actuación anoche


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domingo, 28 de febrero de 2010

El respeto por los acentos en la canción popular


Hubo una época donde el rock hecho en Argentina no sólo se desentendió de los acentos sino que hasta osó cambiarlos de lugar ("Te encontráre una mañana dentro de mi habitación", cantaba García mientras Gieco le respondía ("...es un cámpesino amigo del sol").

(Seguí leyendo acá)



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viernes, 19 de febrero de 2010

Esta noche homenajeamos a Ariel Ramírez en La Bloguera

(Ariel Ramírez con Mercedes Sosa. Atrás Félix Luna)


El "Blogsito musical" se apropia de La Bloguera de esta noche para homenajear a Ariel Ramírez.


Vamos a hablar con Chango Farías Gómez, Manolo Juárez y Lilián Saba, entre otros músicos, sobre la figura y la obra de este sustancial músico argentino.

LA BLOGUERA
22.00 a 23.00
RADIO AMERICA - AM 1190



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domingo, 28 de junio de 2009

Adiós a Eduardo lagos

En medio de este loco frenesí electoral irrumpe una noticia triste para la música popular argentina. Triste por la talla de la pérdida y triste porque así como pasó por la vida trasuntando los suburbios del reconocimiento a su obra, a su aporte y a su inventiva, su deceso pasará por un costadito y no muchos se darán cuenta de su ausencia.
Eduardo Lagos, que se murió a los ochenta años es un pianista de una significación central en el desarrollo de nuestra música folklórica. Si el piano folklórico argentino fue definitivamente "inventado" por Adolfo Abalos, que recogió estudios entre otros de "El Tata" Farías Gómez (el padre de Chango y Marian) y los ubicó de manera tal que creó una forma de tocar todos nuestros ritmos, Eduardo Lagos es quien enriqueció la concepción pianística de Adolfo, incorporándole "cositas" extractadas del lenguaje del Jazz pero sin perder "tierra" y sabor nuestro, simplemente demostrando cuánta riqueza hay en nuestra música.
Desde Manolo Juárez y Oscar Alem hasta Lilián Saba, pasando por Marcelo Perea o Eduardo Espinassi, todos los grandes "comedores de teclas" argentinos reconocían en Eduardo Lagos al gran inspirador, al gran maestro.
Eduardo tuvo una importancia central en los discos que Mercedes Sosa grabó entre fines de la década del sesenta y comienzos de los setenta en Philips. Grabó algunos discos memorables que siempre estuvieron por fuera del gran circuito comercial.
En definitiva, se me ocurre que la marginalidad de Lagos es lo de menos puesto que sus estudios y su legado sobrevive en infinidad de músicos argentinos que abrevaron en su sabiduría e ingenio porque la mejor forma de recordarlo es también evocar sus dichos y los títulos de algunas composiciones suyas como por ejemplo "Qué alta está la tuna", naturalmente parodiando ese standar del jazz americano que se llama "Que alta está la luna"
Aquí les dejo para disfrutar la versión de su chacarera icono "La Oncena", grabó en 1990 en Melopea junto al "Negro" González en contrabajo y "Pocho" Lapouble en batería. Valga recordar que esta obra la compuso en 1956. Si hoy sigue sonando como algo vanguardista, imaginemos lo que era 53 años atrás donde ni siquiera existían los Huanca Hua.
Eduardo, te seguiremos difundiendo como siempre.



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